EspiritualidadCarisma/3. Que cada cual mantenga su espiritualidad y la aprecie

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2. Que cada uno con el don que ha recibido se ponga al servicio de los demás
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4. Aportaciones a la evangelización desde nuestra espiritualidad calasancia
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3. Que cada cual mantenga su espiritualidad y la aprecie

El Sínodo para la Nueva Evangelización, decía en uno de sus documentos: “una gran labor en la nueva evangelización corresponde a la vida consagrada en sus antiguas y nuevas formas”. Y es muy bueno, decía un obispo a los religiosos y religiosas de su diócesis el día de la vida consagrada, “que cada cual mantenga su espiritualidad y la aprecie”. Y contaba una anécdota que me llamó la atención: El abad de Montserrat, P. Escarré, fue recibido una vez en audiencia por Pío XII, quien le preguntó: ¿Por qué no se dan en Montserrat los Ejercicios de San Ignacio?, a lo que el abad contestó: No, Santidad, damos los ejercicios que le dimos a San Ignacio cuando vino a Montserrat. El Papa acogió divertido la respuesta.
Recuerdo la impresión tan positiva que me llevé cuando después de aquel famoso estudio hecho a la Congregación por la década de los años 80, el responsable del informe, el P. Julián López, sj., nos comentaba que uno de los rasgos más claros que aparecían en este estudio era la identificación de los miembros del Instituto con su vocación educadora. En un momento en que numerosas Congregaciones ponían en entredicho que la educación, y más concretamente la escuela, fuera un lugar evangelizador por el que mereciera la pena seguir apostando, en nosotras no había producido ni una pequeña fractura esta corriente del momento. Había un alto aprecio por nuestra vocación educadora y una valoración muy positiva de la aportación que, desde la escuela, podíamos realizar en la misión evangelizadora de la iglesia, a través de la formación de los niños y jóvenes y de la promoción de la mujer.
En la congregación se ha entendido siempre que la educación es un gran servicio de evangelización integral, por ello, para quienes formamos el Instituto, educar no es algo accesorio en nuestra vida, sino un modo de ser y un modo de servir para la construcción del Reino.
Si Victoria Camps afirma que el problema fundamental con el que se encuentra la educación en nuestros días es la falta de fe, nosotras Calasancias hacemos nuestra confesión en la educación: creemos en la educación, tenemos seguridad en la propia vocación y confiamos en la misión recibida de la Iglesia. Somos conscientes que esta misión requiere una formación pedagógica y pastoral, pero sobre todo, que necesita personas habilitadas espiritualmente para hacer frente a los desafíos de la increencia, del divorcio entre fe y cultura, de la desintegración familiar y del afán de bienestar.

Notas