EstudioPsiquicoEspiritual/17 Aislamiento voluntario. 1891 – 1897

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18 El P. Faustino vuelve a dirigir a sus hijas.1897 – 1906
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17 Aislamiento voluntario. 1891 – 1897

17.1. Sufriendo solo

El P. Faustino se redujo voluntariamente al silencio. Durante seis años no volvió a escribir una carta a las Hijas de la Divina Pastora. Pero en su espíritu y ante Dios no las abandonó jamás. Y no es temeridad afirmar que si subsistieron fue porque no las abandonó en sus oraciones. Si exteriormente creyó obedecer a los superiores dejando la dirección, interiormente no pudo llegar a creer que se había equivocado cuando las fundó.

Lo único que conservamos de su vida en esos años es una carta dirigida al Provincial (aún seguía siéndolo el P. Marcelino Ortiz) con motivo del Capítulo de la Comunidad de Getafe. En ella se nos muestra tal como era. Leámosla:

“En vista de lo ocurrido en el Capítulo local de este Colegio y de mi ignorancia acerca de la actual jurisprudencia Escolapia sobre Capítulos, me veo en la necesidad de someter a la autorizada decisión de S. Paternidad los puntos siguientes:
1º. Si todo individuo candidato puede hacer en los términos más comedidos algunas observaciones sobre la mejor administración de los intereses del colegio.
2º. Si en caso afirmativo ¿puede privarle de este derecho el P. Superior y cualquier individuo de la comunidad?
3º. Si el así inhibido de ejercer su derecho y otro que se halle en iguales circunstancias y se adhiera a sus observaciones ¿puede protestar del atropello y del Capítulo?
4º. Si cada individuo candidato tiene derecho a revisar las cuentas detalladas, a contar desde el último Capítulo local.
5º. Si no habiéndole permitido ver esas cuentas detalladas y protestando que no quiere firmarlas hasta que las haya revisado, ¿puede celebrarse el Capítulo, al menos sin hacer mención a tal protesta?
6º. Si habiendo dicho individuo prometido formular la protesta y observaciones que, una vez revisadas las cuentas, tenga por conveniente elevar al Capítulo General, ya que no se quieren oír en el local, ¿tiene derecho a que tanto aquélla como éstas se incorporen a las actas del segundo, por más que, a mayor abundamiento y seguridad, las eleve por duplicado al Capítulo General?
7º. Si rechazadas aquí las protestas y observaciones ¿podrá el autor de ambas elevarlas a S. Paternidad y al Reverendísimo?
Dios guarde a S. Paternidad muchos años.
Getafe 9 de febrero de 1894.
Faustino Míguez de la Encarnación”[Notas 1].

17.2. Las Hijas de la Divina Pastora durante los años de 1891 a 1897

¿Qué ocurrió a sus hijas durante estos años? Quedaron a la merced del lobo que las acechaba. Son una cabeza con autoridad que las unificara en sus proyectos el peligro de división interna apareció muy pronto.

La ocasión la dio la fundación en el pueblo de Chipiona, cerca de Sanlúcar. Fue alentada por los Padres Franciscanos, en especial por el P. Berasaluce. Para dirigir aquella casa fue nombrada la M. Antonia García, la que había creado serios problemas al P. Faustino anteriormente. Empezó la vida de esta casa en 1892.

Mas el año de 1893 vuelve la M. Antonia a Sanlúcar como Maestra de Novicias y es nombrada superiora de Chipiona la M. Ceferina, que era a la vez Superiora General por renuncia de la M. Ángeles. Pero de pronto fue repuesta la M. Ángeles como Superiora Mayor. Ignoramos el motivo de la renuncia, tanto como el de la reposición. En esos sucesos intervino el P. Oliva, antiguo director de la M. Ángeles y su valedor. En aquellos momentos tenía este Padre influencia en la Curia de Sevilla[Notas 2].

La reposición de la M. Ángeles le supo mal a la M. Ceferina, quien desde entonces empezó a llevar una vida desarreglada. Vivía frecuentemente fuera de casa y comenzó a conducirse como si fuera independiente de Sanlúcar. Ante esto la M. Ángeles escribió al Cardenal Espínola, Arzobispo de Sevilla, una comunicación en la que denunciaba el hecho. Lleva la fecha del 9 de julio de 1896.

El Cardenal le respondió el día 15 del mismo mes, comunicándole que la M. Ceferina había estado en Sevilla visitándole; que él le había hecho los cargos oportunos; que ella se había defendido acusando y justificando los cargos. El Cardenal advirtió por estos sucesos que algo grave estaba ocurriendo. Vio que aun cuando la conducta de la M. Ceferina no era plausible, había detrás de todo algo que, si no la justificaba, la explicaba al menos. Leamos sus palabras:

“De lo que Sor Ceferina ha manifestado y de otros informes que he recogido, deduzco una conclusión tristísima y es que hay en esa Congregación un indefinible malestar, al que podrá algo haber contribuído el proceder de Sor Ceferina, pero que indudablemente tiene raíces más hondas”[Notas 3].

Resulta difícil dejar de ver en estas palabras una referencia a lo que hemos anotado antes: lo extraño de la renuncia y reposición de la M. Ángeles. Era eso lo que había herido a la M. Ceferina.

Esa herida era señal, en ella, de inmadurez, indudablemente, pero se debía a hechos que la habían causado. La M. Antonia acusa esto en su relato. Refiere que al llegar la M. Ceferina a Chipiona se alegró “pues creía que sería la misma que siempre había sido… Pero, ¡oh dolor! Solo la ocupaban deseos de venganza contra las de Sanlúcar”[Notas 4].

La M. Ángeles, para responder a la urgencia del Cardenal, quien exigía tomar medidas eficaces, quiso aplicar los “Principios de Gobierno” contenidos en el capítulo XV de las Reglas[Notas 5].

El Prelado, sin rechazar esta idea de plano, “parece que envió como visitador a Chipiona a don Santiago Magdalena, su Provisor y Vicario accidental, quien se percató de la realidad del peligro”[Notas 6] y quien depuso a la M. Ceferina y nombró superiora de la casa a la M. Antonia. La tarde de aquel día llegó a Chipiona la M. Ángeles y quedó restablecida la unidad de la Congregación.

Se explica que ante estos hechos tanto el Cardenal como don Santiago empezaran a pensar que el único que podía componer de verdad todo aquello era el fundador de la Congregación, el P. Faustino. Este empezará a actuar pronto, pero ignoramos en concreto qué pasos se dieron entre el Cardenal y los superiores del Padre para que esto sucediera.

Notas

  1. Cfr. “Positio”, p. 135 y carta 9 de febrero de 1894.
  2. Reconocen esto tanto el P. Álamo (Cfr. Álamo, 1, pp. 221-222) como el P. Vilá (Cfr. Vilá, p. 251)
  3. Cfr. Vilá, p. 252.
  4. . Cfr. Álamo, 1 p. 226.
  5. Estos principios exigían cortar por lo sano. Eran la expresión de la rigidez legal del P. Faustino.
  6. Cfr. Vilá, p. 252.