EspiritualidadCarisma/El carisma calasancio ha enriquecido mi vida

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

Compartiendo mi vocación calasancia
Tema anterior

EspiritualidadCarisma/El carisma calasancio ha enriquecido mi vida
Índice

A tu lado he sido y soy feliz
Siguiente tema


El carisma calasancio ha enriquecido mi vida

:M. Mª Luisa Rodríguez Prada

Imagino, desde el momento en que recibí esta invitación que las componentes de esta mesa iríamos representando la vivencia de la propia vocación en diferentes edades y realidades, y me pregunto qué puedo compartir yo.

Hablar de la propia vocación, me resulta a la vez algo fácil y tan complicado. Fácil, porque es lo que estoy viviendo. Sólo requiere de una pequeña dosis de conocimiento y conciencia personal y de un tiempo para que resuene en el corazón.

Complicado, porque implica en mi propia vida una mezcla de luz y sombra. Supone luz, por la elección, por la oportunidad, por la grandeza de éste don, y sombra, por la limitación, por el pecado que tantas veces hace no responder con fidelidad y por la experiencia de la propia pequeñez.

Quizás en estos momentos me enfrente con algo de pudor, por tener que hablar de mi misma, de cómo vivo. Apelo aquí a la virtud más calasancia, y “tan humilde como hija de la Divina Pastora” os presento algo de mi experiencia. “La humildad es la verdad”, decía Sta. Teresa, y así me lo enseñaron en el noviciado. Os quiero contar cómo vivo, o mejor, dónde encuentro las claves de lo que me siento llamada a vivir.

Lo primero que me surge es pensar en la historia de mi propia vocación, que es lo que hacemos cuando hablamos con los jóvenes, explicando cómo se descubre y se responde a ese “primer amor”, cuando Dios entra en tu vida. Pero ese no es el tema, porque se trata de hablar en presente, no en pasado, y en dos cuestiones que posiblemente estén totalmente mezcladas: ¿Cómo vives tu vocación calasancia? ¿Cómo ha enriquecido el Carisma Calasancio tu vida?

Para contestar a esto tengo que recorrer algunos espacios y tiempos fundamentales de mi historia, ya sé que he dicho que no era el momento de pasado, sino de presente, pero necesito referir este pasado, para agradecer y para enmarcar mi realidad.

En mi etapa de formación inicial, en el Instituto, hace 21 años, tuve la oportunidad de acercarme al P. Faustino, su historia y su proyecto. Y si en otro momento una Palabra del Evangelio la escuché pronunciada directamente para mí, en esta etapa descubría que el P. Faustino había impulsado un proyecto de vida, que era el mío. Y en esa turbulencia aún medio adolescente, en lo que todo es totalmente dramático y confuso, este sueño de Dios para mí, contado por el P. Faustino, me dio toda la seguridad necesaria para seguir con una rotunda afirmación: “No sé qué quiere Dios de mí, pero me quiere aquí”. Hay otros momentos de mi historia vocacional anteriores a este, y otros muchos más decisivos después, pero siempre iluminados por esta “seguridad”.

Mis primeros pasos espirituales los di en mi infancia, dentro de la normalidad de mi hogar, con el testimonio de fe y amor de mi familia. Los primeros pasos más autónomos, aunque sí motivados por ellos, los viví con la revista Gesto. Parecerá una tontería, pero es algo muy importante, porque creo que fue ahí donde yo encontré el deseo más profundo de mi vida, el de ser santa. Fue mucho después cuando descubrí que esa llamada a la santidad es algo más profundo y cotidiano, pero que es lo que me hace hoy responder a Dios con mi vida, como Calasancia. Ser calasancia es el regalo que Dios me ha hecho, o la oportunidad que Él me ha dado para que tenga posibilidad de algún día poder alcanzar ese proyecto de santidad. Santas, muy santas, santísimas… y para ello humildes, muy humildes, humildísimas. Dirá en otro momento: ¿quieres ser santa? Sé humilde. ¿Quieres ser muy santa? Sé más humilde. Eso es lo que desea el P. Faustino que seamos sus hijas. En resumen: Dios me quiere aquí, para que sea santa.

Amar y Sufrir, la Cruz de cada día. Vivir como calasancia, tiene para mí tres claves fundamentales: la oración, la misión y la comunidad.

Cada día, como cada día vuestro, busco y encuentro el alimento y fuerza en la oración. Mi vida se fortalece y enfoca su sentido día a día en la oración de la liturgia, la meditación de la Palabra y la celebración de la Eucaristía. No exenta de luchas personales, de fecundidad e infidelidad, y en la confianza del Amor de Dios, que es fiel y realiza sus promesas. “Muy a gusto presumo de mis debilidades” decía San Pablo, aquí he de decir que mi vida espiritual es una gran batalla, marcada de grandes infidelidades, (sobre todo de rutina, de cansancio, de falta de alimentación), que me han acercado a la “muerte”, y piedra en la que he tropezado muchas veces, muerte de la que me han ayudado a salir desde el acompañamiento espiritual, entre otros medios; también con momentos de noche y silencio de Dios, en estos momentos mi gran fortaleza ha sido María. Al final, mi vida espiritual va marcada por una única realidad, a Dios le importo mucho, mucho. Y es bueno conmigo.

Unido a esto, trato también de hacer realidad lo que nos decía el P. Faustino: ... trabajando siempre por Dios, y tu vida será una oración continua” (CF 87)

Cada día es un continuo trajín, mi vida como calasancia la describiría como la novedad de cada día. El otro día hablamos del peligro del activismo, mi vida está marcada por la actividad, y por la certeza de que he de tomar conciencia de la necesidad de poner en el Centro a Cristo.

Mi realidad personal es que apenas me he movido, llevo mucho tiempo en el mismo sitio, destino y con el peligro de la decepción y de la rutina. Pero estos años y esta realidad me ha hecho ver que ser calasancia significa vivir la novedad. No por un don especial que tenga yo de asombro, sino porque mi vida está en el día a día de la escuela y siempre es nueva.

Mi mayor ilusión es mi tiempo de clases de cada día, al entrar en clase, con mi asignatura preparada, dispuesta a dar lo que tengo, a unir con sencillez y naturalidad, mis conocimientos de ciencia y mi testimonio de fe, hacerles preguntarse, invitarles a pensar, ayudarles a mostrar sus argumentos, a motivar su responsabilidad, a pensar en los demás, acercarles a Dios… a crecer. Esto es mi vivir como calasancia. He tenido la suerte de acompañar el oratorio desde Educación Infantil, animar grupos de Movimiento Calasancio en primaria, confirmación y dar clase en Secundaria.

Desde el 2000 al año 2009 he sido Coordinadora de Pastoral y me he iniciado con una escuela de grandes pastoralistas Calasancias, entre las que estaban M. Soledad Carramiñana, M. Mª Luisa González y M. Sagrario López. En mi tarea pastoral he vivido continuamente la inquietud y el interrogante sobre la coherencia de mi vida.

Todos los años al final de curso tenemos la fiesta de graduación y los alumnos hacen un homenaje a sus profesores. Muchos años han destacado de mí, el ser la más joven, otros muchos hablaban de lo que suponía para ellos verme llegar con la guitarra. Este año, puedo decir que con orgullo por mi parte, hablaban de cómo había sido para ellos importante que hiciera ese esfuerzo de unir la ciencia y la fe.

En los últimos años, junto a este vivir de la escuela, se me ha pedido que dedique parte de mi tiempo, de mi día, a otras tareas, a veces menos gratificantes. Pero, en general, también gracias a la responsabilidad de la dirección he tenido la oportunidad de entregar mi vida calasancia. Pensar en toda la comunidad educativa: abrir mi mente y corazón a lo que las familias viven, atender a los conflictos y las necesidades, buscar soluciones, crear más comunión, más comunidad, impulsar la implicación del claustro, animar una escuela cada vez más calasancia, en la metodología y también en la gestión, en las solicitudes, en los papeles, en la burocracia, en lo necesario para mantener vivo este proyecto (programaciones, atención a la diversidad, solicitudes de becas y ayudas, metodología de innovación).

En estos años he vivido una gran inquietud por responder como Calasancia, a esa llamada a vivir en comunidad en seguimiento de Cristo. Ver el ideal, contrastar con lo real, ver la realidad imposible de cambiar, amar la realidad y, desde mis rarezas personales, acoger a las demás con cariño. Ofrecer lo mejor de mí, y poco a poco ofrecerlo sin reserva, sin medida. Así puedo afirmar hoy que junto a mis hermanas, vivo como calasancia tratando de hacer y ser comunidad que vive con alegría su vocación, que se siente unida, que testimonia la fe y trata de alentar la esperanza en las realidades cotidianas, y de ofrecer esta mirada más allá; comunidad que se apoya y consulta, que se acoge y es lugar de reposo. La comunidad me ha enseñado a vivir en mayor libertad interior, me ha enriquecido en mi respuesta a la misión, me ha alentado y fortalecido ante la dificultad. Siento que en ella se ha multiplicado mi respuesta. Y sobre todo ha sostenido y alentado mi fe.

Cuando preparábamos el Plan de Pastoral Vocacional, hay un apartado que me gustaría traer ahora aquí, porque me parece esencial para la animación vocacional, y pedir que lo repaséis cada una y lo planteéis en todas las comunidades:

“Hemos recibido una vocación que es nuestra gran riqueza, tesoro en vasijas de barro, un tesoro llamado a crecer, como crece con el fruto del martirio de M. Victoria; un tesoro que debemos compartir y ofrecer en nuestra sociedad, y en la Iglesia; un tesoro para vivir y gozar juntas, siendo comunidades de hermanas que se alientan unas a otras, para responder con fidelidad a la propia vocación”.

Notas