EP308

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Carta 308 (AG 311)

Getafe, 22 de junio de 1906

M. JULIA REQUENA GARCIA

Monóvar

Mi buena Franciscana: Expuse al P. Rector tu pretensión y ahí te envío algo de lo mucho que tiene, pero a condición de que lo copies, si quieres, y devuelvas los originales. No lo tomes a broma, porque, si así no lo hicieses, cerrarías la puerta para eso y para cuanto pidieses.

Al buen Señor le faltó tiempo para buscar ésas entre otras no tan propias para niñas y aún en ésas tendrás que hacer algunos cambios de niños por niñas.

Seguramente no podrás usar ahora todas esas composiciones, pero no te estorben para otra vez.

Ayer 21 salieron las Preces para Roma, queda tiempo hasta el 2 de agosto en que termina el permiso del Sr. Nuncio.

Ya supongo que tendréis mucho que hacer, pero tampoco a mí me falta y mal de muchos...

Aquí, como en todas partes, sobran bocaciones, pero apenas se encuentra una vocación y sobre todo buena.

Recuerdos del P. Rector y míos para todos y todas y la bendición del Señor para vosotras y las niñas del

Abuelo,

Van 19 Composiciones: Que no se extravíe ninguna.

Al Sr. Cura, que saludo, que ratifico o confirmo mi anterior. Que lo que parece contradicción, se explica por no poder asimilar toda la glucosa que toma y por esa razón se agrega el azúcar de la enfermedad el que, por excesivo, no asimila, que yo siempre he opinado que esa enfermedad se debe tratar a lo japonés, combatiéndola hasta la última trinchera, lo mismo dicho Sr. que su sobrina.

Que el consejo que me da es muy bueno; pero hay días de tal agobio, que desde las 3 de la madrugada hasta las 10 de la noche no tengo un momento libre con mil quebraderos de cabeza.

Llevo algunos días que se me hinchan los pies y las piernas y se me va la cabeza. Esta casa se desmorona.

El Viejo,

Que el Sr. Cura me dispense no le conteste hasta ver si esta cabeza se repone, no sé si sueño o espero. Dios dirá y que obre según le plazca, que cataplasma, ninguna falta hace en el mundo.

Que si algún día ha de verificarse lo que me dice o predice: «Fiat Voluntas Dei et quam citius.»

Vale