EspiritualidadCarisma/4. La espiritualidad del Buen Pastor

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

3. ¿Cómo lograr que Cristo sea el centro de nuestra vida?
Tema anterior

EspiritualidadCarisma/4. La espiritualidad del Buen Pastor
Índice

Maria Divina Pastora. Sara Herrero del Blanco
Siguiente tema


4. La espiritualidad del Buen Pastor

La fe en Jesucristo como nuestro Pastor y guía adquiere actualidad en una sociedad masificada como la nuestra, donde corremos el riesgo de perder la propia identidad y quedar aturdidas ante tantas voces y reclamos.
Seguir a Jesús, como Buen Pastor, es asumir sus actitudes fundamentales desde nuestra propia originalidad, según nuestra realidad. Jesucristo, Buen Pastor, acogió la fragilidad humana para transformarla desde la solidaridad, en fuerza de transformación y salvación, y esto solo lo podemos hacer si vivimos abiertas a su acción, si seguimos sus pasos. La historia humana no tiene remedio sin la respuesta libre y responsable del ser humano, pero tampoco sin la acción transformadora del don del Espíritu de Dios que es el Espíritu del Resucitado. El Papa Francisco nos dice: “Cuando una persona conoce verdaderamente a Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la vida”[Notas 1].

4.1. Buscar - Acompañar - Encaminar

Buscar significa ir al encuentro. El Pastor siempre está en camino, en la búsqueda de las ovejas[Notas 2]. Buscar requiere estar siempre en camino, es una característica del Pastor. “Caminar es un arte, el arte de mirar el horizonte y pensar a dónde queremos ir y también soportar el cansancio porque el camino no es fácil, hay días de oscuridad, de caída”[Notas 3].
Para acompañar hay que acoger y acoger es recibir dentro del corazón. Acompañar implica valorar, y valorar es descubrir el tesoro escondido, los talentos, dentro de cada uno, dentro del otro, como Jesús descubre el tesoro en Magdalena, en Zaqueo, en la Samaritana…
Acompañar es guiar, y para guiar, la Hija de la Divina Pastora ha de dejarse guiar por el Buen Pastor. Acompañar supone, dejarse acompañar por Dios mismo y esto sólo se puede hacer desde la fe y la confianza en Dios. De Jesús, Buen Pastor, aprendemos a acompañar; el acompañamiento de Jesús es por comunión con sus discípulos, es desde dentro y desde abajo, como humilde servidor de su comunidad por quien llega al extremo de dar la vida.
Encaminar, acompañar, es una tarea trascendental para nosotras. Acompañar y encaminar al estilo del Buen Pastor es vivir con humildad al servicio del Reino que el Espíritu impulsa de muchas maneras, y que debemos saber contemplar, reconocer, avivar. Acompañar al estilo del Buen Pastor nos exige humildad porque nos hace testigos privilegiados de la acción del Espíritu en los demás.

4.2. Fidelidad – Humildad

Raíz del amor apasionado y unificante del Pastor Bueno, sostenida por el amor fundante del Padre, vivida desde la libertad, expresada en la obediencia, sostenida por el Espíritu. La fidelidad en Jesús es honradez para con el impulso divino, el Espíritu. Para ello Jesús, Buen Pastor, nos propone una cercanía muy profunda con Dios. En esta relación experimentó la voluntad del Padre para su vida, descubrió lo que el Padre quería de Él. Fue fiel hasta la cruz.
Entre Dios y el pastor, hay una comunión basada en la fidelidad de Dios; hay una amistad íntima, hay un compañerismo en el que tanto Dios cuenta sus cosas a su amiga por medio de su Palabra, como también cada día la Hija de la Divina Pastora se comunica con su Señor por medio de la oración. La imagen del Pastor nos hace comprender todo el misterio de la persona de Jesús que es donación de su vida, y también el sentido pleno de la vida del ser humano. En el dar y recibir la fidelidad toma cuerpo. Para el pueblo de Israel la amistad que existe entre pastor y oveja expresa la relación más estrecha que puede existir entre un hombre y Dios. Por eso Jesucristo escoge este símbolo para decir a la humanidad que así es la relación de Dios con nosotros su pueblo escogido desde siempre.
Fidelidad y humildad van juntas. La humildad, dice nuestro fundador, nos hace fieles a Dios y al prójimo[Notas 4].

4.3. Generosidad evangélica para el seguimiento - Entrega

Es condición esencial para ser buen pastor al estilo de Jesús. Seguir a Jesús, Buen Pastor, es vivir la vida como un don que se nos ha dado para darla a los demás, y no como un tesoro que se debe conservar. Esta espiritualidad nos conduce a darnos incondicionalmente como Jesús, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. El rebaño es la riqueza del Pastor. El pastor es para las ovejas, y no las ovejas para el pastor. Nadie puede ser buen pastor sin haber tenido la experiencia de un encuentro profundo con el Señor, la experiencia de vivir de ese encuentro como experiencia fundante de su vida. Generosidad que nos haga sacrificar nuestros intereses[Notas 5]…nos mantenemos disponibles en todo momento[Notas 6]…estar dispuestas a dar hasta la propia vida[Notas 7].

4.4. Riesgo

La espiritualidad del Buen Pastor nos conduce a descentrarnos de nosotras mismas y de la institución: cuanto más nos centramos en Cristo, más Él nos proyecta hacia todos los hermanos que nos ha dado, de quienes Él nos pide hacerlos nuestro prójimo, apacentarlos porque son ovejas de su rebaño. ¿Me amas? Cuida de mis ovejas… El amor implica riesgo porque desplaza nuestro centro de gravedad y nos conduce a situaciones desconocidas en la que nuestros mapas, planes, proyectos pueden resultarnos inservibles. Quien sigue a Jesús, Buen Pastor, tiene que estar dispuesto a trabajar por el bien de los otros hasta dar la vida.
El Buen Pastor que está centrado en cuidar el rebaño, en buscar la oveja perdida, nos invita a salirnos del camino habitual, porque los hombres de hoy no recorren los caminos que conocemos, que estamos habituadas a transitar. Salir como el pastor a buscar las ovejas es abrirnos caminos nuevos aunque ello nos genere mucha inseguridad. Lo conocido, lo de siempre, es seguro, pero puede matar la vida nueva que va surgiendo.
Jesucristo es ciertamente el centro pero puede enviarnos muy lejos de todo aquello a lo cual estamos habituadas. Al llegar a ser el centro de nuestra vida, Cristo no nos deja instalar en un punto fijo, por el contrario, nos lanza a un peregrinaje que nunca se acabará sobre la tierra, y escuchar esa voz, obedecer a los impulsos del Espíritu, es arriesgarnos, es fiarnos.
La crisis, el miedo y el desconcierto, puede ser un llamado que nos descentra. El riesgo tiene que ver con nuestro sentido de novedad. Interrogar los acontecimientos, cambiar de ángulo, modificar nuestros esquemas de pensamiento y conducta. Nuestra principal tarea es evangelizar. Estar, permanecer abiertas a todas las necesidades, captarlas, responder a ellas[Notas 8]… colaborar con la Iglesia, responder a las necesidades del medio. Buscar y encaminar con espíritu apostólico… Acudir donde nos necesiten… aún con exposición de la propia vida[Notas 9].

4.5. Amor que vivifica - Celo apostólico

Las acciones de Jesús corroboran sus palabras, muestran su amor, su premura, su preferencia. “Venid a mí todos los que estáis cansados”[Notas 10]. El Buen Pastor nunca se escandalizó de la oveja descarriada, al contrario se mostró compasivo y misericordioso. El único fin de la intervención de Jesús en la vida de la persona es para darle un nuevo sentido a su existencia y para que asuma su vida en libertad y felicidad.
La Hija de la Divina Pastora ha de vivir con esta convicción: “como un pastor bueno, Dios se la juega toda por mí” y yo me la juego toda por las ovejas que me confían. La oveja encuentra en el pastor su confianza para afrontar las pruebas de la vida. Buscar almas y encaminarlas a Dios, por todos los medios que están al alcance de la caridad[Notas 11].
Este amor que vivifica es un amor que cuida y se deja cuidar: el Señor es mi Pastor; dejarnos cuidar se relaciona con la capacidad de dejarnos querer por Dios, dejarnos perdonar, reconocer nuestros talentos y mirar de frente nuestro pecado, experimentar el amor compasivo de Dios, hacerlo circular a través de nosotras hacia los demás, siendo sensibles a lo bueno, y compasivos ante el error. Implica dejarse conducir por un Dios del que, si algo sabemos, es que puede cuidarnos mejor de lo que nosotras mismas podríamos hacerlo. Dejarnos cuidar porque sólo podemos entregar lo que nos ha sido previamente entregado. Dejarnos cuidar es reconocer que nuestra vida personal y social está entretejida por muchos hilos que se han ido construyendo en el pasado y se siguen construyendo en el presente, que somos herederas de una historia congregacional rica en entrega de quienes nos precedieron y de quienes van delante de cada una de nosotras.
De reconocer el don recibido; de saberse cuidadas por un pastor amoroso, surge el amor vivificante de la Hija de la Divina Pastora, cuidadora de otros por vocación, por identidad. En la misión tiene un amor que hermana la gravedad de la maestra con el amor y dulzura de una madre[Notas 12].

4.6. Abnegación: amor incansable y sin condiciones

Sólo el que está dispuesto a perder su vida por Cristo, por su causa y por el rebaño entero tiene la capacidad de ser discípulo a la manera del Buen Pastor.
El pastor muchas veces tiene que soportar hambre y sed, siente el cansancio y las dificultades, pero está contento porque está con las ovejas, y preocupado por llevarlas a campos buenos; de noche y de día las cuida de los lobos; por eso la Hija de la Divina Pastora vive siempre alerta. Lo que la motiva a cuidar a sus ovejas es el amor. La Hija de la Divina Pastora vive al servicio de sus hermanos con celo apostólico, el cual expresa en su apasionamiento por el Reino, saliendo de sí misma para vivir por Aquel a quien ama, con abnegación sin límites.
Del Buen Pastor, cada una aprendemos la solicitud misericordiosa y el desvelo por la misión. El seguimiento de Jesús, el Buen Pastor, exige velar, trabajar y orar por el bien de las personas; exige también sanar y liberar siendo instrumentos de reconciliación con un amor abnegado hasta el punto de dar la propia vida por salvar lo que está perdido. Animadas de un espíritu apostólico y con una abnegación sin límites… aún con exposición de su misma vida, sin más armas que la caridad[Notas 13]
.

4.7. Responsabilidad

El criterio para distinguir un buen y mal pastor en Israel era su sentido de la responsabilidad. El pastor en Palestina era totalmente responsable de las ovejas: si algo le pasaba a cualquiera de ellas, él tenía que demostrar que no había sido por culpa suya. Para Dios somos importantes y Él se ocupa siempre personalmente de cada uno de nosotros, Él es responsable de cada ser humano.
“Si un hombre entrega a otro una oveja o cualquier otro animal para su custodia, y éstos mueren o sufren daño o son robados sin que nadie lo vea... tendrá que restituir”[Notas 14]. “En este caso el pastor tendrá que jurar que no fue por culpa suya y traer una prueba de que la oveja no había muerto por culpa suya y de que él no había podido evitarlo”[Notas 15].
En fin, el pastor se la juega todo por sus ovejas, aún combatiendo tenazmente contra las fieras salvajes, haciendo gala de todo su vigor e incluso exponiendo su vida, como vemos que hizo David de manera heroica con las suyas: “Cuando tu siervo estaba guardando el rebaño de su padre y venía el león o el oso y se llevaba una oveja del rebaño, salía tras él, le golpeaba y se la arrancaba de sus fauces, y se revolvía contra mí, lo sujetaba por la quijada y lo golpeaba hasta matarlo”[Notas 16]. Trabajar por ellas con un amor sin límites hasta ganarlas para Jesucristo[Notas 17].

4.8. Sensibilidad

El Buen Pastor es sensible a los acontecimientos que lo rodean, a la situación de su rebaño, es un Pastor que comparte el dolor y la angustia de cada ser humano, se deja interpelar por la pobreza, la soledad, la enfermedad, el desplazamiento y todos los sufrimientos de la humanidad; nuestra misión de pastoras, nos conduce irremediablemente a mirar hacia el dolor humano y a compartir la suerte de las ovejas sin más armas que la caridad[Notas 18] y estar atentas, como nuestro Fundador: su sensibilidad le hace captar la situación de abandono e ignorancia en que vive la mujer[Notas 19].

4.9. Gratuidad

Es una característica de la espiritualidad del Buen Pastor: no buscarse a sí mismo, no ser el objetivo último de su propia vida, no ser el punto de referencia desde el cual todo se valora.
La gratuidad referida a uno mismo tiene que ver con el despojamiento que la vida nos va haciendo: la salud, el vigor, el atractivo físico, la capacidad de autonomía, de ocupar sitios de relevancia, de las cualidades…
La gratuidad es dar la vida por amor y “el que da su vida por amor, nunca está solo: siempre está en la comunidad, está en familia. El que aísla su conciencia en el egoísmo, acaba perdiéndola”[Notas 20].
La gratuidad tiene que ver con nuestra manera de relacionarnos con las personas y las cosas, con no estar agarradas a lo que tenemos o incluso a aquello que necesitamos tener. Gratuidad es libertad ante las cosas y disponibilidad ante las personas. La gratuidad ante Dios es estar ante y con Dios, disfrutando de ser hijos, como la oveja disfruta de estar con su pastor. La gratuidad no es dar sin recibir, es dar sin exigir, sin buscar compensación.

Notas

  1. Homilía 15 de abril de 2013
  2. Cfr. Lc15,4-7
  3. Papa Fco. dirigiéndose a niños jóvenes, julio de 2013
  4. C 6
  5. C 87
  6. C 48
  7. C 7
  8. Cir. C 63
  9. C 5
  10. Mt 11,28
  11. BF I
  12. CF XIX, I
  13. CF XIX, I
  14. Éx 22,9.13
  15. Éx 22, 10
  16. 1 S 17, 34-35
  17. CF XIX, XIV
  18. BF I
  19. C 4
  20. Papa Fco, homilía del 14, mayo 2013