EspiritualidadCarisma/Soy Calasancia

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El carisma calasancio ha enriquecido sus vidas. Mesa redonda. Testimonios
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Soy Calasancia

M. Teresa Álvarez Canto
Desde mi fragilidad me pongo ante el Señor cada día y dejo que sea Él, el que haga en mí y por mí. ¡Señor, yo pongo el barro, Tú pones el tesoro!

Agradezco a Dios en primer lugar porque, siendo tan débil y tan niña, se haya fijado en mí y me haya elegido para poder anunciarlo.

Agradezco, a la Congregación, que me enseñó y regaló tantos bienes. A ella le debo todo lo que soy.

Agradezco a cada Comunidad, a cada hermana con las que conviví y de las que aprendí, aún de sus errores, también a las personas con las que me relacioné, en unos y otros países. Todos me han ayudado a crecer.

He estado en 5 países y en 13 casas. A todas mi gratitud, por todo lo aprendido y vivido. He intentado florecer en tantos lugares en los que me destinó la obediencia, como dice el salmo: “nunca me resistí ni me eché atrás, ni rehuí ninguna responsabilidad” o tarea. He intentado hacer las cosas con gusto, procuré ser feliz y hacer que otras, lo fueran. Creo que soy una mujer de paz. No me gustan las guerras.
La Historia comenzó en 1951 en un pueblecito alejado de la Provincia de Orense, límite con Portugal. Una noche que tuvo lugar una Vigilia de Oración, acompañando a la Virgen de Fátima Peregrina, sucedió algo muy especial que no sabría explicar; sentí una moción muy grande, percibí aquella noche que Dios me quería para Él. Aparece la incertidumbre ¿cómo hacer?, ¿a quién decírselo? Él se encargó de todo. Un buen día mi maestra me hace una pregunta. ¿Te gustaría ser monja? Se me abrió un horizonte inmenso y respondí sí. Díselo a tu madre y a tu director. Mi madre a la que le debo todo, fue la que puso los cimientos de mi vida cristiana, bien arraigados en la fe. En un primer momento, me dijo que sí, pero cuando vio que iba en serio, me expresó: tú eres mis brazos y mis piernas, no puede ser. Era la mayor de mis dos hermanas. Sufrí lo mío. Me faltaban 2 meses para cumplir los 15 años y no podía empezar el Noviciado hasta los 15. Mi Madre y la maestra me llevaron al colegio Santo Ángel y allí me quedé. Muy duros los primeros pasos. Duras pruebas por parte de la Superiora, pero como era cosa de Dios todo se soportó. De allí a Getafe donde la cosa cambió para mejor. Después a Sanlúcar, allí hice el Noviciado y pasé el tiempo más feliz de mi vida. La Profesión fue un derroche de amor de Dios.
Primer destino, Sevilla. Primera crisis, pero el Gran Capitán siempre pronto para conducir nuestra barca, no permitió que esta se hundiera. Empiezo mis estudios de música y gracias a ellos, y tener que cantar el solfeo en alto, me iba a la terraza y me libraba de las trifulcas comunitarias que surgían abajo. Sentí fuerte la protección del Señor que me cuidaba, como la madre más solicita.
Trabajar con los niños y jóvenes es un regalo, poder formar el futuro de la sociedad. Misión sublime y grandiosa. Siempre me he sentido feliz, entre ellos. He gozado con los pequeños, con su candor, su inocencia, su cercanía, su cariño, su ternura, desde las clases, oratorios, catequesis… parece que palpas a Dios en ellos, ya que son su reflejo.
Ahora que termino de venir de Guinea, tengo el corazón roto, sí, ellos te roban el corazón, te dan tanta ternura, tanto amor, que te ves impotente, para corresponderle; te cogen por todos los sitios, te besan los brazos, las manos, todos te dicen, -es mía-, no, -es mía- Hasta que alguno se atreve a decir, es de todos. Te ven por la calle, gritan: “Hermana Teresa”, dan saltos de alegría al verte. A una se le esponja el corazón y dan ganas de comérselos, etc.
El primer contacto con los niños de preescolar fue en el Noviciado, con M. Carmen Sanromán. De ella aprendí el método pedagógico que nuestro P. Faustino infundió en nuestras primeras religiosas, el aprender cantando.
Con las personas mayores también disfruté al máximo. He aprendido de su teología, eso de que: “Dios también anda entre los pucheros”, como diría Sta. Teresa. En mis correrías parroquiales dando los talleres de oración y vida (T.O.V.) tuve oportunidad de que descubrieran al Dios cercano amigo y maestro entrañable, y al padre madre que está siempre metido en nuestra vida. Os puedo decir que he presenciado verdaderas transformaciones en tantas personas, por medio de la Biblia, de la oración y experiencia de Dios. Es un verdadero milagro ver como el Señor cuando quiere a una persona para Él, le cambia totalmente su vida, la transforma en criatura nueva.
Ha sido una gracia de Dios haber conocido al P. Ignacio Larrañaga. Él me ha hecho descubrir a Dios como Padre, tierno y cariñoso, que protege, cuida, está cerca y que en todo momento está pendiente de ti y de tus cosas. Por medio de él descubrí los T.O.V. que fui impartiendo por las parroquias; también tuve la dicha de ser Formadora de Guías de T.O.V. durante seis años. Cada Encuentro de Formación duraba dos años, empleando un método que el mismo P. Ignacio Larrañaga hizo para tal fin. O sea que salíamos con una buena formación para formar a otros. Yo misma me admiraba como el Señor se valía de mí, siendo tan pobre de conocimientos y con tan escasa formación, para poder formar a otros, claro que no era yo, era el instrumento y Él lo manejaba. Mi sorpresa fue que al visitar las parroquias todos estaban trabajando a tope, unos de catequistas, liturgia, consejos parroquiales…
El equipo de Guías se mantiene gracias a los Desiertos mensuales que hacemos, donde Dios se vuelca derramando cercanía y presencia. Donde se comparten las vivencias del día, enriqueciéndonos todos mutuamente.
Las experiencias en misiones son muchas y muy ricas. La primera fue en Guinea, 1988 a raíz del accidente de las Madres, para que Dolores Águila viniera a descansar. La verdad que esto me marcó mucho. Después a otra suplencia a Nicaragua para que M. Manuela Vilanova, viniera a cuidar a su madre. Allí permanecí cinco años, a pesar de los pesares, empezando que me tuvieron cuatro horas detenida en el aeropuerto, sin dejarme entrar, hay que tener en cuenta que estaba Nicaragua en guerra, y todo lo religioso se rechazaba.
A los 8 días, vino un huracán, que gracias a que perdió fuerza en unas islas nos salvamos. Pero barrió todos los pueblos de la Costa. Lo maravilloso para mí viene ahora, cuando un vecino viene a nuestra casa, diciendo hermana, vamos a pedir por el barrio, para los damnificados de la costa, todos podemos dar algo, yo me hacía cruces y pensaba, ¿qué pueden dar?, si no tienen nada, era mucha su pobreza, pues todos tuvieron algo que dar y todos daban de lo que tenían para ellos, el que tenía dos tazas daba una y así sucesivamente. Cuando yo dije a una, tú podías dar este vestido, me respondió: no hermana, doy este otro que es nuevo. Para mí, fue la mejor lección que pude aprender.
Dios siempre nos mima y nos protege y conmigo, lo hizo en varias ocasiones y lo hace día a día. Cuando cayó la bala a 5 centímetros de mi cabeza, delante de la puerta de mi habitación, Él estaba allí cuidándome.
En la Misión de Santa Fe me cuidaba cada noche cuando salía a poner inyecciones a las personas con cáncer. Me decían, esta noche mataron a uno en tal calle y por allí había estado yo. Nunca, nadie se metió conmigo, ni me pasó nada. Él camina contigo de noche y de día, ¿a qué temer?
Por último en esta segunda experiencia en Guinea, cuando los médicos se oponían a que yo fuera a allí, por los riesgos que corría al no poder vacunarme, ni poder tomar la pauta debido a la edad, aquí me tenéis, ni paludismo, ni cualquier otra enfermedad. El Señor nos cuida como la madre más solícita, y además nos mima, derrama todo su amor y ternura en nosotras, solo hace falta dejarnos guiar y ponernos a su disposición. También aquí, me premió cada mañana. Cuando las hermanas se marchaban al colegio yo, tenía una cita diaria con Él. Me ayudaba de “Rezando voy”, era un disfrute total de presencia y cercanía, un regalazo diario que me predisponía para pasar el día. Sí, también he tenido mis tiempos de crisis pero nunca me dejó, lo sentí más que nunca cercano.
Otra de las buenas experiencias fue la casa de Dorrón. Remanso de paz y tranquilidad. Compartir experiencias con los niños en convivencias, con distintas personas, incluso de distintas ideologías, fue otro regalazo del buen Dios. Pude participar, en Retiros, E.E. charlas, convivencias… inmensa riqueza espiritual.
En las Catequesis con niños y jóvenes en las parroquias, fue otra gran riqueza, digna de mencionar. Siempre quedan cosas en el tintero. Termino dando gracias al Gobierno General, por darme esta oportunidad.

Notas