FeMaestro/VI. DIO SU VIDA POR NOSOTROS: MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE

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V. PASÓ HACIENDO BIEN: MISTERIOS DE LA VIDA PÚBLICA
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FeMaestro/VI. DIO SU VIDA POR NOSOTROS: MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE
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VII. NOS DIO LA VIDA. MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
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VI. DIO SU VIDA POR NOSOTROS: MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE

Él os amó hasta dar la vida por vosotras, alimentaros con su sangre y apagar la sed de vuestras almas con su propia sangre[Notas 1].

Con el Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo estamos en el centro de la Buena Nueva que los Apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por todas” (Hb 9, 26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo[Notas 2]. El reino de Dios será definitivamente establecido en la Cruz de Cristo:

Jesús, supremo Monarca del universo, Rey de reyes y Príncipe de los que dominan, ¿cómo te figuras que mostró la gloria de su reino sobre la tierra? ¡Ah!, míralo, míralo en el acto de salir para el Calvario á fin de cumplir el misterio de la Redención. A los ojos de los hombres parece el más vil y abyecto de la tierra; pero en realidad se muestra el Rey más glorioso de todos los siglos; porque no con las armas, sino con la cruz que, lleva sobre sus hombros, funda su reino y adquiere el dominio de todos los corazones[Notas 3].

La crucifixión y la muerte no son la última palabra sobre Dios, porque no son la última palabra sobre Jesucristo. En la Cruz no sólo se da un paso de la vida a la muerte; se gesta el paso de la muerte a la vida, pues en ese momento irrumpe el amor victorioso Jn 12, 32; 15, 13)[Notas 4].

Así como la pasión de Jesucristo es uno de los momentos más minuciosamente narrados por los cuatro evangelios, de igual modo, Faustino, elabora un material muy abundante sobre la pasión; la sigue, según sus palabras, paso a paso[Notas 5]. No es de extrañar esto, pues la Pasión y la Muerte de nuestro Señor son el punto culminante de su existencia, el término de su camino de humildad, el extremo de su vida de entrega total, en definitiva, de la obra de su Redención[Notas 6]. Es el último grado de amor a que pudo llegar[Notas 7].

Todos los relatos y comentarios sobre la pasión y muerte del Señor que Faustino recoge podríamos resumirlos en una especie de estribillo que sin cesar repite y que es, probablemente, fruto de su reflexión personal y experiencia acerca de los misterios de la cruz: me amó y padeció por mí[Notas 8]. Es la misma experiencia de San Pablo. Él se sumergió en el misterio inescrutable del amor de un Dios; trató de comprenderlo (¡Oh, si entendiese el amor que movió á Dios á querer morir por mí[Notas 9]) y aprovecharse de los copiosos frutos de su Redención creciendo en santidad de vida[Notas 10].

En la piedad cristiana de la época de Faustino, se detenían mucho en los padecimientos corporales de Cristo y poco en los espirituales[Notas 11]. Sin embargo, él insiste más en la cruz como signo del amor de Dios. Esto no quita que dibuje con toda suerte de detalles el drama, la tragedia, los horrores que ciertamente Jesús padeció; no le faltaron calificativos para describir su sufrimiento: azotes, burlas, escarnios, oprobio, ultrajes, ignominias, afrentas, tormentos... en el abandono y desamparo total[Notas 12].

Faustino armoniza en sus relatos lo histórico, lo espiritual y lo teológico. Es decir, apoyándose en los cuatro evangelistas narra los sucesos de la pasión y a la vez los comenta manifestando el sentido salvífico de su muerte y la enseñanza que hemos de sacar. Nunca su intención es hacer un estudio histórico sino sobre todo dar una lección para la vida. Nosotros dividiremos este apartado en dos partes, en la primera veremos el marco histórico y trataremos de recopilar los textos bíblicos en los que se basa Faustino y, en la segunda, profundizaremos en el valor salvífico de estos hechos.

1. Marco histórico

1.1. Traición de Judas

De todos los personajes que Faustino considera en la escena de la pasión, Judas es el primero que aparece. Por otro lado, también es éste el primer discípulo de Jesús que rompe su vinculación con él[Notas 13]. Vendió a Jesús por treinta monedas. Su pecado fue horrible, monstruoso, sin embargo, él lo admitió a su última cena y en el momento del prendimiento lo llamó amigo[Notas 14]. Después de su traición Judas cambió de actitud, descubrió probablemente su infamia, pero no confió en la misericordia de Jesús sino que desesperó y se dio muerte[Notas 15].

1.2. Institución de la Eucaristía

Los Evangelios Sinópticos relatan la institución de la Eucaristía. El de San Juan no lo hace, pero en cambio nos ha conservado un anuncio de aquella: el discurso del Pan de vida. Faustino recoge textos de uno[Notas 16] y de otros. Se centra en la institución de la Eucaristía viéndola como una gran muestra del amor de Dios; Jesús que se ha entregado por nosotros durante toda su vida; ahora, al final, sigue desvelando y mostrando el infinito amor que nos tiene:

Pasmaos, ángeles, y admirad eternamente los infatigables excesos del amor de un Dios! No contento el amable Jesús, no contento de haber vivido treinta y tres años con los hombres sobre la tierra, se digna, cual víctima del amor, hacer el mayor de los milagros, é instituyó el Sacramento del amor. ¿No oyes al doctor San Agustín, que te dice: «Siendo Dios omnipotente, no pudo darte más?»[Notas 17]

En la institución de la eucaristía Jesús expresó el sentido redentor de su muerte: Venite et comedite: Hoc est Corpus meum... Bibite et inebriamini, carisimi; bibite vinum quod miscui vobis? ¡Oh amor! ¡Oh bondad! ¡Oh misericordia de un Dios! Faustino presenta a Jesús como el hombre entregado hasta el final[Notas 18].”Jesús expresó de forma suprema la ofrenda libre de sí mismo en la cena tomada con los Doce Apóstoles. La Eucaristía que instituyó en ese momento será el ‘memorial’ (1 Co 11,25) de su sacrificio”[Notas 19]

Faustino emplea también el símbolo de Jesús-Cordero[Notas 20], que dice relación al Siervo sufriente de Yahveh, que carga con los pecados y dolores de los hombres siendo inocente, sin ofrecer resistencia, como cordero llevado al matadero. Cristo es Varón de Dolores[Notas 21], “cordero pascual inmolado” (1 Co 5, 7):

Así, el mansísimo Cordero va á ser inmolado sobre el patíbulo que lleva sobre sus hombros. Como manso cordero que es llevado al lugar de la muerte[Notas 22].

1.3. La terrible agonía del Huerto

Se acerca la hora, la hora de cumplir la voluntad del Padre. Aunque toda la vida de Jesús se desarrolla en la más perfecta obediencia al Padre, estamos ante el momento cumbre de su obediencia: en medio de sus agonías, dijo al Eterno Padre: Non mea voluntas, sed tua fiat. No miréis, Padre mío, no miréis, quería decir, la repugnancia de mi humanidad á beber el cáliz de la pasión; sino á que se cumpla en mi tu santísima voluntad: Non mea voluntas, sed tua fiat[Notas 23]. De este modo aceptaba llegar hasta la muerte de cruz por nuestra salvación.

Faustino expresa el deseo de Jesús de aceptar su muerte redentora: ¡Cómo deseó en todos los instantes de su vida derramar su sangre por ti! Por eso dijo: Sí; yo debo por amor de mis criaturas ser bautizado con un bautismo de sangre, y ¡cuánto se retarda la hora de mi pasión![Notas 24]. Pero también con todo realismo resalta su miedo y la angustia humana sentida por Jesús; aunque su dolor más profundo fuera de amor a la humanidad y por eso desfallece en presencia del pecado en el huerto de Getsemaní...[Notas 25] La oración le acompaña y sostiene también en este duro trance:

La hora se acerca y la noche de la tristeza se aproxima; y Jesús, el amante Jesús, va al huerto de Getsemaní, y, postrado en tierra, ora y se prepara para el gran sacrificio; ora, y al instante le asalta tan profunda y amarga tristeza, que le obliga á exclamar: Triste está mi alma hasta la muerte[Notas 26].

1.4. Jesús ante el Sanedrín. Negaciones de Pedro

Jesús es prendido y amarrado como un criminal. Lo llevaron ante el Príncipe de los Sacerdotes[Notas 27]. Caifás fue aquel que dijo aquella exclamación profética: Conviene que muera un hombre para que se salve todo un pueblo[Notas 28]. “El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina” (Jn 18, 19). Ante la respuesta de Jesús el ministro del pontífice le dio una bofetada. “Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? Todos juzgaron que era reo de muerte” (Mc 14, 64). Entonces algunos le escupieron en el rostro[Notas 29].

Faustino recoge en varios textos el pecado de infidelidad de Pedro: llora inconsolable por haber negado a su Maestro[Notas 30]. Pedro al negar al Señor está negando también su condición de discípulo: estuvo algunas horas bajo la bandera del demonio. Pero a diferencia de Judas, Pedro reaccionó[Notas 31]. Con el evangelista Lucas evoca una escena repleta de sentido para él y de aplicaciones para la vida del creyente: la mirada de Jesús llena de misericordia hacia el pecador:

Mirasteis con ojos de misericordia á un Pedro que os negó tres veces; pero os restituyó esta misericordia, llorando amargamente, y sufriendo toda su vida hasta morir crucificado con la cabeza abajo[Notas 32].

1.5. Jesús ante Pilatos

“De la casa de Caifás llevan a Jesús al Pretorio” (Jn 18, 28). Allí le acusaron falsamente[Notas 33]. En esta escena Faustino recoge textos de los evangelistas Juan y Mateo: Imagínate que estás viendo allí dentro del Pretorio á Jesús y a Pilatos, y mira cuán villanamente le trata este juez inicuo[Notas 34]:

...Mi reino no es de este mundo: decía el Salvador cuando era arrastrado por los tribunales más inicuos y de la manera más indigna que jamás se ha visto; acusado falsamente por sus más encarnizados enemigos y sentenciado por un juez incompetente que no tiene sobre él más autoridad que la usurpación y la perfidia quisieran confiarle. Y estas palabras proferidas en momentos solemnes, y que forman el consuelo y la esperanza de los cristianos, que sirven de bálsamo suave en la persecución y en las tribulaciones y constituyen el más precioso ornamento de la Iglesia[Notas 35].

Faustino señala el contraste: frente a las villanías, calumnias, insultos... Jesús no responde una palabra; teniendo todo el poder de un Dios, calla[Notas 36]. Le azotaron, y se dignó recibir los azotes; y le coronaron de espinas y dejose penetrar con ellas[Notas 37]:

Y como si fuese el hombre más vil de la tierra, por abrigo de escarnio y por ludibrio de las gentes, le arrojan sobre las espaldas descarnadas un viejo manto, y en las manos le ponen una caña. Después le clavan en la cabeza, á fuerza de golpes, una insultante corona de punzantes espinas. Y no satisfechos todavía aquellos verdugos, le escupen el rostro, le abofetean, y arrodillándose delante lo saludan como á Rey de burlas, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos![Notas 38]

Realmente es el más ruidoso de los procesos y la más injusta de las causas; la más inicua de las sentencias y la más trágica de las ejecuciones. También en este complot intervino Herodes, el ambicioso, para despreciarle y burlarse con vestidura que a su inocencia cuadraba. Siendo enemigos Herodes y Pilatos trabaron amistad en aquel momento[Notas 39].

Las turbas de los judíos gritaban: Crucifícale, crucifícale. Y el Eterno Padre permitió que Pilatos pronunciara la sentencia de muerte, y por eso dijo Jesús: No tendrías poder alguno contra mí si no te hubiese sido dado de los cielos-... ¡Oh amor de mi amado Bien! ¡Oh! ¡Qué amor! Quisiera, Señor, mil y mil veces decir: ¡Oh! ¡Qué amor![Notas 40]

1.6. Camino del Calvario

“Le sacaron fuera para crucificarle” (Mc 15, 20). Y le cargaron con la cruz y no rehusó llevarla sobre sus hombros[Notas 41]. Jesús quiso ser conducido fuera de la ciudad para ser crucificado?[Notas 42]

En esta narración paso a paso que Faustino va haciendo de la pasión le toca ahora introducir el camino con la cruz a cuestas, donde se hace presente el Cireneo:

Míralo en el acto de salir para el Calvario á fin de cumplir el misterio de la Redención. A los ojos de los hombres parece el más vil y abyecto de la tierra; pero en realidad se muestra el Rey más glorioso de todos los siglos; su figura es la de un manso cordero. Jesús, debilitado por tanta sangre vertida, con mucho trabajo puede soportar el gran peso de la cruz y cae muchas veces agobiado por 1a misma cruz. En tanto los pérfidos judíos, temiendo se les muera en el camino, hacen que le ayude á llevarla el Cirineo[Notas 43].

1.7. Crucifixión de Jesús

Como no podía ser de otra manera, Faustino, describe la forma de ejecución que tuvo Jesús: la crucifixión. El hecho de que Jesús de Nazaret fue ejecutado en una cruz pertenece a las realidades más ciertas de su historia. La crucifixión era una forma romana de ejecución que aplicaba sobre todo a esclavos. Los ciudadanos romanos no podían ser crucificados, sino sólo decapitados. Porque la crucifixión pasaba no sólo por especialmente cruel, sino también por una pena sumamente infame. Jesús fue ejecutado como rebelde político. Lo prueba la inscripción de la cruz: “Rey de los judíos”. Tal inscripción era un uso jurídico romano en el trámite de ejecución. En esta terminología jurídica romana el título (abreviado en la iconografía cristiana por I.N.R.I.) resumía la sentencia de Pilatos[Notas 44].

Así pues vemos al inocentísimo, al humilde, a Jesús crucificado[Notas 45], hecho el oprobio de las gentes y la abyección de la plebe, como lo dice él mismo: Ego sum vermis, et non homo, opprobrium hominum et abjectio plebis[Notas 46]:

Mira, hija, mira, por último, á Jesús en el Calvario, en el monte de los amantes, en el monte del dolor, donde se cumplieron los ardientes deseos de su Corazón amantísimo. Mira, mira, hija mía, mira cómo los judíos le despojan de sus vestidos y extendiéndolo sobre la cruz traspasan con crueles clavos las manos y los pies, levantándolo después sobre el madero infame en señal de ludibrio y de oprobio. Y ¿por qué aquellos pérfidos que le rodean, lo insultan, lo maldicen y blasfeman? ¡Ah! Corre, hija, en alas del afecto y de la fe, corre ansiosa al monte de la reconciliación y adora a tu Dios crucificado[Notas 47].

1.8. Las “siete palabras”

El relato de la crucifixión que hace Faustino contiene todos los hechos y palabras de Jesús que narran los cuatro evangelistas. En su libro «Mes del Sagrado Corazón», comenta detenidamente esas “siete palabras de Jesús en la cruz” como las llama la tradición.

1ª. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Las palabras de Jesús llenas misericordia alcanzan incluso a los que le crucificaban. Su soberanía es la del amor y el perdón. Con su ejemplo, Jesús sancionó la ley del perdón:

¡Admira, hija mía, admira hasta dónde llenó el amor de tu Jesús en su dolorosa Pasión! ¡Aún no están satisfechos sus enemigos en sus diabólicos deseos! Querianlo crucificado y ya lo tienen agonizante y pendiente del más afrentoso patíbulo... En cambio, ¿qué hace Jesús en medio de tantas y tan amargas penas? El buen Jesús, olvidado de sí mismo, desata su lengua en palabras de caridad y acentos de amor. Jesús ruega y dice: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. ¡Oh palabra suavísima y nunca oída en el mundo! ¡Palabra que por la primera vez debió ser pronunciada por boca del Hombre-Dios! Y sufre y no mira á 1a crueldad de sus verdugos, sólo atiende á procurar su vida y salvación: Non attendebat quia ab ipsis, sed quia pro ipsis moriebatur.
¡Jesús ruega, no para pedir venganza, sino para aplacar la divina Justicia, tan ultrajada en el horrendo deicidio; ruega, no para pedir rayos al cielo, sino para resolverlo en lluvia de gracia y de misericordia hasta sobre los mismos verdugos!... Aprende, pues, hija mía, la sublime lección que Jesús te da con su ejemplo sancionando la ley del perdón[Notas 48].

2ª. Ten por cierto, le dice, que hoy serás conmigo en el Paraíso. Faustino se fija en la postura que ante la salvación que trae Jesús adopta Dimas, el llamado buen ladrón. Son nuevamente palabras de misericordia y compasión, de clemencia y generoso perdón. El poder de Dios ante el pecado es grande: transforma un gran ladrón en un gran santo. Jesús se mostró liberalísimo con el buen ladrón[Notas 49]. El Señor, comenta San Ambrosio, concede siempre más de lo que se le pide: el ladrón sólo pedía que se acordase de él; pero el Señor le dice: ‘hoy estarás conmigo en el paraíso’. La vida consiste en habitar con Jesucristo, y donde está Jesucristo, allí esta su reino:

Jesús, hija mía, tuvo, como sabes, un deseo tan vivo de salvar á todos los hombres, que no dejó de hacer participantes de su sangre ni á los mismos que le crucificaron. Sí, Los mismos que derramaron la sangre de Cristo, son vivificados por la sangre de Cristo. Mientras tanto, por la admirable calma, por el sobrehumano continente de Jesús, en medio de tantas y tan atroces penas, por el generoso perdón que pide para sus enemigos, el buen ladrón, vivamente conmovido, reconoce que aquel no puede por menos de ser un Dios; por eso, con su espíritu abierto á la más alegre esperanza, le dice con voz moribunda: ...Señor acordaos de mi cuando estuviereis en vuestro reino.
¡Oh!, cuán pronto el Corazón de Jesús, movido á compasión á la voz de un pecador que pidió misericordia, le habló, no para echarle en cara sus innumerables y monstruosas culpas, ni para recordarle el infierno que mil veces había merecido, sino que le respondió con el tiernísimo afecto de un padre, con la palabra clementísima de un Dios: ten por cierto, le dice, que hoy serás conmigo en el Paraíso[Notas 50].

3ª. Mujer, he ahí a tu Hijo. Vuelto luego al discípulo, le dijo: Ahí tienes a tu Madre. Al pie de la cruz no podía faltar su Madre[Notas 51]. La entrega de María es otra prueba más del amor de Jesús a la humanidad; pero también es signo de amor de María al sacrificar a su hijo[Notas 52]. Juan nos representaba a todos y María representa la Iglesia, nueva humanidad nacida de la cruz; y su función dentro de ella[Notas 53]. “El encargo de Jesús a la madre y al discípulo se hace en términos de reconocimiento mutuo”[Notas 54]:

Advierte qué aquellas espinas, clavos, llagas y sangre, te dicen que el Corazón de Jesús ya no tiene más que hacer para mostrarte su amor inmenso. A pesar de hallarse en el extremo de su vida mortal, aún medita otra prueba que quiere darte de su amor. Y de paso, advierte aquí mi pena, hija mía. Al ver á mi Jesús próximo á espirar, salí de entre las mujeres y penetré con María Cleofé y con María Magdalena, por entre las filas de crueles soldados, hasta llegar al pie de la cruz. Allí estaba Juan, el discípulo amado. Entonces Jesús, volviendo á mí sus ojos moribundos é indicándome á Juan con voz triste y afectuosa, me dijo: Mulier, ecce Filius tuus. Mujer, he ahí a tu Hijo. Vuelto luego al discípulo, le dijo: Ahí tienes d tu Madre. -Ecce Mater tua.
Y no creas, hija, que á sólo Juan quiso decir Jesús: Ahí tienes á tu Madre, sino también á ti y á cuantos en los siglos venideros observaron su ley. Sí, ahí tienes á tu Madre, te dice el Corazón agonizante de Jesús, para enseñarte que si El con su sangre te ha regenerado á la vida de la gracia, también yo con mis dolores he cooperado á tu salvación. Ahí tienes á tu Madre, te dice, á fin de que tú en las aflicciones, peligros y dificultades de la vida, acudas á Mí llena de confianza, porque en mi, en mis manos, está la plenitud de todos los bienes y de las gracias celestiales[Notas 55].

Faustino presenta también a María en la cruz haciendo un acto de fe: María... cierra sus ojos, inclina su frente y se conforma con la voluntad del hijo que lo desea y del Padre que lo consiente!!![Notas 56]

4ª. Dios mío, Dios mío; ¿por qué me has abandonado? Faustino describe la experiencia de abandono y desamparo que sufre Jesús. En medio de este misterioso y penosísimo abandono se mantiene obediente a su Padre, fiel hasta el final[Notas 57]. “Jesús sintió que cuanto más se identificara él mismo con nosotros, más experimentaría nuestra pecaminosidad, nuestro desamparo, nuestra inseguridad, propia de quienes habían rechazado el don del amor de Dios. Llegó a darse cuenta de que si llevaba su misión hasta el fin, tendría que experimentar la plena realidad de lo que significa para una criatura estar «separada» de Dios. Para Jesús esto significaría experimentar en sí mismo el ser separado del padre, que lo significaba todo para él... El grito en la cruz debe considerarse como el momento en que Jesús más se identificó con nuestro abandono de Dios”[Notas 58]. Faustino ve esta enseñanza profundísima en las palabras del Maestro moribundo:

Imagínate á Jesús agonizante entre amarguísimas penas, y ya á punto de exhalar el último suspiro. Él se ve abandonado, y abandonado ingratamente de todos, y hasta de sus mismos apóstoles y discípulos. ¡Oh! ¡Cuán amargo le era tan monstruoso abandono! Sin embargo, sufre y calla. Pero al verse también abandonado hasta de su mismo Padre, no pudo dejar de desfogar con El su afligidísimo Corazón, diciéndole con tristeza: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me habéis abandonado? Y no creas, hija, que este lamento sea efecto de debilidad ó de cansancio, sino expresión de la más sublime enseñanza; porque en esta queja amorosa quiso Jesús que tú leyeses la monstruosa enormidad de la culpa, cuya expiación obligó al Eterno Padre a abandonarle en la más terrible agonía[Notas 59].

5ª. Tengo sed. Estas palabras de Jesús, Faustino las interpreta no sólo como expresión de una sed física sino que expresan otro misterio más profundo, es una sed que nace del amor. Amor por cumplir su misión de salvación:

Finalmente, en la cruz, á tanto padecer añadió los espasmos y la devoradora sed. Yo vi sus labios secos y libidos, vi el ansia de su Corazón acibarado...; después le oí exclamar: Sitio . Tengo sed. ¿Cómo es que Jesús no se lamenta de su cabeza traspasada ni de sus pies y manos desgarradas y sí sólo de su sed? Aprende, hija mía, el gran misterio. Al decir Jesús: Sitio. Tengo sed, habla especialmente de la ardiente sed de su Corazón; porque su sed es sed que nace del amor, es sed de padecer más...
Pero ¿qué es lo que veo? ¿Qué es aquella esponja que, empapada en hiel y vinagre, alargan a Jesús para más afligirlo? ¡Ah!, sí, es lo que El mismo había predicho por boca del Real Profeta cuando dijo: Me dieron hiel por comida y apagaron mi sed con vinagre. Reconoce ahora otro misterio, que se oculta tras el velo de este hecho tan ignominioso y cruel[Notas 60].

6ª. Todo está ya consumado. Instantes antes de su muerte, Jesús revisa su vida en cumplimiento del programa divino de la Redención. Ha realizado por completo los amorosos designios de su Padre, nada queda por cumplir. Entre Dios y el hombre se ha restablecido la nueva alianza de paz y de amor:

Míralo ya en el término de su camino, he ahí á Jesús ya próximo á espirar en la cruz... Mas para que comprendas que nada ha omitido para cumplir los amorosos designios de su Corazón, te dice antes de morir: Consummatum est. Todo está ya consumado ¡Oh! ¡Con cuánto afecto salen de su Corazón divino estas amorosas palabras, que contienen las más consoladoras promesas para los hijos de los hombres. Todo está ya consumado, dice Jesús, para significarse que se han cumplido todas las maravillas vaticinadas para el humano rescate. Todo está ya consumado, grita á tu corazón, á fin de que sea consumido por el fuego del divino amor de Jesús. ¿No oyes á Jesús que te dice: Fuego he venido a poner en los corazones y qué he de querer sino que arda?[Notas 61]

7ª. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Podríamos decir que el Evangelio de Lucas se abre con las palabras de confianza y disponibilidad de la Madre y se cierra con el acto supremo de confianza del Hijo en su Padre. Murió como había vivido[Notas 62]:

Lleva ya tres horas, y aún sufre y agoniza Jesús; ¡sufre y agoniza en la cruz!... Mientras tanto, fija tu mirada en Jesús moribundo, mira, míralo. Ya desata por última vez su lengua, y exclama con voz fuerte: -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. ¿Te maravillas acaso al oír á Jesús encomendar al Padre Eterno su alma bendita, unida indivisiblemente á la Divinidad? Cese tu admiración, y adora más bien los recónditos misterios del amor de un Dios. De un Dios que muestra su Divinidad, hablando con voz tan vigorosa en el momento que estaba para morir, y demuestra su amor ardentísimo; porque recomendando su espíritu al Padre Eterno, quiere recomendar su Cuerpo místico, la Iglesia, á fin de que, animada ésta de su espíritu mismo, viviese pura e inmaculada la vida del amor y de la caridad[Notas 63].

1.9. Muerte en cruz

...Hasta la muerte. Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de Cruz[Notas 64]. Con la preposición “hasta” recoge lo que ha sido toda la vida de Jesús que ahora culmina. Su muerte, pues, es consecuencia de su vida. ¡Qué manera de corresponder a lo que ha sido la vida de Jesús! Faustino pone en boca de María un precioso diálogo que expresa el contraste entre la vida entregada de Jesús y su cruel muerte:

¡Oh, vida muerta! ¡Oh, lumbre oscurecida! ¡Oh, hermosura afeada! Pecadores, ¿qué mal os hizo esta vida mía?; ¿en qué ha provocado vuestras iras? ¿Quién agotó esta fuente? ¡quién así te ha parado! ¿A dónde irá la Madre sin el hijo y la hija sin padre? ¿A dónde la hermana sin el hermano?, ¿y la esclava sin su señor? ¿Pero qué hiciste? ¿Son éstas las gracias de tantos beneficios? ¿Es éste el premio de tantas virtudes? ¿Es ésta la paga de tanta doctrina? ¡Tanto puede el pecado! ¡Tanto lo has aborrecido! ¡Tanto pide la justicia! ¡Tanto vale un alma! ¡Tanta es vuestra crueldad, oh hombres, para que aún sigáis ofendiendo a mi hijo![Notas 65]

Los comentarios y relatos que Faustino hace de la muerte de Jesús están llenos de sobrecogimiento y profundidad. En Jesús es Dios el que moría: Venid, venid y veréis... a un Dios muerto!!![Notas 66]

El último relato evangélico que recoge es el de la “lanzada”. El costado de Cristo que mana sangre y agua poseen gran simbolismo: la sangre de Cristo presente en la Eucaristía y el agua del bautismo que salva. La sangre simboliza su amor demostrado y el agua su amor comunicado[Notas 67]. La acción del soldado era innecesaria, pero la hostilidad sigue. La expresión de odio permite la del amor que produce vida. Jesús aun muerto dio nuevas muestras de su amor[Notas 68].

2. El valor y precio de nuestra redención

Desde que Jesús murió en la cruz, ésta se ha cargado de contenido y significado simbólico para todo creyente. Representa el precio de nuestra redención, y la canción de nuestra libertad, y la víctima de nuestras culpas y el valor de nuestras almas. Por eso es nuestra señal[Notas 69]. En la cruz llega a su máxima expresión la condescendencia de Dios, que comenzó en la Encarnación de Jesucristo y en su nacimiento de María.

Faustino, apoyándose en San Pablo, considera también la cruz como compendio de todo el mensaje cristiano de salvación. Esto se muestra ya en la abundancia de textos sobre el tema[Notas 70]. Como Pablo, Faustino no quiere saber más que á Jesús, y á Jesús crucificado[Notas 71], conformarse[Notas 72] tanto con él hasta poder llegar a decir como el Apóstol: Vivo yo, mas no yo, sino Cristo crucificado vive en mí[Notas 73], o también Crucificado para el mundo y el mundo para él[Notas 74].

2.1. El escándalo de la cruz de Cristo

Las preguntas son ineludibles ante una muerte tan desconcertante. También Faustino se hizo preguntas tratando de descubrir el sentido más profundo de la cruz. Abordó la cruz como misterio. Por eso su modo de acercamiento fue contemplativo. De ahí las palabras que introducen gran parte de las escenas de la pasión y muerte de Jesús: sube y entra, lee y medita, mira y admira, contémplale y adora[Notas 75]. Pero la cruz es también una ciencia que hay que tratar de aprender y comprender[Notas 76]. Desde esta perspectiva Faustino se encontró con el escándalo de la cruz de que habla Pablo[Notas 77] y se preguntó el “por qué” y el “para qué” de esa muerte: ¿Y por qué habéis querido, Dios de verdad, redimirme con muerte tan atroz?[Notas 78] Prosigue sus preguntas: si para salvar al mundo, no era necesario que Jesús derramara toda su sangre, ni sufriese tantos y tan crueles tormentos; pues hubiera bastado una sola oración suya, un solo suspiro, una sola lágrima, una sola gota de su sangre ¿Para qué, pues, se sometió Jesús á una pasión tan dolorosa, á tantos dolores y á una muerte tan cruel?[Notas 79]

Con estas preguntas se enfrenta a un problema difícil. La cruz nos sitúa una vez más ante el problema de Dios: ¿Dónde, dónde está Dios?... ¿Por qué consiente que su hijo verdadero pase como un infame reo? ¿Puede ser Dios tan vengativo y terrible que necesite un “chivo expiatorio”?[Notas 80]. El intentar descubrir a Dios en la muerte de Jesús nos lleva a otro planteamiento: “¿por qué Dios permite el mal en el mundo? ¿por qué Dios tolera el sufrimiento sin sentido del justo aplastado en la historia? ¿por qué Dios permite el triunfo de los opresores y el fracaso del hombre honesto?”[Notas 81]

Faustino nos descubre una presencia de Dios en la muerte de Jesús que San Pablo describe como kenótica; anonadada. Dios mismo termina siendo un Dios humillado, crucificado, un Dios padeciendo, un Dios muerto[Notas 82], negado a sí mismo. Dios no quería la muerte de Jesús, la permitió; no deseaba su pasión y muerte, sino que, por el contrario, “busca que el pueblo se convierta y que escuche su mensaje. Dios no quiere ese final, pero lo acepta y asume, como la respuesta del hombre al ofrecimiento que él hace en su Hijo. El trágico final de Jesús es el resultado de la decisión del hombre, es la consecuencia de la libertad humana, no es la obra de Dios”[Notas 83].

Por ello, ante la pregunta ¿dónde está Dios? hemos de responder, con Moltmann: Dios está en el crucificado Jesús y en todos cuanto sufren su misma suerte.

Faustino no se plantea la cuestión histórica de cómo entendió Jesús su muerte. Sin embargo sí hace mención a algunos textos evangélicos que dan a entender que Jesús atribuyó a su muerte un significado salvífico: Jesús, mucho antes había dicho que, cuando fuese elevado de la tierra sobre la cruz, atraería dulcemente a sí los corazones de los hombres[Notas 84].

2.2. La explicación: murió por amor

La respuesta que da Faustino la podríamos resumir así: Dios Padre entregó a su propio Hijo a la muerte para mostrarnos su amor infinito, reconciliarnos con él y establecer con nosotros la nueva alianza en el amor, realizando así nuestra salvación[Notas 85]. De estas respuestas la que más desarrolla en sus escritos, como una constante, es la cruz como expresión del amor más radical, de un Amor que se despoja de sí mismo hasta el extremo. Nos amó toda su vida[Notas 86], dirá Faustino, condensando en el amor la pro-existencia de Jesús:

Llevó la enormísima de nuestros pecados sólo por amor de su Eterno Padre y por la salvación de todos los hombres que tan mal le habíamos de pagar![Notas 87]
Y yo ¿he considerado alguna vez el exceso del amor de un Dios? ¿De un Dios que se hace hombre por amor de él? ¿De un Dios que, por salvar al hombre del abismo de la muerte eterna, se ofrece voluntariamente á la muerte y á derramar hasta la última gota de su preciosísima sangre? ¿Qué otro exceso de amor puede igualar al amor de un Dios?[Notas 88]

Así pues, en la pasión y muerte de Jesús, aparecen los recónditos misterios del amor de un Dios, de un Dios que tanto hizo por nosotros, que no pudo hacer más: se hizo Hombre, padeció, dio su preciosa sangre y hasta su misma vida[Notas 89]. Por eso nos dirá con San Pablo: “no perdonó a su propio Hijo, antes bien, lo entregó a la muerte por todos nosotros” (Rm 8, 32):

Supuesto que movido Este de la infinita caridad de su Corazón ternísimo por salvar á nosotros de la muerte eterna, se ofreció voluntariamente a la Justicia divina. Oblatus est quia ipse voluit. Y el Padre Eterno aceptó la oferta de buen grado y le abandonó á la furia de sus más fieros enemigos: ¡No perdonó a su propio Hijo![Notas 90]

Esta ofrenda de Jesús al Padre es un misterio de amor[Notas 91]. “Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres... En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: ‘Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente’ (Jn 10, 18)”[Notas 92]

La imagen del Buen Pastor es también reveladora de ese amor que conduce a dar la vida. Como dice San Ligorio: antepuso nuestra salvación a su vida[Notas 93]. Cristo, como buen Pastor dio su propia vida por las ovejas:

Cuídate y por mucho que sufras, no olvides la reconvención de Jesucristo que nos dice: Que aún no hemos derramado por Él nuestra sangre como Él la derramó toda por nosotros y dio su misma vida[Notas 94].

Sólo el amor da sentido al dolor. La cruz revela la distancia que hay entre Dios y el hombre, salvada por el amor: ¡Admira el exceso de amor de un Dios! ¡Mira, mira dónde llegó el poder de su amor! Jesús en su pasión no miró solo a cumplir la grande obra de su Redención, sino que quiso también, con sus dolorosas penas, manifestar el amor excesivo de su Corazón divino. De aquí el que no satisficiera al amor lo que bastó a la Redención. Lee, pues, en las llagas abiertas de Jesús el amor de su Corazón[Notas 95].

2.3. La vida de Jesús es el precio de nuestra salvación

Faustino, de forma imaginaria, nos narra los sentimientos que surgen en María en el momento de la pasión, y a través de ellos el sentido que la Biblia da a la muerte salvadora de Jesús: os compró con su preciosa sangre. Realmente ha sido un infinito precio el que se ha pagado[Notas 96]; costó un Dios su rescate, la sangre de todo un Dios[Notas 97].

Y efectivamente, Señores, el sacrificio al ofrecer a su hijo a la muerte es la mayor prueba de amor que pudo dar a los hombres... y cuando se entregaba toda entera al objeto de su amor, hiere su mente cual punzante espina la idea de que ha de perderlo y de la manera más cruel, si el hombre ha de conseguir su salvación, y se establece en su corazón la lucha entre estos dos sentimientos tan fuertes, el amor de su Dios y el amor de los hombres que han de ser redimidos con la sangre de Jesús. María quiere como toda madre conservar a su hijo, y quiere también la salvación de los hombres; mas no hay medio, si conserva al hijo de sus entrañas el humano linaje perece y si éste ha de salvarse, la vida de Jesús es su precio; ved aquí la lucha, pero lucha terrible para el corazón de una madre... y al fin venció la caridad, y conformándose con los divinos decretos ofrece en holocausto al hijo que tanto amaba, para que así consiga su salvación el infeliz mortal[Notas 98].

Cuando Faustino, basándose en Pablo y Pedro, habla de “precio” o de “coste”, está queriendo expresar que es algo muy valioso lo que Dios ha hecho con nosotros y que lo tenemos que apreciar. Trata de ponderar la estima que hemos de tener de la liberación de la esclavitud. Sólo hasta ahí llega la metáfora.

Así pues, por la sangre de su cruz hemos sido redimidos[Notas 99], se ha realizado la obra de la redención y rehabilitación del hombre[Notas 100]. ¿En qué consiste esta salvación? En que Jesús como comprensivo Samaritano sale al camino de nuestra vida y cura las llagas del linaje humano. Sanguis Jesuchristi emundat nos ab omni peccata, “nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados” (Ap 1, 5), nos ha librado de la servidumbre de la culpa y de la muerte eterna[Notas 101]. La muerte de Jesús en la cruz fue un verdadero sacrificio que ofreció Jesús a su Padre en reparación de los hombres: fue muerto por matar a nuestra muerte[Notas 102]:

No te figures, hija, que los dolores y tormentos que sufrió Jesús en su pasión fueron casuales, sino con infinita Sabiduría, dispuestos por El mismo y anunciados mucho antes por boca de los Profetas; porque, Jesús, cual amoroso Redentor, con sus diversas penas quiso satisfacer á la divina Justicia por tantas especies de culpas ofendida y ultrajada[Notas 103].

Faustino también ve la cruz de Cristo como holocausto de amor[Notas 104]. Para ello se basa en la Carta a los Hebreos donde se interpreta el sacrificio redentor de Cristo como una función sacerdotal y se describe la cruz como holocausto que reconcilió de una vez para siempre a Dios y a los hombres entre sí, y nos dio la nueva vida.

Todos estos términos que Faustino utiliza pueden chocar un poco con nuestra sensibilidad actual. En efecto, esa desconcertante manera con la que Dios hace justicia no hay que entenderla como castigo del culpable pues para Dios hacer justicia es desplegar su fuerza salvadora y misericordiosa.

En definitiva, es desde la perspectiva del amor desde donde hay que entender los términos, “satisfacción”, “expiación”, “propiciación”, “reparación”, “rescate”, que Faustino utiliza para explicar el sentido salvífico de la muerte de Jesús.

Nosotros, nosotros fuimos la causa de su dolor y la culpa de su castigo; nosotros el motivo de su muerte y el delito de su pena; pecamos nosotros los inicuos y fue castigado el justo; delinquimos nosotros los reos y sufrió la pena el inocente; y lo que merecimos los malos, lo padeció el bueno; y lo que pecamos los siervos lo pagó el Señor; y lo que cometió la criatura, hubo de sufrirlo el Creador[Notas 105].

Como explica en el texto, todos fuimos la causa de su muerte con nuestro pecado: murió por las culpas de todos[Notas 106]: ¿Tan cara vale su alma? Tan fuerte clavó la culpa al mismo que la expiara... ¡Maldito, maldito sea el pecado que tanto exige! Faustino hace una descripción muy detallada de todos los pecados de los hombres, pues cada pecado, como decía el Papa Pío XI, renueva en cierto modo la pasión de Nuestro Señor[Notas 107].

Jesús muere desnudo[Notas 108]. Todo un símbolo que Faustino descubre en la cruz de Cristo. Jesús, hombre para los otros, en su vida y en su muerte, se ha despojado de todo por amor, se ha entregado a todos por amor. Es el amor de Dios personificado para los hombres, que se convierte en Salvador:

En ella (la cruz) predicó Jesucristo, oró, sufrió, obró milagros. En ella está Jesucristo, como Maestro de toda virtud[Notas 109].

2.4. La participación en la cruz de Cristo

La cruz no es sólo la fórmula abreviada y el símbolo de todo el Evangelio, sino también, el signo auténtico de la vida cristiana. La cruz tiene un significado existencial directo para la vida cristiana. Seguir a Jesús es seguirle con la cruz[Notas 110]. Hemos de participar en el misterio de la muerte de Cristo[Notas 111]. Estamos, dice San Pablo “crucificados con Cristo” (Ga 2, 19): Tomar á Cristo por único y perfectísimo modelo en todo, y vivir crucificada con El[Notas 112]. Todo esto con una finalidad: pues seremos vivificados y resucitados con El (Ef 2, 5; Col 2, 13). Nos gloriaremos en la cruz de Cristo: Gloríate en su Cruz[Notas 113]. Estar unidos a Cristo supone pues asumir su programa que le condujo a tal muerte[Notas 114]. En suma, morir y vivir con Cristo, es renunciar a todo lo que significa pecado para permanecer en la gracia. Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Ga 5, 24)[Notas 115].

Esta participación en los misterios de Cristo se nos da por el Bautismo. Por él todos los cristianos nos incorporamos a la muerte de Cristo, para participar un día de su gloria (cf. Rm 6, 3-8). También en la celebración de la eucaristía, memorial por excelencia de su pasión, se recuerda y actualiza su pasión y muerte.

Los méritos de la muerte de Cristo son infinitos; la virtud de la cruz es grande. Ahora sólo falta que cada uno se acoja a su misericordia y coopere con la gracia de Dios[Notas 116]. Por eso Faustino da tantos calificativos a la cruz del Señor: es espejo[Notas 117], es libro[Notas 118], es manantial de ciencia[Notas 119], es llave de los tesoros divinos[Notas 120], en definitiva, el camino o escala para el cielo[Notas 121]. En definitiva, Faustino mira a la cruz y ve, sobre todo, en ella al Amor: ¡Bendito, bendito sea el Amor que tanto puede! El amor de Dios en Cristo desplegando lluvia de gracia y misericordia[Notas 122]. Es la cruz como victoria del amor.

Notas

  1. Ep 140.
  2. CATIC 571.
  3. MSC 195.
  4. J. NAVARROS SANTOS: La imagen del Dios cristiano, p. 93.
  5. MSC 84.
  6. MSC 254; cf. MSC 170, 229.
  7. MSC 138; Ep 140 (cf. Jn 15, 13).
  8. MSC 99, 158 (cf. Ga 2, 20).
  9. MSC 158; cf. MSC 252, 129 (¡Conque, según San Juan Crisóstomo, me amaste en tu pasión tanto como al mundo entero!).
  10. MSC 162.
  11. MSC 238.
  12. Son muchas las citas para recogerlas, ya irán apareciendo dónde se encuentran los principales textos de la pasión y muerte.
  13. Ep 109: No hay más que estos dos partidos: el partido de Dios y el partido del demonio, o sea del mundo. Dos banderas hay levantadas, la bandera de Jesucristo y la bandera del mundo o del demonio. Hasta ahora os veo alistadas bajo la bandera de Jesucristo, pero también lo estuvo Judas, y cuando oyó la voz del demonio se pasó a la suya.
  14. MSC 91; PE 71, 93; Ep 59 (cf. Mt 26, 15. 50).
  15. HPF 65, 190; MSC 91; PE 171 (cf. Mt 27, 3-10).
  16. MSC 152 (cf. Jn 6, 54), 112 (Jesús profesó singular afecto a Juan, y en la noche de la cena le permitió apoyar la cabeza sobre su costado...; cf. Jn 13, 25); HPF 124. En estos textos recoge la tradición que se remonta al s. II y que explica el amor preferencial de Jesús por el Apóstol Juan a causa de su vida de virginidad.
  17. MSC 17; cf. MSC 150 (cf. Jn 13, 1; Mt 28, 20).
  18. MSC 18, 151; Ep 59 (cf. Mt 26, 26-27).
  19. CATIC 610-611.
  20. Ep 27; MSC 33, 84, 195; HPF 71, 78, 95.
  21. Ep 45.
  22. MSC 195 (cf. Jr 11, 19).
  23. MSC 92 (cf. Lc 22, 42).
  24. MSC 161-162.
  25. PE 65; cf. HPF 185; MSC 259 (Veo el amor y comprendo el dolor vuestro).
  26. MSC 161 (Mt 26, 38; Mc 14, 34).
  27. HPF 65; cf. HPF 186 (cf. Mt 14, 48).
  28. MSC 270 (cf. Jn 18, 14. 22).
  29. HPF 64 (cf. Lc 26, 67).
  30. HPF 151; cf. HPF 190, 193; PE 75; MSC 91 (cf. Mt 26, 75).
  31. Ep 109 (Jesús se queda solo pues todos sus discípulos huyeron); cf. HPF 68; MSC 237 (cf. Mt 26, 5).
  32. MSC 121 (cf. Lc 22, 61).
  33. HPF 64 (cf. Jn 18, 29).
  34. MSC 187-189 (cf. Jn 18, 28; Mt 16, 19).
  35. HPF 26-27, 92.
  36. MSC 84. Faustino se fija especialmente en un rasgo de Jesús durante la pasión. Jesús sufre y calla (CF VII, 62; MSC 180, 237; PE 180; HPF 73). Este talante del Maestro lo convirtió en lema de su vida expresado como Amar y sufrir. Con fuerza lo vivió y lo aconsejó (PSV 395; Ep 390, 551, 559, 602, 643, 753, 761; TE 17; C. PRIGRETTI: Abrieron el surco..., pp. 509, 531).
  37. HPF 64.
  38. MSC 188; PE 151: Cuando quisieron los soldados tratar a Cristo de Rey, le pusieron la púrpura en las espaldas y las espinas en la cabeza (cf. Jn 19, 1-3; Mc 15, 16-20).
  39. Ep 357; HPF 65, 70, 174 (cf. Lc 23, 11-12).
  40. MSC 159 (cf. Jn 19, 6. 11; Lc 23, 24).
  41. HPF 64.
  42. MSC 158.
  43. MSC 196-197; cf. MSC 200; Ep 144 (cf. Mt 27, 32).
  44. cf. WALTER KASPER, Jesús..., p. 139; HPF 63, 70: Sacad, sacad primero esa inscripción de pretendido sarcasmo; presentad al pueblo ese padrón de aparente ignominia y preguntadle con Cristo ¿de quién es este título?, y la razón, y la letra y la figura y el figurado, os responderán: que la imagen es de un enfermo, pero el título de un Médico; que aquélla es de un mendigo, y éste de un alto potentado; la imagen del más vil de los esclavos, y el título del más poderoso de los señores; la una, del mayor caudillo de ladrones y el otro del rey soberano de las dominaciones; la imagen le pregona en son de malhechor y el título le predica divino salvador; la primera indica que es un hombre, y el otro demuestra que es un Dios.
  45. CF VII, 62; MSC 252; HPF 64, 65, 67, 70.
  46. MSC 74-74; cf. MSC 225.
  47. MSC 203-204.
  48. MSC 212-214; cf. CF VII, 62-63 (cf. Lc 23, 34).
  49. PE 93.
  50. MSC 219-221; cf. MSC 121, 208; Ep 386, 760; HPF 143, 182 (cf. Lc 23, 43).
  51. Ep 70.
  52. HPF 103, 226-229.
  53. HPF 36.
  54. J. MATEOS; J. BARRETO: El Evangelio de Juan, Madrid 1979, p. 817.
  55. MSC 228-230; cf. HPF 11-12, 150, 152 (cf. Jn 19, 25-27).
  56. HPF 86.
  57. Ep 146; PE 125 (cf. Mc 15, 34).
  58. J. FUELLENBACH: Reino de Dios, en Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, p. 1124.
  59. MSC 237-238; cf. MSC 242.
  60. MSC 244-247 (cf. Sal 69, 22; Jn 19, 28-29).
  61. MSC 254-255 (Jn 19, 30).
  62. LA CASA DE LA BIBLIA, La Biblia, Salamanca 1992, Nota a Lc 23, 44-49: “La Iglesia futura, representada en las mujeres, contempla desde lejos el acontecimiento, que se nos cuenta como el último combate de las tinieblas contra Jesús, cuya muerte aparentemente otorga la victoria al mal. Sin embargo las palabras de Jesús tomadas del salmo 31 son una expresión de confianza en Dios, que es quien tiene la palabra decisiva”.
  63. MSC 261-263 (cf. Lc 23, 46).
  64. CF IV, 159; Ep 495, 709; MSC 37, 93; PE 159 (cf. Flp 2, 8).
  65. HPF 71; 36 (Hizo cesión del mejor de los hijos por la salvación de los esclavos más indignos).
  66. HPF 63, 67.
  67. J. MATEOS-J. BARRETO: o.c., p. 829.
  68. MSC 270-271 (Por fin Jesús inclina su cabeza y muere sobre su cruz. Con razón se obscurece el sol horrorizado, y llenos de espanto se conmueven los quicios de la tierra. Y no obstante, los enemigos de Jesucristo no cesan de ensañarse contra El ya muerto. Mira, mira aquel enfurecido Centurión que empuña la lanza y corre hacia la cruz.¿Adónde va? ¿Qué pretende? ¡Ay! Mírale, ya asesta su lanza y la sepulta con fuerza en el costado de Jesús, y con su aguzada punta llega á herir el sagrado Corazón de Jesús. Esta herida fue toda mía, porque fué la terrible espada que me predijera Simeón); cf. Ep 32, 559 (cf. Jn 19, 34).
  69. PE 27; Ep 14, 45, 654; HPF 70.
  70. RF XII, 23; XXX, 27; CF XIII, 58; XIV, XV, 59; VII, 62; XVI, 81; II, 84; I, 98; 105; II, 159; XII, 161; XIII, 196; II, 203; Ep 14, 20, 50, 55, 70, 107, 119, 141, 144, 146, 152, 189, 221, 255, 417, 495, 545, 559, 728, 759, 765; TE 20; MSC 5-7, 22, 37, 45, 58, 66, 84, 86, 90, 93, 101-103, 121, 144, 158-159, 171,-172, 177, 186, 195-200, 203-205, 207-209, 212, 216-217, 219, 224, 229, 244, 252, 254, 261, 270-271; PE 15, 27-28, 71, 106, 124-125, 139; HPF 11-12, 36, 62-73, 78, 85-88, 92-93, 97, 123, 143, 150-151, 154, 159, 160, 163, 176, 191, 196.
  71. MSC 186; HPF 191 (cf. 1 Co 2, 2).
  72. CF II, 159; MSC 37.
  73. MSC 103; cf. PE 106 (cf. Ga 2, 20).
  74. PE 106; Ep 255, 559; CF II, 84 (cf. Ga 6, 14).
  75. MSC 54, 74, 100, 170, 174, 186, 203, 229; RF XXX, 27; CF II, 84; PE 15.
  76. Ep 141.
  77. MSC 225 (cf. 1 Co 1, 23); HPF 70 (Signo de ignominia).
  78. MSC 90.
  79. MSC 169-170.
  80. HPF 63; cf. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., p. 198.
  81. J. MARÍA CASTILLO, J. A. ESTRADA: El Proyecto de Jesús, Salamanca 1985, p. 71.
  82. HPF 67; MSC 203.
  83. J. MARÍA CASTILLO-J. A. ESTRADA: o.c., p. 72-73; MSC 159.
  84. MSC 204 (cf. Jn 12, 32).
  85. Ep 144; 417. De ahí que llame con distintos nombres al lugar donde Jesús murió: monte de la reconciliación, monte de dolor, montaña de amor, Arca del Testamento (MSC 90, 100, 203, 254; HPF 69-70)
  86. HPF 176; cf. HPF 171.
  87. Ep 417.
  88. MSC 139; cf. CF XIV, 59; XIII, 206; Ep 144, 221; PE 128; MSC 50, 90, 129, 161, 170, 174, 224, 229, 239, 243, 160.
  89. MSC 262; cf. MSC 176 (¿Pude, acaso, hacer algo más para tu salvación y no lo hice?); Ep 109.
  90. MSC 237. Cuenta dos especies de parábolas (MSC 226-227; 236s).
  91. HPF 53.
  92. CATIC 609.
  93. Ep 144.
  94. Ep 109; cf. Ep 222; RF III, 12; BF VIII, 48; MSC 92 (cf. Jn 10, 11.15).
  95. MSC 170.
  96. Ep 109, 141, 185, 688, 739, 764; CF XIII, 196; CF II, 203; TE 23; MSC 48, 50, 53, 73, 122, 176; HPF 168(cf. 1 Co 6, 20; 7, 23; 1 P 1, 18s). Esta es una idea muy repetida por Faustino.
  97. HPF 71; cf. Ep 185; PE 15.
  98. HPF 103.
  99. MSC 73; HPF 123, 148, 105 (cf. Col 1, 20; cf 3, 25; 5, 9s; Ef 1, 7; 2, 13).
  100. HPF 123; PE 12 (Dios rehabilita al hombre entregando a su Hijo).
  101. HPF 148; MSC 53.
  102. HPF 63, 149, 120, 128. Por eso llama a Jesús Reparador de la estirpe proscrita, el Salvador (Ep 124; PE 97; MSC 26, 29, 34, 37, 70, 105, 106; MSC 93, 106, 141, 196).
  103. MSC 179; cf. MSC 188; HPF 67.
  104. MSC 171; PE 124; HPF 69-70, 103.
  105. HPF 64; cf. MSC 186.
  106. CF I, 98.
  107. HPF 64-65, 71.
  108. CF 105; Ep 221; PE 155; HPF 160.
  109. PE 28.
  110. MSC 5, 51-52, 197; Ep 417 (Rehúyes llevar tu cruz en pos de El que llevó la enormísima de nuestros pecados sólo por amor de su Eterno Padre y por la salvación de todos los hombres que tan mal le habíamos de pagar!); 545 (Que el amor todo lo puede y no hay cruz que no soporte); 559, 765 (cf. Mt 16, 24; Mc 8, 34).
  111. RF XXII, 23; Ep 728, 759; MSC 160, 219.
  112. CF XII- XIII 58; cf. Ep 50, 55, 70, 146, 152, 255, 559, 728; PE 106.
  113. Ep 146 (cf. Ga 6, 14); HPF 159: La gloria del cristiano es la cruz de Jesucristo.
  114. El seguimiento de Jesús incluye la exposición de la vida o el martirio. BF VIII, 48: Como Jesucristo, que pasó su vida haciendo bien y dándola, al fin, por sus mismos enemigos... estar dispuestas, para cuando las circunstancias lo pidan, a sacrificarse por su prójimo, y a dar por sus almas hasta su propia vida (cf. BF I, 45; RF III, 12; HPF 97-98).
  115. MSC 100-101.
  116. MSC 164, 169, 261.
  117. Ep 221; HPF 71.
  118. PE 30.
  119. PE 30; Ep 141.
  120. Ep 70, 728; HPF 64.
  121. Ep 14, 20, 55, 70; MSC 54, 197.
  122. HPF 72; MSC 214, 253.