EspiritualidadCarisma/Compartir mi experiencia

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:M. Alicia Villagra Uribe

Mi respuesta a la llamada de Jesús, a la vida consagrada, está muy relacionada con la naturaleza, que es el libro vivo de Dios.

Nací y viví cerca del campo, desde pequeña me acostumbré a verlo, a sentirlo, a ver a Dios en la belleza de las flores y plantas, esa belleza, inmensidad que es grandeza de Dios. Dios me hablaba allí, a través de la naturaleza y fui descubriendo ese lenguaje, esas palabras que se iban grabando dentro de mi corazón.

Crecí con esa inquietud amorosa...gratuita, en una familia donde aprendí a amar y a valorar los dones y la belleza de Dios. Luego, también pasé por un tiempo en donde cuestionaba algunas cosas, en donde no quería escuchar ni sentir la presencia de Dios. Prefería hacerme la sorda para no comprometerme, era más fácil el vivir así, pero aun así sentía algo que no me dejaba quieta, hasta que más adelante conocí a las Religiosas Calasancias de la Divina Pastora, con ellas estuve un tiempo trabajando en el Colegio. Fue también una oportunidad para ir descubriendo a Dios en esos niños pequeños, con sus caritas tristes, mucha falta de cariño y con frío cuando llegaban muy temprano al colegio porque venían de lugares apartados del pueblo. Sentía la necesidad de poder ayudar, proteger cuidarlos y darles ese cariño que también les hacía mucha falta, ya que las carencias afectivas, eran muy notorias. Cuando en la mañana los saludaba, los acogía, conversaba con ellos, eran tan sencillos y transparentes, para mi fueron signos claros de la presencia de Dios. Ese Dios que me hablaba y que no me dejaba quieta. En este tiempo fue fundamental la presencia de M. María Paz Valbuena, con quien pudimos hacer cosas maravillosas por estos niños y niñas. Es Ella quien me muestra el camino a la vida religiosa y me ayuda a disipar dudas y temores propios ante una decisión. Nuevamente Dios se vale de sus instrumentos para hablar al corazón.

Un día, después de un maravilloso encuentro en la visita que realizó el Papa Juan Pablo II a Chile, en donde escuché con tanta fuerza y energía este mensaje: “No tengáis miedo… de mirarlo a Él”, este mensaje caló hondo en mi corazón… esas palabras hacían eco en mí. Llegó el momento de orar. Oré y medité. Sentí el deseo de decir Sí al llamado. Jesús me llamaba a vivir con Él para siempre.

Sí, me dejé seducir por Él que me llamaba a seguirle. Acepté la llamada a la vida de Religiosa Calasancia, siguiendo las directrices del P. Faustino Míguez, a quien más adelante fui conociendo y valorando su propio Sí, a través de la educación.

Un día 23 de mayo del año 1987, manifesté el deseo de ser Hija de la Divina Pastora y desde ese momento, mi alma se llenó de paz, serenidad y alegría. Comencé el aspirantado.

Luego, en Santiago de Chile, fui realizando las diferentes etapas de formación. Mi primera profesión la realicé el 02 de enero 1991 y el día 19 de enero de ese mismo año fui enviada a España para continuar las etapas de juniorado, hasta el día 16 de septiembre de 1992. Durante este período, aparte de la formación que tenía, pude prestar ayuda en el colegio de la Natividad en Madrid, acompañando a niños y niñas de Tercero de EGB en la catequesis, estuve a cargo de un grupo de niños en el Movimiento Calasancio, experiencias que fortalecieron mi vocación como Religiosa Calasancia. En este tiempo de formación de juniorado, M. Sacramento Calderón, era la formadora, ella fue quién me ayudó a descubrir y valorar muchos talentos que estaban ocultos en mí y de los que yo no era consciente.

Más adelante fui enviada a la Casa de Formación para acompañar y colaborar a la Hermana Formadora, en la animación de las jóvenes que llegaban. También en este período daba clases de Religión en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar. Fue una experiencia de vida muy importante ya que descubrí una nueva pobreza, la pobreza afectiva que vivían las niñas a pesar de su buena situación económica. Mientras vivía y enfrentaba esta realidad, la universidad en la que estudiaba me dio una nueva oportunidad y me abrió horizontes, al enviarme a realizar la práctica pedagógica a un colegio con alto riesgo que estaba ubicado en la Pintana, población de escasos recursos. Allí puede encontrar el rostro de Cristo que sufría de otra manera, niños y niños que habían sido abusados, maltratados y en algunos casos, por sus mismos padres. Esto nuevamente reafirmaba con más fuerza mi “Sí, al Señor”, no podía dejar de encontrarlo a Él, en estas experiencias que la vida me proporcionaba.

Mi sí, seguía creciendo, el 2 de enero del año 1997, estando en la Comunidad del Colegio Divina Pastora en Ñuñoa, mi “Sí con el Señor se hace perpetuo”, reconociendo que Él me había elegido con esta frase muy internalizada. Formalizo mis votos perpetuos, los llevo en mi corazón y en el anillo, signo con el cual me recuerdo cada día que “vivo por Él y para Él”.

En este mismo año me trasladaron a la Comunidad de la Florida, allí estuve dando clases a las niñas pequeñas, aprendí tanto de ellas al igual que del grupo de padres y apoderados con los que llevamos la Pastoral de Colegio.

Hace ya 12 años que vivo en la Comunidad de Antofagasta en donde el Señor me condujo al desierto y me ha hablado al corazón a través los niños y niñas, de la gente sencilla y humilde. En la aridez de este lugar, acreciento mi fe y mi compromiso en la misión. No imagino mi vida haciendo otra cosa que no sea de la mano de Jesús. Agradezco a diario, que me haya elegido entre tantas personas. Me siento comprometida y agradecida, poniendo al servicio del Señor, todo lo que soy. Creo firmemente que Él espera mucho de mí y estoy disponible para lo que Él quiera.

Puedo expresar con convicción profunda que soy una mujer que, en cada lugar y misión que me han enviado, he encontrado al Señor. Nunca me he sentido sola, siempre lo he sentido a mi lado, aún en los momentos difíciles que me ha tocado enfrentar. Jesús me cautivó y “con Él todo lo puedo, porque a cada instante me fortalece y alienta a seguir”.

No puedo dejar de agradecer a Dios por las personas que ha puesto en mi vida y que han hecho posible mi crecimiento humano y espiritual, especialmente mis padres, formadoras, mis hermanas de comunidad, los niños, niñas y apoderados con los que he compartido y que han hecho posible mi realización como persona y como religiosa, todas ellas han sido una ayudado en mi vida.

Hoy puedo decir, con mi vivir, que soy una mujer tremendamente feliz de haberme entregado al Amor de Jesús, aquí, ahora y siempre como Hija de la Divina Pastora para transmitir el legado de nuestro querido P. Faustino Míguez.

Esta es mi historia gloriosa y que no es una historia para recordarla solamente, sino para seguir construyendo, poniendo los ojos en el futuro. Que el Espíritu Santo me impulse para seguir haciendo lo que Él quiera. También para pedirle a María, nuestra Madre, Divina Pastora, que guíe siempre mi caminar hacia su Hijo Jesús. Gracias.

Notas