Diferencia entre revisiones de «EspiritualidadCarisma/1. Introducción»

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Se me ha propuesto en este marco del año de la Fe y de la beatificación de M. Victoria, testigo de la fe hasta el martirio, compartir con ustedes, mis hermanas, mis reflexiones acerca de este apasionante tema de la centralidad en Cristo y la espiritualidad del Buen Pastor. La figura de Jesucristo, Buen Pastor, y de María, Pastora me resultan muy cordiales, muy entrañables.
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Nuestras hermanas del Gobierno General programaron este Curso de Espiritualidad y Carisma, en el marco del Año de la FE proclamado por Benedicto XVI, deseando que fueran unos días de reflexión y profundización carismática.
  
:Me dispongo a compartir algunas reflexiones, sin pretender ser exhaustiva, sobre mi experiencia de fe en este camino que juntas recorremos confiando en que como dice el Papa en su reciente encíclica: “La luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas”<ref group='Notas'>LF 12 </ref>.
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Agradezco la confianza que han depositado en mí y deseo que, entre todas, hagamos un ejercicio de reflexión en nuestra espiritualidad mariana. Yo solo pongo un granito de arena pues no soy especialista en Mariología.
  
:Al preparar este tema me pregunté: ¿Por qué hablar de centralidad en Cristo? ¿Qué es lo que queremos decir al hablar de centralidad en Cristo? ¿Cuál es el Cristo que tenemos como centro de nuestra vida? ¿Qué es lo que supone la centralidad en Cristo, Buen Pastor, en nuestra vida? ¿Cómo lograr vivir centradas en Cristo?
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Nuestro P. Fundador, el Beato Faustino, en todos sus escritos nos presenta a Jesús y María como los primeros y más importantes iconos de la fe. Ellos han creído en Dios Padre. Se han fiado de Él. Jesús, el creyente y modelo de creyentes es digno de recibir la fe de los que le siguen. Y junto a Jesús se presenta el icono de María, ella es para la Iglesia y para todas nosotras un espléndido y cercano modelo de fe, esperanza y caridad.
  
:La reciente encíclica del Papa, Lumen Fidei, me puso en contexto: “El Año de la fe nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo. Porque la Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino”<ref group='Notas'>LF 6</ref>.
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Por su parte Benedicto XVI en la carta Porta Fidei dice que “la fe es compañera de la vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que por la palabra del Señor, son capaces de abrir la mente y el corazón de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera”<ref group='Notas'>PF 15</ref>.
  
:“En la fe, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo… nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría”<ref group='Notas'>LF 7</ref>.
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En este año de la fe, la meditación del ejemplo de María nos puede ayudar no solo a recordar las raíces de su propia fe, sino, sobre todo, las consecuencias que comporta vivir la fe en la vida de cada día.
 
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:Vivimos en una época en que los cambios se han intensificado velozmente, y ello repercute en todas las dimensiones de nuestro ser; todo cambia para poder sobrevivir, el entorno cambiante nos hace requerimientos de los que podemos hacernos conscientes o no; la creación de objetos y creencias que modifican nuestro comportamiento individual y colectivo son en gran parte resultado de la dinámica de cambios en el mundo. Se modifican las expresiones de afecto y la sexualidad de los jóvenes, cambian los roles de las mujeres y los hombres al interior del hogar, se diversifican las creencias sobre lo sagrado, se trasforma la manera de desempeñarse laboralmente y el tipo de organización en los hogares y en las instituciones, los vínculos, antes inquebrantables, ahora pasan por una profunda fragilidad. Estos cambios veloces modifican la manera de percibir y de entender la realidad. La inmediatez en las comunicaciones junto con la globalización de la información, pueden fácilmente conducirnos a la globalización de la superficialidad.
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:Una consecuencia, entre otras muchas son los problemas relacionados con la identidad. Los roles mutantes, los desplazamientos constantes, los núcleos familiares que se diluyen y recomponen, es probable que nos hayan conducido a otra manera de concebir nuestra identidad, que nos hayan conducido a desarrollar identidades múltiples, más adaptativas y versátiles en la cambiante sociedad que nos está tocando vivir. Por ello es ineludible reflexionar sobre nuestra identidad, para clarificarla y sostenerla en medio de los cambios radicales y veloces a los que no somos ajenas, pues aunque lo quisiéramos, no podemos vivir como si esos cambios no se estuvieran dando.
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Revisión de 21:30 30 dic 2017

Maria Divina Pastora. Sara Herrero del Blanco
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EspiritualidadCarisma/1. Introducción
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1. Introducción

Nuestras hermanas del Gobierno General programaron este Curso de Espiritualidad y Carisma, en el marco del Año de la FE proclamado por Benedicto XVI, deseando que fueran unos días de reflexión y profundización carismática.

Agradezco la confianza que han depositado en mí y deseo que, entre todas, hagamos un ejercicio de reflexión en nuestra espiritualidad mariana. Yo solo pongo un granito de arena pues no soy especialista en Mariología.

Nuestro P. Fundador, el Beato Faustino, en todos sus escritos nos presenta a Jesús y María como los primeros y más importantes iconos de la fe. Ellos han creído en Dios Padre. Se han fiado de Él. Jesús, el creyente y modelo de creyentes es digno de recibir la fe de los que le siguen. Y junto a Jesús se presenta el icono de María, ella es para la Iglesia y para todas nosotras un espléndido y cercano modelo de fe, esperanza y caridad.

Por su parte Benedicto XVI en la carta Porta Fidei dice que “la fe es compañera de la vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que por la palabra del Señor, son capaces de abrir la mente y el corazón de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera”[Notas 1].

En este año de la fe, la meditación del ejemplo de María nos puede ayudar no solo a recordar las raíces de su propia fe, sino, sobre todo, las consecuencias que comporta vivir la fe en la vida de cada día.

Notas

  1. PF 15