EstudioPsiquicoEspiritual/08 Anhelos de reforma. En medio de la relajación. El Escorial, 1873 – 1875

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07 El sabio. Primera estancia en Sanlúcar de Barrameda 1869 – 1873
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8 Anhelos de reforma. En medio de la relajación. El Escorial, 1873 – 1875

No entra en el objeto que nos hemos propuesto acumular datos sobre la llegada y permanencia de los escolapios en el célebre monasterio del Escorial. Nos interesa únicamente seguir la evolución humana y espiritual del P. Faustino.

Llegó éste al Escorial después de haber sido expulsado de Sanlúcar y tras una corta permanencia en el colegio de San Fernando, de Madrid. Los superiores se fijaron en él, porque necesitaban religiosos beneméritos y competentes para satisfacer las expectativas de los que anhelaban la presencia de los escolapios en lugar tan visible de España. En la lista de la comunidad elegida figuran nombres que han pasado a la historia de la Orden con méritos propios[Notas 1].

En el Escorial desempeño el P. Faustino el comprometido cargo de bibliotecario de una de las bibliotecas más famosas del mundo. Es seguro que aprovechó el tiempo que permaneció en este puesto para estudiar temas que le interesaban. No sabemos exactamente cuáles fueron, aunque se ha fantaseado sobre el asunto. Pero es seguro, dado su amor al estudio, que no desaprovecharía la ocasión de profundizar en los que le interesaban.

Permaneció allí hasta que –otra vez por sucesos políticos- los escolapios tuvieron que salir de allí, por Real Orden, en enero de 1875.

8.1. Anhelos de perfección religiosa. De nuevo aparece el reformador

Mucho más tonificante que el mundo movedizo de la política es el mundo del espíritu. El P. Faustino era un hombre espiritual, denso y macizo. Él no podía vivir nadando entre dos aguas. Años después pondría en práctica una filosofía de la vida que puede enunciarse así: ¡Ser o no ser! Filosofía para almas escogidas y corazones intrépidos en luchas más decisivas que las políticas.

Los tiempos que le tocaron vivir eran “tiempos recios”; la vida española de entonces no era de héroes sino de decadentes. Pocos siglos espiritualmente más pobres que el XIX, la vida religiosa se vio muy afectada en sentido negativo por la inseguridad material, por las exclaustraciones y expulsiones de los conventos, realizadas por los gobiernos, así como por la desorientación personal[Notas 2].

El P. Faustino se asfixiaba en tal atmósfera de mediocridad. El la calificará más duramente, conforme a su carácter. Vamos a leer una página que salió de su pluma durante su primer año de permanencia en el Escorial; dirigida al Padre General:

“Al ver que la inobservancia y el crimen han prescrito por su impunidad en esta desgraciada Provincia castellana, y al saber con verdadera fruición, por alguna carta, que en la República Argentina se observa nuestra Regla primitiva, no puedo menos que suplicar a V. Rma. Se digne manifestarme si es cierta dicha reforma y darme, en tal caso, su licencia, órdenes y bendición para incorporarme a dicha naciente Provincia argentina. Que no me ha traído, Rmo. Padre, la Sma. Virgen a un teatro de criminales impunes ni para alternar con ellos, sino para trabajar con su grey predilecta y salvar mi alma, que quiero salvar a toda costa.
Espera rendidísimo sus instrucciones, ´órdenes y bendición, este su humildísimo hijo en J.C., que besa su mano, Faustino Míguez”[Notas 3]

Tampoco estas palabras tienen desperdicio para el conocimiento de la personalidad del P. Faustino. De nuevo nos choca su dureza en la expresión. ¿Cómo entender el calificativo de “criminales”, dado a sus hermanos? Y remacha el clavo con el adjetivo “impunes”. La impunidad era para él otro crimen intolerable. Esta fue otra de las ideas más fuertemente arraigadas en su mente, la exigencia de reparación mediante el castigo. Una muestra de lo que decimos nos la proporciona él mismo en este documento, al afirmar que no quiere ni alternar con los que él llama criminales. Con estas ideas le resultaría dificil asistir a la recreación, ausencia que señaló el Rector de Sanlúcar en el informe que expusimos en el capítulo anterior.

Este rasgo es negativo, puesto que el aislamiento no resuelve ningún problema de la vida comunitaria y amarga la existencia del que se aísla y la de los demás. El P. Faustino se consolaba pensando que con cambiar de lugar hallaría hombres diferentes.

Pero debe atenderse también al anhelo de perfección y a la necesidad de reforma que manifiestan las palabras trascritas arriba. Por eso he recibido “con verdadera fruición” la noticia de que el P. Ramón Cabeza, otro Quijote del ideal calasancio, se haya en la Argentina tratando de vivir la Regla primitiva de la Orden. Estas palabras nos manifiestan además el sufrimiento interno en que vivía en aquel momento. El origen de ese sufrimiento no podía ser otro que el –parta él- tristísimo espectáculo de hombres que ignoraban y despreciaban el objetivo que ellos mismos habían señalado a su vida.

No obstante, no debemos creer que aquellos religiosos estuvieran corrompidos. Se trata de una apreciación subjetiva del P. Faustino, hecha desde un mundo interior exigente, monolítico, aunque consecuente. Esta actitud, aunque negativa, tiene un aspecto positivo; pero no puede servirnos para condenar a todos sus hermanos. Sin olvidar por eso que, conforme a los datos que poseemos, la vida religiosa pasa entonces en España por un mal momento[Notas 4].

8.2. Ser o no ser

Debemos advertir también que el foco de su exigencia era de naturaleza religiosa. No teme en afirmar que lo que él busca es salvar su alma, “a toda costa”. Para eso él exige radicalidad y entrega a trabajar por la grey. Este rasgo es altamente positivo y esperamos que en el porvenir vaya creciendo y totalizando sus energías psíquicas hasta absorber el otro rasgo negativo. Advirtamos al mismo tiempo el lugar en que él coloca a la Santísima Virgen en su vida religiosa. No es cosa baladí: afirma que ha sido la Santísima Virgen la que le ha traído a la vida religiosa. Él sabía por qué afirmaba eso. Nosotros aseguramos únicamente que este puesto en que él coloca a la Virgen está de acuerdo con la espiritualidad calasancia.

Estas palabras escritas en El Escorial nos confirman en la idea de que el P. Faustino vivía la exigente filosofía del “ser o no ser”. Absolutamente hablando es la verdadera postura ante Dios. Pero es comprometida para el que la profesa, porque le coloca en la expuesta posición del que puede recibir como respuesta la palabra de Cristo: “Tú ves la paja en el ojo ajeno pero no estás seguro de que en el tuyo no haya una viga”.

Realmente el P. Faustino era un hombre a quien la vida religiosa relajada se le hacía invivible; ansiaba sinceramente la perfección. Pero no podríamos afirmar que ya la poseyese.

Por eso su vida era aún ambigua: por un lado acusaba sin atenuantes a los relajados, llamándoles “criminales”; de otro existían en su manera de proceder rasgos de inmadurez. Los hemos señalado a su tiempo.

Queda, pues, mucho que hacer en esta vida generosa, para terminar su pulimiento, llevándola hasta la mansedumbre de Cristo, ¡el cual jamás fue huraño con los pecadores y convivió con ellos!

Notas

  1. Son los PP. Anastasio García, autor de varios libros de piedad que se leyeron mucho por aquellos días, el P. Calixto Soto, también autor de libros de piedad y de pedagogía, y sobre todo el P. Vicente Alonso Salgado, luego Obispo de Cartagena.
  2. Ya conoce el lector al P. Pedro Álvarez, quien palpaba esta desorientación e intentaba ponerle remedio. En una carta al General, Calasanz Casanova, le dice estas palabras: “El malestar se va haciendo crónico, por haberse desmoronado completamente el principio de autoridad; el espíritu del siglo se va infiltrando en el claustro, y no se halla quien mande con gusto, porque falta quien obedezca por conciencia. Hay una profunda sima entre antiguos y modernos, imposible de rellenar, producida por la interrupción de doce años en que estuvo nuestra Corporación sin admitir gente y también por no haber al frente de los nuevos reclutamientos sujetos de edad y de experiencia… V. P. Reverendísima sabe mi modo de pensar en esta parte; por no haber querido o podido expulsar a tiempo a los elementos perturbadores, el mal ha crecido hasta lo sumo, pues las circunstancias de los tiempos hacen que no sean aplicables otros remedios y al fin y a la postre o habrá que acudir a aquel o nos hundiremos irremediablemente”. (Cfr. Anselmo, I, pp 121, 122). Aunque estas palabras fueron escritas en 1869, el mal seguía, porque tales males no se remedian en dos días.
  3. Cfr.Vilá, pp. 78-79
  4. Véase nota 2