EspiritualidadCarisma/3. ¿Cómo lograr que Cristo sea el centro de nuestra vida?

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2. ¿Qué implica la centralidad en Cristo en la vida cotidiana?
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EspiritualidadCarisma/3. ¿Cómo lograr que Cristo sea el centro de nuestra vida?
Índice

4. La espiritualidad del Buen Pastor
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3. ¿Cómo lograr que Cristo sea el centro de nuestra vida?

La clave para que Cristo sea el centro de nuestra vida es el amor, amor que nos da un corazón obediente. La obediencia de amor es el fundamento de la obra redentora…[Notas 1], la vida de Cristo fue comunión con el Padre, acogida y realización de su Voluntad[Notas 2]. Esa obediencia de amor supone entrar en comunión con la persona de Jesús, y para ello hemos de descentrarnos de nosotras mismas. El seguimiento de Jesús exige la más total y absoluta libertad del discípulo con relación a sí mismo. El seguimiento sólo es posible cuando el hombre se ha liberado de su propio interés, de su propio egoísmo, de su propia comodidad, de todo lo que puede atarlo a su propia persona y esto no se puede llevar adelante sin un amor apasionado a Cristo y sin una experiencia personal muy honda de relación, de amistad, de entrega y confianza en el Señor.
La espiritualidad del Buen Pastor es espiritualidad que se alimenta de hacer la Voluntad del Padre, por eso surge del interior, no de normas o leyes. Renunciar por El a todo lo que no sea para honra y gloria de Jesucristo que tenía como única voluntad hacer la Voluntad de su Padre[Notas 3].

3.1. Tener un corazón orante

Para que Cristo sea el centro de mi vida, necesito tener un corazón orante, vivir en relación de intimidad con Él para conocerlo, para creerle, para amarlo y seguirlo.
El tema del conocimiento en la Biblia no se basa en la razón, sino más bien en la experiencia de relación con el otro, de intimidad. De modo que, conocer a Jesús, se origina en la experiencia de relación cercana con El.
Orar es hacernos conscientes de la acción de Dios en nuestro interior. Orar es tomar en serio lo que Dios nos va diciendo desde dentro, es tomar conciencia de que Alguien nos habita y nos construye continuamente desde lo más profundo de nuestro ser, desde nuestra pobreza personal y comunitaria. En la oración Dios se nos entrega, se nos da, se nos comunica, y así es como nos transforma de manera silenciosa. En la oración surgen las palabras de aliento para hacer volver al redil a aquellas ovejas que se alejan del rebaño y del Pastor, se adquiere la fortaleza para afrontar cualquier adversidad.
Nos referimos a oración, a espiritualidad como relación personal e inmediata con Dios, lo que implica pasar de una lectura intelectual del Evangelio a una lectura experiencial, ser capaz de contemplar a Jesús, sentarse con Él en el pozo, seguirlo por el camino, escuchar su llamada, ponerse con Él en la barca, entrar en Jerusalén. Es una relación que no nos libera de nuestras fragilidades, que no nos da poderes sobrehumanos, que no nos transporta a un mundo idílico, sino que nos hace ver las cosas de una manera nueva, con profundidad, afrontar la vida con fortaleza, con esperanza, con sentido, nos da la fuerza para hacernos cargo de la realidad. Es una experiencia que transforma nuestra relación con el exterior al descentrarnos de nosotras y centrarnos en El, en sus intereses, para permitir que Dios nos contagie de su solicitud por los empobrecidos; como a Pedro, Jesucristo nos dice continuamente: ¿me amas? Apacienta mi rebaño. Él nos enseña a orar incesantemente y a no desfallecer, poniendo en Dios nuestra esperanza, con la certeza de que nos dará la fuerza para permanecer fieles en el amor[Notas 4]
.

3.2. Propiciar el silencio interior para escuchar la Palabra de Dios

Para que Cristo sea el centro de nuestra vida hemos de propiciar el silencio interior para escuchar la Palabra, para descubrir la voluntad de Dios aquí y ahora; crear espacios de silencio, entrenarnos en el silencio contemplativo del Pastor Bueno que cuida y educa su mirada para que sea mirada que pastorea, mirada contemplativa que desde su silencio ve siempre más allá de las apariencias, que mira con misericordia, que se da cuenta. Mirada que desde el silencio hace posible la comunicación, el encuentro, el perdón; mirada que nos permite ser educadoras según el estilo de nuestro Fundador. Mirada esperanzada y amorosa que nos empuja a abrirnos a lo nuevo. En el silencio interior, nuestra mirada contaminada se purifica, se aclara. Cultivando el silencio puedo ver bien, puedo ver con el corazón, como dice el autor del Principito. Desde los ojos amorosos de Dios es desde donde tendremos que aprender a mirarlo todo.
El silencio y la oración nos dan las luces necesarias para trabajar en bien de los demás. Procuramos el silencio exterior que favorece la reflexión… la vida espiritual[Notas 5]. Y como dice el Papa: “el ver también forma parte del seguimiento de Jesús, y la fe se presenta como un camino de la mirada, en el que los ojos se acostumbran a ver en profundidad”[Notas 6].

3.3. El discernimiento diario para descubrir la voluntad de Dios

Para que Cristo sea el centro de mi vida necesito discernir cada día el modo en que Él está trabajando en mi interior, cómo me mueve desde adentro, hacia dónde me conduce, qué está haciendo conmigo y con mi hermano; necesito mirar atrás y reconocer dónde y cómo actuó él en mis acciones. Necesito reconocer la pequeña semilla, el brotecito nuevo que comienza a asomarse débilmente entre las grietas. Necesito comprender cómo Dios me está recreando cada instante y cómo está creando a los demás para poder colaborarle. Eso me lleva a referirlo todo a Cristo, y así Él se va constituyendo en el centro de atención en todas mis acciones.
El discernimiento, así entendido, pone el centro en la acción del Espíritu, descentrándome de mí misma, de mi egocentrismo, de mi búsqueda de perfeccionismo y me da la capacidad de jerarquizar, de priorizar, de saber elegir, desde la mirada de Dios. En el discernimiento descubrimos que no se trata tanto de lo que hagamos, sino de la vida, del amor que pongamos en ello, y la vida que en ello encontremos. No es la que más hace, la que más merece, sino la que más ama y hace lo que puede[Notas 7].

Notas

  1. C 37 y 43
  2. C 65
  3. C 6
  4. C 65
  5. R 43
  6. LF 30
  7. TE pág. 19