FeMaestro/VII. NOS DIO LA VIDA. MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

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VI. DIO SU VIDA POR NOSOTROS: MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE
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VII. NOS DIO LA VIDA. MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Muriendo, destruyó la muerte; resucitando, nos dio nueva vida” (Prefacio del T.Pascual).
El fruto de una herida cruel que traspasará vuestro corazón: todos los pueblos vuelvan a la vida por los padecimientos de vuestro dulcísimo Jesús[Notas 1].

“Si Cristo no ha resucitado, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe” (1 Co 15, 14). La resurrección de Jesucristo es, junto con el misterio de la cruz, el fundamento y el centro de nuestra fe. La muerte no es un término, un fin; es el acto inaugural de una nueva economía en la cual se ha modificado el sistema de relaciones entre Dios y el hombre. La muerte proporciona el enlace, el paso de una alianza a otra; pero el centro y el todo es Cristo resucitado, vivo, glorioso.

San Agustín comenta: “A través de la pasión, el Señor ha pasado de la muerte a la vida, abriéndonos el camino a los que creemos en su resurrección, para que también nosotros pasemos de la muerte a la vida”. Esta es la perspectiva desde la que se sitúa Faustino. Pero así como los textos que tiene sobre la pasión eran muy abundantes y específicos no lo son tanto de la Resurrección. Esto no quiere decir que no le dé la importancia que tiene, sino que a lo largo de todas las reflexiones sobre la vida de Jesús, la visión de fondo, indirectamente, podíamos decir, que él ha tenido es esta perspectiva de la resurrección, que es lo que da verdaderamente sentido a todas las enseñanzas y obras de Jesús. Él es el Buen Pastor que no sólo da la vida por sus ovejas sino que también conduce a los pastos de la vida porque Él es la vida[Notas 2]. Padre e Hijo conspiran en un mismo designio, el de “dar la vida al mundo” (Jn 6, 33), que exige que el Hijo pierda su vida para darla[Notas 3]. Con su resurrección nos da la vida verdadera: ¡Que todos hayamos resucitado con Cristo a nueva vida![Notas 4]. Pasar de la muerte a la vida significa creer en la resurrección. La frase “Jesús vive”, no significa en realidad nada si no se profiere desde una situación existencial, si no significa conjuntamente: “Jesús vive - yo vivo en Jesús”.

1. Testimonios bíblicos sobre la Resurrección

El acontecimiento de la Resurrección no es un hecho histórico cualquiera, no tiene ninguna semejanza con cualquier otro hecho. En los evangelios no se narra detalladamente un hecho histórico, sino que transmiten una experiencia de fe real, que sucedió en un tiempo determinado. La fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento a la vez históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios[Notas 5].

En el Nuevo Testamento hay cuatro tipos de testimonios concretos de la resurrección de Jesús: confesiones de fe, himnos cristológicos primitivos, relatos sobre la tumba vacía y relatos de apariciones[Notas 6]. Faustino hace mención al himno cristológico de Filipenses y a algunos relatos de apariciones. Las confesiones de fe son frases breves que testimonian la resurrección de Jesús. Expresaban el sentimiento de la primitiva comunidad de que el Señor, tras la muerte, vive. Las más antiguas están en Rm 10, 9 o en 1 Co 15, 3-5.

Los escritos del Nuevo Testamento recogen también algunos himnos cristológicos primitivos (Col 1, 15-20; Flp 2, 6-11). Faustino, como hemos señalado a lo largo de este trabajo, en numerosas ocasiones hace alusión al himno de Filipenses (2, 6-11) para expresar todo el misterio de Jesucristo, lo que es su obra, su vida, su ser.

Con los relatos de la tumba vacía se transmite también el convencimiento de la comunidad primitiva sobre la resurrección de Jesús. Estos relatos son dudosos desde el punto de vista histórico. Quiere esto decir que hay críticos y teólogos que mantienen que la tumba vacía fue un signo de la resurrección del Señor, y hay exégetas que mantienen que la tumba vacía no se dio, sino que es una mera leyenda sacra, una forma literaria para expresar el anuncio de la resurrección del Señor.

En los cuatro evangelios encontramos seis conjuntos literarios con relatos de apariciones. Estos relatos son la forma que los primeros testigos de la resurrección del Señor tienen de contarnos su experiencia. Faustino nombra varias apariciones, la mayoría en un contexto vocacional, con un denominador común: son encuentros con el Resucitado, en la que Él toma la iniciativa, pero las distintas personas colaboran a este encuentro desde una actitud de búsqueda y salida de sí mismos:

No fue el Esposo en los Cantares a casa de su Esposa, sino ella al jardín de su Esposo. Nunca se apareció Jesucristo a mujeres en su casa; a la Magdalena en el sepulcro, a las santas mujeres camino de los apóstoles...a los dos discípulos en el de Emaus, a los apóstoles a orillas del mar, en el cenáculo, Tabor, no en sus casas... id a Galilea[Notas 7].

El Señor resucitado tiene que ser reconocido con los ojos de la fe. Jesús se aparece al que puede creer. No se sabe qué es antes: si uno cree porque el Señor se le aparece o si el Señor resucitado se aparece al que ya ha recibido y aceptado el don de la fe. Son dos elementos que van interrelacionados.

Dentro de estas apariciones Faustino hace una alusión especial a la misión encomendada a Pedro[Notas 8] y a la incredulidad y confesión con que el apóstol Tomás expresa su fe en la resurrección[Notas 9]. Destaca también el saludo de Jesús a sus discípulos: con la paz saludaba Jesús a sus discípulos[Notas 10]. “Este saludo de Jesús significa para los discípulos el encuentro con él, correspondiente al que ha tenido con María en el huerto. Allí su voz (Jn 20, 16: ‘María’) provocó el reconocimiento, calmando la angustia de María; ahora, su saludo de paz recuerda a los discípulos su presencia en medio de ellos (Jn 14, 27s) y su victoria (Jn 16, 33), eliminados el miedo y la incertidumbre”[Notas 11].

Id a Galilea, fue el mandato del Señor a sus discípulos, lugar donde “les había citado” (cf. Mt 28, 16). Faustino indica la misión universal que recibieron los discípulos al salir Jesús de esta vida: Data est mihi omnis potestas in coelo et in terra. Euntes ergo, docete omnes gentes. Mandó á sus Apóstoles predicar á todas las gentes la palabra de vida eterna: Marchad por todo el mundo y predicad mi Evangelio y mi doctrina a todas las gentes... He aquí que estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos[Notas 12].

Estas palabras que Jesús les dirige son de las más grandiosas y en muchos aspectos de las más importantes de todo el Evangelio. En cuanto a su contenido pueden distinguirse en ellas tres partes. Primero, la declaración de Jesús sobre sus plenos poderes: Jesús no es ya el Hijo del hombre en estado de humillación terrena, aquí habla el Jesús glorioso, el Hijo de Dios poderoso. Le sigue la misión encomendada a los once que abarca al mundo entero y da expresión al carácter universal de su obra redentora. Y termina el breve discurso con unas palabras llenas de esperanza: en ellas se promete a los apóstoles, y a toda la Iglesia, la guía, la protección y la asistencia incesante del Señor exaltado a la diestra del Padre[Notas 13].

2. El significado de la Resurrección

“Os anunciamos la Buena Nueva de que las Promesas hechas a los padres Dios las ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús” (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del misterio pascual al mismo tiempo que la Cruz[Notas 14].

Estos son los acontecimientos que han traído la salvación de todo el mundo[Notas 15]. “La resurrección forma parte del «misterio pascual», acontecimiento salvífico riquísimo que comprende la muerte (viernes santo), el «descensus ad inferos» (sábado santo) y la glorificación del Señor. Tal glorificación significa, a su vez, resurrección (domingo de pascua), ascensión (cuarenta días después de pascua) y pentecostés (cincuenta días después de pascua)”[Notas 16].

2.1. La resurrección como vuelta de Jesús a su Padre

¿Qué nos dice la fe cristiana sobre la Resurrección? ¿Qué aspectos de la fe en la resurrección subraya más Faustino?[Notas 17] Es tiempo ya que vuelva, cual glorioso triunfador del pecado y de la muerte, á su Padre celestial[Notas 18]. La resurrección de Jesús no sólo es retorno a la vida, es vuelta al Padre[Notas 19]. Parece que Faustino en estos textos habla de la resurrección de Jesús en activa. Esto es raro en el Nuevo Testamento (1 Tes 4, 14; Lc 24, 7; Jn 20, 9); las más de las veces aparece en pasiva[Notas 20]. Cuando el Nuevo Testamento habla de resurrección de Jesús, la caracteriza siempre como obra del poder de Dios. En la resurrección de Cristo Dios se revela definitivamente como Señor de la vida y de la muerte, como Aquel que todo lo gobierna, a quien todo pertenece y en quién podemos confiar incondicionalmente tanto en la vida como en la muerte. Faustino define a Dios como Dios que resucita a los muertos[Notas 21]. En la resurrección de Jesús se revela definitivamente y de modo insuperable quien es Dios: Aquel cuyo poder abarca la vida y la muerte, el ser y el no ser, el Dios vivo que es la vida y da la vida, que es amor creador y fidelidad[Notas 22].

2.2. La resurrección como glorificación

El acontecimiento de la resurrección, Faustino lo suele expresar como glorificación o exaltación de Jesús, acción por la que el Padre lo constituye Cristo y Señor, causa y principio de nuestra propia glorificación. Jesús reina glorioso[Notas 23]. Esta gloria que es Dios mismo, su amor, su poder, hemos visto por los relatos de la pasión que también se manifestó en la vida, en su ministerio público y en su muerte: Llegó la hora en que Yo sea glorificado[Notas 24]. La Cruz se ha convertido en emblema de honor y de la gloria: ¡Oh Cruz, gloria del cielo y de la tierra y tesoro del mortal![Notas 25]. De ahí que nos gloriemos en la cruz de Cristo: Gloríate en su Cruz[Notas 26].

Faustino, que tanto ha delineado la humillación y bajeza de la encarnación y muerte de Jesús (apoyado en los textos de San Pablo: 2 Co 8, 9; Flp 2), también resalta su señorío, su exaltación. Tiene un nombre que está por encima de todo nombre: se humilló hasta la muerte y muerte de Cruz y por eso le dio su Eterno Padre un nombre o gloria, sobre todo nombre. Jesús por su exaltación, es rey de vivos y de muertos. A él, como a Rey de Reyes y Señor de los señores, le está sometido todo, los cielos y la tierra e incluso los poderes enemigos de Dios[Notas 27]. Está sentado a la derecha del Padre, como Señor de la gloria, triunfador del pecado y de la muerte[Notas 28]. “El poder del mal desde la resurrección de Jesús hasta que todo sea definitivamente sometido bajo el Señor se puede comparar a un ejército que ya ha sido definitivamente derrotado pero que, en su huida, causa muertes y daños. Este ejército, herido de muerte, tiene la guerra perdida, aunque aún gane alguna batalla. Este intervalo de tiempo se caracteriza por el anuncio de la resurrección del Señor que hacemos sus discípulos y por la llamada a la conversión de todos los hombres”[Notas 29].

Este es el “admirable intercambio”, murió y resucitó para que nosotros podamos resucitar y ser llenados de vida: Siendo rico os hicisteis pobre por mi amor para enriquecerme[Notas 30]:

Levantad, levantad también ese trofeo del amor que un Dios profesa al hombre. ¡Oh! ¿Quién semejante a él en el dolor del cuerpo y en el amor del corazón? Pues bien, hermanos míos, el uno es obra de nuestras manos y el otro de su bondad infinita. ¿Quién semejante a él en el abatimiento y en la majestad? Pues bien, hermanos míos, se abajó a la una para levantamos y disimuló la otra para no intimidaros. ¿Quién semejante a él en la flaqueza y en el poder? Pues bien, hermanos míos, se sometió a la primera para haceros fuertes y no se despojó de la segunda para haceros cautos. ¿Quién como él en la pobreza y en la riqueza? Sabed, pues, que experimentó los rigores de la una para haceros ricos de bienes celestiales y despreció la otra para que no apeguéis vuestros corazones a los terrenos. ¿Quién como él en la ignominia, quién en la gloria? Sabed, empero, que sufrió la primera para que nos penetréis de que sólo humillándoos en esta vida podréis conquistar las delicias celestiales que os dejó traslucir en la segunda[Notas 31].

La resurrección de Jesús es un juicio de Dios concerniente ahora a toda persona humana. Ninguna fórmula neotestamentaria expresa esto más claramente que Rom 4, 25: “Fue resucitado para nuestra rehabilitación”; la redención y rehabilitación del hombre, aparecen en Faustino como dos caras de una misma moneda[Notas 32]. Lo que Dios ha hecho resucitando a Jesús, lo ha hecho “por nosotros”, por nuestra salvación. La resurrección de Jesús expresa, pues, esta voluntad particular de Dios que, después de haber aniquilado al hombre pecador, lo llama a una vida nueva[Notas 33]. Por su resurrección, somos devueltos a la vida; hemos sido regenerados á la vida de la gracia. Esta regeneración de que habla Faustino es el comienzo de una nueva vida[Notas 34].

2.3. Voy a preparar un lugar: el misterio de la Ascensión

La ascensión del Señor no representa un hecho aislable de la resurrección. El misterio de la ascensión no es, en el fondo, otra cosa que el misterio pascual considerado según uno de sus aspectos esenciales, que es el triunfo celestial de Cristo resucitado, su entronización en la soberanía de Dios. El Nuevo Testamento lo expresa también con las palabras “exaltar” o “exaltación”. Así pues esta realidad de la ascensión no ha de entenderse en sentido espacial.

Faustino destaca en este misterio no sólo la realeza de Jesús en la gloria del Padre sino también la reafirmación de nuestra esperanza, pues Jesús continúa su misión de paz y amor en favor nuestro. De ahí que intercede por nosotros como mediador cerca del Eterno Padre y cabeza de todos los hombres: siempre solícito para interceder por nosotros[Notas 35].

La ascensión es la vuelta del hijo obediente y victorioso[Notas 36]. Faustino, presenta la ascensión como causa de nuestra salvación, pues ella es la que nos abrió las puertas del cielo[Notas 37], según la frase del mismo Cristo: “voy a prepararos un lugar” (Jn 14, 2):

¿Te aflijirá quizá el pensar que no podrás ser un día admitida en la gloria eterna? Confórtente las consoladoras palabras que dijo Jesucristo en el acto de subir al cielo para reanimar á sus Apóstoles y á todos los cristianos: No queráis turbaros; pues voy a preparar vuestros asientos en el cielo[Notas 38].

Con el misterio de la ascensión concluye Faustino el libro del «Mes del Sagrado Corazón», donde ha ido mostrando paso a paso a lo largo de todos los misterios de la vida de Jesús que Dios es Amor[Notas 39], exceso de amor. También en este misterio subraya ese inmenso amor que Dios nos tiene: Si hasta ahora he estado tu alma tan triste al considerar los dolores de Jesús, eleva ya tus pensamientos á considerar en la sublime gloria del cielo los excesos del amor de un Dios. La imagen de Jesús que hemos contemplado como Bienhechor que jamás se cansa de hacer el bien se reviste ahora en la gloria de poderoso intercesor o abogado que patrocina las causas de los pecadores para hacerlos dignos de la divina gracia:

Te asegura San Juan, Si alguno pecare, sepa que ante el Eterno Padre tiene por abogado a Jesucristo que es propiciación por nuestros pecados. ¿Te aterran, por ventura, las fieras batallas y las obstinadas asechanzas de tus espirituales enemigos? No temas, porque Jesús, con su gracia, jamás deja de ayudar á los que confían en él. Hace poderosísimos a los que en él esperan[Notas 40].

Jesús realiza el designio del amor eterno del Padre mostrándose propicio, es decir, perdonando a los hombres con un perdón eficaz. Ya no hay condena para nadie, si no es para aquel que, puesto en presencia de la misericordia, se niegue a reconocerla. Todas las puertas están abiertas, basta con llamar, para dejar a Dios, que nos busca y nos llama, que se encuentre con nosotros: Pedid y recibiréis. Llamad a la puerta de la misericordia y se os abrirá[Notas 41].

Con la ascensión comienzo el tiempo de la Iglesia. El permanece con los suyos de un modo nuevo, enviándoles el Espíritu Santo desde el seno del Padre (cf. Hch 1,8) e infundiéndoles, a través del Espíritu, la fuerza necesaria para continuar su obra en la tierra.

Faustino expresa también la fe en la venida gloriosa de Jesucristo y en el juicio final para dar a cada uno según sus obras[Notas 42].

Notas

  1. HPF 85-86.
  2. MSC 26, 44; Ep 27.
  3. JOSEPH MOINGT: El Hombre que venía de Dios, Bilbao 1995, p. 115.
  4. Ep 380; cf. Ep 27, 711; MSC 26; HPF 73.
  5. CATIC 656.
  6. J. RAMÓN BUSTO: o.c., p. 92-105.
  7. PE 159; cf. HPF 192 (cf. Jn 20, 10-18; Mt 28, 1-10; Lc 24, 13-35; Jn 21, 1s; 20, 19-22).
  8. HPF 29-30; PE 58 (cf. Jn 21, 15-17).
  9. Ep 718; MSC 91 (cf. Jn 20, 24. 28).
  10. Ep 331 (cf. Lc 24, 36; Jn 20, 19).
  11. J. MATEOS; J. BARRETO: o.c., p. 865.
  12. MSC 143, 150; HPF 28 (cf. Mt 28, 18-20).
  13. Cf. JOSEF SCHMID: El Evangelio según San Mateo, Barcelona 1981, p. 560-562.
  14. CATIC 638.
  15. MSC 129.
  16. COMITÉ PARA EL JUBILEO DEL AÑO 2000: Jesucristo, Salvador del mundo, Madrid 1996, p. 119
  17. HPF 151; NHN 20.
  18. MSC 261; HPF 162 (Aparta los ojos de la tierra y ponlos en Jesucristo que destrozado voló al Eterno Padre).
  19. Faustino menciona dos casos de resurrección, la de Lázaro (PE 141; cf. Jn 11, 38s) y la del hijo de la Sunamita (PE 138; cf. 2 Reyes 4, 34), considerándola como vuelta a la vida. También habla del cuerpo del resucitado (PE 146).
  20. WALTER KASPER, Jesús..., p. 176.
  21. MSC 186 (cf. Rom 4, 17; 2 Co 1, 9).
  22. CONFERENCIA EPISC. ALEMANA: Catecismo..., pp. 224-225.
  23. MSC 100.
  24. PE 141 (cf. Jn 12, 23).
  25. HPF 69-70; cf. HPF 64.
  26. Ep 146 (cf. Ga 6, 14).
  27. HPF 121; cf. HPF 28, 70, 94.
  28. MSC 130; cf. MSC 261; Ep 709; CF XV, 59; PE 27 (cf. Flp 2, 9).
  29. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Esta es nuestra fe, Madrid 1986, p. 156.
  30. MSC 49 (cf. 2 Co 8, 9).
  31. HPF 71-72.
  32. HPF 123.
  33. J. M. GONZÁLEZ RUIZ: Resurrección, en Diccionario Abreviado de Pastoral, Estella 1988.
  34. MSC 230; cf. MSC 162-163.
  35. MSC 279 (cf. Hb 7, 25).
  36. MSC 261.
  37. HPF 160; MSC 92.
  38. MSC 280.
  39. MSC 285: Yo soy el Corazón, yo soy el amor.
  40. MSC 280 (cf. 1 Jn 2, 1-2).
  41. MSC 281, 212 (cf. Mt 7, 7).
  42. PE 27.