EspiritualidadCarisma/1. A modo de introducción: la espiritualidad del Buen Pastor

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La centralidad en Cristo y la espiritualidad del Buen Pastor. Mª del Carmen Jurado Amaya
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2. La centralidad en Cristo desde la espiritualidad del Buen Pastor
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1. A modo de introducción: la espiritualidad del Buen Pastor

Con las palabras buscar almas y encaminarlas a Dios por todos los medios que estén al alcance de la caridad resume el P. Faustino el objeto de las Hijas de la Divina Pastora en las primeras Bases de la Asociación, en 1885. Nuestro ministerio es el de la búsqueda y acompañamiento. A ejemplo del Buen Pastor, las Calasancias vivimos en un triple movimiento: buscar, encontrar, encaminar hacia Dios.
En la Biblia encontramos reflejada la actividad del pastor, dándole a menudo un sentido religioso. A todas nos viene a la memoria rápidamente el Salmo 23, el Señor es mi pastor, la parábola de la oveja perdida, el texto de Juan 10 con la confesión de Jesús como el Buen Pastor y quizás el fragmento del profeta Ezequiel 34, sobre los malos pastores.

1.1. El Pastor en el Antiguo testamento

El pastoreo es una actividad que requiere honradez, sacrificio, fortaleza y que se encarga normalmente a miembros de la familia. A las mujeres sólo cerca de casa (como pasaba a las hijas de Jetró que son molestadas por otros pastores y que son defendidas por Moisés). Si el rebaño no es muy grande, los pastores reúnen en un mismo recinto con una puertecita los distintos rebaños para cuidarlos por la noche haciendo turnos (esto nos recuerda el relato de la Anunciación a los pastores). Al sacarlos o al recogerlos, cada pastor llama a sus ovejas y así las van separando, contándolas de una en una (por eso el pastor de las 100 ovejas se da cuenta que le falta una). Otra opción es encargar a un único pastor el cuidado de ovejas de diferentes dueños. Y si se pierde algún animal, tiene obligación de restituirlo[Notas 1].
Normalmente están mezcladas las cabras y las ovejas, pero a la hora de cuidarlas se separan (como el rey del juicio final que coloca las ovejas a la derecha y las cabras a la izquierda), ya que las cabras son más nerviosas, necesitan comer de otra forma y lugares con mayor temperatura para dormir.
Más adelante será un oficio bajo y discriminatorio. A los pastores se les considera poco honrados, no guardan el sábado y están privados de los derechos ciudadanos de ser jueces y testigos. A nosotros no nos resulta extraño, pero el relato de los pastores de Belén debía llamar poderosamente la atención: a los primeros que Dios da la noticia del nacimiento de su hijo es a unos pobres pastores rechazados socialmente.
En lo económico y tradicional, el pueblo de Israel se dedicaba a criar y pastorear ovejas y cabras, eran pastores y nómadas (recordemos la época de los grandes patriarcas Abraham, Isaac y Jacob); en lo político, el rey se convertía en pastor del pueblo (incluso Dios eligió como rey al pastor David); pero en el terreno religioso el pueblo se siente rebaño del único pastor, Yahvé: “el Señor es mi pastor”[Notas 2].
Para explicar quién es Dios, la Biblia nos presenta muchas imágenes que quedan grabadas en la memoria colectiva del Pueblo. Dios es el amigo que tiene una viña y la cuida primorosamente (Isaías), o el esposo que permanece fiel aunque la esposa se vaya con otro (Oseas), o el alfarero que trabaja el barro con sus propias manos (Jeremías). Lo importante es que toda la actividad del pastor sirve también al israelita para conocer quién es Dios: cuida y protege[Notas 3], sustenta[Notas 4], trata con cuidado y acoge en el regazo[Notas 5][Notas 6],siente compasión de las ovejas abandonadas por aquellos que tenían que apacentarlas6, cuida a la débil y cura a la herida[Notas 7] y acusa a los pastores - gobernantes y líderes religiosos - que no cuidan su rebaño[Notas 8]
Es una forma de decirnos que toda la realidad y cotidianeidad, el día a día, lo simple y rutinario de la vida, mirado con otros ojos, trascendido y atravesado por el Espíritu, puede convertirse en una epifanía, en una manifestación de quién es Dios. Lo necesario será cambiar esa mirada a lo que nos rodea.

1.2. Jesús como Buen Pastor

También Jesús en el NT usa esta figura. Recibe una tradición y la profundiza. Así, presenta a Dios como el pastor que deja a las 99 ovejas para buscar a la que se ha perdido, ensalzando así el amor misericordioso de Dios por los pecadores[Notas 9]. Pero en el capítulo 10 de Juan, Jesús introduce una novedad: se presenta Él mismo como el Pastor, como el Buen Pastor que ama, se preocupa y da la vida por su rebaño frente al mercenario o al pastor asalariado que es capaz de abandonar a las ovejas cuando hay peligro.
Aunque se compara con los pastores de la época, Jesús no es un pastor sin más; él es el modelo de todo el que quiera aprender a guiar, pastorear, acompañar. Es el verdadero, el único Pastor. A lo largo de todo el Evangelio Jesús expresa su misión con calificativos de Buen Pastor: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”[Notas 10]; y su dedicación: “velar y cuidar para que ninguno se pierda”[Notas 11]. “que no se pierda uno solo de los pequeños”[Notas 12], “nada de lo que se le ha confiado”[Notas 13].
En el evangelio de Mateo (cap. 9) Jesús nos presenta su misión y lo que le mueve a realizarla. Se compadecía de las personas porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Alguien se extenúa cuando está buscando y no es capaz de encontrar. Es un agotamiento interior. Cuando la búsqueda es a solas, además el sentimiento es de abandono. Y porque Jesús lo percibe, deja lo previsto para sentarse con tranquilidad a enseñarles, a calmar y saciar el corazón de la multitud. Esto es una llamada a nosotras Calasancias, que estamos llamadas a buscar y encaminar, a estar atentas a quienes están extenuados y abandonados porque ya se han cansado o están solos en sus anhelos más profundos.

1.3. El Buen Pastor desde el P. Faustino

Al hablar de Jesús, el P. Faustino usa muchas imágenes. Con un conocimiento profundo de la Sagrada Escritura, que sabe libar cual industriosa abeja, usa de una forma privilegiada la alegoría del pastor. En sus textos[Notas 14] recoge perfectamente esta idea de Dios como pastor: cura enfermedades, disipa la ignorancia, conduce a buscar alimento y agua pura para el alma, da motivos para amarle y para huir de lo que impide ese amor, le pertenecemos, hay que abrirle porque él no avasalla, nos lleva sobre sus hombros al redil que guarda su Madre, opone su bondad (cuida y cura) a la maldad del pastor mercenario (que mata y pierde), su bondad brilla en las ovejas dóciles, busca cada vez que nos perdemos, hay que seguirle a todas partes, sumisa a su voluntad, ayudará en todas las dificultades y peligros, será guía y protector.
Es importante destacar, con un sentido quizás totalmente nuevo, el siguiente fragmento:

...¿Quién os sacó del mundo? El Amor. ¿Quién os llevó a ese recinto? El Amor. ¿Quién os mantiene ahí? El Amor. ¿Quién os ha de conservar? El Amor. ¿Quién os ha de prosperar en todo, todo? El Amor y solo el Amor Divino.[Notas 15]

“Sacar” del mundo es sinónimo de elección. Y “recinto” podría ser semejante a redil, como ese espacio donde la oveja-religiosa calasancia- es llevada para ser cuidada, velada, protegida, alimentada. El Instituto es para nosotras el recinto que Dios me ofrece para que prosperemos como mujeres, como consagradas, como maestras,… en todas nuestras dimensiones. Debe ser espacio de vida y desarrollo. Es una llamada a todas. ¿Realmente es mi comunidad-Instituto un recinto de vida? ¿Qué puedo hacer para mantenerlo o conseguirlo? La propuesta del P. Faustino siempre es el AMOR.

Notas

  1. Gn 31, 39
  2. Sal 23
  3. Am 3, 12
  4. Sal 23,2
  5. Is 40, 11
  6. Re 22,17
  7. Ez 34, 4
  8. Ez, 34, 1ss
  9. Lc 15, 4-7
  10. Lc 19, 10
  11. Jn 17, 12
  12. Mt 18, 14
  13. Jn 6, 39
  14. Cfr. Ep140, 141, 373 y 124
  15. Ep 124