EP759

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Carta 759 (AG 771)

Getafe, 27 de febrero de 1922

SOR MARGARITA MARÍA DE JESÚS

Chipiona

(Últimos consejos a mi muy amada hija M.M. de Jesús.)

J.H.S.

Mucho siento no tener algún recuerdo que mandarte más que esos escapularios que no te vendrán mal.

Sí, quiero decirte que Dios te trajo a la Corporación para que seas una santa. Para eso tienes que ser humildísima, laboriosísima y tan desprendida de ti misma que nada hagas por amor propio si no por el de tu Divino Esposo que en todas partes y a todas horas te ve y pide el corazón, cuanto hagas y siempre debes tener en El fijos los ojos de tu alma y reiterarle la Consagración de todo tu ser.

No te fijes en los defectos ajenos; que mayores puedes cometerlos tú; laméntalo y pide a Dios por el que los cometa y te libre de igual desgracia. ¿Ves defectos ajenos?, mayores serán los míos, si Dios no me tiene de su mano, como se lo pido. ¿Que caes en algún defecto? Esta soy yo, Dios mío, perdonadme y dadme vuestra gracia para enmendarme. No me desprecies ninguna falta leve que sería escalón para caer en las graves. En tus obras tendrás contradicciones, que serán pruebas que son de Dios. En tus pensamientos, gózate de ser sierva Esposa de tu Divino Esposo. Di con el Profeta en tales casos: Bendecid, almas justas al Señor, porque se digna haceros participantes de su Cruz y de sus trabajos, que ese fuego sólo se ha encendido para purificar vuestra virtud. La mayor honra es padecer oprobios por J. C. Sólo hay verdadera gloria en la virtud cristiana.

Cuando lluevan sobre ti, paciente, las burlas, persecuciones, envidias, desprecios, etc., más horribles, no dudes, hija mía, que en mayor abundancia caerán sobre tu alma las bendiciones de tu Amantísimo Esposo... Obra bien hasta el fin, que nadie es feliz sin la última gracia. Santa te quiere Dios y yo te pido por él mismo que me lo seas y nada absolutamente hagas que para conseguirlo no sea. Humildad profundísima. Amor sin límites a tu Divino Esposo que en ellos te ama y ya sabes que amor con amor se paga; no hay otra moneda: amor, humildad, pureza, obediencia, pobreza o desapego de todo lo criado y unión íntima con el Creador.