EstudioPsiquicoEspiritual/12 Buscando la base de la nueva obra. Sanlúcar de Barrameda, 1885

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12 Buscando la base de la nueva obra. Sanlúcar de Barrameda, 1885

12.1. La base jurídica

Al P. Faustino se le presentó un problema grave en cuanto se hizo cargo de la dirección de la naciente Congregación de Hijas la Divina Pastora: fundamentarla en alguna persona preparada y capaz. Las que habían empezado la obra no estaban preparadas y pronto manifestaron que no eran capaces. Su ideario resultó ajeno a su vida[Notas 1].

El P. Faustino advirtió rápidamente el hecho y decidió poner remedio. Advirtió además que no poseía claramente, como Director, las facultades que necesitaba para poner remedio a las deficiencias que observaba, y las pidió en un documento que nos lo muestra tal como le hemos conocido. Merece leerse:

“Ilmo. Sr. El que suscribe, encargado, a pesar suyo, por Su Eminencia… de formar las bases de la Asociación de las Hijas de la Divina Pastora y nombrando por el decreto… Director de las mismas, para no extralimitarse desea saber sus atribuciones, no consignadas en dichas Preces y Decreto:
1º. Si esta dirección es meramente espiritual y a qué se reduce en tal caso.
2º. Si de ser algo así, es de su competencia del nombrar Superiora.
3º. Si, de corresponderle este nombramiento, puede elegir la que crea más apta y entre las Asociadas, aunque no sea de las iniciadoras.
4º. Si le compete la admisión de las que crea dignas y convenientes.
5º. Si puede expulsar a las que en su conciencia estime indignas o perjudiciales, aún de las mismas iniciadoras”[Notas 2].

En estas preces este hombre práctico no deja cabo por atar. Necesita facultades, porque ya ha decidido obrar, si se le conceden. Está palpando que las iniciadoras no son aptas; tal vez sea necesario expulsar alguna, porque prevé que no van a aceptar quedar en segundo plano. Las estima indignas y perjudiciales.

Y como él es expeditivo, se admira de la lentitud de la burocracia arzobispal, por lo cual escribe cuatro días después, impaciente y molesto:

“Demorándose más de lo que las circunstancias exigen la contestación a las preguntas que… tuve el honor de hacer a V. Ilma., para en su visita tomar la resolución… o cortar cuanto a mi juicio se opone a la vida y crecimiento de la Asociación de las Hijas de la Divina Pastora, por decoro propio y por el de la Corporación a que pertenezco, indigno, renuncio en manos de Su Ilma. el cargo de Director de aquéllas, que con anuencia de mis Superiores y mal presentimiento recibí de S. Ilma”[Notas 3].

No recibieron mal en el Arzobispado su impaciencia casi molesta. De seguro que le conocían; contestaron dos días después. Pero antes de copiar su respuesta, conviene no pasar deprisa sobre sus palabras. Aparece aquí, casi inadvertido, un sentimiento que le va a dar que hacer a él y a nosotros: el “decoro”, el honor. Y no sólo el suyo, sino el de “la Corporación a que pertenezco, indigno”. Este escolapio tenía decoro profesional y –según él- la Corporación, las Escuelas Pías. Los dos habían alcanzado un nombre y debían respetarlo. Ese honor versaba sobre el orden en las escuelas, y merced a él, sobre su capacidad de enseñar y educar. En aquellas escuelas no había disciplina, ni “decoro” en las iniciadoras[Notas 4]. Dicho esto, copiamos la contestación del Arzobispado:

“…el señor Gobernador Eclesiástico me manda participar a V.R. que puede ejercer todas las funciones que cita en su apreciada comunicación, provisionalmente, hasta tanto que el futuro Prelado señale y determine las que deban corresponder por su carácter de Director”[Notas 5].

El Gobernador Eclesiástico fue generoso en sus concesiones. No le negó nada de cuanto había pedido. El puso rápidamente por obra lo que pensaba. En su respuesta a la Curia, dos años después, pidiendo que hiciera perpetuas las facultades temporales, anuncia lo que había hecho y otras cosas interesantes para el desarrollo de la Asociación. Oigámosle:

“El que suscribe…, en uso de estas facultades, destituyó el 26 de junio (de 1885) a la Presidenta (Dña. Francisca) y expulsó a Dña. Catalina García por desconocer toda autoridad y creer la Asociación granjería de su familia, nombrando a Dña. Ángeles González León para sustituir a la primera, que no quiso continuar en concepto de subordinada.
El 2 de agosto siguiente el Sr. Arcipreste dio el hábito a las cuatro siguientes y no obstante haber pretendido varias, cuatro son las que actualmente siguen en perfecta paz e inalterable armonía trabajando en su misión cuanto humanamente pueda exigirse. Se llaman Sor Ángeles de Jesús, Sor Ceferina de Jesús, Sor Concepción de Jesús y Sor Antonia de Jesús. Pero habiéndosele concedido aquellas atribuciones en concepto de provisionales, ruega a V. Ilma. se digne señalar y determinar las que le deben corresponder por su carácter de Director”[Notas 6].

También esta vez se descuidaron varios meses en la Curia Arzobispal y tuvo que recurrir de nuevo el P. Faustino al mismo sistema de renunciar, pero lo hizo con un atenuante por tratarse de su queridísimo Cardenal Ceferino González:

“No habiendo tenido contestación alguna si V. Emcia. no le concede el singular favor de relevarlo de dicho cargo, que se lo agradecerá muchísimo, reitera el mismo ruego”[Notas 7].

Y de nuevo la amenaza surtió su efecto, porque dos días después le respondió el Cardenal con generosidad, confirmando todo lo que le había otorgado antes y ampliándolo considerablemente:

“… Su Emcia. Rma. … ha tenido a bien concederle en concepto de definitivas las facultades que provisionalmente le fueron concedidas…, autorizándolo a más por las presentes para que aún en asuntos temporales y económicos –que por su importancia y relación con el bien espiritual, conservación y fomento del Instituto- tenga la intervención y dirección necesaria, si han de realizarse los altos fines que aquel se propone”[Notas 8].

A través de esta correspondencia advertimos que ya tiene el P. Faustino en sus manos lo que consideraba básico para realizar su proyecto: facultades definitivas, y sobre todo la persona que estaba buscando para que sirviera de base para el edificio que soñaba. Esa persona es Sor Ángeles González León.

12.2. La base humana

¿Quién era esta joven? Lo cuenta ella misma en un relato que nos dejó sobre sus recuerdos de los orígenes, titulado “Historia de la Congregación”[Notas 9].

Dice en ese relato que conoció al P. Faustino mediante una de las iniciadoras, doña Catalina García, a quien ella llama la directora. Esta señora habló en Sevilla sobre su escuela de Sanlúcar con un caballero, que a su vez conocía a la madre de Sor Ángeles. Le expuso la obra en que participaba y el deseo de encontrar colaboradoras. La joven Ángeles González, que hacía poco había terminado su carrera de magisterio, enterada del asunto, dijo que no tenía inconveniente de ir a Sanlúcar, siempre que se lo autorizara su confesor, el P. Oliva del Oratorio de San Felipe Neri. Doña Catalina se lo comunicó al P. Faustino y éste escribió a la joven Ángeles proponiéndole las condiciones en que podía trabajar.

Doña Catalina fue a Sevilla a buscar a Sor Ángeles y al día siguiente se presentó ésta en la iglesia de los PP. Escolapios y asistió a la misa que decía el P. Faustino.

“Después de ella entraron a la sacristía a saludar al P. Faustino (tal era el Padre que estaba al frente de todo). Al ver a la joven díjole estas palabras: “Quién sabe si servirás para ser la piedra fundamental de este edificio”, palabras que se le grabaron en el corazón a ella y le hizo pensar en ellas mucho tiempo”.

Narra a continuación Sor Ángeles la inauguración de la escuela. Era el 9 de abril de 1885 y la matrícula de niñas fue de cincuenta.

Pero nos interesa más que nada la joven Ángeles. Dice ella misma:

“Por aquellos días la maestra (Sor Ángeles) fue a confesar con el P. Director y empezó a sentir la voz de Dios en el interior de su alma, por la compasión que le daba ver tan mal de personal apto una obra que empezaba y que podía dar mucha gloria a Dios. Le gustaban mucho los consejos y reflexiones que le hacía después que confesaba, que lo hacía con bastante frecuencia. Se le grababan tanto en su corazón que en la oración pedía al Señor luz y gracia para cumplir siempre su divina voluntad”.

Siguió a esto la lucha natural de quien había ido buscando una colocación y se encontró con la invitación a hacerse religiosa: hasta que llegó la solución:

“Insistía día y noche en lo mismo y mi alma luchaba de una manera tan sobrenatural que no podía desechar. Un día después de comulgar sintió una aflicción interna muy grande y lloraba amargamente, porque nunca pensé en una gracia tan grande, recordando mi vida tan indiferente y pobre en cosas de Dios y fue llamada al confesionario por el P. Director y le dijo en nombre del Señor que era elegida para llevar esta obra adelante. Ella se enterneció tanto que no supo contestar otra cosa sino que tenía que consultar todo lo que pasaba con su director espiritual, el R. P. Manuel Oliva”[Notas 10].

Escribió, en efecto, a su director en Sevilla y la respuesta fue sorprendente. Le dijo que si pensaba hacerse religiosa, él le tenía ya buscado convento. Estas palabras sumieron en gran confusión, como es natural, porque eran contrarias a las que había dicho el P. Faustino. En sus memorias no cuenta cómo aclaró esta duda, pero pocas páginas después nos dice que decidió la perplejidad determinando seguir al P. Faustino Míguez:

“Mientras tanto Dios llamó para continuar la obra a la Directora y declaró su vocación al P. Director, conocida por una inspiración y milagro, que no es del caso explicar, porque son gracias interiores que dan luz para conocer la voluntad de Dios”[Notas 11]

Respetemos nosotros el misterio de toda gracia espiritual. Como estudiosos de la personalidad del P. Faustino advirtamos solamente que ya le vemos actuar como director de conciencia con éxito notable. En esta ocasión, no obstante, se nos ocurre que la joven Ángeles fue sometida a una doble influencia: la del P. Oliva y la del P. Faustino. Se les ve a los dos ejerciendo el papel que entonces se señalaba a los directores: mandar e imponer. Hoy día no se procede así. El tiempo dirá si este procedimiento dio resultado definitivo en esta joven. Aguardemos la lección de los hechos.

Parece que a esta determinación siguió de inmediato una gran contradicción de la familia y aún de su director de Sevilla, P. Oliva[Notas 12]. Pero ella fue fiel a esta inspiración de que nos ha hablado. El día 5 de junio de 1885 ingresó en el Postulantado. Formó grupo con otras: Ángeles González Lozano, Ceferina Herrero y Antonia García Marín.

Sor Ángeles fue puesta al frente del grupo, por su mayor preparación. Habiendo prescindido de las dos iniciadoras de la obra, resultó Ángeles González León -a la que llamaremos ahora Sor Ángeles únicamente- la Directora de la Escuela y del grupo y luego será la Superiora.

Notas

  1. Las dos fundadoras pidieron vestir un hábito, por segunda vez, el 22 de febrero de 1885, y se les concedió el 20 de marzo del mismo año. Pero en junio siguiente ya demostraron que no servían, sin hábito ni con él.
  2. Cfr. Vilá, p 269. El documento transcrito está fechado el 17 de junio de 1885.
  3. Cfr. Vilá, pp 269-270. La renuncia transcrita está fechada el 21 de junio de 1885.
  4. Nos lo va a decir él mismo en documento que copiaremos luego
  5. Cfr. Vilá, p 270. Este documento está fechado el 23 de junio de 1885.
  6. Cfr. Vilá, p 270, j) a’). Fecha de este documento, el 16 de febrero de 1887.
  7. Ibidem, p 245. Fecha: 18 de septiembre de 1887.
  8. Cfr. Vilá, p 271. La fecha de este documento es el 20 de septiembre de 1887.
  9. Este relato lo dejó escrito a lápiz; ahora lo poseemos mimeografiado. No se ha hecho sobre él estudio alguno crítico, fuera de varias observaciones del P. Anselmo del Álamo en su obra, en cuyos capítulos XII y XIV publicó parcialmente esos apuntes.
  10. El lector habrá notado el cambio de la tercera a la primera persona en los verbos. Nosotros copiamos tal como está en el texto que poseemos.
  11. Todas estas citas están tomadas de la referida “Historia de la Congregación”.
  12. No podemos pasar por alto esta oposición tanto de la familia como del P. Oliva. Va a quedar en el fondo de la conciencia de la joven. ¿Aflorará después?