FeMaestro/I. CONFIESO QUE SOIS MI DIOS Y MI REDENTOR

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

SEGUNDA PARTE: HIJO REDENTOR
Tema anterior

FeMaestro/I. CONFIESO QUE SOIS MI DIOS Y MI REDENTOR
Índice

II. TODA LA VIDA DE CRISTO ES UN MISTERIO DE AMOR
Siguiente tema


I. CONFIESO QUE SOIS MI DIOS Y MI REDENTOR

Confieso con el Apóstol Santo Tomás, que sois mi Dios y mi Redentor[Notas 1].

1. Mi Dios y Señor

Con esta confesión de fe del Apóstol Tomás ante Jesús resucitado (Jn 20, 28) está expresando Faustino la fe en Jesús. Lo confiesa como Señor, “único Señor”. Su señorío es el señorío del amor no es un señorío que esclaviza, como tantos otros, sino que libera.

En esta confesión está reconociendo la divinidad de Jesús, pues Cristo es nuestro Señor, el Señor tu Dios[Notas 2]. Por otro lado esta confesión significa que “Jesucristo es el cumplimiento de la esperanza veterotestamentaria... ahora se nos manifiesta el sentido más profundo del hombre y del mundo”[Notas 3], las promesas de Dios ya cumplidas en su Hijo[Notas 4]:

Cuatro mil años iban transcurridos desde que Dios maldijo a la serpiente y había prometido al hombre la reparación; y los símbolos y figuras que sin cesar habían venido repitiéndose en tan largo período, empezaron a tener como una animación que descubría su significado; las profecías y vaticinios que delineaban entre grandes rasgos la gloria del Redentor, comenzaban también a rodearse de suaves destellos de luz, y a desenvolverse ante los ojos de la humanidad, que seguía su camino con impaciente expectativa, y una aurora risueña y agradable bañaba los espacios y dividía la oscura noche de la culpa, del día esplendoroso de la gracia, que iba a amanecer entre misterios augustos e inefables[Notas 5].

Faustino utiliza también otros epítetos o expresiones equivalentes que acentúan este señorío de Jesús. Presenta a Jesús como Imagen o Espejo de su Padre[Notas 6] y, como deducción, como el Modelo, Ejemplar y Tipo que hay que seguir, imitar y parecerse[Notas 7] a la vez que condición para entrar en la otra vida:


Persuádete, hija, que si deseas tu santificación, Jesús ha de ser tu modelo, sus ejemplos la norma de tus acciones y las virtudes de su Corazón la escuela de tu perfección. Ni creas esto como un simple consejo, sino que es para ti un deber absoluto; porque el Eterno Padre ha dispuesto desde la eternidad que todos aquellos que deseen ser admitidos á la compañía de los santos en el cielo, han de ser en la tierra copias conformes á la imagen de su divino Hijo humanado, tipo de infinita perfección y santidad por esencia[Notas 8].

Jesús es también Señor del Universo[Notas 9], Supremo Monarca del Universo[Notas 10], Señor de los señores[Notas 11], Rey de las naciones,[Notas 12] Rey de reyes,[Notas 13] Rey de lo creado[Notas 14]... Son todas expresiones referidas a su identidad divina y a su señorío.

2. Mi Redentor, el Hijo Dios

Siendo Hijo de Dios, se anonadó hasta tomar la forma de siervo por amor nuestro[Notas 15].

La confesión de Jesucristo como nuestro Señor, nos lleva a la verdad más importante de la fe: Jesucristo es el Hijo de Dios. En efecto, es Señor porque es el Hijo de Dios a quien el Padre le dio su propio señorío sobre toda la creación y le dio también su poder salvador.

Estamos en el centro de la fe apostólica[Notas 16]. La fe en Jesucristo como el hijo de Dios es un resumen que expresa lo esencial y específico de la totalidad de la fe cristiana. Sin la profesión de fe en Jesús como hijo de Dios no puede existir la fe cristiana[Notas 17]. Es por ello la “experiencia cristiana fundamental: «la experiencia de haber conocido a Dios en Jesús»”[Notas 18] y el signo distintivo de la fe cristiana.

La Iglesia, al hablarnos de Jesús en el credo, nos ha dicho primero quién es. Es el “Hijo único de Dios”. Significa que no hay otra persona que haya sido engendrada naturalmente por el Padre más que Jesús, quien, por ser el Hijo, es Dios como el Padre. Cristo es el Unigénito del Padre[Notas 19]: sólo Él es consustancial con el Padre (cf. Jn 1, 14.18; 3, 16.18; 1 Jn 4, 9). En cuanto hombre, es también unigénito o hijo único de María.

Faustino señala que hay una semejanza eterna e increada entre el Padre y el Hijo. Éste es eternamente engendrado por el Padre en su propio seno y tiene su misma naturaleza; por la generación eterna hay sustancialmente en el Hijo todas las perfecciones de la naturaleza divina del Padre. Jesús es el Hijo humanado[Notas 20], el Divino Hijo que sin dejar de ser Dios quedó hecho, Hombre-Dios, Dios Hombre al mismo tiempo[Notas 21].

Resalta bien, Faustino, del misterio de la personalidad de Jesús su filiación y abunda en textos sobre el tema. Este es el ángulo desde donde hay que comprender a Jesús. Todos los testimonios de los Evangelios apuntan en esta dirección, Jesús se considera antes que nada el “Hijo”. Expresión de esta filiación de Jesús es su obediencia. Faustino define a Jesús como el “Hijo obediente”, el cual tiene clara conciencia de ser un enviado, de cumplir una misión, en la más estricta obediencia: “El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). Jesús es el “Hijo Obediente” hasta la muerte, que tenía por única comida el hacer la voluntad de su Padre[Notas 22] :

A la obediencia vinculó Dios, por así decirlo, la justicia original en el paraíso y por ella bajó del cielo el Hijo de Dios; es decir para hacer la voluntad de su Eterno Padre, obedecer a su Stma. Madre y a S. José y morir en la Cruz como holocausto de la misma... “Obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”[Notas 23].

Jesús es el Hijo dócil que quiso seguir puntualmente los deseos del Padre Eterno, que solo tenía por objeto nuestra eterna salvación, por lo cual dijo: No busco mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me envió. Y con su obediencia se hizo para todos los que le obedecen causa de salvación[Notas 24].

Jesús es llamado también el Hijo amado en quien halla Dios sus delicias y todas sus complacencias[Notas 25]. El Hijo que es amado por el Padre lo da conocer a los hombres.

La Iglesia debió defender y aclarar la verdad de que Jesucristo es “verdadero Dios y verdadero hombre”, durante los primeros siglos frente a las herejías. El P. Faustino hace mención de algunas y a la vez expresar su fe en Jesús[Notas 26]:

-Niegan los judíos que sea Jesucristo aquel Mesías prometido en las Escrituras.

-Negaron los nestorianos que la Virgen fuese Madre de Dios; Nestorio comenzó la manifestación de su error al manifestar que María es Madre de Cristo pero no de Dios. No distinguía “naturaleza” de “persona”, que en Jesucristo hay dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en su única persona que es la persona del Hijo de Dios[Notas 27]. Esta persona actúa como Dios con su naturaleza divina en actos divinos, y actúa como hombre en su naturaleza humana con actos humanos. Las consecuencias de este error eran gravísimas: Dios había habitado en un hombre, pero no se había hecho hombre; no había existido auténtica Encarnación; con ello caía también la misma redención del hombre. Fue condenada esta herejía en el Concilio de Éfeso (431).

-Negaron los arrianos que Jesucristo fuese un hombre de Dios, es decir, verdadero Dios. Según Arrio la Segunda Persona de la Trinidad no es Dios por esencia, sino una criatura, la primera, tan íntimamente relacionada con Dios que el Padre lo adopta como Hijo. El primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325, confesó en su credo que el Hijo de Dios es “engendrado, no creado, de la misma substancia [homousios] que el Padre” y condenó a Arrio que afirmaba que “el Hijo de Dios salió de la nada” y que sería “de una substancia distinta de la del Padre”[Notas 28].

-Algunos herejes blasfeman que el cuerpo de Jesús era aéreo o fantástico e impasible. Está haciendo referencia al Docetismo. Estos herejes sostenían que Jesús no pudo tener un cuerpo verdadero, sino sólo un cuerpo aparente o etéreo-celeste. Para afirmar la divinidad de Jesús negaron la realidad del sufrimiento (en consecuencia, sólo padeció y murió en apariencia), para acabar negando la realidad de su propia carne y, por tanto, la realidad de la Encarnación. Teológicamente quedó superado en Calcedonia (451). Este dogma de Calcedonia se fue desarrollando en la época posterior. De la afirmación de la verdadera naturaleza humana de Jesucristo se dedujo que éste, como verdadero hombre, tiene también un “alma espiritual humana verdadera”, que, sin embargo, está perfecta y libremente sometida a la divinidad. Así lo proclamó solemnemente el VI Concilio Ecuménico, III de Constantinopla (680-681), contra los errores que defendían una sola voluntad en Jesucristo (monotelismo). Anteriormente otra herejía cristológica fue la de Apolinar de Laodicea. Este afirmó que en Cristo el Verbo había sustituido al alma o al espíritu. Contra este error la Iglesia confesó que el Hijo eterno asumió también un alma racional humana[Notas 29]:

Sí, Jesús con este lamento quiso enseñarte que su cuerpo santísimo no era aéreo ó fantástico, ni impasible, como blasfemaban algunos herejes, sino verdadero y real, y más delicado y sensible de lo que puede decirse; quiso asegurarte de que por más que su alma bendita actualmente no hubiese sido privada de la visión beatífica de la Divinidad por la unión hipostática, é indivisiblemente unido á su Humanidad, no por eso se le quitaba ni disminuía la sensibilidad, ni la excelencia de los dolores acerbísimos que hirieron tan desoladísima su agonía.
¿Te maravillas acaso al oír á Jesús encomendar al Padre Eterno su alma bendita, unida indivisiblemente á la Divinidad?[Notas 30]

En los escritos teológicos de Faustino predomina más la soteriología, la obra de la redención, que la cristología, la doctrina del ser de Jesús, como iremos comprobando.

De este primer apartado sacamos como conclusión en qué consiste nuestra identidad cristiana. Una persona es cristiana porque cree en Jesús y lo confiesa como único Señor y Salvador; porque se adhiere a su Persona, a sus enseñanzas y a su camino: ser cristiano nos obliga a portarnos como Jesucristo, más aún a ser otro Jesús[Notas 31]. No se es cristiano por creer en Dios en general y en abstracto, sino por creer que un hombre concreto que nació en Belén, que vivió en Nazaret, que murió en la cruz... es el Hijo de Dios en persona.

Podemos terminar esta confesión de Jesús como Señor e Hijo de Dios, con unas palabras en las que Faustino expresa la fe de María: Jesús es para ella el Hijo de sus entrañas y Dios de su alma[Notas 32].

Notas

  1. MSC 91; PE 49.
  2. HPF 92, 64; MSC 40; PE 158; Ep 108, 143, 495, 629 (Señor Hijo); CF III, 61; XVI, 81; etc.
  3. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 172.
  4. PE 27.
  5. HPF 120.
  6. Esta expresión se halla en las cartas de Pablo y en el evangelista Juan (cf. 2 Co 4, 4; 3, 18; Rm 8, 29; Jn 17, 5.24).
  7. RF XXI, 22; CF XXII, 60; CF XII, 58; Ep 140; PE 125 etc.
  8. MSC 30; cf. MSC 189.
  9. HPF 103.
  10. MSC 195.
  11. HPF 121.
  12. HPF 63.
  13. MSC 195, HPF 81, 103, 121.
  14. PE 190.
  15. CF XIII, 206; cf. MSC 49, 50, 92, 131; HPF 162 (cf. Flp 2, 7).
  16. CATIC 442.
  17. WALTER KASPER, o.c., p. 199.
  18. J.I. GONZÁLEZ FAUS: La Humanidad Nueva, Santander 1984, p. 333.
  19. HPF 95, 59; MSC 92, 236.
  20. MSC 30, 139; HPF 121, 122, 123.
  21. RF XXII, 23; PE 27; MSC 84, 169, 171, 213.
  22. CF IV, 159 (cf. Flp 2, 8); XII, 58 (cf. Jn 4, 34; 5, 30).
  23. PE 124; cf. CF XII, 161.
  24. MSC 92-93; CF 116 (cf. Jn 5, 30; Hb 5, 9).
  25. MSC 211 (cf. Mt 3, 17).
  26. HPF 76.
  27. PE 27; HPF 122.
  28. DS 130, 126.
  29. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 175; cf. DS 149; CATIC 471.
  30. MSC 238-239, 262.
  31. PE 23; HPF 87, 159.
  32. HPF 109.