EstudioPsiquicoEspiritual/21 Período de 1907 a 1923

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21 Período de 1907 a 1923

Pasadas las tormentas de la destitución de la M. Ángeles y la expulsión de la M. Antonia, empieza una época de la vida del P. Faustino larga y tranquila, en la que el Instituto se fue afianzando y consolidando. No todo fue prosperidad y bonanza; pero, en conjunto, la obra del Padre adquirió consistencia. Veamos los sucesos más notables que ocurrieron en estos años. Después de enumerarlos, iremos tratando los más importantes en apartados sucesivos.

El hecho de mayor trascendencia fue, sin duda, la Aprobación Pontificia tanto de la Congregación como de las Constituciones. En virtud de esa aprobación el Pío Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora se convirtió en una Congregación de Derecho Pontificio. Esto le abría el camino para extenderse en su día a toda la Iglesia universal. Paralela a este hecho fue la preocupación seria del Padre por la observancia de esas Constituciones: el empeño en que se convirtieran en norma viva de la conducta de sus hijas, no en código muerto de leyes. Esto tiene mucho que ver con la preocupación del Fundador por la formación de la segunda General de la Congregación, Sor Julia Requena, sucesora de la depuesta M. Ángeles.

Junto con este hecho fundamental se puede estudiar la actividad dirigida a propagar la Congregación en España. Fueron muchas las ciudades españolas que pidieron un colegio de las hijas del P. Faustino. Este hecho nos le muestra bajo otro aspecto: aparece el hombre práctico, sagaz y prudente, que sabe exigir de los solicitantes, particulares y oficiales, todo lo necesario para que el trabajo de sus hijas llegue a ser eficaz para la sociedad. Al final de su vida aparece primero la posibilidad de fundar colegios en América y, por fin, la realización de esa ilusión.

Todo este trabajo externo supone otro más escondido pero más eficaz; el de la formación de las religiosas. Dedicaremos un estudio especial a este sugestivo tema.

Hay otros dos que, aunque parecen tangenciales, estuvieron muy relacionados con la vida de las religiosas: su dedicación a la medicina y la solución definitiva del problema del dinero que provenía de ese ejercicio. Por este último le llegaron grandes cantidades de dinero, que administró con una conciencia recta y exigente consigo mismo. Pero viendo llegar el fin de sus días quiso que no pudiera haber duda que lo había querido hacer también sometido a la obediencia de los Superiores de la Orden de las Escuelas Pías.

Este es el panorama de estos años -1907 a 1923- que pasamos a relatar con la brevedad posible, siempre en la esperanza de que ello nos proporcionará nuevos datos para el estudio que hemos emprendido.

21.1. Aprobación pontificia de la Congregación y de las Constituciones

La aprobación pontificia de las Constituciones exigió del P. Faustino un trabajo largo y penoso. Duró desde 1908 hasta 1912, en el que fueron autorizadas “a prueba” durante siete años. La definitiva fue impartida en 1922, tres años antes de su muerte.

En 1908 escribió a la M. Julia Requena, una carta con las instrucciones necesarias para presentar las constituciones a la aprobación pontificia:

“Las Preces para la aprobación definitiva, o para el tiempo que se pida, sí que han de ir a nombre del Consejo General; pero antes debéis acordar las variaciones y modificaciones que queráis introducir.
Lo del estado del Instituto puede ir ahora o más tarde… En estas cosas todo es oficial; mi ingerencia sería impertinente y de ningún valor”[Notas 1].

A pesar de esta advertencia, tuvo que hacer un trabajo personal de asesoramiento a la inexperta General:

“Yo estoy trabajando en los pocos ratos que me quedan libres, para preparar las cosas que me aconsejó el Procurador General Romano (de la Orden), para aprobar las Constituciones… Quiero que me contestes pronto, si te mando el borrador tan pronto lo concluya, o no”[Notas 2].

Pocos días después se queja de que el trabajo es duro por lo mal copiadas que están las Constituciones, y dice:

“Añadid, quitad, haced lo que queráis de común acuerdo. Yo procuraré amoldarlas a las normas de la Sda. Congregación…; si no todo lo rechazan”[Notas 3].

Pero una vez copiadas, hay que buscar quien las traduzca al italiano y al latín:

“Bueno está lo que dice el Sr. Arzobispo de mandar las Constituciones en castellano, pero hay que buscar en Roma quien las ponga en italiano, pagar la traducción… y todo esto ¿cuánto cuesta y tarda?[Notas 4].
Por no mandarlas en latín, como yo quería…, habrá que pagar la traducción e impresión que hagan en Roma, que importará un “buon bocato e non di Cardinale”…
Debes hacer una relación exacta del ‘estado’ del Instituto y exponer en ella el estado personal, disciplinar, material, económico… Esta relación irá firmada por la Superiora, Procuradora y Secretaria Generales”[Notas 5].

Aún sigue su trabajo de asesor, indicando las variaciones que deben hacer las copistas en ciertos párrafos que indica[Notas 6].Después de realizar ese trabajo material de copia exacta del original, hay que pensar en las “recomendaciones”, para que toda la máquina del Vaticano se mueva. Y aquí aparece el espíritu rectilíneo y quijotesco del P. Faustino:

“Yo no tengo esas recomendaciones que dices hacen falta y me guardaría de buscarlas para una cosa tan sagrada. O es de Dios o no. Si lo primero, lo sacará a flote; si lo segundo, tiene que perecer”[Notas 7].

Pero luego se le impuso la realidad y pensó en buscar esas recomendaciones.

Las Constituciones se enviaron a Roma el 25 de febrero de 1909[Notas 8]. A pesar de su meticulosidad leguleya, aún faltaba algo. Nos dice él mismo, relatando la historia del manuscrito en Roma:

“De las Constituciones sé: que me las han devuelto para que haga algunas correcciones, indicadas por un Monseñor muy práctico en estos negocios; que tuve que hacerlas en italiano; que jamás me vi en tal aprieto, porque lo tenía en los talones, si alguna vez lo tuve en la cabeza; que las volví corregidas. Diez ejemplares para la Sda. Congregación; que a fin de mes deben estar corregidas; que inmediatamente serán entregadas a los cardenales de la Congregación, etc. Y lo que más pica, que ya mandé o giré 500 liras o sea 558,75 pts. para los primeros gastos. ¿Y te parece poco? Pues “ainda mais falta’”[Notas 9].

Le dolía soltar el dinero que tantas horas le costaba en la asistencia a los enfermos. El Padre tenía aún dos obstáculos para la santidad: el cariño al dinero, y el apego al “honor”.

Un año después, el 19 de diciembre de 1910, anuncia por fin la aprobación del Instituto y de las Constituciones, en Roma. Según su tesis, ¡ello era la aprobación de Dios! Pero, siempre igual a sí mismo, no quiere decir nada, a pesar de la alegría que le retozaba en el alma, hasta que la Madre General lo comunique oficialmente.

“Te adjunto esa carta del P. Enrique Torres para cuándo y cómo quieras comuniques esa noticia a todas las casas. No quiero que lo sepan más que por conducto ordinario. Recibí las cartas y el Decreto que retengo y a ti no te hace al caso por estar en latín.
Ayer lo comuniqué y di traslado o copia al Sr. Arzobispo de Sevilla, dándole al mismo tiempo las gracias en vuestro nombre y en el mío por los buenos informes que el resultado supone.
Las Constituciones también han sido aprobadas sin ninguna modificación, por estar “perfectamente conformes con las normas” de la Congregación; pero tiene que pasar algún tiempo antes de que den el Decreto de aprobación definitiva, tegua que llaman “experimental”, en la Curia Romana. Me dicen que las vaya poniendo en castellano. No tenía que hacer, y por eso viene ahora este trabajito sobre el viejo”[Notas 10].

Se advierte que la satisfacción del triunfo le llena el alma: aquello fue el triunfo de su pericia en el manejo de las leyes: “Aprobadas sin ninguna modificación”. Ahí se agarraba su “honor”. Pobre corazón humano.

La M. General comunicó a las religiosas esa gran noticia el 25 de diciembre. También ella salta de gozo ante la noticia:

“Trémula de emoción, amadísimas hijas de mi alma, me dirijo a vosotras, para daros la nueva tanto tiempo deseada… El Decreto de alabanza y aprobación definitiva de nuestro Instituto, expedido el 6 de diciembre del presente año, acordado por la Sda. Congregación de Religiosos el día anterior y confirmado por S.S. Pío X en el día de la fecha.
Ha devuelto también dicha Sda. Congregación las Constituciones aprobadas sin modificación alguna por estar en todo conformes con las normas de la misma, advirtiendo que dicho decreto de las Constituciones, en que indica su aprobación no puede publicarse, según costumbre curial, hasta que pase algún tiempo”.

Y es digno de la piedad de la M. Julia lo que propone a sus hijas como agradecimiento por el favor de Dios:

“Me diréis: ¿cómo pagaremos deuda tan grande? Ah, jijas de mi alma. No preguntadme esto, pues muchísimas veces os he dicho que amando es como podemos pagar todas las deudas”[Notas 11].

Desde este momento la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora es de Derecho Pontificio, entra a figurar como una más de las familias religiosas de la Iglesia de Dios y el P. Faustino Míguez empieza a formar parte del número glorioso de los Fundadores.

¡Del viejo tronco calasancio acababa de nacer un nuevo retoño!

Pero en virtud del mismo Derecho eclesiástico, la autoridad legal pasaba del Fundador a las superioras elegidas según las Reglas, cosa ya sancionada al aprobarse las Constituciones (pp. 195 – 196). Pero la misma Iglesia, aunque no lo exprese en texto alguno legal, acepta la autoridad que emana de la paternidad del Fundador y no le quita el derecho de seguir vigilando para que no se aparte del carisma que él recibió de Dios. Es preciso declarar esto para que se entiendan muchos actos del P. Faustino, en el futuro, en la dirección de sus hijas[Notas 12].

Una vez conseguida la aprobación eclesial, el P. Faustino procede a sacar las consecuencias del hecho en el orden civil. Por eso escribe:

“Pide tú un certificado en la Secretaría del Arzobispo de Sevilla de cómo el Instituto de Hijas de la Divina Pastora está aprobado por la autoridad eclesiástica de id. Cuatro ejemplares, o saca cuatro copias por Notaría de una y envía una a cada casa. Que cada una de éstas eleve oficio al Gobernador Civil respectivo por conducto del Alcalde. Que cada Superiora presente la suya y pida por favor recibo para enviártelo… y archivarlo”[Notas 13].

El idealista P. Faustino es a la vez el hombre de las leyes y el gobernador práctico que está en todos los detalles.

Después de este decreto de 1910 hubo que seguir los trámites para conseguir la aprobación definitiva. Por eso decía el Padre en 1911:

“Acabo de recibir carta de Roma en que se me encarga mande solicitud al Sto. Padre pidiendo se sirva dar el Decreto que ahora toca, es decir, el de aprobación de las Constituciones que estáis observando tal como las mandaron, indicando que el Instituto sigue bien en las diversas casas”[Notas 14].

Por fin, el decreto de aprobación definitiva fue expedido el 5 de agosto de 1912.

21.2. La M. Julia Requena, segunda General y colaboradora fiel del Fundador en implantar la observancia regular.

A la M. Ángeles sucedió como General la que era la Primera Moderadora, la M. Julia Requena. Era joven, pues tenía 32 años; profundamente religiosa y totalmente fiel al Fundador hasta su muerte.

Apostólicamente era activa y decidida, como lo demuestra esta carta suya, escrita cuando era Superiora en Monóvar:

“No hay más remedio que movernos; de lo contrario no haremos nunca nada y es preciso que nuestra Congregación se levante para honra y gloria de Dios y bien de las almas; pero para eso es preciso que no nos durmamos, sino que a Dios rogando y con el mazo dando. Todas las Congregaciones hacen lo mismo; no hemos de ser nosotras menos. Si alguna vez vamos por lana y salimos trasquiladas, no hay que apurarse por eso; perdiendo se aprende y buscando se halla. Padre, que me conteste lo más pronto que pueda, pues no se puede perder tiempo. Su Hija”[Notas 15].

Sabiendo la expansión que tuvo la Congregación bajo su gobierno, no sería difícil ver en estas palabras un programa de acción. El P. Faustino la apreció mucho. Se advierte en el gran número de cartas que le escribió durante su generalato, y aún en la franqueza con que la reprendió, a veces duramente, cuando lo consideró justo y útil a la Congregación. Oigámosle:

“Dios dirá cuándo llegará a realizarse todo; pero se irá haciendo lo que se pueda y Él sea bendito. Y que os haga a todas, todas, unas santazas, ya que no ha llegado siquiera a ser santito el que os bendice con todas vuestras discípulas[Notas 16].
Y tú, queridísima Hija en Cristo, que me tengas tan felices días como desea tu inútil y viejo Padre”[Notas 17].

Aún contando con el entusiasmo juvenil y con el aprecio y apoyo del Fundador, no le fue fácil a la M. Julia desarraigar los abusos que la M. Ángeles había dejado introducirse en la casamadre de Sanlúcar[Notas 18].

En efecto, la disciplina regular se relaja fácilmente, pero cuesta volver a establecerla en su pureza primitiva. La queja del P. Faustino a la M. Ángeles, transcrita en la nota anterior, es de 1906. Pues bien, en 1910 escribía:

“Creo debes escribir a Chipiona, preguntando terminantemente a la Superiora si se ha puesto ya o no en práctica lo que se mandó… Se creen las infelices que porque hay allí tres Asistentes Generales, son algo…”

Luego en la misma carta, le dice:

“No te extrañe lo que te dije… Tantas cosas veo y he visto y tantos desengaños…, aún de vosotras…, que no me formo ilusiones”[Notas 19].

21.2.1. La carta “a quien importe”

Las cosas no debieron mejorar en los años siguientes, porque en 1914 escribió el P. Faustino una de las cartas más notables de cuantas salieron de los puntos de su pluma para conocer su personalidad y su situación espiritual en aquel momento. La tituló “A quien importe”, manera indirecta de señalar al autor y autora del desorden a quien estuviera en antecedentes. Comentarla nos llevaría muy lejos. Pero puede estudiarse desde varios puntos de vista: desde el estudio de su personalidad (dominio de sí mismo, asimilación del ideal que persigue); desde la entrega a ese ideal (unidad de todas las fuerzas de su psiquismo alrededor de ese ideal); desde su fe (constancia con que tiende hacia la santidad, fidelidad a sus principios religiosos, amor a Cristo); desde la observancia regular (fidelidad a las Constituciones). Es un escrito que exige leerse varias veces para advertir la densidad de su contenido. Lo copiamos, dividido en párrafos, para facilitar su estudio:

1. “Sólo a ruegos de influencias, que mucho os favorecen y no puedo desairar por lo obligado que me tienen, falto a uno de los propósitos con que salí de esa el 6 de agosto ppº, con un decaimiento de ánimo rayano en arrepentimiento de cuanto por eso había hecho y sólo con la esperanza de que me lo pagará el que, a mi ver, me lo impuso.
2. ¡Con cuántas amarguras pasé aquellos días en turbio y las noches en claro, temiendo fuese yo la causa de aquellas miserias tan impropias de semejantes personas! ¡Cómo así se disfraza la realidad y acrimina a inocentes lo que desde el primer día se presentó a mis ojos!
Sin duda se figuran que, a fuer de viejo chocho, miro y no veo, oigo y no entiendo, y porque callo, apruebo. Y salva la inmodestia, vi, aprendí, reprobé y callé mientras no tuve la seguridad de que estaba en lo cierto. Viendo, empero, que sembraría sobre piedras y lo que por mi interior pasaba, resolví poner tierra por medio, para no sucumbir en pocos días a consecuencia de la zapa tan solapadamente dirigida. Hace 29 años que vengo diariamente pidiendo al Sr. que si ese Instituto no ha de ser siempre para honra y gloria de Dios, bien y salvación de las almas propias y ajenas, lo disipe como el humo en el aire, sin dejar siguiera rastro ni memoria. Y que si mi inutilidad y mal ejemplo es óbice a la consecución de aquél, que disponga también de mí cuanto antes.
3. Sólo Dios sabe lo que me costó ese Instituto, lo que por él sufrí y lo dispuesto que todavía estoy a dar por él mi vida, porque jamás en él se ofenda a Dios por ningún concepto, pero si no ha de ser como debe, si en él no ha de reinar siempre una abnegación absoluta, una unión perfecta, una paz inalterable; si ha de introducirse en él algún espíritu malévolo, algún carácter subversivo, algún duende cizañoso; si no han de observarse exactamente sus Constituciones, cumplirse a la perfección sus votos, aspirar sus miembros a la virtud y santidad a la que están obligados…, con todo mi corazón y toda mi alma pido al Señor dé al traste con ese Instituto por cualquiera de los infinitos medios que puede emplear, antes que lo hagan sus individuos por su inobservancia y falta de caridad.
4. Que Dios bendiga a las que estén resultas a portarse como fieles Esposas de su Stmo. Hijo e Hijas de la Divina Pastora y abra los ojos del alma a las que marchan a la ventura sin precaverse de los principios que bordean su camino. Amén. 9-16-1914”[Notas 20].

La lucha por la observancia de las Constituciones y la fidelidad al carisma no terminó con este escrito fundamental. Cierto que el foco de infección estaba localizado en Sanlúcar más que en otra parte. Oigámoslo a él mismo:

“Recibida tuya 25. Respecto a ir a ésa, no está el horno para bollos. A Sanlúcar, gato escaldado…, a pesar de que convenía a mi salud; pero prefiero las amatas del cuerpo a renovar las heridas del alma…”[Notas 21].

Pero a pesar de estas palabras, volvió a Sanlúcar desde el 8 de agosto al 10 de septiembre del año 1918. ¿Qué vio allí? La impresión no debió ser tan fuerte como la expresada en la carta “A quien importe”; pero sus palabras indican que la idea de la observancia le seguía torturando:

“No hay que aflojar en los “Principios de Gobierno”. Que no es relajada la Congregación donde hay faltas, sino en la que no se castigan y corrigen, como decía S. Alfonso María de Ligorio. “Ay de la Superiora porta-bandera de inobservancia. Ay de la que no sea la Regla viva que puedan imitar las súbditas, para salvarse, Madre cariñosa para las que la observen e inflexible para las que la quebrantan”[Notas 22].

Tenemos otra carta, en la que dice expresamente que la situación actual de relajamiento viene de atrás, seguramente durante el gobernó de la M. Ángeles, ya que el foco principal había sido Sanlúcar. Es otra carta en que de nuevo nos dejó jirones de su espíritu:

“J. H. S. Amada Hija en Cristo Sor Julia: Mal tiempo es de viajar con estos cambios tan bruscos de temperatura y no sé si, al llegar a Sanlúcar, te verás libre de lo que allí priva. ¡Dios lo haga! No me extraña encuentres continuos disgustos. La sobrada indulgencia anterior trae esas consecuencias, que es preciso cortar a todo trance. Después de las amonestaciones evangélicas, hay que cortar por lo sano. La que no quiera ser como debe, a la calle, según los “Principios de Gobierno”, sea quien fuese y cuanto más alta más pronto por más criminal y por lo mismo más contagiosa. Es un deber el preservar las sanas de la roña de las contagiadas. Valen más cincuenta buenas que cien regulares o cinco mil malas.
No sólo hablar claro, sino obrar con energía y cuanto antes; que esa epidemia pervierte los mejores espíritus. A la que no tenga el espíritu que debe, la corrección inmediata, y si no hay enmienda completa, puente de plata, quiera o no quiera. Y por de pronto sin voz ni voto para nada, mientras se pide el pasaporte a Roma, para que vuelva legalmente al punto de donde vino y no debió salir.
Dios, que es la bondad infinita, azota y castiga a los que adopta por hijos. Los Superiores deben seguir la misma conducta con los inferiores que deseen ser verdaderos hijos de la Corporación. Los que eso no soporten serán hijastros de Satanás. Mi bendición a las que se portan bien y sólo a ellas y no a las demás interim no se enmienden.
Te bendice el Viejo”[Notas 23].

21.2.2. El estudio, factor decisivo en las Calasancias

Otra empresa no menor encomendó el Padre Fundador a la M. Julia: inculcar en sus hijas el amor al estudio como instrumento de su apostolado, de conformidad con el ideal de Piedad y Letras. Y añadiríamos, de acuerdo con la personalidad del mismo P. Faustino, que fue un sabio y un santo, exponente y gloria de las Escuelas Pías del siglo XIX y primer cuarto del siglo XX. Mejor que nosotros lo dice la misma M. Julia en la circular que dirigió a sus hijas el 7 de febrero de 1911:

“Con sumo placer he visto lo bien que ha caído en el corazón de todas no sólo la grata noticia de la Aprobación Definitiva de nuestro Pío instituto por la Santa Sede, sino también la manera que, deseosa del bien de todas, os he propuesto para que de algún modo podamos corresponder al Altísimo por un favor tan grande.
De todas he recibido plácemes y enhorabuenas. Y con gusto las he admitido; pero permitidme hijas de mi alma, que os diga que en mi corazón existe una pena, que nunca mejor que ahora que todos los corazones están agradecidos a nuestro buen Dios, debo comunicarla, segura de que, como buenas hijas, han de procurar trabajar cuanto puedan porque esta pena desaparezca no sólo de mi corazón sino también y aún más todavía del corazón de nuestro respetable y M. Rvdo. P. Fundador.
A todas os consta, hijas de mi alma, el amor intenso que nuestro anciano Padre ha tenido y tiene por la enseñanza, pues este amor le ha dado fuerzas para resistir por espacio de 26 años, que tiene este Pío Instituto de existencia, tantos disgustos y sinsabores, que a nosotras nos es imposible. Pues bien, mis buenas hijas, este amor que tiene nuestro Padre a la enseñanza, al no verlo inculcado en nuestro corazón en la visita que nos hizo en el pasado octubre le causó gran pena, pues vio las deficiencias de la enseñanza en casi todos los colegios.
Sí, esta ha sido la pena que después de su visita le ha quedado grabada en su corazón, pues así me lo ha comunicado en los días que he estado en nuestra casa de Getafe…”[Notas 24].

Dos tareas duras le había encomendado el P. Faustino a la M. General: implantar la verdadera observancia regular y preparar a sus hijas para el digno desempeño de su tarea docente-educativa. Esto es, nada menos, que fundar la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora Calasancias sobre las dos bases espirituales que la prepararan a su viaje secular por la historia.

Cuando se trata de conseguir esto, el Padre no le regateaba ni la censura ni las críticas, a veces duras, a su estilo. Basta leer como ejemplo la carta escrita como reacción a la lectura del borrador de la circular transcrita. Para ahorrar tiempo enumera los asuntos por tratar, así:

2º. “Sobre el borrador de la circular acerca de las clases, nada dije por flojo, para hacer resaltar las deficiencias que noté respecto a lo pasado.
3º. Prometes ser cauta en lo que has dispuesto sobre esto; no lo manifiestas.
6º. No te olvides que donde hay patrón no manda marinero y de que mientras yo viva, no consentiré lo contrario.
8º. Ni en ti siquiera vi aprecio ni cosa parecida por esto (lo que había hecho en Getafe) y lo que más me ha disgustado, ni justicia hacia la que más ha sufrido y trabajado por conservar esto (tal vez se refiera a Sor Sagrario, su colaboradora en el asunto de los específicos), que ni de a legua sabes lo que vale y lo que a mí me costó y nunca pagaréis.
9º. Lo único que has hecho es dar crédito a la que habías enviado, por lo que se vio, a censurar a la Superiora y al Fundador.
10º. Si antes de obrar como obras la hubieras oído y después careado con la Superiora y conmigo, ya verías como no te pasaba eso.
11º. ¿Le dijiste tú que aquí no se venía a trabajar? ¿En qué cumplía entonces su voto? Ni tú estás excusada de hacerlo. ¿Cómo podrías mandar a las demás? Te diría, y con razón, lo que a la cangreja sus hijos: “Denos usted ejemplo”.
12º. Con éste, con éste se manda mejor que con las palabras y manos limpias. ¿Qué hacen las MM. María y Concepción? (Debe referirse a María Casaus).
Mucho más tenía que decir, pero me falta tiempo y gusto. Yo no tengo que perdonar. Lo hago tan pronto como me ofenden, para que Dios me perdone”[Notas 25].

No había peligro de que la adulase. Ni ella podía confiar más que en sus acciones rectas, según las Reglas, porque su padre era, a la vez, su juez y censor franco y claro.

21.3. Fundaciones

21.3.1. Colegios

La renuncia del P. Faustino a la dirección de sus hijas y la crisis en la vida de las MM. Ángeles y Antonia paralizaron la expansión de la Congregación. Por eso en 1908 ésta tenía únicamente cuatro casas: Sanlúcar, Chipiona, Monóvar y Getafe. La de Aspe vivía una vida de enfermedad crónica y murió en 1914[Notas 26].

Pero una vez normalizada la vida de la Congregación con la elección de la M. Julia Requena, aquélla empezó de nuevo a echar brotes. En las Cartas del Padre escritas entre (los años de) 1909 a 1921[Notas 27] se ve que éstos fueron doce años en que estuvo pendiente de propuestas, de condiciones, de promesas capciosas, de esperanzas fallidas, que coinciden con la década de los ochenta años de su vida. Leyendo esas cartas se le ve enterado de todos los detalles, de la posibilidad que ofrecen todas las promesas, cuáles de éstas son capciosas, cuáles tienen fundamento. Sigue llevando las cuentas del dinero que entrega, de lo que es capaz de ofrecer, de los peligros que se corren. Esto en el orden material. Después veremos su preocupación principal, la vida sobrenatural, la cual no aparece siempre en sus cartas porque éstas son respuestas a problemas concretos de la vida cotidiana de las casas fundadas y de las que se espera fundar.

Es notable leer en esas sus cartas el gran número de ciudades y pueblos españoles y algunas ciudades de América que le solicitaron enviar a sus hijas para crear centros de educación de niñas, Es una buena muestra del hambre que sentía aquella sociedad por esa educación. Era el momento de la historia en que esa hambre se extendió por España[Notas 28].

Llegaron a realizarse las fundaciones en Daimiel (1911); Monforte de Lemos (1915); Beas de Segura (1915); Martos (1915) y Belalcázar.

De entre estas fundaciones habla el Padre en sus cartas con más frecuencia de Daimiel, pueblo manchego del que era cura párroco su gran amigo Don Tiburcio Ruiz de la Hermosa. Hubo grandes dificultades para la fundación en este pueblo, pero todas las venció la amistad sincera y profunda que había entre el escolapio y el santo cura. Entre los dos hubo una nutrida correspondencia, que es la mejor muestra de la calidad de su amistad.

La fundación de Monforte se debió al P. Domingo Baña, un gran escolapio coterráneo suyo, Rector del Colegio de Escuelas Pías de ese pueblo gallego. Tenemos una carta del P. Baña al P. Faustino, en la que le dice:

“Por aquí me preguntan con frecuencia cuándo vienen las religiosas, cuándo empiezan las obras, etc., y yo les doy cuerda para que sigan esperando. La gente las desea y si hubiera más entusiasmo para todo, no les faltaría para una cosa que tanto les conviene”[Notas 29].

La fundación de Monforte acercó al P. Faustino a su pueblo natal y a su familia, a quienes no veía desde hacía muchos años. Nos cuenta el hecho la misma crónica del Colegio:

“A últimos de octubre marcharon a Celanova nuestra Rma. M. General, la M. Natividad (fundadora del colegio), el Rdo. Padre y el P. Elio Rodríguez, donde pasaron unos días con la familia del Rvdo. Padre y visitaron la casa donde nació y vivió por espacio de algunos años, hasta que entró Escolapio. Regresaron después los mismos con dos sobrinas del Padre que quedaron de internas en el Colegio. A principios de noviembre… marchó nuestro R. Padre a Getafe, el 19 la Rma. Madre General con la M. Natividad”[Notas 30].

El austero escolapio, como añoso árbol envejecido y de ruda apariencia externa pero dulce y tierno por dentro, debió sentir hondas emociones al volver a visitar –ahora por última vez- aquellos lugares en que tan intensamente vivió como niño primero –su pueblo- y como escolapio después –Celanova-.

21.3.2. Casas de estudio para las religiosas

Si se desea un personal bien preparado para la docencia, se necesitan casas en que las religiosas puedan realizar sus estudios con la debida dedicación. Se encontró el P. Faustino con el mismo problema que ocupó la atención de San José de Calasanz y que, por diversas razones, no pudo resolver a la medida de sus deseos. Lo mismo vemos que le pasó al Fundador de las Hijas de la Divina Pastora. En sus cartas no encontramos solucionado el problema. Solamente constatamos que le preocupó y declaró su absoluta necesidad. Oigamos sus palabras:

“No me parece mal lo de Manuela. Allí habrá que mandar las que tengan disposición para el estudio. O hacer aquella casa de Estudio. Lo que precisa hacer a todo trance”[Notas 31].

Repite la idea en otra carta, escribiendo a un señor que le ofrecía fundar en Cádiz:

“Brujaleando yo sobre la manera de separar la casa de estudios de las Hijas de la Divina Pastora de la del Noviciado, y pidiendo al Señor y a su Sma. Madre me lo proporcionasen, recibí la suya muy atenta”[Notas 32].

21.3.3. Fundaciones en América

Terminamos este apartado con una alusión, tomada de las cartas del Padre, sobre futuras fundaciones en América hispana. Es la primera vez que suenan en la historia de las Calasancias nombres de ciudades americanas. América es el continente de la esperanza, no sólo para el mundo sino también para la familia religiosa fundada por el P. Faustino. La primera mención se refiere a Cuba, y no es de una petición de religiosas calasancias, sino de escolapias, sus hermanas. Dice así el Padre:

“El Obispo de Camagüey pidió tres fundaciones a las Escolapias, que no aceptaron por falta de personal. Es Carmelita. Pudieras escribir al P. Fray Diego si te daba recomendación o las pidiese para vosotras”[Notas 33].

Se le nota al P. Faustino el deseo de mandar a sus hijas allí donde él empezó su ministerio escolapio. Pero no se vuelve a saber4 nada de esa ilusión.

El año siguiente aparece un nuevo nombre de una villa americana, no ya de Cuba, sino de Argentina. Oigamos al Padre:

“Por si pega. Para el 14/c pasará por ésta, para embarcarse en Cádiz, un caballero de Villa Cañás, Provincia de Santa Fe en Argentina.
A la salida de aquella Villa, se trataba de llevar allí unas Religiones, para que fundasen un colegio de niñas. Y dice que si no las llevaron ya, cuando llegue, propondrá las de vuestra Obra, si le decís las bases, para llevarlas y presentarlas. Si ya se hubiesen comprometido con otras, no podrá hacer nada… Es un pueblo nuevo de más de 4.000 almas. Allí la mayor parte, todos son nuevos (sic). Tal vez fuese el principio para extenderse por otros más importantes. Por ahora creo que se contentan con cinco o seis religiosas”[Notas 34].

Ahí queda la santa ambición de un apóstol de la educación. A veces los sueños se convierten en realidad. La de las fundaciones en América hispana llega dos años después.

El origen de las fundaciones en Chile y Argentina lo describe así el P. Anselmo del Álamo en su biografía del P. Faustino:

“En diciembre de 1922 emprendía viaje a España el Rdo. P. Adolfo Echarte, Rector del Colegio Hispano-Americano de Santiago de Chile. Antes de partir, la colonia española le comisionó para que a su regreso trajera una comunidad de religiosas españolas que se hiciese cargo de la dirección de una sociedad benéfica fundada por damas españolas de la capital de Chile… En España, por informes de los PP. Escolapios de Madrid, tuvo ocasión de conocer la existencia del Pío Instituto de las Hijas de la Divina Pastora, religiosas que en Getafe dirigían un establecimiento similar. Supo así mismo que en el histórico colegio de PP. Escolapios de Getafe residía el P. Faustino Míguez, Fundador del citado Instituto. Con estos antecedentes se dirigió a Getafe, para tener una conferencia con el Venerable Fundador”[Notas 35].

Hablaron y se entendieron los dos escolapios. El P. Echarte prometió al P. Faustino que sus hijas serían bien recibidas en Santiago, y el P. Faustino vio llegada la hora que tanto había anhelado. Dirigió cartas al Rector del Colegio Hispano-Americano de Santiago y a la General, que residía en Sanlúcar. Se entendieron también el P. Echarte y la M. Julia. La entrevista terminó con un contrato firmado el 24 de abril de 1923. Tuvo la suerte el P. Echarte de poder acompañar a las primeras Hijas de la Divina Pastora que salieron de España en plan de fundadoras. La superiora era la M. Natividad, ducha ya en la fundación de casas. Llegaron felizmente y realizaron el sueño del P. Faustino, el cual, al despedirse de la M. Aurora Rea, le dijo emocionado: “Adiós, hija mía, hasta el cielo. Deja allí en Chile el pabellón calasancio de la Congregación muy alto, muy alto, muy alto”.

La fundación de la primera casa en Argentina tiene relación con el hospedaje que dieron en Buenos Aires a la primera expedición, por recomendación del P. Echarte, las religiosas del Buen Pastor. El P. Echarte conocía allí a una religiosa, hija de un señor amigo suyo, de Santiago. Se llamaba ella Josefa Fernández, fundadora en Buenos Aires de una casa de religiosas del Buen Pastor, y acogió con mucha caridad a las Hijas de la Divina Pastora que desde allí partieron para la travesía de la cordillera hasta Santiago. Encargó el P. Echarte a la M. Josefa que viera en qué obra de caridad pudieran ocuparse las calasancias españolas. La M. Josefa no olvidó el encargo y en diciembre de ese mismo año, 1923, avisó al P. Echarte que el Asilo de la Virgen de los Desamparados de Buenos Aires necesitaba religiosas que lo dirigieran. Era urgente la confirmación. Se consultó por cable a la General y ésta contestó afirmativamente danto carta abierta a la M. Natividad para que hiciera lo que juzgara ésta oportuno. Contando con este permiso, la M. Natividad se trasladó a Buenos Aires con la M. Amparo Rodríguez.

Así empezó la obra calasancia en Chile y Argentina, donde hoy siguen trabajando con éxito[Notas 36].

21. 4. La formación de las religiosas de la Divina Pastora

La formación de sus miembros es el problema fundamental de toda sociedad humana que anhele realizar cosas grandes. Por eso el P. Faustino comprendió que formar a sus hijas era un asunto básico, mirando al porvenir.

El P. Faustino era hijo de San José de Calasanz, cuyo lema “Piedad y Letras” vivió en sus dos partes. En efecto, fue un sabio en varios campos del humano saber, sobre todo en Medicina, y a la vez un varón con fama de santo. Ahora estamos estudiando que lo era auténticamente. Fue, pues, abierto al saber humano y la vida divina: “a la luz del mundo y a la luz de Dios”, según la feliz frase de Calasanz[Notas 37].

Un hombre así no podía querer hijas rutinarias o incompetentes en la enseñanza, en la cual había sobresalido de modo extraordinario[Notas 38].

Por eso, en los principios del Instituto era él personalmente el que daba a las religiosas clases prácticas de pedagogía, en las que les transmitía su método y el secreto de sus triunfos[Notas 39].

Metido después en los avatares de la vida y en la dirección del Instituto y sobre todo cuando fue separado de sus hijas para residir en Getafe, ya no pudo realizar esa tarea tan cara a su corazón y tan útil a las religiosas. Tuvo que limitarse a darles principios de acción. La formación corrió desde entonces a cargo de las superioras de la Congregación.

Veamos, pues, su pensamiento en algunos puntos concretos. Nos centramos únicamente en las cartas, prescindiendo de otras fuentes de información, tal vez más ricas, por ser más sistemáticas.

21.4.1. Principios generales sobre la formación

La idea es de dominio universal: sin educación es imposible una sociedad cualquiera, próspera y creativa:

“A mi parecer, lo primero es formar un buen personal y todas las que puedan con título y buen espíritu”[Notas 40].
Y las novicias ¿prometen?... Cuales sean, será el Instituto mañana”[Notas 41].
Aquí he indicado mi deseo de que todas las que puedan y tengan disposición al efecto, aprendan lo que puedan, como piano, dibujo, etc. Veo que hay cierta oposición en M. Inmaculada. ¿Pero quién es ella para oponerse al bien de la Congregación? Ya que no entran formadas, como en otras Congregaciones, deben formarse, so pena de vivir siempre de prestado y nunca levantar cabeza.
Que al menos tengan algún principio para, si después tuviesen tiempo y afición, puedan perfeccionarse.
Vio cierta sombra de amor propio, falta de humildad y una tendencia censurable a matar iniciativas o buenas disposiciones”[Notas 42].
Dios dirá y tú harás lo que gustes; pero hay que formar buena gente, y más instruida, que no lo que está”[Notas 43].
Mucho ojo y cantar claro, que sin buenas maestras no pueden marchar bien los Colegios, ni acreditarse la Congregación”[Notas 44].

A principio de nuestro siglo era ya mucho que las religiosas tuvieran título de maestras. La mayoría no lo tenía, porque el Gobierno no podía exigirlo. Cada entidad particular formaba las personas docentes que necesitaba. En la congregación del P. Faustino no hubo al principio sino dos maestras con título, las MM. Ángeles y María Casaus; luego lo tuvo Margarita Artime.

21.4.2. Selección de candidatas

Se imponía, pues, la más exigente selección de las candidatas, tanto en el orden moral como en el literario. La selección es, en efecto, una idea frecuente en la correspondencia del P. Faustino:

“No pongo límites a las que hayan de admitirse, sólo recomiendo la selección. Que valen más pocas buenas que muchas malas e inútiles.
Vocación, vocación y no vocaciones, vocaciones. Lo demás a vosotras os compete”[Notas 45].
Sor F. como si no. Le eché una buena y con la mayor estupidez. Conviene vuelva a ésa para que las votantes aprendan a seleccionar y a no admitir pedazos de carne. Esta, Amp(aro) y otras bastan para deshonrar la Corporación.
Con tantas Martas piadosas se multiplicará la gente o las bocas, pero no la alegría. Si así se aplican los Principios de Gobierno, al tiempo. Si así habéis de seguir, hasta los bancos pueden vestirse de Pastoras. Lo condeno con toda mi alma”[Notas 46].
Últimamente (está dando recomendaciones para una fundación) que no estoy para más (por viejo y cansado); que haya mucha selección en el personal y que sea bien probado, para que no haya tanta higuera estéril ocupando un terreno que sólo destina el Señor para las fértiles”[Notas 47].
Selección, selección, ver a quién se admite; probar, probar, bien, bien”[Notas 48].

E insiste incansable:

1º. “Ojo con tantas vocaciones, que no se conviertan en vocaciones.
2º. No está el porvenir del Instituto en la cantidad, sino en la calidad de los miembros.
3º. Las que entran por vocación son las más soberbias, exigentes, funestas, como instrumentos de Satanás contra la obra de Dios.
4º. No entre a ruego de Marta piadosa algún fermento de ruina del Instituto.
5º. Siempre a la vista de los Principios de Gobierno, válvula de salvación del Instituto.
6º. Las que de nada suben a algo, más se engríen y creen valer”[Notas 49].

Son consejos tomados de la experiencia de sus largos años.

21.4.3. Formación literaria

Después de la selección, ocupa su atención la formación literaria, como propia de la preparación profesional de las maestras. Completa este tema su preocupación por que las religiosas estén poseídas del ansia de saber como el alma de su servicio a la sociedad.

“En Sanlúcar falla la parte literaria y la científica. Sor María no puede atender a todo. Las demás, flojas en eso, como aquí. Yo no callo, no quiero callar. Siempre echando de menos lo antiguo”[Notas 50].
Ahí deben apretar mucho en Gramática, Aritmética, escritura… Si no, van a verse luego en un compromiso. Bueno sería que después estudiasen también álgebra”[Notas 51].
Nada tengo que añadir, sino que encuentro a la gente floja en las asignaturas y hay que ver de arreglarlo.
Nadie da lo que no tiene. No es que no haya alguna disposición pero sí poco entusiasmo y deseo de saber y por eso de aplicación”[Notas 52].

E incluye la especialización, que entonces no podía ser sino incipiente, por tratarse de enseñanza primaria y por estar en el inicio de la Institución:

“Es necesario que encargues a Sanlúcar que estudien muchísimo y de todo. Cada una parta lo que sea y lo general a todas[Notas 53].
Sagrario no tiene el título de maestra, ni de bachillerato, porque no los ha sacado. Acabo de decirle que pida certificado del 1º a la Normal de Toledo y del 2º al Instituto de San Isidro de Madrid… Respecto a las mecanógrafas, siento tarden tanto en proporcionar máquina… Al ver un anuncio de aprender taquigrafía en diez días, entré en deseo de que fuesen dos a enterarse en la calle de Toledo nº 2 de Madrid, por si pudieran ir, ya que está en boga”[Notas 54].

Advierta el lector que esta carta es de 1920, cuando el P. Faustino tenía noventa años de edad. Sabía aún lo que estaba “en boga”. Y es significativo oírle decir en esa misma carta:

“A todas que me dispensen que no pueda contestar por lo agobiado que estoy de cartas…, porque como soy tan viejo no me entra el modernismo y ni leer sé en él”.

Nosotros creemos más a los hechos que a las palabras: él seguía abierto y por ello joven. Soñó por eso en sus últimos años en una casa de estudios para sus religiosas jóvenes, como ya dijimos al hablar de las fundaciones. ¡Y eso en 1921!

Para estimular al estudio a sus hijas, y a la preparación profesional, empleaba la emulación, poniéndoles delante el ejemplo de otras familias religiosas. Es curioso que entre otras educadoras les ponía el ejemplo de las escolapias, también calasancias. Oigámosle:

“Ya os dije y os repito ahora que tenéis que véroslas en competencia con otras Corporaciones, que están haciendo esfuerzos extraordinarios para marchar al frente de todos los adelantos, sin faltar a lo principal, la piedad y religión y observancia.
Ved una prueba con las Escolapias, que han presentado este año y están presentando a examen en la Escuela Normal de Toledo muchas religiosas y alumnas, para tomar el título de Maestras.
Más todavía en las Ursulinas, cuyas alumnas solamente de Aranjuez se han examinado y tomado el título unas 50 Maestras y 60 para profesoras de música o piano en el Conservatorio.
Lo mismo están haciendo otras, para no quedarse sin poder enseñar; si no queréis aprender y hacer lo mismo ya llegará el día en que os pese y no podáis remediarlo.
Las mismas Superioras son las que más se desviven para preparar a sus súbditas y alumnas y en prepararse también ellas al efecto.
Ahí es donde mejor se conoce el celo e interés que tienen por su Congregación y por la honra de Dios y bien de las almas”[Notas 55].

E insiste en este punto. Dice a una religiosa que va a una fundación:

“En 2º lugar (atiende) a la enseñanza, que por desgracia ha decaído y es muy deficiente en particular en algunos colegios; al contrario de lo que está pasando en otras Corporaciones similares, que están haciendo esfuerzos inauditos para habilitar personal en competencia y títulos y levantar la Institución según lo piden las circunstancias actuales”[Notas 56].

Es notable que no existe en el epistolario del P. Faustino una teoría pedagógica. Él la tenía y la usaba como se posee y se usa la respiración. Era pedagogo, como hemos visto, y lo vivía.

Los escolapios hemos aprendido nuestra pedagogía más de la tradición de la Orden que de los libros. Pero no es inútil añadir a la tradición la verdadera ciencia de la educación, la cual, como todas las demás, ha hecho grandes progresos desde los días del P. Faustino. La Familia Calasancia debe seguir esos legítimos progresos para bien de la niñez y de la humanidad[Notas 57].

Tampoco conoció el P. Faustino la Psicología, raíz de toda pedagogía. Era una ciencia por nacer. Pero de vez en cuando aparece una psicología que podríamos llamar instintiva o natural, con atisbos luminosos:

“Celebro que las niñas vayan simpatizando con vosotras y viceversa, para que luego asistan con gusto y provecho a las clases. Cuando hay ese trato respetuoso entre profesores y discípulos se aplican con mayor regusto a las tareas”[Notas 58].

Estas palabras expresan su propia experiencia escolar. Oigamos a uno de los antiguos alumnos, internos de Getafe:

“Yo sentía por el siervo de Dios un verdadero afecto de hijo… Como pedagogo era incomparable; sabía adaptarse a nuestra capacidad y hacía las clases tan amenas que no había lugar a pérdidas de tiempo. Amábamos las asignaturas del P. Míguez y las asimilábamos con gran facilidad. Puedo asegurar con toda verdad que jamás le vi un mal gesto o una actitud malhumorada. El S. de Dios se preocupaba de nuestra salud (de suerte) que no echábamos de menos el cuidado de nuestras madres”[Notas 59].

Esto nos pone ante el problema de la relación entre “vocación” y “pedagogía”. Siempre que el sujeto cuente con ciertas cualidades básicas -seguridad en sí mismo, competencia profesional, etc.- la vocación les añade algo fundamental: el amor, la capacidad de entrega. Este elemento espiritual es aún más decisivo que el primero y juntos forman los grandes pedagogos: Calasanz, Gabriela Mistral[Notas 60], etc. Por algo escribió el P. Faustino:

“¿Queréis dar buen nombre al colegio, acreditar la Corporación y salvar muchas almas? Trabajar con incansable celo en vuestra misión como esposas de Jesucristo, por quien deseáis ganar todas las almas, precio de su preciosa sangre.
¿Que encontráis dificultades y no podéis hacer lo que queréis? Haced lo que podáis y desead lo que Dios quiere y vuestro premio será no a la proporción del trabajo, sino de vuestros deseos, que así procede el que todo lo puede, ve y vuestro amor bien desea”[Notas 61].

No hace falta insistir en esto, porque toda la formación espiritual del P. Faustino a sus hijas tiene este objetivo: hacerlas dóciles al Espíritu, o sea, al Amor. Y para que esto fuera posible quería a todas ellas siempre vigilantes, para cuando llegara el Esposo, según exige el Evangelio[Notas 62], y siempre “vivas”, abiertas, siempre tensas mirando al ideal:

“Respecto a (una religiosa), ya te dije lo que pienso: o ser como debe ser, o no ser. Así, así, así.
Sí que me dijiste lo de Sor Pilar… Señor, que van aumentando las perpetuas (las de votos perpetuos). Ojalá sean todas siemprevivas”[Notas 63].

Impresionante descripción de toda persona consagrada a ser siempre viva por el interés y la dedicación, y no muerta por la apatía y la rutina.

21.5. La espiritualidad del P. Faustino en el período de 1907 a 1923, tomada de sus cartas (I)

21.5.1. Proceso espiritual

Si hemos estudiado la espiritualidad del P. Faustino en los períodos anteriores, debemos poner más interés en estudiarla en el que ahora nos ocupa: de 1907 a 1923.

Son precisamente los períodos de calma relativa aquellos en que produjo mayor cantidad de documentos espirituales. En la paz de los primeros años de su segunda residencia en Sanlúcar compuso los documentos básicos de su obra futura: “Prospecto de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora”. En el período de 1888 a 1891 compuso las Reglas, donde nos dejó el mayor monumento de su espiritualidad. Las completó con las “Sentencias”, en las que nos dio lo suyo y lo de los Santos Padres, además de la Palabra de Dios en la Biblia. En el siguiente, de 1897 a 1907 compuso el “Mes del Sagrado Corazón”, su amor primero el que deseó para sus hijas. Al final de éste, que ahora estudiamos, veremos otros documentos fundamentales, salidos de su alma expresamente para sus hijas: el Testamento Espiritual y el Codicilo Espiritual. Además de estos dos documentos escribió gran número de cartas.

Pero nos interesa, ahora que se acerca su fin, estudiar sus palabras y sus enseñanzas, juntamente con su vida, para constatar, según lo que nos propusimos, su progreso en el camino de la santidad.

Para valorar esas enseñanzas a las Religiosas conviene que las agrupemos alrededor de ciertas realidades espirituales que -según los doctores espirituales, sobre todo Santa Teresa y San Juan de la Cruz- constituyen la esencia de la santidad. Si vemos al P. Faustino insistir en ellas y sobre todo vivirlas en los momentos de prueba, estaremos comprobando que va llegando a la meta que se había fijado y hacia la cual le hemos visto avanzar sin cansarse nunca: la santidad.

21.5.2. La gloria de Dios

La gloria de Dios es un valor absoluto para el cristiano, porque lo fue para Cristo, desde que los ángeles proclamaron en su nacimiento que la misma Encarnación no tenía otro objetivo. La primera petición del Padrenuestro contiene lo mismo. La Iglesia nunca declara “santo” a un hombre que haya buscado su propia gloria, olvidando la de Dios. Esto es incuestionable.

Sabemos ya cómo reaccionó cuando la M. Ángeles, en 1888, le dijo que le quería tanto como a Dios[Notas 64]. De la misma manera reaccionó cuando en la necrología de Sor Pilar, muerta en Getafe, la M. Julia se atrevió a escribir: “De lo más íntimo del corazón doy las gracias más sinceras en nombre de toda la Congregación a nuestro santo, respetable y amado Padre Fundador que tanto amor y sacrificio ha demostrado por nuestra amada hermana e hija suya en Cristo”. Le contestó el Padre:

“Su necrología no debía pasar por lo que de mí hablas. ¿Te has convertido en Papisa para así canonizarme? Si hubiera Inquisición, merecerías ir a llorar tu pecado en los calabozos, por haberme convertido en santo de Pajares. Dios te libre de que haya quien te denuncie, que allí vas de patitas, hasta que yo haga milagros, que será cuando la rana peine melena. ¡Si fuera mártir!”[Notas 65].

Siempre se lamentaba de lo que le estaba costando llevar adelante el Instituto, terminaba con una frase como ésta:

“¡Cuánto me costáis, criaturas! ¡Quisiera Dios que os aprovechéis! Y que todo sea para su gloria y santificación de las vuestras y de otras muchas almas”[Notas 66].

Esta idea se convirtió en estribillo de sus cartas. Si quiere que sus trabajos sirvan para la gloria de Dios, lo mismo desea conseguir mediante los gastos que origine la impresión de las Constituciones:

“Escribí al P. Enrique y al Prepósito General, comprometiéndome a pagar al punto la traducción de las Constituciones y todos los gastos que originen, que no subirá poco. No puedo hacer más. Dios sobre todo. Constantemente le pido, si no ha de ser para su gloria y vuestra santificación y la de muchas almas, que lo desvanezca todo, como humo en el aire”[Notas 67].

Y no sólo esos gastos de la impresión sino todo el dinero que manejó, que fue mucho, lo dedicó íntegramente, como veremos, a esa misma gloria de Dios.

Su consejo permanente era, pues, este: “Obrad como más convenga para honra y gloria de Dios”[Notas 68].

Luego veremos cómo tuvo que sacrificar su propio “honor” para que sobre sus cenizas brillara el de Dios.

A su amigo Tiburcio Ruiz le dice sobre la proyectada fundación de un colegio en Daimiel, su pueblo:

“Dios haga que se realice todo, si ha de ser para gloria suya y bien de las almas; y si no, que se desbarate”[Notas 69].

Para terminar este tema capital, vamos a copiar una hermosa carta, digna de un “santo”, a sus hijas espirituales:

“Amadas hijas en Cristo, del más indigno y añoso Padre:
Que diariamente consagra al Eterno Padre su corazón con todos los actos de su vida y voluntad juntamente con los vuestros y los de vuestras alumnas, bañados con la preciosa Sangre de su Smo. Hijo y recamados con sus méritos y los de la Sma. Virgen y de todos los Santos.
En todos y en cada uno desea darle la misma honra y gloria que le dieron y darán eternamente su Smo. Hijo y todos los Santos y que le hubieran dado los réprobos, si no hubieran prevaricado, y todos los seres y átomos del universo, si cada uno le amase como debe. Además pide para todos, como para sí, su perfecto amor y absoluta conformidad con su voluntad santísima, la humildad más profunda, el don de la pureza y la perseverancia final.
También le pide que ahora y siempre nos bendiga, como en su nombre y para ese día que tanto deseáis, lo hace desde ahora y ya con el pie en el estribo, para un viaje sin vuelta, vuestro añoso e indigno Padre en Cristo”[Notas 70].

En estas palabras va su alma entera de padre espiritual, con una conciencia muy clara de que su paternidad viene de Dios y la quiere emplear para introducir a sus hijas y alumnas en el plan salvífico de los que saben que la gloria de Dios es el supremo valor que hemos de promover en esta vida con nuestras obras. Fue la conciencia clara de ser instrumento de salvación de parte de Dios la que movió su pluma el día que escribió estas líneas.

21.5.3. La voluntad de Dios

Es otro valor absoluto. Es la segunda petición del Padrenuestro y la primera consecuencia de la fe en Dios. Todos los místicos –los que han visto “quién es Dios y quién soy yo”- lo declaran unánimes. Por eso la voluntad de Dios era otro pensamiento fijo del P. Faustino.

Como buen cristiano veneraba la voluntad de Dios en la muerte de sus seres queridos. A la noticia de la muerte de su cuñada, escribió:

“Para José (su hermano) habrá sido un golpe tremendo; pero debe conformarse con la voluntad del que lo dispone y encomendarle el alma de la finada”[Notas 71].

Veía esa voluntad siempre adorable en todos los sucesos de la vida. Por ejemplo, comentaba la “Semana trágica” de Barcelona, de esta manera:

“Lo de Barcelona no fue más que un escape de escoria del infierno. La lucha de Satanás y los suyos contra Cristo y sus servidores.
¡Si nos concediera Dios a todos morir por su amor! Dios me conceda lo que siempre he pedido: la gracia del martirio que implica el don de la perseverancia.
Si tenemos que morir, hija mía, y no sabemos de qué, sea lo que Dios quiera, que siempre será lo que más nos convenga”[Notas 72].

Y de pronto acude a su Santo Padre, José de Calasanz, para repetir la frase que le fue familiar: “Dejemos obrar a Dios”. Esa alusión le da una hondura especial al tema de la voluntad de Dios, porque pocos santos la han cumplido en ocasiones tan duras como el viejo educador Calasanz:

“Amada hija en Ch. Dejemos obrar a Dios, decía mi Santo Padre, que no hay mal que por bien no venga, cuando todo se recibe de su mano paternal. ¿Qué mal puede venirnos de un Padre que nos ama infinito e infinitamente desea nuestro bien más que nosotros? Si quiere, medios tiene para enderezar los fines más torcidos, y si no quiere, es porque no conviene y debemos acatar sus disposiciones. ¡Bendito sea! ¡Ahora y siempre! ¡En eso y en todo!”[Notas 73].

Veía esa voluntad divina en los reveses y contratiempos. La fundación de la casa de Martos se entorpecía continuamente y por eso le dice a la M. Julia:

“O no es voluntad de Dios o es artificio del demonio.
Hágase la voluntad del Señor y Él sea nuestro único apoyo que, si quiere, basta. Que Él nos muestre su cara, si conviene, ya que, por lo visto todas las criaturas nos vuelven la espalda.
Vete, si quieres, con sólo la confianza en Dios, que te ilumine para todo lo que sea de su mayor servicio, para su mayor gloria”[Notas 74].

Cuando intentaba fundar en Belalcázar le da normas a la M. Julia y resume su experiencia en los trabajos:

“¡Que Dios os bendiga e ilumine! ¡Qué pasado! ¡Qué presente! ¡Qué porvenir! ¡Cúmplase la voluntad de Dios!”
Y firma “Nada y nadie”[Notas 75].

Tenía ochenta y nueve años y estaba en la brega por la gloria de Dios:

“Mis piernas sin enmienda y acompañadas de una atonía intestinal pertinaz. ¡Dios sea bendito! Telegrama de ultratumba… Bendito sea Dios por todo y en todo se cumpla su santísima voluntad. ¡Trabajos con paciencia, arras del amor divino y atajo de la eternidad!”[Notas 76].

Concluyamos el tema con otra carta, expresión de sus últimos sentimientos en este punto:

“A h. (hija) en Cristo, Sor Zancas y Barrancas[Notas 77]:
Tú por ahí y yo por este desván hasta que Dios quiera. ¿Y qué? Así lo dispone… ¡Bien está! ¿Hay otra guía que su voluntad? ¡Con qué inconsolables…! Así decían de vosotras ¡Cuando hará 32 años vine yo a ésta y fue para vuestro bien! Dios sabe y puede sacar bien del mal. Vale más escondida por obediencia que en público por devoción…
Aunque ignore los motivos, respeto los cambios. Dios los permite o dispone. ¡Pues esto me basta! ¡Desde la cima de un monte se descubre más terreno que desde el valle! Tampoco condeno las contestaciones a esas cartas, si no huelen a desquite de amor propio herido. La simpatía es un don de Dios: a él sólo la gloria de cuanto por ella se consiga y por amor de Este y cumplimiento del deber se haga. Dios hizo del mayor perseguidor de su Iglesia el Apóstol más celoso y laborioso, y de Pedro penitente, cabeza de aquélla…
Nunca desprecia al pecador contrito y humillado. Hasta el diablo confesó que Dios puede hacer pan de las piedras, hijos de Abraham. Pasó un ladrón de la cruz al Paraíso.
Me ratifico en lo de la primera santa; pero no haciendo su voluntad, sino la de Dios. ¿No ves al diablo que te abanica con el rabo cubierto de cartas? ¡Ojo! ¡Que es muy viejo y experimentado! ¡Guárdate! Tan reconcentrada en Dios que sólo Él viva en ti. Ni salgas de ese castillo inexpugnable, ni abras puertas ni ventanas que no sea por su amor y para su gloria y sólo cuando él te mande; ni pedir ni rehusar… Para lo espiritual sólo el Director; para el inteligente pocas razones bastan… Que te bendiga ¿quieres? Infinitas veces lo hago y corta por donde quieras. Que Dios nos bendiga, para que le alabemos en el cielo. Amén”[Notas 78].

El P. Faustino cuando escribió esta carta estaba sobre la alta cima de sus noventa años. Desde ella divisaba un amplio panorama espiritual, fruto de muchos trabajos y sufrimientos padecidos para cumplir la voluntad de Dios.

21.5.4. Fe y amor de Dios

Su lema, en el cual creía a pies juntillas y con todas las consecuencias, era éste: si la obra es de Dios, subsistirá; si no, perecerá. Ya vimos su pensamiento cuando alguien le dijo que pidiera recomendaciones para la aprobación de las Constituciones: “O es de Dios, o no. Si lo primero, lo sacará a flote; si lo segundo, tiene que perecer”.

Cualquier motivo le servía para meter en el alma de sus hijas la fe y el amor de Dios, que, si son sinceros, van siempre juntos. Les envió unas medicinas y con esa ocasión les dice:

“No quiero excesos en los ayunos ni en nada; sí un grandísimo amor de Dios y de su Sma. Madre. En eso, a lo que más pueda. Todas de Dios; nada sin Dios; todo en Dios, de Dios y por Dios y para honra y gloria suya. Que todas se me alegren en Dios y se gocen de servir por amor y no por interés a quien paga el ciento duplo”[Notas 79].

Y les manda una bendición así:

“Os bendice a todas y a mis pipiolas mil cosas y que me sean tan buenas como en Dios, de Dios y para Dios las quiere El Viejo”[Notas 80].

El recurso al amor de Dios no era ocasional o superficial, sino permanente. Lo tenía arraigado desde tiempo atrás, si no desde su educación familiar. Pero cada vez se le hacía más hondo y sincero. Compárese esa idea de que solo quiere excesos en el amor de Dios, escrita en 1908, con otra, más vistosa y más retórica, escrita en 1890, dieciocho años antes:

“¿Quién os sacó del mundo? El Amor. ¿Quién os llamó a ese recinto? El Amor. ¿Quién os mantiene ahí? El Amor. ¿Quién os ha de conservar? El Amor. ¿Quién os ha de prosperar en todo, todo? El Amor y sólo el Amor Divino”[Notas 81].

21.5.5. Desposorio con Cristo

Es tema viejo en la pluma del P. Faustino el considerar a sus hijas como esposas de Cristo. Ya en 1889 había escrito estas palabras:

“La que no quiera que la reprendan en público ni en particular, que no falte. ¡Bien triste y desconsolador el que haya que apelar a esos medios y no lo hagan sólo por puro amor de Dios las que se han consagrado a su exclusivo servicio y como esposas suyas! Mala esposa es la que sólo sirve a su esposo por el palo”[Notas 82].

El pensamiento “esposa de Cristo” es además de gran profundidad teológica. No olvidemos los Calasancios que San Pompilio, nuestro hermano, llamaba siempre a Cristo “mi divino Esposo”, basándose en una realidad que está más allá del sexo, ya que esa realidad espiritual del “desposorio con Cristo” por la profesión trasciende la carne y hunde sus raíces en las realidades místicas de la vida del espíritu. Tampoco vamos a tratar este punto exhaustivamente, sino mediante algunos textos de sus cartas, tomadas de este período que estudiamos. Luego indicaremos en qué grupos de cartas del P. Faustino debemos estudiarlo más detenidamente.

Desea que el fruto de los Ejercicios sea precisamente conseguir ese espíritu de “esposa de Cristo”:

“Mi bendición a todas, para que saquéis de los Ejercicios el espíritu de una verdadera esposa de Cristo y lo sean en adelante”[Notas 83].

En una carta simpática en que nombra a algunas religiosas y las alaba, cierra el discurso con este párrafo notable:

“A todas que sólo con ser todas de Jesús y sólo de Jesús me tendrán contento”[Notas 84].

La fórmula del P. Faustino es, pues, de gran trascendencia teológica y la completa con otra de sus frases típicas, ya que era maestro en expresiones lacónicas y originales, en una carta a la M. Julia, en que le da una recomendación para Sor Amada, monja que le era muy querida:

“La novia debe parecerse en todo al novio ¿Se parece en algo? Que lo rumie”[Notas 85].

¡Hay que rumiar! A su vez es el mismo Padre el que hace el mejor comentario a esta frase, enseñándosela a rumiar a otra de sus hijas, Sor Aurora, también una de sus preferidas:

“Te bendice de todo corazón el que mucho desea que vivas toda en el de Jesús, tu misericordioso y amantísimo Esposo, que te quiere toda abrasada en su santo amor y resuelta a morir mil veces antes que a desagradarle en cosa alguna”[Notas 86].

Nuestro amor es solicitado a la vez por lo sensible y por Dios, la eterna lucha entre las dos ciudades de San Agustín. El P. Faustino lo dice de otra manera: la lucha entre San Miguel y el diablo. Refiriéndose al uso del dinero que puede permitirse a cada religiosa, dice:

“Yo no sentaría precedentes indebidos sobre el Auxilio (lo que debe darse a cada religiosa). Está visto que cada una quiere hacer su voluntad. No es nada lo apegaditos que están los corazones. ¡Si así lo estuvieran al de Jesús! ¡Tan cierto es que empezó y sigue la lucha entre S. Miguel y el Diablo! ¡De ahí las dos velas para contentar a sólo el último!”[Notas 87].

Ser, pues, esposa de Cristo es el ideal para una Hija de la Divina Pastora y la mayor gloria a que puede aspirar:

“Que siga la mejoría y los medios para conseguir la completa curación, si esa es la voluntad de Dios y para ser una digna esposa suya, como se lo pide el Reviejo, que infinitas veces os bendice a todas (para) que tengáis esa dicha, que es la mayor que podéis desear”[Notas 88].

Y ya casi consumada su vida, escribió esta carta a la M. Asunción Martín, que es una joya de la literatura espiritual y el mejor comentario a lo que significa ser “esposa de Cristo”:

“A. h. en Ch., ¡Que sea tu Eterno Esposo! Pero ¡una criatura esposa de su Creador! ¡La menor pequeñez compartiendo con la mayor grandeza! La imaginación se pierde y la inteligencia se abisma entre esos extremos.
Sola la fe puede guiarnos en ese vado infinito mediante el infinito amor que el Redentor tiene a su obra que rescató a cambio del infinito precio de su preciosa sangre, aproximando así lo infinito en coste de la criatura a lo infinito por esencia del Creador, que así justifica las delicias que encuentra en morar entre las telas del corazón humano.
¡Poder infinito del infinito amor de Dios al hombre que creó a su imagen y semejanza y motivo poderoso de un amor sin límites de la criatura para con su Creador!
Y si amor con amor se paga… ya me entiendes, lo que tu amantísimo Esposo te pide. Entrégatele, pues, con tu cuerpo y sentidos; corazón y afectos, alma y potencias; desea amarlo siempre en todo y por todo, como Él se ama, para que así lo acepte.
Tal es acaso el último consejo que te da y para que lo cumplas te bendice infinitas veces, El Abuelo”[Notas 89].

El último consejo significa que quiere llevarla a la cumbre más alta a que puede llegar el alma en su unión con Cristo, en lo que Santa Teresa llamó el “Matrimonio Espiritual”.

Para llegar a este término, el camino es el mismo Jesús. Por eso le decía a su querida Sor Aurora:

“Hija de Eva: ¡Siempre disculpándote! Infeliz, ¡hasta cuándo te has de olvidar que voluntariamente te consagraste a Cristo? ¿Qué te crucificaste con Él mediante los tres votos? ¿Que te obligaste a imitar sus virtudes? ¿A ser mansa y humilde de corazón? ¿A callar en las afrentas, baldones, calumnias y cuanto más hiera tu amor propio, tu soberbia, que tanta guerra te hace? ¿A recordar continuamente que te desterraste del mundo y te hiciste heredera casi forzosa del cielo?”[Notas 90].

Escribía esta carta el Padre cuando iba él llegando a la cima. Por entonces su espíritu estaba alcanzando metas muy altas en la unión con Dios. Le falta la prueba final, para que Cristo haga con él lo que le aconseja a su hija querida[Notas 91].

21.5.6. El Sagrado Corazón de Jesús

Este apartado no es en realidad distinto del anterior. Por eso no vamos a detenernos demasiado en él. Sólo advertir que el tema del amor “al Amor de Dios” –que es la esencia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús- no es tangencial en el P. Faustino. Es fundamental. Basta, para evidenciarlo, pensar que lo repitió en el encabezamiento de todas sus cartas: “J.R.E.N.C.” Esto es: “Jesús reine en nuestros corazones”.

Esta frase puede considerarse como un programa o un “ideario” de las Hijas de la Divina Pastora. Vivirlo es fundamental para esa Institución.

El P. Faustino lo vivió desde los orígenes mismos de la Congregación. Acordémonos que la M. Ángeles ingresó en el Postulantado el día de su fiesta y cuál fue el significado que el Padre le dio a este hecho. Fue tal que marcó toda su vida. Después, en1904, en el libro “Junio o el mes del Sagrado Corazón”, expuso cuanto él pensaba de Cristo, simbolizado en su Divino Corazón. Estamos, pues, en otro punto central de su espiritualidad.

21.5.7. La humildad

En la última fase de su vida el P. Faustino tenía poco que esforzarse para comprender la necesidad de la humildad a fin de poder caminar hacia la santidad. El recuerdo de la M. Ángeles y su ignominiosa caída y su situación de elemento subversivo dentro de la Congregación, según él creía, le haría reflexionar: con sólo un poco de humildad se habría rehabilitado. Lo mismo le decía la historia de otras religiosas cuyas imágenes pasan a través de sus cartas como figuras que ensombrecían el porvenir de la Congregación. Una fue Sor Joaquina, de quien habla así:

“Siento de veras lo de Joaquina; pero Dios es muy sabio y justo y burla la hipocresía, hija legítima de una soberbia refinada, por más que (la) oculte. Esa, aunque se curase, acabó para la Corporación. Terminado el plazo de la profesión temporal, ya no se le puede autorizar a renovar los votos”[Notas 92].

Pero más allá de la casuística y siendo siempre cierto que “la humildad es la verdad”, según Santa Teresa, religiosa sin humildad es religiosa hipócrita. Por eso el P. Faustino, siguiendo a su Santo P. José de Calasanz, repetía profundamente convencido:

“No olvides la sentencia de mi Santo Padre: ¿Quieres ser santo? Sé humilde ¿Quieres ser más santo? Sé más humilde. ¿Quieres ser muy santo? Sé muy humilde”[Notas 93].

Escribió una carta a Fray Miguel Soria, Franciscano de Chipiona, confesor de las religiosas, en la que le dijo:

“De las religiosas sólo deseo que sean todas de Jesús, como su nombre lo indica, humildes, muy humildes, santas, muy santas, como su Confesor, a quien ruego haga también alguna excursión a Sanlúcar, para levantar aquellos corazones juveniles y abrasarlos todos en el amor de J. Cristo”[Notas 94].

Y a su querida discípula, la M. Natividad Vázquez, Maestra de Novicias, le escribió:

“Procurarás estar muy bien con Dios, amar en Cristo a todas, no familiarizarte con ninguna, cumplir exactísimamente con tus obligaciones, que sólo vean en ti una perfecta religiosa, un modelo de todas las virtudes que más agradan a tu amantísimo Esposo. Humilde, muy humilde, humildísima y no temas los rayos, que sólo hieren las alturas más elevadas, imagen chica de la soberbia tan detestable a los ojos del Señor Jesús, que se humilló hasta la muerte y muerte de cruz”[Notas 95].

Toda su experiencia de Director y Fundador del Instituto le decía que en esa doctrina estaba la verdad. Y con razón acudía al testimonio de San José de Calasanz, quien tuvo la experiencia “brutal” de los males que vienen a una familia religiosa por la soberbia de sus individuos, en el caso del P. Mario y en el de los Clérigos Operarios, que llevaron a la Orden a las mismas puertas de la ruina[Notas 96].

No podemos detenernos más sobre este punto. Para estudiar la doctrina del Padre Faustino sobre el mismo, deben leerse las cartas que escribió a unas cuantas religiosas, que sí tenían aspiraciones serias a la santidad[Notas 97].

21.5.8. Confianza en Dios y desconfianza en sí mismo

Cuando estaba metido aún en el problema de Sor Antonia, escribió el Padre Faustino aquellas palabras tan reveladoras:

“¡Me dices que no sufra!... ¿Qué? ¿Voy a desesperarme? Ya lo estoy de mí mismo y confiado en Dios. Ya contesté a Sor María. También me decía lo de Antonia. ¿Qué no intentará?”[Notas 98].

Esa desesperanza de sí mismo y esa esperanza en Dios es base fundamental para progresar a su encuentro. En 1910, en una carta a la M. Natividad, vuelve a expresar ese pensamiento:

“Con temor y temblor hemos de trabajar en nuestra santificación. Temor y desconfianza de nosotros y firme confianza en Dios, que nunca falta a los que de corazón le sirven, como amantísimos hijos suyos”[Notas 99].

Esta desconfianza de sí mismo, que no es otra cosa que la experiencia de todo ser humano sincero de que cualquier esfuerzo falla si Dios no lo sostiene, va aumentando con el tiempo, y en su lugar aparece una fe ciega, convencida de que Dios sí puede; de que es el único que puede. El santo se ve mísero:

“¿Si necesito algo? ¡Y tanto! ¡Desde la primera de las virtudes hasta la última! Mándamelas a porte pagado, que estamos en malos tiempos”[Notas 100].

21.6. La espiritualidad del Padre Faustino en el período de 1907 a 1923, tomada de los últimos documentos espirituales dirigidos a sus hijas (II)

21.6.1. Espiritualidad de la cumbre

Al P. Faustino, cargado ya con el polvo de muchas batallas, tenía 91 años, le concedió Dios la alegría más grande y noble de su vida: la Aprobación Definitiva de las Constituciones. Con esta ocasión -27 de julio de 1922- creyó que era el momento de cantar su “nun dimittis” ante sus hijas y de despedirse de ellas con una solemne recomendación: su testamento. Consta éste de dos partes: el Testamento propiamente dicho, y el Codicilo. Es evidente su importancia y la altura del momento. Y la clarividencia de su mente a los noventa y un años de edad. Ciertamente en estos dos documentos puso su espíritu y su alma entera y dio a sus hijas materia para largas meditaciones.

Nos vamos a permitir dividirlos en párrafos para facilitar la asimilación de su contenido, poniendo ante cada uno la idea que lo resume.

21.6.2. Testamento espiritual

“Hijas de la Divina Pastora.

J.R.E.N.C. y nos bendiga a todos

1. Ocasión del documento

En muchas ocasiones pensé dirigiros la palabra, para manifestaros el estado de mi alma, por motivos que ya pasaron… Y desistí por no estar seguro de la oportunidad, como ahora en que me creo con un pie en el andén y otro en el estribo del tren de ultratumba, y me parece que os agraviaría si callase. Pues en breve tendré que dar cuenta a Dios de la carga que me impuso respecto a vosotras.

2. Azarosa vida de la Congregación. Seguridad de haber sido elegido para fundarla

Ah, qué de veces los sinsabores, disgustos, persecuciones, calumnias y otras lindezas por el estilo me pusieron a punto de tirarla, Dios lo sabe; que yo ni puedo ni quiero recordarlo. Varias veces me encontré tan fustigado, que a pesar de costarme lo contrario, llegué a dudar de si cumplía o no la voluntad de Dios en seguir dirigiéndoos como se me había impuesto; pero ahora, ¡loado sea siempre!, ya me costa con toda certeza que no estaba engañado en proseguir lo que había comenzado; pues el Señor acaba de aprobarlo, como bueno y útil a la Santa Iglesia, por su Vicario en la tierra.

¡A nada perdonó el infierno para ahogar vuestra Congregación en su cuna! ¡De cuántos medios se valió para dar al traste con todos sus proyectos! ¡Y lo más caro, cuántas y qué personas le ayudaron en su tarea! Pero escrito está: Dios hace lo que quiere, y nadie triunfa contra Él. ¡Bendito sea ahora y siempre!

3. Las Constituciones. Exhortación a cumplirlas

Ahora bien, hijas mías: los favores de Dios reclaman una correspondencia tanto mayor cuanto lo sean aquéllos; y ¿podéis imaginarlo siquiera? No. Que al poner hoy en vuestras manos esas Constituciones aprobadas por su Vicario en la tierra, como regla infalible de perfección religiosa y de vida cristiana, os diré aquello que dijo un antecesor suyo a mi Santo Padre al presentarle las suyas: “Dadme una religiosa que las cumpla fiel y exactamente hasta el fin, y la pondré en los altares”.

Sí, hijas mías; ese es vuestro Código, por el que habréis de ser juzgadas en el tribunal de Dios. Si no lo observareis con toda la exactitud posible a la humana fragilidad, de nada os servirá vuestra vida, aunque hiciereis más prodigios que unas taumaturgas. Nunca olvidéis que sobre la estrecha cuenta que se os ha de pedir de los deberes generales de cristianas, se os ha de exigir la de cada uno de los especiales que en esas Constituciones se contienen.

4. Felicidad de vuestra entrega a vuestro Divino Esposo

Ánimo, empero, no temáis; que la generosidad que os hizo renunciar al mundo y consagraros en cuerpo y alma a vuestro Divino Esposo, no puede vencer la suya en dárseos a sí mismo en recompensa, no sólo en esta vida, sino por toda la eternidad, si cumpliereis hasta el fin, lo que a su tiempo prometisteis.

Líbreme Dios de poner siquiera en parangón los bienes y deleites a los que habéis renunciado con las inefables delicias con que el Señor inunda las almas en que reina y viven abrasadas en su amor. Menos que el fango de la tierra respecto al sol y a las estrellas del cielo, son todos los bienes y deleites con relación a los que disfrutan los que a Dios se entregan y de su amor se embriagan. Ni las mismas almas que tienen la dicha de experimentarlo lo pueden explicar, osadía fuera la mía pretenderlo siquiera.

5. Lucha entre Cristo y el demonio para ganar vuestro corazón. Triunfaréis por el amor: amar es poder

Sin embargo, alerta siempre, hijas mías: que la renuncia absoluta de todo lo del mundo que un día hicisteis, y la entrega completa de vuestro ser al Divino Esposo, dio grandísima dentera al enemigo, que desde el mismo instante se propuso tenderos todos los lazos y armaros todas las acechanzas que el Señor le permita, para ver de falsear vuestra felicidad o mermar al menos vuestro sacrificio.

Sabe muy bien el precito que el celestial Esposo es celosísimo, y no admite participación en el holocausto que se le ofrece, y por eso no pide él el todo sino una partecita, contando ya con el resto de rechazo… ¡Valor! Que si mucho puede él, más vosotras que contáis con la gracia de Dios que es omnipotente, y con la protección de vuestra amantísima Madre la Divina Pastora que es poderosísima.

Ni aleguéis vuestra flaqueza; que sois de la misma naturaleza de los santos que hicieron tanto bien y tantas maravillas en la tierra, y gozan ahora, en premio, de tanta gloria en el cielo. Y eso que muchos de ellos fueron enclenques y padecieron lo indecible durante su vida. Si añadís que eran más animosos que vosotras, os diré: “Porque amaban mucho a Dios”. Imitadlos y lo seis también; que el ánimo crece con el amor, y toda excusa es hija funesta del amor propio, y rémora bastarda de toda buena empresa. Amar, todos podemos; y el que más ama, más puede. Y como el amor todo lo puede, si mucho amáis a Dios ¿qué no podríais hacer por vuestra santificación, por la honra de vuestro Pío Instituto, educación de vuestras alumnas, provecho de la sociedad y gloria de Dios? Pues no olvidéis, que el no hacer lo que se debe y puede, es falta de omisión, de la que os ha de pedir Dios cuenta.

Lograréis vuestra santificación amando y sufriendo; guardando los mandamientos. Amando sin cesar a Dios, como los bienaventurados en el cielo: andando siempre en su presencia para no ofenderle; procurando cumplir en todo su santa voluntad; y haciendo aún las cosas más insignificantes por su amor y su gloria, seguras de que en su mandato se incluye la seguridad de poder, con su gracia, cumplirlo.

6. Amor al Instituto y a su misión en la Iglesia. Ser Ángeles Custodios

Honraréis el Instituto con vuestra conducta, y trabajando y llenando sus fines; cada uno en su puesto y según sus fuerzas, con la vista siempre en Dios, como los ángeles, para conocer su santísima voluntad y en seguida ponerla en práctica, sin más impulso que su amor, ni más fin que agradarle; ni otra aspiración que la de adquirir todas las virtudes, y sobre todo la más profunda humildad, que tan bien cae en una Hija de la Divina Pastora.

Educaréis a vuestras alumnas emulando con ellas la conducta del Ángel Custodio de cada una; estimando su valor por el cuidado que de ellas tiene Dios al darles un Príncipe de su corte por tutor y curador, que las asista y gobierne durante la vida. Extático el Ángel, que por su misión se llama Custodio, no puede por menos de amar y respetar a quien el Señor rescató con su sangre; y no menos admirada la Hija de la Divina Pastora de la alumna que el Señor le confió y que tal Custodio tiene, debe amarla y respetarla de igual manera.

El Ángel, sin dejar de ver, amar y gozar de Dios, ni un instante descuida la misión que le confió a favor de su pupila: tal debe ser la conducta de su profesora. Sea dócil o díscola, agradecida o ingrata, no deja el Ángel de conducir a su pupila, ni de volverla a buen camino, si se extravía. Eso debe imitar la profesora, que tal nombre merece, con sus alumnas.

Sólo aspira el Ángel en cumplimiento de su misión a preservar de todo mal y a procurar el bien a su pupila. Y no otra ha de ser la aspiración de toda Hija de la Divina Pastora, que tal se precie: imitar continuamente con sus discípulas, ese noble y maternal cariño de cada príncipe celestial con su pupila. ¿Qué entraña, por dura que sea, no se materniza al ver desvivirse tan alta dignidad en un empleo al parecer tan humilde, y para Dios tan sublime? Y ¿qué beneficio no podéis prestar vosotras a la sociedad, compuesta de familias que son generalmente lo que sean las madres? Y si las madres de hoy son las niñas de ayer, como las madres de mañana serán las niñas de hoy, figuraos lo mucho o poco, lo bien o mal que vuestra conducta puede influir en la sociedad futura, y la cuenta que de ello habéis de dar.

7. La Iglesia os confía una misión evangélica

Baldón será para vosotras que acabáis de ser asociadas para siempre a la misión evangélica de Iglesia, y puestas por decirlo así sobre el candelero para que brillen vuestras virtudes y celo por la salvación de las almas, si no procuráis llevar el mayor número posible al redil de vuestra Santísima Madre. ¡Honores obligan! Y ¿cómo corresponderíais al de ser reconocidas como Hijas de la Divina Pastora y corredentoras de las almas?

8. Vuestra vida en la Congregación. Misión de las Superioras y de la Maestra de Novicias

El Instituto debe ser para vosotras una antesala del cielo, donde todas sirváis, améis y alabéis sin cesar a Dios, teniendo presente que este Señor no premia el brillo de las obras, que el brillo es cosa baladí, sino el fin y el amor con que se practican: que no es la que más puede y hace, la que más merece, sino la que más ama y hace lo que puede.

La misión que la Divina Providencia dio a cada Ángel Custodio para con su pupila, y a la profesora para con sus alumnas, esa misma confirió a cada Superiora respecto de sus súbditas, de cuyas almas ha de pedirle la misma cuenta que de la suya, si no las tratare y condujese como madre cariñosa, mediante el atractivo de su conducta intachable y perfecta observancia, por el camino de la salvación.

La Maestra de Novicias ha de suponer que éstas no entran perfectas, sino para adquirir la perfección. Sólo la alcanzarán con una perfecta abnegación de sí mismas y un absoluto adiós al mundo; tareas que exigen, sobre una gran fuerza de voluntad, una larga y continua serie de actos contrarios, que no todas soportarán; manifestando en el acto que, si fueron llamadas, no serán escogidas ni aptas para el Instituto.

Como el enemigo trabaja tanto y sin descanso, las Superioras tendrán no pocas veces que extirpar los retoños mal arrancados en el Noviciado, valiéndose con todas sus súbditas de la persuasión y caridad; y si con alguna no bastare, echando mano de los Principios de Gobierno, que para eso están escritos y aprobados en las Constituciones.

Finalmente si, lo que Dios no permita, apareciere en el Instituto algún miembro gangrenado, aplíquese inmediatamente el cauterio; y si no da resultado, ampúteselo cuanto antes, para que no infeccione al cuerpo, que es primero que el miembro.

9. Emocionada petición a sus Hijas

Hijas de la Divina Pastora: al despedirme de todas, os ruego y conjuro por la Pasión y Muerte de nuestro Redentor, y por los Dolores y Soledad de su Santísima Madre y madre nuestra:

Primero, que sea vuestra hermandad inalterable, y recíproco vuestro amor en los Sagrados Corazones;

Segundo, que sea tan exacta vuestra observancia, que nunca necesite reforma vuestro Instituto;

Tercero, que sea tal la posible imitación de todas las virtudes de vuestra Santísima Madre, que jamás se desdeñe de reconoceros por sus queridísimas hijas;

Cuarto, que realcéis humildísimas, con vuestra intachable conducta, los imponderables timbres de Hermanas y Esposas de Jesucristo;

Quinto, que compadecidas de vuestro siervo inútil, pidáis encarecidamente a vuestro Divino Esposo le perdone sus pecados, y vosotras por caridad sus faltas; y por último, que seáis tan buenas como os deseo y quiero para veros un día en la gloria.

Y al efecto os bendigo en el nombre del Señor que, durante 37 años, os dio por Director al hoy ultra-nonagenario que suscribe.

Getafe, a 22 de octubre de 1922.[Notas 101]

No es difícil ni alambicado el pensamiento, sino llano y fluido; pero es profundo y tiene materia en qué meditar. Contiene una doctrina en qué basar toda una espiritualidad: la vida religiosa como “desposorio de Cristo y el alma”; tiene una visión “agónica” (de lucha) de la vida espiritual: el alma como palestra de Cristo y el demonio. Una doctrina espiritual-pedagógica: la Hija de la Divina Pastora como “ángel custodio” de las niñas. Y tiene una definición original y actual de su misión en la Iglesia: es –dice- una “misión evangélica”, es una evangelización. ¡Hermosa perspectiva!

Las cuatro últimas recomendaciones son todo un programa de vida de inmensa fecundidad. El P. Faustino estuvo inspirado: como “buen administrador” sacó del tesoro de su corazón “lo nuevo y lo viejo”. Lo que no sabía el mismo P. Faustino es que éste no era aún su testamento. A su edad de noventa y un años, la edad en que murió San José de Calasanz, Dios le tenía reservado un martirio, cuyo contenido y desarrollo será el verdadero testamento para sus hijas.

21.6.3. El Codicilo

La Madre Julia era insaciable de la doctrina de su P. Espiritual. Una vez gustado el testamento, insistió: No se nos vaya sin ponerle una ampliación, ¡un Codicilo!

Hay un mes de diferencia entre los dos documentos; pero la redacción del segundo se resiente, debido al recrudecimiento de algún achaque. La petición de la M. Julia la leyó en la cama. Por primera vez hay en el Codicilo algún fallo en la ilación lógica del pensamiento: se amontonan y se confunden ideas distintas, aunque afines. ¡Bastante milagro era que pudiese razonar aún!

“CODICILO”

J.R.E.N.C.

1. Porqué escribió el Codicilo

Muy Rvda. M. Julia de Jesús e Hijas, que Dios bendiga a todas.

¡Qué mundo, Hermanas mías! Ni quejarse puede uno de sus achaques, que no haga palanca de ellos para mayores exigencias. Entréguele a fines de octubre la carta o testamento que pidieras días antes y con fecha tres del siguiente, ya te escurres en demanda de un Codicilo.

2. Misteriosa iluminación de su alma

¿Hay por ventura en aquél alguna cláusula ilegal o sospechosa de que haya quedado con alguna carne en las uñas y temes que se pudra?

No, Hermana mía, no, ni en el corazón quedó carne ni piltrafas; sino en este algo que, a mi ver, vale más que esa podredumbre, y es una cosa que siento y no sé explicar; noto se multiplica e ignoro de qué procede. Veo que a este paso mi corazón debiera explotar y observo se dilata más cada día.

3. Precio del alma (una “joya”) lavada en la sangre de Cristo

En la cama por mis achaques, recibí y leí tu atenta en presencia del portador, por si pedía contestación urgente y al momento empezaron a sonarme los oídos, como el tic tac del reloj que tenía a mi lado las palabras “Joya, joya, joya”, que a la verdad no me dejaron dormir, saliéndome cara la ilusión, el sueño por el de que me privaron y las reliquias que me dejaron en mi caletre.

Reflexionando luego en uno de mis desvelos sobre lo que es una alma consagrada a Dios, me la figuré como una joya de inapreciable valor, guardada en un estuche de barro, más o menos modelado, que no hace variar el precio infinito de aquélla, o sea, de la preciosa sangre de Jesucristo; y así comprendí serían o debieran ser las tantas religiosas, como las joyas y cómo no explotaba el corazón que Dios formó para sí con una capacidad infinita.

4. “Agonía” (lucha) por la posesión de una “joya”

Ya enterada de este incalculable tesoro que Dios depositó en mi corazón y que a mi muerte debe pasar a duplicar el tuyo, habrás de permitirme os suplique y conjure por las entrañas de Cristo, a ti, como a Madre de todas y a todas como Hijas de la Divina Pastora, para que cada una esteme en lo que vale su tesoro y procure aumentarlo cuanto pueda; lo conserve y no tenga al fin que presentarse a su Divino Esposo con solo el estuche podrido y la joya presa de Satanás, que con infernal algazara se precipitará con ella en el abismo con horrendo estrépito con que se sumergen en la caldera del volcán los bloques que lanzará vertícoles por el cráter.

Nunca olvidéis, Hermanas mías, que nuestros enemigos son muchísimos y tan tenaces que no cesan de acecharnos, como leones en cuevas y de tendernos lazos por doquiera, tan espesos que de verlos ni un paso daríamos, temerosos de ser cogidos; por eso los oculta y Dios se lo permite para hacernos cautos, advirtiéndonos de antemano por San Pedro, que estemos alerta, resistamos fuertes en la fe, armados siempre con el rompelazos de la más profunda humildad.

5. Modelos de identificación en la lucha: Santa Catalina. Alusión al “castillo interior” de Santa Teresa. Santa Cecilia.

No me extraña, temáis esa lucha constante con enemigos tan diestros y poderosos; pero ¿no sois de la misma naturaleza de Santa Catalina senense? ¿No tenéis la misma profesión? ¿No elegisteis al mismo Esposo? ¿No manejáis las mismas armas? ¿Vuestra voluntad no es tan libre como la suya? Al menos así lo jurasteis al profesar. ¿No es verdad?

Y bien sabéis que con ser joven, abandonada, mejor dicho, perseguida de sus domésticos, que son los peores enemigos, y de todas las furias infernales que a nada perdonaros; lejos de vencerla los confundió a todos y proporcionó gratísimas complacencias a su Divino Esposo, que presenció sus batallas, como el fuerte armado de quien penden mil escudos, y ¿sabéis de dónde? Desde el mismo corazón de su heroica esposa.

Como ella, pues, recójase cada una de vosotras, coetáneas y futuras, con su Divino Esposo en el castillo de su corazón; corte los puentes de comunicación con el mundo, levante el del servicio para su misión; cierre las puertas y ventanas con las llaves del más intenso amor de Dios, que todo lo vence; y la de su santo temor que todo lo precave; y si la necesidad le obligare a salir, para cumplir su misión, baje el puente y hágalo con su Custodio, los ojos en el suelo, el corazón en el cielo y su espíritu siempre en su castillo.

Como el enemigo no desperdicia ocasión que se le presente para sus fines, aprovechará ésta como de perlas para brindaros con sus idolillos, metiéndolos por los ojos uno por uno, como buen gitano, al que debéis contestar sin mirarle: Si es de riquezas: “sólo Dios basta”; si de honores: “quien a Dios ama lo tiene todo”; si de halagos: “Dios mío y mi todo”; si de placeres: “vete de aquí, lucero apagado”. Si aún insiste: “¡Hala! Que en mi corazón sólo Dios cabe”.

Ni por esas dejará el precito de su intento, ni por las mismas debéis ceder vosotras, sino al ejemplo de Santa Cecilia, que jamás ociosa, oraba, tocaba y sin cesar alababa a Dios; así debe libar cual industriosa abeja, cada una de vosotras, en las flores y ocupaciones que os designen, la miel y gratísimo aroma de las virtudes que más necesite y agrade a su Divino Esposo.

6. Peticiones a las religiosas presentes y futuras

Ya que a falta de mandar por la de piltrafas, no tengo que añadir y por “dime con quién tratas…”, me contagié de pedigüeño; u no ignoráis que el dar al pobre es poner a logro lo que se entrega; habréis de permitirme os pida por los santos patronos de vuestro Pío Instituto, las siguientes limosnitas que no dejarán de aprovecharos.

Sobre la lectura en el comedor

a) Que las religiosas que lean durante la mesa o comida y lectura espiritual, lo hagan despacio, enterándose de lo que dicen hasta el punto de poder dar al fin, tanto ella como las oyentes, razón, si no detallada, al menos un resumen de todo lo leído; que el alimento sin masticar molesta, se indigesta y no aprovecha.

b) Que las lectoras que así lo hacen y las Superioras que lo consienten, se convenzan que habrán de responder a Dios del fruto que pudieran haber sacado todas de esa práctica reglamentaria, que bien aprovechada y rumiada os proporcionaría una riqueza de conocimientos que nunca acapararéis por falta de tiempo y recursos a la vez.

c) Que escuchéis con mucho respeto esas lecturas y miréis con el mayor interés esas instrucciones o cartas que el Señor os envía para que aún las menos hábiles podáis adquirir con su lectura y oración esa admirable ciencia de muchos santos de ambos sexos que, sin o con escasos principios, fueron y son todavía mirados como oráculo.

Sobre la unión de todas las religiosas

d) Que os miréis y os portéis todas como miembros del mismo cuerpo y desempeñe cada una el papel que le corresponde en inalterable armonía con las demás; que sólo así habrá orden y perdurará el bienestar del Instituto.

e) Que las que bien quieran y deseen la prosperidad de su Congregación copien en su conducta la de cada parte de su propio cuerpo que nunca molesta a su vecina, jamás usurpen su oficio ni aspiren a suplantarla. Si una sufre, todas se (compadecen) conduelen y cooperen a su alivio. Imitad esa armonía, ayudaos mutuamente; amaos mucho en Cristo sin familiarizaros jamás con alguna y tendréis mucha paz y evitaréis muchos disgustos.

f) Que huyáis, como del demonio, de las azufradoras y comadrejas, si por desgracia surgiere alguna, que bastaría para convertir muy pronto al Instituto en un verdadero panderio.

g) Que si alguna, lince de faltas ajenas, se acercase a vosotras con pretexto de corregirlas, le digáis con mucha amabilidad lo que San Pedro de Alcántara a un caballero por el estilo: “Pues corrijámonos nosotros de los nuestros y nuestra enmienda contribuirá a la enmienda ajena”.

h) Que ni en las clases consintáis chismes, críticas ni murmuraciones y otras muchas cosas que suelen ocasionar gravísimos disgustos con y entre las niñas, sus familias y a veces, en el Colegio.

Sobre la ayuda a las benditas almas del Purgatorio

i) Que así en comunidad como en las mismas clases, no regateéis, por Dios os lo pido, vuestros sufragios y especial caridad a las benditas almas del purgatorio, que desde el principio de vuestro Instituto vienen siendo dignísimas acreedoras del mismo, por la gran parte que se tomaron en su defensa; y bien sabéis que favores obligan y que a quien mucho se debe y quiere, con frecuencia se recuerda.

7. Despedida y súplica

Que, por fin, aunque quien por todas pide, a ninguna excluye, permitidme os suplique que os empeñéis de un modo especial con vuestra Santísima Madre la Divina Pastora, que me alcance de su Divino Hijo una verdadera contrición de mis pecados y una buena muerte y que después de ésta no ceséis de acelerar con vuestras obras y fervientes sufragios la más pronta purificación de mi alma para que postrado a los pies de S.D.M., a fin de darle gracias infinitas, se las pida también muy copiosas para vosotras, que así lo promete.

Con el tren a la vista os bendice a todas infinitas veces Vuestro Capellán.

Getafe, 29 - XI - 1922”[Notas 102].

21.6.4. Contenido del Codicilo

Nº 2. Habla de que en el Testamento no se dejó nada por decir (él habla de carne o piltrafas que se quedan entre las uñas). Pero habla también de que alguna cosa se le ha quedado: “en este algo que… vale más que esa podredumbre” y que “es una cosa que siento y no sé explicar”. No sabemos qué podría ser ese “algo”; sólo nos dice que “se multiplica e ignoro de qué procede” y que por ese algo su corazón “debiera explotar” y que “se dilata más cada día”. El P. Faustino se fue a la tumba sin explicar ese “algo” misterioso, pero sospechamos que se trata de alguna gracia extraordinaria que Dios le concedió con vista a su misión de Fundador y en preparación de la prueba que le espera.

Nº 3. El segundo párrafo es confuso. Primero dice que “un alma consagrada a Dios” se la figuró “como una joya”; y luego, que el estuche de barro no hace variar el precio de la joya. En seguida expresa que se trata “de la preciosa sangre de Jesucristo”; pero en el resto del párrafo vuelve a decir que esa joya son o deben ser “las tantas religiosas”. El último párrafo no está bien unido gramaticalmente al anterior. Por todo esto se nota que la mente del Padre, en aquel momento, no funcionaba con la lucidez que acostumbraba.

Nº 4. Ya hemos hablado de la tendencia del P. Faustino a ver la vida espiritual como una lucha de Dios y el diablo para poseer esa joya de que nos ha hablado. Ese sentido “agónico” de la vida procede en él, sin duda, de su misma estructura psíquica y es, a la vez, una verdad de profundos contenidos espirituales.

Nº 6. Al leer este número experimentamos una sensación de extrañeza, debido a que se ha perdido entre nosotros la costumbre de leer mientras se come. Fue una práctica que se mantuvo entre todas las Familias Religiosas desde la Edad Media y ha durado hasta nuestros días, produciendo, sin duda, los beneficios de que habla el P. Faustino.

Lo que dice el Padre sobre “la unión de todas las religiosas” (Nº 6, apartados d y h), fue una de sus obsesiones[Notas 103], como lo fue de Nuestro Señor en el discurso que nos trae su Discípulo Amado[Notas 104].

Nº 7. Esta última súplica es ejemplar y emocionante en la pluma de un anciano de noventa y un años. Ese mismo hecho hace que sus hijas deban venerar estos dos documentos con el profundo respeto que todo hijo bien nacido venera la última voluntad de su padre.

21.6.5. Las sentencias

El P. Faustino era un hombre reflexivo profundo, con tendencia a la introversión. Nada de extraño tiene entonces que se le ocurriera sintetizar en frases cortas principios de vida espiritual, tanto para religiosas como para niñas[Notas 105]. No solo empleó tiempo en libar de la Escritura, de los Santos Padres y de autores espirituales hermosas y profundas sentencias en la época de 1888 a 1891, sino en otras ocasiones en que tuvo momentos de paz y de tranquilidad. El resultado fue que compuso una colección de sentencias que le hacen acreedor a figurar entre los grandes coleccionadores de sentencias espirituales.

Imposible copiar aquí todas esas sentencias[Notas 106]. Nos limitaremos a dos grupos incompletos: las dedicadas a la labor del maestro y la vanagloria. Estas últimas, porque hemos hecho hincapié muchas veces en la vanidad intelectual “inconsciente” del P. Faustino. Aquí veremos su humildad “consciente”[Notas 107].

Leamos primero algunas sentencias sobre la vanidad.

Vanagloria

No usurpes a Dios la gloria que no quiso dar a nadie (Isaías, 41).
¿Usurpa el instrumento la gloria del que lo maneja?
Ni tú usurpes a Dios lo que sólo haces con su gracia.
Si nada puedes hacer sin Cristo, dale toda la alabanza.
Por no atribuir a Dios el milagro, Moisés y Aarón no entraron en la tierra de promisión.
Como el árbol entrega la fruta a su dueña, debes dar a Dios la gloria de tus obras.
Ni los ojos ven sin luz, ni tú harías nada sin Dios
Aunque tú plantes y riegues, el incremento es de Dios.
Pon a los pies de Jesús la corona de tus obras, como los ancianos del Apocalipsis.
A Ti y no a mí sea siempre, mi Dios, tu gloria (Salmo 113).
Nunca te beses la mano, alabando tus obras.
Examina tus obras con la lente de la conciencia y descubrirás su lepra.
Si la salud es de Dios y la perdición de tu cosecha, ¿por qué te envaneces?
Si buscas la gloria del mundo, eres virgen loca con vaso vacío.

Leamos ahora sus reflexiones sobre “el maestro”.

El maestro debe ser bueno

El que hiciere y enseñare será grande en el Reino de los cielos (Mateo 5, 19).
No premiará Dios lo que enseñes, sino lo que acompañares con la verdad de tus obras.
La voz del buen maestro es la santidad de su vida, como en San Juan Bautista.
No alabes tu virtud con la boca, viviendo en el fango del vicio.
No llegan al corazón ajeno las palabras que no salen del propio.
Sólo el corazón habla al corazón.
No inflamarás el corazón de tus discípulos si el tuyo no ardiere en el fuego del amor divino.
Las palabras del que enseña a otro han de ser encendidas en el amor de Dios.
Quien haya de formar los corazones en el temor de Dios es preciso que lo tenga.
Pecado tiene el que sabe el bien y no lo hace (Jac. 4, 17).
Es cosa muy loable regirse a sí mismo y enseñar con vida y ejemplos.
Primero bebe tú la doctrina y después dala a otros.
Si dijeres una cosa e hicieres otra, serás serpiente que emponzoña las conciencias ajenas.
No sea tu saber como la montaña de nieve, siempre iluminada por el sol y nunca se derrite.
No des de comer a otros, muriéndote tú de hambre[Notas 108].

21.7. El P. Faustino, médico extraordinario

21.7.1. Intuición médica

El P. Faustino fue un hombre excepcionalmente inteligente. Tenía un talento universal, pues descolló en todos los estudios que realizó, algunos tan distintos como la Biología y la Lingüística. Además poseyó el don de comunicar a los demás sus conocimientos, pues fue un profesor fuera de serie. Se adaptaba a la capacidad de cada uno de sus discípulos y conseguía que aún los menos dotados, asistidos por él, consiguieran aprobar todas las materias.

Pero entre todas sus aptitudes para el estudio, poseyó una rara intuición médica, acompañada de una inclinación innata a curar enfermos. Y para ello empleaba las plantas con preferencia a otros medicamentos. En sus estudios tuvo preferencia por la Biología y la Botánica. Siendo profesor de las mismas, no limitó su actividad al ámbito de la escuela, sino que empezó a realizar experiencias, para comprobar sus intuiciones en este terreno. Intuyó pronto y lo afirmó muchas veces que “Dios había dejado en las plantas el remedio de todas las enfermedades”. El ejercicio de la medicina lo empezó en Monforte y lo continuó en Sanlúcar[Notas 109]

Esta aptitud del P. Faustino empezó pronto a llamar la atención de la gente. Muchos acudían a él en busca de la salud. Pero también llamó la atención de los profesionales de la medicina. Al principio no se opusieron, porque no le daban importancia, tomándole más por curandero. Incluso lo alabaron cuando hizo estudios exitosos sobre las cualidades de las aguas de Sanlúcar en relación con la salud[Notas 110].

21.7.2. Éxitos y reacción de los médicos

Pero pronto advirtieron que el escolapio era algo más que un curandero. Muchos enfermos iban a consultarlo; con ello disminuían las entradas de los médicos, porque algunas de sus curaciones fueron ruidosas y en personas por ellos desahuciadas[Notas 111].

Llegado a Getafe desde Sanlúcar, de donde salió en parte por las acusaciones de los médicos, dejó algunos años de atender a los enfermos. Pero, después que volvió a ocupar la dirección de las religiosas, comenzó de nuevo a ejercer la medicina, y a vender sus remedios con el fin de conseguir el dinero necesario para ayudar a sus hijas, que habían empezado a fundar colegios. Fue en Getafe donde realizó la más ruidosa de sus curaciones, la del rey Alfonso XIII, aunque esta curación tuvo que mantenerla en secreto por indicación de la reina Madre, ya que se había hecho a espaldas de los médicos del rey[Notas 112]. Pero su actividad médica tuvo tal volumen que se hizo un acontecimiento público en Madrid, ya que los enfermos acudían a Getafe como a una romería.

Entonces la reacción de los médicos fue violenta y apareció en periódicos, en hojas difamatorias, etc., etc.[Notas 113]. Esta reacción se debió a varias causas; tenía una base puramente legal, el Padre no tenía título oficial para ejercer la medicina y la ley prohíbe ejercerla a los que carecen de título. Pero no debe olvidarse que se trata de una ley humana, que no tiene valor, cuando se opone a algún derecho de todo hombre, cual es ayudar a sus hermanos enfermos. El P. Faustino, en efecto, no ejercía la medicina por lucro. De donde sí consiguió grandes gracias fue de la venta de sus “específicos” para los cuales consiguió autorización legal. Las visitas las hacía en su mayoría gratis, sobre todo a los pobres[Notas 114].

A nuestro parecer una causa poderosa fue que el P. Faustino no era del círculo de los profesionales egresados de la Universidad y sus éxitos ponían en evidencia su ignorancia en muchos casos. Entraba en juego un factor psicológico: el honor profesional herido.

A estos motivos se unía otro, también fuerte en aquellos días: el anticlericalismo que reinaba en España. Fueron los pasquines y hojas difamatorias contra la religión las que más atacaron al Padre. Se repetía en España el fenómeno que se produjo en Francia. En la Universidad de Lyon, el famoso médico, Premio Nobel de Medicina Alexis Carrel, fue expulsado de la Universidad porque no ocultaba su fe cristiana[Notas 115]. Pero el P. Faustino, no era hombre que se asustara por la protesta vocinglera de los eternos descontentos. Él procuró que no hubiera base legal para los ataques. No pudieron sancionarle y pudo seguir su obra caritativa[Notas 116].

21.7.3. Los “Específicos Míguez”

Como fruto de su trabajo, de sus estudios seriamente científicos y de la experiencia adquirida en esa obra humanitaria, creó cincuenta específicos[Notas 117]. Esos específicos se vendieron ampliamente por toda España, sobre todo por la Mancha, por donde los vendía un fiel empleado y amigo entrañable del Padre, llamado Gabriel[Notas 118]. Pasaron las fronteras de España, sobre todo en dirección a América, a donde las llevaron consigo sus hijas cuando, aún en vida del padre, atravesaron el Atlántico.

Entre esos “Específicos Míguez” hay uno que fue el más notable por así decirlo, y por el que la fama del inventor llegó a su cénit. Fue el “Antidiabético Míguez”. Era -y sigue siendo- una medicina que cura la diabetes. Su creación supuso una investigación rigurosamente científica, que el P. Faustino describe en el Opúsculo “La diabetes es curable” y que le coloca entre los hombres más notables en España en aquel momento en esa clase de estudios. Demuestra en dicho escrito que la base científica en que se apoya la medicación que empleaban los médicos, era falsa. Después propone una hipótesis, que luego durante 30 años fue verificando meticulosamente y conforme a todas las exigencias científicas, hasta que las curaciones, esto es, la vida misma, confirmó que su hipótesis era verdadera. Oigamos lo que nos dice él mismo:

“Treinta años de prueba, bajo una dirección competente, imparcial y a veces hostil (fuese en son de guerra o por deferencia a la rutina) y siempre con el mismo favorable resultado, bien merece que se le otorgue carta de naturaleza con abolengo de verdad.
Tal es el “Antidiabético Míguez”, que con carta o sin ella, ha devuelto en ese largo período a millares de pacientes la salud del cuerpo y la tranquilidad del espíritu, atristado por la idea que les infundieron de ser incurable su enfermedad y por el tormento del régimen a que se veían sometidos”[Notas 119].

21.7.4. El “Antidiabético”

El gran pregón de ese “específico” y sus éxitos abrieron el camino a los demás inventados por el P. Faustino y de su venta consiguió el Fundador medios económicos muy abundantes con que pudo emprender la erección de los colegios de sus hijas, de que hablamos en otras páginas de esta obra.

Y en el capítulo siguiente hablaremos de lo que tuvo que hacer el P. Faustino para aclarar y legalizar el uso que él mismo había hecho del dinero que le provino de ese origen.

Leamos una carta del Padre, en la que vamos a ver dos cosas: la amplia fama que su hazaña curativa le había valido al autor y la decidida voluntad con la que él mismo se cohibió en los viajes que esa fama le hubiera exigido, si se hubiera dejado llevar de ella candorosamente.

“Amada hija en Cristo. Gran satisfacción tendría en poder corresponder al Rdo. Padre X en algo de lo mucho que hace por vosotras. Dios se lo pague, accediendo a lo que indicas; pero me está prohibido y tengo que obedecer.
He tenido mayores compromisos en este sentido y nada pude hacer para corresponder a las personas que mediaban.
Se dio el caso de mediar el Ministro de Estado y otro de la rota, porque fuese a ver un enfermo a París, poniéndome tren especial y…nada. Para dentro de España habrá pocas Provincias de donde no me haya venido alguna petición por el estilo con recomendación de personas de alta categoría y… nada. Si abriese esa puerta para uno, no me dejarían parar un solo día en el colegio; sería un judío errante, un pájaro fuera de su nido… todo menos religioso.
Aún para venir aquí tienen que hacerlo en son de visita y con recomendación de mucha confianza.
¿Qué tal será este pájaro, cuando así lo tratan?”[Notas 120].

No es poco lo que nos dice esta carta, para conocer la personalidad del P. Faustino:

Lo primero es que su fama es amplia no sólo entre el pueblo que acudía de Madrid a Getafe, llenando los trenes, sino entre la clase alta de la sociedad. Esto necesariamente tenía que halagarle. Y el final de la carta indica que él no quedó inmune a ese halago “¿Qué tal será este pájaro, cuando así lo tratan?” No es difícil ver en esa frase una ráfaga de vanidad, si bien la carta era familiar y, por lo tanto, la frase puede entenderse como una expresión de gracejo del Padre a sus hijas.

Pero lo más importante es la decisión tajante de una voluntad férrea, que había visto en semejantes viajes un peligro para su vida religiosa exigente y consecuente y había decidido cortar por lo sano. Es una prueba clara de que comprendía que entraba en juego su vanidad y que, si se dejaba llevar, podría venirle la ruina de lo que él más amaba. La carta, es, pues, la expresión de lo que hemos ya repetido, pero que es necesario probar: que siempre estuvo pendiente de su compromiso de caminar hacia la santidad. Esta carta nos lo dice de un modo innegable.

21.7.5. Escritos del P. Faustino

No está mal que copiemos aquí la lista de los libros que escribió el P. Faustino, como prueba de los diferentes aspectos de su personalidad, ya que uno escribe de lo que ama y de lo que conoce.

Veamos la lista:

1. Reglamento de las Hijas de la Divina Pastora.

2. El escapulario azul celeste de la Inmaculada Concepción. Breve historia de su origen y condiciones para lucrar las indulgencias. Madrid. 1895.
3. Reglas de las Hijas de la Divina Pastora. 1897.
4. La rutina de vencida o la diabetes es curable. Madrid. 1900.
5. Tratamiento racional de la diabetes. Orihuela. 1902.
6. Nociones de Historia Natural. Madrid. 1904.
7. Nociones de Física terrestre. Madrid. 1904.
8. Diálogo sobre las láminas de Historia Natural. Madrid. 1904.
9. Junio o el mes del Sgdo. Corazón. Madrid. 1904.
10. Constituciones de las Hijas de la Divina Pastora. 1923.
11. Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda con indicaciones de sus virtudes medicinales. Edición publicada bajo los auspicios de Municipio y precedida de un prólogo por D. Manuel Pizarro y Jiménez. Sevilla. 1928.

Como muestra de que el P. Faustino poseía amplios conocimientos en medicina, copia el P. Vilá en la Positio la lista de los libros científicos que se encontraron en su habitación después de muerto.

Los hay de Farmacia, Anatomía, Cirugía, Botánica, Patología, Clínica médica, Fisiología, Terapéutica Aplicada, Frenología, enfermedades de la mujer, Higiene, Homeopatía, un Diccionario de Medicina, Cirugía y Ciencias Auxiliares, de enfermedades de niños, nuevos adelantos en Química y Farmacia, Fisioterapia, Manual de fabricantes de productos químicos. Oftalmología, Fisiatría. El hombre que había leído todo esto y que había tenido tantos éxitos ruidosos en su especialidad no era seguramente un “curandero”.

¿Era el P. Faustino un soberbio-vanidoso o un hombre humilde?

Esta pregunta tiene una relación directa con el objetivo que nos propusimos en nuestro estudio y creemos que es este el momento de analizarlo a fondo.

En efecto, nosotros mismos hemos dicho que el P. Faustino era un creído, pero lo era “inconscientemente”. No es ésta una afirmación superficial ni gratuita. Aseveramos con base en la psicología admitida hoy por todos, que existe el mundo “inconsciente” y que ese inconsciente es activo. Esto equivale a decir que con frecuencia nos movemos todos los seres humanos por motivaciones que no están claras ante nuestra conciencia. Eso es lo que le ocurre a los hombres a quienes llamamos “creídos”. Lo corriente, en efecto, es que estos hombres no se consideren a sí mismos como tales. Basta ver su reacción cuando se les insinúa o cuando alguien les acusa de serlo. Este hecho psíquico es de comprobación universal; esto es, ha sido advertido por todos, y todos lo hemos comentado, y todos hemos criticado a los creídos. Esto demuestra que un hombre puede ser a la vez orgulloso (creído) en su mundo inconsciente y humilde en el consciente. Gran cantidad del trabajo que realizan los psicoterapeutas se reduce, en efecto, a hacer conscientes muchos procesos inconscientes. Es un método de curación de muchas enfermedades psicosomáticas y de muchas cegueras espirituales. Sin esa curación el ser humano sigue esclavo de esos procesos internos y no puede caminar libremente hacia la salud total, ni hacia la santidad. Es la terapia de muchas neurosis y de muchas cegueras espirituales. Demostrar esto necesitaría un libro de psicoterapia, que ha sido ya escrito por muchos psicólogos y por muchos maestros de espiritualidad.

Ya hemos afirmado que el P. Faustino se dejó llevar de motivaciones inconscientes. Recuérdese cuanto dijimos de su enfrentamiento con el P. Marcelino Ortiz[Notas 121].

Nos falta presentar hechos por los que se ve claramente que el P. Faustino era humilde en su mundo consciente, que es el que se le imputa a pecado, porque sólo de lo que ocurre en ese mundo se es responsable ante Dios. Los hechos que comprueban su humildad consciente son numerosos.

Siempre abominó de exhibiciones, aplausos, alabanzas, reconocimientos[Notas 122]. Además dejó pasar ocasiones muy favorables en su vida para subir, medrar socialmente y figurar en el mundo de la España de principios del siglo XX. Curó nada menos que al rey de España y no se aprovechó de ese hecho para ascender. Nos consta por propia confesión que se le ofreció[Notas 123] un Obispado y lo rechazó. Manejó cantidades grandes de dinero y no lo empleó para influir, y menos para sobornar a nadie con fines egoístas o interesados, ni para llevar una vida muelle y regalada con derroche de dinero y ostentación. En la última carta suya que hemos copiado se le ve “cerrando la puerta” de viajes lejanos, para poder ser religioso.

Este hecho es de gran significación, cuando vemos que “todos” veneran al dios dinero. Siendo el centro de una ola de fama y de admiración por el pueblo de Madrid, puesto que acudía a Getafe en gran número para consultarle[Notas 124], jamás se aprovechó de nada de eso para que le sirviera de pedestal de gloria mundana. A pesar de esa fama y de ser Fundador reconocido por la Iglesia, permaneció religioso de las Escuelas Pías. Es preciso valorar este hecho en todo su contenido. Quien conozca el corazón humano y lo que es la vida de comunidad, con sus grandezas pero también con sus miserias, podrá valorarlo debidamente. Entre sus hermanos hubo muchos que le admiraron, pero hubo quienes le criticaron y quienes murmuraron de sus actuaciones. Pudo haber hecho lo que hicieron algunos santos: dejar su Orden e irse a vivir con sus hijas. No lo hizo, ni lo pensó siquiera. Y no solo permaneció en su puesto de escolapio, sino que nos consta, por propia confesión, que ya de ochenta años de edad, iba a preparar a los niños a la Primera Comunión[Notas 125]. Esta fidelidad a los niños, alma y nervio del carisma calasancio, es de un valor excepcional en aquel hombre famoso en España y conocido en el extranjero[Notas 126]. A los ochenta y un años pide permiso a sus superiores para viajar[Notas 127].

No es, pues, gratuito afirmar que el P. Faustino fue humilde, y aún muy humilde en su mundo consciente. Y no sería absurdo volver a sostener que esa humildad fue heroica, si por “heroica” entendemos una humildad fuera de lo común, rayana en lo extraordinario.

Esperamos que la luz de Dios llegue a ser tan intensa en su vida que logre penetrar hasta los escondites más secretos de su mundo inconsciente[Notas 128].

21.8. Arreglo definitivo del problema del uso del dinero proveniente de la venta de medicinas

21.8.1. Permiso verbal

Hemos dejado para este período de 1907 a 1923 el estudio del problema del uso del dinero que recibió el P. Faustino por la venta de sus medicinas (Específicos “Míguez”), porque en él se resolvió definitivamente.

Hasta 1904 el Padre usó de ese dinero con el permiso verbal que le había dado el Vicario General de España, P. Manuel Pérez. Este fue elegido para dicho cargo en 1884, cuando nuestro Padre empezaba a preocuparse del problema de la educación de las niñas. Por ese tiempo se dedicó a la curación de enfermos con éxito notable y los sanados correspondían con limosnas, a veces notables. Por ejemplo, el señor Argüeso, potentado originario de Santander y curado por él, le regaló una casa.

Para resolver el problema que se le planteó como religioso con voto de pobreza, acudió al P. Vicario y éste le autorizó para usar el dinero con los fines que el P. Faustino le dijo. Oigamos sus palabras:

“Expresé al Rmo. P. Manuel Pérez si le parecía bien que yo empleara en beneficio de la Congregación y obras de caridad y beneficencia lo que empezaban a producir mis específicos y me respondió textualmente: En ninguna cosa mejor”[Notas 129].

Este permiso fue suficiente a la conciencia del P. Faustino, y obró en consecuencia, viniendo de quien venía. Y los fines que él propuso al P. Vicario fueron estos:

1º.Para limosnas de misas rezadas por las almas del Purgatorio, que quise figurasen desde luego como socias protectoras.
2º.Para gastos de laboratorio, ingredientes, envases, honorarios del farmacéutico responsable, jornales de los operarios encargados de la presentación de los específicos, etc., etc.
3º.Para las necesidades de las Hijas de la Divina Pastora, material de enseñanza… y para algún obsequio a la Comunidad a que pertenezco. Esto sólo durante mi vida que ya tiene que ser muy corta”[Notas 130].

Así lo hizo hasta 1904. En este año adquirió las eras que estaban junto al colegio de Getafe y la finca “El Pensamiento”. La Comunidad de Getafe aprobó esta adquisición, con excepción de un voto. Se trata de los terrenos que forman ahora el parque del colegio y los ocupados por el colegio de las Calasancias.

21.8.2. Nueva situación

Pero en 1904 el “Vicariato de las Escuelas Pías de España” había quedado reducido a un ente legal sin jurisdicción sobre los individuos. En esta situación se planteó al exactísimo P. Faustino el problema de si regía en estas circunstancias el permiso que le había dado el P. Manuel Pérez cuando fue Vicario General.

En vista de lo cual, el P. Faustino escribió al Rmo. Padre General, para resolver dos problemas: si había obrado bien al comprar y regalar al colegio de Getafe las dichas eras, y si podía seguir usando del permiso del P. Manuel Pérez. Dice así la carta:

“Rmo. P. Prepósito General:
Instado en 1885 por el Emmo. Cardenal González a que me encargase de redactar las bases de la Congregación de Hijas de la Divina Pastora y a que aceptase el cargo de Director de la misma, accedí a lo primero por reducirse a un trabajo personal y opuse a lo segundo que no me lo permitían mis ocupaciones ni podía aceptarlo sin permiso de mis superiores.
Contestome que lo pidiera y así lo hice al Rmo. P. Martra, quien me remitió al P. Provincial que, bien a pesar mío, me lo concedió con tal de no faltar a mis obligaciones.
Posteriormente expresé al Rmo. P. Manuel Pérez si le parecía bien que yo empleara en beneficio de la Congregación y en obras de caridad y beneficencia lo que empezaban a producir mis específicos y me respondió textualmente: “En ninguna cosa mejor”.
En su visita determiné hacer de aquello tres lotes: uno para Misas por las benditas ánimas; otro para gastos de elaboración de otros específicos y el tercero para los referidos fines de caridad y beneficencia.
Así lo vine haciendo hasta fines del año, que supe trataba alguno de comprar las eras contiguas a las huertas de este Colegio, que fiscalizarían cuanto se hiciese en ésta, y que el Colegio no quería o no podía comprarlas por lo cual determiné comprarlas yo de acuerdo con el Rvdo. P. Rector y cercarlas con una verja, cediendo por escritura pública su uso perpetuo a esta Comunidad que lo aceptó, con la sola excepción de un voto, y las convirtió en parque para recreo de la misma y de los colegiales exclusivamente.
A mi juicio y según mi intención no obré mal; pero tal vez no sean todos del mismo parecer y por eso ruego a S. Rma. se digne manifestarme el suyo y decirme al mismo tiempo si puedo seguir o no haciendo uso del permiso que me dio el R. P. Vicario General. Soy de S. Rma. humilde hijo en J. C., Getafe, julio 17/905, Faustino Míguez de la Encarnación”[Notas 131].

El P. General le contestó, aprobando la compra de los terrenos aledaños al colegio y su cesión a la comunidad, pero no le resolvió el problema de si podía seguir usando el beneficio de la venta de los específicos en las condiciones que le permitió el P. Manuel Pérez, sino que le pidió explicaciones sobre algunos puntos, con el fin de resolver el problema después. Tales puntos los cuenta el P. Faustino en la siguiente carta con que contestó la del Padre General:

“Rmo. P. Prepósito General:
Mil gracias a su laudo a mi gestión sobre el parque cedido a esta Comunidad. Adquirido como particular, a tenor de las leyes vigentes, y como tal lo inserté en el Registro de la Propiedad. No cedí a esa Comunidad la propiedad de aquél con el fin de que nunca puedan enajenárselo, figurando en el Registro como propiedad particular. Tampoco le cedí el usufructo perpetuo por evitar el pago de cuádruples derechos reales. Sólo le cedí el uso perpetuo que viene a ser lo mismo, con tal que se destine exclusivamente al recreo de esta Comunidad y de su Seminario.
Dicha cesión fue aceptada de antemano por 16 votos de los 17 que tomaron parte en la reunión de Comunidad y ratificada luego por escritura pública, suscrita por el Rvdo. P. Rector en nombre de aquélla, apreciando lo cedido con valor ínfimo, para no pagar tantos derechos, en 25.000 pesetas cuyos derechos reales pagué yo también encima. Ni se impuso a la comunidad otra carga que la de conservación y pago de contribuciones.
Los lotes de que hablaba en mi anterior, 17 julio ppº, no se referían al parque cedido sino al producto de los específicos de mi invención, producto de que, como dije y en uso de la autorización verbal que tenía del Rmo. P. Vicario General, vengo haciendo desde un principio tres partes. La 1ª para limosnas de misas rezadas por las almas del purgatorio que quise figurasen desde luego como socias protectoras. La 2ª para gastos de laboratorio, ingredientes, envases, honorarios del farmacéutico responsable, jornales de los operarios encargados de la presentación de los específicos, etc., etc. La 3ª para las necesidades de las Hijas de la Divina Pastora, material de enseñanza… y para algún obsequio a la Comunidad a la que pertenezco. Esto sólo durante mi vida que ya tiene que ser muy corta.
Después las Hijas de la Divina Pastora, a quienes he venido cediendo irrevocablemente para después de mi muerte mis específicos según los inventaba, seguirán haciendo la distribución que en conciencia les he prescrito y hacen ya de lo que ellas elaboran y venden por sí mismas. Al efecto les mandé elegir una de entre ellas que sea la depositaria del secreto de la composición de los específicos y la única encargada de la preparación de los extractos, asociándole otras que ayuden en la presentación de aquéllos. Hasta ahora lo han hecho a pequeña escala en su Casa-Matriz de Sanlúcar de Barrameda. Pero se trasladarán pronto, D. m., a ésta donde tienen casa interina y ya debieran haberlo hecho para mejor enterarse y encargarse desde luego de la fabricación y administración de todo. Lo ha entorpecido la ausencia del Sr. Obispo que por cierto tiene más empeño en que se establezcan en Madrid, contra lo que a mi ver les conviene por ahora.
Movióme a ceder la propiedad de mis específicos a las Hijas de la Divina Pastora antes que a la Escuela Pía, la triste convicción que tengo de lo mal que guarda y administra cuantiosos y sagrados depósitos y del ningún reparo que hace en aplicarlos a fines contrarios a su destino, y la seguridad de que aún mirarían con más indiferencia, si no con excesivo interés propio, lo que antes despreciaban y ahora tal vez censuran con menor caridad que envidia. Muchas y muy grandes satisfacciones me ha proporcionado, g. a D., los buenos resultados de mis específicos pero han sido tantas y tan grandes las amarguras que me han hecho devorar, los nuestros especialmente, que varias veces, Rmo. P., estuve por dejarlos y lo hubiera hecho a no prever la avalancha de grandísimos compromisos que vendrían sobre mis superiores que me los imputarían desde luego.
Con lo dicho creo haber contestado a todos los extremos de la inmerecida de V. Rma., 28 ppº, y que solo me resta pedirle su santa bendición y el cumplimiento que me hace en aquella de ponerme a cubierto de nuevos disgustos por parte de otras personas.
De V. Rma. humilde Hijo en J.C., agosto 3/905 (Getafe), Faustino Míguez de la Encarnación”[Notas 132].

Como ve el lector, el P. Faustino explica al Padre General en qué condiciones había cedido el “uso perpetuo”, no la propiedad, a la comunidad de los Escolapios; a qué fines dedicaba los ingresos, especificándolos concretamente; en qué condiciones había cedido a las Hijas de la Divina Pastora el secreto de sus específicos y cómo los elaboraban; y porqué se los cedió a las religiosas y no a la Orden de las Escuelas Pías.

Pero el Padre General no contestó nunca dando la solución esperada. Los viajes, las ocupaciones y la preparación del Capítulo General próximo, debieron impedírselo.

21.8.3. Dos Generales nuevos no arreglaron nada

Al P. Adolfo Brattina le sucedió en el Generalato el Rmo. P. Manuel Sánchez, en julio de 1906, y de momento tampoco respondió al P. Faustino. Pero fue a España en 1909 y llegó a Getafe en enero de ese año. En la visita que hizo a la comunidad consta, por el libro de secretaría, que trató con el P. Faustino la solución del problema del uso del dinero. Al margen de la lista de los religiosos, frente al nombre del P. Faustino, escribió el General: “Trataré de arreglar el asunto en Roma”. Pero murió sin arreglarlo.

El Vicario General que le sucedió, Rmo. P. Egidio Bartolotti, tampoco lo hizo.

21.8.4. El Rmo. P. Tomás Viñas y el P. Homs

Por fin fue elegido el Rmo. P. Tomás Viñas, en junio de 1912. La solución se realizó durante su gobierno, pero por medio del Procurador general, P. José de Calasanz Homs, y tal vez también mediante los servicios del P. Enrique Torres, Asistente General[Notas 133].

La amistad del P. Faustino con el P. Homs la adquirió cuando tuvo que realizar los trámites para la aprobación de las Constituciones y para conseguir el decreto de aprobación (“Decretum laudis”) de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora. El P. Homs le ayudó con de hermano. Así, pues, cuando quiso resolver su problema pendiente del uso del dinero, comprendió que a nadie mejor que al P. Homs se lo podía encargar. Le escribió varias cartas, que se han perdido. Sólo se conserva una, fechada el 1 de mayo de 1912, en la cual se ve que de nuevo tuvo que explicar al P. Homs lo que ya había explicado al P. Brattina. Lo volvió a hacer humildemente, buscando lo que ansiaba, el permiso por escrito del superior. Pero en esta carta al P. Homs explica con más precisión y detalle todo cuanto había hecho a favor de los escolapios y calasancias, porqué lo había hecho así, y como en la carta anterior, añade que para conseguir esos objetivos el único medio era que figurara él como propietario. Luego explica las objeciones de conciencia que había puesto a los legistas, ya que él no podía ser propietario, por ser religioso, y cómo se las habían resuelto.

Por todo esto aparece el P. Faustino moviéndose con pericia en el campo de las leyes, aunque asesorándose convenientemente en asunto tan importante.

No es difícil advertir de qué cúmulo de virtudes humanas y religiosas hizo gala el P. Faustino en esta ocasión, aunque en su actuación anterior en el uso del dinero aparezca como irresponsable e independiente.

A pesar de que él estaba convencido de que había obrado bien en conciencia, repite dos veces las explicaciones para aclarar las cosas a los superiores, a fin de conseguir su aprobación. Estamos tocando un grado muy alto de sencillez y sumisión que causa asombro al que sabe que este mismo hombre, un año antes, el 15 de marzo de 1911, había escrito esto a la Superiora General de la Congregación:

“Hablemos claro: porque en tal caso, sobro yo, si no sobráis vosotras. Si habéis de seguir aquí, mientras yo viva ha de ser a mis órdenes. De no ser así, ya te lo dije, podéis retiraros y cuanto antes”[Notas 134].

En otra carta había dicho: “Donde hay patrón no manda marinero”[Notas 135].

En contraste con estas reacciones impositivas, casi dictatoriales, hijas de su oculto orgullo, ahora se somete sin condiciones a cuanto crean justo los superiores. El final de esta carta nos lo muestra controlando ese orgullo y ejercitando un grado nada común de humilde sumisión. Este hombre, famoso por tantos y tan meritorios títulos, digno de respeto y de veneración por tanto trabajo a favor del Reino de Dios, se somete a todo, incluso a cumplir un castigo, si ha faltado, como lo pudiera hacer un novicio. No se le oculta que con ello se expone a perder su “honor”, al que amó más que a su vida; pero ya no le asusta esa perspectiva, la misma que en otras ocasiones le hiciera emprender acciones jurídicas largas y audaces[Notas 136].

Estamos, pues, ente una virtud extraordinaria y, atendiendo a su anterior concepto del honor, heroica. Esa virtud no puede ser hija sino de la fe, una fe que está por encima de toda otra consideración o valoración.

Leamos con atención su carta al P. José Homs, del 1 de mayo de 1921:

“Mi amadísimo Padre: Confirmo mis anteriores y paso a decirle que antes de inscribir a mi nombre lo del Parque de este colegio y las casas y huerta de las Hijas de la Divina Pastora, consulté con Letrados y Registradores muy competentes sobre el mejor medio de evitarles la usurpación de dichas fincas.
Después de pensarlo mucho y de proponerme algunos, convinieron en que lo menos expuesto era el de inscribir la finca a nombre de una persona de mucha conciencia y confianza; pero que este recurso a su vez presentaba la dificultad de encontrar quién reuniese estas condiciones y caso de hallarla, la de que las tuviesen igualmente sus herederos.
Que lo más seguro era hacerlo a mi nombre con unas condiciones que nunca mis lejanos herederos pidiesen el derecho de reversión ni pudiesen recabarle mientras subsistiesen la Comunidad de Escolapios y la Congregación de las hijas de la Divina Pastora: pero sí en el momento que el Gobierno pretendiese usurpar dichas fincas, a no venir el reinado del comunismo.
Que por lo tanto, si quería asegurar al colegio y a las Pastoras lo que tanto había costado, que no había de aprovecharlo para mí ni para mis legítimos herederos, debía de asirme de ese cabo suelto que dejó la Ley; porque así, sólo en el caso de que triunfase el Comunismo, despojarían a los usuarios de lo que les perteneciese.
Objetado por mí que yo en conciencia no podía figurar como propietario, se me repuso que yo en todo rigor no sería más que una pantalla, para evitar un despojo injusto el día menos pensado. Fuera de que si, ante la ley civil y para los fines que se persiguen, aparecía como propietario, porque no conviene descubrir el objetivo verdadero; no lo sería en realidad por la cesión inmediata a dichas entidades jurídicas del uso perpetuo de las referidas fincas, que sería un verdadero dominio, si para el fin que me proponía, no lo hiciese con esas condiciones, que la Ley permite.
Oponiendo yo el “non sunt facienda mala ut eveniant bona”, me replicaron: que no había mal alguno, sino que los prevenía y grandes para el futuro y que además, siendo el dinero de las Religiosas, por serlo los Específicos de que procede, aunque lleven mi nombre, no hay propiedad más que aparente y ante la ley civil que lo autoriza, y que de no hacerlo así, tendrá la Congregación de las Pastoras que figurar como propietaria con peligro mediata o inmediatamente probable de que todo se lo enajenasen, o valerse de otra persona, como se ha dicho y con todas sus consecuencias.
Así las cosas urgiendo la necesidad de aprovechar la ocasión, que no volvería a presentarse, hice las escrituras de acuerdo con dicho parecer y apenas las inscribí en el Registro de la Propiedad, cedí el uso perpetuo con las que impiden la prescripción, a las Entidades jurídicas consabidas, por documentos públicos, que también inscribí, entregando a aquéllos las respectivas copias literales y legales.
Presentada la de este colegio, que parece no estaba seguro de lo que tanto había deseado, a un eminente letrado, éste, después de leerlo y releerlo muy despacio, me dijo: Que estaba perfectísimamente claveteado, que la Comunidad podía hacer todo lo que quisiese del Parque, excepto venderlo: en fin, que estaba en toda forma conforme a la ley.
Que el medio adoptado produzca los efectos que se persiguen, acaba de verse en la Dirección Provincial de Hacienda, donde el abogado del Gobierno, vistas las Escrituras de la Propiedad y de Cesión de uso informó: “No haber lugar a incluir las fincas de referencia entre las de personas jurídicas”. Esto es, M.R.P., lo ocurrido; al exterior he faltado; no al interior, que nunca he tenido tal pensamiento por la misericordia de Dios. Merezco castigo y estoy dispuesto a cumplirlo con la gracia del Señor. ¿Es preciso subsanación? Tenga la bondad de pedirla en mi nombre.
¿Es necesario rectificar algo por testamento o de otro modo? Sírvase obtenerme licencia para hacerlo, que yo no alcanzo más. Lo dejo todo en las manos de Dios que ve mi corazón y buena voluntad y en las de S.P. que como Padre no puede menos de desear el bien y tranquilidad de este su indigno hijo en Ch., Faustino Míguez de la Encarnación”[Notas 137].

21.8.5. El Rector de Getafe, P. Luis Latorre, asesora al P. Homs

El P. Homs, convencido de la sinceridad del P. Faustino, intereso al Padre General, Tomás Viñas. Este escribió al Vicario de España, P. Melchor Rodríguez, y este último al Rector de Getafe, P. Luis Latorre, para que se entrevistase con el P. Faustino, a fin de ver en concreto qué asuntos necesitaban ser subsanados por la Santa Sede. El P. Latorre era uno de los tantos escolapios que conocían de cara al P. Faustino, pero no le conocían ni psíquica ni espiritualmente. Las palabras que respondió al P. Melchor, cuando éste le encargó entrevistarse con el P. Faustino, son bien reveladoras:

“Como el asunto es penoso y yo estoy tan falto de tiempo, suplico a V. Paternidad indique al P. Prepósito que me permita diferir hasta la primera quincena de octubre el entender en el asunto que otros con más medios y más ascendiente que yo sobre el P. Faustino y más habilidad, no han podido llevar a feliz término. Pida a Dios que yo haga algo en el asunto para bien de todos y en particular de este pobre Padre”[Notas 138].

La taciturnidad poco comunicativa del P. Faustino había impedido la comunicación con el P. Latorre. ¡Este no conocía a su súbdito! Ignoraba su mundo interior y su riqueza actual.

El P. Latorre fue a ver al P. Faustino lleno de prejuicios, los mismos que se corrían entre los religiosos, los cuales ignoraban todo el fondo del asunto. Los detalles –los que enumera el Padre Faustino en la carta copiada- eran tales, que resultaba imposible que los religiosos estuvieran al tanto. Pero en cuanto se acercó al viejo desconocido, se encontró con un hombre que no encajaba en sus prejuicios, algunos de los cuales expone en su contestación al P. Viñas. Por eso acudió pidiéndole la más rápida solución del problema. En esa respuesta se ve que ha cambiado de opinión sobre el anciano P. Faustino. Ahora está de parte de éste y desea verle tranquilo y sin problemas. Leamos esa carta, en la que vuelve a aparecer el Padre en la misma actitud de total sumisión y disponibilidad hacia lo que determinen los superiores. No se ve por parte alguna que el P. Faustino se haya preocupado lo más mínimo porque su “honor” quede a salvo. ¡Desde ahora será el honor de Dios![Notas 139].

Oigamos, pues, al P. Latorre:

“Getafe, 15 de octubre de 1912
Benedícite:
Mi muy amado P. Prepósito:
Adjunto remito a V.P., por conducto del Rmo. Padre Vicario, ese documento en que consigno el resultado de mis conferencias con el P. Faustino. He diferido tanto el cumplimiento del encargo de V.P., lo uno por mis muchas ocupaciones y lo otro, y sobre todo, por el miedo que experimentaba en poner manos en asunto tan enojoso y difícil.
Dios ha hecho que la ocasión fuera propicia y suplico muy encarecidamente a V.P., que resuelva pronto y definitivamente este negocio en que se hallan interesadas la gloria de Dios, el bien de las almas y la honra de la Corporación.
La resolución rápida está exigida por la edad avanzada de nuestro P. Faustino, que aun cuando aparentemente se halla bien, cualquier indisposición, por ligera que sea, ha de ser de fatales resultados por sus ochenta y dos años. Por otra parte, urge también la resolución con el fin de atajar la maledicencia de propios y extraños. Estos últimos, en su mayoría, creen que el colegio de Getafe tiene una mina de oro con los beneficios del Padre y muchos de los propios no tienen reparo en afirmar que los superiores no se atreven con el P. Faustino porque es hombre de dinero. Además, la resolución de privar de sufragios después de la muerte está visto por experiencia que no surte el efecto que intenta.
Me atrevo a suplicar a V.P., que en la resolución que adopte no se consigne nada de censura, castigo, etc., contra el P. Faustino. Aun cuando parezca inconcebible, él cree o ha creído al menos que todo lo que hacía era bueno, santo, del agrado de Dios; se ha creído hasta autorizado para hacer lo que hacía, aunque ahora ve y lo confiesa que se ha extralimitado; es necesario que no se le haga experimentar sacudida alguna fuerte que parecen rechazar su ancianidad, su carácter inflexible y cierta especie de manía persecutoria por parte de los superiores, que siempre ha padecido.
Con mucha insistencia me ha dicho que si los superiores deciden que él ceda la propiedad de los terrenos que él compró para que formaran parte de los Parques del Colegio y algún trozo no incluido en él, está dispuesto en eso, como en todo a acatar las disposiciones de la Superioridad. Yo le he indicado que mi opinión personal es que debe ceder las que V.P. dispondrá. Sobre la propiedad de los Colegios de la Divina Pastora, si se ha reservado, ha sido con el fin indicado en el adjunto oficio. El P. pregunta si en lo sucesivo y para evitar molestias a las Religiosas en las nuevas fundaciones que ocurran, puede seguir la misma norma de reservarse la propiedad, según él desea, pero siempre dispuesto a hacer lo que determinen. Dispense V.P. la molestia que con esta pesada carta le haya podido causar.
Vuelvo a repetirle mi deseo sobre la pronta resolución de este asunto y queda de V.P. affmo. Y humilde hijo en J.C., Luis Latorre de la Sma. Trinidad”[Notas 140].

Copiamos ahora el documento de que habla el P. Latorre en la carta anterior. Vuelve a repetir los puntos que ya sabemos, objeto de subsanación por parte de Roma. El cambio es notable. ¡Se había derribado el muro de la incomunicación y había surgido el afecto fraternal! Leamos:

“Rmo. P.: en cumplimiento de la comisión de que V. Rma. encargó al infrascrito por conducto del Rmo. P. Vicario General de España en oficio fechado en Madrid el día 16 de septiembre del corriente año; puesto de acuerdo con el Rmo. P. Vicario General y con el M.R.P. Provincial de Castilla; oída con todo detenimiento la relación del R.P. Faustino Míguez de la Encarnación y utilizando noticias fidedignas que sobre el asunto que se trata tenía el que suscribe; somete a la consideración de V.P. Rma. los siguientes puntos: el referido P. Faustino Míguez reconoce que necesitan subsanación por ser nulos ‘ipso iure’ los actos de propiedad por él ejecutados y que se expresan a continuación:
1º. La cesión del secreto y de los productos de sus específicos a las Religiosas de la Divina Pastora, mediante escritura pública en que se nombra a un farmacéutico de Getafe para estar al frente del negocio, consignándose en la misma que de los emolumentos que se obtengan se han de hacer tres partes: una para gastos de elaboración; otra cede en utilidad de la Congregación de Hijas de la Divina Pastora, y la tercera se ha de emplear en sufragio de las benditas almas del Purgatorio.
2º. La compra y adquisición de edificios en Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Monóvar y Getafe, para residencia de religiosas de la Divina Pastora. Estos edificios constan de casa, iglesia o capilla, huerta o jardín, y algunos, como el de Sanlúcar, de magnífico pabellón separado para escuelas.
3º Adquisición y compra de varias parcelas de terreno de las que forman el Parque de recreo del colegio de escuelas Pías de Getafe.
4º. El sostenimiento del pleito ante el Juzgado de esta villa y ante la Audiencia de Madrid con un vecino de Getafe sobre propiedad de terrenos. De todas estas adquisiciones se ha reservado la propiedad el P. Faustino con el fin de que no figuren como propietarios ni la Comunidad de Escuelas Pías de Getafe, ni la Congregación de Hijas de la Divina Pastora, y para evitar de esa manera el pago de derechos reales a que sujeta el Gobierno español los bienes de las personas jurídicas. Está sin embargo, dispuesto a hacer cesión de esa propiedad a quién, cómo y cuándo los superiores determinen.
Este es, Rmo. P., el estado de un asunto que mucho apasiona los ánimos de nuestros religiosos, que cuenta ya muchos años de fecha, que da ocasión a muchas faltas de caridad y a no pocos juicios temerarios, que ceden en desdoro de nuestra Orden y cuya resolución todos esperamos del celo y sabiduría de V.P. Rma., aprovechando las felices disposiciones en que al presente se encuentra nuestro buen P. Faustino Míguez de la Encarnación.
Lo que tiene el honor de manifestar a V.P.Rma. el último de sus hijos en J.C., Luis Latorre de la Sma. Trinidad. Escuelas Pías de Getafe, 15 de octubre de 1912”[Notas 141].

21.8.6. El asunto es enviado a la Sagrada Congregación de Religiosos

Recibidos en Roma todos estos documentos y estudiados detenidamente, el Padre General consideró que el P. Faustino había obrado con sana conciencia y en forma legal y conveniente. Subsanó, pues, sus actos de modo oficial. El proceso fue enviado a la Sagrada Congregación de Religiosos acompañado de unas “Preces” del Procurador, P. Homs, en las cuales éste apoyó las del P. Faustino, quien pidió la subsanación de todos sus actos en el problema del uso del dinero.

Sólo se ha conservado el borrador de las Preces del P. Homs[Notas 142].La Sagrada Congregación emitió un Rescripto en el que dispuso dejar al Padre General la decisión final, el cual, en consecuencia, decidió la cuestión definitivamente.

Las Preces del P. Faustino dicen así:

“Beatísimo Padre:
Faustino Míguez de la Encarnación, sacerdote de las Escuelas Pías, postrado a los pies de V. Santidad, pide humildemente la subsanación de ciertos contratos hechos contra el Voto de Pobreza, aunque con recta intención; pide además la facultad de arreglarlo todo legalmente mediante testamento, hecho a favor de las Escuelas Pías y de las Hermanas llamadas de la Divina Pastora, del modo que les parezca mejor a los Superiores”.

El Rescripto de la Sagrada Congregación de Religiosos, fechado en Roma el 16 de diciembre de 1912 y firmado por el Prefecto de la misma, Cardenal Vives, dice:

“En virtud de las facultades concedidas por nuestro Smo. Señor, la Sga. Congregación encargada de los asuntos de los Religiosos, habiendo oído el parecer del Rmo. P. Procurador General, deja la solución de todo el asunto al prudente arbitrio del Rmo. P. Prepósito General, el cual debe procurar que no se perjudiquen los derechos de nadie”.

El fallo del General de la Orden, Rmo. P. Tomás Viñas, es del siguiente tenor:

“En virtud de la especial facultad que nos ha sido concedida por la S. Congregación de Religiosos, por el Rescripto anterior, determinamos:
Que el P. Faustino de la Encarnación, teniendo en cuenta el parecer del P. Vicario General de España, del Provincial de las dos Castillas o de algún perito delegado por ellos, y si fuera necesario también de un entendido jurisconsulto católico, haga un testamento, en el cual confirme la cesión, ya hecha a favor de las Hermanas de la Divina Pastora, del secreto de las medicinas, lo mismo que la división de los ingresos, derivados de su venta, en tres partes, a saber: a) para los gastos de elaboración de las medicinas; b) para la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora; c) para sufragios a favor de las almas del Purgatorio. Debe ceder igualmente, del modo que parezca mejor a juriconsultos, los bienes inmuebles que compró o adquirió ya para las referidas Hermanas, ya para el Colegio de Escuelas Pías de Getafe.
Una vez cumplido convenientemente todo lo cual, prohibimos que nadie moleste en lo sucesivo al P. Faustino por todo lo ocurrido anteriormente.
Barcelona, en (la casa de) S. Antón, 25 de diciembre de 1912”[Notas 143].

21.8.7. Arreglos

Se sabe que el P. Faustino sí arregló legalmente la cesión de los Específicos a favor de las Hijas de la Divina Pastora. Lo dice él mismo en una carta:

“También te remito la Cesión de los Específicos, que debéis firmar todas las del Consejo General, si queréis; si no, decírmelo y dispondré lo que convenga”[Notas 144].

Pasaba el tiempo y el Consejo no redactaba el oficio que le pidió el Padre en esta carta, por lo cual vuelve éste a decir meses más tarde:

“Parece que te olvidas de lo que más os interesa. Mira que no tengas que arrepentirte y sin remedio.
Manda cuanto antes el Oficio que te dije para mayor seguridad. Ponlo, si quieres, en la adjunta forma o parecida. Hay que pagar algunos derechos a la Hacienda, so penas de nulidad. Que lo disfrutéis todo pacíficamente, aunque no lo merezcáis…”[Notas 145].

Por fin pudo firmar la escritura de cesión, según nos dice el Padre en la carta del 16 de febrero de 1914:

“El 11 del corriente, día de la aparición de Ntra. Sra. De Lourdes, firmamos la Escritura de cesión y saldo. Con ambas cosas eché la llave a mi obra: Ahora: Nunc dimittis…”[Notas 146].

No ocurrió así con los bienes inmuebles. No parece que eso se debiera a falta de decisión en cumplir lo que le había ordenado el Padre General. Tal vez hubo dificultades legales, como parece indicarlo el P. Faustino en una de sus cartas:

“Sólo añado que pedí permiso a Roma para hacer las Escrituras como la de ésta (la de Getafe) y la de Monóvar y no me lo han concedido hasta ahora y sin eso no puedo ni quiero hacer nada”[Notas 147].

Tal vez no le llegó el permiso; en todo caso, en 1924 aún no había hecho ese testamento que se le mandó y amenazó a las religiosas con privarlas de los bienes inmuebles. En la carta que les dirigió con motivo de la deposición de la M. María Casaus, les dijo:

“Vuestro Padre… ha visto la intrusión absurda y desatentada de quien (María Casaus) ninguna Superioridad tenía en derecho; y al vislumbrar el fracaso de sus santos propósitos por dicha causa, concibió la idea, si no se ponía remedio, de añadir al testamento un codicilo, legándolo todo a la Escuela Pía a favor de los niños pobres o a los Obispos de las Diócesis en que hay enclavados colegios vuestros, para obras de beneficencia”[Notas 148].

Pero el P. Faustino nunca hizo testamento con valor legal, porque en 1927 se comprobó oficialmente que no existía, mediante un certificado del Ministerio de Gracia y Justicia, Dirección General de los Registros y del Notariado[Notas 149].

Es seguro que no pudo cumplir lo que se le había mandado, pues es impensable que le faltase voluntad, dada su historia de religioso obediente exacto y lo que hemos leído en este capítulo.

Notas

  1. Cfr. Cartas, nº 391, del 29 de abril de 1908.
  2. Cfr. Ibidem, nº 403, del 13 de octubre de 1908. El paréntesis es nuestro.
  3. Cfr. Ibidem, nº 406, del 29 de octubre de 1908.
  4. Cfr. Ibidem, nº 411, del 21 de noviembre de 1908.
  5. Cfr. Ibidem, nº 413 y 414, de diciembre de 1908.Pueden verse otras recomendaciones en la carta nº 420, sin fecha
  6. Cfr. Ibidem, nn. 413 y 414, de diciembre de 1908. Pueden verse otras recomendaciones en la carta nº 420, sin fecha.
  7. Cfr. Ibidem, nº 421, del 20 de febrero de 1909.
  8. . Cfr. Cartas, nº 422, del 26 de febrero de 1909, en la nota previa de la M. Pigretti.
  9. Cfr. Ibidem, nº 433, sin fecha. Las últimas palabras son gallegas: significan: Y aún falta más.
  10. Cfr. Ibidem, nº 498, del 19 de diciembre de 1910.
  11. Cfr. Pigretti, p. 318. Según indica la Madre General, las Constituciones no fueron aprobadas definitivamente entonces; lo fueron el 5 de agosto de 1912.
  12. En realidad tampoco antes tuvo el Padre poder legal sobre sus, cuando el Instituto era de derecho diocesano. Lo que decimos aquí vale también para esa época anterior. Recuerde el lector que acusaron al Padre de esta ingerencia cuando tuvo que expulsar a la M. Antonia.
  13. Cfr. Cartas, nº 515, del 3 de agosto 1911.
  14. Cfr. Ibidem, nº 514, del 14 de junio de 1911. En dicha carta constan los pasos que debían darse aún para llegar al final.
  15. Cfr. Pigretti, p. 284.
  16. .Cfr. Cartas, nº 317. Véase carta nº 394, en la cual consta la opinión en que la M. Julia tenía al Padre Fundador y la reacción de éste: ella le llama santo y él responde mandándola a la Inquisición, si existiera aún. Hermosa libertad y confianza epistolar.
  17. Cfr. Cartas, nº 393, del 18 de mayo de 1918. El pronombre “me” no sobra. Al revés, indica una implicación personal en la felicidad de su hija.
  18. Aparte de los abusos que ella misma denunció en su circular a las comunidades en aquella ocasión –desfalco y abusos de autoridad- había convertido el colegio en una casa de huéspedes, cosa que denunció enérgicamente el Padre: “Desde ahora y para siempre declaro y tendré por espúrea a la Hija de la Divina Pastora que convierta los colegios en Casa de Huéspedes”.
  19. Cfr. Cartas, nº 503, de diciembre de 1910.
  20. Cfr. Ibidem, nº 643, del 16 de septiembre de 1914. La división en párrafos es nuestra.
  21. Cfr. Ibidem, nº 701, de mayo de 1918.
  22. Cfr. Ibidem, nº 705, sin fecha, pero próxima a agosto de 1918.
  23. Cfr. Ibidem, nº 710, del 30 de marzo de 1919.
  24. Cfr. Pigretti, pp. 319- 320.
  25. Cfr. Pigretti, p. 330. Fundaciones. Cfr. Cartas, nº 506.
  26. Cfr. Cartas, nº 632, del 23 de abril de 1914.
  27. . Cfr, Ibidem, nº 750, del 25 de enero de 1921.
  28. Se leen en esas cartas los siguientes nombres –aunque no figuran todos- de pueblos y ciudades que solicitaron la presencia de las Hijas de la Divina Pastora: Alhaurín el Grande (carta nº 420 de 1909, sin fecha); Torralba (nº 589 de 1912); Cartagena o Murcia (nº 549 de 1912); Alcázar de San Juan (nº 633 de 1914); Cieza (nº 650 de 1915); Ayamonte (nº 683); La Carolina (nº 657 de 1915); Siles, Cáceres, Aranda del Duero (nº 701 de 1918); Pontevedra, Chantada, Ponferrada (nº 721 de 1920), Cádiz (nº 750 de 1921); Arcos de la Frontera (nº 651 de 1915) y Lora del Río (nº 680 de 1916).
  29. Se leen en esas cartas los siguientes nombres -aunque no figuran todos- de pueblos y ciudades que solicitaron la presencia de las Hijas de la Divina Pastora: Alhaurín el Grande (carta nº 420 de 1909, sin fecha); Torralba (nº 589 de 1912); Cartagena o Murcia (nº 549 de 1912); Alcázar de San Juan (nº 633 de 1914); Cieza (nº 650 de 1915); Ayamonte (nº 683); La Carolina (nº 657 de 1915); Siles, Cáceres, Aranda del Duero (nº 701 de 1918); Pontevedra, Chantada, Ponferrada (nº 721 de 1920), Cádiz (nº 750 de 1921); Arcos de la Frontera (nº 651 de 1915) y Lora del Río (nº 680 de 1916).
  30. Cfr. Álamo, 1,p. 455.
  31. Cfr. Cartas, nº 616, del 6 de noviembre de 1913.
  32. Cfr. Cartas, nº 750, del 25 de enero de 1921
  33. Cfr. Ibidem, nº 672, de 1915.
  34. Cfr. Ibidem, nº 681, del 9 de octubre de 1916.
  35. Cfr. Álamo 1 pp. 470 - 471.
  36. Cfr. Ibidem, 1, pp. 472 - y 473 nota 20.
  37. Cfr. “Memorial al Cardenal Miguel-Ángel Tonti”, Ediciones Calasancias, Salamanca, 1979, p. 179.
  38. Cfr. Vilá, pp. 179 - 180.
  39. Véanse las páginas 120 y siguientes de este estudio.
  40. Cfr. Cartas, nº 420, sin fecha, hacia el año 1909
  41. Cfr. Ibidem, nº 445, del 26 de agosto de 1909
  42. Cfr. Ibidem, nº 579, del 20 de abril de 1912.
  43. Cfr. Ibidem, nº 562, del 20 de abril de 1912. El caso de la M. Sagrario Martín, a quien dio estudios universitarios de Farmacia, fue singular, pues no tenía como finalidad la docencia sino la dirección del laboratorio en que se fabricaban los “Específicos Míguez”. Era, pues, un objetivo económico. Véanse la carta nº 725 y los datos que proporciona Pigretti (pp. 572 - 573) y todo el estudio que dedica a esa religiosa.
  44. Cfr. Cartas, nº 512, del 6 de junio de 1911.
  45. Cfr. Ibidem, nº 512, del 6 de junio de 1911.
  46. Cfr. Ibidem, nº 690, del 28 de mayo de 1917.
  47. Cfr. Ibidem, nº 667, del 21 de agosto de 1916
  48. Cfr. Ibidem, nº 678, del 25 de agosto de 1916.
  49. Cfr. Ibidem, nº 76.
  50. Cfr. Ibidem, nº 572, del 11 de julio de 1912.
  51. Cfr. Ibidem, nº 672, sin fecha, de 1915.
  52. Cfr. Ibidem, nº 516, sin fecha, supuestamente de 1911.
  53. Cfr. Ibidem, nº 658, del 30 de junio de 1915.
  54. Cfr. Ibidem, nº 725, del 9 de febrero de 1920
  55. Cfr. Ibidem, nº 288, del 17 de septiembre de 1905.
  56. Cfr. Ibidem, nº 677, del 21 de agosto de 1910.
  57. . El P. Faustino convivió en Getafe con uno de los grandes pedagogos que tuvo la Orden en el siglo XIX, el P. Carlos Lasalde. Este gran escolapio escribió varios libros de pedagogía y su “Historia Literaria y Bibliográfica”. De otra parte, el Padre Rabaza en su “Historia de las Escuelas Pías de España” cita los nombres de muchos de esos Escolapios pedagogos. Cfr. tomo IV, capítulo V, p. 564). Cfr. también “Escuelas Pías. Ser e Historia”, pp. 185ss).
  58. Cfr. Cartas, nº 639, del 3 de junio de 1915.
  59. Cfr. Vilá, p. 199.
  60. Cfr. San José de Calasanz: “Proemio a las Constituciones” y Gabriela Mistral: “Decálogo del maestro”. Dos apretadas síntesis de lo que exige “el amor” en la educación.
  61. Cfr. Cartas, nº 688, del 13 de abril de 1917.
  62. Mateo, 24, 44.
  63. Cfr. Cartas, nº735, del 6 de abril de 1920. Los paréntesis y la cursiva con nuestros.
  64. Cfr. Cartas, nº 13, punto 7º, del 11 de noviembre de 1888: “Cuidado con la comparación tan disparatada…”.
  65. cfr. Cartas, nº 394, del 31 de mayo de 1908. El martirio incruento le llegó al final.
  66. Cfr. Ibidem, nº 435, del 21 de abril de 1909.
  67. Cfr. Ibidem, nº 467, del 3 de noviembre de 1909.
  68. Cfr. Ibidem, nº 565, del 14 de marzo de 1912.
  69. Cfr. Ibidem, nº 656, del 13 de abril de 1915
  70. Cfr. Ibidem, nº 764, sin fecha.
  71. Cfr. Ibidem, nº 448, del 26 de agosto de 1909. Murió en el mismo mes.
  72. Cfr. Ibidem, nº 452, del 14 de septiembre de 1909.
  73. Cfr. Ibidem, nº 486, sin fecha. Probablemente de 1910.
  74. Cfr. Ibidem, nº 663, del 15 de julio de 1915.
  75. Cfr. Ibidem, nº 741, del 31 de agosto de 1920.
  76. Cfr. Ibidem, nº 746, sin fecha, probablemente de 1920.
  77. No se sabe a quién fue dirigida esta carta. La frase castellana “trancas y barrancas” se usa en expresiones como esta: ese camina a trancas y barrancas; esto es, con dificultad, cayendo y levantándose. Luego sería alguna hermana perezosa, con momentos de actividad para volver luego a lo fácil.
  78. Cfr. Cartas, nº 760, del 7 de mayo de 1922.
  79. Cfr. Ibidem, nº 387, del 7 de abril de 1908.
  80. Cfr. Ibidem, nº 393, del 18 de mayo de 1908.
  81. Cfr. Ibidem, nº 124, del 5 de enero de 1890. Hermosa carta, que hará bien en leer y meditar toda Hija de la Divina Pastora. Dice lo mismo en la carta nº 627, citando palabras de Santa Gema.
  82. Cfr. Ibidem, nº 99, sin fecha, de 1889.
  83. Cfr. Ibidem, nº 381, del 2 de marzo de 1908.
  84. El mejor comentario que se me ocurre de esta frase es la que escribió la M. Teresa de Calcuta en una foto que le tomé en Cúcuta, en 1982, y que dice: “Be only all for Jesus! God bless you”. (Que sea solamente y todo para Jesús. Que Dios lo bendiga). Cfr. Cartas nº 453, del 16 de septiembre de 1909.
  85. Cfr. Cartas, nº 470, del 11 de diciembre 1909.
  86. Cfr. Ibidem, nº 489, del 11 de noviembre de 1910.
  87. Cfr. Ibidem, nº 498, del 19 de diciembre de 1910. El paréntesis es nuestro.
  88. Cfr. Ibidem, nº 737, del 5 de mayo de 1920.
  89. Cfr. Ibidem, nº 739, del 16 de julio de 1915.
  90. Cfr. Ibidem, nº 559, del 22 de marzo de 1912
  91. El hecho de que la santidad sea el triunfo del amor no se opone a que sea también la victoria de una lucha, según el pensamiento de San Ignacio de Loyola en su célebre meditación de “Las dos banderas”. Así la presentaba el P. Faustino en su carta nº 255 escrita a las novicias. Esta idea estaba de acuerdo con la manera de ser del Padre y con el modo de pensar de muchos cristianos del siglo XIX en España.
  92. Cfr. Cartas, nº 579, del 9 de agosto de 1912.
  93. Cfr. Ibidem, nº 745, del 13 de septiembre de 1920.
  94. Cfr. Ibidem, nº 418, del 17 de enero de 1909.
  95. Cfr. ibídem, nºn497, del 3 de diciembre de 1910.
  96. Cfr. López, Salvador: “Un educador místico”, Ediciones Paulinas, Bogotá, 1985.
  97. Pueden leerse con mucho fruto las cartas del Padre a sus queridas hijas las MM. Concepción, Natividad Vázquez, María Amada, Aurora, Asunción Martín y su sobrina María Margarita. Podrá hallarlas el lector sobre todo al final de esta colección de cartas.
  98. Cfr. Cartas, nº 365, del 17 de enero de 1908.
  99. Cfr. Ibidem, nº 495, del 3 de diciembre de 1910.
  100. Cfr. Ibidem, nº 711, del 20 de abril de 1919.
  101. Cfr. Vilá, p. 141. La distribución en puntos, con sus títulos respectivos, la hemos hecho nosotros, para facilitar el estudio del Testamento.
  102. Cfr. Vilá, pp. 144 ss. La distribución y los títulos de éstos, son nuestros.
  103. Para comprobar esta afirmación pueden leerse con utilidad las cartas nn 189, 190, y 710.
  104. Juan 17, 12 y 22
  105. . Ya hemos hablado de esto en las pp. 151 – 153. Recuérdese lo que allí dijimos y cuándo empezó a manifestarse esa afición.
  106. La colección que ha hecho el P. Anselmo del Álamo contiene sentencias sobre treinta y siete temas y en cada uno hay por encima de quince, llegando alguno a treinta y dos, y la mayoría a veinte o veinticinco. (Cfr. Míguez. 3, pp. 155 – 198.
  107. Ya hemos indicado en otro lugar que esta distinción no es caprichosa, y menos aún subterfugio subjetivo. Esta distinción es seriamente psicológica.
  108. Sentencias tomadas de Míguez, 3 pp. 177 y 192, respectivamente. La colección de todas las sentencias empieza en la p. 155.
  109. Sobre lo que realizó en Sanlúcar véase la p. 69 y para Monforte véase pp. 83ss.
  110. Véase las pp. 69ss.
  111. Véase la p. 127.
  112. Alfonso XIII fue el abuelo del actual Rey de España, Juan Carlos I. Puede leerse la narración de este episodio de su vida en “Del Álamo I” pp. 251- 260. En el mismo capítulo de la obra del P. Anselmo del Álamo podrá ver el lector otras curaciones ruidosas del P. Faustino.
  113. Sobre este tema véase el capítulo XXI de la citada obra del P. Anselmo.
  114. Véase Del Álamo, o.c., p. 426.
  115. Alexis Carrel se convirtió -él también era médico ateo- en un viaje que hizo a Lourdes, acompañando a una excursión de enfermos. Una enferma tísica, que él había tratado, se curó ante sus ojos… En la citada obra del P. Anselmo se dice con detalle qué Hojas y qué pasquines eran los que atacaron al P. Faustino.
  116. En efecto, le acusaron ante el juez, pero éste no pudo encontrar asidero legal para condenarlo. Ver Del Álamo, 1, pp. 275 - 277.
  117. El mismo Padre describe su base científica, juntamente con sus efectos curativos, en el Opúsculo “La diabetes es curable”, pp 10ss.
  118. Por muchos años fue empleado del Colegio de Escuelas Pías de Getafe, donde le conocimos y tratamos muy íntimamente nosotros. Él nos contó muchas anécdotas del P. Faustino, cuya memoria era para él entrañable.
  119. Véase el referido Opúsculo “La diabetes es curable”, p. 5, Cap. VII.
  120. Cfr. Cartas nº 502, sin fecha, del año 1910.
  121. . Véase la p. 169, sobre la respuesta del P. Vicario General, Manuel Pérez, a una consulta del P. Faustino.
  122. Recuerde el lector la nota 4 del capítulo “Fundaciones”: oyendo el P. Faustino, en Monforte, que un expositor le alababa, abandonó el recinto. Rechazó las alabanzas de la M. Julia cuando llegó la aprobación del Instituto y las Constituciones.
  123. Véase la p. 171, nº 3.
  124. Cfr. Cartas, nº 570; “Siempre perseguido, siempre asediado”. Igualmente las nn. 575, 613, 631 y 646.
  125. Cfr. Ibidem, nº 601, del 23 de abril de 1913.
  126. Véase antes, nota 120.
  127. Cfr. Cartas, nº 567, del 24 de mayo de 1912.
  128. Cfr. Ibidem, nº 551. A este hecho llamaba el Padre “humildad verdadera” la que ilumina y hace ver “como un favor” la humillación, reconociendo que se merece.
  129. Cfr. Vilá, p. 476, en la carta del P. Faustino al Rmo. Padre General, Adolfo Brattina.
  130. Cfr. Vilá, p. 456.
  131. Cfr. Vilá, p. 476.
  132. Cfr. Vilá, p. 477.
  133. . Cfr. Cartas, nn. 536, del 24 de noviembre de 1911, 563, del 30 de abril de 1912, y 606, del 1 de agosto de 1913.
  134. Cfr. Cartas, nº 510, del 15 de marzo de 1911. Unos meses después, en octubre de 1911, escribió otra carta del mismo estilo, la nº 526.
  135. Cfr. Ibidem, nº 506, del 8 de febrero de 1911.
  136. El lector recordará el choque del P. Faustino con el P. Marcelino Ortiz.
  137. Cfr. Vilá, pp. 484 – 486. Es muy notable que desde 1912, cuando el P. Faustino hizo esta humilde confesión, no volvió a consignar en sus cartas frases parecidas a órdenes impositivas. En contraste con esto, escribió en 1922: “Aunque ignoro los motivos, respeto los cambios. ¡Dios los permite o dispone! ¡Pues esto me basta! Desde la cima de un monte se descubre más terreno que desde un valle. Tampoco condeno las contestaciones a esas cartas, si no huelen a desquiete de amor propio herido…Dios hizo del mayor perseguidor de la Iglesia el Apóstol más celoso y de Pedro penitente, la cabeza de la Iglesia”(cfr. Cartas, nº 760, del 7 de mayo de 1922). Parece increíble oír decir al P. Faustino que admite una “contestación” a las cartas. Sería conveniente releer las que escribió desde 1912. A nuestro parecer, a partir de ese año abundan más las cartas netamente espirituales, de gran profundidad religiosa vivencial, como las que dirigió a sus hijas más queridas, de las que ya hablamos antes. Pero sobre todo, ya no vuelven a aparecer esas órdenes tajantes, impositivas, sin posible diálogo, como: “caiga quien caiga”, “o yo o vosotras”; aunque sí figuran aún frases indiferencia pasiva de u duras a las monjas relajadas; las llamará “monstruos” (nº 602); aún se lee “le cantaré las verdades mientras viva” (nº 673); aún le “hervirá la sangre” ante la indiferencia pasiva de una religiosa (nº 691); aún dirá “o ser o no ser”; “así, así, así” (nº 735); aún afirma que no quiere ser “perro mudo” (nº 753); aún dirá “no, no, no” (nº 763). Pero no vuelve a oírsele que mandará a alguna religiosa “al arroyo, de donde salió”. Desde la cima de los ochenta o de los noventa años veía un horizonte mayor que a los sesenta. No es posible dejar de ver un progreso en el dominio de sus reacciones temperamentales, aunque seguía siendo el mismo. ¡La gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona!
  138. Cfr. Vilá, p. 492, d). Palabras que están en la carta del P. Melchor al P. Viñas.
  139. Véase lo que hemos dicho en otro apartado sobre “la gloria de Dios” y su santa voluntad.
  140. .Cfr. Vilá, p. 493, 3, a).
  141. Cfr. Ibidem, p. 494, 6).
  142. Pueden leerse en “Positio”, p. 496, y la traducción en castellano en las pp. 466 y 467.
  143. Cfr. “Positio”, p. 497, el texto latino. La traducción es nuestra.
  144. Cfr. Cartas, nº 602, del 17 de mayo de 1913.
  145. Cfr. Ibidem, nº 622, del 3 de febrero de 1914.
  146. Cfr. Ibidem, nº 626, del 16 de febrero de 1914.
  147. Cfr. Ibidem, nº 592, del 23 de diciembre de 1912.
  148. Cfr. Vilá, pp. 394 - 395.
  149. Cfr. Ibidem, p. 498.