EspiritualidadCarisma/1. Introducción

De Wiki Instituto Calasancio
Revisión a fecha de 21:30 30 dic 2017; Ricardo.cerveron (Discusión | contribuciones)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

La centralidad en Cristo y la espiritualidad del Buen Pastor. Amanda Valdés Parra
Tema anterior

EspiritualidadCarisma/1. Introducción
Índice

2. ¿Qué implica la centralidad en Cristo en la vida cotidiana?
Siguiente tema


1. Introducción

Se me ha propuesto en este marco del año de la Fe y de la beatificación de M. Victoria, testigo de la fe hasta el martirio, compartir con ustedes, mis hermanas, mis reflexiones acerca de este apasionante tema de la centralidad en Cristo y la espiritualidad del Buen Pastor. La figura de Jesucristo, Buen Pastor, y de María, Pastora me resultan muy cordiales, muy entrañables.

Me dispongo a compartir algunas reflexiones, sin pretender ser exhaustiva, sobre mi experiencia de fe en este camino que juntas recorremos confiando en que como dice el Papa en su reciente encíclica: “La luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas”[Notas 1].
Al preparar este tema me pregunté: ¿Por qué hablar de centralidad en Cristo? ¿Qué es lo que queremos decir al hablar de centralidad en Cristo? ¿Cuál es el Cristo que tenemos como centro de nuestra vida? ¿Qué es lo que supone la centralidad en Cristo, Buen Pastor, en nuestra vida? ¿Cómo lograr vivir centradas en Cristo?
La reciente encíclica del Papa, Lumen Fidei, me puso en contexto: “El Año de la fe nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo. Porque la Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino”[Notas 2].
“En la fe, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo… nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría”[Notas 3].
Vivimos en una época en que los cambios se han intensificado velozmente, y ello repercute en todas las dimensiones de nuestro ser; todo cambia para poder sobrevivir, el entorno cambiante nos hace requerimientos de los que podemos hacernos conscientes o no; la creación de objetos y creencias que modifican nuestro comportamiento individual y colectivo son en gran parte resultado de la dinámica de cambios en el mundo. Se modifican las expresiones de afecto y la sexualidad de los jóvenes, cambian los roles de las mujeres y los hombres al interior del hogar, se diversifican las creencias sobre lo sagrado, se trasforma la manera de desempeñarse laboralmente y el tipo de organización en los hogares y en las instituciones, los vínculos, antes inquebrantables, ahora pasan por una profunda fragilidad. Estos cambios veloces modifican la manera de percibir y de entender la realidad. La inmediatez en las comunicaciones junto con la globalización de la información, pueden fácilmente conducirnos a la globalización de la superficialidad.
Una consecuencia, entre otras muchas son los problemas relacionados con la identidad. Los roles mutantes, los desplazamientos constantes, los núcleos familiares que se diluyen y recomponen, es probable que nos hayan conducido a otra manera de concebir nuestra identidad, que nos hayan conducido a desarrollar identidades múltiples, más adaptativas y versátiles en la cambiante sociedad que nos está tocando vivir. Por ello es ineludible reflexionar sobre nuestra identidad, para clarificarla y sostenerla en medio de los cambios radicales y veloces a los que no somos ajenas, pues aunque lo quisiéramos, no podemos vivir como si esos cambios no se estuvieran dando.

Notas

  1. LF 12
  2. LF 6
  3. LF 7