EstudioPsiquicoEspiritual/11 Nuevo horizonte en su vida. Sanlúcar de Barrameda, 1879 -1884

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10 Rasgos de su personalidad en la primera fase de su vida
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12 Buscando la base de la nueva obra. Sanlúcar de Barrameda, 1885
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11 Nuevo horizonte en su vida. Sanlúcar de Barrameda, 1879 -1884

El P. Faustino llegó a Sanlúcar de Barrameda, por segunda vez, en 1879. Acababa de renunciar al rectorado de Monforte.

En Sanlúcar se entregó al trabajo como él sabía hacerlo. Libre de preocupaciones del rectorado, disfrutaba de nuevo del placer de comunicar a los niños su saber. Más allá de la clase, volvió a sus estudios y experiencia sobre las propiedades curativas de las plantas; tenía éxitos en la curación de los enfermos.

No parece que la actividad de su espíritu joven se redujera a eso. Era mucha la energía de sus cuarenta y ocho años. Además, la decepción que sentía por no poder elevar a donde él quería el nivel de vida religiosa de sus hermanos, no había tocado siquiera su alto ideal de reforma. Ese anhelo se va a transformar. Es como su alto ideal de reforma. Ese anhelo se va a transformar. Es como una corriente de agua que encuentra un obstáculo en su camino; pero sigue adelante buscando un rodeo. El objetivo no cambia; sólo cambia la ruta. El carisma calasancio es parte de su ser. En este momento de su vida va a ampliarlo por caminos que él mismo juzgará extraños. En los momentos en que los hombres grandes cambian de rumbo, encontrando una nueva actividad que los realiza, es casi imposible dejar de pensar en la providencia de Dios.

El horizonte del colegio debió parecerle limitado apostólicamente ante la situación de aquella sociedad española de la segunda mitad del siglo XIX. Es una experiencia repetida en la Iglesia que los grandes hombres creadores de las obras apostólicas han sentido su inspiración en días aciagos, en momentos de hondas perturbaciones sociales. En la sociedad española se estaban gestando en aquellos días grandes cambios sociales con no pequeños dolores y quebrantos.

11.1. Se encuentra con el tímido brote de una obra social

Estando él revolviendo estas ideas en su espíritu, encontró no lejos del colegio de las Escuelas Pías una naciente obra apostólica: una escuela de niñas que dirigían dos señoras. El P. Faustino se interesó por ellas. Se dieron encuentros entre él y las directoras; éstas debieron advertir la riqueza que se les entraba por las puertas, sin haberla buscado; expondrían sus experiencias pedagógicas y sus ideales apostólicos. Se interesó el Padre y –al hablarles- expondrían sus propias ideas. Y surgió un propósito común: acudir a la jerarquía eclesiástica para pedir dos cosas: la aprobación de la obra y su conversión en un instituto religioso, para lo cual se les permitiera vestir un hábito. Acompañaron la exposición con un documento en que expusieron el objetivo que perseguían; prometían enviar la regla de vida. He aquí lo que escribieron:

“Dña. Francisca Martínez y Dña. Catalina García a V.E. con el mayor respeto hacen presente que ha muchos años se sienten llamadas muy especialmente de Dios para consagrarse a su santo servicio. Consultado su espíritu y sus deseos con sacerdotes dignísimos, ha merecido la aprobación de éstos y, animados por sus exhortaciones, vienen dedicándose al ejercicio de la enseñanza y de la caridad en esta localidad de Sanlúcar de Barrameda…
Suplican a V.E. que, visto el objetivo que se proponen y la regla de conducta que han de seguir, en los documentos que acompañan a esta instancia, se digne en su reconocida bondad aprobar su propósito y concederles la gracia de que puedan desde luego vestir el hábito”[Notas 1].

Como estas señoras carecían de cultura suficiente[Notas 2], el P. Faustino debió escribir la exposición. Con seguridad debió influir grandemente sobre ellas por su gran cultura, por su carácter y por su condición de sacerdote. La redacción de la súplica no implica sino la comunicación de ideas, no necesariamente su vinculación en el gobierno de aquella obra.

Escribieron el prometido documento y le titularon “Prospecto de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora”. Nótese en él lo primero que las peticionarias se llaman “Hijas de la Divina Pastora”. ¿Cometemos imprudencia al atribuírselo al P. Faustino? Creemos que no puesto que en la exposición anterior no figura. Estimamos que es la expresión de una devoción personal del P. Faustino.

Leamos parte de este documento, el primero emanado de esta incipiente congregación, que sólo existía en la mente de las asociadas y del Padre.

Su objetivo:

“Las Hijas de la Divina Pastora se consagran a buscar almas y a encaminarlas a Dios, ejercitándose al efecto en toda obra de caridad y con toda clase de personas.
Animadas de un espíritu apostólico y de una abnegación sin límites, acuden al socorro de las almas que las necesitan, y la obediencia les indica, arrancándolas, si es necesario, de las garras del enemigo y hasta con exposición de su misma vida, sin otro móvil que el de la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena…
No excluyen, por consiguiente, la erección y dirección de ningún establecimiento que responda a todos o a cualquiera de estos objetos.
Aceptan igualmente toda misión que al intento les encarguen los Sres. Obispos, Párrocos, asociaciones o persona caritativa, que tengan a bien costearla…
Nada en fin de cuanto directa o indirectamente contribuya a la práctica de la caridad en todos sus grupos y a procurar el bien temporal y eterno del prójimo, es ajeno a esta Congregación, que los irá realizando según las circunstancias se lo permitan…”

Su espíritu:

“Siendo la cooperación a la salvación de las almas, que es la más divina de las obras, su voto característico, proporcionan los medios a lo sublime de su misión, tan vasta como difícil, que les exige una muerte completa de sí mismas, con una abnegación sin límites y un total desprendimiento hasta de su propia vida.
Todas de Dios, se le consagran por los tres votos comunes a toda consagración religiosa, y por el suyo peculiar.
Muy penetradas de lo arduo de su misión, tienen que unir siempre a la sencillez de la paloma la astucia de la serpiente y una sin adulación con una prudencia tan discreta que les dé acierto en todas sus acciones…
Y “debiendo ser la voluntad de Dios en ellas”, no deben tener parte alguna en esta su conducta, su genio, su humor, su inclinación, ni su propio juicio, ni su razón; en todo tienen que ajustarse a lo que la obediencia les ordene…
Oyen diariamente la santa misa, se ejercitan en la oración mental, que es de una hora por la mañana y otra por la noche; en la vocal, que se reduce al Oficio y Rosario de la Sma. Virgen y algunas más que se expresan en sus Reglas…”[Notas 3].

Quien conozca el estilo y las ideas del P. Faustino, por haber leído sus escritos de épocas anteriores, reconocerá sin dificultad su mano no sólo en la redacción sino en las ideas. Ahí está el idealista y el soñador que conocemos; sigue siendo el mismo. A pesar de sus amargas experiencias pasadas, no tiene en cuenta las resistencias provenientes de la debilidad de las personas concretas, ni de la sociedad en que vive inmerso. La circunstancia que lo envuelve y lo determina y debilita no está presente aún en su mente. Ese ideal es etéreo y demasiado ambicioso. En esto último se advierte la ambición apostólica, casi infantil, de las dos señoras, que sonaban en la misma línea del idealismo del Padre.

El Arzobispo pasó el mencionado Prospecto al Obispo auxiliar, para que lo estudiase, y su informe coincide con nuestro juicio:

“La obra es demasiado vaga; todo, todo lo abarcan las buenas mujeres, que intentan nada menos que añadir un instituto más a los muchos de todas clases y de todo linaje de necesidades que hay en la Iglesia Católica”.

Habla luego de la incultura y falta de cualidades de las dos señoras, y añade:

“Ambas son pobres y deben tener presente que la situación económica de Sanlúcar es harto triste; allí no hay más negocio que el comercio de vinos y éste se halla en una paralización completa”[Notas 4].

El Obispo se refiere a la base económica de la naciente obra; quiere que se proceda con prudencia, porque Sanlúcar es un pueblo pobre. La Iglesia desea que las personas consagradas vivan pobremente, evangélicamente, como Cristo. Pero una Comunidad exige una base económica mínima[Notas 5]. Y el P. Faustino, ¿tenía ese espíritu “evangélico”? La radicalidad del capítulo sexto de San Mateo[Notas 6], aún no. Era un idealista, pero el idealismo no es el espíritu evangélico. Mas como él, además de idealista, era pragmático, lo veremos atender a este aspecto económico con la exactitud de un buen gallego.

En vista del aludido informe, el Arzobispo no aprobó la petición y aconsejó limitar el objetivo:

“Ha creído conveniente aplazar para más adelante la aprobación… sin perjuicio de que las congregadas continúen…cumpliendo sus Reglas, de las que mandarán un ejemplar a esta Secretaría… y convendría que se reduzcan a un solo género (de apostolado), ya de enseñanza, ya de beneficencia”[Notas 7].

Antes de terminar el año 1884 –en octubre- el Cardenal Ceferino González visitó Sanlúcar, conoció la obra y debió agradarle. El P. Faustino habló dos veces después de algo que debió pasar entre ambos. En realidad el Cardenal González empezó a tejer la trama que convirtió al P. Faustino en fundador de una Congregación Religiosa. En efecto, escribiendo años después al P. General Adolfo Brattina, le decía:

“Instado en 1885 por el Emmo. Cardenal González a que me encargase de redactar las bases de la Congregación de Hijas de la Divina Pastora…”[Notas 8].

Y en otra ocasión escribió a Sor Ángeles y le dijo:

La obra fue “la realización de un ideal de S. Emcia. Rma. el Cardenal Ceferino González que sugirió y aprobó sus bases y después sus reglas con un encomio que supera a todo” [Notas 9].

En dos ocasiones habla el P. Faustino de las Bases. Se trata de poner por escrito las ideas básicas sobre las que iba a edificarse aquella obra. Las escribió el Padre y se las envió en noviembre, solicitando la aprobación, con la firma de las asociadas. Este documento insiste en las ideas que había expuesto en el Prospecto, hasta tal punto que tiene la misma distribución: habla primero de objetivos y luego del espíritu, insistiendo en lo dicho, casi con las mismas palabras. Tiene la novedad de que habla ya de la enseñanza entre las obras apostólicas futuras, pero el objetivo sigue siendo amplio y vago:

“Para evitar que la inocencia del corazón se pierda en las tinieblas de la ignorancia, se dedicarán a la enseñanza de jóvenes y de adultas, externas, colegialas o asiladas, de cualquier clase y condición y a las horas y en los puntos que más convenga.
También, para que el remedio de las necesidades corporales facilite el de las espirituales, asistirán a domicilio a los enfermos que lo soliciten, disponiéndolos…para que reciban los Sacramentos.
Ni rehusarán tampoco dirección ni comisión alguna que en armonía con su objeto les confieran personas o corporaciones que tengan a bien costearlas”[Notas 10].

Como se ve, caía en la misma objeción de vaguedad que le hizo el Obispo Auxiliar al Prospecto. ¿Respondió esa amplitud a un vago ideal del P. Faustino? En todo caso la experiencia posterior le hizo concretarse a la enseñanza, pero sin desechar totalmente otros ministerios.

11.2. Aprobación de las bases y nombramiento del P. Faustino como director.

Una vez que el Cardenal había visto la obra y conocido su espíritu -lo que para él fue lo más importante- advirtió el valor del dignísimo sacerdote que la dirigía, y dio su aprobación con estas palabras:

“Por lo que a Nos toca, aprobamos el anterior Reglamento… y damos nuestra licencia para que desde luego pueda hacerse la instalación y funcionar la piadosa asociación con arreglo a las bases del expresado Reglamento, nombrando Director de la misma al R. P. Faustino Míguez de las Escuelas Pías”[Notas 11].

Este paso, como se comprende fácilmente, es fundamental en la historia de la Congregación. Desde este momento vamos a ver al P. Faustino ir atando los cabos, imprimiendo a la obra su sello personal y su dinámica propia. Este hecho ocurrió al iniciarse el año 1885.

En efecto, al cabo de un mes se firma ante notario un acta sobre la institución oficial de la asociación. En ella se insiste en los fines de la obra y en la dirección del P. Faustino. Estando presentes –dice dicha acta- “las referidas señoras, iniciadoras del pensamiento de fundar, para mejor ejercer la virtud santa de la caridad, la Institución de la Divina Pastora, como también presente el P. Director, don Faustino Míguez de las Escuelas Pías”[Notas 12] .

Es, pues, director de la Asociación de las Hijas de la Divina Pastora, nacida en Sanlúcar, el P. Faustino Míguez de las Escuelas Pías, por voluntad de Dios, como vamos a ver.

11.3. La voluntad de Dios

Fue voluntad de Dios, expresada por los superiores la que hizo que el P. Faustino se encargase de la dirección de la obra. Es muy importante dejar bien sentado esto, porque también tiene mucha trascendencia para el Padre y para la obra.

Nos va a decir el P. Faustino muy fuerte y repetidamente que el nombramiento fue contra su voluntad y que se sometió únicamente cuando no pudo dudar que era voluntad de Dios. Nosotros creemos los documentos que poseemos y éstos son muy claros[Notas 13].

El primer documento es la misma carta al Reverendísimo P. Adolfo Brattina, de que hemos hablado arriba, en la cual dice el P. Faustino:

“Instado en 1885[Notas 14] por el Emmo. Cardenal Ceferino González a que me encargase de redactar las Bases de la Congregación… y a que aceptase el cargo de director de la misma, accedí a lo primero… y me opuse a lo segundo, que no me lo permitían mis obligaciones, no podía aceptarlo sin el permiso de mis Superiores. Contestóme que lo pidiera, y así lo hice al Rmo. P. Martra, quien me remitió al P. Provincial, que, bien a pesar mío, me lo concedió con tal que no faltase a mis obligaciones”[Notas 15].

El P. Anselmo del Álamo[Notas 16] añade a esas palabras estas otras del P. Faustino:

“…previo el consentimiento del P. Rector, que lo consignó gustoso en la misma carta, que poseo, del P. Provincial”.

Nos ha dicho dos veces que aquel nombramiento no lo buscó, sino que lo aceptó por obediencia. Las palabras transcritas nos dicen a la par que el consentimiento de los superiores fue claro y unánime. No es la única vez que afirmó esto. Lo expresó en ocasiones duras para él, cuando era más duras ocasiones dijo esto:

Lucho “no sólo por mi honor sino también por el de la Congregación que fundé y dirigí contra mi voluntad, llamado y rogado por el Emmo. Cardenal de Sevilla, Fray Ceferino González, y obligado por mis superiores”[Notas 17].

Cuando pide luego que le concreten las facultades que posee como director, dice estas palabras:

“El que suscribe, encargado a pesar suyo por Su Eminencia…de formar las Bases …nombrado por el Decreto…Director de las referidas Hijas de la Divina Pastora”[Notas 18].

Además de decirnos que fue llamado y aún obligado a ser director, intenta después renunciar. Aprovecha la circunstancia de que tarde el Cardenal en contestar a su petición de facultades para dirigir la obra, y le dice:

“Demorándose más de lo que las circunstancias exigen la contestación a las preguntas que con fecha 17 ppº tuve el honor de hacer a S. Ilma.,… por decoro propio y por el de la Corporación a que pertenezco, indigno, renuncio en manos de S. Ilma. El cargo de Director de aquéllas”[Notas 19].

Dispense el lector si hemos insistido, pero comprenderá que estamos tocando un punto importante en la vida del Padre y en la historia de su evolución psíquica. Encargarse de la dirección de una obra implica el compromiso de encarnar en ella su ideal, que bajo algunos aspectos era utópico. Además estos hechos nos revelan aspectos de su personalidad. Para mejor advertirlos, repasemos los hechos. El Padre se interesa por el desarrollo de una obra social que encuentra en su camino; se le insta a que escriba algunos de sus documentos básicos; el Arzobispo conoce la obra y le fuerza a dirigirla; los superiores de la Orden le confirman en esa dirección; él no se siente con ánimo desde que advierte que se trata de crear una congregación religiosa; se resiste cuanto puede, pero advierte que son los jerarcas de la Iglesia los que hablan y se somete a lo que él interpreta como Voluntad de Dios. Con ello ha hecho un acto de fe extraordinario por sus incalculables consecuencias. Este hecho nos lo revela como ninguno de su vida precedente, como un hombre que cree con radicalidad en la Iglesia y en su mandato divino. Y cree en aquellos mismos superiores cuyo mandato había cuestionado.

No poseemos datos críticos sobre sus pensamientos en los días que transcurrieron entre mayo de 1884 y junio de 1885. ¿Por qué cedió y se encargó de la dirección de la obra? Nos interesaría una respuesta a este “por qué”, escrita por él mismo. Mas en realidad ya la respondió suficientemente con sus actos. En años sucesivos dirá en forma expresa que lo hizo únicamente por obediencia. Añadió que no la abandonaba únicamente por el mandato recibido. Esto es de enorme significado para conocer al P. Faustino en su relación íntima con Dios y con la congregación que fundó. Todo esto se expresa con una sola palabra: ¡obedeció! La obediencia a ese nivel no puede apoyarse sino en la fe. Era, pues, el P. Faustino hombre de profunda fe. No era lerdo y de seguro sabía muy bien lo que significaba ser director de una asociación que aspiraba a convertirse en una congregación religiosa de mujeres. Pero no se arredró. Confió en Dios que lo llamaba.

Séanos permitido ahora hacernos esta pregunta: ¿No habría otra motivación que lo empujara a aceptar el mandato de la Jerarquía, distinta de la obediencia? Nos parece que –sin aminorar la fuerza de lo que acabamos de decir – debió de existir, en efecto, otra motivación. Era lógico –y el P. Faustino tenía una mente lógica- que quien había inspirado desde el principio el ideal que debía alcanzar en el ejercicio de la caridad aquella institución, fuera también el encargado de realizarlo desde la dirección. El teórico de vuelo debía ser, a la vez, el piloto de la nave en su futura singladura.

Y no olvide el lector otra motivación para aceptar el compromiso, de la que hemos hablado al principio del capítulo: el deseo –tal vez inconsciente- de organizar una vida religiosa conforme con su viejo anhelo de reforma.

Todo esto pudo moverle a aceptar la dirección, por encima de su repugnancia a gobernar.

Notas

  1. Cfr. Vilá, p 262. El documento transcrito está. fechado en mayo de 1884.
  2. Cfr. ibídem, p 265. “Se trataba de dos humildes doncellas, bordadora de oro la una, auxiliar de una escuela de niñas la otra…; a lo menos una de ellas de mejores intenciones y deseos en sus empresas que constancia”.
  3. Cfr. Vilá, pp 263-265. Puede leerse entero el Prospecto en “Documentos del P. Faustino Míguez, fundador de las Hijas de la Divina Pastora Calasancias”.
  4. Cfr. Vilá, p 265. El autor del informe fue el Obispo Auxiliar, hoy elevado a los altares, Beato Marcelino Spínola.
  5. Cfr. Código de Derecho Canónico. BAC, Madrid, 1985, canon 610.
  6. “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan” (V. 20).
  7. Cfr. Vilá, p 266.
  8. Cfr. ibídem, p 476. La carta es de 1905.
  9. Cfr. ibídem, p 277, h). Carta a Sor Ángeles, de 1889.
  10. Se publicaron por primera vez en 1897 y luego en Madrid en 1906, imprenta de Gabriel L. del Horno, juntamente con las Reglas y Constituciones o Reglamento (se llaman de las dos maneras indistintamente) p 43, LVIII.
  11. Cfr. Vilá, p 267 e). Advertimos que en este Documento del Cardenal aún no hay precisión en los nombres que se dan a los varios documentos que se expidieron en los inicios de la Congregación. Se habla de un “Reglamento” y de las “Bases” del mismo. Es esta ocasión el único documento fueron las Bases, que eran al propio tiempo el reglamento de vida. Luego se llamó “Reglamento” a las Constituciones, como se dice en la nota anterior.
  12. Cfr. Vilá, p 268. Dicha acta notarial tiene fecha del 2 de febrero de 1885.
  13. En contra de la interpretación que estamos dando se han manejado otros datos, cuya autenticidad no está asentada en documentos de valor indiscutible. El primero es una conversación con una religiosa del convento de las Dominicas, del que era confesor el P. Faustino (Cfr. Del Álamo, I, p 141). El segundo, unas palabras de la M. Ángeles, en su historia de la Congregación, que dejó escrita a lápiz y que poseemos ahora mimeografiada. En ella dice que “el Padre debió tener alguna inspiración muy especial del Señor, cuando manifestó el deseo de hacer algo extraordinario”, y que “hablando con unas señoras les dijo que parecía ser de Dios la idea que tenía de fundar una Congregación Religiosa”. Lo primero en muy vago, y lo segundo puede significar lo mismo que nosotros estamos diciendo. Hay una afirmación precisa del P. Faustino en la que, refiriéndose a una curación extraordinaria que él hizo con sus medicinas en la persona de un catedrático de Sevilla, por petición del Decano de la Universidad, dice estas palabras: “Como el Decano era poco afecto al colegio de Escolapios y significaba mucho en la ciudad, hube de aconsejarme y pareció más prudente el complacerle que el convertirle en enemigo declarado. En este aprieto acudí al Señor para que, si era su santísima voluntad que yo siguiera al frente de la Asociación, mi iluminase para curar dicha enfermedad y me facilitase los medios para ayudar a aquélla. Curado el enfermo, comuniqué a la Superiora o Directora de la Asociación el remedio de que me había servido…” Estas palabras se refieren a una duda de si seguir o no al frente de la institución, no al momento que estudiamos ahora de su nombramiento; se refieren a un momento posterior, ya que el remedio debió ser el Anti-Diabético, y ese lo inventó después.
  14. Parece ser que le falló la memoria al P. Faustino, porque ya hemos dicho arriba que la visita del Cardenal a Sanlúcar fue en noviembre de 1884.
  15. Cfr. Vilá, p 476.
  16. Cfr. Del Álamo, I pp 146-147.
  17. Cfr. ibídem, p 217, nº 4. La traducción latina es nuestra
  18. Cfr. ibídem, p 269.
  19. Cfr. Vilá, pp 269-270.