EspiritualidadCarisma/Compartiendo mi vocación calasancia

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Mi vocación calasancia
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El carisma calasancio ha enriquecido mi vida
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Compartiendo mi vocación calasancia

:M. Gloria Díez Tomé

Os invito a todas y a cada una a revivir nuestra propia experiencia de consagradas y de Calasancias, y a la vez, desde lo más profundo de nuestro ser, permanecer en oración agradecida, a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los artífices de animar, enriquecer y guiar ésta su obra y, a nuestra Madre y Pastora, por cuantas gracias y bendiciones han derramado y siguen derramando, cada día.

Para sentir su presencia amiga y dejarnos conducir, invocamos al Espíritu Santo. ¡Ven Espíritu de Dios!, ¡ven a nuestros corazones tímidos!, atrapados por el miedo, el egoísmo, la comodidad... Dales tu unción, sánalos y libéralos con tu amor. Danos tus consoladores dones y carismas. Que tu unción descienda, sobre todas en estos momentos, que seamos mujeres rebosantes de ternura y amor, de santidad. ¡Danos nuevas gracias y carismas para el Instituto y la misión calasancia!

¿Cómo inicié mi vocación calasancia?

Entré al aspirantado de Getafe con trece años. Allí recibí formación humana, cultural y religiosa. Hice el proceso formativo anterior a la profesión religiosa. Desde entonces he tenido la suerte de encontrar a personas extraordinarias que me ayudaron a descubrir los dones que Dios me ha dado y a vivir en fidelidad a Él y a los hermanos.

La experiencia de mi vocación la vivo, cada día, aceptando todo aquello que se va presentando en mi vida, bien sea triste o alegre, agradable o desagradable, querido o no deseado, como venido de la mano del Señor para mi bien. También con la alegría de saberme hija suya y llamada para extender su reinado de amor, justicia, paz y libertad a las personas que entren en contacto conmigo.

Vivo con gozo mi consagración a Dios y sigo cultivando mi vocación de religiosa calasancia, estando abierta a la acción del Señor para que su espíritu me ayude a discernir, en medio de los signos de los tiempos, su voluntad y poder cumplirla. También procuro cuidar la vida espiritual alimentándome con Palabra de Dios, la Eucaristía, centro de mi vida, la oración diaria, el sacramento del perdón y con libros espirituales.

El sentirme elegida para una misión específica, es un regalo y una gran alegría. Sentirme llamada por Dios es una gracia. Ser enviada por Dios es una responsabilidad, una prueba de confianza, una oportunidad para gastar en su servicio lo mejor de mi vida. Mi vida de consagrada al Señor, es una manifestación más de su amor, bondad y misericordia para conmigo, la Iglesia y el Instituto.

He sentido su mano atenta y delicada, a pesar de los duros momentos: muerte de seres queridos, mi padre y religiosas, amigos y hermano. He caminado en la noche oscura y creo que Jesús vive, que ha resucitado y mi vida tiene sentido. No puedo vivir sin Cristo, sin su amor, sin Cristo Resucitado. También he asumido retos que he afrontado con su ayuda y generosidad. Por ello, bendigo al Señor.

Durante más de seis años, trabajé en la Comisión de Historia del Instituto, fue un tiempo de gracia que el Señor me regaló, una toma de conciencia personal con las raíces profundas del Instituto, y una oportunidad que me permitió profundizar en la historia de nuestra Congregación, en la vida del Fundador y acceder a documentos y fuentes inéditas.

La frase de nuestro P. Fundador dejemos obrar a Dios que para mejor será es la que en cada traslado o acontecimiento importante en mi vida, tengo presente y repito, con frecuencia. Ella, es la que alimenta mi confianza y abandono en Dios, porque Él sabe lo que nos conviene y cumple su palabra.

Mi vida, como la vuestra, sigue su ritmo, con sus altibajos, alegrías, sufrimientos, incomprensiones, certezas y miedos. Mi entrega no siempre es radical o suficientemente apasionada. Con una fe, a veces, frágil y vacilante y en ocasiones, resurge con fuerza y vitalidad y se convierte en fuente de nueva vida.

En situaciones de incertidumbre e insatisfacción, Jesús me recuerda en la oración: “no tengas miedo, estoy contigo”, “venid a Mí, los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”, “confía en mí”. Cuando sin miedo confiamos en su Palabra y nos lanzamos a la aventura de vivir, con y por su amor, arriesgamos, lo poco o mucho que somos y tenemos y, sentimos cómo Él nos protege en todo momento y nos ama entrañablemente con un amor maternal y paternal.

Necesito estar a solas con Dios para acogerle, saborearle, abrazarle y disfrutar de su presencia maravillosa y prolongar mi amor, adoración y alabanza. Él es el Rey de reyes y Señor de señores aunque no siempre lo vivo así, ni le hago los honores que se merece. Desde que participo en encuentros de renovación carismática o grupos de intercesión, siento la fuerza del Espíritu más viva en mí. ¡Es increíble cómo es nuestro Dios! Pensemos en las maravillas que ha obrado y sigue obrando en cada una de nosotras.

En la plenitud de mi vida estoy contenta con lo que soy y lo que realizo. Se lo agradezco a Dios y a todos los que han colaborado a que así sea. Me siento con vocación religiosa y calasancia de enseñanza. Nuestro carisma, se ha desarrollado, progresivamente en mí. Me siento colaboradora en su obra de salvación, con la entrega de cada día intento conjugar fe, cultura y vida.

Durante los cuarenta y ocho años, que llevo de religiosa, me he enriquecido notablemente, no sólo a nivel personal, sino también a nivel humano y cristiano. Lo he vivido, dando lo mejor de mí, en los distintos colegios y lugares, dónde me han enviado. Mi misión específica, evangelizar educando y educar evangelizando, a los alumnos, padres, profesores, comunidad educativa y demás personas.

He procurado estar cerca de los alumnos más necesitados para ayudarles en sus carencias afectivas, espirituales, morales o económicas. No siempre, lo he llevado a cabo, resulta muy difícil acompañar, guiar y orientar en este proceso de ser persona y cristiana.

Me ha gustado siempre implicarme en la pastoral y colaborar. He llevado grupos de montañeras de Santa María, grupos de confirmación y de oración. He participado en diferentes pascuas de caminando, de montañeras. Todas ellas me han enriquecido.

Los padres han sido también una preocupación constante para mí, por su falta de formación, conocimiento y experiencia de Dios. Ellos son los primeros educadores de la fe de sus hijos y los principales responsables. En los colegios dónde he podido, he llevado la escuela de padres.

Con los profesores, he intentado estar cercana, conocer su realidad personal o familiar. Comunicar un rayo de luz y compartir con ellos los dones recibidos de Dios. Y en los diversos servicios que me han encomendado, he procurado estar abierta, me he interesado por sus problemas y no siempre he respondido a sus expectativas.

El Señor me ha hecho ver, después de un traslado, que ése y no otro era mi sitio, el lugar señalado para cumplir la misión que se me pedía desde el Instituto, obedeciendo a mis superiores.

Durante estos años he intentado imitar a María de Nazaret en su disponibilidad. He aceptado de buen grado los diferentes traslados. He vivido y he recorrido muy diversos ambientes. He tenido diecisiete destinos, con el último que me han dado, y soy consciente de la gran riqueza que ha supuesto para mí, así como del sufrimiento que en ocasiones me ha causado.

Vigo, 1965. Ha sido mi primer destino. M. Herminia fue mi primera superiora y siempre le estaré agradecida. Para mí fue y será un modelo de religiosa calasancia en todo. Fue un espejo viviente de madre y hermana, de alegría y serenidad, de donación y comprensión, de oración y prudencia y no menos de paciencia. Atenta con todos: niños, profesores, padres, hermanas… ha dejado honda huella en mí.

Madrid, 1968-1969. Ahí estudié sexto y reválida. Yo no tuve juniorado, pero con M. Felicidad Bernabéu, maestra de junioras y mi superiora, disfruté de algunas de sus charlas y principalmente de su confianza y amistad. Una hermana y madre muy completa; de una gran finura espiritual, licenciada en literatura, experta en psicología y pedagogía, optimista, sufrida, muy humana e intelectual. Se preocupaba por cada una y nos aconsejaba la lectura de libros específicos y animaba a formarnos en todos los campos del saber.

Madrid, 1981-1984. Impartí clases en el Colegio Natividad de Nuestra Señora. Fui formadora de postulantes y maestra de novicias. Estos tres años fueron para mí un regalo más del Señor. Tuve la ocasión de prepararme, más a fondo, en el Instituto de Vida Religiosa, que dirigen los PP. Claretianos. Allí conocí a excelentes religiosos, que con sus enseñanzas, consejos y testimonio de vida, fueron una luz importante e influyeron en mí.

Durante un mes, en agosto de 1982, asistí a un curso de Espiritualidad Calasancia en Roma, con otras hermanas de la Congregación, algunas aquí presentes, que me dio una visión más amplia de la Familia Calasancia y un amor más universal. Descubrí de cerca la figura de San José de Calasanz, que me caló profundamente y desde entonces he procurado tener presente. Descubrí su espiritualidad y pedagogía, “la educación es obra de paciencia y de amor”.

1988, 2 de enero. Ha sido una gracia especial del Señor, el convivir con grandes y santas hermanas, que dieron su vida en aras de la misión M. Carmen Gañán y M. Angustias López, compañera de profesión, que vivieron el carisma día y noche, mujeres de fe y oración, muy humanas, sencillas e inteligentes, prudentes, fieles, sufridas y entregadas por completo a los demás, amantes de la Congregación y del P. Faustino. Gracias por su testimonio de entrega y fidelidad al Señor y a los demás.

En el 2012, celebré en Daimiel el centenario del colegio y fue para mí otra gracia especial, que recordaré con gran cariño. Sólo las obras buenas que realizamos por su amor y gloria, dejan huella.

El Papa emérito, Benedicto XVI, nos dice: “buscar la fe, ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por todos. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada una a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo Resucitado en el mundo. Nadie se vuelva perezoso en la fe”.

En este año en que los cristianos somos llamados a redescubrir la belleza y alegría de la fe, es fundamental sentir la frescura que la Palabra de Dios trae a nuestra vida. Necesitamos el Espíritu Santo para que la semilla del evangelio crezca en nosotras. Jesús nos dice hoy, como dijo un día a los apóstoles: “si crees verás la gloria de Dios”.

Los primeros creyentes en Jesús convencían porque comunicaban la fuerza del amor de Dios, como lo vemos en los Hechos, 5, 27-33: “¡mirad cómo se aman”! Nosotras a veces no convencemos a los que conviven con nosotros por nuestra falta de amor y testimonio. En la plenitud de mi vida me siento contenta con lo que soy y lo que realizo. Se lo agradezco a Dios y a todos los que han colaborado.

Al releer mi historia personal de salvación, hasta el día de hoy, lo hago con la convicción de que Dios tiene un corazón infinito, que desborda ternura y misericordia, con un amor exclusivo y de predilección hacia mí. Al hacer este recorrido, siento, en lo más profundo de mí ser, una inmensa gratitud. Por ello, alabo al Señor y concluyo:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva

Notas