FeMaestro/INTRODUCCIÓN

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FeMaestro/INTRODUCCIÓN
Índice

PRIMERA PARTE: DIOS, PADRE CREADOR
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INTRODUCCIÓN

El objetivo de este trabajo es hacer una síntesis teológica basada en los escritos de Faustino Míguez, Sacerdote Escolapio y Fundador del Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, al cual pertenezco.

1. Una vida de fe

“La fe de un Maestro”, con este título intentamos acercarnos a una dimensión fundamental de la vida de Faustino la cual es el soporte de su vocación educadora junto a las Letras o ciencia, tal como se recoge en el lema calasancio: “Piedad y Letras”, traducidos por él mismo como ciencia y fe, una fe ilustrada[Notas 1].

La religiosidad de Faustino, como indican sus biógrafos, se fraguó en su familia, muy piadosa y trabajadora. En su hogar se vivía el cristianismo con verdadera reciedumbre e intensidad. Esta fe elemental fue después ilustrada por los estudios filosóficos y teológicos[Notas 2].

Faustino nació en Xamirás, aldea pequeña del municipio de Celanova, provincia de Orense, en el año 1831, en primavera, el 24 de Marzo, cuando el valle que le rodeaba se hallaba en pleno verdor. Le pusieron de nombre Manuel. Es bautizado al día siguiente y un año después, en octubre de 1832, recibe el sacramento de la Confirmación. Contaba la familia Míguez, Benito y María, con tres hijos más, Antonio, José y Carmen. Sus primeros estudios, los realiza Manuel en la escuela municipal de Xamirás.

Expresión de su fe profunda es su vocación sacerdotal, al igual que sus otros dos hermanos. Pero alguno de ellos se tenía que quedar al cargo del patrimonio familiar. Lo echaron a suertes y ésta recae sobre José. A los 16 años Manuel parte a reunirse con su hermano Antonio a la Preceptoría del Santuario de los Milagros, centro religioso de la diócesis de Orense, donde inicia los estudios de Latín y Humanidades. Durante tres años, de 1847 a 1850, permaneció en este centro. Su vida espiritual continuó creciendo en este lugar donde se cuidaba con esmero. Destacamos aquí la dimensión mariana, que terminó de afianzarse en su interior en estos tres años intensos.

Este santuario es importante en su vida porque aquí tomó la decisión de ser escolapio y él mismo afirma la intervención de María en su vocación religiosa: que no me ha traído, Rmo. P., la Santísima Virgen a un teatro de criminales impunes ni para alternar con ellos, sino para trabajar en su grey predilecta y salvar mi alma, que quiero salvar a toda costa[Notas 3].

Tras la oposición de sus padres[Notas 4] marcha a Madrid a iniciar el noviciado en el Colegio de San Fernando y el 5 de diciembre de 1850 viste el hábito escolapio. En este momento se cambia el nombre de Manuel por “Faustino de la Encarnación”, con todo lo que esto significaría para él. La profesión solemne la hizo el 16 de enero de 1853 en el mismo colegio.

Realizó con gran brillantez los estudios científicos, filosóficos y teológicos de la carrera escolapia. Desde el principio destaca su piedad, su solidaridad con los demás y su gran amor al estudio. Una vez que profesó se quedó dando clases en el mismo colegio, durante el curso 1855-1856. Fue ordenado sacerdote el 8 de marzo de 1856, celebrando su primera misa el 19 de marzo.

En 1857 es destinado a la primera fundación escolapia en Cuba, que se realizó por mediación del P. Antonio Mª Claret. Era el más joven de los catorce que iban. Dio clases en la Escuela Normal de Guanabacoa para la formación de maestros. Fue encargado de las asignaturas de agricultura, física y química e historia natural. Fruto de su “ánimo y entusiasmo”, como lo definió un hermano de comunidad de aquel tiempo, fue el inicio del Museo de Hª Natural y de los gabinetes de física y química, que más tarde cobraron gran fama[Notas 5]. Cuba dejó huella en él y le aportó una nueva visión. La llamó su atalaya[Notas 6]. Por el esfuerzo empleado y la dedicación a la enseñanza enfermó del hígado y de la vista. Sus superiores decidieron su regreso a España. Salió de la isla el 12 de febrero de 1860 y el 5 de marzo ya hay noticias de su convalecencia en la comunidad de San Fernando de Madrid.

Es incardinado en este colegio. Su estancia fue breve pero diríamos que azarosa. En San Fernando resuena con fuerza su lema y su grito, ser como se debe o no ser. Este emblema lo conducirá por caminos de autenticidad y radicalidad en su vida religiosa pero también le acarreará muchos problemas, disgustos e inclusos, como él señalará “agravios” y le darán la fama de hombre “discutido”, “osado”, y “atrevido”, persona “nada fácil”[Notas 7]. En esta etapa destaca en él la dedicación a la escuela y su fidelidad a la propia conciencia que le obliga, según sus palabras, a defender sus derechos, a denunciar las injusticias o ilegalidades, y a luchar por una vida religiosa que fuera seriamente camino de santidad: he hablado para dar oídos a la voz de mi conciencia, única que contra mi carácter me obliga a hablar[Notas 8]. De este modo recurrirá al Arzobispo de Toledo por el problema de las licencias para confesar, se enfrentará al Rector de la comunidad por la cuestión de las misas cantadas y jubilación de los religiosos.

En septiembre de 1861 fue destinado a Getafe, como director de internos. Cargo de mucho renombre en la Escuela Pía. Enseñó diversas asignaturas de bachillerato. Con gran sentido de responsabilidad y totalmente identificado y “animado” con el espíritu calasancio, escribirá una carta al Nuncio de S.S. donde expresará su preocupación por la situación difícil que atraviesa la Escuela Pía y defenderá las Constituciones mediante el ordenamiento legal de la misma[Notas 9]. A su fama de hombre sabio y santo se debe el ofrecimiento de una Mitra. Pero él rechazo los cargos honoríficos, como confirma el Párroco Ruiz de la Hermosa, por considerarse que “no tenía suficientes méritos para su desempeño” y por amor a su vocación escolapia[Notas 10]. Durante su estancia en Getafe realiza su Voto de Ánima, del que hablaremos en su momento.

Debido también a su buena fama como profesor y director de internos, le enviaron, en agosto de 1868, a la nueva fundación de Celanova, la que acreditó con su docencia y actividad apostólica. Señala la tradición que el P. Faustino contaba con una habilidad especial para atraer al buen camino a los extraviados y preparara a los moribundos a morir. Así lo consigna su necrología[Notas 11]. En esta localidad pronunció algunos de sus sermones más conocidos[Notas 12]. Lucha por la independencia del Centro. Vuelve a dar prestigio al Colegio donde él está, así lo revela el “éxito rotundo” obtenido en los exámenes de los alumnos y las palabras del Rector de la Universidad de Santiago: “colegios tan prestigiosos como aquel debían vivir independientes de todas las trabas oficiales”[Notas 13].

Tal vez a causa de la denuncia que hizo de sus superiores fue destinado, el 3 de Septiembre de 1869, al colegio de Sanlúcar de Barrameda. Le encargan las clases de Física y Química, Historia Natural, Fisiología e higiene. Son las asignaturas que había impartido en los anteriores destinos. Fue director de internos, bibliotecario y procurador, cargo al que renuncia al año. Lleva tres años en Sanlúcar y la popularidad, como hombre de ciencia y como profesor excelente, cundió por la ciudad. Le propusieron su nombre al Municipio para que se encargara del análisis de las aguas medicinales de Sanlúcar, que otros habían intentado sin éxito. Se acrecentó su dedicación al confesionario y a la dirección espiritual, así como también a la medicina. Por las revueltas Cantonales tiene que salir de allí, fue apresado y por poco no lo fusilan. Tuvo que embarcar de Sanlúcar para Sevilla a altas hora de la noche después de librarse de los revolucionarios.

Un nuevo destino. El Escorial, nueva fundación confiada a la Escuela Pía en 1873. El trabajo, como de costumbre, es abundante. Da clases de Física y Química, Historia Natural, Francés. También se ocupa de algunas funciones de la capellanía del monasterio, y sobre todo, le nombran encargado de esa famosa biblioteca. Un hecho que destacamos es su petición de traslado a Argentina. Éste hay que enmarcarlo, por una parte, en la situación de relajación que vivía la Orden y del mal momento en que atraviesa la vida religiosa en España y, por otra, en el profundo deseo de perfección que iba creciendo por día en el alma de Faustino. De momento no se lo conceden, sino que lo envían a Monforte, en la provincia de Lugo.

Destinado a Monforte como rector del colegio, toma posesión el 26 de agosto de 1875. Tuvo muchos problemas con el ayuntamiento. “Queda patente, en todos los trámites, la prudencia, la constancia y habilidad del P. Faustino, al par que su entereza por el bien de la Orden, cuyos intereses supo defender y asegurar por muchos años”[Notas 14]. Nuevamente Faustino pone las “bases” del nuevo colegio escolapio. Como en otras ocasiones había sido enviado allí para eso, para poner en marcha la obra comenzada con todo prestigio. Cuenta la tradición que comenzó en Monforte las curaciones, algunas inexplicables. En su apostolado sacerdotal dirigió la Cofradía de la Vera Cruz. Como el gobierno no era lo suyo, presentó repetidas veces su renuncia al cargo de rector. Por fin se le admitió la renuncia y se le concedió el permiso para pasar a las Escuelas Pías de América, que en Buenos Aires se iniciaban con implantación de la primitiva regla. Sin embargo, él estaba destinado en los designios de la Providencia para ir otra vez a Sanlúcar, y así fue. Se desconocen las causas por las que no fue a América.

Y estamos en Sanlúcar, 1879. Los cargos que quisieron darle en esta época son muestra del gran crédito y aceptación que tenía el P. Faustino: confesor de los religiosos de la propia casa y del colegio (1.880); rector del colegio de Archidona (1882); se pensaba en él para maestro de novicios (1882). Reemprendió la labor docente y su acción pastoral en el confesonario y dirección espiritual.

El P. Faustino se va a encontrar con unos acontecimientos, unas circunstancias, unas personas a través de las cuales Dios va a mostrarle su voluntad de crear una nueva familia religiosa en la Iglesia para responder a las necesidades de la mujer de aquel tiempo. La inspiración de fundar se manifiesta, pues, a través de distintas mediaciones: escuela de amigas que frecuentaba, curación del Decano de la Universidad de Medicina de Sevilla, desahuciado de los médicos, visita pastoral del Cardenal Arzobispo de Sevilla Fray Ceferino González... La fundación de la asociación Hijas de la Divina Pastora, tuvo lugar el 2 de enero de 1885. La emprendió, como él explica: instado en 1885 por el Emmo. Cardenal González a que me encargase de redactar las bases de la Congregación de Hijas de la Divina Pastora y a que aceptase el cargo de Director de la misma, accedí a lo primero por reducirse a un trabajo personal y opuse a lo 2º que no me lo permitían mis ocupaciones ni podía aceptarlo sin permiso de mis superiores. Contestome que lo pidiera y así lo hice al Rdmo. P. Martra, quien me remitió al P. Provincial que, bien a pesar mío, me lo concedió con tal de no faltar a mis ocupaciones[Notas 15].

A la par de la fundación inicia sus actividades terapéuticas, llevado por su amor a la humanidad doliente y para financiar la nueva institución. Y llegan las dificultades. Sus hermanos no ven “lógico” que un escolapio trabaje fuere del colegio y los médicos de Sanlúcar no soportan su éxito con los enfermos. Es destinado a Getafe, dejando la institución, recién fundada, en manos de Dios.

Desde esta fecha, 1888, permanecerá en Getafe hasta el fin de sus días. La mayor parte de su epistolario lo escribió desde dicha ciudad. Durante estos años tuvo que sufrir mucho, no sólo por las campañas difamatorias que contra él y su actividad curativa emprendieron en los periódicos, sino también a causa de la asociación que dirigía: renuncia al cargo de Director, dificultades con algunas religiosas por su mal comportamiento, deposición de otras y un sin fin de problemas que lo purificaron como el oro en el crisol. Al final de su larga existencia, su cuerpo estaba agarrotado. El 8 de marzo de 1925, acompañado de María, su amantísima Madre -estaba con el rosario en las manos cuando murió-, se fue gozoso al cielo.

A lo largo de su extensa vida su fe fue la apertura a ese Misterio de amor[Notas 16] y la respuesta a Dios como auténtico creyente[Notas 17]. Esta respuesta al Dios Amor que le llama y le busca se fue convirtiendo progresivamente en obediencia a la voluntad de Dios concretizada en su fidelidad como religioso y en la aceptación de llevar a cabo la fundación de una nueva familia religiosa en la Iglesia: ¡Cúmplase la voluntad de Dios que tantas cosas permite o dispone![Notas 18]. Podemos decir que su fe fue una fe probada en los distintos acontecimientos difíciles por los que atravesó.

Por lo tanto, la expresión de su fe que aquí trataremos de recoger, no es algo meramente intelectual, como adhesión a un sistema de verdades, sino que se trata de una fe viva, adhesión a Alguien real y vivo, que le llevó a comprometerse de por vida, ya que una fe sin obras, Faustino la entiende como una fe muerta. Por el contrario, la fe con las buenas obras hace feliz la vida del hombre...[Notas 19] La fe fue su guía y antorcha[Notas 20]. El aspecto objetivo de su fe, que coincide ortodoxamente con la fe de la Iglesia, es consecuencia de su aspecto “personal”. ¿No es esta autenticidad de vida y de fe lo que hace que la Iglesia proclame santo a una persona? Faustino pudo decir como San Pablo: He acabado la carrera, he conservado la fe[Notas 21].

Veremos cómo todas las cuestiones que el P. Faustino trata ha procurado fundamentarlas bien, realizando incluso en ocasiones una labor de verdadero apicultor: tengo que andar como la abeja, libando las Sagradas Escrituras y Stos. PP., para entresacar la quinta esencia de las flores que más hagan a mi propósito y común aprovechamiento. La razón de esta fundamentación de la fe nos la da él mismo: apoyarlas siempre en las palabras de las Escrituras y en la doctrina de los Stos. y Padres de la Iglesia, que dan mayor autoridad[Notas 22].

Al entrar en contacto con los escritos de Faustino enseguida comprobamos la distancia que existe con la teología actual. Son muchos los años transcurridos y la teología ha ido evolucionado.

2. Estructura del trabajo

Faustino distingue en la doctrina cristiana cuatro partes: la fe que se profesa en el Credo, la fe que se celebra en los sacramentos, la fe que se vive en los mandamientos y la fe que se expresa en la oración:

¿Cómo sabréis creer? Sabiendo bien el Credo y los Artículos.
Y obras? Entendiendo bien los Mandamientos y los Sacramentos
Y cómo os levantaríais sí no supiereis los Sacramentos?
La Samaritana decía a Jesús que el pozo era profundo; así vosotros...
Y como esperar y pedir? Si entendéis bien el Padrenuestro[Notas 23]

Vamos a dividir el estudio en tres partes, apoyándonos en una frase de Faustino que recoge la división del Símbolo de la fe: primero habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación:

En el nombre del Padre que te crio
y del Hijo que te redimió
y del Espíritu Santo que te santificó[Notas 24].

En este breve resumen, Faustino no expresa verdades abstractas, como ya dijimos, sino su experiencia del misterio central de la fe y de la vida cristiana: el misterio de Dios revelado en la creación, manifestado en la salvación histórica de Jesucristo y comunicado por el Espíritu Santo en la Iglesia. Todas las demás verdades y reflexiones teológicas hacen referencia al credo y están fundamentadas en el mismo.

En el trabajo abundan las citas de los escritos de Faustino. La razón no es sólo porque él suele ofrecer muchos matices de las realidades que trata, sino también para que pueda servir como base de datos para otras posibles utilidades. La intención, en la elaboración de los diferentes temas, es que aparezca al máximo el pensamiento de Faustino, más que la interpretación del mismo, de ahí el dar preferencia a sus palabras textuales.

Notas

  1. HPF 54, 55.
  2. Cf. A. DEL ÁLAMO: Biografía del Siervo de Dios, Madrid 1975, p. 18; S. LÓPEZ: Faustino Míguez, Salamanca 1988, p. 20.
  3. S. LÓPEZ: o.c., p. 79; cf. Ep 226.
  4. Ep 399.
  5. J. FLORENSA: Labor educadora y evangelizadora de los Escolapios en Cuba: ANALECTA CALASANCTIANA, 79 (1998), pp. 208-211.
  6. PSV 59.
  7. PSV 46, 201, 223; S. LÓPEZ: o.c., p. 61.
  8. S. LÓPEZ: o.c., p. 36.
  9. Ibid., pp. 44, 45.
  10. Summ. p. 105, par. 165.
  11. PSV 49.
  12. La inauguración del colegio (HPF 47); “Nuestra Señora de la Encarnación” (HPF 55); “Del descendimiento” (HPF 62); “De desagravios” (HPF 74); “Natividad de nuestra Señora” (HPF 107).
  13. PSV 50.
  14. PSV 92.
  15. PSV 476.
  16. HPF 53.
  17. Él tiene muy claro que la fe, además de acto humano, es gracia: la fe es un don, no menos en su origen que en su misma conservación (HPF 79).
  18. Ep 382.
  19. PE 49.
  20. Ep 739; HPF 93.
  21. PE 171 (cf. 2 Tim 4, 7).
  22. Ep 35; BF 53.
  23. PE 19.
  24. PE 172; CATIC 190.