EP255

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Carta 255 (AG 257)

Getafe, sin fecha

A LAS NOVICIAS

Sanlúcar de Barrameda

¡Bien por las Novicias, bien por su resolución, bien por su primer paso, bien por el ánimo con que se proponen cumplir lo prometido; mejor si lo cumpliesen y, mejor todavía por la corona que les espera!

Sepan, empero, que la corona supone victoria, la victoria sigue a la batalla, ésta es lance de guerra y la guerra contienda entre enemigos.

Estos son: el mundo, el demonio y la carne a que renunciaron de nuevo y para siempre al vestir el traje de Esposa de J. C. con quien deben estar crucificadas, como dice San Pablo; pero no por eso se crean libres de sus continuas acechanzas, que han de combatirlas con más obstinación y saña.

Procuren pues estar prevenidas y siempre al brazo con las siguientes armas:

1º La seguridad de que han de ser tentadas, según dice el Espíritu Santo. ¿Habéis resuelto servir a Dios? Preparad vuestra alma para la tentación.

2º Hagan un acto de amor de Dios, al presentarse la tentación, baldonando al demonio, diciéndole: Sirve de algo infeliz; ya que vienes a mi casa, sírveme de despertador para amar a mi Señor. Cúmplase en mí tu voluntad, como en el cielo, Padre...

3º Amad tiernamente a la Santísima. Virgen y arrojaos en sus brazos como hijas en los de su Madre. Diciéndole: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, líbranos del enemigo hasta la última hora...

4 º Fiel es Dios que no permite seamos tentados sobre nuestras fuerzas. ¡Bendito sea! Con una mano aprieta y con otra sostiene.

5 º Tengo que morir y no sé cuándo. ¡Dios mío, tened misericordia de mí! En el infierno no hay redención.

6 º Bien merecido tengo este castigo y otros mayores, Dios mío ¡Apiadaos de mí!

¡Este es el contrapeso de mi soberbia para que me hunda en mi miseria!

7 º ¡Colmada de tantos beneficios, me atrevería a ofenderos mi Dios!

8 º Fuera ocasiones, que el que ama el peligro perece en él.

9 º Esta tentación, merced es de mi Dios. ¿Qué sabe de virtud el que no es tentado?

10 º Descubrirlo todo al Director espiritual. ¡Ay, del solo! ¿Quién le levantará si cayere?

11º En general, oración y mortificación de pasiones; que este género de demonios sólo se echa con oración y ayuno.

12º Humildad profunda; que la soberbia precipita a los demonios en los infiernos y siendo la misma beldad, le tornó en feísima criatura.

13 º Al veros tentadas -Veía a Satanás caer como rayo de los cielos y ¡cómo se gozaron de ello los bienaventurados!

14 º Cuando el enemigo insista: di perro, di conmigo, ya que eres pecador como yo; Señor mío Jesucristo... ¡Vete de aquí Satanás! A tu Dios y Señor adorarás.

Pero, amadas hijas, si con un brazo os defendéis, con el otro debéis levantar el edificio de la virtud. Bien quisiera deciros cómo; pero no tengo tiempo más que para bendeciros de todo corazón.

El V.