HablaPadreFundador/DIA 2 - FLORES DE MAYO – CONCEPCION DE MARIA

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DIA 2 - FLORES DE MAYO – CONCEPCION DE MARIA

Cuatro o cinco días ocupó la sagrada Cátedra en el mes de las flores, nuestro hermano en la Orden de las Es. Pías Faustino Míguez durante el mes de mayo en la celebración que se hacía en alguno de nuestros Colegios, con toda probabilidad en Sanlúcar de Barrameda hacia 1881. El tema de la concepción inmaculada de María, madre de Dios y madre nuestra, fue con frecuencia abordado por nuestro Padre con mayor profundidad, como se comprobará en otras intervenciones, pero siempre constituirá para él una delicia espiritual y un sabroso manjar de agradecimiento y alabanza.

Non permissit me dominus ancillam suam coinquinari Judit 13, 20.

En el principio quiso Dios poner de manifiesto su sabiduría y a la par su omnipotencia. Los eternos decretos escondidos en el seno de la divinidad tienen su cumplimiento, y el que por los siglos sin fin tuviera su virtud reconcentrado en sí mismo, la hace salir fuera de sí, la comunica a otros seres que participen de sus perfecciones y disfruten de su felicidad. Una sola indicación de su querer es suficiente para sacar del caos multitud de seres que no existían, y la eficacia de su palabra fija los fundamentos de la tierra; las bóvedas celestes aparecen tachonadas de mil y mil astros luminosos que continuamente cantan sus alabanzas; la luz se esparce en la extensión de los aires, y la naturaleza toda recibe un soplo de vida que la sustenta y la nutre; la omnipotencia de su dedo fija límites a la extensión del océano y sus olas encrespadas se estrellan contra un muro de frágil arena; todo el mundo sensible aparece a nuestra vista como un conjunto perfecto y dirigido por la más profunda sabiduría. No paran aquí los designios de la providencia, el mundo que acaba de pasar del no ser al ser un mundo puramente material, un remiendo que aunque rudamente revela el poder y la sabiduría de su artífice, carece de inteligencia para comprender tamaño beneficio y de voluntad para corresponder con gratitud a él; ese mundo cuenta la gloria de Dios y todas las partes de que se compone contestan a coro, pero estos cánticos y estas alabanzas si bien muy gratos a los divinos ojos no llenan cumplidamente los altos designios de la creación, porque son efecto de una necesidad ciega, son producidas por un acto imperioso de la naturaleza al cual no puede menos de someterse los seres todos que en el mundo existen. Esta es la razón porque contemplando el Señor desde la elevación de su solio toda la naturaleza y hallándola muy buena, según la frase del Escritor sagrado, dice: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Para crear todos los demás seres basta un fíat y al punto los vemos aparecer, pero en la creación del hombre se nos presenta el Señor como un artífice o usando la expresión del Apóstol, como un alfarero que prepara, bate y amasa la sustancia de que ha de formar su artefacto; no la forma simultáneamente sino que va por partes, como para manifestar que es la obra de sus manos, en una palabra que es el complemento de su creación. ¿Cuál será la belleza y perfección que sacaría el hombre de las manos del Celestial artífice? Si en lo humano observamos que todas las obras presentan su mayor perfección, y ostentan mejor sus bellezas al salir de las manos del artífice ¿se verificará esto menos en las obras de Dios? Creado el hombre con cuantas perfecciones puede tener su naturaleza debido a una copia y semejanza de la divinidad. Su entendimiento claro conoce la verdad y comprende el bien, su voluntad, aunque ciega no se aparta del camino de la rectitud porque sigue fielmente las prescripciones de la inteligencia, sus pasiones todas subordinadas a la razón lo constituyen en un estado de felicidad y ventura que lo hacen dichoso en la tierra; toda la naturaleza le presta homenaje reconociéndolo rey de la creación. Tal es la vida del hombre mientras conserva la justicia original con que fuera creado, más todo ser limitado y finito lleva en sí mismo un germen de imperfección y de maldad, y si en algún ser se patentiza esto, en el hombre más que en ningún otro. A pesar de hallarse revestido con las celestiales gracias y carismas y de que su naturaleza virgen aún para el pecado se encontraba fuerte y robusta, la nada de su origen lo arrastra en pos de sí. Un sólo precepto se lo impone, precepto sumamente sencillo y cuyo cumplimiento no exige sacrificio alguno, sin embargo, se le hace insoportable, desoye la voz del deber para seguir su loco capricho, y pierde una felicidad inmensa por una necia curiosidad. Las sugestiones de la serpiente son más poderosas que las prescripciones de Dios, y aventura por un placer momentáneo una dicha sin fin y hedió ya el que era objeto de las complacencias de Dios, convertido en objeto de indignación y de ira, y la criatura más amada de Dios hecha esclava del demonio. Todos los seres se le revelan, y aún dentro de sí mismo experimenta la lucha más terrible, la ley de sus miembros se opone a la ley, antes disfrutaba la felicidad más pura, no experimentan ya otra cosa que aflicción y penalidades; ya que Dios que se complacía en conversar con él, lo maldice con toda su descendencia. Adán, ese desgraciado, que fuera del origen del linaje humano ha perdido a toda su estirpe y la ha hecho para siempre desgraciada. Pero ¿será posible que ese Padre compasivo se convierta en un Dios justiciero, que no olvide nunca la culpa primera? ¿No habrá ya para el hombre remedio ni reparación? ¿Con que todos, todos los descendientes de esa miserable, sin excepción alguna, han de ser enemigos de Dios y el blanco de su ira? No, María, no; el decreto fue general, pero Vos sois exceptuada del terrible anatema, vuestro pueblo tiene sobre sí la sentencia de muerte, pero Vos hallasteis gracia ante el divino Asuero, y podéis decir con mayor razón que la valerosa Judit que el Señor no permitió que su esclava fuese mancillada, non permissit me Dominum, etc., prestadme vuestros auxilios para defender esta prerrogativa especial vuestra, mientras os saludamos todos reverentes.

Ave María, llena de gracia.

Non permissit, etc...

Peca el hombre en el paraíso y la cólera divina irritada lo maldice y fulmina contra él y su descendencia un terrible anatema; arrojado del paraíso pierde su felicidad y se ve precisado a comer el pan de su trabajo en la amargura y en la desgracia. Más la justicia de Dios es al propio tiempo misericordioso y al maldecir al hombre decreta su reparación. Adán ha desobedecido, es cierto, pero su pecado nace más de un fondo de debilidad y de miseria que no de depravación y de orgullo; las sugestiones de la serpiente han seducido el candor y la inocencia de la primera mujer, y ésta a su vez acabó con la fidelidad de su esposo. El Señor los reprende, los castiga severamente pero les promete su reparación. Pondré enemistades, dice a la serpiente, entre ti y la mujer, tu descendencia y la suya, has destruido su inocencia, ella destruirá tu poder, la has privado de la felicidad que poseía, ella arrancará de tus manos el cetro de tu imperio, hollando tu orgullosa cabeza con planta victoriosa: lpsa conteret caput tuum. Esta mujer privilegiada, esta heroína valerosa que había de reparar la culpa de Eva, es María, que aparece pura y sin mancilla, más resplandeciente que la aurora, hermosa más que los rayos del sol, robusta y lozana como el lirio de los vallados; ella es la verdadera fuente sellada cuyas aguas jamás se inficionaron con el veneno mortífero, huerto cerrado a la serpiente inmunda, espejo de justicia y santidad que jamás se empañó con el hálito del pecado. Más valerosa que Judit corta la cabeza al monstruoso Holofernes que intentara subyugar a su pueblo, y prudente más que Ester alcanza del divino Asuero la renovación del fatal quirógrafo, en que se mandaba la destrucción de su pueblo. Halló gracia delante de Dios y Dios la protegió y amparó con escudo inexpugnable, no permitiendo que hubiera en ella la mancha más imperceptible.

Non permissit me Dominum, etc.

Notas