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PRIMERA PARTE: DIOS, PADRE CREADOR
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FeMaestro/I. DIOS OBRA COMO QUIEN ES
Índice

II. DIOS PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
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I. DIOS OBRA COMO QUIEN ES

Tú te admiras como hombre... Dios obra como quien es. Dios obra como Dios[Notas 1].

Esta afirmación de Faustino sobre Dios supone contestar a dos interrogantes: ¿Quién es Dios? y ¿cuáles son sus obras? Ser y actuar van unidos. Como dice el adagio “el hacer sigue al ser”, es decir, se obra como se es; así la obra podemos decir que es el retrato del autor. “Toda realidad es primero epifanía de sí misma, que se manifiesta en su zarza ardiente. Se muestra, más que se demuestra, y no se trata de ningún círculo vicioso. ¿Va a ser distinto en el caso de Dios?”[Notas 2]. Ocurre lo mismo en la Biblia, en ella se nos dice cómo es Dios diciéndonos lo que Dios hace. “¿Quién es Dios? se debe formular con esta otra pregunta: ¿Dónde se muestra Dios de modo que podamos conocer quién es? Es la Biblia la que habla de Dios cuando relata la historia de Dios con los hombres y cuando describe las grandes obras de Dios, que guía la historia de su pueblo. Por esta historia sabemos quién es Dios”[Notas 3].

¿Quién es Dios? “Esta -escribe A. Gesche- es una cuestión lacerante que se plantea la Escritura, enfrentada a todos los dioses imaginables, y que propone su descubrimiento y su revelación centrada en el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, en el Dios de Jesucristo. Cuestión lacerante, que continúa planteándose el hombre, sea cual fuere el horizonte al que pertenece. Pues precisamente esa cuestión infinita no acabará jamás de ser planteada, justamente porque Dios es -él mismo- cuestión, es la Cuestión, el Interrogante del hombre, esa Pregunta clave en el corazón de nuestro corazón y que nos interpela sin cesar”[Notas 4].


¿Desde dónde responde Faustino a esta cuestión? Principalmente desde la oración y adoración, pues sólo en presencia de Dios se puede hablar con verdad de Dios mismo, únicamente por su gracia, reconociendo que todo hablar nuestro sobre El sólo puede ser un don suyo. De ahí que sólo el creyente pueda hablar de Dios[Notas 5]. Más aún, podíamos decir que a Faustino, como verdadero educador de niños, sacerdote y guía espiritual, no le interesa tanto demostrar la existencia de Dios cuanto provocar y promover la correspondencia[Notas 6] por parte del hombre. En esta perspectiva se mueve él y desde aquí, conforme hemos dicho que él mismo lo ha vivido, invitará a escuchar a Dios que habla y a responderle buscando su gloria y poniéndonos a su servicio. Veamos cuál es su respuesta creyente a la pregunta sobre Dios. Respuesta que sintetizamos tomando un lema suyo: Sólo si Dejamos obrar a Dios podremos saber quién es[Notas 7].

1. Todo lo puede: Dios Omnipotente

Faustino llama omnipotente al poder de Dios[Notas 8]. Formula de este modo el primer artículo del credo: “Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”. De todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo. Comentaremos también qué otros atributos de Dios muestra Faustino y cuál es la esencia de Dios mismo. Veremos cómo confesar a Dios Todopoderoso tiene un gran alcance para nuestra vida[Notas 9]. En esta omnipotencia de Dios Faustino indica sus tres aspectos: es universal, pues Dios creó todas las cosas (Gén 1, 1; Jn 1, 3): lo creado, obra de la omnipotencia de su dedo, predica su inmenso poder[Notas 10]; es amante, pues Dios es el Padre que está en los cielos (Mt 6, 9): Dios y Padre; Dios y Señor; la encarnación del Hijo de Dios para redimirnos es la obra más grande de su omnipotencia, más perfecta de su sabiduría y más acabada de su amor[Notas 11]; es misteriosa, pues sólo la fe puede discernirla en sus manifestaciones a veces desconcertantes y abrirse a su acción salvadora (1 Co 1, 8; 2 Co12, 9s)[Notas 12]. La omnipotencia se despliega en la historia, dirá Faustino, Dios hace lo que quiere y nadie triunfa contra El[Notas 13]:

Cuyo ojo todo lo ve, cuya mano todo lo contiene, cuya voz todo lo ordena; que mira, y la vida y la muerte brotan de sus ojos; dice, y a su voz pululan los mundos y los cielos se extienden; habla, y su palabra agita los vientos y los mares calma: que, si extiende su mano abarca la tierra; si la mira airado, la convierte en polvo; si piadoso, en escabel de su grandeza: cuyo asiento es la paz, su trono la justicia, su abismo es el caos, su soplo la creación; que da luz a la luz, fin a los mundos, a los astros órbitas, jugo a la yerbas y a la mar arenas; cuyo nombre esculpe el rayo, el relámpago lo ilumina, y lo publican los truenos[Notas 14].

En María también se deja ver su omnipotencia, su grandeza y maravillas[Notas 15]. Por eso hemos de confesar su omnipotencia: verdaderamente Dios todo lo puede; todo lo ve y nuestro mayor bien desea[Notas 16]. Así dirá el profeta: Ninguno como Dios[Notas 17].

1.1. Dios Uno y Único

En la primera etapa de la revelación, Dios se manifiesta como único Dios, que ha hecho todo y que ama al hombre. La confesión cristiana “creo en un solo Dios”, resume la fe del antiguo y del nuevo testamento. Ya en el antiguo testamento leemos: “Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es solamente uno” (Dt 6, 4-5). El nuevo testamento asume la fe veterotestamentaria en la unicidad de Dios (Mc 12, 39.32). Pero Dios no es sólo uno, sino también único. Dios, en efecto, excluye la existencia de otros dioses. «Si Dios no es uno solo, no hay Dios», afirma Tertuliano. Un Dios que estuviera limitado o restringido por otros dioses, ya no sería Padre todopoderoso. Dios es un Dios celosísimo y exige la exclusividad, no tolerando a su lado dioses ajenos (Ex 20, 3s; 34, 14; Dt 5, 7)[Notas 18]. El Dios uno no puede menos de ser el Dios único. Así la unicidad de Dios no es un atributo más, sino que se identifica con la esencia misma de Dios[Notas 19].

La fe en un solo Dios no es en modo alguno una teoría meramente abstracta, sino una confesión de importancia eminentemente práctica. Pues nos dice: la realidad del mundo no es, en definitiva, confusión y caos, porque se funda en un solo Dios; de Dios proviene el orden del mundo, su sentido y cohesión porque es el Dueño y Amo del mundo, es el Omnipotente[Notas 20]. Por eso el cristiano jamás reconoce a ningún hombre o a ninguna fuerza como “dios” o “Señor” o dueño absoluto de los acontecimientos de su vida, sean estos favorables o adversos. Nadie puede disputar a Dios el dominio sobre alguna parcela del universo o período de la historia. Él es Señor de todo lo creado y Dios infinitamente bueno, a quien toda fuerza o criatura está sometida: cuando Dios no quiere, el hombre nada puede[Notas 21]. Cuando las cosas son de Dios se realizan por encima de todo: O, es de Dios o no; si lo primero, lo sacará a flote, si lo segundo, tiene que perecer[Notas 22]. Por eso también sólo hay un fundamento absolutamente seguro y un sentido último absolutamente cierto, y en el que únicamente podemos y tenemos que apoyarnos: Hágase la voluntad del Señor y Él sea nuestro Único apoyo que, si quiere, basta[Notas 23].

Podemos decir incluso que cuanto más consideramos a Dios como nuestro Señor, tanto menos esclavos somos de los hombres y de las cosas, tanto más somos hijas e hijos libres en la casa común del Padre. Hoy como ayer existen dioses e ídolos que ponemos en lugar de Dios como valores últimos. Estos son: el dinero, el prestigio, el trabajo, el poder, el progreso, el placer... Pero también es idolatría hacerse un dios a la medida de nuestros intereses, pues el hombre siempre ha querido plegar a Dios a sus pecados y acomodar la religión a sus apetitos, todo ello por desconocimiento del Dios único[Notas 24]. La idolatría comporta, por tanto, una doble reducción: la reducción del misterio de Dios a la medida del hombre y la reducción del anhelo del hombre a los límites estrechos del objeto idolatrado[Notas 25].

Por lo tanto en la confesión en un solo y único Dios está en juego la opción fundamental de nuestra vida; una opción en favor de algo necesario, y que satisface plenamente porque en el fondo lo es todo. Por eso, ese algo interpela también al hombre. La confesión de un solo Dios implica en definitiva la opción fundamental entre fe e increencia, la cuestión sobre qué es lo que merece siempre y en todas las situaciones la confianza absoluta. Faustino apremia continuamente a esta confianza en Dios, como analizaremos más tarde. Es el compromiso de una conversión permanente a Dios; dicho con sus palabras: un vivir, amar y obrar en Dios, con Dios, por Dios y para Dios[Notas 26]; realidad de la que todo depende y que decide del camino de la vida que es el trazado por su divina mano[Notas 27], porque Él es nuestra vida, la mejor parte[Notas 28]. Dios es el único que merece esta entrega incondicional: solo a Él hemos de servir y adorar[Notas 29].

1.2. Dios de la santidad

Faustino llama a Dios: Dios de la santidad[Notas 30]. Con ello hace mención, no a uno de tantos atributos divinos, sino a la misma esencia de Dios: la santidad caracteriza a Dios mismo. Dios es santo y fuente de santidad. Incluye todo lo que Dios posee en cuanto a riqueza y vida, poder y bondad[Notas 31]. Faustino denomina también a Dios como Dios de la majestad, también Majestad divina o Divina majestad y destaca su inmensidad; junto con otras cualidades más: Es el dueño del mundo, es el Omnipotente, su nobleza es celestial. Ninguno tan fiel. Ninguno tan hermoso. Es eterno y nos ama desde y hasta la eternidad y nos hace felices ahora y para siempre. Nunca muere, ni afloja en el amor que nos tiene. Dios siempre subsiste. Todo pasa, excepto Dios[Notas 32].

Esto significa la santidad, la majestad de Dios y lo que le diferencia del mundo y del pecado. Ser distinto del pecado significa al mismo tiempo que Dios es el bien, Sumo Bien, la verdad y la justicia[Notas 33]. Otro término que también designa su santidad es la gloria de Dios[Notas 34]: Él todo lo dispone y conduce a su mayor gloria y salvación del hombre[Notas 35]. La gloria de Dios designa a Dios mismo, en cuanto se revela en su majestad, su poder, el resplandor de su santidad, su belleza, el dinamismo de su ser. La gloria de Yahveh es pues epifánica; es su poder al servicio de su amor y fidelidad[Notas 36]. Su gloria indica que Dios es independiente de todos los seres, que existe por sí y en sí sin indigencia alguna, porque, al no carecer de nada y no estar sometido al cambio, es la plenitud de la vida y del ser, la perfección absoluta. De esta plenitud participan todas las cosas. En consecuencia, toda realidad es un reflejo de la gloria de Dios. Una de las ideas más repetidas y machacadas por Faustino es la respuesta que el hombre debe a la gloria de Dios[Notas 37]: buscar, procurar, cuidar, defender y desear darle gloria[Notas 38], proponerse, obrar y trabajar a honra y gloria suya[Notas 39]; no tener otro móvil, objeto, aspiración y fin que su gloria[Notas 40]; en definitiva, nada que no sea por El y para su gloria, todo a su honra y gloria[Notas 41]; y Él nos hará gozar eternamente de su gloria en el cielo[Notas 42]. Tenemos el ejemplo de Jesús, El llevó a la perfección esta actitud: nadie más celoso que él por la honra y gloria de su Eterno Padre. Y también de los santos[Notas 43].

Pero Dios comunica al hombre su santidad: Dios quiere sobre todo nuestra santificación y para ello da su espíritu; ésta es su voluntad que todos seamos santos[Notas 44]. ¿En qué consiste la santidad? Lo encontramos en la Palabra de Dios: Dios en las Escrituras llama Santos a sus hijos y sólo tiene por tales a los que se aprovechan de la Redención obrada por su Hijo, pero estos santos, estos hijos de Dios lo son también de María. La Escritura llama hijos de Dios a los que viven según sus leyes, creen como cristianos y abrigan el espíritu de humildad y de pureza, de sinceridad y de amor[Notas 45]. Dentro de esta santidad se encuentra la consagración religiosa, realizada por personas llamadas por Dios a ese estilo de vida[Notas 46].

Dios es espíritu[Notas 47]. Con esta afirmación consideramos juntas la cercanía y lejanía de Dios. Porque el espíritu lo penetra todo y, sin embargo, se opone a todo lo que no es él. Como Dios es espíritu, lo sabe todo y nada se le puede ocultar, significa que Dios es omnisciente. Este aspecto de Dios es ampliamente referido por Faustino, sobre todo en su epistolario: ¡Dios sabe! Él es muy sabio y justo[Notas 48].

1.3. Dios justo

Dios además de santo es justo. Faustino, nombra a Dios como justo y Juez o Juez Supremo[Notas 49], habla de su justicia divina[Notas 50] y del tribunal de Dios[Notas 51] donde pide cuentas al hombre y éste ha de responder ante Dios y dar razón de su conducta, de los beneficios recibidos y de todo lo que se le ha confiado[Notas 52].

Faustino aclara que esta justicia de Dios no es como la de los hombres, sino que la sobrepasa con creces. Dios es justo pero no justiciero, no es posible que un Padre compasivo se convierta en un Dios justiciero; todo lo contrario, Él se muestra con los brazos abiertos dispuesto a recibir en su gracia al pecador: No hay defensa, no hay pecado, no hay crimen por grande que sea su deformidad y por irritada que se halle contra él la cólera del Cielo, cuyas consecuencias no puedan evitarse en todo tiempo[Notas 53]. Pero si el pecador no responde Dios lo juzgará y castigará pues es a la par misericordioso y justo: y si bien no quiere la muerte y la perdición del pecador es muy celoso de su ley y de su voluntad[Notas 54].

De este modo el hombre debe guardar los mandamientos que contienen la santa ley de Dios[Notas 55]. Esta justicia del hombre como fidelidad a ley de Dios, señala Faustino con una cierta frecuencia, no queda nunca sin recompensa o premio por parte de Dios, en esta vida y en la otra[Notas 56]. Así, Faustino da a Dios el nombre de buen pagador[Notas 57], que multiplica y centuplica superando nuestros cálculos[Notas 58]: vuestra recompensa no guardará proporción alguna con cuanto hiciereis. Dios os pagará como quien es, procurando ser vosotras como debéis ser[Notas 59]. Esto es tan conveniente y beneficioso para el hombre que Faustino expresa de este modo ese buen deseo: ¡Dios se lo pague![Notas 60], ¡Dios lo haga![Notas 61] Y lo hará a manos llenas[Notas 62].

1.4. Dios rico en misericordia

Jesús, en su vida, nos revela al Dios misericordioso. Pero ya en el antiguo testamento, cuando Dios reveló su nombre a Moisés en la teofanía de la zarza ardiente[Notas 63], se manifestó como Dios rico en misericordia[Notas 64]. Al revelar su nombre, muestra su ser y su actividad, pues su nombre significa “yo soy el que estaré”; señala de este modo que estará con poder y misericordia: “Dios clemente y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34, 6; 33, 18-19). La misericordia de Dios culmina en la entrega de su propio Hijo por nuestra salvación, entonces revelará que Jesús mismo lleva el Nombre divino: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo soy” (Jn 8, 28)[Notas 65].

Faustino describe la actividad misericordiosa y bienhechora de Dios con sobreabundancia, pues tanto su misericordia[Notas 66] como su bondad son infinitas[Notas 67]; así enriquece, inunda y colma de gracias, singulares y especiales beneficios y favores[Notas 68]. Pero no queda ahí su narración, apoyándose en la vocación de David, va concretando aún más la actividad divina que realiza con nosotros, toda una historia de misericordia: como Pastor, busca y llama al hombre por todas partes, de día y de noche, le busca cuando éste le huye y se aleja de él, cuando pierde el camino[Notas 69]; extiende su mano protectora[Notas 70], lo saca y libra de los continuos peligros[Notas 71], le abre puertas y caminos[Notas 72]; corona su misericordia proporcionándole un lugar de paz[Notas 73] y suministra toda clase de medios para ser feliz[Notas 74]. Por eso no es de extrañar que llame a Dios Magnifico y Clementísimo Bienhechor[Notas 75] y a su misericordia dadivosa y señale como cualidad de Dios la generosidad y liberalidad[Notas 76].

Faustino se acogió a la grandeza de su misericordia durante su vida[Notas 77], se ofreció como instrumento suyo[Notas 78], se dedicó a pregonar esta misericordia divina que diariamente usa y nos dispensa[Notas 79], invitando a arrojarse en los brazos y en el seno de su misericordia[Notas 80], a esperar en ella[Notas 81], a implorarla: Llamad a la puerta de la misericordia y se os abrirá[Notas 82]. No deja de hacer notar la respuesta humana: el abuso de su misericordia[Notas 83].

Pero es precisamente en el perdón de los pecados cuando Dios manifiesta su gran amor y su poder en el más alto grado: pues por grande que sea el pecado del hombre, más grande aún, sin comparación, es su misericordia; el Señor es un Dios que perdona (cf. Ex 34, 9)[Notas 84]. El perdón es el triunfo de su omnipotencia[Notas 85] y revela a su vez el poder del amor de Dios, pues es su bondad la que nos perdona y otorga ese generoso perdón[Notas 86]. De tal modo es esto que dirá Faustino: los pecadores verdaderamente contritos son el triunfo de la misericordia de Dios[Notas 87]. Estos tesoros de las divinas misericordias le hacen exclamar: ¿Qué misericordia es ésta?: Si han caído, los levanta; si han faltado, les perdona; si no pueden, los ayuda... ¿Obran así los hombres?, ¡Oh misericordia de un Dios![Notas 88] El límite a esta misericordia sólo lo puede poner el hombre cuando endurece su corazón[Notas 89].

Junto a la misericordia de Dios se encuentra su fidelidad. Dios es fiel y cumple siempre sus promesas incluso cuando su pueblo le volvía la espalda y se iba tras los ídolos (Rm 11, 29). Pero es en su Hijo cuando Dios cumplió todas sus promesas de salvación[Notas 90]. En el antiguo testamento se llama a Dios “roca” (Dt 32, 4), nombre que expresa su inmutable fidelidad: Dios no se contradice[Notas 91]. Es fiel a su palabra y, por otra parte, no permite seamos tentados sobre nuestras fuerzas. Con una mano aprieta y con otra sostiene[Notas 92]. Esta fidelidad de Dios que describe Faustino acentúa su bondad paternal y providente: nunca abandona, nunca falta ni niega su asistencia[Notas 93], siempre ampara, protege y asiste, defiende, mejora[Notas 94], sobre todo, ayuda: Cierto que Dios ayuda al que en El confía y de su parte hace lo que puede[Notas 95]. Frente a esta fidelidad de Dios el hombre ha de responder también con el agradecimiento y la fidelidad: Séle fiel en todo, haz de tu parte lo que puedas, acude a Él en todas tus necesidades y apuros[Notas 96].

2. En todas partes está: Dios presente y providente

Faustino nos ha mostrado al Dios Altísimo como Omnipotente, pero nos dice que este Dios es también un Dios cercano y presente en nuestra historia, aunque no se confunda con ella: Pero quienes erais vosotros para que todo un Dios descendiera a visitaros, hablaros...? El Altísimo, vosotras. El perfectísimo, inocentísimo, Santo, Señor... y descendit... se abajó[Notas 97]. “Dios se ha revelado como viviente eterno, omnipresente e inmenso; la presencia divina se manifiesta como espiritual y personal”[Notas 98]. Es el Dios creador presente a su obra (Sb 11, 25; Rm 1, 20)[Notas 99], el Dios salvador presente a su pueblo (Ex 19, 4)[Notas 100], el Dios Padre presente a su Hijo (Jn 8, 29) y a todos los vivificados por el Espíritu de su Hijo y que le aman fielmente (Rm 8, 14.28).

Se trata de un Dios que se comunica al hombre, le visita[Notas 101], le habla[Notas 102], se inclina a él[Notas 103], no está lejos sino muy cerca, envuelto en todas las vicisitudes de los hombres y atento a ellas[Notas 104]. Jesús da cumplimiento a la promesa de presencia hecha por Dios a su pueblo. Una vez acabada su misión, asegura a sus discípulos que está con ellos hasta la consumación de los siglos[Notas 105]; los apóstoles, y toda la Iglesia, tendrán la guía y la protección de la asistencia incesante del Espíritu del Señor. De ahí que todo cristiano es templo del Espíritu[Notas 106]. Por este Espíritu, Dios mora y gusta habitar en nosotros: El tendrá sus delicias en estar siempre contigo[Notas 107]. Este don de su presencia el Señor lo hace a todos, pero hace falta tomar conciencia de él, abrir la puerta a aquel que llama[Notas 108], no huir de su presencia[Notas 109]. Faustino insiste y anima a vivir en esta inmejorable compañía, a tenerle presente en todas partes, a trabajar y andar siempre en su presencia[Notas 110] y ser testigo luminoso de esta presencia suya (cf. Jn 17, 21)[Notas 111].

Pero a veces el hombre, en este caminar con Dios, tiene la impresión de que Dios le ha abandonado, pues no lo percibe. Esta es la experiencia del pueblo de Israel: “Dios nos ha abandonado” (Sal 13, 60.74). Sin embargo, Dios, por medio de sus profetas, le hace saber que siempre acompaña a su pueblo aunque éste no lo sepa (Is 49, 13-16). Dios es un Dios providente, un padre que cuida de sus hijos.

Este es otro aspecto que Faustino nos descubre de Dios: su paternal Providencia[Notas 112]. Solemos llamar divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de la creación a su perfección. Dicho en palabras de Faustino: Dios mantiene, conserva y hace prosperar en todo[Notas 113].

Hemos mencionado antes cómo Dios en su Providencia y Misericordia no abandona y nunca falta, antes bien nos asegura que está con nosotros, pues Él no sólo nos da el ser y el existir, sino que nos mantiene a cada instante en el ser, da el obrar y lleva a término su creación[Notas 114]. La providencia de Dios es gobierno y guía, por eso añade Faustino que la mayor ciencia de la criatura es dejarse toda en manos de su Creador, que sabe para qué la formó y cómo la ha de gobernar[Notas 115]. Este Dios pastor velará por vosotras y hará vuestra felicidad, os tendrá de su mano[Notas 116].

En esta providencia de Dios fundamos nuestra confianza: Mujer de poca fe, ¿por qué te apuras? ¿No tienes a Dios contigo?... Todo lo tiene y te dará, si con humildad se lo pides; por eso no hay espacio para la duda: No creo puedas dudar ya de la Providencia que decías te había abandonado. «Nunca abandona al que primero no la abandona»[Notas 117]. Faustino es un hombre de fe probada, así pues, la exhortación a la confianza en Dios[Notas 118] se basa en su propia experiencia de Dios como Padre que nos ama, sabe mejor que nosotros lo que nos conviene[Notas 119] y todo lo permite[Notas 120] o dispone para nuestro bien[Notas 121]:

Dejemos obrar a Dios, decía mi Santo Padre (San José de Calasanz); que no hay mal que por bien no venga, cuando todo se recibe como de su paternal mano. ¿Qué mal puede venirnos de un Padre que nos ama infinito e infinitamente desea nuestro bien más que nosotros? Si quiere, medios tiene para enderezar los fines más torcidos y, si no quiere, es porque no conviene y debemos acatar sus disposiciones. ¡Bendito sea! ¡Ahora y siempre! ¡En esa y en todo![Notas 122]
¡Ay del que se opone a lo que Dios dispone! Por eso decía mi Santo Padre: «Dejemos obrar a Dios.»[Notas 123].

Destaca el P. Vilá cómo el lema de Faustino, dejemos obrar a Dios, aprendido en la “escuela” de José de Calasanz, era expresión de su fe en la Providencia: “Toda su confianza y actuación respecto a la Divina Providencia, de la que vivía como del regazo de una madre, la sintetizaba en aquella expresión tan sabia y verdadera que había aprendido de la actitud ante la vida y sus acontecimientos de su Santo Padre: «dejemos obrar a Dios», a lo que él añadía invariablemente, como consta por múltiples testigos: «para mejor será»[Notas 124].

Efectivamente, este aspecto es nuclear en su espiritualidad como escolapio. De este modo su doctrina sobre la providencia es muy completa y extensa. Recoge también la enseñanza de Jesús que pide el abandono filial en la providencia del Padre:

Abandonarse enteramente á la Providencia, como el niño á la nodriza, en la seguridad de que no la dejará ni faltará en nada, mientras procure ser fiel á su vocación y sepa aprovecharse de los medios que al efecto le prodiga[Notas 125].
...sin cuidarse, si no la corresponde, de comida, ni de bebida, ni de vestido, ni de cosa alguna, sino de no faltar en nada á Dios, que en tal caso le promete, en el Evangelio, dárselo todo por añadidura[Notas 126].

El lema dejemos obrar a Dios conlleva una proclamación de la acción divina, el plan y la voluntad de Dios. De este modo su obediencia y su confianza fueron los dos aspectos de su aceptación de Dios; él quería vivir según Dios y por eso en todo buscaba que se cumpliera su voluntad[Notas 127]. De tal modo que su lema fue sinónimo de su “fíat”: ¡Hágase la voluntad de Dios![Notas 128]. Es una disponibilidad total la que reflejan muchas de sus palabras[Notas 129].

Faustino, como fundador de una familia religiosa, tiene que orientar ese modo de obediencia peculiar. Su enseñanza sobre la obediencia va en la misma línea de su vivencia. A través de distintos verbos expresa la importancia de esta fe y obediencia a la voluntad de Dios: cumplir y buscar que se cumpla siempre su voluntad[Notas 130]; unirse a su querer[Notas 131], ajustar nuestra conducta a su designio[Notas 132], resignada por completo[Notas 133], conforme con su voluntad[Notas 134]. El modelo principal de esta obediencia es Jesús y después la que se llamó esclava del Señor[Notas 135]. También presenta a otros personajes del Antiguo Testamento, entre ellos Abrahán:

Esta preciosa doctrina ya la practicaron los santos más ilustres del Antiguo Testamento. -En efecto Abraham apenas le mandó Dios sacrificar a su hijo - sin detenerse ni titubear, no obstante las promesas anteriores; toma el cuchillo, acopia leña, prepara fuego, marcha con su hijo, sube al monte, y se dispone a cumplir este precepto que tan duro pareciera a otro menos obediente[Notas 136].

3. Llama y traza el camino: Dios Rey y Señor de la historia

El Dios vivo y presente se ha revelado constantemente como Señor, nombre asignado a Dios por Israel que indica el sentido de su señorío. Veamos este señorío en la elección y llamada, así como en el conocimiento que Dios tiene de su obra.

Las primeras páginas de la Biblia se abren con el Dios creador y, por consiguiente, Señor del universo. Pero en el orden de la revelación está la experiencia de la elección y de la vocación: ¡todo comienza por la iniciativa de Dios! Faustino, como director y guía espiritual, propone abundantes testimonios bíblicos de elección y llamada, así como un continuo consejo a responder a Dios que escoge[Notas 137], llama a la persona y le propone un camino o vocación:

Que se cumpla su voluntad que es: Que todos nos salvemos, cada uno por su camino, que es el trazado por su divina mano. El Señor lo ofrece a los que bien se portan[Notas 138].
Así habló Moisés a Israel: "Dios te eligió de entre los pueblos de la tierra para que seas su porción elegida". Y qué otras palabras podría emplear yo esta tarde? ¿No son estos los términos en que debo dirigirme a vosotras en el nombre del Señor? No debo aseguraros, mis amadas hijas, que Dios os ha elegido muy particularmente para que forméis parte de la porción más escogida de su Iglesia entre tantas y tantas jóvenes como quedan en el mundo?[Notas 139]

Faustino no sólo hace mención a la elección de Israel, también propone como ejemplo la de Moisés, Abraham, David, Samuel, María y algunos más. Tales elecciones expresan cómo Dios es señor único de la historia. El creyente sabe que sólo Dios puede entrar en la vida del hombre de esta forma y con esta voz imperiosa: solo Él puede arrogarse proponer al hombre un destino que afecte a su vida entera.

Otro aspecto de este señorío de Dios es su realeza. Dios es Rey de todo lo creado, Rey de los reyes y Señor de los señores[Notas 140]. Esta realeza de Dios se manifestó en Jesús, como veremos. Es tal la importancia y profundidad que Faustino encuentra en esta realeza de Dios en Jesús que lo elige como saludo en la institución por él fundada: Jesús reine en nuestros corazones. Y nos abrase en su santo amor[Notas 141]. El señorío de Dios es el del amor; por eso cuando él reina todo lo abrasa e inflama en su Santo Amor[Notas 142]. A su servicio hemos de ponernos todos: Se tiene a gran honra servir de cerca a los reyes de la tierra. ¿Cuánta mayor será la de servir al Rey de los reyes y al Señor de los señores? Se sirve con gusto a los grandes de la tierra, que nada hicieron por sus servidores y ¿no haréis de buen grado cuanto podáis por el que hizo tanto por vosotras?[Notas 143].

La realeza de Dios también consiste en su capacidad de conocer, discernir y juzgar a los hombres. En el AT aparece con frecuencia la definición de Dios como aquel que escudriña los pensamientos humanos, sin que nada escape a su mirada o sea impenetrable a sus ojos, ni siquiera lo más recóndito. Faustino lo expresa del siguiente modo:

Para Dios no hay caretas. Lo mismo ve el rostro que el corazón; igualmente penetra el cuerpo que el alma; nos ve por dentro como por fuera[Notas 144].

Sólo Dios conoce el corazón del hombre[Notas 145].

Sólo desde Él el hombre puede conocerse realmente a sí mismo[Notas 146] y conocer su voluntad y designios[Notas 147]. Así llama a Dios Padre de las Luces que nos ilumina[Notas 148].

4. Conquista nuestro amor: Dios Amante y amado

De las muchas denominaciones que utiliza la Biblia para hablar de Dios, una de ellas es la de Esposo. Esta imagen de Dios como esposo o marido tiene carácter metafórico y no se refiere a su ser, sino a su obrar[Notas 149]. Faustino, apoyado en esta tradición, se refiere a la relación de Dios con nosotros, como mutuo amor y fidelidad[Notas 150]. Es una de las imágenes más utilizadas por él. Fundamentalmente estas consideraciones están enmarcadas en un contexto vocacional y religioso, cartas y pláticas que dirige a jóvenes vocacionables y a las religiosas y también las constituciones y reglas del instituto. De ahí que esta imagen se refiere casi exclusivamente a la vida religiosa considerada como desposorio del alma con Dios; es un estado al que Dios llama y la persona se compromete[Notas 151]. Lo esencial que Faustino destaca en esta manera de hablar de Dios es la relación con Dios como amor.

La misma redención realizada por Jesucristo, desde esta clave esponsal, es un desposorio con la naturaleza humana, preparado por el mismo Dios:

Si Dios trató con especial afecto la formación de la naturaleza humana, porque había de ser Esposa de su Hijo[Notas 152].
La primera empresa y la más gloriosa del Redentor fue ésta: conducido en alas de su amor a los hombres bajaba desde la elevación de los cielos a desposarse con la naturaleza humana, a la que amaba con un amor infinito desde que la creó; por su bondad inefable quiso unirse para siempre con ella con lazos eternos e indisolubles[Notas 153].

Así, pues, redimir es desposar, es unir. La vida religiosa lleva a plenitud esta redención, la recuerda y manifiesta a todos los hombres[Notas 154]. La propia santificación, no es más que el desarrollo de esta unión, de este desposorio-alianza inicial que se establece con cada persona el día de su bautismo[Notas 155].

Veamos primero los apelativos que Dios como Esposo recibe, después cómo es su actividad y por último cuál es la respuesta que suscita en la persona.

Los nombres que recibe Dios son distintos, y en ocasiones no se distingue si se refiere a Dios o a Jesús, ya que este simbolismo nupcial se le aplica también a Cristo en el NT.: Jesús es el novio que inaugura el tiempo del gozo y de la salvación definitiva (cf. Mt 9, 15; 25, 1; Jn 3, 29; Ap 18, 23). En otros textos aparece claramente Jesucristo como Esposo y Dios como Esposo[Notas 156]. También nombra a Dios y a Jesús indistintamente como: Stmo. Esposo[Notas 157]; Amantísimo Esposo[Notas 158]; dulcísimo Esposo[Notas 159], Divino Esposo[Notas 160]; Celestial Esposo[Notas 161], Eterno Esposo[Notas 162], Esposo coronado[Notas 163]; Amante[Notas 164]; Amado[Notas 165], Novio[Notas 166], amigo cariñoso del hombre[Notas 167]. A su vez, la persona es esposa de Dios[Notas 168], esposa de Jesucristo[Notas 169], amiga de Dios[Notas 170].

Faustino presenta la vocación religiosa como historia de amor. Veamos cómo sintetiza admirablemente la acción vocacional de Dios:

¿Quién os sacó del mundo? _El Amor. _ ¿Quién os llevó a ese recinto? _El Amor. _ ¿Quién os mantiene ahí? _El Amor. _ ¿Quién os ha de conservar? _El Amor. _ ¿Quién os ha de prosperar en todo, todo? _El Amor y sólo el Amor Divino[Notas 171].
Si porque nos amó, nos tendió la mano desde lo más alto de los cielos y esto por su bondad os escogió por esposas entre las hijas de los hombres. Misit de summo et assumpsit me. ¡Bendito sea! Y no contento con elegiros, pasó por un efecto de su inefable misericordia a librarnos de los continuos y terribles peligros que nos rodeaban. Et assumpsit me de aquis multis. ¡Loado sea para siempre! Y para coronar su misericordia sobre nosotros nos trajo a este lugar de refugio, a este sagrado depósito de sus castas delicias, a este asiento de la paz, a este redil de su Madre. Et aduxit me in latitudinem. Ahora y siempre sea alabado![Notas 172].

Dios por amor llamó y escogió para sí y para siempre... por posesión suya (Sal 135, 4)[Notas 173]. Como amante apasionado[Notas 174], enamorado[Notas 175], prendado de los encantos de la amada[Notas 176], se inclina a ella, se abaja, la visita, y se propone por Esposo[Notas 177]. De mil maneras se valió para hacer resonar su llamada[Notas 178]; pero especialmente es en la soledad donde la seduce, como Dios dice en las Escrituras: Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón[Notas 179]. Este esposo es celosísimo, quiere reinar sólo y en ella sola, por eso pide el corazón entero, y no admite participación en lo que se le ofrece[Notas 180]. Su amor de esposo y amante[Notas 181] es tan fuerte y apasionado, que busca la unión total y eterna[Notas 182] con la esposa que ha elegido[Notas 183]; es tan poderoso, que una mirada suya, conquista y gana para sí los corazones y los inclina hacia él[Notas 184], purificando a los que más ama para llegar a la unión transformante[Notas 185]. Se cumplirá así las palabras del profeta: “A ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque Yahveh se complacerá en ti y tu tierra será desposada” (Is 62,4)[Notas 186].

Con razón llama Faustino feliz y dichosa a quien tiene la suerte de desposarse con el mismo Dios, de amarlo:

Luego si aspiras á la misma alegría de los ángeles del cielo, vive alejada de todas las cosas de la tierra, ama, fielmente y con el mayor afecto á tu Jesús, á tu Creador, á tu Dios; á aquel Jesús que para conquistarse tu amor y hacerte feliz, quiso derramar toda su sangre preciosísima y eximirá tu alma de la servidumbre de la culpa, y seguramente te librará de la muerte eterna[Notas 187].

La vida de la esposa y de cualquier nueva criatura en Cristo nace de la muerte de Cristo y de su vida entregada. La respuesta a este Dios Esposo que con amor perpetuo nos ha amado[Notas 188] no puede ser más que amor:

Y si amor con amor se paga... ya me entiendes, lo que tu amantísimo Esposo te pide. Entrégatele, pues, con tu cuerpo y sentidos; corazón y afectos, alma y potencias; desea amarlo siempre en todo y por todo, como Él se ama, para que así lo acepte[Notas 189].

Faustino sintetiza de este modo la respuesta humana dentro de la alegoría conyugal: entregar el amor como respuesta al Amor. Esto es, entregarse totalmente[Notas 190]. Como señala Lonergan, sólo quien es Bondad y Ternura infinita puede ser amado totalmente, sólo quien es Amor sin límites puede ser amado ilimitadamente[Notas 191]:

...Amor sin límites a tu Divino Esposo que en ellos te ama y ya sabes que amor con amor se paga; no hay otra moneda: amor, humildad, pureza, obediencia, pobreza o desapego de todo lo criado y unión íntima con el Creador[Notas 192].
¿Os pudo amar Dios con un amor más ardiente, más tierno, más generoso, más fuerte y más constante? ¡Será, pues, mucho que vosotras le améis con todas vuestras fuerzas, con todo vuestro corazón, con toda vuestra inteligencia, con toda vuestra alma, como tantas veces lo manda en las Sagradas Escrituras? Sí, Él os amó hasta dar la vida por vosotras, alimentaros con su sangre y apagar la sed de vuestras almas con su propia sangre; siendo Dios no necesita de vosotras y haciéndoos el beneficio inefable de permitiros que le améis, ¿no será honrosísimo para vosotras el corresponderle agradecidas entregándoos por completo a su servicio, empleando en amarle esos corazones excelentes que solo para eso os dio?[Notas 193]

Más aún, la esposa está llamada a reproducir los rasgos del Esposo, y el amor es el principal de todos. Pues si la misión de Jesús consistió en manifestar al mundo los excesos del amor de Dios, y la desempeñó perfectamente, amando, socorriendo y dando, por fin, su vida por los hombres; de igual modo, su esposa, asociada a su misión, ha de hacer lo mismo: amar, socorrer, hacer el bien, ganar almas para Jesucristo, hasta dar la vida como él. En definitiva, ha de descubrir su rostro en los pobres y pequeños: Solamente así serás muy amada del Corazón de Jesús, de Jesús, que mira hecho como á El mismo cuanto hicieras al último, al menor de tus hermanos[Notas 194].

Trabajad con incansable celo en vuestra misión como Esposas de Jesucristo por quien deseáis ganar todas las almas, precio de su preciosísima Sangre[Notas 195].
Esposas de Jesucristo, que pasó su vida haciendo bien y dándola, al fin, por sus mismos enemigos, procurarán observar siempre una conducta irreprensible, y ocuparse constantemente en acciones que le agraden, y estar dispuestas, para cuando las circunstancias lo pidan, á sacrificarse por su prójimo, y á dar por sus almas hasta su propia vida[Notas 196].

Es todo un proceso de maduración en el amor en el que hay que crecer diariamente y que implica tal desprendimiento y despojo de sí misma[Notas 197]. Éste sólo se hace posible desde esta experiencia de amor de “carácter nupcial”[Notas 198]. Faustino expresa este amor esponsal con textos del Cantar de los Cantares, el “evangelio del amor”[Notas 199]:

Di con la Esposa en los Cantares: Mi amado es todo para mí, yo soy toda de mi amado. Di, di como la Esposa: Me encontré al que adora mi alma, asile y no le soltaré[Notas 200].

En una relación amorosa, se responde con amor. La tradición cristiana, en su intento de resumir la finalidad de la existencia humana, lo ha hecho en el lenguaje de los amantes. El «fin del hombre» ha sido conocer y gozar por siempre de Dios[Notas 201]. Así pues, la felicidad, la alegría, la única riqueza de la esposa es el Amado[Notas 202]; su empleo: amar y servir, diaconía de amor, para después gozarle por toda la eternidad[Notas 203]:

Aquel amor que la hizo siempre feliz en la tierra y la llevó a cantar para siempre las inefables prendas de su amantísimo Esposo en el cielo[Notas 204] .

Así pues, todas estas intervenciones de Dios en la vida de la persona, todos sus trabajos en favor de ella, deben hallar la correspondencia de los llamados[Notas 205]. Pero a veces falta y el mismo demonio les echa en cara: con tanto distinguiros y mimaros, con tanto colmaros de gracias y singulares beneficios, no consigue ganar vuestro corazón para sí ni poder hacer de vosotras unas dignas Siervas y esposas suyas[Notas 206]. La respuesta con frecuencia es la ingratitud, que consiste en no responder con amor al Amor. Hay que entrar en el Corazón de Dios para comprender lo que siente cuando le abandonamos, lo que siente quien ama y no es amado. Por eso la ingratitud y la traición es lo que más ofende a Dios:

...La ingratitud para con Dios que te crio para sí solamente y tú tiendes a vivir para ti. Cada momento que has perdido y pierdes y no emplees en su Santísimo Amor, bastará para que no logres ser su amantísima Esposa por toda la eternidad; que no te creó para otra cosa[Notas 207].

Esta relación se enmarca en una historia, de ahí que incluya distintas reacciones y momentos: la enfermedad[Notas 208], los acontecimientos difíciles y dolorosos[Notas 209], los fracasos e infidelidades[Notas 210], los procesos de envejecimiento y decadencia[Notas 211] y, por supuesto, la muerte[Notas 212]. Pero, como en los escritos proféticos, refleja el triunfo del amor de Dios sobre la infidelidad de la amada[Notas 213]. Su amor tiene la última palabra.

Para no extendernos más, con el texto de 1Co7, 32-33.35, de Pablo, podríamos resumir la visión esponsal de Faustino. Se hallan esparcidos en sus escritos todos los aspectos que San Pablo aquí recoge. El desposorio supone “ocuparse de las cosas del Señor y buscar lo que le agrada” (1Co7, 32)[Notas 214]. Agradarle no significa más que vivir totalmente para él, orientadas a él, y puesta toda nuestra persona a su servicio: Que vivan en, por, con y para su Amado a quien pertenece en todo, del todo y para todo[Notas 215].

Esta actividad de Dios en llamar y preparar a la persona para que madure indica no sólo que el origen de la vida religiosa viene de Dios, es obra suya, sino también hace ver la atención particular que le presta el mismo Dios paso a paso. Por otra parte, esta imagen de Dios como Esposo manifiesta con fuerza la pasión divina por el mundo, así como su extraordinaria intimidad con él; expresa la cercanía, la preocupación, el vehemente deseo que fluye entre Dios y los seres humanos[Notas 216]. Podíamos decir que Faustino refleja un sentido abrasador de Dios; el reino de Dios es posesión amorosa que llega hasta la unión transformante del alma con la Trinidad: El Esposo que te quiere toda abrasada en su santo amor y resuelta a morir mil veces antes que a desagradarle en cosa alguna[Notas 217]:

Que Dios te ilumine y ponga en tus labios palabras de vida, y en tu corazón un ardentísimo fuego de amor divino, para que lo enciendas en los de esas jovencitas. Pido también al Señor que las haga dóciles a sus inspiraciones. ¡Que Él nos abrase en su Santo Amor![Notas 218]

Notas

  1. PE 78, 81.
  2. ADOLPHE GESCHE: Dios para pensar, vol. II, Salamanca 1997, p. 13.
  3. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo Católico para Adultos, Madrid 1988, p. 60.
  4. ADOLPHE GESCHE: o.c., p. 46.
  5. Cf. JOSEP VIVES: Si oyerais su voz, Santander 1988, pp. 14.15. Pero también lo hace desde la perspectiva propia de una teología escolástica. Así afirma a Dios en su realidad absoluta y en su personal, es decir, en los atributos de su ser subsistente y en las perfecciones de su vivir eterno y espiritual: actualísimo y omniperfecto en su ser, eterno y omnipresente en su vivir, omnisciente y omnipotente en su actuar. Su sabiduría y su bondad actúan concordemente, en el orden de la naturaleza, como creación y providencia, y en el orden de la salvación, como gracia y predestinación (cf. H. VERWEYEN, Dios, en Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, p. 313). CF VI, 57; HPF 44-45; PE 146; NHN 7.
  6. Ep 42, 109, 140, 226, 238, 501; TE 15; MSC 148, 149, 160; CF IV, 71; HPF 131; PE 111.
  7. Ep 169, 256, 408, 486, 757; TE 17.
  8. Ep 107, 306; CF XVI, 19; RE 17; HPF 15, 35, 146.
  9. CATIC 268.
  10. HPF 130-131; cf. HPF 43, 146; MSC 131.
  11. Ep 47; HPF 149, 146, 57, 80.
  12. Ep 27: Cuanto es mayor tu miseria más brillará su poder.
  13. TE 15; MARC-FRANÇOIS LACAN, Poder, en Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona 1980, p. 701.
  14. HPF 79-80.
  15. HPF 139: Perdonad, Dios mío, si en el frenesí de mi amor a tu Stma. Madre la engrandeciera con el himno de las glorias de tu Omnipotencia que a Ti bendice quien con las palabras la bendice; a Ti adora quien en las huellas de su Virgen imprime las huellas de su adoración. Dame, pues, que diga tus grandezas y ensalce tus maravillas. Pon en mis labios palabras de tu amor; enciende en mi mente con el rayo de tus inspiraciones, y purifica mi corazón con el fuego de tu santidad, y ya que formaste a María una corona de los tesoros de tus gracias, haz que yo la forme otra de los tesoros de tus obras.
  16. Ep 151, 688, 700; TE 25.
  17. HPF 33-34 (cf. Sal 86, 8).
  18. TE 16.
  19. Cf. WALTER KASPER: Dios..., p. 274; cf. Ep 8 (Para mayor honra y gloria de Dios, uno en Esencia y trino en Persona); PE 27; CATIC 200: “La fe cristiana confiesa que hay un solo Dios, por naturaleza, por substancia y por esencia”.
  20. Ep 107, 596; CF VI, 65.
  21. Ep 426.
  22. Ep 421; cf. Ep 107, 249, 266, 397, 645 (Nosotros necesitamos de Dios; Dios no necesita de nosotros).
  23. Ep 663.
  24. HPF 76-77 (menciona distintas herejías de la era pasada y también de la reciente); PE 165.
  25. F. COLOMER: Decir la fe, Salamanca 1996, p. 21.
  26. Son preposiciones que abarcan toda la vida de la persona: Ep 15, 20, 30, 45, 60, 61, 65, 76, 108, 136, 139, 140, 144, 146, 148, 256, 415, 475, 489, 502, 709, 746.
  27. Ep 223; cf. Ep 42, 62, 63; PE 189-189. Y para realizarse en la propia vocación o camino se cuenta en su favor con todo el poder de Dios (Ep 143).
  28. PE 66; Ep 140 (cf. Lc 10, 42).
  29. HPF 156 (cf. Mt 6, 24); PE 11, 255 (Mt 4, 10). Cf. WALTER KASPER: Dios..., pp. 273-274; CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 69.
  30. PE 181; cf. PE 158; MSC 268; HPF 101 (Dios de la sabiduría y de la santidad).
  31. N. JULES DE VAULX: Santo, en Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona 1980, p. 834.
  32. Cf. HPF 43, 45, 46, 79, 94; MSC 269; CF XVI, 87; Ep 107, 687; TE 27; PE 146.
  33. PE 183; cf. PE 11; MSC 90, 124.
  34. Ep 138: veréis, como Jacob, al salir de su tierra, la gloria del Señor y confesaréis como él, que aquí está el dedo del Señor y ese lugar es santo y que a él os lleva para que en él os santifiquéis.
  35. Ep 116, 134, 227, 244, 489, 581, 656, 708, 743; HPF 43, 131; PE 15-16.
  36. Cf. DONATIEN MOLLAT, Gloria, en Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona 1980, p. 357.
  37. En sus sentencias aparece también esta idea. HPF 176 (No obres bien por ser alabado, sino porque Dios sea glorificado); 177 (No usurpes a Dios la gloria que no quiso dar a nadie. - Is. 41-; Como el árbol entrega la fruta a su dueño, debes dar a Dios la gloria de tus obras; A Tí, que no a mí, sea siempre, mi Dios, la Gloria. -Sal 115,1-); 178 Vana es la gloria del que a sí mismo se glorifica; El que se gloría, gloríese en el Señor -1 Co 1,31-; Conténtate con el provecho de la obra y da a Dios su gloria); 179 (Nada tienes que no hayas recibido, ¿de qué te glorías ?); 180 (Pon tu gloria y alabanza en el testimonio de tu buena conciencia -2 Co 1,12-); 186 (Resplandezca vuestra luz delante de los hombres para que viendo vuestras obras glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos -Mt. 5,16-); 190 (¿Qué tienes que no hayas recibido?, y si lo recibiste ¿por qué te glorías? 1 Co 4,7).
  38. Ep 256, 263, 501; RF XXXIII, 28; CF V, 85; V, 127; 147; II, 148; XI, 195; IX, 200; HPF 27, 81.
  39. Ep 78, 137, 153, 248, 582, 664; CF X, 200; PE 189; HPF 159, 176-180, 186, 190.
  40. RF 11; CF V, 85; IX, 160; XIV, 197; Ep 245, 444.
  41. Ep 17, 19, 45, 125, 134, 399, 495, 565, 569, 760.
  42. MSC 6; PE 189; Ep 91; HPF 73.
  43. Ep 124, 764.
  44. Ep 20, 30, 43, 50, 61, 107, 122, 138, 174, 219, 226, 246, 759; MSC 21-22.
  45. HPF 36.
  46. Faustino subraya el aspecto activo de la consagración, es decir, la respuesta a la gracia. Utiliza expresiones radicales para expresar el carácter totalizante de la consagración a Dios, por ejemplo: de lleno, por completo, en absoluto, de corazón, de todo el ser... (RF XXI, 22; CF I, 103; XIV, 197; Ep 30, 43, 67, 99, 152, 399, 759; PE 15, etc.).
  47. PE 115.
  48. Ep 149, 579; cf. Ep 164, 175, 195, 207, 230, 235, 238, 412, 431, 440, 518, 562, 613, 634, 643, 670, 747, 757, 759; TE 15; HPF 101, 111, 130, 131, 148, 149; PE 104.
  49. Ep 705; HPF 104.
  50. Ep 8, 345, 675; MSC 188, 203, 227; HPF 33, 37, 59, 81, 135, 137, 166, 167, 195.
  51. Ep 29, 107, 143; TE 16.
  52. Ep 107, 108, 133, 225; 694, 705; CF VI, 149; VIII, 150; II, 185; TE 15, 25; PE 175.
  53. HPF 104; Ep 579.
  54. Ep 705; cf. Ep 447, 592, 624, 710, 750; HPF 137, 132; NHN 83. En este tema del juicio es donde mejor se aprecia la evolución en el pensamiento de Faustino. Sus sermones y pláticas del principio son duras en ciertos sentidos; sin embargo, en las de los últimos años predomina la esperanza y la misericordia.
  55. Ep 220, 683; MSC 43; CF XIII, 196.
  56. Ep 19, 43, 90, 109, 234, 256, 454, 460, 463, 495, 625, 631, 659, 667, 688, 754; CF XII, 94; PE 126, 153.
  57. Ep 209, 444.
  58. Ep 91, 387, 459.
  59. Ep 19; cf. Ep 226.
  60. Ep 174, 464, 495, 502, 609, 625, 643.
  61. Ep 174, 399, 421, 467, 654, 710. Es mejor la recompensa de Dios que la de los hombres: O se formó por amor de Dios o por el de las criaturas; si por el de éstas nada les debe Aquel, si por el de Este, no deben aflojar en su obra, si no quisieren oír un día: «el ya recibisteis pago» (Ep 760; cf. Mt 6, 2. 5.16).
  62. Ep 754.
  63. HPF 146; cf. HPF 33-34, 156; Ep 220 (cf. Ex 3, 2).
  64. MSC 124, 195 (cf. Ex 34, 5-6; Ef 2, 4).
  65. PE 12; MSC 90, 237.
  66. Ep 159; MSC 7, 91, 110, 111, 132, 148, 149, 168, 195; PE 23.
  67. Ep 138, 710, 739; MSC 18, 49, 60, 203, 236, 260; PE 93, 110; HPF 118.
  68. Ep 67, 80, 109, 183, 184, 188, 140, 238, 255, 379, 451, 453, 460, 608, 634, 635, 641, 667, 688, 700; CF VIII, 63; IV, 71; X, 160; PE 70, 111; HPF 47 (raudales de misericordia), 96,136; MSC 175, 226.
  69. Ep 140, 757; HPF 16, 65, 73, 135, 137, 148, 149; MSC 9, 40, 140, 281; PE 104.
  70. PE 104, 109, 110.
  71. PE 104, 110, 165, 175, 177; MSC 40, 132 (misión de Jesús); PE 188 (Dios se obliga a sacaros con bien y haceros triunfar de vuestros enemigos); Ep 58, 107, 143.
  72. Ep 157, 169, 241, 306.
  73. PE 99, 104, 110; Ep 631, 705, 709, 759.
  74. PE 165, 175-177, 181; HPF 105; CF X, 63; Ep 159, 226, 380.
  75. PE 111; Ep 170. La revelación máxima de este ser bienhechor de Dios se da en su Hijo, aquel que pasó haciendo bien (RF III, 12; BF VIII, 48; MSC 177, 37; cf. Hch 10, 38).
  76. PE 175; Ep 58, 108.
  77. MSC 140; Ep 35, 42, 109, 154, 255, 310, 390.
  78. Ep 2.
  79. MSC 60, 120, 202, 187, 236, 274.
  80. Ep 494, MSC 6, 75.
  81. MSC 91, 110.
  82. MSC 123; cf. MSC 50, 80, 99, 128, 221, 227, 281 (cf. Mt 7, 7). Jesús es la revelación suprema de esta misericordia divina, él es todo misericordia y de este modo actuó durante su vida (MSC 9, 27, 89, 120-121); y su Madre, María es Madre de misericordia (MSC 122).
  83. HPF 136; MSC 99, 122, 148, 149, 219, 227; PE 177.
  84. Dios nunca desprecia al pecador contrito y humillado (Ep 760), por eso confiadas en su misericordia siempre podemos pedirle perdón (Ep 13, 188, 325, 495, 506, 745; CF VIII, 63; IX, 112; MSC 99, 226; PE 70, 77, 78; HPF 137, 148): ¿Que caes en algún defecto? Esta soy yo, Dios mío, perdonadme y dadme vuestra gracia para enmendarme, y él nos dará más de lo que se tenía (Ep 759).
  85. MSC 149; cf. MSC 92, 236.
  86. MSC 145, 170, 220; Ep 739; HPF 64.
  87. MSC 185; cf. MSC 99, 223.
  88. MSC 9, 18, 227; Ep 140.
  89. HPF 132-135.
  90. PE 27: promesas de Dios ya cumplidas en su Hijo.
  91. Ep 108.
  92. Ep 109 (cf. Sal 145, 13), 255 (cf. 1Co10, 13), 107 (Ninguno tan fiel).
  93. Es la fidelidad del Dios buen pastor: Ep 62, 100, 152, 172, 244, 245, 349, 501, 683; MSC 95; 240.
  94. Ep 45, 152, 164, 642; MSC 91, 110, 132.
  95. Ep 750; cf. Ep 20, 108, 114, 143, 247, 348, 493, 755; MSC 202; PE 126.
  96. Ep 349; cf. Ep 20, 30, 135, 139, 152, 244, 705; CF III, 191 (la humildad favorece la fidelidad); X, 63; XI, 160-161 (fidelidad creciente a la vocación); II, 210 (fidelidad también a lo que se encomienda).
  97. PE 158; cf. Ep 135; HPF 36, 45, 46, 112.
  98. H. VERWEYEN, o.c., p. 323.
  99. Ep 390 (de Dios es la tierra y toda su extensión y toda la llena), 216, 235 (En todas partes está Dios).
  100. HPF 41: La misma Arca de la Alianza fue siempre, el refugio más seguro para el pueblo que lo veneraba en espíritu y en verdad; pero la misma arca fue el azote más cruel y más fatal para los betsamitas y para todos los atrevidos que osaron profanar su augusta presencia con desacato y sin pureza de corazón (cf. Ex 40, 34).
  101. PE 158; MSC 61 (sacramentalmente); Ep 227.
  102. Ep 45, 58, 61, 67, 70, 134, 138, 139, 144, 220, 383, 551; HPF 137; PE 158. Indica también la respuesta a este Dios que habla: oír, escuchar, seguir.
  103. Ep 30; CF III, 84; PE 100, 132, 158.
  104. Ep 70; PE 104ss: realiza una historia de misericordia con el hombre.
  105. MSC 143, 150; HPF 28 (cf. Mt 28, 18-20). Y también la promesa de estar con los que se reúnen en su nombre (Ep 189; cf. Mt 18, 20).
  106. CF 110; Ep 58, 100, 108, 109, 139 (cf. 1Co3, 16s; 6, 19; Ef 2, 21s).
  107. Ep 58; cf. Ep 47, 136 (se recrea), 139 (reina), 140, 192 (alma morada suya), 220, 596; TE 16; PE 196.
  108. MSC 26 (¿es posible que Jesús esté a la puerta de mi corazón para entrar?); Ep 141: Ábreme... (cf. Ap 3, 20).
  109. HPF 148.
  110. Ep 30, 57, 58, 60, 61, 76, 130, 134-139, 201, 495; RF 28. XXXIII; CF IV, 71; V, 85; II, 148; XI, 181; IX, 200; TE 17; MSC 149.
  111. CF 70: Ser digno espectáculo de Dios, de los Ángeles y de los hombres.
  112. Ep 170; TE 19.
  113. Ep 124; cf. Ep 52, 102, 141, 502; HPF 64, 65, 73, 98, 105. Con estos verbos expresa la marcha providencial del mundo perfeccionado (HPF 54; Ep 152: Dios no deja las cosas incompletas... indica que es obra de Dios); los cuidados de la Providencia (HPF 49), su sustento y protección (PE 70; Ep 45), su prodigalidad en darnos todo aquello que necesitamos (Ep 263; HN 7, 28); su ánimo para levantarnos, su sustento para alimentarnos, su vigor y apoyo (otro nombre que da a Dios es Torre de fortaleza; Único apoyo -Ep 227, 663); la misma vocación es un rasgo de su paternal providencia (Ep 170). Hemos de confesar, como lo hace la Sagrada Escritura la soberanía absoluta de Dios en el curso de nuestra historia (cf. Is 10, 5-15; 45, 5-7; Dt 32, 39; Si 11, 14).
  114. Cf. CATIC 302.
  115. Ep 135. El hombre ha de dejarse llevar, regir y conducir de la divina Providencia muchas veces a través de las mediaciones (CF XVI, 120; IV, 159; PE 125).
  116. Ep 140, 421, 759; PE 189; avisa de los peligros (Ep 659; PE 132). Hay que encomendarse a Él (Ep 158, 219, 333, 431, 464, 675; CF IX, 200); HPF 134.
  117. Ep 172, 495, 501, 755; MSC 60, 268.
  118. Él nos dice que confiar es ponerse toda en manos de Dios como barro en las manos del alfarero con absoluta y firme confianza en Dios y sólo en Él (Ep 61, 100, 152, 489, 495, 501, 663; MSC 240); es poner en solo Él toda nuestra esperanza (Ep 74, 227, 494, 643; MSC 239); en definitiva, confiar es fiarse de Dios, que ayuda al que en Él confía y sin el cual nada bueno puede hacerse. Y sentirse en Dios muy confiada (Ep 160, 221, 248, 397, 683, 750, 755).
  119. Es también una manera de responder desde la fe al escándalo del mal y a aquellos acontecimientos que no acabamos de comprender: Lo que muchas veces parece un gran mal es el mayor bien para el que en todo desea hacer la voluntad de Dios que conoce mejor que nosotros lo que nos conviene (Ep 426; cf. Ep 77, 83, 152, 372, 452, 691). En su poder es capaz de sacar bien de mal (Ep 96, 745, 759), no hay mal que por bien no venga (Ep 619).
  120. Ep 760; cf. Ep 42, 55, 56, 74, 82, 100 (permisión de Dios), 162 (Cuando Dios así lo dispone o permite, mejor sabe que nosotros el por qué), 178, 179, 190, 217, 227, 349, 382, 660.
  121. Ep 340, 372, 377, 382, 433, 435, 501 (justísimas disposiciones), 642, 708, 728, 760; HPF 136.
  122. Ep 486.
  123. Ep 408; cf. Ep 169, 256, 757 (cf. Rm 8, 28).
  124. PSV 537; cf. PSV 484 (Lo dejo en manos de Dios, que ve mi corazón y buena voluntad, y en las de Su Paternidad, que como Padre no puede por menos de desear el bien y tranquilidad de este su indigno hijo en Cristo).
  125. CF X, 63.
  126. CF II, 56 (cf. Mt 6, 25-34); cf. Ep 737 (que se arrojen en los brazos de la Providencia que no abandona a los que en ella confían y guardan la Santa Ley); NHN 30.
  127. Ep 22: ¡Dios sea bendito por todo y que siempre se cumpla su santísima voluntad!
  128. Ep 238, 308, 502, 631, 649, 663.
  129. PE 189: Decididas a no hacer ahora, ni nunca, más de lo que Él quiera que hagáis, dónde Él quiera, como Él quiera, cuando Él quiera, y a costa de todos los sacrificios que Él os exija, y teniendo de vuestra parte unos deseos tan grandes de hacer su santísima voluntad y solo su voluntad; cf. RF XVIII, 21.
  130. Ep 20, 22, 67, 96, 98, 108, 137, 138, 223, 255, 377, 382, 426, 443, 501, 502, 578, 660, 741, 746.
  131. Ep 42, 67, 139, 146, 759; CF XV, 69; 147; 159...
  132. CF III, 13; VIII, 48; Ep 273, 349, 426, 624; HPF 76, 131.
  133. Ep 43, 67, 495.
  134. CF XV, 91; IV, 159; Ep 32, 152, 448, 728, 764.
  135. CF XII, 58 (cf. Jn 4, 34; 5, 30); IV, 159 (cf. Flp 2, 8); CF 116; MSC 92-93 (cf. Hb 5, 8-9), 93 (cf. Jn 6, 38; 5, 30); PE 125; CF I, 64 (cf. Lc 1, 38); HPF 72.
  136. PE 127; cf. Ep 227 (cf. Gn 22, 6). Expresión de esta fe es su frase: Dios provea (Ep 275, 476; cf. Gn 22, 14).
  137. Ep 154, 489; PE 109, 110, 189; TE 19; HPF 46-47, 96.
  138. Ep 223; cf. Ep 51, 60, 61, 63, 64, 100, 107, 108, 109, 113, 116, 132, 134, 139, 143, 154, 170, 226, 299, 327, 497, 694, 771; PE 109, 110, 188.
  139. PE 109, 105 (cf. Dt 7, 6).
  140. PE 190; Ep 140; HPF 63: Rey de las Naciones.
  141. CF IV, 77; XV, 69; VI, 74. Omito las muchas cartas donde aparece este saludo.
  142. Ep 20, 47, 54, 60, 63, 67, 74, 143, 144, 199, 215, 221, 489, 502, 693; MSC 51, 21.
  143. Ep 140. Sólo Dios se merece este servicio y entrega nuestra: tenemos la obligación de servir a Dios por quien es en sí (PE 11). Este servicio de amor es un aspecto muy desarrollado por Faustino (Ep 45, 63, 78, 119, 138,139, 144, 152, 153, 170, 215, 244, 245, 387, 444, 489, 495, 557, 558, 608, 663, 664, 688, 702, 728, 730; RF XXVII, 26; CF II, 73; MSC 21, 68, 149; PE 111, 155).
  144. Ep 59; cfr. CF X, 86.
  145. Ep 630; cf. Ep 83, 102, 505.
  146. Ep 67, 138, 643 (abra los ojos del alma).
  147. Ep 137, 138, 349; MSC 91 (Podría yo creer en Vos, mi, Criador y Redentor, si Vos, eterna luz, no iluminaseis mi mente?).
  148. Ep 494; cf. Ep 349; CF V, 192 (cf. Sant 1, 17); HPF 33, 46, 64 (Él es la luz en el entendimiento), 79 (El da luz a la luz), 122.
  149. Cf. J.B. BAUER: Diccionario de Teología Bíblica, Barcelona 1985, p. 279.
  150. “Una vez más nos encontramos con el símbolo clásico de la alegoría nupcial para describir las relaciones entre el Señor y su pueblo” (E. LÓPEZ AZPITARTE: Praxis Cristiana, Madrid 1981, pp. 318-319).
  151. PE 190; Ep 57, 299. De este modo a las mujeres consagradas con la virtud de la virginidad acostumbraba la Iglesia primitiva a llamar “esposa de Cristo”; es pues la virginidad la que las convertía en esposa. La espiritualidad de la persona, así prometida a Dios, tiene la religiosa que vivirla desde la dimensión nupcial de la Iglesia y de su propia vida. M. Mª Amada, que es una de las religiosas que mejor asumió el espíritu del Fundador, habla también de la vida religiosa como “desposorio” y de Jesús como “amado” y “Esposo” (cf. M. Mª C.PIGRETTI: Abrieron el surco sigamos sus huellas, Madrid 1984, p. 523).
  152. PE 138.
  153. HPF 123.
  154. PC 12: “Evocan ante los fieles aquel maravilloso desposorio... por el que la Iglesia tiene por esposo único a Cristo”.
  155. María también es considera como esposa, y presentada como la mujer del cantar de los cantares (HPF 102, 103, 108, 122, 125, 130, 139 146, 147).
  156. Jesús como esposo: Ep 11, 63, 70, 107, 134, 135, 142, 154, 159; PE 158, 159; MSC 8. Dios como esposo: Ep 99, 494, 705.
  157. Ep 609.
  158. Ep 14, 27, 63, 107, 108, 144, 489, 495, 501, 739, 759; CF II, 67; XIV, 161.
  159. Ep 107.
  160. Ep 50, 501, 545, 709, 728, 743, 759; TE 16, 20, 24, 25; MSC 150; PE 134.
  161. TE 16.
  162. Ep 739.
  163. Ep 144.
  164. Ep 107; PE 133, 172, 177; MSC 8, 63, 111, 131-132, 151, 161, 252; HPF 67, 70.
  165. Ep 119, 349, 475; MSC 111, 122; PE 172; HPF 102.
  166. Ep 470.
  167. HPF 119, 175, 176 (Ningún amigo como Dios... Ningún amigo como Jesús); PE 92; Ep 227.
  168. Ep 170, 257, 494, 705, 737; PE 153, 154, 171.
  169. Ep 45, 50, 60, 63, 84, 109, 152, 154, 255, 381, 494, 545, 643, 688, 728 759; RF XXVI, 25; CF XVI, 59; III, 71; 110; PE 138, 142.
  170. PE 119, 183. María, en particular, es llamada amiga de Dios (HPF 125).
  171. Ep 124. Y es este amor la clave de fidelidad y perseverancia en la vida religiosa, según Faustino
  172. PE 110; cf. Ep 143, 631, 759; MSC 40, 132; PE 23, 104, 105, 109, 159, 163, 165, 175, 188, 189.
  173. Faustino expresa claramente este sentido de pertenencia a Dios (Ep 47, 59, 60, 63, 64, 67, 91, 119, 154, 170, 239, 453, 489; BF VI, 47; PE 109-110, 158; MSC 64; HPF 46-47, 96).
  174. MSC 151.
  175. PE 158.
  176. PE 196; CF 66 (cf. Sal 44).
  177. PE 132, 158, 153 (convidadas a ser Esposas de todo un Dios que se humilló); Ep 107(Brinda bodas celestiales).
  178. Ep 64; PE 158-159.
  179. Ep 138; cf. Ep 67, 107; PE 97 (cf. Os 2, 16).
  180. TE 16; HPF 137; MSC 26, 40, 63-64; PE 58, 188; Ep 40, 139, 220, 688, 739, 759; CF II, 210.
  181. MSC 8, 151, 252; Ep 107: canto precioso al amor eterno del esposo.
  182. CF II, 67 (Unirse á Jesucristo, como á su amantísimo Esposo, y de tal modo, que para El siempre viva, y solo á El trate de agradar, en cuanto diga, haga y piense); cf. Ep 67, 759; RF XXIV, 24; CF XV, 87; PE 190.
  183. Identifica a Jesús con el esposo de los cantares, cautivo del amor que tiene a la amada (Ep 45, 119, 141; MSC 26, 202; PE 190, 171; cf. Ct 5, 2.5.6.8; Ap 3, 20).Este desposorio (PE 190) es un gran misterio (Ep 739: Pero ¡Una criatura esposa de su Creador! ¡La menor pequeñez compartiendo con la mayor grandeza! La imaginación se pierde y la inteligencia se abisma entre esos extremos).
  184. PE 109, 110, MSC 6, 53; Ep 109; CF XXII, 60 (cf. Ct 4, 9). La esposa debe reflejar esta mirada (CF III, 211).
  185. Ep 20, 43, 45, 47, 50, 109, 123, 146, 227, 255, 495, 705, 743, 759.
  186. Dios se recrea, se complace, tiene sus delicias en la esposa, como el esposo del Cantar: “¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!” [Ct 7, 7] (Ep 30, 43, 58, 108, 136; PE 196; MSC 111-112).
  187. MSC 108; cf. MSC 49, 53; Ep 170.
  188. MSC 129, 175, 176; Ep 107 (Jr 31, 3).
  189. Ep 739; cf. Ep 109, 112, 119, 122, 139, 146, 152, 154, 227, 239, 253, 255, 325, 387, 453, 467, 494, 643, 746, 760, 761, 764, 765; TE 17-19; MSC 63-64; PE 15, 188.
  190. “El Dios que ama crea en el amado la capacidad de amar, le comunica su misma capacidad de amar, le hace plenamente adulto, consciente y responsable del don recibido, de la fuerza depositada en él. Es una experiencia satisfactoria al máximo grado... Es una experiencia del Dios amante que hace al hombre partícipe de la energía y del poder divino de dar la vida; de forma que pueda transmitir amor”. (AMADEO CENCINI: Por amor, con amor en el amor, Madrid 1996, p. 420).
  191. Cf. B. J. F. LONERGAN: El método en Teología, Salamanca 1994, pp. 107-113. Ep 67 (Amor, Dios mio, amor Purísimo, amor perfecto, amor perpetuo; amor eterno os pedimos... y eterno amor os juramos), 154 (Dios te había dado un corazón a propósito para amarlo).
  192. Ep 759; TE 17, 19.
  193. Ep 140; cf. Ep 748 (Dios ayuda al que por él trabaja con la mira de corresponder en cuanto pueda al infinito amor con que por él trabajó); TE 15.
  194. MSC 133-134; cf. MSC 12; CF XII-XIV, 205-206; II, 210; Ep 20, 60, 152, 494 (cf. 1Co 9, 19s; Mt 25, 40).
  195. Ep 688.
  196. BF VIII, 48; cf. RF III, 12 (cf. Hch 10,38; Jn 10, 11.13.15); Otros rasgos del esposo con los que la esposa ha de configurarse: CF 105; Ep 84, 159, 255, 705; PE 153, 155.
  197. Ep 140, 759; cf. Ep 107, 136, 220; RF III, 12; CF XIX, 60; PE 118.
  198. COMISIÓN PARA INSTITUTOS DE VC. Y SA.: Orientaciones sobre la formación en los institutos religiosos, Madrid 1990, nº 20.
  199. E. LOPEZ AZPITARTE: o.c., p. 318.
  200. Ep 119; cf. Ep 141; MSC 111; PE 171 (cf. Ct 2, 16; 3, 4; 6, 3; 7, 11; 8, 6).
  201. SALLIE MCFAGUE: Modelos de Dios, Teología para una era ecológica y nuclear, Santander 1994, p.214.
  202. MSC 53, 54, 111, 239; CF XIX, 60-61; Ep 136, 146, 387, 452, 489; TE 25.
  203. MSC 68, 149, 168, 169; Ep 99, 387, 702, 728, 730; PE 154.
  204. Ep 144; cf. PE 190; MSC 119 (Ap 14, 3-4); Ep 27, 107, 139, 694 (Tu felicidad crecerá con el exacto cumplimiento de tu misión).
  205. Ep 42, 109, 140, 226, 238, 501; CF IV, 71; MSC 148, 139, 160; PE 111.
  206. Ep 109.
  207. Ep 63; cf. Ep 56, 59, 64, 108, 109, 124, 139, 154, 170, 183, 319, 330, 378, 379, 489, 494, 510; CF XI, 58; I, 56; XVII, 87; MSC 6, 12, 50, 60, 148-149, 189, 250, 254; PE 178.
  208. RF XXXVIII, 32; CF XV, 108 (Mirando la enfermedad como prenda del amor que Dios las tiene).
  209. Ep 495: Contradicciones, desprecios, disgustos, sequedades, tentaciones de toda clase (son las pruebas que hemos mencionada antes).
  210. Ep 27, 494; PE 159-160; MSC 120.
  211. Ep 140: Los grandes de la tierra despiden o, cuando más, jubilan con un mezquino sueldo... pero Dios los ensalza tanto más cuanto mejor le han servido y los hace sus privados. Las arrugas de los años, los achaques de la vejez, las enfermedades más penosas son méritos a sus ojos para más y más elevarlos.
  212. PE 171, 172.
  213. MSC 218-219 (cf. Ct 2, 5); cf. MSC 50; Ep 50, 62; PE 159, 188.
  214. RF XIV, 24; CF II, 67; XXII, 60-61; V, 85; XVI, 120; Ep 30, 60, 70, 185, 192, 478, 495, 545, 677, 743; HPF 180.
  215. Ep 475; cf. Ep 100, 140, 349, 709.
  216. SALLIE MCFAGUE: o.c., p. 212.
  217. Ep 489. El martirio es la máxima prueba de amor. Faustino pedía para sí la gracia del martirio (Ep 452) y lo aconsejaba con frecuencia antes que ofender a Dios (Ep 28, 42, 58, 60, 65, 67, 99, 134, 183, 220, 354, 388, 452, 489).
  218. Ep 54; cf. Ep 112 (Preciso es que sea un Volcán de Amor de Dios); HPF 192 (No inflamarás el corazón de tus discípulos, si el tuyo no ardiese en el fuego del amor divino. Las palabras del que enseña a otro, han de ser encendidas en el amor del Dios. El que a otro enseñe ha de inflamarse primero en el fuego del amor divino). La imagen que Faustino tiene de fondo me parece que es la de una mujer consagrada cuyo estilo de vida está marcado por el apasionamiento que brota del encuentro con el Amado cuya misión era “hacer arder la tierra” (nota 272).