EP289

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Carta 289 (AG 291)

Getafe, 27 de septiembre de 1905

M. ANGELES GONZALEZ LEON

Sanlúcar de Barrameda

¿A qué me preguntáis nada? ¿Quién soy yo al efecto? ¿Tengo yo alguna autoridad moral o espiritual sobre vosotras? Espiritual, no; porque no se respetan y entregan las cartas de conciencia que escribo a las Particulares. Moral, tampoco; porque reteniendo o abriendo mis cartas a quien se dirigen, incurrís en censura. Luego no soy para vosotras más que un pagano. Cierto que no merezco otra cosa, por necio; que hartos motivos he tenido para desentenderme de todo. Tarde es ya, pero vale más tarde que nunca.

Decís que no entendéis lo que dice la regla="Ninguna Moderadora podrá pertenecer a dos Capítulos o Consejos." ¿Lo entendéis ahora? Pues quiere decir y dice: Que ninguna Moderadora de la Superiora Local pueda serlo al mismo tiempo de la Provincial; ninguna Moderadora de la Provincial pueda serlo al mismo tiempo, de la General. ¿Y sabéis por qué? Porque, debiendo el Consejo Provincial juzgar los actos del Local, y el General los del Provincial, no se condenarían las que los formasen.

Queda todo aclarado con leer: «Ninguna Moderadora podrá pertenecer a dos Consejos.»

No sé que en ningún punto de la Regla esté ninguna Moderadora, o no Moderadora exenta de desempeñar los cargos que prudencialmente se le asignen.

No recuerdo haber dicho cosa que no concuerde con las Reglas y, si algo dije contestando a preguntas verbales y quizá mal hechas, ningún valor tienen ante lo escrito y aprobado por el Sr. Arzobispo y por el Excelentísimo Cardenal González. Por eso no contestaré en adelante a nada de cuanto se me pregunte, para que no se alegue en contra de lo que escribí antes.

Nada he hecho respecto a la impresión de las Reglas. El Sr. Arzobispo, apenas llegó, salió de Visita y no volverá hasta noviembre. No sé si querrá mandarlas revisar o corregir o censurar. Está muy harto, dice, de Corporaciones. Tampoco quiere dar permiso para más fundaciones. Así lo ha dicho. Yo no quiero pedirle favores. Le negué uno que no podía hacerle y tomará la revancha: así lo ha manifestado ya con las obras y no he de ser yo el que le baile el agua; porque él no se incomode no voy a faltar yo a lo que se me ha ordenado.

Tampoco seré yo el que fije el número de ejemplares ni nada de lo que se refiera a las Reglas, cuya impresión subirá mucho que yo no estoy en fondos para pagarlo, y aunque estuviera, no lo haría por lo que dije en el primer párrafo. Por eso así, así que concluya de leerlas y confrontarlas con los borradores que aún conservo, os las remitiré para que hagáis de ellas lo que os diere la gana.

No sé para qué me habéis mandado lo de la Procuradora, siendo, como ha sido un papel mojado, lo mismo que cuanto se acordó en la reunión que tuvisteis delante de mí y cuyos acuerdos no se cumplieron. Basta de disgustos; desde ahora no quiero servir de pantalla para nada, ni que toméis siquiera mi nombre para cosa alguna. Es más, ni aún quiero me escribáis; ojos que no ven, corazón que no duele.

Al menos, no sabiendo nada de lo que entre vosotras pasa, no tendré los malos ratos que me dais en pago de tantos sacrificios.

Mucho más quisiera decir, si no fuera perder tiempo que no tiene

El Mismo