EstudioPsiquicoEspiritual/09 Gobernante eficaz, pero polémico. Monforte de Lemos, 1875 – 1879

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08 Anhelos de reforma. En medio de la relajación. El Escorial, 1873 – 1875
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EstudioPsiquicoEspiritual/09 Gobernante eficaz, pero polémico. Monforte de Lemos, 1875 – 1879
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10 Rasgos de su personalidad en la primera fase de su vida
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9 Gobernante eficaz, pero polémico. Monforte de Lemos, 1875 – 1879

Llegó el P. Faustino a Monforte (Lugo) rebotado de El Escorial por obra de la convulsionada política española del siglo XIX. Volvía a su tierra gallega, a un viejo monumento arquitectónico convertido, como el de Celanova, en “escuelas pías” por el sino de los tiempos. Estudiemos la evolución de su personalidad en los años que allí vivió.

9.1. Gobernante eficaz: defensa del Colegio

Había pedido ir a la Argentina y alguien le dijo: tu “América” está en Monforte. Y le nombraron Rector del Colegio. Dice el P. Vilá que tal vez se ilusionó con poder realizar allí la reforma en que soñaba, teniendo en sus manos la autoridad. Pero se vio enredado en problemas muy distintos de una reforma religiosa, sin que esto quiera decir que descuidara la misma. El, al menos, iría delante de los religiosos con el ejemplo. Tomó posesión la víspera de la fiesta de San José de Calasanz.

Su gestión tuvo que empezar por apuntalar la ruinosa economía del colegio. El Municipio no cumplía las estipulaciones pactadas en la fundación y el colegio se moría por inanición, en vista de lo cual el Rector empezó a obrar como él lo hacía. Dirigió un oficio al Municipio en el que exigió el cumplimiento de las estipulaciones. Al mismo tiempo acudió al Padre Provincial, que las había firmado. Y visto que la actitud del Municipio continuaba ignorándolas, el Rector y el Provincial determinaron –de común acuerdo- cerrar el colegio. Se procedió con cautela. Algunos padres sin ser notados, salieron hacia un pueblo cercano. Cuando todo estaba a punto según el plan prefijado, el día 23 de agosto de 1876 puso al amanecer, en la puerta del colegio, este aviso:

“A pesar de lo anunciado al público con fecha 3 de los corrientes, nos vemos en la precisión de manifestar a los alumnos inscritos en la matrícula de este colegio que de orden superior no se celebrarán en este establecimiento los exámenes extraordinarios del próximo septiembre y hasta queda también en suspenso la Primera Enseñanza.
El Instituto Provincial de Lugo está oportunamente avisado para que se digne admitir a sus exámenes a los alumnos de este colegio que lo soliciten.
Monforte 23 de agosto de 1876. Director, Faustino Míguez”[Notas 1]

El pueblo leyó aterrado este aviso. El P. Rector explicó la causa de semejante determinación: el responsable era el Municipio. Este había quedado entre la espada y la pared y tuvo que rectificar. Se vio obligado a escribir al P. Provincial prometiéndole que cumpliría lo estipulado en el contrato de fundación del colegio. El P. Faustino había calculado bien: el pueblo no toleraría verse privado del colegio de las Escuelas Pías. En vista de que el Municipio había cedido, anunció que se había dado principio al examen de los niños[Notas 2].

Pero al cabo de dos años se presentó otro problema con el Municipio. Este no había digerido la humillación del año 1876 y esperaba dar un contra-golpe. Se agarró al hecho de que el Padre Rector mandó plantar unos árboles en el campo llamado “de la Compañía” situado frente a la fachada del colegio, convencido de que era de la comunidad.

El Municipio le dirigió inmediatamente un oficio en el que le pidió explicaciones del hecho, afirmando que el campo era suyo. Hubo sesiones del cabildo muy movidas. Pero el P. Faustino sorprendió al Municipio enviándole una carta en la que exigió que en el término de ocho días desalojara un edificio que el colegio había alquilado a aquél para escuelas. Dirigió además otra comunicación en la que exigió retirar las farolas que sin permiso del Rector se habían puesto en el campo de la Compañía, objeto de litigio. Contestó el Municipio que dicho campo era suyo.

Ante eso el Rector, de común acuerdo con la comunidad nombró un abogado para defender los derechos del colegio. El Municipio recurrió al Gobernador de la Provincia y el Rector hizo lo mismo, exponiendo la base jurídica de sus actos y pidiendo en consecuencia que se suspendiesen los acuerdos del Municipio. El Gobernador dio la razón al Padre Rector y el Municipio tuvo que suspender sus acuerdos, obligado por una comunicación del Juez de Primera Instancia y luego por el Gobernador Civil.

El P. Faustino había triunfado totalmente. Alguien del Municipio pidió acudir al Ministro, en Madrid, pero se le impuso la cordura y se llegó a un acuerdo amistoso[Notas 3].

De nuevo había demostrado el P. Faustino su conocimiento de las leyes; además había dado una espectacular demostración del método que él empleaba en las lides jurídicas. Obraba calculando fríamente, con serenidad, sin nervios, pero sobre bases legales firmes; redactaba oficios lacónicos, precisos, cortantes. Y había que responderlos en el mismo tono. Veamos uno:

“Necesitando este Colegio el edificio de su pertenencia donde se halla la escuela pública, y habiendo terminado el plazo por el que se le había alquilado al Municipio de su digna Presidencia, se servirá V. Señoría mandar desalojarlo en el término de ocho días y acusarme recibo de haberlo así reclamado. Dios guarde a V. S. muchos años”[Notas 4].

Es esta una lucha en la que aparentemente falta el corazón. El P. Faustino daba, efectivamente, durante la lucha jurídica, la impresión de que no tenía corazón. Pero terminada ésta, aparecía magnánimo, no conservaba recuerdo del debate jurídico y entonces aparecía el corazón. No era él quien había ganado, sino “la ley”; se había restablecido el orden jurídico turbado. Una vez puestas las cosas en su sitio, el P. Faustino era otro hombre; ya no tenía enemigos y resultaba el padre cariñoso con los hijos de sus rivales legales. Se hacía temer por esta su manera rígida de proceder cuando manejaba la ley; pero después era fácil verle convertido en otro ser distinto.

Tenemos, pues, en su personalidad dos rasgos que a primera vista parecen contrarios: duro y paternal; exigente y benigno. Pero no son esos rasgos los únicos que parecen contrarios. Es también un hombre práctico, eficiente en el manejo de negocios de orden material, económico, administrativo, y a la vez –lo hemos visto- era un idealista, un soñador, un quijote. Eran rasgos complementarios de esta personalidad rica y compleja, o mejor, compleja porque era rica. Su tarea será armonizar todas estas tendencias y ponerlas en la misma dirección: ¡la indicada por su vocación!

9.2. Las renuncias del cargo de Rector

Hay algo que llama la atención al estudio de la vida del P. Faustino: el número de veces que renunció a cargo de Rector. Oigamos al secretario de la Congregación Provincial:

“En la Junta del 8 de septiembre (1877) se leyó la carta del Rmo. P. Vicario sobre si convenía admitir la renuncia de Rector que por sexta vez había presentado el P. Faustino Míguez, y se acordó dejarlo a la decisión de dicho Reverendísimo”[Notas 5].

¿Por qué este empeño en dejar el cargo? Observe el lector que la renuncia es la sexta y que es de septiembre de 1877. Esto quiere decir que la primera debió de presentarla al poco de haber tomado posesión. ¿Por qué ese desánimo?

No es fácil responder a esta pregunta. Se han pensado varias explicaciones: que tenía una conciencia clara de las reacciones que producía en los súbditos su dura manera de ser; que amaba el silencio y el estudio y el cargo se los hacía imposibles. Estas explicaciones tienen fundamento en hechos que ya hemos comentado. Pero creemos que fue el mismo P. Faustino el que nos dio la verdadera causa en una carta que envió al Padre General, Mauro Ricci, en 1891:

“No dudo que las Congregaciones Romanas fallarán contra mí y en favor de los Superiores, como suelen hacerlo y lo hicieron en la subsanación subrepticia de nulidad, si es que la nulidad puede ser subsanada, de los Capítulos Provincial y General de 1869. Si no, dígame: ¿es válida elección alguna hecha con votos dudosos o más aún nulos? Pues así se hicieron las elecciones del Provincial y de los Vocales en el Capítulo Provincial de las dos Castillas en el referido año. Así se hizo la elección del Vicario General y así todas las elecciones siguientes hasta este momento. Y con tal subsanación se fundamentó la reforma de nuestro nuevo sistema de gobierno…Por eso yo renuncié al Rectorado, y reelegido de nuevo, volví a renunciar, aún con la promesa del Provincialato próximo y renunciaré mil veces en conciencia cuanto me ofrezcan; ni oiría confesiones, si no tuviera unas licencias anteriores a estos hechos”[Notas 6].

No es fácil comprender esta posición del P. Faustino, puesto que la subsanación la concedió el mismo Papa Pío IX, si era necesario concederla. El núcleo de su argumentación es su creencia subjetiva que el Capítulo había sido nulo y que la nulidad no puede subsanarla ni el Papa. Ya vimos esta su posición. Pero, si él la creía cierta, ¿cómo fue que admitió el Rectorado y cómo fue que obró como Rector en tantos actos jurídicos, como acabamos de ver? ¿Por qué obedeció al Padre Provincial, si le creía ilegítimamente nombrado? ¿Por qué aceptó ser reelegido como Superior de Monforte en 1878?[Notas 7] . Para nosotros esto es un misterio, pero no nos cabe duda de que sus renuncias obedecieron a esta su posición jurídica subjetiva, como demuestra el documento citado.

Pero también esto, siendo inexplicable (al menos para nosotros), nos está mostrando el fondo de la “conciencia” del P. Faustino y fundamenta también muchas cosas que hemos indicado en páginas anteriores.

Mas también debió querer dejar el cargo por las reacciones de sus súbditos ante su modo exigente de gobernar. La reacción adversa existió. Veamos un informe que mandó él al Provincial:

“Afirmo con juramento que, al menos que me equivoque, en el curso de 1875-1876 (primero de su Rectorado) los Padres X y X han cumplido bien su deber; en cambio los Padres XX y X han cumplido mal con el suyo. En cuanto al P. X, no sé qué decir. Monforte 1 de julio de 1876”[Notas 8].

Observe el lector: dos cumplen bien; tres cumplen mal, y uno es indefinible para él. No era, pues, grande el éxito de puertas adentro, cuando su éxito de puertas afuera fue tan sonado. Eso debía ser un martirio para un hombre como él. La práctica le estaba enseñando que los hombres reales no se mueven al ritmo de las ideas. ¡Ojalá hubiera aprendido la lección!

9.3. El sacerdote escolapio

Vamos a colocarnos en otra perspectiva para conocer mejor al Faustino de la época de Monforte de Lemos: la perspectiva religiosa. ¿Cómo vivió su vida religiosa durante esos cuatro años, de 1875 a 1879?

Tenemos algunos datos precisos por tratarse de algunos documentos escritos por él mismo. Se trata de unas Preces dirigidas a la Santa Sede para conseguir algunas indulgencias para la Cofradía de la Vera Cruz, erigida en el colegio desde antes y revitalizada por él. Dice un historiador de Monforte que en el año 1878 fue “restablecida por los Escolapios la cofradía, siendo aprobado el nuevo reglamento el 6 de agosto por el Obispo de Lugo”[Notas 9]. Este reglamento fue escrito por el P. Faustino y no se contentó con eso sino que escribió al Padre General, Calasanz Casanova, para que apoyara su petición ante la Santa Sede. En esta Carta al General demuestra su amor a la Santísima Virgen y al Santo Fundador. Dice así:

“También desearía nos mandase por la próxima peregrinación una reliquia de Ntro. Santo Padre, para exponer a la veneración pública y, si pudiera ser, nos alcanzase el privilegio de la Bendición Papal para el último día de la novena del Sto. Padre y de la Virgen de las Escuelas Pías”[Notas 10].

Era la manera de propagar entre los fueles las dos devociones escolapias: la del Fundador y de la Reina de la Orden. No sólo pedía por eso, sino que su visión era más amplia. Leamos lo que decía en las Preces a la Santa Sede:

“El P. Faustino Míguez…, Presidente de la Cofradía de la Vera Cruz y de la Sata. Espina de Ntro. Señor Jesucristo, erigida en la iglesia del Colegio, deseando promover cada vez más el culto de estas preciosas reliquias y anhelando infundir profundamente en el alma de los fieles el misterio de la Pasión y Muerte de Ntro. Señor Jesucristo, cree que merece la pena enriquecer y fortalecer dicha Cofradía con el tesoro de las indulgencias”[Notas 11].

Lo más significativo de esta petición es su empeño en poner a los fieles en contacto con los misterios de la Pasión y Muerte del Señor. Eso era meterlos en el corazón de la fe cristiana y alejarlos de tanta devoción superficial y sensiblera propia de aquella época. Y se nota que todo el tesoro de indulgencias que pedía para los fieles no tenía otro objetivo que acercarlos al Señor y a su Santísima Madre, tan mezclada con el misterio del Verbo Encarnado. Con esto puso de manifiesto que vivía el aspecto sacerdotal del carisma calasancio.

9.4. Descubre las propiedades curativas de las plantas

Hemos dicho que en Sanlúcar estudió las propiedades curativas de las aguas del pueblo. En Monforte empezó a buscar la fuente de la salud en las plantas. ¿Por qué cambió de dirección en sus investigaciones? Creemos que lo que le señaló su nueva y definitiva orientación en busca de medicinas fue la intuición que poseyó como don innato. Tuvo esa intuición en dos cosas: en diagnosticar la enfermedad y en hallar dónde había puesto Dios -así lo creía él- el remedio mejor. El P. Faustino, según eso, fue un médico y un terapeuta nato. A eso añadió una inquietud científica notable. Estudiaba y experimentaba de continuo, ahondando en lo que le daba la intuición. Por ese camino, sin que podamos dar más detalles, fue introduciéndose en el mundo de la medicación a base de plantas. No podemos, pues, documentar el proceso que siguió en el cambio, pero existió y conocemos las consecuencias.

Veamos algún testimonio sobre los comienzos de sus experiencias en cuanto a las propiedades medicinales de las plantas:

“Desde estos tiempos de una manera preferente dirige sus experiencias y prácticas al conocimiento más profundo de la Botánica y las propiedades medicinales de las plantas, donde –según él- la Providencia ha colocado el remedio de todas las enfermedades”[Notas 12].

Vivía en un sitio que era remanso de paz, propicio al estudio, del que dice el P. Cerdeiriña:

“En aquella deliciosa huerta del colegio Calasancio de Monforte, donde los escolapios dedicados a la lectura de los clásicos han encontrado un Rubicón en el pequeño riachuelo (el Cave) que atraviesa la finca y un Parnaso en uno de los ángulos del frondoso vergel… y donde los literatos y poetas del Colegio han encontrado un remanso de quietud y solaz…, el P. Faustino (encontró) veneros riquísimos para su especialidad médica”[Notas 13].

Y es el mismo P. Cerdeiriña el que nos refiere los primeros éxitos que conocemos del ejercicio médico del P. Faustino.

“Aún viven los que me han referido con gran lujo de detalles la curación de un niño, ya desahuciado de los médicos y hecho todo su cuerpo una llaga; curación que hizo el P. Faustino Míguez en el breve espacio de cuatro días. Y en el mismo Monforte, donde había realizado esta buena obra, hozo otra que yo le oí al mismo P. Faustino y que tuvo lugar en un caballero atribulado por enormes padecimientos, que en él habían tomado carta de naturaleza y a quien fue acompañando por todo el Colegio y por fin le llevó a la huerta. Y cuando le tuvo delante de las plantas medicinales, que habían de darle la salud, le dijo que estaba de aquella manera porque quería, pues el remedio lo tenía en la mano. “Estas plantas –le dijo- lo pondrán a usted bueno, si se medicina con ellas”. Al poco tiempo volvía aquel caballero a dar gracias al Rector del Colegio por su salud”[Notas 14].

De estos hechos parte la multitud de curaciones, muchas de ellas asombrosas, que realizó a lo largo de toda su vida, cuyo eco ha llegado hasta nosotros. Yo mismo las oí, estando en la “Cárcel de Las Ventas” de Madrid, en 1936, de labios de un sacerdote que había conocido a un señor beneficiado con una de esas “maravillas” que dejaban boquiabiertos a los que las oían.

Fue pues, en Monforte donde, convencido de la eficacia de sus hallazgos, se lanzó abiertamente al ejercicio de la medicina, pero con cautela, pues la experiencia le vino a aconsejar prudencia, ya que no poseía títulos académicos que le garantizasen el ejercicio pacífico de la nueva posibilidad humanitaria y apostólica que Dios y ciencia le proporcionaron.

Notas

  1. Cf Vilá, p 104
  2. Cfr. Ibidem, pp 91-92.
  3. Cfr. Ibidem, pp 03-95.
  4. Cfr. Ibidem, pp 105
  5. Cfr. Ibidem, p. 103, f.
  6. Cfr. Ibidem, pp 217 y 218. Vea el lector el latín que hemos traducido: “Nec dubio Romanae Congregations contra me judicarent, favendo Superoribus, ut solent et fecere in subrepticia subsanationes nullitatis, si nullitas subsanare posset, nostrorum Capitulorum Provincialis et Generalis 1869. Di mihi sin autem: Estne valida aligua electio facta suffagio dubio, immo vero nullo? Nihilominus sic factae sunt electiones Provincialis et Vocalium in Capitulo Provinciali utriusque Castellae anno praefato. Sic electio Vicarii Generalis et sic ítem omnes electiones subsequentium adusque: talique subsanationes stabilita est innovatio nostri novi systematis gubernii!...Quapropter ego rectoratum dimissi, rector que iterum renuntiatus, iterum dimissi, vel promisiones proximi Provinialatus, et millies coscintia dimittam quantum mihi offerant; nequidem confessiones audirem, si licentias praecedentes non haberent”.
  7. Cfr.Vilá, p 96.
  8. Cfr.Vilá, 95, nota 50. El paréntesis es nuestro.
  9. Cfr. Ibidem, p 93.
  10. Cfr. Ibidem, p 106.
  11. Cfr. Ibidem, p 107.
  12. Cfr. Del Álamo, 1, pp 114, 115 y 117.
  13. Cfr. Cerdeiriña, pp. 44 y 45.
  14. Cfr. Ibidem, p.44