EstudioPsiquicoEspiritual/13 El noviciado. Sanlúcar de Barrameda, 1885 – 1889

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

12 Buscando la base de la nueva obra. Sanlúcar de Barrameda, 1885
Tema anterior

EstudioPsiquicoEspiritual/13 El noviciado. Sanlúcar de Barrameda, 1885 – 1889
Índice

14 Enfrentamiento con los suyos 1888
Siguiente tema


13 El noviciado. Sanlúcar de Barrameda, 1885 – 1889

Empezaba a perfilarse algo sobre lo que debe cimentarse una institución religiosa. Además de Sor Ángeles, estaban tres jóvenes que habían pedido asociarse a aquella obra: María de los Ángeles González Lozano, Ceferina Herrero y Antonia García Marín. Además una cuarta, para lega, Matilde Sánchez. Existía una escuela, con su directora con título de maestra; y sobre todo, había un ideal y un director con ganas de trabajar. Era el mes de agosto de 1885. Contando con esos elementos el P. Faustino pensó en iniciar el noviciado de la futura congregación. Lo cuenta así Sor Ángeles:

“Todo preparado y discutido y con los permisos, se les presentaron al Sr. Arcipreste, D. Francisco Rubio y Contreras, y se fijó el día, que fue el 2 de agosto… Se invitaron a los Sres. Y Sra. Y Alcalde y Concejales; asistieron todos menos los PP. Escolapios que estaban disgustados. El Sr. Arcipreste impuso el hábito a las cinco, que con las Madrinas estaban en la capilla, esperando el acto. Una hora duró por la plática tan hermosa que nos dio, alusiva a lo que significaba entrar en la vida religiosa a esta nueva Congregación que hoy empieza; nos bendijo y terminó el acto”[Notas 1].

13.1. Formación de las novicias

No es mucho lo que nos refiere Sor Ángeles sobre este punto. El P. Faustino, inmediatamente después del acto cuando todos los invitados se hubieran ido, les dirigió una plática, que ella resumió así:

“Terminado todo y una vez que quedamos solas con el Padre, éste después de darnos como una conferencia haciéndonos ver los beneficios que el Señor nos hacía y la protección que la Stma. Virgen nos dispensaba por los sacrificios que le prometíamos hacer en lo sucesivo, el buscar las almas para llevarlas al buen camino y después al cielo, pero es preciso estar preparadas para los ataques que el enemigo nos presentará y que hemos de combatir esperando que el Señor y su Stma. Madre nos ayudarán”[Notas 2].

Si la redacción es incorrecta, las ideas son del P. Faustino. Ahí está el ideal perseguido desde tiempo atrás: “buscar las almas para llevarlas… al cielo”. Está además otra idea muy suya: la guerra del demonio contra toda obra buena en la Iglesia. Estas ideas son las del Prospecto y las Bases, expuestas según la capacidad de las novicias:

“El Padre por las tardes, terminadas las clases (en su colegio) venía con nosotras y sentadas a su derredor nos explicaba lo que debía hacer una religiosa y nos hacía practicar las hermosas virtudes de la humildad y la caridad práctica que necesitábamos adquirir”[Notas 3].

Son dos las virtudes que recuerda Sor Ángeles de aquellas Pláticas tan familiares: la humildad y la caridad. Dos virtudes que estaban en la mente del Padre como esenciales para la vida religiosa, pero tanto a él como a ellas les falta aún mucho bregar para alcanzarlas. Pero ya es mucho que la mente las juzgue como esenciales para el viaje que ahora emprendían.

Cuenta Sor Ángeles otro episodio en el que vemos a las novicias con el Cardenal Ceferino González, admirador del P. Faustino y religioso dominico, convertido momentáneamente en Maestro de Novicias. Éstas últimas habían ido a consultar la forma de hábito que habían escogido.

“El Sr. Cardenal las recibió en seguida y durante las conversación complacido en tanto por vernos, preguntaba por todo lo que se había hecho, dándole detalles de todo, porque se interesaba mucho, según decía, de nuestro Instituto. Hizo demostraciones de que no le gustaba el hábito y dijo, tirando del escudo, que me lo quitara; como allí no podía hacerlo, le dije que al llegar a casa lo haría; entro otras muchas cosas me hizo salir, pero antes me hizo dar vueltas por el salón y me insinuó que el rostrillo no le gustaba, por llevar las orejas fuera y que no era propio de religiosas. Salí fuera del salón y quedó hablando con la señora (que la acompañaba), diciéndole que en nombre suyo dijera al Padre que continuase con sus trabajos, porque había probado el espíritu de humildad y resignación a la voluntad de Dios en la Religiosa y que enviaba con ella una bendición”[Notas 4].

También el Cardenal se había fijado en la humildad como base de la vida del nuevo instituto. Pero aquella demostración era insuficiente. Tal vez la original interpretación la hizo la inexperta novicia.

Nos cuenta también Sor Ángeles otro recuerdo de aquellos primeros días. Es un rasgo original del Padre. Empezó a ocuparse de las leyes que habían de gobernarlas pero no quiso ser impositivo.

“Desde este día (el de la votación para encontrar la Titular de la Congregación) el Padre empezó a disponer un pequeño reglamento para el gobierno de las socias y de esta manera constatar y poner en práctica lo que después habría de ser ley definitiva y obligatoria. Cada una escribió según sus ideas y sentimientos y el Padre hizo un resumen y bien arreglado se lo remitió a D. Santiago Magdalena… para que lo revisara y si le parecía bien, se lo presentara al Sr. Cardenal. Así lo hizo y obtuvo la aprobación, según lo dijo después en carta que nos leyó el Padre para animarnos”[Notas 5].

Este reglamento fue el germen de las Constituciones de la Congregación. Más tarde, en 1889, cuando estuvo más elaborado, pidió la aprobación de la autoridad competente[Notas 6]. Mientras tanto, siguiendo el método de formación directa sobre las experiencias de la vida, continuó la educación de sus hijas, discutiendo y probando las normas por las que debían regirse en el futuro[Notas 7].

Cuando en 1889 se puso a redactar las constituciones definitivas escribió como normas muchas de las que había ido inculcando en esas charlas familiares, sentadas en corro, y las que había discutido con las primeras religiosas, aún novicias, en un trabajo común de reflexión y comprobación[Notas 8].

13.2. Buscando una espiritualidad

El talante religioso de un alma se advierte porque sabe ver realidades sobrenaturales en sucesos y cosas ordinarias. Cristo fue en esto el gran maestro. El agua del pozo de Samaria, las redes de los pescadores, la barca de Pedro…, fueron enriquecidos con una visión profunda y transportados al mundo del espíritu, significando realidades de otro orden superior.

El P. Faustino era una alma de una religiosidad que formaba parte de su mismo ser. Por eso fue del mismo modo advirtiendo significados religiosos por encima de sucesos más o menos casuales, y así vio una advertencia de Dios en el hecho de que Sor Ángeles ingresara en el postulantado el día de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Algo así como si Dios mismo quisiera indicarle el foco divino del amor de Cristo como objeto especial de su espiritualidad. Mandó celebrar con especial realce, en adelante, esta fiesta y para acentuar más su idea y su voluntad, compuso un librito que tituló “El mes del Sagrado Corazón”[Notas 9].

Tenemos otro foco de espiritualidad en el título que puso a la institución que dirigían doña Francisca y doña Catalina: Congregación de Hijas de la Divina Pastora. Esta advocación de la Virgen está cargada de sugerencias evangélicas; en ella está toda la teología y toda la mística de la alegoría del Buen Pastor, una de las más ricas del Evangelio y profusamente explicada por el mismo Cristo[Notas 10].

Hay otro hecho en estos principios de la Congregación que también nos hace pensar: la vestición del hábito de las primeras novicias quiso que se realizara el día 2 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles. Fue indudablemente por ser la Patrona de Sor Ángeles, a quien él consideraba como la base de su obra.

Las Hijas de la Divina Pastora tendrán harto que meditar en los motivos que hemos señalado como presentes en la mente del P. Faustino en aquellos primeros días de la Congregación: el amor de Cristo, simbolizado por la devoción al Sagrado Corazón y a la pasión apostólica, simbolizada por el culto a la Divina Pastora.

13.3. Formación literaria y pedagógica

En aquellos tiempos la formación literaria de la mujer era muy deficiente. Sería preciso avanzar dos tercios de siglo para que empezase a desaparecer esta discriminación de la mujer, que la alejaba del estudio. Precisamente la obra del P. Faustino figura entre las múltiples iniciativas surgidas de la Iglesia en el siglo XIX para remediar esta situación.

Poseemos pocos datos sobre la formación literaria de sus religiosas. Parece ser que esa formación y la pedagógica no las confió a los centros oficiales, sino que fueron obra de su experiencia. Conocemos los éxitos pedagógicos que obtuvo él con sus discípulos: fue un caso fuera de serie[Notas 11].Existen testigos de que su clase fue una permanente lección pedagógica y humana de relación profesor-alumno. Tenía el don de adaptarse a la capacidad de los alumnos y –aunque era un sabio- descendía hasta el punto en que debía empezar a “elevar” a sus discípulos[Notas 12].

Sobre este hecho comprobado léase este testimonio de Sor Ángeles:

“El Padre venía todas las tardes después de sus clases del colegio y les explicaba las distintas asignaturas que daban en las clases y la manera de enseñarlas con normas pedagógicas particulares”.

Leyendo estas palabras reflexivamente, advertimos que sus enseñanzas eran individuales y para cada materia. Nos lo dice en forma expresa sobre el Catecismo:

“Todas las tardes venía el Padre y nos explicaba las asignaturas que se daban en la clases de primaria y después nos poníamos a su alrededor y nos explicaba el espíritu religioso que se formaba en los noviciados, explicaba el ejercicio de las virtudes y para ver si lo entendíamos, hacía que cada una dijese lo que había entendido, sobre todo de Catecismo, para decírselo a las niñas”[Notas 13].

Tenemos, pues, dos clases: la primera era pedagógica y la segunda catequética. Era para cada materia y comprendía la proyección apostólica. No es una formación en una facultad universitaria; pero pensando en la época en que lo hizo, supone una formación práctica, precisa, concreta y concienzuda. Sólo dejaba el trabajo cuando se había convencido, por un examen rápido, de que todas lo habían asimilado. Sobre esta base puede cimentarse una experiencia pedagógica preciosa.

Sólo así se puede entender que aquellas jóvenes, casi sin cultura, pudieran cosechar pronto no pequeños éxitos pedagógicos. De ello da testimonio Sor Ángeles. Nos dice que algunos PP. Escolapios no creían que aquello terminara en nada, pero luego “se dieron cuenta que esto iba progresando y tomando importancia por las niñas que ingresaban y el buen nombre que tomaba”; que “las clases por días iban aumentando, tanto que la casa nos resultaba pequeña…; aumentaron de media pensión y externas que era hermoso ver las clases y la casa llena de niñas”[Notas 14].

En los exámenes hechos públicamente tuvieron éxito notable y el pueblo empezó a tomar en consideración a aquellas novatas. Ahora bien, un éxito no se obtiene sin una base:

“…nuestro contento iba en aumento, notando que teníamos en nuestro poder las niñas del señorío de la población y nos daban la enhorabuena por el éxito que habíamos tenido en poco tiempo”[Notas 15].

No se puede dudar que el P. Faustino se movía en un ambiente amplio, el de todos los catedráticos de Instituto, con los que se había codeado de igual a igual, si no de superior a inferior[Notas 16]. Nada extraño, pues, que fuera una Religiosa Calasancia una de las primeras mujeres que asistieron a la Universidad de Madrid[Notas 17]. Si, pues, a los principios de la institución se contentó con esa fórmula directa hecha por él mismo y en su casa, fue por falta de medios y porque él sabía que con ella no desmerecía en el panorama general de la enseñanza de España en aquel momento histórico. Luego veremos que aspiró a más.

Se puede admitir una evolución en el pensamiento del P. Faustino en relación con la educación y la instrucción de la mujer, tanto si era religiosa, como si era laica. Por ejemplo, en las constituciones de 1897, hablando de la educación de las niñas, escribió: “Dirigirán todos sus esfuerzos a formar las almas y corazones de sus alumnas para todas las circunstancias de la vida, más que a hacerlas muy leídas”. Esta frase parecería acusar un prejuicio anti-feminista. Pero toda la obra del P. Faustino demuestra que no fue así. En las constituciones de 1912 quiere que las religiosas trabajen “por enriquecerlas con todos los conocimientos que puedan honrarlas y serles útiles en todas las fases de su vida”.

Como ya podíamos esperar, el momento en que lanzó oficialmente a sus religiosas novicias a la tarea docente estuvo marcado por la perfección legal. Quería que su futuro apostolado se realizara en una escuela a la que no le faltara ningún requisito legal:

“La apertura de clases tuvo lugar el día 19 de aquel mes y año (abril de 1885). Se hizo una llamada al vecindario por medio de hojas volantes y oficios particulares a las autoridades eclesiásticas y civiles. Entre tanto el Padre tenía ya preparados todos los documentos necesarios. El Sr. Arcipreste, D. Francisco Rubio y Contreras, leyó el acta de apertura y permiso del Ministerio de Fomento, mandada desde Madrid por D. Antonio (sic) Pidal[Notas 18]. Leyó igualmente el permiso del Cardenal de Sevilla, Fray Ceferino González, para admitir dicho Centro en su Archidiócesis, donde manifestaba estaba dispuesto a favorecerla cuanto pudiese”[Notas 19].

No es extraño, pues, que contando con los requisitos legales, con un personal preparado individualmente por el P. Faustino, y sobre todo con el prestigio y la fama del mismo fundador, tan hondamente enraizado en Sanlúcar, el éxito siguiera a este acto de apertura.

Una nueva experiencia estaba en marcha. El porvenir dirá si ella es una quijotada o una obra querida por Dios.

Notas

  1. Cfr. “Historia de la Congregación”, pp. 9 - 10.
  2. Ibidem. Copiamos literalmente del ejemplar que poseemos. La imperfección de la redacción salta a la vista.
  3. Cfr. “Historia de la Congregación” p 8. El paréntesis es nuestro.
  4. Cfr. “Historia de la Congregación” p 12. El paréntesis es nuestro.
  5. Cfr. Ibidem, p 7. El paréntesis es nuestro.
  6. Cfr. Vilá p 283, 4, a).
  7. De estas discusiones con sus hijas fue el Padre adquiriendo experiencia para después ir poniendo por escrito esas normas prácticas, acompañándolas de sus consejos. Oigamos lo que dice en una carta desde Getafe, en 1888: “Tenéis que mandarme una carta firmada por todas, pidiéndome os haga el favor de poneros por escrito los consejos y reglas que os doy de palabra, a fin de que no se os olviden y podáis ponerlos a mano”.
  8. Cfr. Luque Ortega, Inmaculada: “Primeros pasos de una Institución Docente”. Tesina en la Universidad de Salamanca, 1985, pp. 252-258.
  9. Que esto no fue sólo un acto ocasional y pasajero, lo demuestran estas palabras de una de sus cartas: “En cuanto a la dirección de las niñas, nada les digas que no bebas en el Sacratísimo Corazón de Jesús y por su amor, y segura puedes estar de que no errarás y antes merecerás para ti y las favorecerás muchísimo” (Cfr. Cartas, nº 86).
  10. Juan, 10, 1-15. Sor Ángeles cuenta los detalles de cómo llegaron las asociadas a la elección de la advocación de la Divina Pastora como patrona de la Institución. (Cfr. “Historia de la Congregación, p 7). “El siervo de Dios, como hombre experimentado y para evitar discordias entre las pretendientes, ordenó que se hicieran papeletas y que cada una escribiera el nombre de la advocación que más le agradara. El puso en la suya el nombre de Divina Pastora. Se encomendó al Señor y a la Sma. Virgen y el día de Pascua del Espíritu Santo se hizo la votación, presidida por el Padre, y por más de tres veces salió el nombre de la Divina Pastora”. Es difícil entender este relato, desde el momento en que sabemos que en el Prospecto, primer documento emanado de la institución, ya figuraba este nombre. ¿Qué papel desempeñó el Padre en esta escena? ¿Ignoraban las asociadas ese hecho? Si fue secreto el nombramiento, ¿Cómo supo Sor Ángeles que el P. Faustino puso ese título? Si lo sabían, ¿cómo oponerse a la voluntad del Padre? ¿Inventó Sor Ángeles esta escena? Es difícil contestar.
  11. El mismo P. Faustino, en carta que escribió al General, P. Ricci, nos da un dato excepcional sobre sus éxitos: “En 35 cursos académicos he tenido (en los exámenes de mis alumnos en el centro oficial) sólo tres suspensos en una materia entre las muchas que enseñé”. (Cfr. Vilá, p 147). Este dato sólo es creíble porque lo dice él mismo, un hombre totalmente incapaz de decir una mentira, además escribiendo a su General. Este dato lo coloca como único tal vez en toda la historia de la Orden entre los que llevaron a examinar sus alumnos a centros oficiales.
  12. Cfr. Proceso de beatificación. “El P. Faustino era muy inteligente y un gran profesor. Todo lo que se pueda decir es poco de su sabiduría y su virtud. Nos enseñaba con paciencia y agrado. Le queríamos todos mucho y él se interesaba muchísimo por sus alumnos. Nunca le suspendieron ninguno. Si había alguno muy retrasado… no le presentaba a exámenes; hacía que se preparase en verano y luego lo presentaba en septiembre y lo sacaba a flote…Como nos quería mucho y el texto era obscuro y engorroso, él se tomaba la molestia de hacernos treinta lecciones de química orgánica, para facilitarnos su estudio”. (proceso hecho siendo Postulador el P. Juan Otal, p 60). Los testimonios son muchos y muy dicientes: “era el prototipo del escolapio modelo según lo quería San José de Calasanz, etc., etc.
  13. .Cfr. “Historia de la Congregación”, p 10.
  14. Cfr. Ibidem, pp 8 y 12
  15. Cfr. Ibidem, p 13.
  16. Recuerde el lector que estando en Getafe el P. Faustino ya se codeaba con el Marqués de Morante para la elaboración del famoso Diccionario Etimológico Latino-Español (Cfr. del Álamo, 1, p 60), y no olvide su famoso discurso en la inauguración del colegio de Celanova. No olvide el lector tampoco que el P. Faustino era un auténtico sabio. Para convencerse puede leer los tres capítulos que el P. del Álamo dedica a su labor científica de verdadero sabio. (Cfr. del Álamo, 1, pp 231, 251 y 265 y también Vilá, pp 407 y siguientes).
  17. Se trata de la Madre Sagrario de Jesús, primera directora del laboratorio donde se elaboraban los “Específicos Míguez”.
  18. El Ministro de Fomento, en esa Fecha, era Don Alejandro Pidal y Mon.
  19. Cfr. “Historia de la Congregación”, p 12.