EspiritualidadCarisma/2. Origen de la advocación de María como Divina Pastora

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Índice

3. Jesús, el Buen Pastor. Reflexión sobre esta alegoría o imagen
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2. Origen de la advocación de María como Divina Pastora

En el año 2004 se celebraron los 300 años del inicio de la devoción a la Divina Pastora, devoción tan enraizada en nosotras desde los orígenes de la Congregación.

Veamos el origen de esta advocación y rasgos principales. Según algunas leyendas devocionales, los primeros que gozaron de apariciones de la virgen con los atributos de pastora, fueron entre otros, S. Juan de Dios, S. Pedro de Alcántara y San Juan de Ávila. Este nuevo Doctor de la Iglesia, dice en alguno de sus sermones (S. XVI): “La Virgen sin mancilla es nuestra Pastora, después de Dios. Muy bien supo el Señor lo que hizo en dejar tal Madre en la tierra… porque lo que su Hijo Jesucristo había ganado en el monte Calvario derramando su sangre, ella lo guardaba, cuidaba y acrecentaba como hacienda de sus entrañas. ¡Dichosas ovejas, que tal pastora tenían y tal pasto recibían por medio de ella! Pastora, no jornalera que buscase su propio interés, pues que amaba tanto a las ovejas que, después de haber dado por la vida de ellas la vida de su amantísimo Hijo, diera de muy buena gana su vida propia, sin necesidad que de ella tuvieran”.

Pero hasta el 1703 no aparece esta advocación entre el pueblo cristiano. Su origen se debe al P. Isidoro de Sevilla, religioso capuchino español, que nació en 1662 en Sevilla. En 1681 ingresa en la Orden capuchina y se ordena sacerdote en 1687, dedicándose a la predicación. Fue el primer propagador de la devoción del rosario por las calles. La noche del 15 de agosto de 1703, estando en oración, la Santísima Virgen se le apareció con traje y aspecto de pastora, mandándole predicar la devoción a ella bajo este título. Al día siguiente de esta aparición, el P. Isidoro se entrevistó con el famoso pintor Alonso de Tobar, al que describió lo que había visto y le encargó que lo plasmara en un lienzo. Entre los detalles que el P. Isidoro dio, destaca: un rostro lo más bello que pudiera pintar, sentada en una piedra sobre un montecillo, rodeada de árboles y blancas ovejas que portaban en la boca una rosa cada una, que le ofrecían como tributo de veneración y cariño. Tendría la mano derecha sobre la cabeza de un cordero, que representa a su Divino Hijo, según lo vio S. Juan en el Apocalipsis. La Virgen vestiría una túnica talar ceñida a la cintura y sobre la misma una zamarra como acostumbraban a llevar los pastores, el manto recogido en el brazo derecho, un sombrero caído hacia la espalda y cubriendo su cabeza un finísimo velo. Separada de la imagen, una oveja portaría en su boca un cartel que diría Ave María y tras una roca un dragón acechándola, mientras un ángel, vendría volando espada en mano.

Pues bien, esta es la primera representación de la Divina Pastora en un cuadro tal como la pensó el P. Isidoro. El 8 de septiembre de 1703, el mismo año de su aparición, el P. Isidoro presentó el lienzo en una grandiosa procesión por las calles de Sevilla en la que predicó, según el estilo barroco de la época, un sermón en el que glosaba la frase del Cantar de los Cantares: “Oh, tú, la más hermosa entre las mujeres, sal fuera y sigue las huellas del rebaño y apacienta a los corderos junto a las cañadas de los pastores”[Notas 1]. En 1729 el rey Felipe V visitó el convento de los capuchinos de Sevilla y con este motivo el P. Isidoro le dio a conocer la nueva devoción. Después de muerto el P. Isidoro, en 1750 será el Beato P. Diego José de Cádiz, también capuchino, quien populariza y difunde por toda la geografía española esta devoción mariana.

Posteriormente, el Papa Pío VI aprobó para los capuchinos la devoción y el culto, señalando para el rezo y fiesta, el segundo domingo después de Pascua.

En 1863, muchos Cardenales, Obispos y Superiores de otras órdenes religiosas pidieron a Pío IX poder celebrar la fiesta de la Divina Pastora, en todas las diócesis que lo desearan. Este fervor y expansión de la advocación Divina Pastora en este último cuarto de siglo coincide con la fundación de nuestro Instituto.

Divina Pastora, era y es la acuñación de un título que corresponde a María por su maternidad divina y por su mediación en la obra salvadora.

La imagen de María, bajo este título, es reveladora de la ternura de la Pastora para con sus ovejas. Tenemos que valorar esta advocación de Divina Pastora por lo que representa para nosotras, como educadoras, en el momento cultural actual.

Notas

  1. Cant 1,1-3