FeMaestro/II. TODA LA VIDA DE CRISTO ES UN MISTERIO DE AMOR

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II. TODA LA VIDA DE CRISTO ES UN MISTERIO DE AMOR

Faustino presenta la vida de Jesús, con todo lo que acontece en ella, como misterio[Notas 1], entendido en sentido paulino: ese designio divino que solo por revelación puede ser conocido y, aun así, nunca podremos abarcarlo totalmente pues excede nuestras capacidades: “Según esto, leyéndolo, podéis entender mi conocimiento del Misterio de Cristo; Misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Ef 3, 4-5).

De acuerdo con la actual sensibilidad bíblica, la teología hoy no insiste tanto en los “misterios”-como hacían los Santos Padres y bajo su influencia Faustino-, entendido en sentido sacramental, cuanto en el “misterio” cristiano como hecho unitario, realizado históricamente por Cristo en su Pascua, aplicado a nosotros en el bautismo y vivido luego concretamente en el seguimiento de Cristo.

Sin embargo, es una línea profunda de acercamiento al misterio que propone Faustino. Abre una puerta a la lectura y contemplación como mejor camino de encuentro con el misterio; lejos de acostumbrarnos, nos ejercita en la capacidad de asombro y estremecimiento ante el esplendor de la verdad cristiana[Notas 2].

Para Faustino, todo en la vida de Jesús es signo de su Misterio. Desde los insignificantes pañales en que fue envuelto, hasta la luctuosa tragedia de su Pasión[Notas 3], se recogen una infinitud de gestos y palabras[Notas 4] a través de los cuales Jesús nos revela al Padre -misterio inescrutable del amor de un Dios[Notas 5]- y nos trae la salvación -Misterio de la Redención[Notas 6]. Toda la vida de Jesús es pues un Misterio de Recapitulación, ya que todo lo que Jesús hizo, dijo y sufrió, tuvo como finalidad restablecer al hombre caído en su vocación primera: Todas las obras y sufrimientos de Jesús, como obras y sufrimientos de un Dios-Hombre, contenían en sí un valor y mérito infinito[Notas 7].

Con Jesús, por tanto, llega la misteriosa plenitud de los tiempos: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo” (Ga 4, 4). La revelación del misterio profundo de Dios que él mismo ha ido dando a conocer a lo largo de A.T. es la preparación para la revelación definitiva en Jesucristo (Rm 16, 25; Ef 1, 9): Queriendo Dios manifestar con anticipación al mundo las estupendas maravillas de amor que Jesús había de obrar en la tierra, quiso revelar uno por uno á los Profetas los gloriosos hechos y escenas que un día habían de cumplirse en su vida. Así afirman los Padres y Doctores que a través de las figuras de que está lleno el Antiguo Testamento Dios fue delineando la vida de su Hijo[Notas 8].

Notas

  1. MSC 43, 158 162, 195, 242, 245- 246, 252-253, 262; HPF 105, 120, 148-149; PE 27. Y estos acontecimientos de la vida de Jesús son forman parte de los misterios de la religión (MSC 126); los misterios de la fe (CF XIII, 196).
  2. MSC 246.
  3. HPF 160; MSC 74.
  4. PE 27 (La Encarnación...); MSC 245 (su sed), 242, 158 (su abandono y cruz).
  5. MSC 252, 262; HPF 53 (La Religión infunde y graba en el corazón de sus hijos ese misterio de amor).
  6. HPF 105; MSC 195.
  7. MSC 169-170; CATIC 515-518.
  8. cf. MSC 253; HPF 123. “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo” (Hb 1, 1-2).