EstudioPsiquicoEspiritual/18 El P. Faustino vuelve a dirigir a sus hijas.1897 – 1906

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18 El P. Faustino vuelve a dirigir a sus hijas.1897 – 1906

18.1. Vuelven a llamar al Fundador

Los superiores -la Jerarquía de Sevilla y los Superiores Mayores de la Orden- volvieron a llamar al P. Faustino, cuando su Congregación estaba a punto de perecer. Fue de veras su salvador. Cuando él se cercioró de que era Dios quien lo volvía a llamar, acudió al punto. Su corazón lo había estado deseando.

Y se presentó sin una palabra que recordara el pasado. Se acuerda uno de la vuelta de Fray Luis de León a su cátedra de Salamanca. Sus alumnos y el mundo intelectual de Salamanca lo esperaban ansiosos de oír recriminaciones contra sus enemigos humillados. Pero él dijo sencillamente: “Decíamos ayer…”

Así obró también el P. Faustino. Lo dice en un relato la M. Antonia, de modo casi dramático:

“No habían pasado tres días (desde que empezó un triduo al Sdo. Corazón pidiéndole remedio a su situación desesperada) cuando la Divina Providencia les socorría con la mayor alegría que podían esperar y soñar: el P. Míguez, su antiguo y verdadero Fundador escribía a las religiosas una cariñosísima carta, anunciándoles además que se acercasen a Sanlúcar para cobrar 1.500 pesetas que les enviaba"[Notas 1].

De nuevo estaba, pues, al timón el conocedor de la nave y de los escollos que la amenazaban.

18.2. Nuevas fundaciones. Getafe, 1898

Todo renació con la presencia del Fundador. Y cuando hay ánimo, pronto se emprenden actividades creadoras. Lo primero que se les ocurrió a sus hijas fue ir a Getafe para ponerse en contacto directo con su Padre. Hacía ocho años que no habían tenido ese contacto. Se lo comunicaron, pero el P. Faustino les contestó que no se les ocurriera, porque en el pueblo no había ni una fonda dónde hospedarse. Pero nada les podía detener. La M. Ángeles se puso en camino y el Padre la recibió con mucho afecto, como era inevitable.

De la conversación nació la idea de abrir una casa de la Congregación en Getafe. Esto significaba hacer permanente la relación directa. El P. Faustino empezó a moverse eficazmente, como él sabía hacerlo. Pensó en comprar unas eras que había cerca del colegio, con doble fin: proporcionarle campos de deportes para los niños y procurarse solar para la futura casa de las religiosas. Además pensó que debían ser ellas las que ayudasen en el problema de preparar los específicos que estaba mandando ya muchas regiones de España, pues su eficacia los había hecho famosos. Sus ensayos con farmacéuticos le habían fallado[Notas 2]. De ellos le provenían los medios económicos para sus hijas. Era natural que fueran ellas las que dirigieran su producción y venta.

Se abrió la casa en 1898. Primero fue con un permiso verbal, pero luego se convirtió en casa canónica, aunque con muchas dificultades y al cabo de mucho tiempo[Notas 3].

18.3. El Picacho: 1903

El P. Faustino se lanzó a la compra de una hermosa finca en Sanlúcar, llamada “El Picacho”. Deseaba tener un lugar conveniente para colegio y noviciado. Fue mucho el dinero que empleó en la compra y adecuación de aquella casa. Pero era el tiempo en que su fama de médico eficaz estaba en su apogeo y las entradas eran cuantiosas[Notas 4].

Villamartín

En 1898 se abrió la casa de Villamartín, pero su existencia fue efímera, ya que se cerró en 1905.

Monóvar

En 1906 se abrió la casa de Monóvar, pueblo de la provincia de Alicante. A diferencia de Villamartín, esta fundación prosperó, seguramente por el apoyo del P. Franciscano Fray Policarpo de Sevilla. Existe hoy en día en estado floreciente, con edificio nuevo.

Aspe

La fundación que se hizo en este pueblo, también en la provincia de Alicante, fracasó lo mismo que la de Villamartín, por carecer de medios económicos. Se cerró en 1917.

18.4. Aprobación de las Constituciones

Había un edificio mejor que construir: el espiritual. Y había un fundamento, mejor que el de piedra, para poner al edificio que estaba levantando el P. Faustino: el de sus Constituciones.

Diríamos que el terreno estaba bien abonado para conseguir esa aprobación. El Arzobispo de Sevilla, Fray Marcelo Espínola, había aprobado hacía poco la vuelta del P. Faustino a la dirección del instituto. Ello suponía que tenía buen concepto del fundador. Por eso favoreció todo el trámite burocrático de la aprobación. Recibida la solicitud, firmada por la M. Ángeles, la entregó al P. Manuel de la Peña, de la Compañía de Jesús, para su estudio. Este emitió pronto su informe, que resultó muy laudatorio. Merece la pena que lo conozca el lector, porque -de paso- el jesuita trazó una semblanza intelectual y religiosa de su autor, el P. Faustino Míguez. Leamos:

“1ª. Las Reglas y Constituciones sometidas a mi estudio y censura se hallan enteramente conformes con las prescripciones del Derecho Canónico y últimas disposiciones Pontificias acerca de las Religiosas “congregacionistas” de los tiempos modernos.
2ª. Las mencionadas Reglas y Constituciones están sabiamente redactadas y responden plenamente al triple objetivo de este pío Instituto: enseñar en colegios, educar huérfanas y desvalidas en Casas-Asilos y asistir señoras en Casas-Retiros.
3ª. Contienen luminosos principios, saludables máximas y medios eficacísimos para formar religiosas santas, hábiles y provechosas, según el espíritu propio y fin peculiar de esta Asociación.
4ª. Constituyen un precioso compendio de previsión y prudencia basado en la experiencia y observación, el cual, para prevenir cualquier abuso o relajación, contiene oportunos avisos, sabias indicaciones y acertadas medidas”[Notas 5].

Aunque se trata de un escrito “formalista” de suyo y, de seguro, influido por el benévolo concepto que el Arzobispo tenía de su autor, para nosotros resulta certero, ya que coincide con las características intelectuales y morales que hemos encontrado en todos los actos y documentos relativos al P. Faustino. Cuando en 1906 presentó en Madrid el libro “Reglamento de las Hijas de la Divina Pastora”, para la aprobación antes de su publicación, el censor ratificó el juicio del jesuita de Sevilla, con estas palabras: “Los considero muy a propósito para formar el espíritu religioso y para la instrucción de las niñas, a que se dedica la Asociación”[Notas 6].

18. 5. Primera Profesión Perpetua en la Congregación

Aprobadas las Reglas, se tenía la base para el compromiso perpetuo de las religiosas. Hubo que pedir dispensa, porque las Reglas exigían veinte años de profesión temporal antes de la profesión perpetua. Así se llegó el 26 de noviembre de 1899, día glorioso en la historia del instituto. El P. Faustino autorizó la profesión de estas tres religiosas: la M. Ángeles, co-fundadora del Instituto- la M. Concepción Hidalgo y la M. María Antonia García.

Entre las tres brilla el nombre de la segunda, Concepción Hidalgo, siempre fiel al fundador. Las otras dos fueron el tormento de éste en años posteriores, incluso la co-fundadora. Y es raro que el Padre Fundador permitiera la profesión de la tercera, Antonia García Marín, sabiendo lo que sabía de ella y habiendo escrito lo que había escrito. Pero quiso creer, contra su convicción intelectual, que esa muestra suprema de benevolencia la ganaría para una vida religiosa sensata y santa. Se equivocó. Lo que no hace desmerecer su generosidad y su intento de rehabilitación.

18. 6. Primeras elecciones canónicas en la Congregación

Una vez que se había llegado a la existencia de religiosas con votos perpetuos, se pensó en tener Superiora elegida conforme a las Reglas. La M. Ángeles comunica a la Curia de Sevilla que en el mes de octubre de 1906 terminaba su sexenio de Superiora General nombrada por el Cardenal-Arzobispo de Sevilla. Con aprobación de éste y bajo la presidencia del señor Francisco Rubio y Contreras se hizo la elección el día 2 de diciembre de 1900. Fueron las electoras las Superioras y Vicarias de las casas y resultó nombrada la M. Ángeles González León. Fue esta, pues, la primera elección canónica de Superiora General. Poco tiempo después, el 2 de enero de 1901, fueron elegidas como Moderadoras Generales las MM. Concepción, Antonia y Corazón.

La segunda elección canónica se verificó en 1906 y merece mucha más atención. Con ocasión de ella empezó a descorrerse el velo que ocultaba graves irregularidades de la M. Ángeles en su gobierno.

En efecto, el 8 de abril de ese año la M. Ángeles escribió una instancia a la Curia arzobispal de Sevilla en la que pidió la aceptación de la renuncia de su cargo. El motivo, según ella, era su mala salud. Oigamos sus palabras:

“Ilmo. Sr. Gobernador Eclesiástico: Sor Ángeles de Jesús, actual Superiora General… envía a V. S. esa solicitud, exponiéndole humildemente que, no pudiendo continuar por falta de salud en el anterior cargo, pues me es imposible cumplir mis deberes y obligaciones, tenga la bondad de dispensármelo y, como este caso está prescrito en un artículo de nuestras Reglas, no hay necesidad de celebrar elecciones ni nada. Suplico a V. S, atienda mi petición y admita mi renuncia, por cuyo favor…
Sanlúcar de B., 8 de abril de 1906.
B. S. M., M. Ángeles de Jesús”[Notas 7].

La Curia desestimó la petición. El Arcipreste contestó al Vicario Capitular:

“…la causa que ha movido a la firmante no tiene importancia verdadera para tomar una resolución radical…; en el Instituto hay deficiencias de consideración…; pero el mal se agravaría si ésta dejara su puesto, que no podría ninguna otra ocupar”[Notas 8].

Esta carta del Arcipreste, don Francisco Rubio, está fechada en Sanlúcar el 18 de abril de 1906. Este eclesiástico apreciaba a las Hijas de la Divina Pastora; pero no tuvo medio para conocer las irregularidades de M. Ángeles en el manejo de los dineros que le mandaba el Padre Faustino. Por eso no pudo ver el verdadero motivo que tenía la M. Ángeles para renunciar. Pero con su informe a la Curia nos proporcionó a nosotros un dato importante para averiguarlo. Lo de la salud no tenía base; era un pretexto de algo que él sabía, aún sin conocer exactamente cuál era la causa.

Veamos ahora las inquietudes del P. Faustino sobre las elecciones próximas. Por unas palabras de él, que vamos a transcribir, la M. Ángeles le había pedido perdón por algo que no nos consta, y él responde:

“Amada hija Ángeles, en J. C.; Ya supongo habrás recibido la mía, avisándote recibo de la Escritura… A lo demás… Que Dios nos perdone a todos, que por mí perdonada estás. Plácenme tus propósitos; Dios será tu premio, si los cumples”[Notas 9].

Le decía eso el 15 de noviembre. El 16 decía a la M. Julia:

“Mucho deseo que haya enmienda en todo lo que la necesite y me tengas al tanto al efecto. No me extraña haya faltas entre criaturas humanas; pero quiero que no pasen sin su prudente corrección. No puedo exigiros seáis ya santas, pero sí que diariamente caminéis a la perfección religiosa a que habéis sido llamadas”[Notas 10].

¿Qué clase de faltas existían en Sanlúcar, por las que la M. Ángeles pedía perdón, seguro sin mostrar toda su gravedad? Después veremos que no eran solo monetarias, sino de “opresión de las religiosas”. Era imposible que M. Ángeles estuviera tranquila ante las elecciones. Todo aquello podía salir a la superficie. Por eso quería la M. Ángeles ir poniendo al tanto al P. Faustino, presentando la cosa a su manera. Por eso él, sin maliciar todo el mal, insistía días antes de las elecciones:

“Mi amada hija en J. C.: Si hiciste mal en no avisar a tiempo por caridad y por deber. Procura cortar siempre al principio… Pon remedio a los principios si no quieres que el mal cunda y a tu cargo. El cáncer al principio es curable, después no. En esa enfermedad es caridad mal entendida escasear el cauterio. ¡Cuántas ofensas a Dios hubieras evitado y cuánto bien te hubieran hecho! Sírvate de escarmiento, ya que estás a los principios”.

No estaba al principio, sino al fin. Pronto lo sabrá el mismo Padre. Pero de momento sigue en la misma carta:

“Que Dios os ilumine en las elecciones y en cuanto acordéis para honra y gloria suya, bien de vuestras almas, honra de la Congregación y provecho del prójimo”[Notas 11].

Causa dolor oír esas palabras del P. Faustino, poco más de medio año antes de que descubriera todo el fondo del mal y se hallara en uno de los momentos más dolorosos de su existencia: el fallo de su hija predilecta. ¡Nada tan doloroso como despertar de un hermoso sueño a una fea realidad!

Pero de momento las cosas siguieron su cauce. Empezó el Capítulo, que fue presidido por Don Francisco Rubio y Contreras. Nada se descubrió en él. Se comprende que el estudio económico de la Congregación se hizo muy superficialmente, sin intervención del P. Faustino. Se ve que no exigió detalles en este punto, a pesar de que tenía datos graves.

En todo caso, el capítulo discurrió normalmente, aunque hubo que acudir al compromiso, porque no hubo elección en los tres primeros escrutinios, lo cual, aunque de un modo confuso, indica que la superioridad de la M. Ángeles no se impuso indiscutiblemente. Veamos el comunicado del Arcipreste:

“En la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, a 27 de diciembre de 1906, el Arcipreste que suscribe se personó en el colegio de las Hijas de la Divina Pastora y, usando de las facultades concedidas por el M.I.Sr. Secretario Capitular, procedió a la elección de la Superiora General del Instituto y, no habiendo resultado elección en los tres primeros escrutinios, se recurrió a la elección de Superiora General del Instituto por compromisarias, que lo fueron por mayoría de votos las MM. Ángeles de Jesús, Concepción de Jesús y Antonia de Jesús, las cuales, con sujeción a lo prescrito por las Reglas, nombraron General a M. Ángeles de Jesús. La siguió luego la elección de moderadoras, resultando elegidas Sor Julia de Jesús, Sor Concepción y Sor María de Jesús. El Sr. Arcipreste puso a la Superiora General en posesión de su cargo, ocupando su sitio y rindiéndole las religiosas la obediencia debida”.

La elección se comunicó a todas las casas de la Congregación. El 31 del mismo diciembre fue aprobada la elección por la Curia Arzobispal de Sevilla.

No sabemos cómo acogió el P. Faustino la elección de la M. Ángeles; de seguro con la aceptación propia de su espíritu de fe y de obediencia.

Aceptada la M. Ángeles por todas las casas como Superiora General, las cosas siguieron con aparente normalidad en los primeros meses de 1907. En los de junio y julio, ocupado en el problema de Sor Antonia García Marín, nada se advierte en el epistolario del P. Faustino que nos indique que está enterado de nada anormal en relación con la M. Ángeles. Así llegamos al 17 de agosto de ese año, día en que surge de pronto como una erupción súbita la carta reveladora:

“Reserva absoluta bajo la ‘más… estrecha responsabilidad’… A grandes males grandes remedios…”

18.7. La caída lenta de la M. Ángeles

El lector tendrá que dispensar si interrumpimos en cierta manera el hilo de la narración, intercalando unas páginas destinadas a estudiar la caída, lamentable desde todo punto de vista, de la M. Ángeles. Ella ocupa un puesto central en la vida del P. Faustino y el momento en que éste descubrió que le había sido infiel constituye uno de los más dramáticos, si no trágicos, de su vida.

No debemos olvidar que estamos estudiando psicológicamente al P. Faustino. Él era un hombre inteligente y sagaz. ¿Cómo se dejó envolver por esta mujer de tal manera que no advirtiera que le estaba engañando y estafando?

Vamos a ver que sí advirtió anormalidades en el manejo del dinero. Pero ese hecho, aunque parezca increíble, no le llevó a comprender todo lo que significaba. Aquí estamos ante un hecho psicológico. Es casi seguro que la duda debió asaltarle más de una vez. Pero existe una entidad psíquica –que Freud llamó “la censura”- que impide la entrada en la conciencia de ciertas ideas que están abiertamente en oposición con otras que la conciencia considera como absolutamente ciertas y demostradas. Ahora bien; para el P. Faustino lo absolutamente cierto era la honradez de la M. Ángeles. Ella era su discípula; ella le había oído siempre con agrado y asentimiento; ella era la base de su obra; ella era su esperanza mejor. ¿Cómo podía su conciencia admitir por unos simples indicios -así creía él- el hecho monstruoso de que le estuviera engañando? Si le vino a la mente, lo rechazó otras tantas veces. Y siguió enviando dinero, año tras año. Desde que llegó a Getafe en 1888 hasta 1907, en que descubrió el engaño.

18.8. El P. Faustino advirtió el desorden económico de la M. Ángeles

Período de 1889 a 1891. Para no ser prolijo, copio las cartas más significativas y las demás las cito en notas:

“Ahora sí que me has puesto el gorro, asegurando con tanto descoco que yo te enseñe a ser tramposa. ¡Esto me faltaba! ¡Vivir para ver, oír y…! Bien, bien. Pues has de saber que lo de las listas, si lo quieres, tendrás que pagarlo ahí todo, todito. Diré a los libreros que giren contra ti y ahí les pagarás al contado. Que yo no puedo tanto, ni tengo renta alguna”[Notas 12].

En 1890 no hay carta recriminatoria, pero en 1891 abundan:

“No hay quien te gane a mala pagadora. Siempre lo mismo. Te aconsejo que no vuelvas a hacerme ningún pedido, porque voy a cobrarte no sólo los intereses, sino la comisión y también el viaje y aún el sobre de la carta, gorrona”[Notas 13].

Se nota confianza plena y a la vez conciencia de la mala administración de la M. Ángeles. No había transcurrido un mes y le dice que acabará en “tramposa”:

“Si de esa manera quieres quitarte la nota de mala pagadora, ya es tarde, que ese es tu verdadero apellido y pronto añadirás el de tramposa”[Notas 14].

Pronto le habla de que no comprende sus cuentas, pues hace negocios que le deberían producir dinero y sigue pidiéndole: eso era ya tocar el fraude. Pero seguía el Padre sin ver:

“Dices que te cierro las puestas? Pues ¿qué? ¿Querrías que me echase yo por ellas, para atender a tus necesidades, que no comprendo? Lo de tus libros, lejos de ser gasto, es reproductivo, que algo dejan. ¿Qué es lo que te empobrece?
Dices que no tienes dinero ni para libros. Pues ¿cómo te arreglabas cuando tenías que pagar mensualmente 700 pts. De alquiler de casa y teniendo menos niñas de pago? Yo no te entiendo ni creo que podrás hacérmelo comprender, porque no cabe eso en mi pobre mollera. Y eso, que yo sepa, aún no se ha pagado nada de la casa de D. Juan, fuera de las 2.000 que yo le entregué. No lo entiendo, no lo entiendo, no lo entiendo”[Notas 15].

Período de 1897 a 1906. De 1891 a 1897 no hubo correspondencia ninguna del P. Faustino con las religiosas. Reanudada su dirección, existe en su epistolario un hecho significativo: desde el 11 de noviembre de 1898 al 17 de septiembre de 1905 sólo se han conservado, dirigidas a la M. Ángeles, las cartas números 268, 274 y 286. La número 274 está dedicada totalmente a los gastos y obras de El Picacho. Todo hace pensar que la correspondencia entre el Padre y la M. Ángeles fue normal[Notas 16]. ¿Por qué no se ha conservado esa correspondencia? Seguramente porque alguien tuvo interés, en algún momento, en que desapareciera. El “quién” y el “por qué” debe ser objeto de un estudio monográfico interesante para la historia de la Congregación[Notas 17].

18.9. La célebre carta “Dos palabras al aire”

Precisamente del año en que empieza de nuevo el epistolario a proporcionarnos una correspondencia normal entre el P. Faustino y la M. Ángeles, se conserva una de él que de nuevo, nos lo pinta magistralmente y de paso nos proporciona datos sobre el tema que estudiamos ahora. Leámosla entera, aunque es algo larga:

1. “¿Por qué me preguntáis más? ¿Quién soy yo al efecto? ¿Tengo yo alguna autoridad moral o espiritual sobre vosotras? Espiritual no porque no se respetan y entregan las cartas de conciencia que escribo a particulares. Moral tampoco, porque reteniendo o abriendo mis cartas a quien se dirigen, incurrís en censura. Luego no soy para vosotras más que un pagano. Cierto que no merezco otra cosa por necio; que hartos motivos he tenido para desentenderme de todo. Tarde es ya, pero más vale tarde que nunca.
2. Decís que no entendéis lo que dice la Regla: “Ninguna moderadora podrá pertenecer a dos Capítulos o Consejos”. ¿Lo entendéis ahora? Pues quiere decir: que ninguna Moderadora de la Superiora local puede serlo al mismo tiempo de la Provincial; ninguna Moderadora de la Provincial puede serlo al mismo tiempo de la General. ¿Y sabéis por qué? Porque debiendo el Consejo Provincial juzgar los actos del local y el General del Provincial, no se condenarían a sí mismas las que lo formasen.
Queda todo aclarado con leer: “Ninguna Moderadora podrá pertenecer a dos Consejos”.
No sé que en ningún punto de la Regla esté ninguna Moderadora, o no Moderadora, exenta de desempeñar los cargos que prudencialmente se le asignen.
3. No recuerdo haber dicho cosa “que no concuerde con la Regla”, y si dije algo contestando a preguntas verbales y quizás mal hechas, ningún valor tienen ante lo escrito y aprobado por el Sr. Arzobispo y por el Excmo. Cardenal González. Por eso no contestaré en adelante a nada de cuanto se me pregunte, para que no se alegue en contra de lo que escribí antes.
4. Nada he hecho respecto a la impresión de las Reglas. El Arzobispo apenas llegó salió de visita y no volverá hasta noviembre. No sé si querrá mandarlas a revisar o corregir o censurar. Está muy harto, dice, de Corporaciones. Tampoco quiere dar permiso para más fundaciones. Así lo ha dicho. Yo no quiero pedirle favores. Le negué uno que no podía hacerle y tomará la revancha: así lo ha manifestado ya en las obras y no he de ser yo el que le baile el agua; porque él no se incomode no voy a faltar yo a lo que se me ha ordenado.
Tampoco seré yo el que fije el número de ejemplares, ni nada de lo que se refiere a las Reglas, cuya impresión subirá mucho, que yo no estoy en fondos para pagarlo, y, aunque estuviera, no lo haría por lo que dije en el primer párrafo. Por eso, así que concluya de leerlas y confrontarlas con los borradores, que aún conservo, os las remitiré para que hagáis de ellas lo que os diere la gana.
5. No sé por qué me habéis mandado lo de la Procuradora, siendo como ha sido un papel mojado, lo mismo que cuanto se acordó en la reunión que tuvisteis delante de mí y cuyos acuerdos no se cumplieron.
Basta de disgustos: desde ahora no quiero servir de pantalla para nada, ni que toméis siquiera mi nombre para cosa alguna. Es más, ni aún quiero me escribáis; ojos que no ven, corazón que no siente. Al menos no sabiendo nada de lo que entre vosotras pasa, no tendré los malos ratos que me dais, en pago de tantos sacrificios. Mucho más quisiera decir, si no fuera perder tiempo que no tengo”[Notas 18].

Esta carta se escribió en un mal momento; en uno en que se descubrió en la vida de la casa de Sanlúcar algo que le llegó al alma. El desorden de los temas que trata está indicando la lucha interna que se desarrolla en su alma mientras la escribía.

En primer lugar es válido preguntarse: si son “palabras al aire” ¿por qué se las dirige a M. Ángeles? Sutil manera de decir algo importante, a quien interesa.

Notemos que empieza por un exabrupto emocional muy fuerte, porque no hay exordio ni explicación alguna previa. De pronto se mete en el fondo del asunto que le turba, con una pregunta directa: ¿Por qué acudís a mí, si hacéis lo que os da la gana y os burláis de todas las normas de vida de las Constituciones?...

El número 1 toca sin duda el fuerte motivo emocional que le ha hecho tomar la pluma. Intercala después el tema de la interpretación y publicación de las Reglas, sobre el que le preguntaban hipócritamente (números 2 y 4), y lo hace a pesar de que el párrafo anterior termina con la amenaza de desentenderse de todo. En el número 3 dice que deben atenerse a lo que ha escrito en las Reglas, aunque él diga otra cosa; lo que está indicando alguna mala interpretación de las Reglas, apoyándose en presuntas palabras suyas. Apunta de seguro a la M. Ángeles, a quien dirige la carta. En el número 4 introduce el tema del mal humor del Obispo de Madrid, con pinceladas en las que se retrata a sí mismo. Los números 2 y 4 son intentos de reprimir y controlar la explosión de mal humor con que ha empezado la carta, causado por los temas que toca en los números 1 y 5, que son la clave para entender dicha misiva. En menor escala también el número 3.

Es significativo psicológicamente que el profundo disgusto que afloró en el punto 1 vuelva a imponerse al final, en el punto 5. En los dos aparece el mismo tema: el económico. ¿Por qué, pues se levantó en su alma esa tormenta? Por dos motivos: porque abren o interceptan sus cartas, motivo prevalente en el mismo punto número 1; y porque la Procuradora no cumple con sus obligaciones, punto número 5.

18.10. Desencanto del Padre

Después de esta carta ya nunca fueron como antes las relaciones del P. Faustino con la M. Ángeles. Basta citar, para comprobarlo, dos cartas posteriores a ésta que estamos analizando y anteriores a la fecha de la destitución: la primera es una acusación directa contra la M. Ángeles, lo que fundamenta nuestra interpretación de la carta “Dos palabras al aire”; y la segunda, dirigida a la M. Ángeles. Veámoslas:

“Amada hija en J. Cristo: Cuando no hay un fin recto, no salen bien las cosas.
Por lo visto me quisisteis tender un lazo y caísteis en él. Queréis que os salve y respondo: Justo castigo de nuestro pecado.
A mí me pintó las cosas de color de rosa y me pidió lo que hice. Le mandé además los precios y no se dignó contestarme, esperando, como siempre, que yo comprometido… cargaría con el mochuelo y… le salió la criada respondona.
Si ahora está de Ejercicios, yo también. Ese modo de proceder ha de salirle caro y a todas las que la imitan. Otro compromiso le espera y algo mayor, para que sepa quien pretende burlarse y lleve su penitencia en el pecado.
Debo advertirte para que se lo digas también y lo sepas tú igualmente: Que no seré yo quien pida el permiso del Oratorio a Roma, ya que tan bien ha cumplido por haberle pedido el del Nuncio, cuyo importe no me ha satisfecho.
El que todo lo quiere, todo lo pierde y aún vuestro porvenir está en problema por ese modo de obrar.
Ya dicen que va muchas veces el cántaro a la fuente y al fin se rompe.
Ya no hay tus tus.
El Viejo”[Notas 19].

La segunda carta, dirigida a la M. Ángeles, es otra acusación directa: ha permitido que la casa de Sanlúcar se convierta en casa de huéspedes, con grave deterioro de la disciplina regular. Es más significativa para sus deterioradas relaciones. Entre esta carta y las llenas de confianza, que hemos leído, hay un abismo. Dice así:

“A. H. en Cristo Jesús: ¡Qué hayáis tenido feliz viaje! Por aquí tirandico. Como la adjunta venía en sobre abierto y suplicada, me tomé la libertad de leerla y veo es contestación a otras.
Por lo que a mí toca opino como el Consejo y en todos sus extremos.
Ya te indiqué en esto que no estoy por huéspedes de ninguna clase. Sólo dejan disgusto y siembra de desprestigio. Aunque me jures lo contrario, siempre diré: Que donde haya huéspedes, no habrá observancia. Y reniego del interés que mina la observancia.
Desde ahora para siempre declaro y tendré por espúrea a la Hija de la Divina Pastora que convierta sus colegios en casa de huéspedes.
¿Así se pisotea el capítulo IV de la primera parte de las Constituciones? ¿Así se cumple el V de la segunda parte? ¡Yo matándome por dar vida a la Congregación! ¿Se ha faltado? Sí y gravísimamente. ¿Se ha aplicado el castigo a las delincuentes? No. Que esto es más que barrenar las observancias.
No tengo ni tendré por hijas a las que así han faltado hasta que vea la reparación prescrita.
Quiero que se lea esta en Consejo de todas las que debieran haberse opuesto y no lo hicieron. Ya que faltaron las primeras, debieron reclamar las segundas, y ya que tampoco éstas lo hicieron, las terceras[Notas 20].
O ser como debéis ser, o no ser. Dios no bendice ese proceder, yo tampoco[Notas 21]
F. Míguez”.

Es muy difícil no ver en esta carta que hace a la M. Ángeles la principal responsable del desorden que denuncia, aunque no sea la única.

Lo dicho nos lleva como por la mano a estudiar lo que sucedió cuando, por fin, el P. Faustino descubrió de un modo imposible de tergiversar la traición de su hija predilecta. Este momento es uno de los más duros de toda su vida. Dios le llevaba por el camino de la cruz, el de los elegidos.

Notas

  1. Cfr. Álamo, pp. 228-229.
  2. Cfr. Vilá, p 460. El P Faustino se preocupó de que una hermana, la M. Sagrario, hiciera los estudios de Farmacia en la Universidad de Madrid (Cfr. cartas número 715, 716 y 718). Esto fue una novedad, pues las mujeres no frecuentaban aún la Universidad.
  3. Los detalles y dificultades no pequeñas que tuvo el P. Faustino para llegar a tener en Getafe una casa canónica pueden verse en Vilá, p. 255, nota 42. También Álamo, 1, pp. 379-380. Era el año de 1907 y aún no estaba resuelto el problema. Cfr. Carta nº 337 del 8 de junio, en la que dice: “Tengo un gran disgusto y es que no sé si el Sr. Obispo dará apoyo”. El lector debe saber que el P. salvó la vida del Rey Alfonso XIII cuando era niño. (Cfr. Álamo, 1, p. 265, capítulo XX). De ahí su confianza con la Reina Madre. Pero ni eso le valió, lo mismo que otros empeños. El Obispo quiso que fundaran en Madrid. El P. Faustino no pensaba as í, por creer que sus religiosas no estaban aún preparadas. Cfr. Carta nº 442 del 21 de julio de 1909.
  4. Cfr. Álamo, 1, p. 381. Frase del P. Faustino en relación con los gastos de El Picacho: “Dichoso Picacho y dichosa la hora en que os acordasteis de comprarlo”. Cfr. Cartas nn. 274 (bien diciente) y 406. En la compra de la finca de Getafe, “El Pensamiento”, gastó 385.000 pts.; en el colegio de Chipiona, 130.000 pts.; y en El Picacho, de Sanlúcar, 4.000.000 pts. Cfr. “Positio”, p. 457.
  5. Cfr. “Positio” p. 253, nota 35. El censor sólo propuso dos correcciones meramente formales.
  6. Cfr. “Positio” p. 254, nota 37, que viene de la página anterior.
  7. Cfr. Vilá, p. 292, nota 2.
  8. Cfr. Vilá, p. 292, nota 4
  9. Cfr. Carta nº 325 del 15 de noviembre de 1906. La elección fue el 27 de diciembre de ese mismo año.
  10. Cfr. Carta nº 327 del 16 de noviembre de 1906.
  11. Cfr. Carta nº 330, sin fecha, pero inmediatamente antes de las elecciones, que fueron –como queda dicho- el 27 de diciembre de 1906.
  12. Cfr. Carta nº 86, del 28 de mayo de 1889.
  13. Cfr. Carta nº 223, del 12 de marzo de 1891. En la carta nº 216 la llama “mala pagadora”.
  14. Cfr. Carta nº 226 del 26 de marzo de 1891. En la carta nº 228 del 2 de abril le dice: “Doña Paula me entregó el domingo 25 pts, de limosna; me las reservo p ara irme cobrando, ya que tú no me pagas, por más que te digo”.
  15. Cfr. Carta nº 230, del 8 de abril de 1891.
  16. . Veamos: en la carta nº 264 dice expresamente el P. Faustino que ha escrito a la M. Ángeles. Lo mismo que en la nº 268: “Escrita la anterior, recibo la tuya”. La nº 274 está toda dedicada a las obras de El Picacho, por lo que se ve que es una de tantas sobre el tema. En la 284 dice: “Recibí tu atenta lamentación”. Es claro, pues, que existió la correspondencia normal entre los dos.
  17. El P. Anselmo del Álamo trae en su obra una certificación de una novicia de la Congregación que dice así: “Yo, Sor Virtudes Cid de Jesús, certifico que siendo Novicia en la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora Calasancias de Sanlúcar de Barrameda, en el año 1948, al fallecimiento de la Rvda. M. Ángeles fui encargada por la Rvda. M. Gemma de quemar un saco de escritos de la Congregación, cuyo contenido ignoro, pudiendo encontrarse entre ellos datos referentes a los asuntos de la Congregación que tal vez serían necesarios para ayudar a aclarar hechos en los momentos actuales de la Causa de nuestro Padre Fundador. Sor Virtudes Cid de Jesús. Almazán 20 -9- 1970”.
  18. Los números con que distinguimos los párrafos son nuestros, para facilitar los comentarios a la carta transcrita
  19. Cfr. Carta nº 289, del 27 de septiembre de 1905.
  20. Cfr. Carta nº 292, del 26 de febrero de 1906. La última frase es abreviación del refrán castellano que dice: “A perro viejo no hay tus tus”. La M. Ángeles estaba dirigiendo los Ejercicios de las niñas en Sanlúcar.
  21. Esta es la regla de oro, según su modo de pensar, que enunció ya en 1889, en la carta nº 68 del Epistolario: ¡Todas responsables de todo! Y la que no cumpla, que se atenga a las consecuencias.