EspiritualidadCarisma/5. Consagración a María, Divina Pastora

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4. Valores de la advocación de María, Divina Pastora y nuestra espiritualidad
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María, Divina Pastora. Patricia Olivares Arévalo
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5. Consagración a María, Divina Pastora

La consagración es un acto mediante el cual, una persona se compromete a dedicar su vida al servicio de Dios.

Nuestra consagración filial a María, Divina Pastora con todo nuestro ser, alma y cuerpo; toda nuestra existencia y vocación cristiana conforme al evangelio, tiene sentido en cuanto que, a través de Ella llegamos a Jesús. Decía Juan Pablo II, el 26 de septiembre de 1986: “Al consagrarnos a María descubrimos el camino seguro al corazón de Cristo, símbolo del amor misericordioso de nuestro salvador”.

La consagración a María es la forma más perfecta y recomendable de vivir una auténtica espiritualidad mariana. Mediante ella, la persona se compromete libremente a vivir e imitar en todo a María, a conformar su vida y sus actitudes con las de la Virgen nuestra Madre, para vivir así en mayor intimidad con Jesús.

Pablo VI, en el documento con que declaró a María, Madre de la Iglesia, afirmó que: “El conocimiento de la verdadera doctrina sobre María será siempre la clave para vivir más íntimamente unidos al misterio de Cristo y de la Iglesia”. Es la clave para vivir una auténtica vida cristiana y eclesial.

Esto es comprensible si tenemos en cuenta el puesto que la Virgen María ocupa en la historia de la salvación, y la función que desempeña en la Iglesia como Madre espiritual. Si esto es así, parece que no hay otro modo más perfecto de vivir la espiritualidad mariana, que mediante la consagración a María. En ella se vive el reconocimiento amoroso de la dignidad de María la Madre de Jesús, y de sus relaciones con la Santísima Trinidad y con los redimidos.

La Consagración a la Divina Pastora es una práctica vivida en el Instituto desde los primeros tiempos. Nosotras, como Hijas de la Divina Pastora, con filial cariño ponemos toda nuestra vida bajo la protección de María. Es una oración que pone de manifiesto nuestro homenaje a quien es Madre y Modelo para nosotras.

Los santos, desde la antigüedad de la Iglesia, S. Ambrosio, S. Bernardo, han practicado alguna forma de consagración a María. La Iglesia entera vive también consagrada a María nuestra Madre.

Notas