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Historia de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora desde el año 1.885 al 1.940
Transcripción del cuadernillo escrito por M. ÁNGELES GONZÁLEZ LEÓN
Portada del cuadernillo

Historia de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora desde el año 1.885 al 1.940

Transcripción del cuadernillo escrito por M. ÁNGELES GONZÁLEZ LEÓN



AÑO 1885

Es algo difícil el poder formar ideas concretas desde que se formó la Congregación. En otro tiempo se escribió algo sobre esto y quedó solo en preliminares ideas pues los años borran las impresiones buenas o malas que en nuestra vida hemos experimentado y al pasar más años con nuevos acontecimientos se hace muy difícil recordarlo todo, poniendo siempre un poco de cuidado por parte de nuestra buena voluntad, la memoria nos recuerda, el entendimiento busca el porqué del todo llevándolo al corazón donde se fragua el amor que se debe tener al ideal que amamos.

Pues bien, vamos con la gracia de Dios, luz del Espíritu Santo y protección de la Sma. Virgen bajo el título de la Divina Pastora a escribir lo que nos inspire para su mayor honra y gloria.

Se ha dicho y comentado muchas veces que esta fundación de Hijas de la Divina Pastora empezó en enero del año 1885 de esa fecha no puedo decir nada, solo he oído referencias de cómo empezó un Colegio de niñas entre algunas Sras. de esta localidad y algunas de Jerez de la Frontera, que siendo unas confesadas y otras dirigidas del M.R.P. Faustino Míguez religioso Escolapio del Colegio que existía en esta población de Sanlúcar de Barrameda Provincia de Cádiz donde formaba familia siendo miembro de esta Comunidad Escolapia.

Parece que el P. iba con alguna frecuencia a dicho centro o Colegio que tenían formado de niñas de mediana posición a darles explicaciones doctrinales y de algunas sencillas asignaturas quedando después con la familia en conversación que se prolongaba a veces por cruzarse ambas partes los deseos de sus corazones.

El P. debió tener alguna inspiración muy especial del Señor cuando manifestó sus deseos de hacer algo extraordinario para ello necesitaba personal que le ayudase y medios de subsistencia para hacer frente a una obra que él concebía en su entendimiento y corazón, pero y la renta que necesitaba para llevarlo a cabo muchas dificultades se le presentaban ante su vista para poder realizar sus deseos.

Un día hablando sobre el asunto con estas Sras. les dijo que parecía ser de Dios la idea que sentía de fundar una Congregación de Religiosas para que formando el corazón en las niñas fuesen aptas para el porvenir y llevar muchas almas a Dios.

Estando un día manifestando a la junta sus deseos o inspiración, todas se sintieron animadas para seguir el camino que la Divina Providencia les presentara, pues estaban dispuestas a seguir y cumplir la voluntad de Dios.

Como hablaban muchas veces sobre el plan que tenían entre manos y que deseaban realizar, se le ocurrió al P. que era muy científico en ciencias sobre todo en Química de las cuales hacía muchas experiencias de plantas que servían para medicinas; era además muy docto en homeopatía curando muchas enfermedades y, por ello, le daban limosnas.

Con el permiso de sus Superiores primero y después del Superior General consiguió que estas limosnas las dedicara a este fin.

Como todos los miembros de una Comunidad no piensan lo mismo y todos quieren participar de los beneficios de los demás, hubo entre los Padres varios disgustos y algunos de mucha importancia, porque aquellas cantidades no entraban en la Comunidad y lo invertía en cosas extrañas.

En medio de estos disturbios y contrariedades se dispusieron él y las Sras. a realizar sus deseos o inspiraciones, empezando por formalizar la obra, empezando por buscar una profesora con título para poder ponerla al frente y pedir los permisos Eclesiásticos y Civiles a fin de poder abrir el establecimiento, fue una de las Sras. que se llamaba Catalina García, que era la que llevaba la dirección de todo porque tenía ella el Colegio particular, estuvo visitando varias personas y entre ellas habló con un caballero militar llamado D. Gabriel Briones (esto todo en Sevilla) este Sr. se enteró perfectamente del asunto que llevaba y como por ser algo pariente de la familia frecuentaba la casa quedó con la Sra., después de enterarse bien de lo que pretendía, proponerlo a la madre de una de las jóvenes que él conocía y que hacía poco había terminado la carrera, así lo hizo, llegó a la casa y manifestó el objeto de la visita de aquel y le refirió lo que le habían dicho, no le pareció mal pero quiso que su hija se enterara que era la interesada, ella consintió en irse cuando fuese llamada, contando antes con el permiso de su confesor que era un P. del Oratorio de S. Felipe Neri. La Sra. por su parte tomó o buscó sus informes y como no tenía ninguna que pudiera detenerla se volvió a Sanlúcar y después de contar al P. y explicarle lo que había hecho y el buen resultado de sus gestiones, resolvieron escribirle para decirle los honorarios o pensión que le asignaban y si era conforme preparara sus cosas para que se viniese pasado el tiempo de Semana Santa que fue a últimos de marzo.

En Sanlúcar alquilaron una casa en la calle Carril de S. Diego frente a la calle de la Luz, compraron muebles, bancos, mapas, libros y cuanto necesitaron para presentarla a la población en condiciones de un nuevo centro académico y arreglaron las demás dependencias de la casa.

Las habitaciones de la Profesora las prepararon en el entresuelo que tenía independiente la casa.

El día 4 de abril de 1.885 se presentó la misma Sra. y dijo iba a recogerla porque el día 6 último de Pascua de Resurrección se hacía la inauguración de la casa y apertura de las clases para empezar enseguida a funcionar. Efectivamente marchó con dicha Sra. y se presentó en la casa donde tenía que hospedarse, no había más que dos Sras. y ellas dos formaban 4 que había para empezar. Al día siguiente por la mañana fueron a la Iglesia de los PP. Escolapios a oír Misa y después de ella entraron a la sacristía a saludar al R. P. Faustino Míguez (tal era el nombre del P. que estaba al frente de todo). Al ver a la joven díjole estas palabras: “Quién sabe si servirás para ser la piedra fundamental de este edificio”, palabras que se grabaron en el corazón de ella y le hizo pensar en ellas mucho tiempo, pues aunque se había educado interna en un Colegio en Sevilla no tenía vocación para religiosa ni idea de abrazar ese estado. Emprendió de nuevo su vida recogida y dedicada al estudio para poder cumplir con la obligación que había contraído y preparaba las cosas para la apertura de las clases que se hizo el día 9 del mismo mes y año. Hicieron una llamada al pueblo por medio de unos programas y oficios particulares a las autoridades tanto Eclesiástica como Civil.

Tenía el P. preparados los documentos que necesitaba y estando todo dispuesto el Sr. D. Francisco Rubio y Contreras, Arcipreste y Cura Propio de la Parroquia Mayor de esta Ciudad, leyó el Acta que había enviado el Ministro de Fomento Excmo. Sr. D. Antonio Pidal desde Madrid, concediendo el permiso para la apertura del nuevo centro docente; leyó también del Excmo. Sr. Cardenal de Sevilla Fray Ceferino González el permiso para admitir el nuevo centro en su Diócesis y manifestando estaba dispuesto a favorecerla cuanto pudiese. Enseguida se procedió a la bendición de la casa y de las clases que estaban preparadas de antemano y después de un rato de reunión y expansión, se presentó un sencillo refresco, se terminó el Acto dándole la enhorabuena al P. Director y Sras. que se proponían a dar a la población un establecimiento tan necesario como era en la educación e instrucción de la niñez.

Se abrió la matrícula y se matricularon el primer día 50 niñas de la aristocracia. Al terminar y marchar el público el Sr. Director se quedó hablando con las Sras. y disponiendo lo necesario para ver cómo se adquiría dinero para empezar los gastos. Dispuso se tomase todo en un almacén y pagar a fin de mes de las entradas de las niñas y si no había bastante se pidiese a una Sra. que estaba muy agradecida al Sr. Director por la medicina que la daba para los pobres.

Se notó que de noche venían algunas personas amigas y de la familia de la que hacía de principal y que entrando en la despensa salían con algunos bultos, bajaban los víveres y había entre ellas graves disgustos y riñas. En esos primeros días llegaron de Jerez dos jóvenes una se llamaba Mª de los Ángeles González Lozano y la otra Isabel que se marchó porque solo venía a dejar a su hermana.

Por aquellos días la maestra fue a confesar con el Sr. Director y empezó a sentir la voz de Dios en el interior de su alma, por la compasión que le daba ver tan mal de personal apto una obra que empezaba y que podía dar mucha gloria a Dios. Le gustaba mucho los consejos y reflexiones que le hacía, después que confesaba, que lo hacía con bastante frecuencia, se le grababan tanto en su corazón que en la oración pedía al Señor luz y gracia para cumplir siempre su Divina Voluntad. Insistía día y noche en lo mismo y mi alma luchaba de una manera tan sobrenatural que no podía desechar. Un día después de comulgar sentía una aflicción interior muy grande y lloraba amargamente porque nunca pensé una gracia tan grande recordando mi vida tan indiferente y pobre de las cosas de Dios, fue llamada al confesionario por el P. Director y le dijo en nombre del Señor era elegida para llevar esta obra adelante, ella se enterneció tanto que no supo contestar otra cosa más sino que consultar todo lo que le pasa con su confesor y director espiritual R. P. Manuel de la Oliva, religioso del Oratorio de S. Felipe Neri en Sevilla. Escribió y la contestación fue satisfactoria, porque le decía que en la oración viese y meditase despacio el valor de la obra y si me encontraba con valor, fuerza y ánimo para empezar se lo comunicase, porque al decidirse hacerse religiosa él tenía convento dispuesto para que entrara inmediatamente. Hubo una temporada de pausa y tranquilidad, todos rezos de las niñas iban al mismo fin, a pedir al Señor y a la Sma. Virgen nos iluminara lo que conviniera hacer para el bien general de todos. En este tiempo que transcurrió pasó lo siguiente.

Se notaba que faltaba de las provisiones que se compraban y que de noche iban familiares de una de ellas y llevaban unos bultos por lo cual entraron en sospecha y pusieron algo para conocer la verdad que no tardó; tomó la iniciativa la que hacía de mayor, una que se llamaba Francisca (no recuerdo el apellido), se lo avisó varias veces y viendo no hacía caso, le indicó que iba a decírselo al Director, la otra se puso muy molesta prorrumpiendo en palabras y en hechos de ella misma tanto que desistió de permanecer con ella y se marchó a Jerez su pueblo. Enterado el Director de lo que ocurría después de tener un disgusto grande, se marchó la otra también a su casa, quedando la Directora con la postulante, y pasando apróximamente ocho o diez días llegaron dos pretendientas de Córdoba y otra de Sevilla, formaban cuatro pretendientas que ayudaban a las clases, que abrieron entonces, pues por no haber personal no se pudieron abrir al mismo tiempo que la primera, tomaron además una muchacha para los mandados y faenas de la casa.

El Señor llamó para continuar su obra a la Directora y declarada su vocación al Director conocida por una inspiración y milagro que no es del caso explicar, porque son gracias interiores que dan luz para conocer la voluntad de Dios. Cuando se decidió a ser religiosa y quedarse aquí, se levantó una furiosa tempestad entre todos los individuos de la familia y su confesor le mandó se marchara y no permaneciera más tiempo en esta casa. Grandes luchas y tribulaciones se pasaron algunos días, pero ella firme como una roca pedía al Señor fuerzas y resignación para cumplir la promesa y pacto que había hecho con El y la obediencia ciega que debía tener con su nuevo confesor por las consultas que necesitaba y los consejos que tanto tranquilizaban mi alma y unía a Dios Nuestro Señor. Entré de postulante como las otras en junio festividad del Sdo. Corazón de Jesús y el Director a dos días puso a la cabeza y órdenes a la Directora ya postulante y diseño que no era más que un velo blanco a la cabeza. Se terminó por una temporada las luchas de las criaturas y lo mucho que a todos dio de hablar de estos asuntos. El Director nos hizo y dio para practicar algunas virtudes y prácticas piadosas empezando a formar un pequeño Estatuto. Los rezos se dirigían por la postulante mayor dando principio al Oficio Parvo que todas lo aprendieron; las oraciones de la mañana y noche todo con la aprobación del P. Director.

El demonio entró con las luchas, tentaciones y trastornos sobre el porvenir que nos parecía muy negro, además se presentaban cosas difíciles de resolver y con la poca experiencia que tenía se veía preocupada por no tener las disposiciones que se le precisaban para resolver cuando el padre llegaba por la tarde se le daba cuenta de todo y resolvía lo preciso, todo a su lado nos aconsejaba y preparaba para lo que más tarde teníamos que hacer. Por aquellos días empezaron a sentir ruidos de noche y ver sombras de día; esto no se hacía caso, pero lo de la noche nos daba, por quedarnos solas; andando el tiempo ocurrió que una noche sonaba como si alguien subiera por la cuerda del pozo por lo que sonaba el carrillo, todas despiertas escuchábamos y una se levantó y por el balcón llamó al sereno, se reunieron dos y una vez vestidas bajamos y se abrió la puerta de la calle, para que entraran los serenos a registrar, se anduvo toda la casa y nada se vio y estando despidiéndolos todos vimos una sombra que marchó a la calle, ellos salieron en persecución de lo que habían visto, pero no encontraron nada ni nadie, corramos y nos acostamos; al rato se sintieron otra vez los ruidos como de cadenas por el suelo, las sombras y hasta visiones hermosas y feas. Rezamos todo lo que se nos ocurría, pero ninguna dormía por el susto que teníamos, además de notar un olor a quemado y humo, dos se pusieron enfermas, no salimos a Misa a los Escolapios como todos los días lo hacíamos a las 5 y el P. al echarnos de menos, después de su clase vino a saber lo que nos pasaba y al enterarse, notando en el semblante que teníamos de no haber dormido se reía y nos animaba a luchar hasta vencer, nos dijo lo podría y con agua bendita echando en la habitación no temiéramos nada que ya pasaría, que lo que pretendía el enemigo era el que desistiéramos de la obra y se desbaratase, ánimo y a luchar hasta vencer. Que no dejáramos nada de los rezos y la oración sino que los hiciéramos doblando cada vez más nuestros deseos de solo llevar muchas almas a Dios empezando por santificarnos nosotras primero.

Estuvimos tranquilas unos días de estas cosas, pero empezaron otras luchas. Como no se tenía más entrada que lo que apercibía de las clases y éramos cinco se padecía mucho en los alimentos y en carecer de ropas, las que se marcharon decían que era suya y no dejaron ni una sábana, hubo que comprar de todo y no teníamos lo bastante. Se le hizo saber al Padre y como estaba escarmentado por lo que al principio pasó, él conocía por la medicina, una Sra. Vda. llamada Dña. Trinidad Trechuelo de Pastrana, el P. habló con ella para que se encargase de nuestro suministro entregándole nosotras el dinero de las clases. Esto nos disgustó a todas y más a la encargada que tenía que entenderse con ella y todo le parecía mucho.

Mucho trabajo y escasa alimentación porque puso una economía que no se resistía, se empezaron a debilitar en tal extremo que cayeron enfermas dos y una de ellas parecía había perdido la cabeza, le daban unos ataques nerviosos que se ponía malísima y en vista de todo lo anterior dispuso el Padre quedase el gobierno de todo en las Socias y así quedamos otra vez tranquilas y las que estaban enfermas tomaron medicinas del Padre que ya tomaba nombre y hacía muchas curaciones tomando buen nombre para después. Se acudió al Sr. Cardenal Fray Ceferino González para la aprobación de reconocer a las socias reunidas con el nombre de “Asociación Religiosa” y qué nombre llevará? aquí llegamos y cada una dijo la Advocación que le gustaba; el Padre como más experimentado y para evitar discordias entre nosotras, dispuso se hicieran papeletas y cada una pusiese el nombre de su devoción y él puso en la suya el de Divina Pastora. Se encomendó mucho al Señor y a la Sma. Virgen y el día de Pascua del Espíritu Santo se hizo la votación presidida por el Padre y por más de tres veces salió el nombre de la “Divina Pastora”. En vista de esto dijo el Padre quedaba esa advocación pero en la forma siguiente: “HIJAS DE LA DIVINA PASTORA” y se diferenciaban de las religiosas Franciscanas que llevan el mismo nombre, quedamos muy contentas pues nos pareció simpático y a propósito este nombre por tratarse de Colegios de niñas.

Desde ese día empezó el Padre a disponer se hiciese como un pequeño Reglamento para el gobierno de las Socias y mandarlo al Sr. Cardenal para su aprobación y así poner en práctica hoy lo que mañana nos había de servir de ley. Cada una escribió según eran sus deseos, después reasumió todo y bien arreglado se le mandó a D. Santiago Magdalena que era entonces el Vicario Gral. de la Diócesis para que lo visara y si le parecía bien lo presentara al Sr. Cardenal, así lo hizo y sacó la aprobación, según lo dijo después en carta que nos leyó el Padre para animarnos.

En estos tiempos, pretendieron 3 el ingreso dos para coro y una de Sevilla, las dos primeras se llamaban Ceferina Martínez y Antonia García era de Córdoba y los informes lo mandaron los párrocos y la de Sevilla se llamaba Matilde Fernanda para lega; Ceferina para la clase gratuita que entonces se abrió; Antonia para el cuidado de la casa y portería, Matilde para la cocina y cuidado de la compra que diariamente se necesitaba.

El Padre se dedicaba, como he dicho, a la medicina y recibía muy buenas limosnas, a nosotras nos dejó sujetas a lo daban las clases que si no hubieran sido por las cosas que pasaron y que a su tiempo contaré, se hubiera pasado muy mal.

Los PP. Escolapios creyeron que esto no iba a seguir, pero cuando se dieron cuenta que esto iba progresando y tomando importancia por las niñas que ingresaban y el buen nombre que tomaba se dirigieron a su Rvdmo. P. Gral. para que no siguiese nuestra dirección, pues perjudicaba a su Colegio no apercibir esas limosnas que dedicaba a la obra de las Socias; no percibíamos nosotras ese dinero; pero nos compraba cuanto se necesitaba para las clases. De antes y al tener la idea de formar este centro obtuvo los permisos oportunos para poder disponer de las limosnas que por mediación de la medicina y de los enfermos que le visitasen. Todos los PP. se pusieron en contra de la fundación menos uno que llamaba P. Pedro Diez. Esto sería por el mes de junio del mismo año 85; como ya se habían pedido los permisos en Roma y en Sevilla para que empezara a formalizar la vida religiosa las Socias empezando por la vestición del Santo Hábito; el demonio puso antes muchas contradicciones para evitar siguiera la obra y se le diese realce y prosperidad. La contrariedad de la madre y familia de la Directora que no consentían fuese religiosa, el confesor no lo aprobaba tampoco y le decía se marchase a Sevilla y él dispondría lo que más conviniera. Ella desde luego creyó ser llamada por Dios por varias cosas interiores que hacían no abandonar lo comenzado. Nuestros rezos los hacíamos en una pequeña capilla arreglada al efecto, estábamos un día en la oración y se oyó una voz que salía del cuadro del Sagrado Corazón y nos dijo “Confíen en mí y no teman” palabras que a todas nos hicieron mucha impresión, salimos llorando y así fuimos a Misa al vernos el Padre llamó al confesionario a la que hacía de mayor que manifestándole las impresiones que habían tenido sus almas y en la Comunión ofrecieron al Señor seguir trabajando en la formación de la obra, y toda la lucha que tenían pendiente con la familia fue desapareciendo en vista de que no conseguían nada, sino que al contrario cada vez más firme en su idea.

El Padre por las tardes terminadas las clases venía con nosotras y sentadas a su alrededor nos explicaba lo que debía hacer una religiosa y nos hacía practicar las hermosas virtudes de la humildad y caridad práctica que necesitábamos adquirir. Un día nos dijo fuéramos pensando en el hábito que debíamos vestir y pasamos una tarde de mucha risa por la variación que se nos ocurría, pero él dijo que en un par de días lo pensáramos, hicimos una pequeña muestra desde luego en negro, pero el Padre quería algo en azul y pusimos un cuello pequeño, el escapulario largo y una estampa de la Divina Pastora, no decía bien en conjunto y por entonces ocurrió que reunidas con él, tuvo de pronto una idea de cómo le gustaría, lo cortamos y la estampa se puso sobre azul y vivos azules en el escapulario y mangas, no le parecía mal, pero le faltaba el tocado que lo quería con las orejas fuera, muchas pruebas hicimos porque quedaba muy feo, pero a él le gustó y así nos lo pusimos y muy contentas, la toca grande fue tomada Comunidad llevó muchas formas hasta ahora. Todo preparado, discutido y con los permisos, se le presentaron al Sr. Arcipreste D. Francisco Rubio y Contreras y se fijó el día para las tomas del hábito que fue el 2 de Agosto del mismo año, celebrada en la calle de la Mar, primera casa de la Congregación en sus principios, enfrente de la calle de la Luz.

Se invitaron a los Sres. Curas Párrocos y demás sacerdotes del pueblo, a los Sres. y Sras., al Sr. Alcalde y Concejales, asistieron todos menos los PP. Escolapios que estaban disgustados. El Sr. Arcipreste impuso el hábito a las cinco que con sus madrinas estaban en la Capilla esperando el acto. Una hora duró por la plática tan hermosa que nos dio alusiva a lo que significaba entrar en la vida religiosa a esta nueva Congregación que hoy empieza, nos bendijo y terminó el acto. El Padre leyó los nombres de las agraciadas que fueron las siguientes:

Hermana: María de los Ángeles González León, de Sevilla

María de los Ángeles González Lozano, de Jérez de la Frontera

Ceferina Herrero Fernández, de Córdoba

Antonia García Marín, de Priego

Matilde Sánchez Martínez, de Sevilla

Este acto quiso el Señor inspirase e imprimiese carácter en las Novicias que todos y todas las respetaban como si hiciesen muchos años de Religiosas. Tuvimos nuestros obsequios de las madrinas con los cuales fueron presentados a los asistentes al acto, quedaron muy agradecidos y complacientes tanto que los Sres. pidieron el libro de matrículas para ingresar a sus hijas. Se terminó el acto con mucho entusiasmo dando la enhorabuena al Padre y éste las gracias al público, las Sras. hicieron lo mismo con la nueva Comunidad y se ofrecieron a cuánto se necesitase.

Terminado todo y una vez que quedamos a solas con el Padre éste después de darnos como una conferencia haciéndonos ver los beneficios que el Seños nos hacía y la protección que la Sma. Virgen nos dispensaba por los sacrificios que le prometíamos, hacer en lo sucesivo, el buscarle almas para llevarlas al buen camino y después al Cielo; pero es preciso estar preparadas para los ataques que el enemigo nos presentará y que hemos de combatir esperando que el Señor y su Sma. Madre nos ayudarán; después pasó a darnos a cada una un oficio para que empezáramos la vida de obediencia y humildad.

La primera era que tenía que ordenar lo que había que hacer y trabajar durante el día, dedicando a una de ayudante a la clase primera, otra a las niñas pobres, otra al cuidado de la casa y otra a la cocina.

Se hizo la distribución de horas y todo se le presentó al Padre para su aprobación. Se terminó esto y el Padre aprobó todo lo que se le presentó. Nosotras nos quedamos muy contentas y tan abstraídas de vernos con el Sto. Hábito tan deseado que acortábamos a ocuparnos de nada y teníamos que preparar la casa para el día siguiente. Todas con el mayor entusiasmo echamos mano y pronto lo vimos limpio y arreglado.

Pensábamos en los rezos que teníamos que adoptar y por la mañana y noche se escribieron las que sabía de su Colegio la primera y cada una hizo lo mismo pero fueron aprobadas las de la primera por ser más propias para religiosas, tratóse con el Padre lo del Oficio de la Virgen en latín y como no todas lo sabían, como la primera hacía tiempo lo sabía porque lo rezaba en el Colegio con algunas niñas, hizo el Padre leyera algo y viendo que efectivamente lo sabía dispuso diera lección a las otras para empezar el día 15 a coro en la Capilla empezar a rezarlo, así lo hicimos y se siguió en lo sucesivo con la bendición que obtuvimos del Padre. Poco a poco se fueron formalizando los rezos y el espíritu religioso, todas las tardes venía el Padre y nos explicaba las asignaturas que se daban en la clase primaria y después nos poníamos a su alrededor y nos hablaba del espíritu religioso que se formaban en los noviciados, explicaba el ejercicio de las virtudes y para ver si lo entendíamos hacía que una cada día dijese lo que había entendido sobre todo de Catecismo para decírselo a las niñas en clase. Poco tiempo estuvimos en armonía todas. Me cuesta mucho tener que decir algunas imperfecciones que se le notaban y nos hacían sufrir mucho un carácter duro y sostenido, en cuanto hacíamos algo que mortificara, que era hijo de la poca experiencia que se tenía en todo porque no faltaban contradicciones y tribulaciones, si era de las niñas o de nosotras se mostraba disgustado y no venía en unos días. Como todo era nuevo no sabíamos de quien aconsejarnos y todos nuestros deseos era hacer lo posible porque nos atendiera, nos corrigiera y tenerlo dispuesto para el porvenir, los que le conocieron sabrán apreciar que es verdad lo que expongo, así como también digo que tenía temporadas tan hermosas que un padre no se extremaría más con sus hijas, llegaba por la tarde y traía su merienda en limpio pañuelo colgando del cíngulo como niñas se lo buscábamos y su palabra: ¡¡Quita!! se dejaba oír y nos hacía reir bastante. Nos hacía sentar y con una navaja iba él partiendo las raciones de fruta seca que traía y se pasaba un rato de gozo y contentos, que duró poco. Mientras estaba enfadado y a fuerza de escribirle venía después de grandes trabajos y disgustos y de humillaciones cuando llegaba ninguna quería darle la cara más que la primera y ésta llegó a entender que pidiéndole una lección en la pizarra o enseñándoles las planas que nos hacía escribir todos los días se le pasaba y ya estaba otra temporada contento. Esto no quiere decir que no fuese menos perfecto que no eran esos nuestros pensamientos, puesto que tenía cosas de santo, pero para demostrar esos cambios de carácter gallego él y nosotras andaluzas lo permitía el Señor para que no nos apegáramos demasiado como criaturas jóvenes y solas.

Por el mes de septiembre ocurrió el episodio siguiente: se puso enferma la segunda y sin saber la causa empezó a echar sangre por la boca y a decir disparates como si hubiera perdido la cabeza, resultando después de darle el Padre medicinas que a viva fuerza tomaba alguna, nos proporcionó grandes y graves disgustos resultando que se quería marchar a su casa y para conseguirlo tomaba polvos de anilina los disolvía en la boca con la saliva y lograba engañarnos el Padre que conoció la astucia diabólica dispuso se escribiera a su familia y que viniesen por ella, cuando se enteró la orden de su salida daba unos gritos que parecía un energúmeno, los días y las noches eran horribles, así se pasaron tres días hasta que vinieron por ella de Jerez, cada vez que sentía la voz del Padre saltaba de la cama se sacaba o arrancaba los cabellos, una cosa nunca vista y horrorosa, se puede pensar lo que trabajarían las otras para que no se apercibiese las gentes. Cuando se marchó nos quedamos tranquilas, no pensamos nunca que el demonio podía trastornar a un alma de este modo, hemos tocado varios casos y hemos visto la verdad tocando los efectos.

En aquellos tiempos todas echábamos manos al trabajo de limpieza de clases, lavado, costura y demás extraordinarios que se presentaban y ¡lo que hace el Señor! las que menos costumbres tenían eran las primeras en echar mano a todo. Junto a nuestra casa vivía una sirvienta llamada Ana Domínguez y por las azoteas nos veía lavar y tender la ropa de noche o por la mañana antes de Misa pidió permiso a su Sra. Dña. María Ambrosy y venía Ana muchas ratos a ayudarnos hasta que se vino definitivamente con la Comunidad no faltando los disgustos de su madre que al saberlo se vino de Trebujena para llevarse a su hija que no consiguió.

Los PP. Escolapios que veían la marcha que llevaba el Colegio y que el P. trabajaba por fuera mucho con las familias, no estaban en conformidad y además se dedicó más a la medicina y curaba muchos enfermos, los médicos se reunieron y fueron al Colegio de los PP. se quejaron al P. Rector que era el P. Alejandro Corrales, quedando el mostrarlo y comunicarlo a la Comunidad para saber su parecer y transmitirlo al P. Provincial, mientras estuvo el Padre en suspenso, pero iba a vernos y nos contaba estas contrariedades para que pidiéramos al Señor el arreglo de este tan delicado asunto, como estaban en pleno curso no pudieron hacer nada.

Por este tiempo fueron a Sevilla a presentarse con hábito al Sr. Cardenal Sor Ángeles González con una Sra. muy bienhechora y devota del Padre. El Sr. Cardenal Fr. Ceferino González, las recibió enseguida y durante la conversación complacido un tanto por vernos, preguntaba por todo lo que se había hecho, dándole detalles de todo porque se interesaba mucho, según decía por el nuevo Instituto. Hizo demostraciones de que no le gustaba el hábito y dijo tirando del Escudo que me lo quitara, como allí no podía hacerlo, le di palabra de que al llegar a casa lo haría, entre otras muchas cosas, me hizo salir, pero antes me hizo dar vueltas por el salón y me insinuó que el rostrillo no le gustaba por llevar las orejas fuera y que no era propio de religiosas, salí fuera del salón y quedó hablando con la Sra. diciéndole que en su nombre le dijera al Padre continuase con sus trabajos que había probado el espíritu de humildad y resignación a la voluntad de Dios en la religiosa y enviaba con ella una bendición. El Padre y todas nos pusimos muy contentas y empezamos con más entusiasmo a trabajar en las clases que por día iban aumentando tanto que la casa nos resultaba pequeña por pedir ingreso para internas. En la calle de la Bolsa había cerrada una casa de D. Domingo Marín y se le alquiló por un año, allí pasamos enseguida aumentándose el número de niñas internas. La primera Rosario Delgado Ñudi de las Cabezas, la segunda, Carmen de la Serna, tres de los Sres. de Manjón, dos de las Sras. de Heras, aumentaron de media pensión y externas que era hermoso ver las clases y la casa llena de niñas. Como todo se formalizaba y se tenía la aprobación del Sr. Cardenal pidió el Padre la aprobación de Madrid y D. Alejandro Pidal, Ministro la envió enseguida.

Sin darnos cuenta se nos iba arreglando las cosas, y nuestro contento crecía en aumento notando que teníamos en nuestro poder las niñas del señorío de la población y nos daban la enhorabuena por éxito que habíamos tenido en tan poco tiempo, pero todo se pensaba era de Dios, cuando después llegó el tiempo de la prueba otra vez.

Éramos para todo el plan que teníamos pocas religiosas, una se enfermó de pulmonía, otra de un catarro bronquial grave, las dos pasaron su enfermedad la primera se puso bien pero la segunda no se le quitó el catarro, se le hizo crónico y lo sufrió todo el resto que vivió dando mucha gloria a Dios. Empezaron de nuevo los contratiempos, los sustos y malas impresiones. ¡Cuántas sombras de noche! los sustos y alaridos de perros y otros animales que no conocíamos! lo más notable era que las niñas ni notaban ni sentían nada, lo que pasaba solo nosotras lo pasábamos. En la Capilla pasaban sombras y se perdían sin saber cómo, por las tardes todo se lo contábamos al Padre y él se reía, entonces no comprendíamos estas cosas, ni lo que significaba, el Padre nos decía que eran cosas del enemigo para asustarnos y que hiciéramos con devoción y tranquilidad la oración y demás ejercicios de piedad, nos profetizó lo que más adelante nos pasaría y que no nos debía alterar la paz y tranquilidad que teníamos.

En este año que estuvimos en esta casa de la calle de la Bolsa mucho gozamos pero más sufrimos, se ganó bastante y se pudo satisfacer el alquiler, se empezó a comprar y coser los trajes para las niñas de la 1ª Comunión, además se les dio a cada una que eran cien una vestidura completa el mismo día y como no se podía durante el día coser nada y teníamos que hacerlo de noche, todo se terminó de preparar para el día de la Ascensión que decidimos. Salió una magnífica procesión de 100 niñas por primera vez con un precioso estandarte, 7 niñas vestidas de Fe, Esperanza y Caridad; Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza cada una con su distintivo, por la calle Ancha a la Parroquia del Carmen que era la que nos pertenecía. Se llenó de público puesto que el pueblo tenía sus hijas en ese tan hermoso acto. Al volver era tanta gente que no cabían en la casa y menos en los comedores preparados al efecto en el patio, por fin se terminó todo con el mayor lucimiento y gozo, quedando todos admirados del número de niñas que teníamos en un año.

El tiempo iba pasando y pronto llegaba el año del contrato de la casa y como era tan cara no era posible seguir, se lo decíamos al Padre y como nada decía aquí nuestro apuro, no encontrábamos ninguna a propósito para las niñas que había. Un día llegó el Padre que ya había casa. Los Sres. de Argüeso al enterarse el apuro que teníamos ofrecieron al Padre una casa que tenían en la calle González Hontoria se nos hacía muy pequeña y se puso una clase gratuita en el alto de la bodega de Celis. Una vez hecha la entrega de la nueva casa al Padre este nos dijo que cuanto antes teníamos que mudarnos, como el aspecto de la casa era más pequeño temimos se quitasen algunas internas como así pasó; se empezó la mudanza y en 15 días ya estábamos allá. Pusimos clases nocturnas y acudían las criadas en gran número. Aunque las internas disminuyeron quedaron externas y siguieron otras de media pensión. Se nos dijo muy en secreto que el Padre se marchaba y por eso era la prisa de dejarnos en una casa que no nos molestaran y que él se entendía con ellos.

Mucho nos preocupó la noticia y nos hacía temer el resultado, y la esperanza de que no fuese verdad no la perdíamos y así una de las veces que vino a vernos, se lo preguntamos y como siempre refería a Dios todas las contrariedades que se nos presentaban, creíamos sería una de tantas, no nos dábamos cuenta de los males que su ausencia traería sobre el Colegio que se puede decir estaba en sus principios, pues éramos novicias y una tarde hablando como siempre de lo que las Sras. niñas decían dijo que no estaban equivocadas y que su estancia aquí tocaba a su fin, porque lo habían destinado a Getafe. Se puede suponer la impresión que llevamos, todas llorando y él con nosotras, no teníamos consuelo, tres años de novicias, estaba formándonos, no se hacía nada sin preguntarle, no teníamos pensamiento que no se lo consultase, era nuestro padre y él nos consideraba como a hijas muy amadas en Jesús, por Jesús y para Jesús, éstas eran sus fervorosas palabras cuando nos veía fervorosas y contábamos nuestras fechorías espirituales de mortificaciones con deseos de santificación y aspiraciones de ganar almas para Dios y lo esencial era lo solas que nos quedábamos, ¿a quién acudíamos si todos estaban en contra? Con los PP. Escolapios no podíamos contar porque no nos quería el Rector y los demás temían algo el ir; solo uno se prestó a confesarnos en la Iglesia y hubo de darle lástima de nuestra situación.

Antes de marchar ocurrió que vino un P. Filipense, D. Manuel de la Oliva confesor de la primera novicia que desde pequeña la conocía, le animó mucho y después de examinar bien como marchaba todo quedó muy complacido y dio cuenta al Prelado de lo que ocurría, pero antes en pláticas nos animaba a seguir el camino trazado por Dios que nos ayudaría en las luchas, persecuciones y males que nos vendría para que resplandeciera la gloria de Dios. Terminados los meses de vacaciones se decidió por fin la marcha a Getafe del Padre y entre otros muchos consejos, unión, caridad y amor de unas con otras para trabajar por el Instituto que se formaba. Nos dijo que convenía se ausentara para que vieran era la obra de Dios, “no apurarse, confiar en que Dios cuidará más que nunca de vosotras”. Esta trama que nos armó el enemigo fue de mucho sentimiento y pena grandísima aumentada en la última Misa que le vimos y el último desayuno que tomó, nos animaba mucho a la lucha y nos consolaba con la protección de la Sma. Virgen que desde un principio bien demostraba el cuidado que tenía en todos nuestros asuntos. Vinieron a despedirlo algunas Sras. Dña. Francisca Argüeso, Dña. Trinidad Trechuelo,Vda. De Pastrana que fueron a la estación. Qué día y qué mañana pasamos ¡Dios mío! todo era preguntarle tantas cosas, que terminó por no decirnos más, nos bendijo y abrazó hecho un mar de lágrimas todas las presentes y marchó con un criado que le trajo el equipaje. Al sentir el pito del tren todas nos echamos a llorar y en medio de tanto desconsuelo sentimos una voz desconocida pero tan bondadosa y que todas nos dimos cuenta “Aquí estoy con vosotras, sedme fieles y cumplir con las obligaciones que os habéis impuesto y os asistiré como una Madre, más tarde veréis la recompensa”. ¡Qué ánimos tomamos en aquellos momentos tan tristes, solo lo puede explicar quien en ellos se encontró! Salimos de la pobre Capillita que se había preparado en una habitación para los rezos, más tarde se arregló para celebrar la Sta. Misa y funciones de novenas, triduos y cultos de las niñas. Cuando salimos repito, de la Capilla, nos dedicamos al arreglo de las clases antes que llegaran las niñas, pues eran muchas las que asistían.

(1) Al llegar aquí he notado no he puesto el por qué nos dieron esa casa sin obligación de pagar nada por ella y fue que D. Juan Argüeso estuvo enfermo de gravedad y llamaron al Padre para que lo viera con tan buen acierto que sanó, hablaron sobre la fundación y viendo el matrimonio en la situación que estábamos le ofrecieron esa casa que aceptó por lo que preveía podía pasarnos más adelante y así aseguró por lo pronto y aseguró el porvenir de la Asociación que de no seguir pasaba la finca a poder de estos Sres.

Se le dio mucha importancia al empezar las clases, se hizo una propaganda de idiomas francés y otras asignaturas que nos hacían estudiar mucho porque eran muy listas y aplicadas las mayores. Se anunciaron los exámenes y se invitó a las autoridades Eclesiásticas y Civil y a los padres de las niñas. Hicieron unos exámenes lucidísimos podían por los programas preguntar y el Padre les hacía fuerza para hacer que los otros preguntaran y quedasen satisfechos como así sucedió, planos de Geometría, Geografía y escritura no faltaron como así mismo costura, zurcidos, muestras de pespuntes y vainilla, en poco tiempo una pequeña exposición. Todos complacidos nos daban la enhorabuena por haber trabajado y obtener tan buenos resultados. El Padre y todas tan contentas al ver los buenos resultados. Tuvimos dos pretendientas confesadas del Padre una se llamaba Concepción Hidalgo y la otra Ana Domínguez que a su tiempo no pudo entrar por oponerse su madre. La primera entró para las clases y la otra para el trabajo, era de Trebujena acostumbrada a las faenas de casa y nos ayudaba mucho.

Una vez terminado el curso y teniendo de descanso escolar dos meses se nos presentó el disgusto del viaje del Padre a Getafe.

Como siempre nos animaba en los sufrimientos y nos decía “conviene que me vaya para que vean es la obra de Dios”. Ocurrió por aquellos días una cosa que nos dio mucho disgusto y qué pensar. Teníamos una Inmaculada preciosa regalo de la condesa de Monteagudo y del conde de Bustillo, D. Fernando y Dña. Matilde, estábamos haciendo la oración y sentimos un fuerte golpe, era la imagen de la Sma. Virgen en el suelo, la cogimos y cuál sería nuestra sorpresa al notar que solo por la mitad estaba rota la cabeza, lo demás no le había ocurrido nada unimos las dos partes sin pegarla ni ponerle nada y quedó perfectamente. Cuando llegó el Padre le contamos nuestra pena cogimos la Virgen y después de registrarla muy bien sólo se le vio la rajita de lo que había sido roto pero nada más. Cuando el Padre lo vio dijo era el que “sería dividida la cabeza, pero que como se había unido milagrosamente así ocurriría con nosotras, estaríamos unidas a él hasta la muerte por mucho que trabajase el demonio en desunirnos”. Al llegar el Padre a Getafe se dedicó a escribirnos un Reglamento más extenso y nos mandaba los Cap. para viéramos si nos era fácil la práctica de lo que ponía si alguna cosa encontrábamos difícil se lo decíamos y lo corregía, así se fue escribiendo lo que después se aprobó como primeras Reglas en Sevilla.

Cuando teníamos cinco años de novicias preguntamos si podíamos hacer la primera profesión y al decirnos que si se lo pedimos al Padre que mandó la petición al Cardenal de Sevilla y mandó un Visitador para visitarnos y ver cómo seguíamos.

Estábamos en prefecta unión y quedó complacido al ver nuestros trabajos y el número de niñas que teníamos, se llamaba D. Santiago Magdalena, tenía buena amistad con el Prelado Fr. Ceferino González que nos quería y compadecía al vernos tan solas concedió las Profesiones de las cinco primeras. Nosotras muy contentas se lo comunicamos al Padre y éste pidió permiso a sus Superiores y como estábamos en vacaciones vino unos días. Todo arreglado se decidió se hiciese este acto en una Iglesia porque la Capilla resultaba pequeña se habló a la Abadesa de Regina que era la hermana del Sr. Arcipreste y nos dejó con amplitud para prepararla, pero coincidió que iba a celebrarse el 2 de agosto que cumplían los cinco años. El Padre invitó al acto a las autoridades y para predicar en la función a un famoso Padre Escolapio Francisco Campaña y para cantar al P. Carmelo Godinach de Jerez. El día 2 todo preparado se celebró la fiesta acudiendo al acto numeroso personal de las niñas con sus padres, todo el Clero y el Alcalde. Desde allí vinieron todos al Colegio donde fueron obsequiados. Como los PP. Escolapios estaban muy disgustados por la mala impresión que había en el pueblo por haber trabajado a que se marchase el Padre a Getafe, los invitamos al acto y fueron el P. Rector y el P. Eduardo Camallonga admirados de ver cómo había subido el Colegio en tan poco tiempo, efecto del mucho trabajo que tenían y a los esfuerzos y buena voluntad de las Religiosas que no se dormían en el desempeño de sus obligaciones.

Pasamos unos días muy buenos pendientes de los consejos del Padre que nos miraba con aquella ternura y amor de Padre que en breve nos dejaba otra vez solas; así fue se marchó de nuevo dejándonos de nuevo la pena en el corazón y sin esperanza de que volviera, pues nos dijo que no pediría más permiso. El Sr. Arcipreste D. Francisco Rubio y Contreras empezó a suplir al Padre en la parte espiritual fue nombrado confesor y nos llevaba muy bien y en los asuntos exteriores aconsejaba y nos guiaba resolviendo asuntos urgentes.

Se empezaron a recibir postulantes y llegaron algunas muy dispuestas para las clases especialmente para los párvulos que se dio comienzo enseguida porque estaban las pequeñas con las mayores y no convenía. Pronto se llenó por el entusiasmo que tenían al ver trabajar a los pequeños. Otra vez se hizo cargo del piano y labores desempeñándolas muy bien. Estuvieron seis meses de seglar, porque hasta formalizar las cosas no se les ha puesto distintivo ninguno.

Tomaron el Santo Hábito y tenían que hacer dos años de noviciado se nombró a una de las primeras para que las atendieran y fuera instruyéndolas en la vida espiritual y religiosa. Como la casa era pequeña y había niñas internas se pidió a Dña. María Manjón los altos de la casa suya contigua a la nuestra, lo concedió y allí después de abrir puerta se puso el dormitorio de profesas y novicias. Como todas cosas tienen sus contrariedades, llegó aquí una muy importante y fue que como no contábamos más que con las clases, se aumentó el personal y la entrada de la medicina terminó porque los médicos no la admitían, nos vimos muy apuradas en algunas ocasiones son tener ni lo preciso para comer. Hubo días de tener solo un pedazo de pan, otros solo una poca de fruta y otros la confianza en la Providencia que nos mandaría algo, así se pasaba día tras día sin decir nada al Padre por no disgustarlo, pues bastante sufríamos todos.

Los PP. Franciscanos de Regla propusieron hacer en Chipiona una fundación costeándolo todo una Sra. Mejicana, ellos se entendieron con el Cardenal y los permisos llegaron. Había una de las primeras algo delicada pero de muy buen espíritu y se dispuso fuesen tres a preparar y arreglar los asuntos con la Sra.

Por aquella época ocurrió un gran disgusto a la Superiora y presentó su dimisión al Sr. Vicario que de acuerdo con el Sr. Cardenal, le dieron el cargo a la segunda Sor Ceferina de Jesús.

Empezó y estuvo cerca de un año, pero fue a visitar al Sr. Vicario y lo que allí le pasó no lo supimos, pero sí los efectos, se marchó a Chipiona había allí veraneando unas Religiosas de Córdoba y arregló con ellas marchar a su convento y sin contar con nadie se llevó un piano y muchas cosas de aquella casa, avisaron las religiosas lo que pasaba y cuando acudieron se había llevado todo lo que quiso diciendo era suyo porque se lo habían regalado a ella. Como se marchó a Córdoba el Obispo la expulsó de aquella Comunidad ya lo estaba de ésta y quedó de nuevo de Superiora la primera, cuyo oficio se lo mandaron de Sevilla, así sucedió se presentó una mañana el Sr. Vicario llamó a la Comunidad y leído el Oficio quedó ya definitivamente elegida Superiora de la Congregación.

Tranquilas ya de este suceso seguía todo el plan de clases muy bien, en especial la clase de niñas gratuitas aumentó tanto que fue preciso poner dos sucursales una en el barrio alto, otra en la calle Barrameda, las dos en los altos de las bodegas, cedido por los Sres. en obsequio al Padre.

Por aquel tiempo llegaron unos Sres. de Villamartín, el Cura, el Alcalde y un Concejal pidiendo una fundación, ofrecían una casa y lo necesario para que fueren por lo menos seis, se expuso al Sr. Vicario y dijo se le escribiera al Padre todo lo que habían ofrecido, fuimos a verla y se aceptó siempre que al pasar el plazo de dos años nos dieran casa en propiedad. No lo hicieron así y no contando con nada fijo dejamos la fundación y las religiosas volvieron a casa menos una que enfermó y allí murió. Pasamos muchos disgustos por lo mucho que nos costó levantar la casa y por salir de la Congregación la que allí hacía de Superiora y no quería pasar por los mandatos del Padre, éste escribió diciendo fuese expulsada por rebeldía en la obediencia, y así se hizo.

Pensamos que los 20 años que en las primeras reglas nos puso el Padre para hacer los votos Perpetuos era mucho y le escribimos diciéndoselo y al mismo tiempo le manifestábamos nuestros deseos de dar más carácter de Religiosas al Instituto y viendo que no contestaba a nuestra petición se decidieron ir a Getafe a ver y hablar de todo con el Padre porque llevaba muchos años no venía, así lo hicimos y no le sentó mal le manifestamos nuestros deseos y nos dijo lo pidiéramos al Cardenal.

Una vez allí le propusimos hacer allí una fundación para estar cerca de él y poder ir a consultarle; además arreglar un botiquín y poder vender sus medicamentos estando nosotras al frente. Al pronto se resistía pero luego lo consultó y él mismo buscó y compró, hizo, un poco de obra y nos llamó, fueron solo tres, resultando que con ésta tenían tres casas el año 1898.

El Padre estaba conforme con la petición que se había hecho de rebajar los años de Profesión Perpetua. Se dieron los pasos en Sevilla y después de muchas contradicciones y luchas con las autoridades Eclesiásticas lo concedieron. Enterado el Padre lo habían concedido y nuestros deseos de que viniera, se opuso de tal manera que nos dio un disgusto grandísimo. Se escribió y habló con todos sus Superiores para que le dieran el permiso, como esto se iba a realizar precisamente en el mes de noviembre en tiempo de clase; él no quería, pero por encontrarse delicado y anciano no tenía clase que se lo impidiera y además los PP. se le ofrecieron en suplirle. Como era de genio fuerte el contradecirle nos valimos de los Sres. de Argüeso y por fin consintió pero que nadie lo supiera.

La profesión solo la hacían tres: Sor Ángeles González, Sor Concepción Hidalgo y Sor Antonia Arcos, cuyas madrinas era de la 1ª la Sra. de Argüeso; de la 2ª, la Sra. de Vila y de la 3ª la Sra. de Carrascosa. Todas estaban dispuestas para cuando fuese el acto y ocurrió que se retrasó porque en vez de venir directo se fue al Colegio y encargó no nos dijesen nada; pero el P. Juan Antonio Herrero, entonces Rector nos envió a un Padre para que nos dijera pero que nos hiciéramos las nuevas y así fue; llegó y el entusiasmo fue tal que se terminaron las clases y todas a su alrededor le preguntábamos entusiasmadas y contentas, advierto que se estaba haciendo con las niñas una novena a la Divina Pastora con este fin. Basadas las primeras impresiones él empezó a preguntar por todo y a nosotras nos faltaba tiempo y palabras para enterarlo.

La historia de tener la hermosa imagen de la Divina Pastora se le contó, teníamos deseos de comprar una y en conversación de esto con María Angulo se lo dijo a Manuel Rivero que vivía en Jerez y al enterarse dijo que él había visto una en la sacristía de los PP. Franciscanos de Jerez que preguntaría, así lo hizo, le contestaron que no era de allí que estaba con depósito y que el Cardenal de Sevilla podía disponer de ella. Fuimos y se lo dijimos, no solo nos dio la orden sino el oficio para que nos la entregaran. Escribimos al joven encargado remitiéndole el oficio y la mandó a un escultor para que la limpiara y retocara, la dejaron preciosa. Tardaría un mes todo lo anterior, avisaron y dispusimos mandar por Ella con las precauciones y cuidado que merecía. Llegó por fin la Sma. Virgen y tuvimos la contrariedad de que no cabía por la puerta y hubo que subirla por un balcón que daba al salón donde estaba preparado el altar para hacerle con toda solemnidad la primera novena, se nombró camarera a María Angulo que lo primero que le regaló fue un traje de blonda de seda y una gargantilla de perlas finas, regalo de su abuela cuando se vistió de largo. Estaba hermosísima en una especie de trono que le habían preparado. Todo esto y lo que voy a escribir ocurrió en los diez años que pasaron desde los Votos Simples a los Perpetuos.

Se estaba haciendo un novenario con las niñas a la Sma. Virgen donde la teníamos en la Capilla salón, asistían las mayores y había algunas muy buenas de Comunión diaria, me consultaron si podían trabajar en el teatro en una función que estaba algo feo feo algunos episodios y querían retirarse del compromiso les aconsejé lo hicieran pero sin disgustos, estos llovieron, era una contradicción muy grande, conocieron que salía de las monjas la negativa y resoluciones tomadas y no se puede decir lo que hicieron; escribieron al Padre, éste se mostró indiferente y acudió su madre al Vicario quien aprobó la negación y entonces uno de sus hermanos fue al Colegio y después de muchas palabras indirectas dijo que por encima de todos y de la cabeza de la Superiora se hacía la función le contestó “que por encima de su cabeza estaba Dios” salió como un demonio. Aquella noche se puso algo enferma la niña Carmen Angulo y llegó la hora de la enfermedad que se la llevó, precisamente el día de Corpus que era el destinado para la función se enterró.

De si escribiría mucho porque hay materia, fue uno de esos casos que redunda en bien de la Religión. La familia reconocida siguió tratando a las religiosas solo su hermano Jerónimo que fue el que vio lo que Dios había obrado quedó avergonzado. El Padre quería mucho a esta familia y enterado de lo ocurrido lo tomó tan mal que quiso terminar con nosotras mandando su renuncia a Sevilla, ni por súplicas, ni perdón que se le decía las cosas por personas caracterizadas para poderlo convencer, cuando se oponía en esa forma no se le podía hablar ni decir palabra, nos hacía sufrir mucho, siempre creímos era para nuestro bien. Este hecho que he referido ocurrió por el año 1898. El 1899 fue nuestra profesión Perpetua y estábamos haciendo un novenario con la intención de que viniese el Padre y nos hizo la Sma. Virgen ese milagro que refiero, de venir sin decirnos ni avisarnos nada. Ya que nos dio la sorpresa y enseñamos los papeles que teníamos arreglados se convino fuese el día 26 de noviembre fiesta de los Desposorios de la Sma. Virgen con S. José y desde entonces se fue avisando al personal y preparándolo todo para realizarlo. Este acto se realizó en la Capilla del Colegio pues no eran más que tres: Sor Ángeles, Sor Concepción y Sor Antonia de Jesús. Por la mañana a las 9 se celebró el acto con el Sr. Arcipreste, el P., los Rectores Escolapios y Franciscanos y demás invitados Sacerdotes y autoridades civiles de la población, resultó muy solemne todo, el ceremonial con tiempo lo escribió el Padre para la toma de hábito y profesiones. Terminado el acto y después de un buen refresco de vino y dulces se retiró el personal, menos los que estaban convidados a comer. Estando en los postres se le dieron los nuevos nombramientos de Superiora, Vicaria y Secretaria a las tres primeras constituyendo definitivamente la dirección de la Congregación pues como tal se consideraba en la Iglesia pues se estaban ya aprobadas las primeras Reglas.

El día 28 del mismo mes y año tomaron el Sto. Hábito algunas postulantes. Terminados estos acontecimientos se marchó el Padre de nuevo a Getafe y se empezó a darle el tratamiento de R.P. a él y de R.M. a la Superiora. A su llegada a Getafe empezó de nuevo a dar a conocer sus medicinas y dispuso se hicieran el cargo de hacerla y venderla las religiosas; iban de todas partes enfermos que curaban milagrosamente: pusieron trenes especiales y los médicos de Madrid le persiguieron y llamaban el curandero, el Frailuco y otros motes que le valían para más extender su buen nombre.

Estando en esto se presentó una buena fundación en Monóvar. Una Sra. le costeaba todo y en condiciones tan ventajosas que se aceptó. Se prepararon 6 religiosas, dos fueron a prepararlo todo y cuando avisaron fueron y se inauguró. Esta fundación la preparó y se hizo por un P. Capuchino llamado Policarpo de Sevilla que nos conocía y quería mucho, escribió en nombre de una Sra. que se comprometía a costearlo todo y hacer ese bien al pueblo, le contesté que iría a verlo, pero se anticiparon el Sr. Cura y el Alcalde. Después de exponer ellos el plan y sus deseos se les dieron las notas para que fueran preparando la casa y el material de las clases. Se determinó la fecha de la apertura y con anticipación fueron, según indicó, dos religiosas a las niñas y convenir que lengua querían que aprendieran pronto pero las monchetas tardaron en entenderlas porque era un dialecto, palabras francesas, latín, y lo menos el Valenciano, pero como no era posible entendernos dos luego propusimos a las Sras. estuviesen una por lo menos unos días para que aprendieran por lo menos lo más preciso.

Fueron a la estación a recibirnos en coche y al llegar al pueblo iban detrás corriendo hasta llegar a la casa.

A su tiempo se empezaron las clases y las niñas muy contentas y aplicadas. Ha sido muy lucida y buena esa fundación. El R.P. estaba satisfechísimo y fue varias veces al pueblo a ver los exámenes y apreciar los adelantos.

Estuvimos algún tiempo dedicadas a los enfermos y los asistíamos, se le daban medicinas del R.P. que tomaban con fe unos sanaban como de milagros pero como tomaban medicamentos lo achacaban a ellos y no se podía probar la verdad. Los médicos se disgustaron y en la última aprobación nos lo quitaron.

Asistimos y convertimos a varios hombres, algunos muy conocidos que no querían confesarse porque no sabían hacerlo, los preparábamos y era para ver lo agradecidos que quedaban.

El día 29 o 30 tomaron el Sto. Hábito y después se hicieron de nuevo los nombramientos de los cargos por haberse aprobado el Instituto por Sevilla.

Se celebraron el año 1900 las primeras elecciones, pues aunque se habían dado los nombramientos anteriores no había sido por elección y dispuso el Prelado la formalidad en los cargos. Se le hizo saber al R.P. y dispuso como se había de hacer. Llegó un oficio diciendo y nombrando al Preste que había de presidir y levantar Acta fue elegido para ello D. Antonio Suárez 2º párroco porque el Arcipreste ya estaba haciendo la fundación de las de la Compañía de María y atendía a ellas perjudicándonos algo en la enseñanza. Las elecciones salieron las mismas que estaban, el R.P. quedó conforme y contento por la unión que entonces había.

El año 1902 leyendo por casualidad un pedazo de periódico la Superiora encontró que la finca denominada Picacho salía a subasta, le estaba ella escribiendo y en broma le dio la noticia, esperando la contestación de una riña como otras veces, pero no fue así, escribió al escritorio de Argüeso para que ellos se hiciesen cargo de todo y ver si se ganaba la subasta al recibir la carta contestación y saber lo que estaban haciendo todo eran oraciones implorando a la Sma. Virgen nos concediera el Señor esa tan grande gracia. La conseguimos y no es posible describir la alegría y gozo que en aquellos momentos embargó nuestros corazones, las acciones de gracias públicas y privadas eran pocas por el gran beneficio que recibíamos y pronto fuimos a verlo y hacernos dueñas de todo. Los Sres. dueños de la finca se alegraron mucho en medio de su pena, por ser Religiosas las que iban a sustituirles en una finca en la cual habían gastado un capital por conservarla y al fin tuvieron por necesidad que deshacerse de ella.

Toda la compra hecha se empezó a hacer el traslado, porque las niñas se encargaron de llevarlo menos las cosas de peso.

Una vez instaladas quisimos y trabajamos para que viniese el R.P. a la bendición, vino y entró en el plan de hacer las clases en medio del jardín porque la casa era pequeña y a su vuelta a Getafe habló con un arquitecto conocido suyo y vino con el personal que de albañiles necesitaba y como la otra casa se quedó desalojada se hospedaron allí.

Como la dirección era dada por el R.P. nadie quiso intervenir a pesar de ver se podría hacer de otro modo. Por cartas no faltaron disgustos y todo.

Notas