EspiritualidadCarisma/A tu lado he sido y soy feliz

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El carisma calasancio ha enriquecido mi vida
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Vivo con alegría, gozo y paz
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A tu lado he sido y soy feliz

:M. Dolores Águila Barranco

Mi infancia transcurrió con normalidad, mis padres eran unos buenos cristianos, quiero resaltar sus valores tales como: la entrega a su trabajo, la honradez y el preocuparse de las personas que trabajaban con mi padre, él procuraba que nada les faltara.

Cuando yo tenía 7 años, una hermana de mi madre se fue a las religiosas Clarisas, ella era la que cuidaba a mi abuela y cuando murió cumplió su deseo. Un día mi madre y mis tías hablaban de la decisión de su hermana, recuerdo que yo estaba jugando pero con la oreja puesta en lo que hablaban ellas y les pregunté: ¿Por qué se ha ido la tía Adela de monja? Y mi madre respondió: porque el Señor la ha llamado, respuesta mía: “yo, como el Señor me llame, no voy”… aquello se me quedó grabado en mi corazón.

A los nueve años mis padres me llevaron al colegio nuestro de Martos junto con mis hermanos, empecé con M. Faustina del Agua, una religiosa muy recta, que quería que aprendiéramos mucho, nos inculcó el amor al P. Faustino. Todos los días en la pizarra escribíamos una frase de él.

La comunidad de Martos fue para mí ejemplar, la formaban unas 7 u 8 religiosas. Me llamaba la atención la unión que veíamos en ellas, la alegría, el espíritu de trabajo y entrega especialmente a los más necesitados. Con doce años creo que hacía primero de bachillerato, me daba ciencias naturales la M. Aurora Fernández. Era una persona exigente a la hora de trabajar, pero muy cercana y alegre cuando hablabas con ella. Un día le pedí hablar con ella y le dije que me quería ir al “noviciado” en vez de noviciado, ella soltó una carcajada que me parece oírla. Aquel día hablamos mucho rato, me hizo muchas preguntas y me mandó que se lo dijera a mi confesor; el P. Antonio Fernández que aún vive. Doy gracias a Dios por estas dos personas que me han encaminado y han acompañado mi vocación.

Cuando le dije a mis padres sobre mi intención de ser religiosa, se opusieron rotundamente y me dijeron que debía esperar a ser mayor de edad, durante estos años de espera viví con normalidad mi juventud, con una claridad en mi corazón: quería ser religiosa con la gracia de Dios.

En el año 1963 el día 8 de marzo, ingresé a la Congregación y empecé el postulantado en Getafe, mi maestra de novicias fue Madre Aurora Fernández. El día 8 de septiembre inicié noviciado; pasados unos meses viví un acontecimiento que no quiero omitir: me enfermé, tenía una fiebre alta y empecé a sentir dolores en las piernas, los médicos no sabían lo que tenía, al final me mandaron a un médico a Madrid y descubrió que una bacteria en las amígdalas me había producido una fiebre reumática y por lo tanto una lesión en el corazón. La madre Salesa habla conmigo y me dice que con ese diagnóstico ella no puede aceptar que yo siga preparándome para la vida religiosa; para mí fue un golpe tremendo, ahí vi la mano de Dios; y le hice una petición a la M. Salesa: “Madre usted sabe que mis padres se oponen a que yo sea religiosa, he tenido que esperar a ser mayor de edad, esperemos que pase un tiempo y si empeoro me manda a casa”. Sufrí mucho aquellos días. Pedí al P. Faustino que intercediera ante el Señor, yo tenía muy claro que quería ser religiosa. Cada día por mi cuenta rezaba al P. Faustino y a la Divina Pastora. Aquí me faltan palabras para explicar el proceso que Dios fue haciendo en mi vida. Me sentía fortalecida y feliz, de poder ofrecer a Dios los dolores e inconvenientes que fueron muchos, pero a la vez yo decía, si empeoro…me mandan a casa, por eso yo repetía: Señor dame fuerza y salud, tenía certeza de que quería ser religiosa, esta convicción me ha acompañado a lo largo de mi vida. Hoy puedo decir que soy feliz en la vida religiosa.

A lo largo de mi vida me ha ayudado a profundizar en mi fe en Dios y en los hermanos y a conocer el Carisma Calasancio lo siguiente:

•El encuentro diario con la Palabra que confronta mi vida. Compartiéndola en la comunidad me permite ver la riqueza de cada hermana y este compartir me ayuda a vivir el amor a Dios a través de cada una de las hermanas. La Eucaristía de cada día me fortalece y ayuda a vivir en su presencia.
•Los Ejercicios Espirituales y los retiros ¡cuántos encuentros con el Señor!, como voy adentrándome en el silencio, la contemplación en mi vida y descubriendo los planes que el Señor tiene sobre mí. Tengo claridad que mi vida como religiosa es un CAMINO, que día a día voy recorriendo bajo la mira de un PADRE, que me ama, me ayuda, me cura, me carga, me muestra el camino y me exige, con un amor grande. De todo esto nace mi DISPONIBILIDAD, que yo la considero como un regalo que Dios me hace cada día. Por todo esto, yo considero que soy feliz en la vida religiosa y así lo vivo.
•Doy gracias a Dios por la formación permanente de cada año que me ha permitido profundizar y conocer más a fondo la riqueza de nuestro carisma y el encuentro con cada una de las hermanas de diferentes países.
•También me ha ayudado en mi vida los distintos lugares en donde la obediencia me ha enviado.

Mi paso por África fue muy enriquecedor, tuve la suerte de formar parte del grupo que iba a fundar la comunidad en Guinea-Akurenam, en el año 1984. Con cuanta ilusión emprendimos el camino, encontramos muchas dificultades, claro que sí, pero repetíamos con frecuencias las palabras del Beato Faustino: Dejemos obrar a Dios que para mejor será. Aquellos años fueron de mucho gozo, pero también de purificación y dolor; gozo y purificación juntas, sentíamos la alegría de compartir día a día lo que somos y tenemos, a la vez afloraban los roces, las dificultades, las formas de pensar, el carácter fuerte de algunas que pretendíamos imponer; cuando esto sucedía teníamos el valor de pararnos y decir: esto no puede ser, nos sentábamos y nos pedíamos perdón y nos decíamos recordemos que aquí no hay nada más que una escalera y un pasillo, luego tenemos que encontrarnos, caminar juntas y querernos. Hoy puedo decir que aquella época me enseñó a ser feliz y vivir feliz en la vida comunitaria. Hoy reconozco el valor que tiene para mí la vida fraterna en comunidad.

Gocé con los niños y niñas en las clases, aprendí mucho más de lo que yo enseñé. Los niños me enseñaron a mirar los acontecimientos con ojos limpios. Sentí con ellos el dolor de la enfermedad, tantos niños que morían por falta de medicamentos, las madres eran unas mujeres valientes, afrontaban las dificultades con entereza y confianza en Dios y cada día se sentían bendecidas por él. Por todo esto yo repito con frecuencia, “el Señor ha estado grande conmigo y estoy alegre”. Nos visitó el dolor en la enfermedad y en la muerte de nuestras dos hermanas queridas. La oblación de sus vidas fecundó la tierra que hoy hace posible que nuestra Congregación esté allí.

Para mí la misión de Akurenam fue trascendental, me ayudó a mirar las cosas con la certeza de que “Dios siempre está. Él nos guía, conduce y ama” y hay algo que me ha valido y me sigue valiendo decir: “Padre en tus manos estoy” después relativizar las cosas y dar tiempo al tiempo.

El don de la disponibilidad también ha estado presente para asumir otros servicios en la Congregación. Cuando me eligieron Viceprovincial de Andalucía sentí que algo se rompía dentro de mí, con temor asumí esta responsabilidad. Para mí fue rico el compartir con las hermanas y ver el paso de Dios en cada una de ellas.

No quiero omitir mi paso por Colombia, no puedo dejar de decir, hermanas, que me costó salir de Guinea y venir a Colombia, “el espíritu está pronto pero la carne es débil”. Lloré muchos días en silencio en la capilla del colegio de Cúcuta, pero poco a poco, fui abriendo mi corazón y hoy doy gracias a Dios y a mis superioras por haberme dado la oportunidad de vivir en esta tierra colombiana, también quiero dar gracias a cada una de las hermanas con las que he vivido y a mi comunidad actual de Cúcuta, quiero agradecer todo lo que ellas me han enseñado, con ellas he caminado día a día, construyendo comunidad, donde cada una sentimos la fraternidad y el cariño.

Para finalizar doy gracias a Dios por mi vocación, por el camino que me ha hecho recorrer, por todo lo que ha ido haciendo en mi vida día a día.

También quiero dar gracias a la Divina Pastora, siempre la he sentido cerca, ha sido mi compañera y modelo de camino, en ella me he apoyado. El P. Faustino, cada día bebo de su legado que se actualiza en nuestra misión.

Y a M. Sacramento Calderón, porque ella representa a nuestro Instituto, con su acogida maternal y actitud de escucha, dando a cada una la palabra adecuada. GRACIAS.

Quiero pedir perdón a las hermanas que no he amado como debiera, ellas me han enseñado a ver mis pobrezas y reconocer al Padre misericordioso que perdona siempre.

Notas