HablaPadreFundador/MES DE MAYO

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SERMON DE LA INMACULADA CONCEPCION
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DIA 2 - FLORES DE MAYO – CONCEPCION DE MARIA
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MES DE MAYO

Sitierunt et invocaverunt …
En el s. XVIII se introduce en la Iglesia la devoción de honrar a la Stma. Virgen María con la consagración a su honor del mes por antonomasia de las flores.
Es el signo de S. Alfonso María de Ligorio y S. Luis Grignion de Montfort, los dos campeones de sus Glorias. Nuestro Padre con delectación espiritual interviene varios días del mes, con estos pequeños panegíricos en los que brinda a nuestra Madre con las flores y frutos de nuestras buenas obras de gratitud indeficiente.
Es otro de sus hijos predilectos, y sin pretenderlo nos ha legado sus fervorosos sentimientos de hijo amantísimo para enfervorizarnos en su amor.
No echamos en olvido que el Siervo de Dios recomienda insistentemente el MES DE MARIA y recalca en una de sus cartas “que lo celebren en todos los Colegios y con todas las alumnas”.

Sitierunt et invocaverunt te et data est illis aqua de petra altissima et requies sitis de lapide duro. Sab. 11, 4.

Tuvieron sed y te invocaron y fueles dada agua de una peña muy alta y refrigerio de la sed de una piedra muy dura. Sab. 11, 4.

La Iglesia siempre celosa y solicita por la felicidad de sus hijos, ha propuesto en todo tiempo a la consideración de los fieles la grandeza de María, sus virtudes para que las imiten y por último su bondad como poderoso aliciente que anime y vivifique su confianza. Por todas partes se encuentran monumentos erigidos por la piedad en honor de María, y ministros encargados de promover el culto de esta Virgen llena de gracia, que a manos llenas las derrama sobre su pueblo y cual la hermosa Ester se cree obligada a emplear el favor que la dispensara el divino Asuero en beneficio de su estirpe, borrada ignominiosamente por el fatal chirógrafo de la superficie de la tierra. En diversos tiempos hemos visto nacer sucesivamente una prodigiosa muchedumbre de prácticas piadosas dirigidas a reanimar la veneración y culto de los fieles hacia María, como medio seguro de atraer sobre la tierra las bendiciones del cielo. No salieron frustrados sus deseos, pues en los diferentes puntos en que tan saludables devociones se hallan establecidas, recoge la virtud copiosos frutos, y los prodigios del cielo se suceden sin cesar para acreditarlos. La Iglesia también por su parte, prodiga sus espirituales gracias en favor de unas prácticas tan eficazmente reconocidas dadas por el dedo de Dios. El mismo piadoso sentimiento que indujera en otro tiempo a los primitivos fieles a discurrir ingeniosamente maneras diferentes para honrar a Dios, en sí y en sus santos, ese mismo es el que a fines de] pasado siglo sugirió a los fieles la idea de consagrar al culto de María un mes en todo el año, y por esta razón es llamado mes de María. Y ¿queréis saber la causa de haberse escogido el mes de mayo entre todos los demás? ¿Precisamente un mes en que la Iglesia no celebra ninguna festividad de María? Pues atended: este mes con la venida de la primavera es demasiado peligroso para la inocencia por los incentivos y encantos de los placeres que trae consigo, ya porque la naturaleza aparta de sí la apatía y postración en que permaneciera durante los rigores del invierno, ya también porque se lo destina en su mayor parte a la libertad de la vida del campo y a los bailes y diversiones profanas, mas mediante esta devoción provechosa pasa a ser un mes de salud, por todas partes resuenan las alabanzas de María, en la Iglesia y en las casas particulares, en los sitios públicos, y en los escondidos alberges en medio de la sociedad, y en el seno de las familias, se rinde a María un solemne tributo de veneración, alabanza y amor; tributo que por no ser exigido, es tanto más agradable a los ojos de la Señora. Este es el motivo de que se vea palpablemente una protección especial de María en favor de las personas y aún de los lugares donde se honra en este mes de mayo, y por eso no tardó en extenderse esta devoción hasta los confines de la tierra, señalándose en todas partes por los preciosos frutos que produce en las almas. El manifestar cuán grata es a los ojos de Dios esta devoción y de cuánto aprovecha a las almas, será el objeto de nuestra atención en estos momentos. Postrémonos todos ante las aras de la Divina misericordia implorando se sirva concedernos las luces necesarias para conocer cuán de su agrado es que honremos a la que ella escogiera sobre todas las criaturas y que aumente en nuestros fríos pechos el amor a la que es tan amable, que justamente la apellida el Sabio, Madre del Amor Hermoso y de la santa esperanza, confiando en que mediante su protección conseguiremos todas las gracias y todos los dones que nacen de los tesoros de Dios; y para obligarla saludémosla con las palabras del ángel.

Ave María:

Sitierunt et invocaverunt te...

Tuvieron sed y te invocaron...

Apenas Eva traspasa el divino precepto y Adán es arrastrado a la desobediencia, cuando en el mismo instante perdieron para sí y su miserable linaje, el encumbrado trono que Dios les preparara. ¿Quién será capaz de restablecer la dignidad perdida a los infelices arrojados del paraíso? ¿Quién podrá romper el terrible decreto de exterminio fulminado contra el humano linaje? ¿Quién levantará el triste anatema que gravita con abrumador peso sobre la cabeza de los mortales? ¿Quién?... María, sí, María es la predestinada en los consejos del Altísimo, para que sin dejar de ser virgen, conciba y dé a luz al Reparador de la estirpe proscrita, que se encuentra sepultada en el insondable abismo del infortunio, en que la sumergiera su primer origen. Esta criatura purísima más que los rayos del sol, es reconocida por reina en toda la extensión de su vasto imperio, y su reino abraza los cielos y la tierra; su voz meliflua calma las encrespadas olas de la mar, el infierno tiembla en su poder, los célicos espíritus postrados a sus plantas admiran la hermosura y la belleza de su augusta Soberana, y el Señor del universo, complaciéndose en la obra de sus manos, ve en ella una hija querida, mediadora y abogada de los hombres, y el canal misterioso por donde descienden al mundo todos sus dones. Ora se nos presenta cual Ester, alcanzando dispensa de la terrible proscripción que el Rey su esposo promulga contra su pueblo; ora se asemeja a Judit, a aquella mujer fuerte y terrible para los enemigos de la nación; aquí más prudente que Abigail, deshaciendo con su humildad el enojo que amenazara a los suyos; allí madre más tierna y compasiva para con sus hijos que Raquel, que los ama como ninguno los amó. María en fin está representada en la aurora que precede al Sol de Justicia y que con su dulce rocío refresca la tierra y matiza las flores de la virtud con nuevas gracias, es la aurora aguardada con ansia por el pecador enfermo tendido en el lecho del dolor, y que espera con su llegada el alivio de sus males; por María suspira el género humano todo devorado por la ardorosa fiebre del pecado, María es su esperanza, su consuelo y su vida; ella abre sus brazos a todos los desgraciados, su corazón es el asilo del pecador arrepentido, y el embeleso del inocente pecho y ¿será posible que nosotros nos mostremos insensibles tratándose de la veneración y culto de María?, que no hagamos un pequeño sacrificio en honor de esta señora, a quién invocaron nuestros padres en el día de la tribulación, cuando ondeaban en nuestra patria infieles estandartes, cuando los tuvieron sumidos en la más deplorable esclavitud, y por medio de María salieron salvos y triunfantes? Descorramos el velo de la historia y penetremos en su recinto hasta la más remota antigüedad, y nos encontraremos a los fundadores de nuestra monarquía reconocidos a los favores que continuamente recibían de manos de la Madre del amor hermoso, y en su agradecimiento todo lo ofrecen a María, las Iglesias, catedrales, los templos tanto de las ciudades como de las aldeas; por todas partes se encuentran monumentos de la protección de María y de la gratitud de los Españoles; sirvan de ejemplo el Pilar, Covadonga, el Sagrario de Toledo, Monserrat, Guadalupe y Atocha. ¿Podremos nosotros gloriarnos de que nos animan tan generosos sentimientos? ¿Seguimos fielmente la senda que nos trazaran nuestros ilustres progenitores? ¡Ah! es preciso confesarlo, los tiempos han cambiado y también nos hemos mudado los hombres, estamos muy distantes de los afectos y de la docilidad de nuestros antepasados y si aún conservamos su fe, debemos confesar que fiemos olvidado los sentimientos de caridad y de celo ardiente por el culto y demás actos religiosos.

Atendido lo cual, no debemos extrañar que las bendiciones del cielo no sean tan frecuentes entre nosotros, pues lejos de procurarlas les ponemos obstáculo. Si queremos pues que María nos mire como a hijos, tengámosla por nuestra Madre, sea siempre el astro luminoso que dirija nuestro rumbo, encaminemos a este norte todas nuestras obras, y cuando la invoquemos recordémosla la protección que dispensara en otro tiempo a nuestros padres.

Sitierunt et invocaverunt te patres nostri et data est illis aqua de petra altissima.

Nuestros padres acudieron a ti en todas sus necesidades y a todas ellas acudiste como un manantial de agua viva, que se desliza suavemente de la encumbrada cima del Líbano.

Desterrad, católicos, lejos de vosotros la idea mezquina de que estos cultos en favor de María son excesivos, no discurráis como algunas personas, por otra parte piadosas, que animadas de la mejor buena fe se retraen de estas devociones, teniéndolas por una innovación. Estos obsequios que tributamos a María serán si se quiere una cosa nueva, pero de ninguna manera una innovación; porque decidme ¿qué es innovación?, todo aquello que se opone a lo legítimamente establecido, lo que está en contradicción con la ley, lo que destruye una cosa buena que lleva ya mucho tiempo en uso y por lo mismo ha adquirido derecho de prescripción; ¿qué ley o qué costumbre, os pregunto ahora, prohíbe que tributemos culto a María la criatura más bella que saliera de las manos del Creador, más pura que la azucena, cuyo candor excede a los lirios de los campos, cuya majestad es superior a la elevación del plátano y del ciprés, que con su poderoso patrocinio cobija a los mortales, mejor que la copuda palma de Cadés y cuya fragancia excede a la rosa de Jericó?

Quasi cedrus exaltata sum in Libano, et quasi cypresus in monte Sion, quasi palma exaltata sum in Cades et quasi plantatio rosae in Jericho.

Más no creáis cerradamente que la devoción a María consiste en dirigirla, multitud de palabras, en practicar muchos actos exteriores, en rezar innumerables oraciones. Nada menos que eso, la devoción a María consiste en imitarla, y para imitarla es preciso conocer sus virtudes y esforzarse en practicarlas; éste es precisamente el objeto de las flores de mayo, procurar conformar nuestra conducta con la de la Virgen, inflamar nuestros corazones en el amor divino, desechar la tibieza de nuestro pecho, destruir en nosotros el hombre viejo de imperfección y de pecado, y hacer que nazca en nuestro interior el hombre nuevo según Jesucristo, para que robustecido con los auxilios de la gracia podamos emprender una vida pura, sin mancilla y digna de unos fieles imitadores de María, y de esa manera podremos exclamar con el Señor flores apparuerunt in terra nostra, ya empieza en nuestra alma a germinar la saludable semilla de la virtud, y las flores de las buenas obras comienzan a adornar nuestra corona, tempus putationis advenit; pues ha llegado el tiempo de la poda, tiempo en que es preciso cortar todo ramo seco, superfluo del árbol de nuestra alma, para que produzca a su tiempo óptimos y sazonados frutos.

Y tú, juventud piadosa, que me escuchas, oye con docilidad mi voz, a ti me dirijo principalmente, ofrece a María con un afecto sincero las flores del candor y de la inocencia ahora que te encuentras en la primavera de la vida, no esperes que llegue el estío, en que el inficionado hálito de la culpa agostará quizá la lozanía y fortaleza de vuestras almas, y en los ardores de la estación careceréis de los jugos que nutren y alimentan la virtud; ahora que vuestras manos aún no están manchadas, ni vuestra rodilla se ha doblado ante el ídolo de Baal, presentaos a prestar homenaje y tributar solemne culto a esta excelsa reina de todos los santos, accediendo gustosos a la invitación que la Señora os hace en los cantares;

Fulcite me floribus, et stipate me malis quia amore langueo: en retribución de¡ amor grande y afectuoso que os tengo, sostenedme y regaladme con flores, y rodeadme de manzanos, la flores son las virtudes que más se asemejan a María, llamándose manzanas los frutos de las buenas obras, producidos por el ejercicio de esas virtudes.

Notas