EP584

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Carta 584 (AG 591)

Getafe, 10 de octubre de 1912

D. TIBURCIO RUIZ

Daimiel

Mi distinguido Sr. de toda mi consideración y respeto: V. sí puede dar señales de vida; pero yo, sólo de que ya siento los aldabazos de su fin.

Con que ya va funcionando la máquina, ¡para sólo pequeña velocidad! ¿Es por defecto de aquélla o por defecto de combustible? Sentiría más lo primero que lo segundo; si bien, después de todo, está la prueba, y de no llenar, se retirará y, al ahorro de las reparaciones se unirá el del combustible diario.

Celebro viesen al Sr. Obispo y sólo siento dieren lugar tal vez con alguna indiscreción, al sustillo consabido, que les vendría como pedrada en ojo de Boticario, para que vean cómo y con quién tratan. Me felicito de los nombramientos, que, si algo pesados para VV. pueden aligerarlo un poco echando de vez en cuando en el platillo 15 de a 15 dieces.

Me extraña un tanto lo de acudir a Roma por lo del Reservado; porque al pedirlo yo para Monóvar y para Aspe, me dijeron de allí, que para eso estaban facultados los Obispos. Lo de las misas es consiguiente.

Ya supongo lo de M. Teresa porque en su buena fe los obsequiantes se figuran que es lo que indica su nombre. Cada una con sus marrullas sabrá marullear.

Me place lo de las dominicales, que alguna de las marrulleras sabe ya cómo se ordenan y más si les dan como de postre alguna platiquilla como las de los Sres. Curas, admagistras et discípulas. No me llamo Sarra, si no Puer centum annorum. La distancia le vale, si no...

Quedamos a la recíproca en nuestras oraciones y necesidades gordas, gordas, a cual más. Y con mis afectuosos recuerdos a mis patrones en las tres generaciones; es de V. afmo. S. S. q. s. m. b.,

El Niño