EstudioPsiquicoEspiritual/07 El sabio. Primera estancia en Sanlúcar de Barrameda 1869 – 1873

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EstudioPsiquicoEspiritual/07 El sabio. Primera estancia en Sanlúcar de Barrameda 1869 – 1873
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7 El sabio. Primera estancia en Sanlúcar de Barrameda 1869 – 1873

El P. Faustino abandonó Celanova el 3 de septiembre de 1869. Debió salir con mal sabor de boca, humanamente hablando. Un hombre inteligente -y él lo era- advertiría el fondo de rechazo que suponía aquella obediencia. Y seguramente advertiría también que aquello se lo había buscado él con sus críticas al P. Vice-Rector de Celanova. No obstante, aceptó las consecuencias.

Llegó a Sanlúcar el 9 de septiembre. Allí fue bien acogido, porque le precedía fama de excelente profesor. Y en aquel pueblo andaluz, célebre en la historia de América y de los descubrimientos geográficos universales[Notas 1], se necesitaba gente de empuje para cimentar bien aquella fundación; se repetía el caso de Celanova. Todos sabían que el P. Faustino Había acreditado aquel centro con su ya reconocida dedicación y competencia profesional.

7.1. Aparece el sabio.

Se le confiaron las mismas asignaturas en que había sobresalido en Celanova y en Getafe: física, química, historia natural, fisiología e higiene. Ya entonces tenía serios conocimientos en las mismas. Ahora va a ampliarlos insospechadamente.

El Padre Rector, Cayetano Bellón, le nombró bibliotecario de la casa. Sabía que nadie lo haría como él. En otros aspectos debió recibirle con cierta prevención, hija de su actuación frente a los superiores. Mas no debió de tardar mucho tiempo en cambiar de opinión.

Fijémonos en su dedicación al estudio. Fue extraordinaria. Le impulsaba a ella su penetración intelectual y el gozo espiritual correspondiente, el amor a sus discípulos y también cierto desengaño por lo sucedido en Celanova. ¡El mundo de la ciencia era más tranquilo y menos frustrante!

Su dedicación a la docencia fue mayor: estudiaba para enseñar, como es normal en un discípulo de Calasanz. Además de estudiar, experimentaba más allá de lo que alcanzaba el mundo de la escuela. Hacía participar a los alumnos en sus experiencias y los asociaba al placer de la investigación. Por satisfacer esta curiosidad, debió emprender algún estudio sobre la salubridad y posibles condiciones terapéuticas de las aguas de los varios manantiales de la ciudad. Alguien debió comunicar estos estudios al Municipio y éste se interesó en los mismos.

El 5 de abril de 1872 invitó el Ayuntamiento al P. Faustino a que realizara un estudio detenido con fines prácticos de higiene y de economía. Lo emprendió ilusionado. Tal vez coincidía el encargo con sus propios pensamientos y con sus experimentos anteriores. Mas en su mente no existían fines científicos “puros”, diríamos. En su alma existía una meta humanitaria por inclinación natural y por vocación calasancia. El mismo P. Faustino nos va a decir qué hizo y cómo lo hizo:

“Hice un humilde, sí, pero concienzudo trabajo… Empleé siete meses de ímprobas tareas, consagrado al ingrato y obscuro trabajo de análisis que concienzudamente he ejecutado y representa muchas vigilias, dificilísimos cálculos, minuciosas comprobaciones y operaciones complicadísimas, que todos pueden apreciar en lo que valen… Febo expresarle que los gastos suplidos (hechos) por mí para la adquisición de reactivos… aún con no haber sido de corta importancia la cuantía del costo de que se “trata, no tomó mayores proporciones por haber tenido que elaborarlos por mí mismo, no sólo consultando la mayor economía, sino la imposibilidad de encontrarlos puros en las droguerías y farmacias”.

En estas palabras se expresa la tarea propia de un investigador científico. El P. Faustino dice dos veces que su trabajo ha sido concienzudo. Esta sola palabra lo retrata de cuerpo entero, y por ello nos revela otros rasgos de su personalidad. Nunca regateó el trabajo, ni los medios, ni el tiempo en los trabajos que emprendía. Y nos dice también que no obraba por interés:

“Inspirado yo en el deseo de ser útil a esta población, por la que tan realmente me intereso, siempre fue mi propósito costearlo de mi pobre y exhausto bolsillo, sin esperar reembolsarme con la venta de los ejemplares (del libro que había publicado el Municipio con todos los estudios hechos por el Padre). No me ha ocupado idea alguna de lucro”.

Pero no quería trabajar aislado; deseaba que sus trabajos se conocieran con objetivo cultural y científico:

“Tengo pedida nota a Cádiz, Sevilla, Córdoba, Madrid y otras poblaciones importantes, de los médicos de más reconocida reputación, para mandarles ejemplares gratis”[Notas 2].

Quiso también que los presuntamente entendidos, los facultativos, aprobaran su trabajo, que ya tenía fines terapéuticos. Lo hicieron de momento, sin sospechar siquiera adónde iría a parar aquel inquieto escolapio con sus experiencias. Decía así su informe:

“Los que suscriben, hecho cargo con el debido detenimiento de las indicaciones terapéuticas que de las aguas de esta ciudad… ha consignado el ilustre escolapio P. Faustino Míguez…, las encuentran ajustadas a los principios de la ciencia”[Notas 3].

Estos trabajos encariñaron al P. Faustino con la experimentación científica, que ya no abandonó jamás[Notas 4]. Y fue tal el interés que puso en estos experimentos, que renunció a asistir al Capítulo Provincial, para lo que le había elegido la comunidad[Notas 5]. Mas la orientación que posteriormente dio a su vida le ocupó en tareas que le alejaron del quehacer científico. No debemos llorar mucho por ello, ya que realizó cosas mejores que la tarea científica; pero su capacidad en este terreno se había manifestado. En otros lugares y actividades este terreno se había manifestado. En otros lugares y actividades la iría aumentando con fines “calasancios”.

7.2. Renuncia al cargo de Vocal al Capítulo Provincial

Existe un documento firmado por el P. Faustino en el que renuncia a cumplir el oficio de Vocal al Capítulo Provincial. En este documento dice expresamente que lo hace porque se halla enfrascado en los trabajos del análisis de las aguas públicas del pueblo. Pero en él hay un punto de difícil traducción –que por otra parte admite el texto latino- conforme a la situación espiritual que denuncian dos documentos: el informe del Rector en que dice que es reacio a la asistencia a las reuniones de la comunidad en la quiete[Notas 6], y la carta que él mismo escribió al General cinco años después, en que describe con tintas muy negras su rechazo a la vida “criminal” -según él- que viven los religiosos de la Provincia (véase el capítulo siguiente). Estos dos documentos nos indican que el P. Faustino no se halla en buenas relaciones con la comunidad y que sospecha que quien le sustituya en el Capítulo Provincial desempeñe a su gusto ese importante cometido de representante de la comunidad. Esto supuesto copiamos la traducción:

“Aunque reconozco como un honor ser Vocal de esta Casa para el Capítulo Provincial que se celebrará en Madrid el primero de julio de este año en curso, y aunque me sería muy grato cumplir con tal delegación, procediendo según creo servir más a esta casa y a nuestra Congregación, renuncio a tan alta función y a todo aquello que es conforme a Derecho, con motivo del análisis de las aguas de esta región, cuyas conclusiones debo escribir a solicitud y por orden tanto de los protectores de esta casa como el Ayuntamiento de Sanlúcar. Por consiguiente, ya que en dicho Capítulo el papel (la persona) del Vocal debe ser representado dignamente, me reservo íntegramente el derecho de desempeñar en dicho Capítulo el oficio de Vocal y de librarme de todas las demás ocupaciones. Os ruego, Rdos. Padres Capitulares, que admitáis el motivo que me mueve y que en consecuencia nombréis un Adjunto en mi lugar. Sanlúcar 23 de junio de 1872”[Notas 7].

Supuesta esta interpretación del texto, que creemos justa, nos hallamos ante otro documento significativo: expresa un concepto de autosuficiencia y de sospecha de que el que escojan no le represente de un modo que sea de su agrado y que esté conforme con sus ideas. En todo caso insinúa que él no está del todo encajado en la atmósfera de la comunidad. El aspiraba a mucho más en sus sueños de reforma.

7.3. Vivencia de la vida sobrenatural

De esta primera permanencia del P. Faustino en Sanlúcar, que se prolongó durante cuatro cursos escolares, tenemos algunos datos, no muchos, sobre su vida religiosa. El primero nos lo proporcionan los informes oficiales del Padre Rector. Citaremos sólo dos. El primero habla de su observancia religiosa con amplia aprobación:

“Su cumplimiento en el destino (director de los internos) es muy bueno. Su cumplimiento en la observancia religiosa muy bueno. La conducta literaria y religiosa muy buena”.

El segundo habla de un hecho que el Superior juzga negativamente. El balance es muy positivo:

“Religioso observante a excepción de su asistencia a la quiete (sala de recreo de la Comunidad). Se confiesa con frecuencia”[Notas 8].

El P. Vilá interpreta su falta de asistencia a la quiete como afán de estudio. Sin excluir esa interpretación, veremos después lo que puede ser más verosímilmente la causa de su retraimiento del esparcimiento común[Notas 9]. Pero el dato que no admite tergiversación es la frecuencia de la confesión. El P. Faustino seguía tomando en serio su santificación: vivía su fe y atendía a su conducta frente a Dios. Este solo dato nos pone en la pista de lo que vamos a comentar a continuación. No son, pues, muchos los datos, pero significativos.

7.4. La revolución

El siglo XIX español es una continua agitación social con momentos de revolución violenta. El P. Faustino había vivido ya varios estallidos de la misma[Notas 10]. La que vivió en carne propia fue la de 1873, cuando se proclamó la República, tras la abdicación de Amadeo de Saboya.

La República fue el caos. Las provincias, incluso las ciudades se declararon autónomas y se impuso lo que se llamó el “cantonalismo”. Aquellos “cantonales” desataron una violenta revolución, quemando iglesias, asaltando conventos y cometiendo atropellos contra los religiosos y sacerdotes.

No fue una excepción nuestro colegio de Sanlúcar. El P. Antonio Miguel Escolano, connovicio del P. Faustino, secretario de la casa, escribió lo siguiente:

“El 30 de junio, a las seis de la mañana, por orden de la internacionalista (sic), instalada la noche anterior, fuimos conducidos por la turba armada a la Casa Cabildo; ante la dicha Junta se nos intimó la prisión. El Sr. D. Rafael Ortega fue el único que lleno de valor se presentó en la misma casa y suplicó que se nos concediese ir a su casa, lo que fue concedido. Allí estuvimos todo aquel día hasta las cuatro de la mañana del día siguiente, en que faltos de todo y sin permitírsenos volver al Colegio, ni que se nos trajera siquiera el breviario, nos dirigimos a Sevilla, acompañados únicamente de un criado, Juan Antonio Gómez. Ocho fuimos los que sufrimos semejante vejación: Manuel Pérez (Rector), Modesto, Faustino, Blanco, Rafael Vinuesa y los Hnos. Operarios Bernardo y Constantino y el que suscribe”[Notas 11].

El historiador de Sanlúcar don Pedro Barbadillo añade otros detalles. Fue el P. Manuel Pérez el que se defendió de las groseras inculpaciones que le dirigían los revolucionarios, los cuales quedaron subyugados por la superioridad moral e intelectual de sus presos[Notas 12].

Así salió de Sanlúcar el P. Faustino, el religioso a quien un año antes las autoridades habían declarado “hijo adoptivo” del pueblo.

Notas

  1. De Sanlúcar de Barrameda salió Cristóbal Colón en su tercer viaje a América, y a él arribó Juan Sebastián Elcano, después de haberle dado por primera vez la vuelta al mundo.
  2. Cfr. Vilá, pp 77, 78. El estudio del P. Faustino se publicó ese mismo año en Sevilla, imprenta de Juan Moyano. Tenemos un ejemplar a la vista. Es un estudio que justifica el calificado de sabio que hemos dado a su autor.
  3. Con el tiempo el P. Faustino volvió a Sanlúcar y siguió con sus trabajos terapéuticos. Entonces fueron esos mismos facultativos sus peores enemigos, porque los dejó en mal lugar ante el pueblo (Cfr. Vilá, p 80). Véase allí también la alabanza que el doctor Manuel Pizarro tributó a la competencia y sobre todo a la modestia del P. Faustino.
  4. Basta leer el libro “La diabetes es curable” del P. Faustino, escrito y publicado el año de 1909, para convencerse uno de la perfección a que llegó en las experiencias científicas.
  5. En el “Libro de acuerdos” de la comunidad consta que renunció dos veces a ser Procurador de la Casa (Cfr. Vilá, pp 75c y 76e).
  6. Cfr. Vilá, p 64, nº 3. La palabra “quiete” significa descanso y en el lenguaje de los escolapios “lugar o sala de descanso”.
  7. Transcribimos en seguida el párrafo del latín de traducción dudosa (a partir de “por consiguiente”). “Modo tamen in iisdem Comitii persona geratur digne, aliis mihi me occupationibus exsolvendi illiusque in praedictir Comittis vices gerendi jus integrum servo”. Vilá, p 77.
  8. Cfr. Vilá, pp 64, 65. El paréntesis es nuestro.
  9. Véase en el capítulo siguiente la carta al General en que le pidió ir a la Argentina, en la que expresa un fuerte rechazo al modo cómo se vivía entonces la vida escolapia
  10. Habían sido los de los años 1835-1837, siendo niño; los de 1854, y los de 1868, año de su salida de Getafe para Celanova.
  11. Cfr. Vilá, p 81, 7a.
  12. Cfr. ibídem, pp 81,82.