EspiritualidadCarisma/6. Una lectura calasancia de la nueva evangelización

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Índice

7. Algunas propuestas pastorales
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6. Una lectura calasancia de la nueva evangelización

Con un espíritu apostólico y un amor sin límites…[Notas 1]

Al acercarme al P. Faustino me encuentro con un evangelizador nato, uno de esos santos que descubrió en la educación el mejor escenario para la nueva evangelización. Su mirada profética, su corazón inquieto y lleno de amor hacia a todos aquellos con los que se encuentra, se convierte para él en una llamada a salir de si y de sus cosas en favor de ellos. Vive la evangelización en el olvido de sus intereses para permanecer disponible a las necesidades que detecta a su alrededor. Siente que no se pertenece a sí mismo sino a los niños y jóvenes, a los sencillos y a los pobres. Faustino fue un testigo coherente y creíble porque su corazón está profundamente arraigado en Dios, porque está enamorado del Corazón de Jesús.
Y nosotras sus hijas… ¿cómo podemos vivir esta nueva evangelización? ¿Cómo redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe?.
En nuestras Constituciones actuales se nos dice que “la principal tarea en nuestra misión es evangelizar”[Notas 2]. Y en las Bases de la Asociación al inicio de la fundación del Instituto: “Las Hijas de la Divina Pastora, animadas de un espíritu apostólico y con una abnegación sin límites, acudirán al socorro de las almas que las necesitaren”[Notas 3].
Lo tenemos claro: Las Religiosas Calasancias evangelizamos educando. Es una misión que el P. Faustino define “como creación continuada, misión divina, evangélica, ardua, tan vasta como difícil, la más noble, la más grande y la más sublime del mundo”[Notas 4]. Nuestro proyecto educativo-pastoral une en una síntesis armónica Evangelio y Cultura, Piedad y Letras[Notas 5], posibilitando así a los niños y jóvenes el crecimiento como personas bajo la guía del Espíritu[Notas 6].
Las Religiosas Calasancias participamos en la misión evangelizadora de la Iglesia con la entrega de cada día a la educación de nuestras alumnas, para hacerlas buenas cristianas, buenas hijas, buenas esposas, buenas madres y miembros útiles de la sociedad y con la dedicación a los humildes y pequeños[Notas 7], como lo hizo nuestro Fundador, para dar un sentido más humano al hombre y a su historia.
Nuestras Constituciones, nuestro estilo y propuesta educativa presentan como un rasgo característico de nuestra escuela el establecimiento de un diálogo entre la fe y el conjunto de saberes, valores, actitudes y comportamientos para lograr la síntesis entre fe y cultura, fe y vida.[Notas 8] Nuestra escuela:
Quiere transmitir una concepción del mundo, del hombre y de la historia en la que Jesucristo es el centro y el Evangelio norma de vida[Notas 9].
Pretende ser presencia crítica en la sociedad, y desde la fe iluminar los grandes problemas que afectan a la humanidad[Notas 10].
Trata de capacitar a los alumnos con los conocimientos propios de las ciencias e iluminar el saber humano con los datos de la fe, para que desarrollen su personalidad cristiana en una actitud de continua conversión[Notas 11].
Nuestro Plan General de Formación dice que “nuestra misión, como Religiosas Calasancias, es posibilitar que el amor de Dios arraigue en el corazón de los niños[Notas 12] a través del amor pedagógico. Somos testimonio de una vida totalmente entregada a Dios y a los hermanos, imitando a Jesucristo que por amor se hizo siervo para cumplir su misión”[Notas 13].

Seguimos a Jesucristo, Buen Pastor y Maestro[Notas 14], y como Él, que pasó su vida haciendo bien y dándola[Notas 15], salimos al encuentro de los niños y jóvenes para evitar que la inocencia de su corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia[Notas 16]. “Los acompañamos, desde nuestro ministerio educativo, en su caminar hacia Dios”[Notas 17]

¿Cómo entender, pues, este nuevo ardor al que somos invitadas desde la llamada de la Iglesia a una nueva evangelización? ¿No se trataría de avivar ese celo apostólico y entusiasmo que con tanta insistencia nos recuerda el Beato Faustino?
En nuestro Plan General de Formación[Notas 18] se nos dice que el celo apostólico es la manera más concreta de unir el amor a Dios y al prójimo. Es la preocupación porque Dios sea honrado, querido y glorificado por todos, el ardor por vivir y anunciar los valores del Reino para alabanza y gloria del Padre y para bien de los hombres. ‘El celo proviene de la intensidad del amor’ dice Sto. Tomás. Es el amor ferviente, la búsqueda ardiente del bien. Cuanto más ardiente es el amor, tanto más vivo es el celo. Un corazón lleno de celo es un corazón dilatado cada día más[Notas 19]. Y es que el ánimo, la entrega y la preocupación por el otro, crece con el amor[Notas 20].
El celo de Jesús fue el Reino de Dios. Su pasión por el Reino le lleva a entregar la vida. Como Cristo, que pasó su vida haciendo el bien y dándola[Notas 21], como María, que estaba dispuesta para hacer el bien[Notas 22], nosotras queremos ‘pasar haciendo el bien’. Abrasadas en amor de Dios[Notas 23] y animadas de un espíritu apostólico[Notas 24], el mismo espíritu que movió a los apóstoles a ir y predicar por el mundo entero el Evangelio porque el celo es fruto de la experiencia del Espíritu que ‘hace arder nuestros corazones’[Notas 25], nos abrasa en su santo amor y el Espíritu nos infunde el mayor celo por la salvación de las almas[Notas 26].
El espíritu apostólico nace de la experiencia del amor recibido, quien siente en su vida el amor a Dios, sin proponérselo lo irradia, lo contagia y le brota la urgencia y el deseo de que otros lo conozcan. Por eso, el celo apostólico es amor apasionado por Dios y por la causa del Reino. Es el deseo de que los alumnos, los profesores se comprometan con el Reino de Dios y es anhelo de que la verdad se instale en el corazón de los hombres, de que encuentren o descubran el tesoro encontrado por uno.
‘Celo’ puede tener distintos significados: apurarse, darse prisa, impulsar, incitar, aspirar vehemente. Este grupo de palabras describe primeramente el movimiento apresurado o la inclinación afectiva que se orienta hacia una persona, idea o cosa: apresurarse, premura, presteza con la que ha de llevarse a cabo una acción. También describe un movimiento interior: ser, o estar celoso, esforzarse, dedicarse a, preocuparse de, solícito, activo, diligente, listo, esmero, esfuerzo intenso y serio por alcanzar un objetivo, en contraposición también a pasividad, inactividad y despreocupación. Supone una dedicación seria a algo. En sentido moral expresa la ‘buena disposición, la buena voluntad’, el hombre celoso es aquel que ‘procura el bien’: el honrado y virtuoso, el que aspira a la verdad, el hombre noble. También el celo puede revestir a veces matices negativos cuando está determinado por motivos egoístas y cuando actúa como un agente perturbador o disgregador del grupo. En sentido religioso, significa ‘dedicarse con toda el alma’, se trata de ‘un celo noble’.
Debe existir en nosotras una pasión por Cristo, por su Reino. Sólo desde esta pasión, ardor y celo, podremos buscar con desinterés, desposeídas de nosotras mismas por amor a Dios y a los hombres.
Un nuevo lenguaje para la palabra celo podría ser ‘entusiasmo’. La palabra entusiasmo proviene del griego y significa ‘tener un Dios dentro de sí’. La persona entusiasta o entusiasmada en el mundo griego era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podía transformar la naturaleza que lo rodeaba y hacer que ocurrieran cosas. Sólo las personas entusiastas eran capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano. Era necesario por lo tanto dejarse atrapar por alguno de los dioses, entusiasmarse, para resolver los problemas que se presentaban y pasar a una nueva situación. Era el entusiasmo el que les infundía una nueva visión de la vida.
En realidad, no son ‘las cosas que van bien’ las que nos traen entusiasmo; es el entusiasmo, el saberme poseído de una fuerza que no viene de uno mismo, el que nos hace hacer bien las cosas. ¿No nos ocurre con cierta frecuencia que nos quedamos esperando que las condiciones mejoren, que llegue el éxito, que mejore la situación, que mejoren las relaciones personales o comunitarias para luego entusiasmarnos apostólicamente? Si creemos que es imposible entusiasmarse con el Evangelio en las condiciones actuales que nos toca vivir, lo más probable será que jamás saldremos de esta situación. Es necesario creer que el Evangelio que anunciamos tiene un dinamismo interior capaz de transformar la realidad que nos rodea.
El entusiasmo, el celo, es un impulso continuo que promueve las buenas obras. Un amor extremado y eficaz a la gloria de Dios y al bien de las almas. Un cuidado del aumento y bien de otras cosas o personas. Nos dice el Beato Faustino: procurad infundir con celo la piedad en el corazón de las niñas[Notas 27]. El texto mejor en el que el P. Faustino define qué es el celo sería:

¿Qué había de desear el que más se interesa por vuestro bien temporal y eterno sino que os aprovechaseis y salieseis de ahí abrasadas en amor de Dios y en vivísimos deseos de contribuir por todos los medios posibles a la salvación de tantas y tantas almas, no de otro modo que los Apóstoles y discípulos de Jesucristo salieron del Cenáculo?[Notas 28].

El celo apostólico nos mueve a: acudir al socorro de las almas que las necesitaren, recabar y conducir almas al cielo[Notas 29], a procurar la honra y gloria de Dios, a comunicar las virtudes, los ramos de la enseñanza a las niñas, a ganar sus corazones para Dios, a contribuir por todos los medios posibles a la salvación de tantas y tantas almas.

Recabar y conducir almas al cielo en alas de la caridad, con celo apostólico[Notas 30]. ... para comunicarlos a sus alumnas con el mayor celo, así de palabra como con el ejemplo[Notas 31]. De este P. debéis aprender a trabajar por Cristo, en Cristo y para Cristo. Trabaja con celo apostólico, porque no espera su recompensa de los hombres, ni busca más que la honra y gloria de Dios y la salvación de las almas[Notas 32]. Baldón será para vosotras (...) puestas en candelero para que con el aroma de vuestras virtudes y el mayor celo por la salvación de las almas, si no procuraréis atraer el mayor número posible al redil de vuestra Santísima Madre[Notas 33].

El Beato Faustino nos invita a potenciar la relación con Jesús apasionado por el Reino. Acudir a su corazón, contemplar su corazón, qué lo mueve, qué sentimientos surgen en El. Ver la música que suena en su corazón, que es el del Padre. Para luego analizar nuestras motivaciones. ¿Qué nos mueve en la misión, nuestro celo propio o el celo por la gloria de Dios? El celo, el entusiasmo, no es fruto del mero esfuerzo humano, que por proponernos con mucha voluntad conseguir tenerlo, no lo obtendremos. Es algo dado, que hay que recibir y no dejar apagar. Al igual que el Espíritu está en nuestros corazones, a nosotros nos toca ser dóciles a su acción y no dejarlo apagar, sino secundar sus inspiraciones y mociones. Del mismo modo, dejándonos encender y abrasar por el amor de Dios en nosotros, irá en aumento el celo, el deseo sincero de que otros también conozcan al Señor y de que su Reino se implante entre nosotros.

Nos invita a contagiar el evangelio con nuestra conducta: Mediante el atractivo de su conducta intachable conducirlas por el camino de la salvación[Notas 34]. A encaminar siendo testigos, por eso se nos dice:...proponer es en sí mismas, sin pretenderlo ejemplos y modelos[Notas 35]. El mejor discurso es siempre la vida. Antes de que lleguen mis palabras a quien entra en contacto conmigo, ya ha llegado, por ósmosis, mi vida: hija, da ejemplo de todo cuanto debas enseñar[Notas 36]. Que tu conducta indique de quien eres ya[Notas 37]. Procuraren hacer que Jesús venga por las suyas a los corazones de las niñas, y llevarlas también por ellas a Jesús[Notas 38].

Animadas de un espíritu apostólico[Notas 39]. Sencillamente, animadas del mismo Espíritu que movió a los apóstoles a ‘id y predicar por el mundo entero el Evangelio’ repitiendo, actualizando las acciones de Jesús. De ahí, que el celo de una Hija de la Divina Pastora, es fruto de una experiencia del Espíritu y actualización de un nuevo Pentecostés. Es éste el Espíritu que ‘hace arder nuestros corazones’; el que nos abrasa en su santo amor y nos infunde el mayor celo por la salvación de las almas[Notas 40].

Trabajar con celo apostólico es trabajar por Cristo, en Cristo y para Cristo[Notas 41]. Las características de este trabajo son: sin límites[Notas 42]; sin tregua[Notas 43]; con ahínco[Notas 44]; con el más ardiente deseo de formar a Jesucristo en sus alumnas[Notas 45]; de empaparlas en el amor y temor de Dios[Notas 46]; con fuerza en el servicio del Señor[Notas 47].

Un corazón lleno de celo, es un corazón apasionado, que fácilmente se conmueve ante el dolor, ante la ignorancia, ante el sinsentido de los desorientados, ante la enfermedad, la necesidad, el extravío de los hermanos; es un corazón dilatado cada día más[Notas 48] como el de nuestro Fundador.
Sin olvidar que el ánimo, la entrega, la preocupación por el otro... crece con el amor[Notas 49]. El celo tiene su móvil en el afecto. Es el amor lo que mueve al celo y lo conduce hacia el fin: procurar la mayor honra y gloria de Dios, dándole a sus discípulas buenos ejemplos, sólidas instrucciones, correcciones prudentes y moderadas[Notas 50], éste es el camino más difícil del amor.
Es estar abrasadas en amor de Dios[Notas 51]. Más vivencialmente, el celo proviene de la experiencia. Quien siente en su vida el amor a Dios, sin proponérselo lo irradia y le brota la urgencia y el deseo de que otros lo conozcan y lo amen. Desde lo íntimo del alma, el amor por Dios se derrama en el otro. Amo a Dios, hago lo que Dios quiere que haga, que Él sea honrado, querido y glorificado por todos.

Hija, eres deudora a Dios del mayor celo por ganarles sus corazones[Notas 52]; trabaja con celo apostólico, porque no espera su recompensa de los hombres, ni busca más que la honra y gloria de Dios y la salvación de las almas[Notas 53].

Tan importante es este celo, que el P. Faustino lo recomienda a las Superioras, generales[Notas 54] y locales[Notas 55], a la maestra de novicias[Notas 56] y a las educadoras[Notas 57]: infundir con celo la piedad; las cuales también deben formar a los alumnos para que ellos sean celosos apóstoles[Notas 58]; así como también es un criterio para poner a las personas en los cargos: ver el celo que desplega cada una en promover los mayores adelantos[Notas 59]. En fin, es algo que todas las hermanas deben de tener, un desear ardientemente el incremento del Instituto, y su extensión por el mundo entero[Notas 60] para bien de la humanidad.
El P. Faustino tiene a Jesucristo como referencia:

Hija, ninguno más fuerte que Jesús, nuestro Amantísimo Salvador; nadie más celoso por la honra y gloria de su Eterno Padre[Notas 61]. ¿Y qué quieres que te diga, hija mía, de tu Jesús vuelto a la casa de Nazaret?¡Oh!¡Qué trasportes de amor! (...)¡Qué celo por la gloria de su divino Padre![Notas 62] Fíjate en el Corazón de Jesús, ese Corazón tan amante de la salvación de las almas, que mandó a sus Apóstoles predicar a todas las gentes la palabra de vida eterna (...); ese Corazón es el que comunica todavía su celo a los héroes que día y noche se afanan por la salvación de las almas[Notas 63]. ¿De dónde sacaron su ardiente celo San Francisco Javier,... sino del Corazón de Jesús?¿Qué no puede hacer la caridad del Corazón Sagrado de Jesús, cuando se comunica al corazón de sus amantes?[Notas 64]

Es Jesús quien comunica el celo con su amor, es desde el encuentro personal con Él. El P. Faustino nos exhorta a que sea éste quien en la misión nos mueva, nos impulse. Siguiendo los impulsos de su ardiente caridad[Notas 65], sin más impulso que su amor[Notas 66], abrasadas en amor de Dios[Notas 67], con un amor constante[Notas 68], si ese amor no arde, no abrasa[Notas 69]. Hija, como respuesta a su amor, amor con amor se paga. Es, pues, deudora a Dios del mayor celo por ganarles sus corazones[Notas 70].

Poner medios es una postura pedagógica para ayudar a conseguir el fin que se quiere. La importancia de los mismos viene dado por la obra. Como la misión calasancia es tan importante ha de haber muchos medios: A grandes compromisos, grandes recursos[Notas 71]. Tenemos el solemne deber de proporcionar los medios a lo sublime de la misión[Notas 72]. Por tanto los medios que se empleen en la evangelización dependerán del amor que se tenga y la misión que se quiera realizar.

Aplicarse para ello con el mayor conato a adquirir todas las virtudes cristianas, principalmente las que más pueden facilitar le el logro de su fin[Notas 73]. Agotar todos los recursos[Notas 74]. Facilitar todos los medios[Notas 75]. Proporcionar todos los medios posibles[Notas 76]. Escoger los medios más adecuados.[Notas 77] Evitar medios que no conducen a formar bien a nuestras alumnas porque no son medios propios de madres y de maestras.[Notas 78] Aprovechar todas las ocasiones que se les presenten[Notas 79].

Poner medios indica también sabiduría y discernimiento para conocer al niño y al joven de hoy, a la sociedad de hoy. Hemos de aplicar diariamente los medios para crecer diariamente[Notas 80].
No omitir medio alguno para mantenerse siempre en gracia de Dios[Notas 81] Procure ser fiel a su vocación y sepa aprovecharse de los medios que al efecto le prodiga[Notas 82].Todos los medios implica amplitud de miras, de horizontes, dinamismo. No corta ni restringe nuestro campo de acción sino que nos lanza. Supone una disponibilidad y generosidad en la búsqueda de los mismos, así como un olvido de sí. ‘Todos los medios’, es el talante del sin límites, donde todo es creatividad, porque no hay nada más creativo, ni más novedoso que el amor. El amor siempre encuentra mil formas de hacer el bien. Los medios que estén al alcance de la caridad, supone un discernimiento continuo a la luz del amor.

Esto nos exige una constante renovación y adaptación y nos impone el solemne deber de proporcionar los medios a lo sublime de nuestra misión, tan vasta como difícil[Notas 83]. De ahí la estrecha obligación que tiene la maestra de habilitarse en todos los ramos de la enseñanza y de hacerse diestra y aventajada, al menos en aquellos a que se sienta más inclinada y la obediencia la destine[Notas 84]. No se trata de un estudio para salir del paso sino de una formación actualizada y continua: Trabajen y estudien por saber lo más exquisito y aventajado de su profesión[Notas 85].

Me alegro de que den clase práctica, y de que aprendan cuanto bueno puedan y convenga. Que aprovechen y puedan enseñar después a otras, que hace mucha falta haya verdaderas profesoras en todo y de todo lo bueno y útil a la Congregación y a las niñas. Que es mucho lo que otras trabajan y es preciso no quedarse atrás. Virtud, virtud; santidad, santidad y trabajo, a honra y gloria de Dios y de su santísima Madre y bien de las almas...[Notas 86]. Ninguna, por tanto, se figure que, ya fuera de clase, nada tiene que hacer sino que debe estudiar, escribir, perfeccionarse y adiestrarse en labores de mano para hacerse en todo hábil y desempeñar con honor y mérito la clase que le confiaren[Notas 87]. Aprovecharán todas las ocasiones que se les presenten para inculcar a sus discípulas las máximas de la más sana moral cristiana y enseñarles prácticamente la ley santa de Dios, los preceptos de su Iglesia y sus propios deberes; que mejor se les grabaran de este modo que aprendiéndolos simplemente de memoria[Notas 88].

¡Ánimo valientes! Si añadís que otros eran mucho más valientes que vosotras, os diré: porque amaban mucho a Dios. El ánimo crece con el amor.

En mi opinión hay tres expresiones que nuestro Fundador utiliza en distintos documentos y que pueden ser releídos desde la luz de la nueva evangelización:
•... por todos los medios que estén al alcance de la caridad[Notas 89]
•... sin más armas que las de la caridad[Notas 90].
•... en alas de la caridad[Notas 91].
Las tres tienen la misma clave y parten de la misma fuente: la caridad. El amor todo lo vence ya que quien más ama, más puede[Notas 92] ya que el más intenso amor de Dios que todo lo vence[Notas 93]. La entrega crece con el amor; la comodidad, la instalación, la desesperanza y la falta de riesgo o la excusa son hija funesta del amor propio[Notas 94], como dice el P. Faustino.

Alas, en el P. Faustino, parece que es sinónimo de libertad, procurarán correr en pos de Él con la mayor ligereza de cuerpo y alma[Notas 95], pues el yugo de J.C., es ligero y tiene alas[Notas 96].

Dejarnos conducir por las ‘alas del amor’, es decir, llevadas por la caridad, dóciles a las inspiraciones del Amor, bajo la guía del Espíritu. Como María que se hacía presente a donde la llamaba su caridad[Notas 97], nosotras debemos adiestrarnos en escuchar la voz del amor y seguirla.

Notas

  1. BF I, pág. 12 24 R 63
  2. R63
  3. BF I, p.12
  4. RF12, II; HPF50, 54; Ep 2, 20, 718
  5. HPF 55
  6. VC 96
  7. C 9
  8. PEIC 18
  9. Cfr. C 77
  10. Cfr. C 78
  11. Cfr. C 81
  12. CF 206, XV, XVI
  13. Fil 2, 6; VC 72, 76; CF 206, XIII; C 86
  14. Ep 140, 141, 69
  15. Jn 10, 11; Hch 10, 38; VFC 21; BF 48, VIII
  16. VC 97; BF 45-46, II
  17. VC 96
  18. PGF 22
  19. TE 23
  20. TE 17
  21. RF 12
  22. BF 50
  23. Ep 143
  24. BF 45
  25. Cfr. Lc 24
  26. TE 19
  27. CF pág. 6
  28. Ep 143
  29. RF pàg 11,I
  30. RF pàg 11,I
  31. CF pág. 162 , II
  32. Ep 256
  33. TE pág.19
  34. TE pág. 19
  35. CF 204
  36. CF pág. 192
  37. Ep 134
  38. CF 203, IV
  39. BF pág. 45
  40. TE 19
  41. Ep 256
  42. CF 206
  43. BF pág. 47
  44. CF 208
  45. CF pág. 195
  46. CF pág 210
  47. CF pág 114
  48. TE 23
  49. TE 17
  50. CF pág.195
  51. Ep 143
  52. CF pág. 210
  53. Ep 256
  54. CF pág.132
  55. RF pág. 3 ardides; CF Pág.144
  56. CF pág. 146
  57. RF pág.6 ardides
  58. CF pág. 203
  59. CF pág. 145
  60. C 1973, 71
  61. Ep 124
  62. MSC 44
  63. MSC 143
  64. MSC pág143
  65. MSC pág 247
  66. TE pág 17
  67. Ep 143
  68. Ep 140
  69. Ep 124
  70. CF II pág 210
  71. Ep 17
  72. RF pág. 12, BF pág. 47
  73. CF pág. 61
  74. CF pág .221
  75. CF pág. 163
  76. CF pág. 174
  77. CF pág 192
  78. CF pag. 202
  79. CF pág. 208
  80. Ep140
  81. CF pág. 61
  82. CF pág.63
  83. C 9; CF 12, II; CF 47, V
  84. CF 7 ardides
  85. CF 8 ardides
  86. Ep 372
  87. CF 7 ardides
  88. CF XIX, XXII, pág 208
  89. RF pág 45
  90. RF pág 45
  91. RFpág.11
  92. TE 17
  93. TE 25
  94. TE pág.19
  95. CF pág. 103
  96. Ep 143
  97. BF pág. 51