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FeMaestro/III. LOS SACRAMENTOS
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III. LOS SACRAMENTOS

1. Qué son los Sacramentos

Se procurará que las niñas se penetren bien de lo que son los Sacramentos y de las disposiciones con que deben recibirse, y se les enseñará á ponerlas en práctica...[Notas 1]

En este texto, dirigido a educadores, Faustino habla de la necesidad de conjugar teoría y práctica sacramental. Para él no basta saber qué son los sacramentos sino que es imprescindible participar en los sacramentos con pleno sentido, preparación y unción, como corresponde al culto divino[Notas 2].

1.1. Signos de fe

“Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como signos, también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por eso se llaman sacramentos de la fe”[Notas 3]. Encontramos en Faustino, un sentido amplio de sacramentalidad de la Iglesia, así como una conexión entre sacramento y fe, entre sacramento y amor de Dios (especialmente en la eucaristía).

Podemos decir que los sacramentos son las formas sensibles de la gracia y del amor de Dios. Signos sensibles que no sólo manifiestan la gracia invisible sino que la producen efectivamente. El signo consta de una materia o accidentes, como lo llama Faustino, -agua, pan, vino, aceite- y de una forma, o sea de las palabras que pronuncia el ministro y que sirven para determinar el signo[Notas 4]. Esta realidad de los sacramentos es ciertamente un misterio que “supone la fe”. Al mismo tiempo, toda celebración sacramental es un acontecimiento de fe: supone la fe del sujeto, la fe de la asamblea celebrante y la fe de la Iglesia. Esto no significa que los sacramentos sean fruto de nuestro esfuerzo, lo que quiere decir es que el hombre no debe poner resistencia o impedimento al don de Dios, y que debe tener unas disposiciones adecuadas para que el mismo sacramento realice aquello a lo que está destinado por el mismo Dios. Dios no impone sus sacramentos sino que los ofrece[Notas 5]. De ahí que la categoría de “encuentro”, utilizada por Schillebeeckx, sea muy adecuada para expresar lo que son los sacramentos. Por supuesto que en tiempos de Faustino, no era conocida, pero en algunas de sus reflexiones en relación a los sacramentos está conduciendo a ello[Notas 6].

¿Por qué es importante la fe de cara a los sacramentos? Porque sólo la fe nos permite reconocer a Dios bajo accidentes humildes, es decir, la fe nos posibilita el encuentro de gracia que Dios inicia y conduce. En este sentido señala Faustino que es mucho más fácil reconocer a Dios en los sacramentos que en las personas; de ahí que sea la caridad Sacramento máximo, según Tertuliano:

En los Sacramentos, se reconoce a Dios bajo accidentes humildes, inocentes y nunca odiosos; pero en la caridad se ejercita la fe en reconocer a Dios bajo apariencias tal vez inamables, odiosas, no buenas. El genio de esta joven, lo fastidiosa de esta vieja; la vanidad de aquella, la presunción de ésta; el orgullo de Fulana, la precipitación de Zutana, la pachorrona de tal... porque en todas quiere Dios ser reconocido y respetado[Notas 7].

1.2. Instituidos por Cristo

“Los sacramentos de la nueva Ley fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo”[Notas 8]. Faustino expresa esa vinculación clara de los sacramentos con Jesús[Notas 9] aunque sólo hable expresamente de la institución de la Eucaristía, de la Penitencia y del Matrimonio:

Instituyó el Sacramento del amor. ¿Y para qué lo instituyó, sino para estar siempre con nosotros oculto, como en un horno de amor, bajo las especies sacramentales?[Notas 10].
¿Y no fue para los pecadores para quienes Jesús, en el exceso de su amor, instituyó el sacramento de la Penitencia[Notas 11].
Que santo es el matrimonio, como instituido por el mismo Dios, como representante de la unión de la Iglesia con Cristo[Notas 12].

“Cuando nos preguntamos por el origen de los sacramentos cristianos no solamente hacemos referencia al pasado, sino también al presente y al futuro. Es como interpelarse por la fuente de la que dimanan permanentemente los símbolos de nuestra comunidad. El Señor Jesús no sólo está en el comienzo. Es, por medio del Espíritu, el institutor permanente de los sacramentos. Los sacramentos son los símbolos de su presencia dinámica en medio de su Iglesia. Son las formas simbólicas a través de las cuales, él, el viviente, sigue siendo el Señor y el salvador, presente en su comunidad”[Notas 13]. Este sentido dinámico de la presencia de Cristo en los sacramentos lo expresa Faustino con una gran viveza. De tal modo que es el mismo Jesús resucitado el que llama y espera en los sacramentos[Notas 14]. Él es el que vemos y escuchamos, pues ha querido quedarse como escondido, oculto en los sacramentos para darnos su gracia, su misericordia y su nueva vida en formas sensibles, adaptadas a nuestra naturaleza, como antes lo hacía visiblemente con sus Apóstoles:

No envidies, pues, la suerte de los Apóstoles y discípulos de Jesús, que, al par que ellos, puedes tú conversar con Él tan á menudo y familiarmente como quieras, y alimentarte de su carne inmaculada. Mira cómo, oculto en el Santísimo Sacramento del amor, te espera y te dice que las delicias de su Corazón amantísimo consisten en morar familiarmente con los hijos de los hombres[Notas 15].

Jesucristo es el sacramento original, por quien todos los demás sacramentos concretos pueden realizar precisamente el aspecto del misterio cristiano que significan. Sin esta vinculación con Jesús lo sacramentos serían gestos vacíos. Este es el significado profundo de la doctrina sobre la institución de los sacramentos por Jesús. No significa que él instituyera expresamente todos los sacramentos durante su existencia histórica, sino, más bien, lo que la Iglesia manifiesta es esta permanente presencia del Señor en ella por el Espíritu Santo para continuar y actualizar su obra salvadora.

Esto lo podemos relacionar también con el número de los sacramentos. Cada uno de los siete sacramentos pertenece a la vida de la Iglesia desde tiempos inmemoriales. Hoy la Iglesia no tiene la preocupación que tenía antes, especialmente en tiempos del concilio de Trento, por precisar el número de los sacramentos. Esta doctrina ha sido solemnemente definida: “Hay en la Iglesia de Jesucristo siete sacramentos instituidos por Jesucristo: bautismo, confirmación, eucaristía, unción de enfermos, sacramento del orden y del matrimonio”[Notas 16].

“Este número no debe entenderse de modo puramente cuantitativo. Los siete sacramentos forman una unidad orgánica, en cuyo centro está el bautismo y la eucaristía. Por este motivo, la tradición de la Iglesia distingue entre los dos «grandes sacramentos»: el bautismo y la eucaristía, y los «sacramentos pequeños», que están ordenados a robustecer (confirmación) o restablecer (penitencia, unción de los enfermos) la nueva vida en Jesucristo, que se basa en el bautismo y se orienta a la eucaristía; o sirven a la edificación natural y sobrenatural del Pueblo de Dios (matrimonio y orden sagrado), que tiene en la Eucaristía la fuente de su vitalidad”[Notas 17].

1.3. Riquezas espirituales de la Iglesia

“Para el Espíritu, constituir la Iglesia no es un hecho estático, sino dinámico, que envuelve personalmente a cada miembro de la Iglesia, la cual se renueva continuamente a través de la palabra, los sacramentos, los carismas y los ministerios, y sobre todo a través de la caridad”[Notas 18]. Los sacramentos son por antonomasia esas riquezas espirituales, que Cristo nos mereció muriendo en la Cruz, y que constituyen la máxima expresión de la visibilidad de la gracia y de la salvación, y el punto culminante de la vida de la Iglesia[Notas 19]. Ella dispensa y participa de estos tesoros divinos[Notas 20].

Así se dice que los sacramentos son ‘de la Iglesia’ en el doble sentido de que existen ‘por ella’ y ‘para ella’. Existen ‘por la Iglesia’ porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen ‘para la Iglesia’, porque ellos son ‘sacramentos que constituyen la Iglesia’ manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Comunión del Dios Amor, uno en tres Personas[Notas 21]. Por eso los sacramentos hay que comprenderlos desde la sacramentalidad de la Iglesia. La Iglesia es sacramento, porque tiene que manifestar y continuar visiblemente la salvación que Dios ha obrado en Cristo en la historia, en las distintas situaciones fundamentales de la vida, para cada hombre en particular. La Iglesia hace presente la gracia de Jesucristo para santificar al hombre y ella misma acompaña estas situaciones de la vida humana, desde el nacer al morir, con todo lo que acontece en este arco de tiempo:

Guía en su peregrinación sobre la tierra a la familia, y que se acoge en su seno la sociedad en la hora de sus desengaños ¿qué tienen sus consejos para que así los busquéis con tanto afán?, ¿qué su persona para impetrarle que os bendiga, y reciba en sus brazos al hijo que ve la luz y rocíe al que ha dormido el sueño de la muerte, para que sus bendiciones os acompañen en la aurora y en la noche de la vida?, ¿por qué al rugir la tempestad en vuestro corazón, os acogéis en las cavidades de su manto, como la nave zozobrante al puerto de refugio?[Notas 22].

1.4. La gracia del Sacramento

Los sacramentos nos incorporan a la muerte y resurrección de Cristo y producen en nosotros los frutos de la redención: Jesús triunfa de nosotros con su gracia[Notas 23]. Son como canales a través de los cuales corren las saludables fuentes del Salvador y llega a nosotros la gracia de Cristo. Así Faustino dice que los sacramentos son esos ríos de gracia que con su ímpetu saludable[Notas 24] producen un gran efecto en la persona: levantan[Notas 25], sostienen, auxilian[Notas 26], animan la vida cristiana y conducen a la vida eterna[Notas 27]:

Te hice nacer en el gremio de la Iglesia, y te sostuve con los santos Sacramentos é hice reverberar sobre ti mi luz divina en tantos llamamientos y santas inspiraciones[Notas 28].
Y no empleó la Religión con nosotros todas las riquezas espirituales para instruimos, ílustraros, anímaros, fortaleceros, levantaros, sosteneros, con ejemplos, Sacramentos, oración...[Notas 29]

La gracia del Sacramento es de un gran valor[Notas 30] pues es la gracia del Espíritu Santo, que nos injerta en la vida y en el amor del Padre. La Iglesia católica afirma que los sacramentos producen la gracia “en razón de la misma obra obrada” -«ex opere operato»-[Notas 31], independientemente de la santidad o de los méritos del ministro, siempre que éste cumpla el rito esencial y tenga intención de hacer al menos lo que hace la Iglesia. Faustino insiste mucho, por parte del sujeto, en que éste ha de estar bien dispuesto:

Con la frecuencia de la oración y la continua presencia de Dios é incesante cuidado de practicar todos sus ejercicios cotidianos por su gloria, se dispondrán muy eficazmente para recibir los santos Sacramentos con mucha devoción y frecuencia[Notas 32].

Todos los sacramentos, además de darnos la gracia santificante o aumentarla, nos dan la propia gracia sacramental. De esta virtud salvífica de los sacramentos se sigue que “son necesarios para la salvación de los fieles”[Notas 33]. Esta afirmación del Concilio de Trento lo que pretende es señalar que los sacramentos de la Iglesia no son superfluos sino altamente conveniente. Faustino recomienda vivamente la frecuencia de sacramentos para vivir un cristianismo consciente y responsable[Notas 34].

La Iglesia nos enseña además, que hay tres sacramentos que no se pueden repetir, son el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal. Estos “imprimen carácter”, una señal imborrable del alma que nos asocia al sacerdocio de Jesucristo[Notas 35].

De los siete sacramentos trataremos sólo los tres sacramentos que Faustino desarrolla más en sus escritos, Bautismo, Eucaristía y Penitencia.

2. Bautismo, aguas regeneradoras

Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana. Los fieles renacidos en el bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad[Notas 36].

El Bautismo es considerado la “puerta de la Iglesia”, pues por él nos incorporamos a Cristo, haciéndonos cristianos y miembros de su Cuerpo, la Iglesia[Notas 37]:

Pero, ánimo, que todos los que tenemos la dicha de habitar en los tabernáculos de Sem, en el seno de la verdadera Iglesia, formamos con J. una misma cosa, un mismo todo, un mismo cuerpo, un solo hijo[Notas 38].

Esparcidos por los escritos de Faustino encontramos los efectos que el bautismo produce en la persona. El Bautismo nos hace partícipes de la nueva vida de Jesucristo[Notas 39]. Al estar unidos con J.C., somos hijos de Dios, hijos en él y con él, “santos como El[Notas 40]. Por el Bautismo se nos perdona el pecado original y todos los demás pecados[Notas 41]. Y por el carácter sacramental somos destinados para siempre a ser hijos de Dios, miembros de Cristo y de su Iglesia y templos del Espíritu Santo. Nada puede destruir ese germen precioso depositado por las aguas regeneradoras del Bautismo pero que ha de crecer y dar frutos[Notas 42].

Faustino afirma la necesidad del Bautismo para la salvación, entendido en el mismo sentido de la necesidad de la Iglesia para la salvación. Por el bautismo somos inscritos en el libro de la vida[Notas 43]. El “libro de la vida”, es el libro de los predestinados a la salvación (Ap 13, 8). El mismo salmista habla de él (Sal 139, 16) y Jesús comparte esta convicción: “Alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo” (Lc 10, 20). Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por la muerte con Cristo y por Cristo[Notas 44]. Este Bautismo de sangre como el deseo del Bautismo, producen los frutos del Bautismo sin ser sacramento[Notas 45].

3. Eucaristía, sacramento del amor

La Eucaristía es el sacramento del cuerpo y sangre de Jesús. El misterio pascual, es decir, su muerte y resurrección, se hacen presente en la eucaristía[Notas 46]. Pues él, “en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico, signo de su amor hasta extremo, para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura”[Notas 47]:

Considera, pues, cómo habiendo Jesús amado á los hombres, quiso, finalmente, mostrarles el exceso de su amor: Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. ¡Ah, sí! Faltó ánimo al Corazón amantísimo del divino Esposo para dejarte sola en el mundo, y por eso, al salir de esta vida, halló medio de quedarse siempre contigo, y su infinita Majestad se ocultó en el Sacramento Eucarístico, de suerte que pudo decir: He aquí que estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos[Notas 48].

La gran estima que Faustino tiene por este misterio augusto[Notas 49] se aprecia en los distintos nombres que le da. A través de ellos expresa su misterio profundo:

• Lo llama Sagrada Eucaristía porque es acción de gracias al Señor. Esta palabra recuerda las bendiciones judías que proclaman las obras de Dios: la creación, redención y la santificación[Notas 50].

• Banquete, convite celestial[Notas 51], Sacramento del Altar[Notas 52] porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípulos y de la anticipación del banquete de bodas del Cordero (Ap 19, 9). Esta imagen es muy utilizada. La Eucaristía es alimento y comida del cristiano; Cristo mismo nos alimenta con su propia carne, con su preciosa sangre[Notas 53]. Le llama también Pan de ángeles[Notas 54]. Muy original es la relación que hace de la Eucaristía y del Sacramento de la Penitencia a través de la parábola del Hijo Pródigo:

Y si el hijo pródigo fue admitido á un opíparo banquete, admitidme también, Señor, en prueba de lo mucho que me amáis, al banquete de vuestro Amor, visitando sacramentalmente esta pobre alma. Mas, Vos ya me llamáis, Jesús mío, á vuestro banquete, y ¡qué banquete!, ¡qué amoroso banquete![Notas 55]
Piedad, Señor, piedad. ¡Cuántos mercenarios abundan en pan en casa de mi Padre, y yo aquí perezco de hambre! ...Si, mercenarios respecto de él pueden considerarse los hombres, y sin embargo, él no ha tenido un poco de este Pan de la misericordia, y muere de hambre[Notas 56].

• Santo Sacrificio o Sacrificio del Altar[Notas 57], porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia. En la Eucaristía el Sacerdote opera un milagro: se apresta a derramar la sangre preciosa del más inocente cordero para quitar los pecados del mundo[Notas 58]. Ese sacrificio de Jesús consiste en darse á sí mismo[Notas 59]. Por este amor tan grande hasta dar su vida, víctima del amor, Faustino llama a este sacramento, sacramento del Amor[Notas 60].

• Comunión, porque con este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y su Sangre para formar un solo cuerpo[Notas 61].

• Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío de los fieles[Notas 62].

La Eucaristía es el más grande de los sacramentos. Ya que si en los otros sacramentos actúa la gracia en este sacramento se encuentra presente el mismo Jesucristo. La presencia de Jesús en la celebración de la eucaristía se produce de múltiples modos. Está presente en la comunidad y en el sacerdote que celebran, pero sobre todo Jesús está presente en la Eucaristía cuando se pronuncia la bendición sobre el pan y el vino y por estas palabras se hace presente bajo las especies eucarísticas verdadera, real y sustancialmente[Notas 63]. Faustino considera la presencia real de Jesús[Notas 64] en las especies sacramentales como una presencia oculta, escondida, anonadada por amor al hombre[Notas 65]:

¿Y podía llegar á más la caridad de Jesús cuando, no contento con haber ocultado su divinidad tras el velo de la asunta humanidad, quiso además ocultar esta humanidad y la misma divinidad bajo la pequeñez de las especies sacramentales para darse en alimento y comida de sus criaturas?[Notas 66].

Utiliza Faustino, para expresar esta presencia, la categoría del “descenso”. Se trata del mayor de los milagros[Notas 67]:

...Dar nuevo ser al Dios eterno e inmortal, a reducir el Dios grande, cuya inmensidad es incomprensible, al más pequeño punto; a hacer en cierto modo criatura suya al Creador del cielo y de la tierra [sic][Notas 68].
Desciende el soberano que en ella mora con toda majestad, y posa humildemente en sus manos y se sacrifica el mismo[Notas 69].

Según la doctrina de fe de la Iglesia, la presencia verdadera y real de Jesucristo bajo las especies de pan y de vino se basan en las palabras de Jesús: Venite et comedite: Hoc est Corpus meum. Bibite et inebriamini, carisimi; bibite vinum quod miscui vobis. (Mt 26, 26-28)[Notas 70]. “Esto es mi cuerpo” significa que se trata de la presencia de la persona de Jesucristo en cuanto que se entrega a sí mismo por nosotros. Igualmente, la palabra “sangre”. La expresión sangre derramada[Notas 71] significa al mismo Jesús en cuanto que entrega su vida por nosotros, connotando su muerte violenta.

Este es el gran misterio de amor de la Eucaristía. De este modo, cuando la Iglesia repite, por encargo de Jesús, los gestos y las palabras que éste pronunció en la noche antes de su muerte, no se refiere solo a la última Cena , sino que anuncia, además, “la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Co 11, 26). Este anuncio significa una declaración solemne, que realiza lo que dice. La Iglesia explicó esta presencia de Jesucristo en la Eucaristía a través de la doctrina de la transustanciación: “Por la consagración del pan y el vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor; y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. Esta conversión fue llamada oportuna y propiamente, por la Iglesia católica, transubstanciación”[Notas 72].

Faustino manifiesta los efectos que la eucaristía produce en quien participa de esta celebración, entre ellos destaca la unión e identificación con Jesús y el crecimiento en el amor de Dios, la separación del pecado y el empuje hacia una mayor perfección de vida, la construcción de la unidad de la Iglesia y un mayor compromiso en favor de los demás:

Aprecia, pues, hija mía, el gran don que excede á todo don, y aliméntate con frecuencia y suma devoción de este alimento divino. Solamente así te harás fuerte contra los enemigos de tu alma, así crecerás en el divino amor y adelantarás en todas las virtudes hasta conseguir la vida eterna, porque el mismo Jesús te dice: El que come mi carne y bebe mi sangre obtendrá la vida eterna[Notas 73].

Por otra parte, también insiste en las disposiciones y en el modo de acercarse a este sacramento con la debida consideración y reverencia para ofrecerle a Dios un homenaje de adoraciones y acción de gracias[Notas 74]. Recomienda recibir con frecuencia la sagrada Comunión y unirse a los deseos de los santos: Cuando comulgues desea tener mayor amor que el que me tuvieron los santos, porque á medida de este tu deseo aceptaré yo tu amor según quisieras que fuese[Notas 75].

Tal es su consideración de este imponderable sacramento, que aconseja vivamente contemplar este beneficio divino[Notas 76], y, sobre todo, la visita a Jesús sacramentado, práctica de piedad que expresa nuestro amor y el deber de adoración hacia Cristo presente en el Reservado[Notas 77].

4. Penitencia, sacramento de la misericordia de Dios

“El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (cf. Mc 2, 1-12), quiso que la Iglesia continuase, con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros. Esta es la finalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de la Penitencia y de la Unción de los enfermos”[Notas 78].

La imagen de Dios y de Jesús como Médico que cura nuestras dolencias y enfermedades, como lo hiciera Jesús durante su vida pública con los leprosos, sordos, ciegos, es actualizada por Faustino con gran profundidad[Notas 79]. En la cruz también aparece Jesús bajo esta imagen: Enfermos, ahí tenéis al Médico[Notas 80]. Este sacramento no es pan de gigantes sino Pan de la misericordia, para los que mueren de hambre por haberse alejado de la casa del Padre; no es para ángeles sino para pecadores[Notas 81]. Fue instituido por Jesús para los pecadores y a su Iglesia dejó la facultad y la misión de perdonar los pecados hasta setenta veces siete:

Con lo que el Salvador quiso decir que Él está siempre dispuesto á perdonar al que con ánimo humilde y entera confianza se acerca á El en el sacramento de la Penitencia[Notas 82].

Así pues el sacramento de la Penitencia[Notas 83] o de la Confesión[Notas 84] es el sacramento por el que Dios, Padre de las misericordias, se muestra con los brazos abiertos dispuesto a recibir en su gracia al pecador y a perdonarle los pecados cometidos después del bautismo[Notas 85]. Jesucristo fundó el Sacramentó con la finalidad de ayudarnos y facilitarnos el perdón y para que tengamos la seguridad de haber sido perdonados, es decir, nos conste el perdón[Notas 86].

Basado en los santos Padres, Faustino habla del sacramento como tabla de salvación después de naufragar la nave por el pecado[Notas 87]. La llamada a la conversión es central en el mensaje de Jesús (Mc 1, 15)[Notas 88]. Conversión y penitencia son indispensables en la vida cristiana. La penitencia consiste en la conversión o cambio real en la orientación de la vida, es apartarse del mal y volverse a Dios. La conversión es llamada y gracia de Dios más que obra nuestra:

Acudid, que os busca; escuchad que os llama: Venid juntos: Volved pecadores: Venid a mí: volved en vosotros. Volved por el camino estrecho; venid por la penitencia; venid por la pureza; venid por la templanza... Venid y no temáis, que soy columna para el firme a quien sustento; mano para el caído a quien levanto; norte para el navegante a quien alumbro; señal para el que pelea a quien animo; refugio para el que peligra a quien sostengo, y estímulo para el que corre, a quien excito. Convertir, pues, convertid los males de culpa y de pena en hazañas de virtudes; en los males, ejercitando la paciencia y en las adversidades cobrando confianza; en la pérdida de los bienes acudiendo a la divina providencia y después del pecado haciendo penitencia...[Notas 89]
No es mi voz la que os llama, es la voz de Dios la que os invita por medio de un profeta: Convertimini ad me ex toto corde vestro. Convertíos a mí de todo vuestro corazón, y por S. Lucas os dice que si no hacéis penitencia todos pereceréis[Notas 90].

Esta conversión o penitencia se puede realizar de distintas formas y expresarse a través de diversos gestos. De ellas Faustino destaca las penitencias clásicas, ayuno oración y limosna, y recomienda, sobre todo, las penitencias interiores[Notas 91] y los actos de contrición en la vida cotidiana: continuo dolor de nuestras faltas, y firme propósito de evitarlas[Notas 92]; así como el cumplimiento del deber, que lo expresa en uno de sus lemas: O ser como se debe ser, o no ser[Notas 93]. Como gestos de reconciliación, indica el reconocimiento de las faltas, la corrección fraterna, capítulos de culpas[Notas 94]. Se encuentran sermones y pláticas sobre los tiempos y días de penitencia. Destaca como tiempo de gracia, el sagrado Tiempo de la Cuaresma[Notas 95] y llama a los Ejercicios Espirituales, Días de misericordia, días de salud: ¿Y no aprovecharás estos días de misericordia en que Dios te acogerá como a hijo pródigo, como a la Magdalena?[Notas 96]. Por supuesto también considera todos los viernes del año como días de penitencia.

Pero la reconciliación con un rito penitencial en sentido estricto, sólo se da en el sacramento. Por eso Faustino distingue y relaciona ambas y define expresamente lo propio del sacramento:

Penitencia, virtud mediterránea, y penitencia Sacramento, océano de gracias. Unidas por el estrecho... Inseparables, ya que ni aprovecha la 1ª. excluyendo la 2ª, ni la 2ª sin la 1ª. La primera interior, la segunda exterior. La 1ª detestación del pecado por ofensa de Dios a quien satisface con la enmienda. Es la Pandora a quien Dios dio lo mejor de sus gracias. La penitencia virtud es la base sobre la que Jesucristo fundó el Sacramento añadiendo sólo la manifestación de las culpas, esto es la materia y el yo te absuelvo, la forma. Es pues el Sacramento de la penitencia, una confesión dolorosa de los pecados con la absolución del Sacerdote[Notas 97].

En este texto se expresan algunos de los elementos del sacramento que vamos a completar. Es un tema muy desarrollado por él pues le dedica varias pláticas. El primer acto del penitente[Notas 98] es la contrición, ésta consiste en “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”[Notas 99]:

Haced broten también de mis ojos, con la vara de vuestra gracia, lágrimas de verdadera contrición, por no haber hecho caso de vuestras gracias á inspiraciones, y por haberos ofendido tanto[Notas 100].

Junto a la contrición está el propósito de rechazar el pecado y de comenzar una vida nueva, con la ayuda del Espíritu Santo. Según Faustino muchas veces no hay enmienda, porque no hay propósito verdadero, ni resolución[Notas 101]. Otro acto del penitente es el examen de la confesión, éste ha de hacerse a la luz de la Palabra de Dios[Notas 102]. Pero es la confesión de los pecados la parte que más detalla, por ser la parte esencial del sacramento. La confesión ha de ser humilde, breve, sencilla e íntegramente, con franqueza, sin callar faltas graves, ni mentir[Notas 103]. La confesión individual e íntegra de los pecados graves[Notas 104] seguida de la absolución[Notas 105], es el único medio ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia[Notas 106]. “La absolución quita el pecado pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó”[Notas 107] por eso el pecador debe hacer algo más que reparar su pecado: debe “satisfacer” de manera apropiada o “expiar” sus pecados. Esa satisfacción es otro de los actos del penitente, que se llama “penitencia”[Notas 108]. También aparece muy bien tratado el tema de la confesión general, sus ventajas e inconvenientes[Notas 109].

Lo mismo que ha aconsejado la frecuencia de los otros sacramentos lo hace también con la Penitencia. Es conveniente acercarse al sacramento aunque no haya obligación si no hay pecado grave. Sin embargo, él nos da razones para recibir con frecuencia este sacramento:

Todas confesarán, lo menos una vez por semana, para evitar suceda que las que han emprendido el camino de la perfección, despreciando las faltas leyes, caigan poco á poco en las graves[Notas 110].
Razón para confesarse frecuentemente; porque se ejercitan 7 virtudes: 3 teologales y la humildad, obediencia, justicia y fortaleza.
Para dar gran disgusto al demonio... porque mientras el hombre está en pecado no hace nada para la vida eterna, y así que se pone en gracia ya camina hacia ella[Notas 111].

Por último, hemos de preguntarnos por el efecto que produce este sacramento. Fundamentalmente son dos: la reconciliación con Dios y la reconciliación con la Iglesia, ya que todo pecado, además de ofender a Dios, lesiona la comunión eclesial. Faustino lo expresa con las parábolas de las misericordias[Notas 112]: lo acoge y le pone lo mejor... ¿Qué hizo el Padre del hijo pródigo? Esto y más dice Dios hace con el pecador que se confiesa bien.... Y más aún, le da más de lo que se tenía, borra los pecados, como el viento disipa las nubes. Vuelve la claridad y el sol, gracia, alegría[Notas 113], la gloria[Notas 114]; libera a la persona de la cautividad, al desatarla de las cadenas del pecado[Notas 115].

Notas

  1. CF VIII, 229; XIII, 196.
  2. CF III, 176.
  3. SC 59.
  4. PE 74, 147.
  5. Cf. D. BOROBIO: Sacramentos en Comunidad, Bilbao 1989, p. 31.
  6. PE 93; MSC 72, 82, 269.
  7. PE 147.
  8. DS 1600-1601.
  9. PE 23: Se encarnó, murió, sacramentó, dejó poder, llaves...
  10. MSC 17; cf. MSC 6, 150.
  11. MSC 141.
  12. PE 189.
  13. J.C GARCÍA PAREDES: Teología Fundamental de los Sacramentos, Madrid 1991, pp. 161-162.
  14. MSC 9, 62.
  15. MSC 150-151 (cf. Jn 13, 1; Mt 28, 20).
  16. DS 860, 1310, 1601.
  17. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 352.
  18. COMITÉ PARA EL JUBILEO DEL AÑO 2000: El Espíritu..., p. 71.
  19. PE 177.
  20. PE 183.
  21. CATIC 1118.
  22. HPF 44-45; cf. HPF 23.
  23. MSC 69, 99 (por los méritos de mi Redentor Jesús); PE 74 (sólo nos restituimos a la gracia por sus méritos).
  24. MSC 98; cf. MSC 9 (En los sacramentos Jesús mismo, por su Espíritu concedido a la Iglesia, nos enriquece con sus gracias); CF I, 61 (Los sacramentos son también medios para mantenernos en gracia).
  25. RF 2 (caerá para levantarse acaso por los Sacramentos); PE 19 (Cómo os levantaríais si no supiereis los Sacramentos? La Samaritana decía a Jesús que el pozo era profundo; así vosotros...)
  26. CF I, 61; HPF 129.
  27. CF II, 88; PE 61, 175 (medíos para conseguir el cielo).
  28. MSC 176-177.
  29. PE 177.
  30. PE 78; cf. MSC 99 (el gran tesoro de la gracia).
  31. DS 1608.
  32. CF I, 88; cf. CF III, 46; XIII, 181; XIII, 196; Ep 60, 63, 134; MSC 9.
  33. DS 1604.
  34. Ep 60, 63, 134; CF I, 88; X, 90; MSC 9, 151; PE 61-62.
  35. HPF 43.
  36. CATIC 1212.
  37. HPF 86; Algunos lo niegan: Negaron los socinianos la Confesión y el Bautismo (HPF 76).
  38. HPF 86.
  39. HPF 106 (cf. Rm 6, 4), 129 (Destruir en nosotros el hombre viejo de imperfección y de pecado y hacer que nazca en nuestro interior el hombre nuevo según Jesucristo).
  40. HPF 86; Ep 143; PE 20 (Entonces me alisté en la compañía de Jesucristo; como los judíos en la circuncisión); PE 23 (El nombre de cristiano nos obliga a portarnos como Jesucristo).
  41. PE 75 (Con sólo el bautismo pudiéramos ir al cielo sin pecar); Ep 143.
  42. HPF 151 (cf. Tt 3, 5). Estas aguas realizan el nacimiento del agua y del Espíritu: reengendrados por el Espíritu Santo (HPF 16-17).
  43. PE 20; Ep 143; HPF 37, 59.
  44. LG 16 (posibilidad de salvación para los no bautizados).
  45. HPF 93: La sangre de los cristianos derramada a torrentes es una semilla fecunda que produce centuplicados frutos, y el rigor de la persecución sólo sirve para que la fe aparezca más luminosa y extender sus conquistas. CATIC 1258.
  46. Ep 627; PE 182; MSC 6, 50, 109, 151, 152.
  47. SC 47.
  48. MSC 150-151 (cf. Jn 13, 1; Mt 28, 20).
  49. HPF 99.
  50. PE 92; Ep 447; MSC 147, 150; CATIC 1328.
  51. MSC 62, 148.
  52. CF X, 160; MSC 128, 151, 153, 157. Le llama de este modo porque es en torno al Altar donde se reúne toda la asamblea; CATIC 1329.
  53. Ep 109, 141; MSC 6, 18, 62, 113, 148, 150-151; PE 92 (¡Cuánto gusto tendría para nosotros la Eucaristía, si pensáramos lo que a Dios costó! El plato servido por un amigo tiene más gusto ¿y quién más amigo?)
  54. MSC 27, 147, 148.
  55. MSC 62 (cf. Lc 15, 23).
  56. MSC 148 (cf. Lc 15, 17).
  57. Ep 67, 448, 603; HPF 53.
  58. HPF 45, 46, 81 (Hostia de Expiación); CATIC 1330.
  59. MSC 18, 50. “La eucaristía tiene el valor sacrificial que le otorga la presencia en ella de Jesús como sumo sacerdote y de su sacrificio. Sacrificio y sacerdocio que por parte de Jesús consiste en su actitud de oblación y entrega como adoración, impetración y acción de gracias al Padre” (M. GESTEIRA GARZA: La Eucaristía, Misterio de Comunión, Madrid 1983, p. 362).
  60. MSC 10, 17, 150, 151.
  61. Ep 120; CF IX, 48; PE 91-94 (Plática sobre la Comunión); MSC 155; Faustino aconsejaba que se hiciera la Primera Comunión en Pascua (CF X, 229; Ep 69); CATIC 1331.
  62. CF IX, 48; IV, 82; IV, 83; XII, 90; IX, 96; Ep 153; PE 93, 94; MSC 69; CATIC 1332.
  63. Cf. SC 7.
  64. HPF 99.
  65. MSC 17, 113, 285; HPF 99.
  66. MSC 151.
  67. MSC 17.
  68. HPF 46.
  69. HPF 45; cf. PE 183 (Bajaba a la disposición de su voluntad desde el seno del Eterno Padre su Hijo soberano).
  70. MSC 18, 151; HPF 76 (Negaron los Calvinistas que Jesucristo existiese en el Sacramento).
  71. MSC 176; HPF 45, 46 (cf. Mt 26, 28).
  72. DS 1642; cf. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., pp. 382-383; PE 181: Y que tenía en mis manos todos los días, al Dios de la santidad, consagrándole sobre los altares y distribuyéndole al pueblo!
  73. MSC 151-152 (cf. Jn 6, 54); cf. MSC 9, 27, 69, 113, 148, 152; PE 92.
  74. RF XXVIII, 26; CF V, 171; IX, 228-229; MSC 9, 69, 147, 152, 157; PE 92, 93.
  75. MSC 156; cf. MSC 9, 69, 152; BF IX, 48; CF IV, 82; IV, 83; V, 89; Ep 50.
  76. CF X, 160.
  77. CF XII, 90; IV, 104-105; Ep 447, 713, 732; MSC 24, 128, 155, 285.
  78. CATIC 1421. Faustino nombra explícitamente el sacramento de la Unción como Extremaunción (PE 170, 171). Hace referencia a las situaciones de enfermedad y al auxilio de los sacramentos y a la compañía y oración de los hermanos en ese momento (RF XXXIX, 32; CF XIV-XVI, 91; XIII, 181; Ep 691; HPF 23, 44-46).
  79. Ep 141: Ábreme que te veo enferma, y tanto más grave cuanto menos lo conoces, y vengo a curarte que para eso te he traído a este hospital de tu alma; porque no quiero que mueras sino que vivas para amarme. Soy el único que puedo curarte con sólo una palabra, con un acto sólo de mi voluntad y a eso vengo. Ábreme que soy tu Padre y quiero curarte; pero es preciso que tú quieras ser curada, que tú quieras vivir en mi santo amor, que recurras a mí y me pidas una voluntad sincera, un deseo ardiente de que te cure esa ceguera que te impide ver el mejor modo de servirme; esa sordera que no te deja oír mi voz y ser dócil a mi gracia esa mudez que te estorba para cantar mis alabanzas y proferir el sí de nuestra alianza eterna; esa lepra de tantos defectos que tanto te afea a mis ojos y te priva de infinitos bienes. ¿Salud quieres? Salud tendrás y eterna, pero déjame entrar en tu corazón, para que tú puedas entrar y vivir eternamente
  80. HPF 64, 70, 73, 79; PE 99-100, 154; 171-172.
  81. PE 23, 74, 76; MSC 148; HPF 29-30 (cf. Mt 16, 19).
  82. MSC 141-142.
  83. MSC 141, 142, 275; PE 75; Ep 452.
  84. Ep 55, 87, 120; HPF 76.
  85. HPF 104; PE 75 (Con sólo el bautismo pudiéramos ir al cielo sin pecar; pero pecando, sólo por la penitencia. Como no podemos vivir sin respirar, así ni salvarnos, sin hablar en la confesión después de pecar... al menos en propósito).
  86. PE 74.
  87. PE 75, 160.
  88. PE 134.
  89. HPF 73.
  90. HPF 137; cf. PE 35 (Que esperas convertirte entonces mediante la Misericordia?), 88, 163 (cf. Lc 13, 5).
  91. Ep 55, 83, 134, 495 etc.
  92. PE 134; cf. CF III, 84; IX-X, 86; XVI, 87; XV, 91; IX, 86; XVII, 102; MSC 82.
  93. Ep 78; cf. Ep 82, 99, 189, 194 etc.
  94. CF pp. 61-76.
  95. HPF 104-106; cf. Ep 200, 220, 555.
  96. PE 98; cf. Ep 97; Ep 67, 107, 138.
  97. PE 74.
  98. HPF 21.
  99. DS 1676.
  100. MSC 82; cf. MSC 72; Ep 59 (¡Que Dios te ilumine y toque en el corazón con su gracia y una verdadera contrición!), 760 (Dios Nunca desprecia al pecador contrito y humillado; cf. Sal 51, 19); PE 74, 84, 87, 182; HPF 35 (atrición es una contrición imperfecta, pues brota del temor de la condenación); 105 (la compunción de que habla es un grado más profundo de dolor, es una pena sentida por el pecado).
  101. PE 74, 86, 84, 87, 182.
  102. PE 81, 87.
  103. PE 74, 81-86; CF IV, 89; VIII, 229; Ep 87, 452, 759.
  104. Faustino expresa la diversidad de pecados y su gravedad: mortal (CF I, 61; PE 66, 81; HPF 21-22, etc.) y venial o leve (CF I, 61; II, 88; Ep 759, etc.).
  105. PE 74; 171 (Llama a su confesor.- Purifica de nuevo su conciencia y al oír el: Yo te absuelvo, quisiera que todos los hombres, viniesen a lavarse también en la sangre del Cordero).
  106. Sentencias para no excusarse de los pecados sino reconocerlos humildemente: Nunca permitas a su corazón se excuse de su pecado/ Enojarás a Dios, si no echares a sola tu voluntad la culpa de tu pecado/ El pecador no tiene disculpa, porque nadie puede pecar contra su voluntad/ El que se excusa de sus faltas, a sí mismo se condena/ Por la humilde acusación se llega al perdón, y por la disculpa presuntuosa a la condenación/Confesaré al Señor mi injusticia contra mí y tú perdonaste mi pecado/Dios descubrirá lo que tú encubras y cubrirá lo que tú descubras; perdonará lo que tú conozcas y castigará lo que tú defiendas/La humilde confesión de las faltas extirpa los vicios de un corazón contrito/ El que defiende su pecado, se hace indigno del perdón cuyo conducto ciega/No se hubiera salvado Dimas, si hubiese excusado sus faltas/ Ni fuera justificado el publicano, si disculpara sus delitos/ Ahorra trabajo al médico el enfermo que dice lo que siente (HPF 181).
  107. DS 1712.
  108. PE 74, 66, 87.
  109. Ep 55, 120; PE 87; HPF 21.
  110. CF II, 88; Ep 759.
  111. PE 61-62.
  112. MSC 41: Mas ya vuelvo; ya veo cómo celebran los ángeles mi vuelta al redil de mi Pastor; ya noto que festejan ahora mí regreso, como lloraron antes mis infidelidades (cf. Lc 15, 5-7).
  113. La alegría como efecto del sacramento de la reconciliación es un tema tratado por Faustino con mucha profundidad. MSC 98-99 (Dejad que este ímpetu saludable me restituya la alegría que perdí; cf. Sal 50, 14); Ep 452. (Y, ¿a qué viene esa tristeza? ¡Si vieras lo que con eso me incomodas! ¡Mira que eso no es de Dios! La paz y la alegría nacen de la buena conciencia. ¿La tienes tranquila? Sí, pues fuera penas y tentaciones. ¿No? Al tribunal de la penitencia. Todo lo demás o sobra de soberbia o engañifa del diablo); cf. supra nota 42.
  114. PE 76-77; cf. MSC 61-62 (cf. Lc 15, 22).
  115. PE 109, 165, 183; HPF 45.