EspiritualidadCarisma/6. El testimonio de vida

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5. El carisma al servicio de la evangelización
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6. El testimonio de vida

Recogemos palabras del Papa Francisco: “El Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices, pero todos son importantes, incluso los que no destacan. Cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo, y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano. Hay santos del cada día, los santos “ocultos” una especie de “clase media de la santidad”, de la que todos podemos formar parte.
No se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios y dar gloria a Dios.
Sed auténticos evangelizadores. Cada cristiano, cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad. Sed misioneros del amor y de la ternura de Dios”[Notas 1].
Al celebrar los 90 años de la llegada del Instituto a tierras americanas, se despierta en cada una de nosotras, sentimientos de gratitud a Dios, nuestro Señor, que inspiró, protegió y guió a nuestro Fundador en la realización de su obra.
Tenemos presente hoy a todas aquellas religiosas, hermanas nuestras, que abrieron el surco de la naciente Congregación, pasando tantas dificultades, penurias y contratiempos. Recordamos a las primeras religiosas españolas, que generosamente, dejando la Patria, la familia, todo, vinieron a sembrar la Palabra de Dios y a entregar sus vidas en estos países. A sembrar la semilla de la fe en los tiernos corazones infantiles, a poner los cimientos del edificio. Debemos ser continuadoras de su obra, hacerla crecer, prosperar, expandir. ¡GRACIAS! desde el fondo del corazón por la entrega silenciosa de sus vidas, en humildad, sencillez y esperanza.
Pidamos al Señor, siga bendiciendo nuestro Instituto, para que cumpla siempre la misión para la cual fue fundado, participar en la misión evangelizadora de la Iglesia educando en la fe a niños, jóvenes y adultos, especialmente en la promoción y educación de la mujer. Que el Señor envíe nuevos operarios a su mies, llamando a muchas jóvenes generosas, para continuar esta misión.
Te damos gracias Señor, por estos 90 años de presencia en América, por todos los niños que pasaron por nuestros colegios, profesores, colaboradores en la misión educativa, por todos los bienhechores.
Ponemos todo bajo la protección maternal de María, Divina Pastora, para que nuestro Instituto siempre sea fiel a los principios que lo sustenta y cumpla:

La ardua pero sublime misión de educar a la niñez y juventud, con celo apostólico y abnegación sin límites, sin más armas que la caridad, ni otro móvil que la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena. Y así prestar este servicio incondicional de caridad[Notas 2].

Que el ejemplo de nuestro P. Fundador, de su vida consagrada totalmente a Dios a quien confía todos sus desvelos, como siempre repetía: Poned en solo Él vuestra esperanza[Notas 3], sea el estímulo que empuje a las que formamos hoy este Instituto a cumplir la sublime misión, para gloria de Dios y bien temporal y eterno de los hombre

Notas

  1. Papa Fco. Exhort. Evangelii Gaudiun, 2013, pág. 9-10-17
  2. BF I y V pág. 46-47
  3. Ep 227