HablaPadreFundador/14. JUICIOS TEMERARIOS

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14. JUICIOS TEMERARIOS

-No juzguéis y no seréis juzgados. Lc. 6,37.
-Quien a otro juzga, usurpa a Dios su oficio. 1 Rey. 16.
-El hombre ve las obras, sólo Dios penetra el corazón.
-No procurarías remediar la enfermedad ajena, si no la padecieras.
-El que siente mal de otros es porque los juzga por sí mismos.
-Como la luz toma el color del cristal por donde pasa, así las obras ajenas los vicios del corazón que los juzga.
-Como un gusto estragado confunde lo sabores, así el malo las mejores intenciones.
-Confundido el demonio por las obras de Job, atribuyolas a amor propio y no a amor de Dios.
-El sentido pésame que envió David al Rey Amón, fue mirado por este como una exploración.
-El justo excusa en lo que puede aún las malas obras de su prójimo.
-Atribuyó José a disposición divina, de sus hermanos la cruel envidia.
-S. Esteban disculpaba ante Dios la ignorancia de los que le apedreaban.
-El bueno mide a todos con la rectitud de su corazón.
-Adán inocente no descubrió su desnudez hasta que pecó.
-El bueno siempre tiene ante sus ojos las faltas propias, por fijarse en los ajenos.
-El malo no ve los defectos propios, por fijarse en los ajenos.
-Nadie puede ver clara y simultáneamente objetos colocados a diferente distancia.
-El malo no ve la viga en sus ojos y divisa la paja en los ajenos.
-¡Raro prodigio, divisar con un madero en los ojos la paja en los ajenos!
-¡Es inaudita necedad descuidar la conciencia propia y escudriñar la ajena!
-El malo es como el ojo que no se ve a sí mismo y sí a otros.
-¿Quieres conocerte? Mírate en otro y verás quién eres.
-Para que David sentenciara contra sí, puso Natán su falta en otro.
-Para que los Sacerdotes del Templo se condenasen a sí mismos, los puso Jesucristo en tercera persona la parábola de la viña.
-Para ver los defectos de tu ropa, las haces vestir a otro; mira también es ente tu conducta y sabrás quién eres.
-Júzgate a ti mismo con rigor, y serás juzgado benignamente por el Señor.
-Si fueres juez severo de los defectos ajenos, no esperes perdón de tus yerros.
-Si te juzgaras de ti mismo, nunca serías juez riguroso de los otros.
-Ya llegará el día en que Tamar te confunda con el anillo y el báculo de Judas, su suegro.
-Examínate a ti mismo y dirás siempre de todos, como aquel: “Mejores son que yo”.
-No condenes los defectos de Joab, si no quieres te baldonen con la muerte de Urías.
-Si mirares tus defectos, ni aún te apercibirás de los ajenos.
-Es mejor errar juzgando bien del mal, que mal del bien.
-Si tardaba el Sacerdote siete días en juzgar de la lepra que veía, ¿Cuánto más deberías tardar tú en juzgar de las intenciones ajenas?
-Gran castigo aplicó Dios a los Betsamitas que escudriñaron el interior del Arca Santa, y mayor te espera si juzgares el corazón del prójimo.

Notas