EspiritualidadCarisma/1. Introducción

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Aportaciones de las calasancias a la evangelización. Julia García Monge
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EspiritualidadCarisma/1. Introducción
Índice

2. Que cada uno con el don que ha recibido se ponga al servicio de los demás
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1. Introducción

Quiero comenzar agradeciendo el que se me invitara a preparar mi aportación a este encuentro, porque ante todo me hace bien a mí. El hecho de tener que reflexionar para poder ofrecer algo, el tener que compartirlo suele dar, como fruto, el recibir mucho más. Y esto que para mí ha sido un bien, os lo ofrezco con la confianza de que yo pongo el agua y el Señor la pueda convertir en vino. Porque no tengo enseñanzas importantes que compartir con vosotras, excepto mi absoluto convencimiento de que la vida consagrada, y concretamente la vida consagrada calasancia, será siempre importante, significativa y profética en el presente y en el futuro si nos atrevemos a vivirla con pasión por Jesucristo y compasión creativa con todo el pueblo de Dios.
Estamos aquí hoy porque llevamos este futuro dentro de nosotras. El Espíritu Santo está guiando a la iglesia, y en ella a la vida consagrada, para hacer, en este tiempo, lo que tenemos que hacer para alimentar y renacer la vida consagrada en las realidades cambiadas y cambiantes de nuestra Iglesia y de nuestro mundo. Hay unos versos, no sé de qué poeta son, que dicen “es bello en la noche creer en la luz/ hay que ayudar a la aurora a nacer/ creyendo en ella”. Yo creo que ésta es la forma de situarnos hoy en el momento actual de la Iglesia, en este momento de cambio.
Se me ha pedido el tema: “Nuestra aportación, como Religiosas Calasancias, a la evangelización de los pueblos”. Cuando empezaba a prepararlo leí un cuentecito que recoge Joan Chittister: “Antes de morir, el rabino Zusya de Hanipol dijo: En el más allá no me preguntarán: ¿Por qué no has sido Moisés?, sino ¿Por qué no has sido Zusya?”. A nosotras, Calasancias, no se nos va a preguntar por qué no hemos aportado a la tarea evangelizadora de la Iglesia lo que aportan los jesuitas, los maristas, las hijas de la Caridad, las escolapias…Se nos va a preguntar sólo si hemos sido Calasancias, si hemos vivido en plenitud lo que somos, aquello que Dios soñó para el Instituto y, desde eso que somos, lo que hemos aportado a la misión evangelizadora de la Iglesia.
Por ello, reflexionar sobre lo que aportamos supone reflexionar sobre lo que somos, sobre aquello que hemos recibido. Lo que somos y tenemos es lo que podemos poner al servicio de los demás. En este Año de la Fe, a los cincuenta del Concilio Vaticano II, se nos ha repetido que era esencial para todo el Pueblo de Dios volver a la “fonte donde todo mana”[Notas 1] Y lo es para nosotras Calasancias porque podemos descubrir, en muchas ocasiones, cómo “gradualmente la vida se va diluyendo en mero compromiso”[Notas 2] y, por tanto, va disolviéndose lo nuclear de nuestro ser.

Notas

  1. S. Juan de la Cruz
  2. H. de Lubac