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IV. MISTERIOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
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FeMaestro/V. PASÓ HACIENDO BIEN: MISTERIOS DE LA VIDA PÚBLICA
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VI. DIO SU VIDA POR NOSOTROS: MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE
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V. PASÓ HACIENDO BIEN: MISTERIOS DE LA VIDA PÚBLICA

Faustino resume los tres años de la vida pública de Jesús a través de dos textos de los evangelistas Mateo y Lucas[Notas 1]. Jesús es el buen pastor que recorre las aldeas y las ciudades de Judea y Galilea buscando a los pecadores[Notas 2]; Jesús es el gran Bienhechor que pasó haciendo bien a través de su actividad de ayuda y curación:

¿No has oído al Evangelista, que te dice de mí: Pasó por este mundo haciendo bien y dando la salud a los enfermos?»[Notas 3].

Los Evangelios no dan datos precisos sobre la duración de esta etapa. Pero la investigación moderna, coordinando las referencias de los cuatro evangelios y su relación con los hechos históricos se inclina por una duración de tres años y tres meses.

1. Anticipación de su bautismo de sangre

Con el bautismo se inaugura el ministerio público de Jesús; al mismo tiempo representa la primera consagración del agua que debía servir para nuestro propio bautismo[Notas 4]. Los evangelistas, con los relatos del bautismo y de las tentaciones de Jesús, parecen querer situar el comienzo de su ministerio público una vez que Juan Bautista había preparado al pueblo para recibir la manifestación del Mesías prometido.

Faustino menciona la figura de Juan Bautista, el Precursor, habla de sus padres, de su vida, del elogio que Jesús hizo de él y de la cruel muerte que tuvo pero no explica el significado de este gesto de Jesús donde se manifiesta como Mesías de Israel e Hijo de Dios[Notas 5]. Sí especifica las palabras del Padre en respuesta a la aceptación de la misión de su hijo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias[Notas 6]; así como su bautismo de sangre para la remisión de nuestros pecados[Notas 7].

2. Tentado en el desierto

Según el Evangelio de Marcos, Jesús, después de su bautismo por Juan, partió inmediatamente al desierto (Mc 1, 12). Los tres Sinópticos reportan lo sucedido allí.

Faustino destaca determinados aspectos. Dónde fue tentado: en el desierto[Notas 8]; desierto como lugar de prueba pero también de encuentro con Dios[Notas 9]. Efectivamente Faustino indica cómo Dios permitió que su Hijo fuese tentado, probado por el seductor de los hombres pretendiendo derrocar su virtud y echar por tierra la piedra angular sobre la que estriba el edificio todo de la Religión[Notas 10].

Jesús va al desierto a practicar un riguroso retiro de oración y ayuno, dos prácticas tradicionales de piedad: quiso sufrir en la soledad del desierto el hambre y demás privaciones[Notas 11]. Esta actitud suya luego la propondrá a todos aquellos que quieran seguirle: Antes que Jesucristo predicara penitencia, ayunó cuarenta días en el desierto[Notas 12]. Por el carácter salvífico de este acontecimiento, la Iglesia, durante la cuaresma se une a este misterio de Jesús en el desierto: Démonos prisa... Ecce tempus aceptabile..... Abandonémonos, vamos al desierto con el Salvador...[Notas 13]

Faustino hace mención de las tres tentaciones que sufrió Jesús en el desierto y que le acompañarán a lo largo de su vida pública y las aplica a la vida cristiana pues su desarrollo se describe como un proceso de superación de la tentación[Notas 14]. Como alguno de los Santos Padres: “Si el Señor permitió que le visitase el tentador, lo hizo para que nosotros tuviésemos, además de la fuerza de su ayuda, la enseñanza de su ejemplo”. El modo en que Satanás se dirige a Cristo para tentarle representa tanto los modos equivocados con que Cristo habría podido buscar la salvación de los hombres como las falsas fuentes de salvación que los hombres mismos van buscando en el curso de su vida[Notas 15].

3. Establecer en la tierra el reino de la felicidad

Establecer el reino de Dios entre los hombres es la misión del Hijo de Dios y a la vez la realización del misterio de Cristo[Notas 16]. La obra de Jesús es llamada por él mismo “Reino de Dios”, este va a ser su proyecto y su nombre definitivo. En el comienzo del evangelio el Señor proclamará: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca” (Mc 1, 15):

El cumplimiento de esta misión tropezará con obstáculos, lo expondrá a terribles ataques que acaso lo conmuevan, más nunca podrán derribarlo, las fuerzas todas del infierno y del mundo reunidas no prevalecerán contra él[Notas 17].

Veamos cómo Jesús realiza la misión encomendada por el Padre. Faustino armoniza esas dos dimensiones en la misión de Cristo, su actuación y su enseñanza: Obró como enseña[Notas 18], según distingue el evangelista Lucas (“Jesús hizo y enseñó”: Hch 1, 1).

3.1. Proclamación del reino

Estáis persuadidos de que Jesucristo es la verdad... y todo lo esperáis de Jesucristo, que proclamó el orden y la justicia, la religión y la paternidad en bien de la sociedad entera[Notas 19].
La palabra de Jesucristo ha fundado en este mundo un poder que no es de este mundo, superior a todas las potestades terrenas, como emanado inmediatamente de Dios, de él solo depende y de él recibirá la misión de enseñar a todas las naciones, de regir a todos los pueblos, en una palabra de realizar el reino de Dios en la tierra[Notas 20].

Señalan los especialistas que es indiscutible que el centro de la predicación de Jesús lo constituye el reinado de Dios. Jesús habló incesantemente de él y lo explicó a través de parábolas. El reinado de Dios puede entenderse literalmente como el centro de la actividad de Jesús. Porque todo lo demás se ordena en torno a ese punto central. Y no sólo su mensaje sino su actividad. Al poner en el centro de su predicación el reinado de Dios, puso finalmente en claro que Dios, para él, es el centro[Notas 21].

Faustino utiliza indistintamente dos expresiones: reino de Dios[Notas 22] y reino de los cielos[Notas 23], como lo llama el evangelista Mateo. Ambas expresiones significan lo mismo, ya que los judíos nunca pronuncian el nombre de Dios y utilizan sustitutivos. Cuando Faustino habla del reino tiene claro que el Reino de Dios es Dios mismo; la centralidad de Dios es una constante en sus escritos; aconseja vivir en, por, con y para Dios pues le pertenecemos en todo, del todo y para todo[Notas 24].

Más concretamente ¿qué es el reino de Dios? Un texto de Juan Pablo II recoge perfectamente la idea que Faustino expresa sobre Dios y su reino: “Dios rico en misericordia es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer... Cristo es la revelación y la encarnación de la misericordia del Padre. La salvación consiste en creer y acoger el misterio del padre y de su amor, que se manifiesta y se da en Jesús, mediante el Espíritu. Así se cumple el reino de Dios”[Notas 25].

Así podemos llamar a Jesús: Dios de amor y de caridad por esencia[Notas 26]: “el mensaje acerca del amor de Dios que transforma el ser, no podrá supremamente entenderse, hacerse eficaz y convencer sino en el contexto de la vida de Jesús, donde él realizó ese amor” y proclamó “el nuevo orden de la bondad”[Notas 27]. Este es el mensaje de Jesús sobre el reino, el amor universal de Dios a los hombres manifestado en su vida práctica, el cual constituye para nosotros una invitación a creer y esperar en esa salvación[Notas 28]. Así pues, el reino de Dios acontece, cuando dejamos que ese amor nos toque, que adquiera forma en nuestra vida. La mayor urgencia es la apertura a Dios. La conversión que Jesús pide es la conversión al amor como norma de la vida nueva, como fundamento del hombre nuevo.

Este es el anuncio del reinado de Dios, la gran noticia que trae Jesús: “proclama la intervención transformadora de Dios en la historia, su salvación liberadora. Lo que Jesús señala, en este momento, es la inminencia de la acción de Dios, más que un lugar o unos hombres sobre los que Dios se propone reinar”[Notas 29]. El reino es pues “Dios mismo desde un punto de vista concreto; el de su actuación en este mundo”[Notas 30]. Es una actuación que ha comenzado aquí y ahora; es una realidad puesta en marcha ya.


Faustino al hablar del reino como la formación de una “familia” está incluyendo la dimensión comunitaria del reino; la tarea a la que llama el reino es la tarea de la fraternidad; el reino anuncia unas relaciones de fraternidad. “La traducción de «reinado, realeza de Dios» denota que el dominio de Dios es un estado y que se encuentra allí donde Dios llama y donde la fe y el amor responde a la llamada. De este modo se forma la comunidad y, en tal sentido, se puede hablar de un territorio o reinado de Dios. Jesús anuncia, en efecto, que Dios va a intervenir en la historia de una manera nueva”[Notas 31]. Por eso Faustino deja claro que el reino de Dios no es el reino de los hombres; además este reino no quedará establecido de forma plena y definitiva sino en el futuro de Dios:

El Reino de Jesucristo nada tiene de común con los imperios del mundo; carece de ese aparato exterior que les da la ostentación y el brillo y no está sujeto a las vicisitudes que ellos experimentan: su dominio se extiende a todos los pueblos y para sostenerlo no emplea el tumulto de las armas; su duración alcanza más allá del dominio de los tiempos, y a pesar de todas las tempestades, que el infierno levanta en contra suya, siempre triunfante de sus enemigos, llena fielmente su destino sobre la tierra. Los medios únicos de que se vale consisten en la persuasión y el convencimiento[Notas 32].

Señala este texto cómo con la venida del reino queda vencido el reino de las potestades y dominaciones enemigas de Dios que esclavizan a los hombres, y aparece definitivamente el reino de la vida, de la libertad, de la paz y del amor[Notas 33].

Hay un aspecto que creo resalta poco, sobre todo en la primera parte de su vida, y tal vez por reflejo de la mentalidad de la época, y que, sin embargo, es fundamental en el mensaje de Jesús: que el reino no es obra y fruto del esfuerzo del hombre, sino obra y don de Dios exclusivamente. El Reino de Dios es “el gran regalo del amor de Dios que se nos ofrece para enriquecer nuestra existencia y conducir al hombre a su destino definitivo”[Notas 34]. Pero esto no quiere decir que el hombre esté anulado: “precisamente porque Dios nos ofrece la posibilidad nueva y definitiva de nuestra existencia como un don, por eso, el reino se traduce de manera inmediata en acogida, exigencia, respuesta, conversión personal y colectiva”[Notas 35].

Sin embargo, aunque el reino es don y el valor esencial que hay que adquirir a costa de todo lo que se posee (Mt 13, 44ss), para recibirlo hay que llenar ciertas condiciones o disposiciones. Si bien todo es gracia, los hombres deben responder a la gracia. Es preciso tener un alma de pobre (Mt 5, 3)[Notas 36], una actitud de niño (Mt 18, 1-4; 19, 14)[Notas 37], una búsqueda preferencial y activa del Reino de Dios y su justicia y todo lo demás... os lo dará por añadidura[Notas 38]. Es preciso ser animosos y esforzados pues el reino de los cielos exige violencia y sólo lo consiguen los que se la hacen[Notas 39] y sacrificar todo lo que se posee[Notas 40]. El que viva todo esto y lo enseñe á otros, le asegura el mismo Jesucristo que será llamado grande en el reino de los cielos[Notas 41].

Jesús proclamó el reino de Dios, y desveló sus misterios a través de las parábolas[Notas 42]. “El hijo de Galilea revestía sus pensamientos del ropaje de su patria e iba conduciendo con mano segura a sus fieles, haciéndoles pasar de lo conocido a lo desconocido, del mundo de los sentidos al reino de los cielos”[Notas 43]. Faustino menciona alguna de estas parábolas de Jesús. El que es tan amigo de utilizar imágenes y las usa frecuentemente en sus escritos se sentiría atraído por la expresividad y fuerza plástica de estas historias breves de Jesús.

Algunas de estas parábolas son utilizadas por Faustino para exhortar a los valores del reino: la parábola de la cizaña[Notas 44], la lámpara bajo el celemín[Notas 45], los talentos[Notas 46], el cálculo de gastos[Notas 47], la higuera estéril[Notas 48], el sembrador[Notas 49], la oveja perdida[Notas 50], el hijo pródigo[Notas 51], el siervo cruel[Notas 52], el rico Epulón[Notas 53], el gran banquete[Notas 54], los invitados a la boda[Notas 55], los viñadores asesinos[Notas 56], el buen samaritano[Notas 57], el tesoro escondido[Notas 58], el fariseo y el publicano[Notas 59], la gran cena[Notas 60], las vírgenes prudentes y necias[Notas 61], la higuera seca[Notas 62], los puestos de honor en el banquete[Notas 63], el grano de mostaza[Notas 64]. Resalto por su belleza y profundidad las parábolas de la misericordia donde Faustino refleja a un Jesús revelando la inconcebible misericordia de Dios para con el pecador y la originalidad al poner en relación la parábola del hijo del pródigo con la eucaristía:

Cierto que favorecido y mimado fué David, y se hizo pecador in solario domus regiae; mimado fué el hijo pródigo, y disipó la herencia viviendo lujurioso. Pero así como David se corrigió y lloró sus pecados, y el hijo pródigo volvió confuso á los pies de su padre, para no alejarse más de él ... Ya que conocéis mi flaqueza y me habéis dado tantas pruebas de vuestro amor, ayudadme de modo que pueda llorar mis pecados, como David, y perseverar en el bien. Acogedme como su padre al hijo pródigo arrepentido, y encerradme en vuestro Corazón para que me inflame en la ardentísima llama de vuestro amor. Y si el hijo pródigo fué admitido á un opíparo banquete, admitidme también, Señor, en prueba de lo mucho que me amáis, al banquete de vuestro Amor[Notas 65].

3.2. La conducta de Jesús

El alcance de las palabras de una persona se demuestra sobre todo en sus actuaciones. En ellas las palabras aparecen como falsas o verdaderas, y, en caso de probarse verdaderas, en las actuaciones se alumbra su profundo sentido. De ahí que señalen los especialistas que lo sorprendentemente nuevo en el mensaje de Jesús se muestra ante todo en su conducta. Jesús anunció el reino de Dios con sus palabras y con su manera de actuar. Sus cercanía a los pobres y pecadores, los milagros que hizo en favor de los enfermos y abandonados, su estilo de vida -viva encarnación de los valores del reino- fueron señal luminosa, confirmación elocuente de la verdad y realidad del mensaje que predicó[Notas 66].

Jesús recorría todo el país proclamando “la buena nueva de Dios” (Mc 1,14) a todos los hombres sin excepción, pues él no hace diferencia de personas, a todos busca, a todos ama, sin mira ninguna humana[Notas 67], para llevarles la prueba del amor de Dios. Para subrayar este aspecto Jesús se acerca sobre todo a aquellos que estaban al margen de la sociedad, dándoles su preferencia[Notas 68]:

Dime, hija, ¿por qué quiso Jesús asistir á las bodas de Caná y convertir el agua en vino? ¿Por qué se apiadaba de los enfermos, de los paralíticos y de los leprosos? ¿Quién le movía á dar oído á los sordos, vista á los ciegos y lengua á los mudos? ¿Quién le obligaba á consolar á los obsesos, librándolos del poder de los demonios? ¡Ah!, hija mía, el Corazón de Jesús es un Corazón tan tierno, que al punto se conmueve en viendo cualquier miseria. Por eso multiplicaba, solícito, los alimentos y saciaba á los hambrientos; miraba á la desgracia y á la aflicción e infundía una santa dulzura en los corazones tristes. Jamás olvides, hija, que Jesús tuvo la altísima misión de manifestar al mundo los excesos de la infinita caridad de un Dios, y la desempeñó perfectamente, amando, socorriendo y dando, por fin, su vida por los hombres[Notas 69].

Este texto de Faustino en el que resume la actuación de Jesús, expresa bellamente cómo los primeros destinatarios del Reino son los pobres. Esta cercanía de Jesús a los hombres más oprimidos y marginados de la sociedad es un rasgo esencial suyo: “La imagen global del Jesús de los evangelios, dibuja su amistad o bienquerencia hacia publicanos, prostitutas, samaritanos, leprosos (expulsados de la sociedad por la ley), viudas, niños, ignorantes («pequeños»), gentiles, enfermos en sábado, etc.”[Notas 70]

Faustino señala que este acercamiento de Jesús a este grupo de gentes es todo un estilo de ser. Un rasgo de Jesús muy resaltado por él es la pobreza. Desde su nacimiento en un pesebre hasta la desnudez de la cruz compartió la vida de los pobres: nació pobre, vivió pobre, murió desnudo y no tuvo donde reclinarse[Notas 71]. “Jesús es un hombre capaz de superar toda clase de barreras y prejuicios, acercarse a estos hombres y penetrar hasta los niveles más profundos de sus vidas donde vive el drama de la condena, el aislamiento y la imposibilidad de salvación”[Notas 72]. Esta conducta suya tiene su razón de ser en la experiencia del Dios Abba y en la misión que se le ha encomendado.

Entre las cosas más seguras de la vida de Jesús está su trato con los pecadores y cultualmente impuros (Mc 2, 16)”[Notas 73]. Jesús invita a los pecadores al Reino de Dios: “Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf. Lc 15, 11-32) y la «inmensa alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida «para remisión de los pecados» (Mt 26, 28)”[Notas 74]. Este aspecto es uno de los más subrayados por Faustino. Considera a los pecadores verdaderamente contritos el triunfo de la misericordia de Dios[Notas 75]:

¿Quién, hija mía, quién está figurado en aquel buen pastor que, habiendo perdido una de sus cien ovejas, corre solicito por selvas y por bosques y no descansa hasta que la encuentra, y en sus hombros la vuelve al redil?¡Ah! Reconoce, hija, reconoce en la imagen de este buen Pastor la inmensa solicitud con que el Corazón de Jesús va en busca de un alma sola que de su redil se aleja. Esta solicitud tan amorosa le movía de continuo á recorrer las aldeas y ciudades de Judea y Galilea para atraer á Sí á los pecadores con los suaves atractivos de su palabra divina. ¡Oh! ¡Cómo los atraía con la esperanza del eterno premio y los aterrorizaba con el temor de los suplicios eternos! ¡Cómo los animaba con la grandeza de su misericordia![Notas 76]

Exponente de este trato de Jesús con los pecadores son los distintos personajes evangélicos que Faustino recoge: entra en su casa (de Zaqueo) y lo convierte en un fiel discípulo[Notas 77]; acércase y pide de beber junto al pozo de Sicar á la pobre samaritana, pero sólo para darle el agua de la vida eterna y reducirla á buen camino[Notas 78]; usaste de misericordia con la Magdalena (le aplica a ella en varios textos el episodio de la mujer pecadora -Lc 7, 36-50)[Notas 79], defendió a la adúltera[Notas 80].

Esta relación con los pecadores es según Faustino otro rasgo de su talante de pobreza: por la humildad, en su vida pública, tuvo por íntimos y familiares unos pobres pescadores de Galilea; por la humildad acudía benigno á los tugurios de los pobres para consolarlos y socorrerlos[Notas 81].

Otro elemento de la conducta de Jesús es la comida con los pecadores. Este gesto es un matiz importante del trato de Jesús con los pecadores; no sólo se acerca a ellos sino que come con ellos... y se invita a su casa, como el caso de un jefe de ladrones (Lc 19, 5): Ve á Zaqueo, y al punto lo llama así: Zachaeae festinans descende y no contento con esto, entra en su casa[Notas 82]. Desconozco si Faustino conocía la profundidad de este compartir mesa, especialmente en Israel. Esta actitud de Jesús significaba un claro desafío al “principio sagrado de la segregación”. Los fariseos habían hecho del hecho profético del “resto de Israel” un principio sagrado de segregación; en virtud de su inteligencia de ese resto dividen a los israelitas en “puros” e “impuros”, según se someten o no a la guarda de la ley. Jesús se opone a la distinción justos-injustos, puros e impuros en nombre de su experiencia de Dios como Dios (no como Ley). El Padre no segrega a nadie de su amor y amistad. Tan corriente como es en los pueblos poner motes, Jesús se ganó otro más: “amigo de publicanos y pecadores”, “comilón y bebedor de vino” (Mt 11, 19).

Un gesto de Jesús que Faustino no menciona es el de las curaciones en sábado. Con ello Jesús quiere hacer patente que ni Dios se mete, ni a Dios se le puede meter en la ley rabínica casuística. Esa ley que se presenta como equivalente a Dios, se cierra a Dios mismo al cerrarse a la misericordia para convertirse en un absoluto.

La actitud de perdón hacia los enemigos es recogida por Faustino como practicada por Jesús y enseñada por él: en su vida pasó haciendo bien y dándola, al fin, por sus mismos enemigos[Notas 83], fue benigno hasta con sus mismos enemigos[Notas 84]; otorgó al buen Ladrón su generoso perdón[Notas 85] y oró por los que le crucificaban[Notas 86].

El perdón y amor al enemigo es mandato de Jesús a sus discípulos que Faustino explica en el contexto de la paternidad ilimitada de Dios:

Recuerda que cuando Pedro preguntó á Jesús si podría absolver al pecador hasta siete veces, Jesús le respondió: ¿No te digo que lo absuelvas hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete[Notas 87].
Y más te pide todavía el Corazón de Jesús, y es que no sólo ames y hagas bien á tus mismos enemigos, sino que ores por los que te aborrecen, calumnian y persiguen. Diligite inimicos vestros, benefacite his qui oderunt vos, et orate pro persequentibus et calumniantibus vos[Notas 88]

3.3. Las obras divinas de Jesús: los milagros

Estamos ante otro misterio, si se quiere, más profundo, de la persona de Jesús. “Dejar a un lado la actividad sanadora de Jesús es inadmisible”[Notas 89]; toda la crítica está de acuerdo en que Jesús realizó milagros.

Faustino califica los milagros de Jesús como signos de amor, manifestación al mundo del exceso de amor de Dios, y por ello son signos y realización del reino, de la actuación de Dios pues todas las obras y sufrimientos de Jesús, como obras y sufrimientos de un Dios-Hombre, contenían en sí un valor y mérito infinito[Notas 90]:

¿Por qué se apiadaba de los enfermos, de los paralíticos y de los leprosos? ¿Quién le movía á dar oído á los sordos, vista á los ciegos y lengua á los mudos? ¿Quién le obligaba á consolar á los obsesos, librándolos del poder de los demonios? ¡Ah!, hija mía, el Corazón de Jesús es un Corazón tan tierno, que al punto se conmueve en viendo cualquier miseria. Por eso multiplicaba, solícito, los alimentos y saciaba á los hambrientos; miraba á la desgracia y á la aflicción e infundía una santa dulzura en los corazones tristes[Notas 91].

Vemos pues a Jesús en este texto realizando milagros conmovido en su corazón; como ocurre también en el caso de la resurrección de Lázaro donde expresa una gran sensibilidad. Así lo relata Faustino: Jesucristo que es la fortaleza, llora a vista de Lázaro muerto... Lloran sobre el cadáver de Lázaro, sus Hnas. y Jesucristo[Notas 92].

Cuando predica y cura “Jesús pretende destruir el dominio de Satanás, que subyuga al hombre por medio del pecado, la enfermedad y la muerte. Por eso, mediante la conversión, las curaciones y los exorcismos, Jesús destruye efectivamente el dominio de Satanás”[Notas 93]. Jesús tiene conciencia de vivir un combate personal contra el mal. Los milagros ponen de manifiesto también el poder de Dios en Jesús:

Fuera, dicen, fuera ese hombre a cuyas miradas las cadenas caen, y los lazos se disuelven, y las puertas se abren, y los cautivos se redimen. Fuera ese hombre a cuya voz los perseguidores se hacen apóstoles, y los publicanos, evangelistas; los pecadores, discípulos y las meretrices, esposas; vuelven a su padre los hijos pródigos, y recobran el movimiento los paralíticos; andan y no desfallecen los fatigados y corren por los mandamientos de Dios los que se extravían por las sendas de Satanás; toman plumas de águilas y vuelan por las regiones del cielo los que antes apegaban su rostro y se arrastraban por el polvo de la tierra[Notas 94].

“La liberación y la salvación que el reino de Dios trae consigo alcanza a la persona humana en su dimensión tanto física como espiritual. Dos gestos caracterizan la misión de Jesús: curar y perdonar. Las numerosas curaciones demuestran su gran compasión ante la miseria, pero significan también que en el Reino ya no habrá enfermedades ni sufrimientos, y que su misión, desde el principio, tiende a liberar de todo ello a las personas. En la perspectiva de Jesús, las curaciones son también signo de salvación espiritual, de liberación del pecado. Mientras cura, Jesús invita a la fe, a la conversión, al deseo de perdón (cf. Lc 5, 24)”[Notas 95]. Faustino hace una actualización de este misterio de Jesús como médico de las almas para todos los creyentes[Notas 96].

Faustino, una vez más, señala el talante de humildad de Jesús. La máxima discreción rodea su actividad taumatúrgica. Nunca se busca a sí mismo, nunca obra milagros para deslumbrar. A los curados recomienda silencio: Siempre recomendaba Jesucristo a sus favorecidos que no publicasen sus favores: cuando curó al leproso, sordo, resucitó a la hija del Príncipe...[Notas 97]. Igualmente en el episodio de la multiplicación de los panes, cuando el pueblo lo quiere proclamar Rey, Jesús se marcha: ¿Por qué, hija, por qué se esconde Jesús cuando las turbas, estupefactas de sus milagros, le proclaman Rey?[Notas 98]. La notable sobriedad, la ausencia de exageraciones y la sencillez de un lado contrasta con el exhibicionismo y las voces de mercado de otro lado; la dignidad, la seriedad, el olvido de sí de Jesús y el contexto de oración en sus milagros contrastan con los trances y el espíritu de lucha de los taumaturgos.

Otra nota que resalta en los milagros de Jesús es su obediencia al Padre. Los signos que Jesús lleva a cabo testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25):

Y este no solo obedeció a su Eterno Padre en las honras de entrar triunfante en Jerusalén, revestirse de claridad y gloria en el Tabor, y de ser obedecido de los mares y los vientos ... sino también en las ignominias, afrentas y tormentos de su pasión, y en el desamparo de la cruz.-
El que sólo obedece en lo fácil y agradable no imita al paralítico que obedeció a JC. en levantarse sano y en tomar a cuestas el lecho y llevarlo a su casa[Notas 99].

3.4. El símbolo de las llaves del reino

Vamos a indicar otro elemento de la vida de Jesús. Se considera un dato incuestionable desde el punto de vista histórico el que Jesús escogiera discípulos. Una doble dimensión presenta el hecho de que Jesús se rodeara de discípulos. Por un lado, la necesidad sentida de asociar a su misión a otros que multiplicaran su anuncio. Pero, sobre todo, es importante la elección entre sus discípulos de un grupo más íntimo de doce, en recuerdo de las doce tribus, como signo del nuevo Israel que comenzaba con la llegada del reino[Notas 100].

Por tanto, Jesús hizo partícipes de su misión y de su autoridad a sus discípulos. Faustino recoge ampliamente este hecho y lo fundamenta con numerosos textos evangélicos. Esta autoridad depende únicamente del Hijo de Dios que la trasmite a sus Apóstoles tal cual él la recibiera de su padre: Data est mihi omnis potestas in caelo et in terra. Euntes ergo, docete omnes gentes[Notas 101].

Destaca el papel principal de Pedro y su función de regir la Iglesia como jefe y pastor universal. Esto está simbolizado en la entrega de “las llaves del reino” (Mt 16, 19). “El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la Iglesia. El poder de “atar y desatar” significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia”[Notas 102]. Faustino nos lo relata con toda clase de detalles[Notas 103]; lo analizaremos al tratar parte de la Iglesia.

4. Jesús andaba enseñando el camino del cielo y dispensando gracias

Al hablar de enseñanza de Jesús tenemos que seguir haciendo mención a muchas de las actitudes que Jesús vivió en su vida. Como hemos dicho en varias ocasiones Jesús no predica ni exige nada que él no haya vivido antes. Es otro dato de su vida: Jesús enseñó. Testimonio dado por él mismo: “Todos los días me sentaba en el Templo a enseñar” (Mt 26, 55; Jn 18, 20).

Concretamos brevemente otras de las enseñanzas del Maestro que Faustino tiene dispersas en sus distintos escritos; muchas de ellas están recogidas del Sermón del Monte.

4.1. Llamada a seguirle

El mensaje de Jesús incluye la llamada a seguirle. Faustino presenta la imagen de Jesús que llama: llamó misericordiosamente a Mateo y su fuerza arrolladora lo convirtió de publicano en evangelista[Notas 104]. Jesús exige un desasimiento total: renunciar a las riquezas y a la seguridad[Notas 105], abandono de los suyos: No tener apego ni á cosas ni á personas, acordándose de que Jesucristo dice: Que no somos dignos de Él, si no dejamos nuestro padre, madre, hermanos y hermanas..., si no renunciamos á nosotros mismos y á todas las cosas del mundo, por seguirle[Notas 106]; sin reservas ni miradas atrás: Guardarse de volver los ojos atrás, después de haber puesto mano al arado[Notas 107]. El discípulo ha de vivir con la confianza puesta en Dios y renunciar a cualquier otra servidumbre; Dios es el único que merece una entrega incondicional: Nadie puede servir a dos señores[Notas 108].

Este es, explica Faustino, el partido de los perfectos, enseñado por JC. al joven del evangelio .- Este el partido que produce el ciento duplo y la vida eterna[Notas 109].- Este el que siguieron los Apóstoles y los 1ºs. cristianos que lo tenían todo en común con aquellos y lo repartían prout cuique opus erat. Pero aunque todos pueden ser llamados, no todos responden a estas exigencias, como en el ejemplo del joven rico[Notas 110].

La disponibilidad ha de ser total, Jesús prescinde de las personas que ponen “peros” y “esques” a su seguimiento. El discípulo no sólo renuncia a los bienes sino también ha de estar dispuesto al sacrificio de su propia persona. En el texto siguiente Faustino recoge esta radicalidad que Jesús exige a sus discípulos hasta la cruz:

Y tú, hija mía, ¿no oyes al divino Jesús, que amorosamente te dice: El que quiera venir en pos de mí, tome su cruz y sígame? Toma, toma con amor tu cruz, Y sigue á tu Maestro. Toma la cruz de 1a mortificación para hacer guerra á tus pasiones y ser toda de Jesús; toma la cruz de la obediencia, para ser fiel en la observancia de la divina ley; toma la cruz de la paciencia para soportar con resignación toda tribulación y adversidad. Sólo así podrás complacer al Corazón enamorado de aquel Jesús que con infinita sabiduría estableció que la cruz fuese el camino más seguro por donde vaya el alma á la ciudad del cielo[Notas 111].

Seguir a Jesús no es sólo adherirse a una enseñanza moral y espiritual, sino compartir su destino: A mí me persiguieron, dijo J. C. a los Apóstoles; a vosotros os perseguirán también[Notas 112].

Pero este seguimiento en radicalidad sólo es posible si se realiza desde la fascinación por Jesucristo y su causa. Esta es la experiencia de los discípulos, la cercanía amorosa de Jesús: El yugo de J. C. es ligero y tiene alas, como dice San Agustín, y el que se lo impone con gusto, cuenta en su favor con todo el poder de Dios para llevarlo[Notas 113]:

Ni te turbe el que oigas de su misma boca: «El que quiera seguirme niéguese á sí mismo y á todas sus pasiones, contrariando constantemente su voluntad y apetitos.» No te turbes, digo, porque El mismo te asegura que el yugo de su santa ley es suave y ligero su peso[Notas 114].

“Esta llamada, con todo lo que implica y significa, con cuanto exige y promete, es lo más característico que se nos ha transmitido del Jesús histórico. Se dirigió primero a cada uno de los que iban a ser sus amigos y mensajeros durante su vida terrena. La Iglesia primitiva, después de la Pascua, transmitió esta llamada a todos los que creen en Jesucristo. Todos deben ser discípulos de Jesús y caminar tras El, cada uno según su aptitud y vocación particular, según sus capacidades y posibilidades, pero con la misma resolución y radicalidad. Esta «transmisión» de las palabras de Jesús a la vida de los creyentes y de la comunidades posteriores no es para la Iglesia primitiva una desfiguración de las intenciones de Jesús, sino propiamente la recepción viva de su voz, que nunca se extingue”[Notas 115].

Faustino, con una interpretación peculiar, ve simbolizado este seguimiento de Jesús que todo cristiano debe realizar en la figura del Cireneo:

Aprende la sublime lección que tu Salvador, te dio; porque no fue casual el que los judíos obligasen al Cirineo á llevar la cruz, sino un noble rasgo de la divina Providencia que quiso simbolizar á todo cristiano en la persona del Cirineo[Notas 116].

4.2. Invitación a la Penitencia

Jesús practicó, predicó y recomendó la penitencia[Notas 117]: Por S. Lucas os dice que si no hacéis penitencia todos pereceréis[Notas 118]:

Escucha, escucha las palabras de vida eterna que brotan, como vena de límpidas aguas, de su divino Corazón, de aquel Corazón deseosísimo de tu eterna salvación y tan tierno y afectuoso. Oye con cuánta concisión te dice, que si quieres vivir eternamente en la gloria, debes en esta vida odiarte á ti misma, mortificando tus pasiones: Qui odit animam suam in hoc mundo, in vitam aeternam custodit eam. ¿No son los que se hacen violencia á si mismos los que conquistan el reino de los cielos? Sí, vim patitur regnum Dei, et violenti rapiunt illud. Por lo tanto, hija, debes ejercitarte diariamente en esta mortificación que Cristo te enseñó: Semper mortificationem Jesu circunferens; supuesto que sin crucificar tu Carne con sus vicios y concupiscencias, jamás podrás entrar en el Corazón inmaculado de Jesús, ni tener parte en su reino. Qui sunt Christi, carnem suam crucifixerut cum vitiis et concupiscentiis suis[Notas 119].

“La penitencia -exigencia de la vida interior, confirmada por la experiencia religiosa de la humanidad y objeto de un precepto particular de la divina revelación- adquiere en Christo et in Ecclesia dimensiones nuevas, infinitamente más vastas y profundas[Notas 120]. La conversión para Jesús es la entrada misma en el Reino: aceptar el vivir de y desde la paternidad de Dios. Es urgente pasar de la autosuficiencia de la ley al Dios de la gracia. Esto supone una renovación de todo el hombre. La penitencia es un medio de renovación continua; todos los hombres deben reconocerse pecadores y dar fructus dignos penitentiae[Notas 121].

Pero cuando Jesús reclama la conversión e invita a la penitencia no hace alusión a las liturgias penitenciales; lo que cuenta para él es la conversión del corazón que hace al hombre humilde y apto para recibir el reino. Faustino en su apremio a la penitencia siempre recomendará las penitencias interiores[Notas 122].

A través del simbolismo del “camino” se indica la conducta que ha de acompañar al seguidor de Jesús, que conduce a la Vida. La penitencia es el medio para volver continuamente a ese camino, a la casa del Padre:

"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella"[Notas 123]
Acudid, que os busca; escuchad que os llama: Venid juntos: Volved pecadores: Venid a mí: volved en vosotros. Volved por el camino estrecho; venid por la penitencia; venid por la pureza; venid por la templanza... Convertid, pues, convertid los males de culpa y de pena en hazañas de virtudes; en los males, ejercitando la paciencia y en las adversidades cobrando confianza; en la pérdida de los bienes acudiendo a la divina providencia y después del pecado haciendo penitencia...[Notas 124]

4.3. Humildad y sencillez

En el recorrido que estamos haciendo por la vida de Jesús, desde la perspectiva del P. Faustino, hemos visto que una nota que le acompaña en todo es la humildad. Efectivamente las palabras de Jesús a sus discípulos sobre la humildad y el abajamiento son fundamentales en su enseñanza. La humildad es condición para entrar en el reino de Dios. Las bienaventuranzas prometen el reino de Dios a los pobres. El reino de Dios sólo puede ser recibido por los que se sienten tan pequeños, impotentes y desvalidos, como lo son, por naturaleza, los niños (Mc 10, 25), es decir, por los humildes (Mt 18, 14). Dios sólo da su reino a los que no alardean de sus obras, sino que lo esperan todo humildemente de Él y se sienten siervos inútiles (Lc 17, 7-10). Esto es, según Faustino, un precepto del mismo Jesús[Notas 125].

La sentencia del AT de que Dios exalta a los humildes y abate a los soberbios, la acepta también Jesús para la predicación del reino de Dios: “Todo el que se exalte, será humillado; y todo el que se humille, será exaltado” (Mt 23, 12; 18, 4; Lc 14, 11; 18, 14; Lc 16, 15). Faustino utiliza esta metáfora espacial de “elevarse” y “rebajarse”: La humildad que os elevará a los ojos de Dios y aun a los de los hombres que este nombre merezcan, cuanto os abajen a los propios[Notas 126].

Las palabras que Jesús ha dicho de sí mismo, “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29), iluminan el significado cristiano de la humildad. El mismo Jesús se define como manso (Mt 11, 19); un rey que salva, no sólo permaneciendo ajeno a la violencia y a la guerra, sino aceptando verse privado de medios para hacer valer sus derechos. Al final, despojado de todo, soportará toda injusticia, para que irrumpa la fuerza y poder del amor misericordioso.

El camino que Jesús recorrió hasta la meta suprema fue de humildad: se humilló hasta la muerte y muerte de Cruz[Notas 127]. Y este mismo camino enseñó: el mundo era muy soberbio, y por eso vino Jesús á enseñar con la humildad el camino del cielo[Notas 128]. Jesús es modelo de humildad [Notas 129] que renuncia a su gloria (ser igual a Dios) para que sea Dios glorificado y los hombres se salven (Flp 2, 6-11).

La humildad es pues la actitud con la que se caracteriza a Jesús (Mt 11, 29)[Notas 130]. Jesús ve su vida a la luz del humilde siervo de Yahvé (Hch 8, 33), tomó sobre sí la humillación de la muerte (Flp 2, 8). No quiere ser servido, sino servir y dar su vida en rescate por muchos (Mc 10, 45). Su manera de obrar y su porte (Mt 12, 15; cf. Is 42, 1-4) y hasta su entrada mesiánica en Jerusalén, llevan el sello de la humildad (Mt 21, 2; cf. Zac 9, 9).

El predominio de lo interno sobre lo externo es otro de los elementos revolucionarios propuesto por Jesús. Sus contemporáneos daban mucha importancia a lo exterior del ser humano, al cumplimiento o no de las leyes; juzgaban por las apariencias. En cambio, Jesús, propone vivir desde el corazón, desde la autenticidad. En esta línea se sitúa Faustino cuando enseña que Jesús y María eran humildes de corazón[Notas 131]. El corazón en la Biblia se identifica con la vida interior de la persona, con la raíz misma de su personalidad, como centro ordenador de la existencia. La locución “de corazón”, que se emplea en la sexta bienaventuranza, indica la pureza interior, la del ánimo (Mt 5, 8): “Lo que sale del corazón es verdadero”: dice el Señor, y es: Que nuestro reino está dentro de nosotros; en nuestro corazón, de donde sale todo lo bueno y lo malo, según a quien sirve[Notas 132]. Porque a Jesús no le interesa, en primer lugar hacernos personas respetables, ni siquiera cambiar nuestra conducta externa. Lo que le importa es cambiar nuestra vida interior.

La expresión “de corazón” significa también “en lo íntimo”, “en lo secreto del propio corazón”[Notas 133]. Faustino relaciona la modestia con el texto de Mt 6, 3:

Todos las conocemos bien (a esas personas), porque son las mismas que emprenden y fomentan toda buena obra, y Dios las tiene muy presentes, por más que yo no pueda pagarles nominalmente ese público tributo de gratitud, para no mortificar esa modestia, hija del Evangelio que no quiere sepa la mano izquierda lo que hace la derecha, y es por lo mismo más digna de nuestra admiración y encomio[Notas 134].

Jesús pide no sólo la humildad delante de Dios, sino también servicio humilde a los hermanos. Dios mismo ha de ser imitado en su condescendencia (Lc 6, 36; Mt 5, 45), para lo que es ejemplar la actitud de Jesús en su vida y en su muerte (Lc 22, 27; Mc 10, 45). De ahí que invite a sus discípulos a ser los últimos: “El que quiera ser el primero, hágase el último y el esclavo de todos” (Mc 9, 35; Lc 9, 48; Mc 10, 42-44; Mt 20, 25s; Lc 22, 25s; Mt 23, 11). Esta es pues enseñanza de Jesús, como aprecia en el episodio de la madre de los Zebedeos: Hablaba Jesús de su pasión, y ellos sólo pensaban en su ambición. Decía Jesús que el que quiera ser primero se haga el último, y ella quiere que sus hijos sean, desde luego, los primeros. Enseña Jesús que sólo el que se humilla, será ensalzado, y ella pretende lo sean sus hijos sin las humillaciones[Notas 135].

Junto a la enseñanza de la humildad Jesús habla también de servicio. El servicio es una característica peculiar de su vida y de su doctrina: prefiere servir a ser servido y recomienda a sus discípulos que el que es mayor entre vosotros, hágase como el menor y el que a los otros precede, sea como siervo[Notas 136].

Unido a la humildad está su enseñanza sobre la sencillez. El reino de Dios exige ser sencillos y auténticos: Esta rectitud de intención está simbolizada en la paloma:

Hermanando siempre la sencillez de la paloma con la astucia de la serpiente, y una afabilidad natural con una prudencia tan discreta, que les dé acierto en cuanto emprendan[Notas 137].

Faustino, como buen educador escolapio, no podía dejar de hacer mención a la relación de Jesús con los niños. La dulzura y ternura de Jesús para con los pequeños son propuestas como modo de relación del educador con sus alumnos. Jesús es modelo para todo educador: en su hacerse pequeño con los pequeños desde su anonadamiento y en su modo de relación dulce y tierna con los niños. Y a su vez, es el mismo Jesús el que propone a los niños como modelo a seguir en la inocencia y sencillez:

Recordando que el dulcísimo Jesús acariciaba á los niños y los proponía como espejos de inocencia y sencillez[Notas 138].

4.4. La Oración

Jesús insistió en la necesidad de oración, con su palabra y con su ejemplo. Hoy se considera con toda seguridad que Jesús oraba y que su oración era de una gran intensidad. “No hay nada en el Evangelio que mejor revele la necesidad absoluta de la oración que el lugar que la misma ocupa en la vida de Jesús. Sería un error reducir esta oración al único deseo de intimidad silenciosa con el Padre: atañe a la misión de Jesús o a la educación de sus discípulos”[Notas 139].

Veamos cuáles son los momentos de oración de Jesús que recoge Faustino:

-Jesús aparece como hombre de oración. Pasó cuarenta días en la soledad del desierto[Notas 140]. No sólo ora durante el día, sino también al anochecer:

Por ti se retiraba á la soledad y oraba según está escrito: Ipse autem fuit secedens in solitudinem et adorans; por ti, no contento con orar durante el día, velaba las noches enteras. Fuit pernoctans in oratione Dei[Notas 141].

-Oraba también en el monte. Es el caso de la oración en el monte Tabor[Notas 142].

-La oración sacerdotal de Jesús. Jesús se dirige al Padre para orar por los suyos y por los que van a creer en él..., “para que todos sean uno como nosotros somos uno”:

Sí, hija mía; no por solos los Apóstoles, sino también por ti, oraba tu Jesús, y por eso El mismo dijo: Non pro his autem rogo solis, sed et pro illis qui credituri sunt per verbum ipsorum in me[Notas 143].

-La oración desgarradora de Getsemaní. En esta oración se descubre el sentido de la vida de Jesús: “hacer la voluntad del Padre”[Notas 144]:


La hora se acerca y la noche de la tristeza se aproxima; y Jesús, el amante Jesús, va al huerto de Getsemaní, y, postrado en tierra, ora y se prepara para el gran sacrificio[Notas 145].

-La oración de Jesús antes de morir[Notas 146]. Faustino cita las tres oraciones diferentes de Jesús que recogen los Sinópticos antes de expirar:

Él se ve abandonado, y abandonado ingratamente de todos, y hasta de sus mismos apóstoles y discípulos. ¡Oh! ¡Cuán amargo le era tan monstruoso abandono! Sin embargo, sufre y calla. Pero al verse también abandonado hasta de su mismo Padre, no pudo dejar de desfogar con El su afligidísimo Corazón, diciéndole con tristeza: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me habéis abandonado?[Notas 147]
Ya desata por última vez su lengua, y exclama con voz fuerte: -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu[Notas 148].
Rogando al mismo tiempo por los que le crucificaban: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen[Notas 149].

Estas breves oraciones de Jesús desvelan la singular e íntima unión que vivía Jesús con su Padre, el sentido de su filiación y la confianza con que se dirigía a Él. Llama la atención la forma de describir Faustino la oración de Jesús en la Pasión como entrega sin reservas, como amor al Padre y a los hombres pero también el profundo dolor por el que pasó.

Como era de esperar Faustino transmite la doctrina de Jesús a sus discípulos, su precepto sobre la oración. Su enseñanza situada sobre este fondo vivido, se extiende sobre la manera de orar más abundantemente que sobre la necesidad de la oración[Notas 150].

Veamos las características de la oración:

-Oración confiada:
Buscad y hallareis, llamad y se os abrirá; pedid y recibiréis[Notas 151].
Ruega constante y confiada, porque Jesús asegura que está dispuesto á concederte con gusto aquellas gracias que con humilde perseverancia le pidas. No oyes cómo te dice: Petite et daditur vobis. Pedid y se os dará. Amen, amen dico vobis, si quid petieritis Patrem en nomine meo dabit vobis. Recuerda, hija, que el Dios de las misericordias es rico en misericordia. Dives in misericordia. Pero ¿sabes con quiénes? con aquellos que lo invocan[Notas 152].

-Oración en todos los momentos de la vida: ora con más ardor en el momento de la tentación; ora para la hora de la muerte y no te canses de repetir: ¡Oh buen Jesús!, en tus manos encomiendo mi espíritu[Notas 153]:

Jamás olvides el precepto de Jesús: Oportet semper orare et nunquam deficere. Es preciso orar siempre y no cansarse[Notas 154].

-Oración por nuestros enemigos:

Qui irascitur frati suo, reus erit judicio. Y más te pide todavía el Corazón de Jesús, y es que no sólo ames y hagas bien á tus mismos enemigos, sino que ores por los que te aborrecen, calumnian y persiguen. Diligite inimicos vestros, benefacite his qui oderunt vos, et orate pro persequentibus et calumniantibus vos[Notas 155].

-Oración en lo secreto:

Ejercitarse con frecuencia en algunos actos exteriores, y sobre todo interiores, de humildad, contrición, acción de gracias y otros que le dictare el Espíritu Santo, para que así el Padre celestial, que ve lo oculto, se digne remunerarlas y elevarlas á la perfección sólida de todas las virtudes[Notas 156].

-La oración cristiana: El Padrenuestro. Si la oración dominical es considerada como el resumen del Evangelio podemos decir, que aunque Faustino no lo desarrolle expresamente, sin embargo, todos sus escritos están imbuidos del espíritu de esta oración. El tema de la confianza, del reconocimiento de Dios como Padre, del deseo de hacer su voluntad... es muy frecuente en él. Lo vimos al desarrollar el tema de Dios Padre.

He aquí varios textos significativos sobre el Padrenuestro:

Y como esperar y pedir? Si entendéis bien el Padrenuestro[Notas 157].
Tu mayor enemigo eres tú misma y dos de tus mayores faltas tu resentimiento y no perdonar. ¿Cómo rezas el Padrenuestro...? Si no perdonas, no serás perdonada[Notas 158].
Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Si no perdonareis ni vuestro Padre Celestial os perdonará. No quieras la ley del embudo, que Dios te perdone, sin que tú perdones[Notas 159].
Cúmplase en mí tu voluntad, como en el cielo, Padre[Notas 160]

-Faustino recoge la promesa de Jesús de estar siempre presente siempre que se hallan reunidos en su nombre[Notas 161].

4.5. El precepto del amor

La suma, la quintaesencia de la ética de Jesús es el amor... El amor como principio, como criterio supremo de la acción, incluso con respecto a la Torá, da transparencia a las enseñanzas de Jesús[Notas 162]. Así nos lo presenta Faustino: Jesús, cual Legislador, promulga su principal ley[Notas 163]:

Jamás olvides, hija, que Jesús tuvo la altísima misión de manifestar al mundo los excesos de la infinita caridad de un Dios, y la desempeñó perfectamente, amando, socorriendo y dando, por fin, su vida por los hombres. Considera, pues, á tu divino Maestro que, cual soberano Legislador, promulga su ley; y ¿qué otra cosa es esta ley que su misma voluntad, que manda se observe cuanto ordena en sus mandamientos y no se perturbe el orden natural? Pues aquí tienes, de boca del divino Maestro, la ley promulgada: Este es mi precepto y esta es mi ley: que os améis los unos a los otros, como yo os amé[Notas 164].

Jesús resume su precepto moral en un doble mandamiento del amor de Dios y del prójimo. Los dos están tomados de la Ley (Dt 6, 5; Lev 19, 18.34). Pone Faustino distintos ejemplos bíblicos para explicar cómo ambos amores son absolutamente necesarios y no se pueden dividir; son como dos alas: Dilige Dominum Deum tuum de toto corde tuo et proximum tuum sicut te ipsum (S. Mateo 22, 37). Por eso alabó Jesucristo la respuesta del doctor de la ley: ...corrigiéndola[Notas 165].

Estas y otras enseñanzas de Jesús, que buscan directamente cambiar la conducta humana y, de manera indirecta, las relaciones sociales, alcanzan su más sublime expresión en el “precepto del amor a los enemigos” (Lc 6, 27-36), que ya hemos comentado anteriormente[Notas 166]. Su más profundo fundamento se halla en estas palabras: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 36)[Notas 167]. Esta radicalidad de los preceptos de Jesús se explica por el mensaje del reino de Dios que ha llegado ya, y por el amor excesivo[Notas 168] y extremado de Dios que se ha manifestado en Jesús: Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo[Notas 169]. Para ser discípulos suyos hay que asumir este talante de amor hasta el extremo:

He aquí, piadoso lector, el último grado á que pudo llegar la caridad, que es el dar la vida por sus hermanos, á imitación de Jesús, que murió por nosotros: Nadie tiene mayor caridad que el que da su vida por sus prójimos[Notas 170].
Ten, pues, por cierto que sin la caridad para con tu prójimo, no podrás agradar al Corazón de Jesús, de aquel Jesús que es Dios de amor y de caridad por esencia; por eso, si quieres ser perfecta discípula de Jesús, ama con purísimo corazón á tus hermanos, y procura socorrerlos siempre, haciéndoles todo el bien que quisieras te hicieran á ti. Omnia ergo quaecumque vis ut faciant tibi homines et tu fac illis: haec est enim lex et prophetae. Solamente así serás muy amada de Jesús, que mira hecho como a El mismo cuanto hicieres al último, al menor de tus hermanos[Notas 171].

Dentro del discipulado de Cristo hay que destacar a María, la primera cristiana: María es la única que ha cumplido con el primer precepto de la ley: Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus potencias y sentidos; este amor de Dios en ella es comparada a la zarza de Moisés, siempre ardiendo no se consume[Notas 172].

El perdón y el servicio son otras dos formas del amor a los demás que ya hemos comentado. Y podemos incluir dentro del ámbito del amor el precepto de la corrección fraterna, explicado por Faustino con toda claridad y con la radicalidad que le caracteriza:

Cumplir siempre y en todos los casos, sin consideración á ningún respeto humano, el precepto de la corrección fraterna, y avisar cómo se recibe ó de si alguna se ha excusado de cumplirla[Notas 173].

5. Jesús revestido de claridad y gloria: transfiguración

En todos los sinópticos, la escena reviste una gran solemnidad y amplitud. Desde el punto de vista teológico encontramos que Faustino subraya algunos puntos. Así, en primer lugar, y como es habitual en su perspectiva de la vida de Jesús, también resalta en este acontecimiento su humildad: ¿Por qué no quiso en el Tabor otros testigos de su gloria que tres de sus discípulos, á quienes prohibió decir nada de lo que habían visto?[Notas 174]. Pero no sólo eso, Jesús al llevarse consigo a los tres apóstoles y hacerlos testigos de su gloria anticipada[Notas 175] , quiere ayudarles a que no pierdan la confianza en El, pues está cerca la hora de la pasión.

Además, Faustino asocia a esta glorificación a los dos grandes personajes representantes de la antigua alianza, Moisés y Elías. Estos atestiguan el exceso de amor de Jesús y los tormentos que había de cumplir en Jerusalén[Notas 176]. Para la exégesis actual esta escena viene a ser un lugar de encuentro de ambos Testamentos. También la transfiguración resalta la kénosis a la cual Cristo quiso voluntariamente someterse[Notas 177].

6. Entrada triunfante en Jerusalén

Con la entrada en Jerusalén comienza una nueva etapa. Jesús deja por el momento de instruir a sus discípulos y se dedica a clarificar la actitud de Israel frente a él y su mensaje.

En este nuevo misterio Jesús aparece como el Mesías pacífico y humilde anunciado por Zacarías (9, 9-10), frente al Mesías triunfal que era esperado por la mayoría del pueblo (Lc 19, 11). Faustino considera este episodio como un hecho más de la obediencia de Jesús a su Padre: obedeció a su Eterno Padre en las honras de entrar triunfante en Jerusalén...[Notas 178]

Recoge la escena de Jesús llorando a la vista de Jerusalén: Jesucristo que es la fortaleza, llora a vista de Jerusalén pecadora[Notas 179]. Llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos” (Lc 19, 41-42)[Notas 180].

==7. Arrojó del templo a los que lo profanaban ==

La imagen que ofrece Faustino de la expulsión de los que profanaban el templo es una imagen tradicional, subrayando, por un lado, la defensa que hace de él con celo por la honra y gloria de su Eterno Padre y por otro lado su humildad: en treinta y tres años sólo una vez se manifestó enojado, porque veía profanada la casa de su Padre[Notas 181].

No relaciona para nada este hecho con el significado profético que tuvo en Jesús: inaugurar un tiempo nuevo en las relaciones del hombre con Dios, reemplazar el templo antiguo, representativo de todo el judaísmo y presentarse como verdadero templo, el lugar del encuentro entre Dios y los hombres. Esta acción de Jesús fue la causa por la que los judíos empezaron, desde ese momento, a buscar una ocasión para matarlo. Así pues, la actuación de Jesús en el templo empieza a hacer surgir en las autoridades judías la idea de que es preciso matar a Jesús[Notas 182].

Notas

  1. MSC 74, 177.
  2. MSC 140-141 (cf. Mt 4, 23; 9, 35).
  3. MSC 177; cf. RF III, 12; BF VIII, 48; MSC 37 (cf. Hch 10, 38).
  4. PAUL FAYNEL: o.c., p.242.
  5. HPF 124, 166, 168, 175, 192; MSC 228; PE 131, 150.
  6. MSC 211 (cf. Mt 3, 17).
  7. MSC 161-162 (cf. Mt 26, 39).
  8. Ep 227; PE 97; MSC 244; HPF 186.
  9. Ep 138; PE 97 (cf. Os 2, 16).
  10. HPF 106; cf. Ep 227.
  11. MSC 244.
  12. HPF 186.
  13. PE 97 (cf. 2 Co 6, 2); cf. HPF 104-106; Ep 107, 200.
  14. Ep 255, 760; PE 11; HPF 104.
  15. J. NAVONE: Tentación, en NDE, Madrid 1983, p. 1348.
  16. MSC 51.
  17. HPF 28.
  18. HPF 65.
  19. HPF 181.
  20. HPF 28.
  21. JOACHIM GNILKA, Jesús de Nazaret, Barcelona 1995, pp. 109-110.
  22. Ep 70; HPF 27.
  23. CF I, XIII, 161; Ep 489, 495; MSC 52, 101; HPF 30; PE 190.
  24. Ep 475; PE 14.
  25. JUAN PABLO II: Encíclica Redemptoris Missio, nº 12; HPF 118-119.
  26. MSC 133.
  27. JOACHIM GNILKA: o.c., p. 121.
  28. EDWARD SCHILLEBEECKX: Jesús. La Historia de un Viviente, Madrid 1981, p. 140.
  29. COMISION EPISCOPAL DE ENSEÑANZA, La Catequesis de la Comunidad, Madrid 1983, nº 3.
  30. J. RAMÓN BUSTO: Cristología para empezar, Santander 1991, p. 46.
  31. K.H. SCHELKLE: La escatología del N. Testamento, Misterium Salutis, V, p. 687.
  32. HPF 94.
  33. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 159.
  34. J. A. PAGOLA: Jesús de Nazaret, San Sebastián 1981, p.32.
  35. Ibid. pp. 99-100.
  36. Como la del mismo Jesús: manso y humilde de corazón (MSC 43, 73, 83, 177; Ep 84, 124; cf. Mt 11, 29).
  37. CF XIV, 206.
  38. Ep 70; CF II, 56 (cf. Mt 6, 33).
  39. Ep 495; cf. Ep 149, 139; MSC 52, 100, 101 (cf. Mt 11, 12).
  40. PE 118 (cf. Lc 14, 26).
  41. CF I, 161; HPF 192 (cf. Mt 5, 19).
  42. PE 33.
  43. JOACHIM GNILKA, o.c., p. 111.
  44. HPF 94; Ep 189 (cf. Mt 13, 24-30).
  45. HPF 78 (cf. Mt 5, 14-15).
  46. CF 81; XIII-XIV, 161; Ep 748, 756 (cf. Mt 25, 14-30).
  47. Ep 108, 257 (cf. Lc 14, 28-31).
  48. PE 98, 177; Ep 183, 405, 677 (cf. Lc 13, 6-9).
  49. Ep 223, 643; HPF 192 (cf. Mt 13, 3-8).
  50. MSC 40-41, 44, 140-141; Ep 141 (cf. Lc 15, 4-6).
  51. PE 77, 98; HPF 64, 66, 104, 135, 143; MSC 61, 148 (cf. Lc 15, 11-32).
  52. MSC 121; HPF 195 (cf. Mt 18, 23-35).
  53. PE 58, 184; HPF 183, 197 (cf. Lc 16, 19-31).
  54. PE 160 (cf. Lc 14, 15-24).
  55. PE 177 (cf. Lc Mt 22, 2-14).
  56. HPF 64, 173 (cf. Mt 21, 33-41).
  57. HPF 122, 148, 156 (cf. Lc 10, 30-37).
  58. HPF 164 (cf. Mt 13, 44).
  59. HPF 179, 182 (cf. Lc 18, 10-14).
  60. HPF 164 (cf. Lc 14, 16-24).
  61. Ep 170 (cf. Mt 25, 1-13).
  62. HPF 192 (cf. Mt 21, 18-22).
  63. CF V, 62 (cf. Lc 14, 10).
  64. PE 99 (Mc 4, 21).
  65. MSC 61.
  66. COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA, La Catequesis de la Comunidad, nº 6.
  67. HPF 65; Ep 417; MSC 129, 219, 226; PE 29.
  68. RM 14.
  69. MSC 132-133.
  70. J.I. GONZÁLEZ FAUS: o.c., p. 83.
  71. CF I, 103; HPF 160; PE 118, 155 (cf. Mt 8, 20); PE 118 (Esta es la pobreza que aconseja el Evangelio observaron los Apóstoles... [sic] ).
  72. J.A. PAGOLA, o. c., p. 54.
  73. WALTER KASPER: Jesús..., pp. 79-80.
  74. CATIC 545.
  75. MSC 185.
  76. MSC 140-141 (cf. Lc 15, 4-7; Mt 18, 12-14).
  77. MSC 141; cf. PE 93; HPF 160 (cf. Lc 19, 1-10).
  78. MSC 141; cf. PE 19, 93 (cf. Jn 4, 7ss).
  79. MSC 120; cf. MSC 21, 141, 184; PE 93, 98, 141, 159; HPF 160, 175.
  80. PE 93.
  81. MSC 74.
  82. MSC 141; cf. HPF 160 (cf. Lc 19, 5).
  83. RF III, 12; BF VIII, 48.
  84. MSC 29, 131.
  85. MSC 220; cf. MSC 121, 208, 221; Ep 386, 760; HPF 143, 182; PE 93 (cf. Lc 23, 43).
  86. MSC 213 (cf. Lc 23, 34).
  87. MSC 142 (cf. Mt 18, 22); cf. HPF 195 (cf. Lc 6, 37; Mt 6, 12-14; 18, 34).
  88. MSC 85 (cf. Mt 5, 43-48); cf. HPF 172 (No juzguéis y no seréis juzgados -cf. Lc 6, 37), 173 (El malo no ve la viga en sus ojos y divisa la paja en los ajenos -cf. Lc 6, 41).
  89. JOACHIM GNILKA, o.c., p. 146.
  90. MSC 169-170.
  91. MSC 132.
  92. PE 65; cf. PE 141 (cf. Jn 11, 35); HPF 167: muestra también su sensibilidad ante el ciego de Jericó (cf. Mc 10, 46-52).
  93. JOSÉ A. SAYÉS: o.c., p. 105.
  94. HPF 66.
  95. RM 14.
  96. Ep 141; PE 99-100, 154; HPF 73.
  97. HPF 178.
  98. MSC 74 (cf. Jn 6, 15); HPF 179 (El mismo Jesucristo respondió a los discípulos de San Juan con los milagros que hacía sin atribuírselos: al de la legión de demonios, «di las mercedes de Dios»), 180 (La alabanza sigue al que la huye y huye del que la busca; las huía Jesucristo y le seguían: la cananea, los de Tiro y Sidón; al mismo desierto acudían en tropel).
  99. PE 125; cf. HPF 168.
  100. J. RAMÓN BUSTO: Jesucristo, en Conceptos Fundamentales del Cristianismo, Madrid 1993, p. 648.
  101. HPF 26 (cf. Mt 28, 18-19).
  102. CATIC 553.
  103. HPF 29-30; PE 183 (cf. Lc 22, 32; Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-16).
  104. PE 93; HPF 66, 160 (cf. Mt 9, 9).
  105. PE 118-119 (El desasimiento afectivo de todas las cosas es condición indispensable, repito, para ser discípulo de J.C...). Jesús relativizó el uso del dinero y de las riquezas (Ep 136).
  106. CF VI, 62; cf. Ep 766; HPF 87 (cf. Mc 10, 29-30; 8, 34).
  107. CF III, 67 (cf. Lc 9, 62).
  108. HPF 156 (cf. Mt 6, 24).
  109. Ep 50, 139, 387, 393, 459, 748 (cf. Mt 19, 29).
  110. PE 118; cf. Ep 50, 139, 387, 393, 459, 748 (cf. Hch 2, 45; Mt 19, 22.29).
  111. MSC 197; cf. MSC 5, 51-52 (cf. Mt 16, 24; Mc 8, 34).
  112. Ep 159 (cf. Jn 15, 20); el discípulo no debe avergonzarse de su Maestro (Ep 27; HPF169, 170; cf. Lc 9, 26).
  113. Ep 143.
  114. MSC 51-52, 151; HPF 87 (cf. Mt 11, 28-30).
  115. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., pp. 164-165.
  116. MSC 196-197 (cf. Mt 27, 32).
  117. RF XXII, 23; CF IV, 62; HPF 186.
  118. HPF 133; cf. PE 106, 134 (cf. Lc 13, 5).
  119. MSC 101 (Jn 12, 25; Ga 5, 24).
  120. B. MARCHETTI-SALVATORI: Ascesis, en Diccionario de Espiritualidad, Barcelona 1987, p. 175.
  121. PE 134 (cf. Lc 3, 8).
  122. Ep 55: Esas mortificaciones interiores son las que más me gustan y apruebo: sigue.
  123. PE 33; cf. Ep 20; HPF 163; MSC 100 (Mt 7, 13-15).
  124. HPF 73.
  125. Ep 709; MSC 190.
  126. Ep 143; cf. Ep 122, MSC 75.
  127. CF XV, 59; IV, 159; Ep 495; 709; PE 159; MSC 37, 93 (cf. Flp 2, 8).
  128. MSC 73.
  129. MSC 73, 83.
  130. Ep 124, 559; MSC 73.
  131. CF 50.
  132. Ep 495 (cf. Mt 15, 18).
  133. RF XXXVIII, 32; CF X, 86; XXIII, 94 (cf. Mt 6, 4.6.18).
  134. Ep 201.
  135. PE 139; cf. CF V, 62; HPF 184, 189, 197 (cf. Mt 19, 20, 20ss; Mc 19, 35; Lc 14, 10).
  136. HPF 186 (cf. Mc 10, 43-45); 162, 189 (cf. Lc 22, 26); 197 (Engrandecerá el Señor el nombre de los que sólo tratan de servirle -cf. Gn 22).
  137. RF II, 12; cf. BF VII, 47; Ep 22 (cf. Mt 10, 16), 139, 143 (La sencillez que pone de relieve las cualidades del espíritu y los nobles sentimientos del corazón), 149, 405, 582.
  138. CF XIV, 206; cf. CF XII, 205 (cf. Mt 18, 1-5). Imagen de Jesús como dulcísimo Jesús: Ep 7, 8, 13, 109, 124, 768; MSC 7, 60, 119, 224, 239; PE 109; HPF 11, 12, 16, 67, 70, 71, 85-87.
  139. PAUL BEAUCHAMP, Oración, en Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona 1980, p. 615.
  140. MSC 244.
  141. MSC 123 (cf. Lc 5, 16; 6, 12).
  142. MSC 74; PE 125, HPF 45 (cf. Mt 9, 2).
  143. MSC 123; cf. HPF 86-87 (cf. Jn 17, 20s).
  144. MSC 93 (cf. Lc 22, 42).
  145. MSC 161 (Mt 26, 38; Mc 14, 34).
  146. PE 28; HPF 176.
  147. MSC 237-238; cf. Ep 146 (cf. Mt 27, 45; Mc 15, 34).
  148. MSC 262 (cf. Lc 23, 46).
  149. CF VII, 62-63; cf. MSC 212-214 (cf. Lc 23, 34).
  150. Jesucristo dijo: “velad y orad para que no caigáis en la tentación” y repitió: "conviene siempre orar y no desfallecer...” (PE 133; MSC 124; cf. Mc 14, 38). En general, oración y mortificación de pasiones; que este género de demonios sólo se echa con oración y ayuno (Ep 255; cf. Lc 9, 29).
  151. PE 133.
  152. MSC 124 (cf. Mt 7, 7; Lc 11, 9; Jn 14, 13).
  153. MSC 263.
  154. MSC 123; cf. MSC 263 (cf. Lc 18, 1).
  155. MSC 85; cf. MSC 20 (sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial; cf. Lc 6, 28).
  156. RF XXXVIII, 32; cf. CF X, 86; XXIII, 94 (cf. Mt 6, 4.6.18).
  157. PE 19; cf. PE 93.
  158. Ep 559.
  159. Ep 188; cf. MSC 217; HPF 195 (cf. Mt 6, 12).
  160. Ep 255.
  161. Ep 189 (cf. Mt 18, 20).
  162. JOACHIM GNILKA: o.c., p. 293.295.
  163. MSC 132-133; HPF 81.
  164. PE 57; CF 72 (cf. Jn 13, 34).
  165. PE 57; cf. PE 11; Ep 140.
  166. CF VIII, 160 (cf. Mt 5, 45): Que sea muy igual en amar á sus hermanas, imitando al sol, igualmente benéfico á buenos y malos, según la doctrina de Cristo en el Evangelio.
  167. MSC 20.
  168. MSC 139: Al hablar Moisés y Elías en el Tabor del amor de Jesús, no le llamaron solamente amor, sino exceso de amor.
  169. MSC 150; cf. MSC 17 (cf. Jn 13, 1).
  170. MSC 138; cf. Ep 140 (cf. Jn 15, 13).
  171. MSC 133; cf. PE 184 (cf. Mt 7, 12; Mt 25; 40).
  172. HPF 102.
  173. CF XIV, 69; VIII, 100; Ep 710 (Después de las amonestaciones evangélicas, hay que cortar por lo sano; cf. Mt 18, 15).
  174. MSC 74 (cf. Mt 17, 1.9); mención especial a Pedro (Ep 761: Si tan bien se encontraba S. Pedro en el Tabor, ¿estaremos mal en los brazos del Señor?; cf. Mt 17, 4).
  175. HPF 45 (El mismo que en el Tabor se revistió de luz); cf. PE 125, 159 (cf. Mt 17, 2).
  176. MSC 139, 170-171 (cf. Lc 9, 31).
  177. PAUL FAYNEL: o.c., p. 245.
  178. PE 125; cf. PE 141.
  179. PE 65; cf. Ep 397 (cf. Lc 19, 41).
  180. CATIC 558.
  181. Ep 124; cf. Ep 84; PE 93, 177 (cf. Jn 2, 13-17; Mt 21, 21-13).
  182. J. RAMÓN BUSTO: o.c., p. 70.