EspiritualidadCarisma/5. Carisma calasancio: herencia de liberación y empoderamiento para la mujer

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4. Problemática actual de la mujer
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5. Carisma calasancio: herencia de liberación y empoderamiento para la mujer

Toda mujer tiene por antecedente una niña. A pesar de la obviedad pocas reparan en la significación social que éste nexo tiene. Hacer políticas y educación para las mujeres de hoy requiere hacer políticas y educación para las mujeres de mañana.
No se puede reflexionar sobre la mujer sin retornar a la niña que fue. Ni se puede proponer un futuro mejor para las mujeres sin construir un presente seguro y amable para las niñas de hoy. ¿Existe una educación con rostro de mujer?

Una constatación a recordar es que desde siempre las “estructuras” y la historia no ha visibilizado la entrada de las mujeres como aportadoras e innovadoras en educación.

El P. Faustino nos legó una misión y reto, la educación de la mujer. En el siglo XXI Kofi Annan anunciaba como algo novedoso “No existe un instrumento de desarrollo más eficaz que la potenciación de la mujer”[Notas 1].
En la comunidad indígena de Otón, María Imbagua una mujer indígena de 42 años analfabeta como la mayoría de las mujeres del sector, al preguntarles sobre los trabajos comunitarios, expresó a su compañera “hable usted, que usted habla bonito”, porque ella nunca fue a la escuela, no sabe escribir ni leer y eso le da inseguridad para hablar y participar. Traigo a mi memoria una entrevista oral realizada a Valeriana Anahuarqui en Riobamba-Ecuador y le pregunté sobre su trabajo de liderazgo en medio de la población indígena, ella inició contando: tengo un recuerdo que no se me borra de mi cabeza, yo estaba niña y cogida de la pollera de mi mamá, escondidas tras un pilar de la casa de la hacienda veíamos cómo le azotaban a mi papá atado a un pilar de la hacienda –llora recordando- le pregunté, ¿por qué le azotaban a su papá? Y contestó, porque me ha puesto en la escuela. Con convicción repetía, por eso tengo que salir adelante, porque mi papá me quería diferente.
Es verdad que la educación es el área en que las mujeres han logrado su mayor progreso en las últimas décadas. Pero el desbalance se evidencia en la educación de las mujeres adultas pertenecientes a los sectores excluidos. Potenciar la educación de los más desfavorecidos es darles una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida. Gracias a la educación podrán desarrollarse profesionalmente, aumentarán su autoestima y mejorará la formación y visión del mundo que leguen a sus hijos e hijas.
Desde esta reflexión quiero hacer un brindis a la esperanza desde nuestro carisma calasancio. Género no es un concepto meramente descriptivo, sino algo evangélico y dinámicamente vitalizador, con derivaciones normativas que postula una conducta en nuestro modo de ser y de relacionarnos hombres y mujeres.
Hablar de género significa aludir a la historia marcada por la desigualdad y por principios generadores de la jerarquización que ha colocado a las mujeres en desventaja. De ahí la urgencia de repensar las relaciones. Estas relaciones son un grito holístico, humano, cósmico, divino, todas las dimensiones están implicadas a la hora de reconstruir relaciones históricas diferentes.
El término género no es un asunto de moda ni es una postura sectaria. Se trata de sensibilidad, sabiduría, de espiritualidad, de acción educativa y promoción social, de una opción de vida. Es una preocupación emergente en búsqueda de una sociedad equitativa y fraterna. Es un modo de cultivar la nueva humanidad en fidelidad al carisma legado por el P. Faustino y al Reino anunciado por Jesús. Para ello es necesario que tengamos la osadía de “pensar a Dios y a la humanidad de otra manera”. Una osadía que nos ayude a interpretar y retejer la historia para convertir el agua piramidal en vino relacional.

Notas

  1. Ex Secretario General de las NNUU