EstudioPsiquicoEspiritual/06 Denunciante implacable de las transgresiones de la Regla. Celanova, 1868 – 1869

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6 Denunciante implacable de las transgresiones de la Regla. Celanova, 1868 – 1869

Dejó el P. Faustino el colegio de Getafe el mismo año en que la revolución destronó a Isabel II. Eran tiempos difíciles para la Iglesia española.

Los superiores le destinaron a una nueva fundación, a Celanova, pueblo de la provincia de Orense, donde existía un antiguo cenobio que se quería convertir en colegio de Escuelas Pías. Los superiores buscaron a religiosos que fueran capaces de poner un buen fundamento a la nueva institución docente. Pensaron, en consecuencia, en el P. Faustino para director del internado.

En este colegio estuvo únicamente el curso escolar de 1868 – 1869. Veremos que bastó un año para que merezca la pena de que nos ocupemos de él. Va a confirmar con sus actos un rasgo que nos ocupemos de él. Va a confirmar con sus actos un rasgo de su personalidad que ya conocemos: el de defensor de la Regla.

6.1. Censor vigilante de las irregularidades en la administración de la Casa

Recuerde el lector la actitud del P. Faustino ante el Rector del Colegio de San Fernando. Ahora va a tomar él la iniciativa para denunciar al Vice-Rector de Celanova, P. Pedro Álvarez, su Maestro de Novicios, por las irregularidades que él advertía en la administración de la casa. Para el estudio que realizamos interesa tanto el tono de la denuncia como la denuncia misma, la cual fue presentada ante la Congregación Provincial. Oigámosle:

“Los que suscriben denuncian al P. Pedro Álvarez del Espíritu Santo, superior de este colegio, como infractor de nuestras Constituciones, Decretos Apostólicos de Reformatione Regularium y otros sagrados cánones y bulas pontificias, por administrar por sí los intereses del colegio como la colecturía de misas, cuyo Racional (libro de cuentas) no presenta a revisar; confundir oficios incompatibles, cuales son el Procurador y Depositario; y hacer Ecónomo a un hermano operario de votos simples, cuyo imperio y tacañería nos ha ocasionado ya serios disgustos y perjudican en alto grado el presente y el porvenir del colegio, y a sus paternidades piden: el exacto cumplimiento de las Bulas apostólicas y el recibo auténtico de esta demanda para los fines que hubiere lugar”[Notas 1].

Hemos dicho que es interesante el tono. La palabra que lo descubre es “denunciar”, seguida de la inculpación “infractor de nuestras Constituciones”. Las dos palabras hieren nuestra sensibilidad, sobre todo si sabemos que el P. Álvarez era conocido en la Orden como persona profundamente religiosa. Lo sabía el acusador. En el ataque se le presenta como ya juzgado, pues se le llama transgresor, sin haberle oído. No había precedido charla fraternal, exploradora del hecho y sus circunstancias. Pero si eso es duro e imprudente, lo es más el contenido de las dos últimas líneas: piden (y por lo que añaden, más bien exigen) “el exacto cumplimiento de las bulas apostólicas y el recibo auténtico de esta demanda”. Como el valor de la petición está reflejado en los adjetivos, son dos los que nos revelan la dureza interna del denunciante: cumplimiento “exacto” y recibo “auténtico”. Se termina el párrafo con el sustantivo “demanda” término judicial técnico, en el que no cabe sentimiento, sino la ley pura y limpia. Esa frase anuncia un “recurso de fuerza”, del que habla el P. Faustino más de una vez en sus denuncias. La lucha jurídica, pues, estaba en marcha y ella insinúa una dureza, al menos exterior.

Nos resulta difícil confirmar hasta qué grado puede ser una excusa del P. Faustino el que esos recursos jurídicos eran entonces comunes, incluso ante los tribunales civiles. Leyendo con atención el escrito citado se advierte que el que lo escribió tiene puesta su atención en la defensa de la ley. Esto se dice expresamente en la petición final. No ataca la persona del P. Rector sino el hecho de ser “infractor de las leyes“.

Otro problema distinto es el comprobar los efectos que esta dureza externa producían en los atacados o acusados. Nos hallamos ante el estudio de las repercusiones psicológico-emotivas y egóticas que producían estos actos de agresión. Estos efectos son casi siempre negativos. Toda agresión produce otra agresión, si el agredido no es un hombre muy maduro o un santo. Es la ley de la espiral de la violencia. Esta ley no la conoció el P. Faustino. En consecuencia, fue una víctima de la ignorancia de esta constante en la conducta humana. Por eso sus acciones jurídicas (que como hemos visto, en él no eran agresiones contra el hermano) se enredaban y se prolongaban en réplicas y contra-réplicas interminables. Había que cortarlas sin llegar a su fin[Notas 2].

La reacción de la Congregación Provincial fue serena en un principio. Veremos luego la del P. Álvarez, cuando se enteró de la denuncia y se le pidió sincerarse. Fue propia de un hombre maduro, pero que sabe devolver la piedra[Notas 3]. Leamos la respuesta de la Congregación Provincial:

“Se les contestó que reflexionen sobre su demanda: que si había abusos, se corregirían, quedando por este medio cumplido el objetivo de los demandantes, puesto que no era de creer que abrigasen deseos o miras de que fuera castigado su mismo Superior”[Notas 4].

Respondió el P. Faustino a la Congregación con una exposición más detallada y tal vez más serena[Notas 5].

A esta carta de los PP. Francisco y Faustino contestó la Congregación Provincial dos cosas. Primera: que precisaran “los cánones, Constituciones Apostólicas y capítulos de las Constituciones que prohíben a los superiores recoger misas y dar recibos. Segunda: que “sabe la Congregación que se ha puesto ya el depósito, si bien siente que no se pusiera desde el principio”. Además determinó oficiar al P. Vice-Rector “para que diese sus descargos antes de fallar nada”[Notas 6].

Cuatro días después vuelve la Congregación a ocuparse de la denuncia y ahora reacciona, como era de esperar, contra la audacia y dureza del ataque:

“No puede la Congregación Provincial dispensarse de hacer presente a VV. Reverencias que observa con disgusto la manera poco respetuosa y aún conminatoria que se deja ver en los escritos dirigidos a la misma; manera y formas opuestas a lo que mandan las Constituciones al hablar o escribir a nuestras autoridades”[Notas 7].

Pero el P. Faustino era una mente y un alma hecha a la medida de la ley y –como hemos dicho arriba- no pensaba, más allá de la ley, en herir o en faltar a la caridad. Respondió a la Congregación Provincial. Pero, para que el lector entienda el alcance de la intención del P. Faustino, debe saber que la Congregación le había hecho seis preguntas sobre la denuncia que él había formulado contra el P. Vice-Rector. Esas preguntas venían a demostrar la inocencia del P. Vice-Rector en el terreno moral, aunque no pudieran demostrarla en el legal[Notas 8]. El P. Faustino advirtió este fallo de la argumentación de la Congregación[Notas 9], y le respondió contra-atacando con diez preguntas. Es necesario leerlas para formar un juicio y para que el lector juzgue si estamos equivocados en nuestra apreciación de la estructura mental del P. Faustino y de su falta de malicia en sus planteamientos:

“Antes de satisfacer las preguntas que esa Muy Venerable Congregación Provincial se ha dignado hacernos con fecha 19 de marzo pasado y que no contestamos por no constarnos al presente de su autenticidad (advierta el lector la argucia leguleya) necesitamos saber de sus autorizados labios las respuestas a éstas que aquéllas nos sugieren:
1ª. ¿Es el Racional de Misas (el libro en que se lleva cuenta de las misas encargadas y de su descargo) auxiliar del Libro de Caja (un libro del viejo sistema de cuentas)?
2ª. ¿Administra el Procurador los intereses del Colegio entregando mensualmente al Depositario (el oficial de la economía que llevaba la caja) lo recibido?
3ª. ¿Es lo mismo admitir limosnas de misas que correr con su Racional? (“Correr con el Racional” significa llevar la contabilidad de los ingresos por misas).
4ª. ¿Puede uno ser juez y parte en la misma causa? (Si el Rector lleva el Racional, ¿podrá revisarlo con imparcialidad?)
5ª. ¿Pende el número de oficiales que exigen nuestras Constituciones de la cantidad de los intereses que manejan?
6ª. ¿Pueden los autos posteriores a una denuncia justificar los que la motivaron?
(La Congregación intentaba justificar al Vice-Rector porque ya, posteriormente, había corregido el fallo).
7ª. Dado que pueda elegirse de Ecónomo a un religioso de votos simples (como era el Hermano Lego que había nombrado el Padre Rector), ¿podrá pedirse su remoción como perjudicial al buen nombre del Colegio? (Esto habían hecho los dos Padres de Celanova).
8ª. ¿Es faltar (tratar) de una manera poco respetuosa a la M. R. Congregación Provincial el darle el tratamiento que nuestras Constituciones prescriben?
9ª. ¿Es “conminar” el emplear las formas que la ley ordena e indicar los trámites que seguirse deben?
10ª. ¿Reprueban nuestras leyes las formas de Derecho después de haber empleado inútilmente las epistolares)”[Notas 10].

Vuelva a leer el lector los tres últimos números. Desde el punto de vista “legal” del P. Faustino son impecables; desde el punto de vista “humano” de la Congregación son duros y conminatorios. ¿Pero el punto de vista exclusivamente legal exige que el ataque sea afectivamente duro? ¿Atacar así es faltar a la caridad? Depende del punto de vista del lector, el cual necesariamente se habrá puesto de parte del P. Faustino o de la Congregación. Nosotros creemos que un legista puede ser un santo, aunque use “las formas que la ley ordena”, como dice el P. Faustino.

El resultado fue que la Congregación Provincial, molesta por semejantes preguntas y urgida por la proximidad del Capítulo Provincial, se dedicó a preparar éste sin ocuparse de responder a los molestos religiosos. Así fue que sin haberse resuelto esta denuncia contra el P. Vice-Rector, llegó la hora del Capítulo Provincial, el cual tendría que entender en otra denuncia del P. Faustino contra el P. Pedro Álvarez. Veamos.

Era éste un gran religioso, perro tenía sus fallos como administrador. Creía que quien obra en conciencia no necesita ser cuidadoso en los formalismos. Y ahí le cayó el P. Faustino. En efecto, el P. Álvarez no creyó necesario celebrar el capítulo llamado de negocios y de proposiciones, por las razones que él mismo nos va a exponer en la defensa que luego escribió[Notas 11]. Y los PP. Faustino y Francisco creyeron lesionados sus derechos y se negaron a firmar las actas del capítulo local de Celanova.

“Los que suscriben… ponen en el ilustrado conocimiento del M. R. Capítulo Provincial que no han firmado los atestados… por no haber celebrado en ésta el Capítulo local que previene nuestras leyes, privándonos del derecho, que no renunciamos, de proponer al M. R. Capítulo Provincial lo que estimáramos conveniente al bien de nuestra Corporación… y por las causas que motivaron la demanda contra el referido R. P. Vice-Rector “in capite” y aún pendientes del superior fallo del M. R. Capítulo Provincial”[Notas 12].

Eran dos, pues, los problemas pendientes que debía resolver el Capítulo Provincial: fallar el pleito por defectos legales en la administración y el creado por haberse negado varios religiosos a firmar las actas.

En consecuencia el Capítulo Provincial ordenó al P. Provincial y a su Consejo que reasumiera esos problemas y los resolviera. Éstos sentenciaron que los acusadores no tenían razón y que firmaran los dos atestados. Los renuentes se sometieron, pero declarando lo siguiente:

“Por deferencia a la Congregación Provincial y salvos nuestros derechos, firmamos el presente atestado, protestando sin embargo contra todos los actos que supone la celebración del Capítulo Local, que no se tuvo en esta casa, y reclamamos al presentarnos dicho atestado para que lo firmáramos”[Notas 13].

Esta firma es un indicio del fondo de benevolencia que hemos señalado en el alma del P. Faustino, lo mismo que las cartas de que habla en la décima pregunta transcrita arriba.

A su vez el P. Ramón Valle, Vicario General de España, ordenó al Padre Provincial de Castilla que oyera los descargos del P. Pedro Álvarez y que dictara sentencia. Escribió, pues, el P. Álvarez sus descargos, que poseemos, en los que acusa al P. Faustino y a su socio. A pesar de que naturalmente el P. Álvarez ve las cosas desde su puesto de observación, ataca sin pasión, con fundamento, pero con dureza. Donde contra-ataca con más dureza es cuando explica por qué no convocó el Capítulo Local de negocios:

“El infrascrito creyó que no tenía sentido convocar para presentar proposiciones a unos súbditos, de los cuales los dos más antiguos (los PP. Faustino y Francisco), ya desde la elección del Procurador, precisamente porque no habían salido favorecidos ellos, se le habían opuesto casi sistemáticamente; que habían tratado a su Superior como a su igual con mucha frecuencia, tanto en privado como en público y aún ante los seglares, y quienes, aún llamados, se habían abstenido de acudir a la lectura de las circulares de los Superiores… No dudaré confirmar esto aún con juramento, si fuera necesario… No pido contra los demandantes otra pena que el olvido… Que el Señor misericordioso les inspire sentimientos más benignos y una mente más sensata”[Notas 14]

El juicio del P. Álvarez es duro: se le siente herido y acusa conductas reprensibles. La historia del P. Álvarez hace creíble su juicio. No tenemos la respuesta de los acusados. Con el P. Álvarez deseamos en el futuro más reflexión y más autocontrol de los súbditos.

En vista de esta declaración del P. Álvarez, la Congregación Provincial emitió su fallo:

“La Congregación falla que no reconoce en los PP. Faustino y Blanco causa suficiente para haberse negado a firmar el estado del Colegio y mucho menos el atestado de las misas, y así mismo que no hay motivo para proceder contra dicho P. Vice-Rector, Pedro Álvarez”[Notas 15].

No estamos obligados a pensar como la Congregación Provincial. Nosotros juzgamos que sí había motivo “legal” para hacer lo que hicieron los dos Padres, Faustino y Francisco; pero que, si hubieran prestado atención a otros motivos –morales, religiosos, psicológicos- tal vez no lo deberán haber hecho[Notas 16].

Somos conscientes de que hemos molestado al lector. Pero lo hemos creído necesario para que conociera la estructura mental del P. Faustino. No es difícil que tanto nosotros como el lector, ante los hechos narrados y comentados, saquemos la consecuencia de que ha de ser difícil cambiar este rasgo de su personalidad que le está perturbando la vida. El lector necesita recordarlo para lo que le falta de conocer en la vida de este ilustre escolapio.

6.2. Notable orador y expositor brillante

No fueron los anteriores los únicos rasgos de la personalidad del P. Faustino que aparecen durante su corta permanencia en Celanova. El año que allí vivió demostró que era un notable orador sagrado y un brillante expositor de temas pedagógicos. Conservamos cuatro piezas oratorias de él en Celanova. Una de contenido pedagógico: el discurso que pronunció en la inauguración del colegio; las otras tres son sermones.

El discurso de inauguración cimentó la fama del P. Faustino dentro y fuera de casa. Le oyó el P. Vicario General de España, P. Ramón Valle, cumbre entonces de los Escolapios españoles, así como las autoridades del pueblo y aún de la provincia. Demostró a todos que sabía lo que era educar en calasancio. Aquel discurso no ha perdido actualidad:

“Reflejo el más admirable de la acción, de la bondad y de la sabiduría divina, la Escuela Pía acepta el fondo y la materia de la primera creación del niño y se encarga de formarle, de imprimirle al propio tiempo la bondad y la dignidad, la cultura y la grandeza, inspirándole, por decirlo así, la vida y la fuerza, la gracia y la inteligencia… La Escuela Pía trabaja en el desarrollo moral e intelectual del niño al compás de la naturaleza en el desenvolvimiento físico, con la misma constancia, con la misma dulzura, siguiendo sus pasos, observando sus movimientos, estudiando su tacto y notando sus períodos, para hacer pasar al niño por diversos grados y acomoda sus enseñanzas y lecciones, su cultura y sus ejercicios a la marcha de la edad, a las fuerzas del individuo y al desarrollo progresivo de su naturaleza”.

Si había demostrado que era un pedagogo manejando niños, seriamente imbuido del ideal calasancio, pronto demostraría a los fieles, en la Iglesia, que era un sacerdote poseedor de la ciencia sagrada. En el “sermón del descendimiento” hizo descender a los oyentes al abismo de los sufrimientos del Señor y de su Santísima Madre con una insistencia y profundidad que debió dejar plasmados en aquellos sencillos labriegos de Orense.

El “sermón de desagravios” fue una fruta del tiempo. Aquel año de 1869 estaba viendo toda la geografía española los excesos de una revolución sangrienta y brutal que atropellaba las tradiciones más sagradas del pueblo y hería profundamente sus sentimientos religiosos. Ello hizo reaccionar al pueblo de Celanova, el cual organizó un “acto de desagravio” al Señor. Encargaron el sermón al P. Faustino, ya famoso:

“Tal es este mundo sin careta, tan relevante sello lleva el siglo XIX, que bien puede llamarse novelero por su ridícula fusión de verdad y mentira, de superstición y de ateísmo. Sí, novelero en su fe, novelero en sus inventos, novelero en su sabiduría, novelero, en fin, en su modo de regalarnos sus conocimientos. Siglo incauto, que se deja seducir por aparatos brillantes, sus palabras pomposas y bellas teorías… Siglo inexperto, que se deja arrastrar por la mentira, hipócrita y ostentosa, porque es falsa y débil… Siglo protagonista del error…; siglo empeñado en analizar la esencia de la luz en el laboratorio de las tinieblas… en sondear el seno de los abismos…, en registrar la cavidad de los cielos…, en medir las infinitas fuerzas del Creador. Siglo de pésima ralea felina entraña”[Notas 17].

El defecto de estos sermones era su conceptismo. El P. Faustino era una gran inteligencia, pero sus oyentes no estaban preparados para un lenguaje tan escogido y tan rebuscado. Y sobre todo se había olvidado de evangelizar a aquellas gentes, a las que suponía ya cultas en la fe. Ese fue el pecado de la oratoria sagrada del siglo XIX y primeras décadas del XX; a fuerza de alta oratoria dejó perder la fe. No fue un pecado específico del P. Faustino, sino propio del siglo.

6.3. Ejecutivo eficaz

Sigamos descubriendo facetas de su personalidad. Una sobresaliente fue ser un ejecutivo eficaz. La ocasión en que se manifestó este rasgo fue la ausencia del P. Vice-Rector, P. Pedro Álvarez, con motivo del Capítulo Provincial, del que hemos hablado. Apoyado por la comunidad, de la cual era el líder natural, se lanzó a la modernización de las viejísimas instalaciones del edificio y a la par a la tramitación de la independencia académica del colegio.

El primer trabajo se emprendió inmediatamente: albañiles, carpinteros y pintores Era preciso conseguir la independencia del el Colegio. Pintaron paredes, abrieron puertas y ventanas, pusieron rejas, hicieron nuevos lavabos para los niños internos, limpiaron la cocina. El colegio tuvo otra cara y se hizo habitable.

Con el mismo temple de acción inmediata emprendió el P. Faustino la otra obra. Era preciso conseguir la independencia del plantel; los colegios privados era esclavos de los oficiales. El Padre aprovechó la parte positiva de la postura revolucionaria y pidió la independencia para el pueblo. El Municipio, halagado por esta aura popular, la concedió mediante decreto oficial, máxime que el de las Escuelas Pías tenía ya la fama de ser el mejor colegio de la Provincia por el sonado triunfo que había conseguido en los exámenes de los alumnos en Orense, la capital. El triunfo era obra del P. Faustino. Desde ahora los exámenes podrían hacerse en Celanova. Se trataba del bien del pueblo. Con esta ocasión pronunció unas palabras notables que nos lo muestran seriamente imbuido del ideal calasancio: “Como escolapio, soy del pueblo y para el pueblo”[Notas 18].

6.4. Salida de Celanova

Pero hay triunfos que se convierten en derrotas. La fama adquirida tan rápidamente y sobre todo los ataques al P. Álvarez, balancearon negativamente el liderazgo que ejercía sobre la comunidad y el aura popular que agradecía la independencia académica del colegio.

La Congregación Provincial, es cierto, puso su nombre entre los “rectorables”; pero llegada la hora de nombrar Rector de la casa, eligió al P. Francisco Pérez. Sin duda a la Congregación le había quedado un mal sabor de boca por las molestias que le había proporcionado el P. Faustino. Más bien pensó en cambiarlo de casa, para dejar el campo libre al nuevo Rector. Para hacerlo sin herirle, se pensó en otra fundación que estaba en marcha: la de Sanlúcar de Barrameda, al sur de España. La Congregación pensó en el prestigio del P. Faustino, para darle lustre al nuevo colegio, en el prestigio del P. Faustino, para darle lustre al nuevo colegio, como se lo había dado al de Celanova. Pero difícilmente consiguió ocultar la realidad al P. Faustino. Este vio en el fondo la verdadera causa, pero obedeció. Su fe y su misma estructura personal le decían que sobre todas las miserias humanas está la voluntad de Dios. Además era la ley que regía su vida religiosa: la voluntad de Dios y la ley eran dos valores muy amados por él.

Pero la ocasión era propicia para que se manifestara la adhesión a su persona que se había conquistado en el pueblo. Cincuenta y ocho señores de Celanova firmaron un documento en el que pidieron al Provincial y su Congregación que no alejaran al P. Faustino de Celanova:

“Respetando los acuerdos de V. Reverencia, siempre justos y encaminados al servicio de Dios y de la Orden, se permiten sin embargo los exponentes dirigirse a V. R. suplicándole se digne disponer que los expresados PP. Míguez y Blanco… continúen ocupando en este colegio los puestos que desde un principio de les han señalado y en los que tan dignos se han hecho de la consideración, respeto y cariño de todos los que estén interesados en la prosperidad de este naciente y ya notable establecimiento de enseñanza”[Notas 19].

El testimonio, aun siendo oficial, es muy diciente. La obra del P. Faustino que más les había impresionado fue la independencia del colegio con respecto al Instituto de Orense. Celanova había subido de categoría.

Notas

  1. Cfr. Vilá, p 208. El paréntesis es nuestro
  2. El lector comprenderá que no estamos disculpando al P. Faustino, ni menos juzgando su culpabilidad. Pero lo que decimos en el texto debe ser motivo de meditación. Un celo hiriente destruye más que construyo. Es un hecho que decir la verdad hiere. Pero si la verdad se dice con ira, hiere dos veces. Ocurre algo parecido si se dice con imprudente brusquedad. En la boca del profeta debe herir “la verdad”, no su ira o su imprudencia
  3. Puede leerla el lector en Vilá, pp 226-227. Está en latín. Traduciremos después la parte que interesa
  4. Cfr. Vilá. P 227, fecha 15-ii-69. Tendremos ocasión de comprobar que el P. Faustino sí buscaba el castigo como exigencia de la justicia
  5. Cfr. Vilá, p 160
  6. Cfr. ibídem, p 228. Sesión del 13-III-1869
  7. Cfr. ibídem, p 225. Documento del 19-III-1869
  8. El lector puede leerlas en Vilá, pp 224-225, en el documento del 19-III-1869.
  9. No hace falta ser un lince para advertirlo. Pero lo más débil de la argumentación era pedir a los denunciantes que dijeran cuáles eran los cánones y demás documentos de la Iglesia en que se prohibía hacer lo que el P. Faustino había denunciado. Era declararse incompetentes ellos mismos. Los demás fallos los detectan las preguntas que les hizo después el P. Faustino
  10. Cfr. Vilá, pp 208-9. Oficio del 18-V-1869. Los paréntesis son nuestros.
  11. El capítulo electivo no podía celebrarse, porque la comunidad no reunía las condiciones que exigían las Constituciones
  12. Cfr. Vilá, p 210. Escrito del 25-VI-1869
  13. Cfr. ibídem, p 210e. Escrito del 8-VII-1869
  14. Cfr. ibídem, pp 234-5. La traducción del latín es nuestra.
  15. Cfr. ibídem, p 225. La fecha es del 12 de julio de 1869
  16. En el Capítulo Provincial que siguió al local de Celanova y del que se habla en la p. 61, el P. Emeterio Rubio, Vocal del colegio de Alcalá de Henares, expuso que el P. Pedro Álvarez debía ser excluido del Capítulo, movido evidentemente por estas denuncias del P. Faustino. La acusación llegó hasta el Capítulo General que siguió. En éste se recusó su petición, pero como había peligro de nulidad de los Capítulos, se mandó a Roma al P. Martra para que solicitara al Papa la subsanación “in radice”, si hubiera lugar. Lo hizo el Papa el día 23 de agosto y la subsanación apareció en forma de decreto el 10 de septiembre de ese año 1869 (Cfr. Rabaza, tomo IV, p 258, nº 19 y p 280 nº 26, y Vilá, pp161 – 163. No parece que el P. Rubio hablara movido por el P. Faustino, pero Ramón Cabeza, quien era entonces el líder de los que anhelaban una reforma de la Orden, entre los que se contaba el P. Faustino.
  17. Cfr. Del Álamo, Anselmo: “Habla el P. Fundador”, Madrid, 1984. En ese libro encontrará el lector todas estas piezas oratorias.
  18. Cfr. Vilá, p 165 (nº 17)
  19. Cfr. ibídem, p 52, nota 69