HablaPadreFundador/PRÓLOGO-EXPLICACIÓN

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SERMÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS A NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES
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PRÓLOGO-EXPLICACIÓN

Un siglo de historia con sus realizaciones tan variadas, sus obras de apostolado de promoción integral de la mujer, con sus colegios y obras sociales en numerosas naciones, los miles de miembros de la Institución que se han santificado en ella, constituyen sin duda un bagaje muy subido con su saldo positivo y abrumador a los ojos humanos. Pero ¿quién podrá mensurar o calibrar esa sustantividad en las balanzas de la Providencia divina? Por eso las Hijas de la Divina Pastora Calasancias están procurando, durante todo este año conmemorativo del Primer Centenario de su FUNDACIÓN, honrar y enaltecer al P. Faustino Míguez, escolapio y su Progenitor, con una serie Actos, Celebraciones litúrgicas, Homenajes, Exposiciones, Monumentos, dedicación de calles, exaltaciones de su persona y carisma, como Hijas bien nacidas y agradecidas a su venerado Fundador. De manera muy especial y singular, entre todas las Demarcaciones y Colegios se ha enaltecido y glorificado en Sanlúcar de Barrameda, de la que fue nombrado oficialmente por su Ayuntamiento, hace más de una centuria, Hijo adoptivo y fue la cuna natal de la Congregación, y en Getafe, donde reposan sus sagrados despojos, en espera de la futura resurrección, entre la veneración, custodia y devoción filial de sus Hijas.

Sin embargo dos interrogantes han surgido, casi simultáneamente y nos exigen alguna declaración. El primero ya nos lo insinuó y presentó a nuestra consideración el Ilmo. Sr. D. Rafael Bellido, Obispo de jerez de la Frontera en su bello y profundo panegírico de la Concelebración de Sanlúcar, cuando nos acuciaba a la exigencia de nuestro comportamiento, después de estas Conmemoraciones y el fruto óptimo de correspondencia posterior a estos festejos y homenajes. Si todo ello no se traduce en una entrega más generosa a la santificación propia y ajena, según el ideal que el venerado P. Faustino nos dejó plasmado en las Reglas y Constituciones del Instituto, quedaría reducido lamentablemente a una futilidad más, dentro de los entresijos y avatares de nuestra vida. De la respuesta que demos a este interrogante depende que resulten estas Celebraciones Centenarias más eficaces, dinámicas y operantes y que sintonicemos más perfectamente con los ideales que el Siervo de Dios se propuso, como meta, en su deseo de agradar solamente a Dios, cumpliendo en cada momento su santísima voluntad, que es el ideal de santidad perfecta: “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre” (Mt. 7,21)

La segunda incógnita que muchos desearían ver despejada a satisfacción, saltó espontáneamente en la encuesta improvisada e instantánea, propuesta por dos Hijas de la Divina Pastora en nuestro viaje de regreso, en el autobús que nos restituía desde Sanlúcar a Madrid: ¿qué diría o pensaría nuestro P. Faustino, si viviera, ante la grandiosidad y fastuosidad de las celebraciones que estábamos presenciando para honrarle y exaltar la magnitud de su OBRA y la repercusión en la Iglesia, cuando todos los que le conocieron y trataron a fondo están contestes en que era refractario a todo homenaje y que alabarle en público era como ponerle como botones de fuego? Pero bien, hoy día todos estamos convencidos y juzgamos puro bizantinismo que, en su ausencia, constituya exageración toda la pleitesía y homenajes que rindamos a uno de los grandes benefactores de la Humanidad doliente en sus dos vertientes más características, de sanar las lacras de la ignorancia y la pobreza en todas sus gamas y liberar los cuerpos de las dolencias y enfermedades que tanto agobian y apesadumbran las satisfacciones legítimas de la vida.

Tenemos a nuestro favor y como acicate que al enaltecer su memoria y exaltar la grandiosidad de su Obra con una vigencia tan potente, confía y exuberante, nos apoyamos en el sentir de la Santa Iglesia, que esperamos no tardará mucho en proponerlo públicamente a la veneración de los fieles, después del Proceso, que actualmente se tramita en Roma con tan esperanzadores augurios. Sin embargo, ya teníamos la intuición de responder a esa pregunta con las mismas palabras y sentimientos de nuestro P. Faustino. Porque él sigue “vivo” en medio de nosotras por medio de sus escritos, en los cuales señalará a cada uno sus sentimientos, deseos e ilusiones con el fin de hacer más eficaz y constante la vitalidad de su FUNDACIÓN en todos los Colegios, Casas, y religiosas que siguen sus huellas. Anhelamos, por consiguiente que él mismo por medio de sus palabras que son “la faz de su espíritu”, dé respuesta a nuestra interpelación. Por debajo de todas estas cartas, conferencias, discursos, panegíricos y apotegmas podemos adivinar sus sentimientos y pergeñar la figura de la personalidad de Ntro. Padre. Vamos a vivir y sentir con él unas horas de su vida y unos trances del entramado de su existencia.

Hace ya algún tiempo que teníamos “in mente” un objetivo con el que podíamos cooperar a estas conmemoraciones de una manera pragmática y eficiente, como a él le agradaba realizar sus obras. Resonaba insistentemente en nuestro interior las palabras evangélicas “Recoged los trozos que han sobrado, para que nada se pierda” (Jn. 6,12). “Colligite fragmenta, quae supererant, ne pereant”. Vamos pues, a vivir y sentir con el P. Míguez unas horas de su vida y entramado de su existencia. Por eso habíamos sugerido a la Rma. M. General recoger todos los supuestos escritos del Padre que no han visto la luz pública, fuera de su epistolario que reservamos para otra ocasión que la Divina Providencia dispondrá en su momento oportuno y darlos a la estampa en un libro, para que no perezcan ni permanezcan ocultos por más tiempo en los anaqueles polvorientos de una biblioteca, condenados a la incuria y al olvido. Son una parte integrante de “su mismo ser y espíritu”, de ninguna manera pueden permanecer ignorados, porque le habríamos mutilado en su esencia más íntima, fuera del oropel de sus acciones. En ellos, que nunca se imaginó podrían ver la luz pública y por consiguiente están inmunes de toda afectación, disimulo y artificio, nos descubrirá este varón de Dios sus anhelos y devociones, los sentimientos más íntimos de un hombre introvertido y reflexivo en extremo, sus sentencias favoritas, muchas de las cuales valen por todo un libro, y forman la quinta esencia de su vida espiritual. Pero de manera especial nos harán patentes sus fervores religiosos a la Sma. Trinidad, a la Sma. Virgen María, a quien canta y enaltece como uno de sus más fervorosos adalides, al Sto. Sacrificio del Altar, a las Sdas. Escrituras de las que se muestra siempre tan encendido exégeta como degustador ardoroso de sus personajes y misterios. Convencido, como estaba que no podemos ser una frustración de los designios de amor de la Divina Providencia, puso los fundamentos del nuevo Instituto religioso para que fuera la santidad al alcance de todos sus miembros, y exige y conmina al Señor que si no fuera totalmente para su honor y servicio lo disipe como el humo en el aire o lo disuelva como la sal en el agua, según sus expresiones tan reiteradas y obsesivas. ¿Y qué diremos de sus escritos literariamente? El P. Míguez, como hijo de su tiempo y ambiente tiene que reflejar en ellos las influencias de su entorno. En el siglo de Castelar, Manterola y Calpena tiene que ser ampuloso y conceptuoso en su expresión, sobre todo oratoria, y rendir tributo al culteranismo y al estilo barroco, pero muy rico en léxico, como hombre de sólidas y extensas lecturas. El lector indulgente sabrá excusar esos lunares impelido por su propia experiencia. Pero algunos nos interpelarán sobre la paternidad de los escritos que presentamos como originales y genuinos del Padre. A ese requerimiento sencillamente tenemos que manifestar: algunos, los menos, están firmados por el Padre y ya han visto la luz pública en la Biografía del Siervo de Dios y en su Fisonomía espiritual y algún otro en mi trabajo sobre nuestra estancia en Celanova; otros dos están firmados con su nombre o iniciales. Los restantes por criterios internos, materia, circunstancias y grafología nos proporcionan una seguridad moral y certeza historiográfica de que pertenecen al Padre o han salido de su pluma. A todos estos dictámenes podemos añadir que fueron encontrados entre otros varios, en un paquete de escritos en un rincón de la biblioteca de Getafe, donde él falleció, más de cuarenta años después de su muerte, ninguno de ellos desdice de sus sentimientos y por consiguiente nos certifican de su legitimidad aunque sea presunta. Personas entendidas nos lo han confirmado con su asentimiento y para nuestra tranquilidad, solvencia y garantía pondremos algunas clarificaciones ambientales o notas aclaratorias. Entre estos escritos publicamos por primera vez un Cuaderno de Sentencias, que él titula a lápiz “Rebuscos de un Ocioso”. Sin duda son máximas y proverbios que fue recopilando de diversos autores de la Sda. Escritura, como él nos confirma en alguna carta; la mayor parte, sin embargo, juzgamos REFLEXIOES de su propia cosecha y fruto de sus meditaciones. Parodiando a los sagrados Libros podemos decir que “si la Palabra de Dios permanece para siempre”, la del P. Faustino es la mejor RESPUESTA a las inquietudes y aspiraciones de las Hijas de la Divina Pastora Calasancias en este primer Centenario de su Fundación. Si el Siervo de Dios “brilló en el Templo de Dios, como sol refulgente, como estrella de la mañana y luna llena, en medio de las tinieblas” (Eccle.1,6), en este pequeño libro ya tienen un pequeño estímulo y aliento de su Padre en Xto. que deseamos por nuestra parte, les sirva de resorte de vitalidad hasta el próximo Centenario.

P. Anselmo del Álamo, SCHP
Vicepostulador de su Causa de Beatificación
Madrid, 25 de marzo de 1984

Notas