MesSagradoCorazon/DÍA DECIMOSÉPTIMO

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DÍA DECIMOSÉPTIMO

El alma a Jesús

Venite et arguite me; si fuerint peccata vestra ut coccinum quasi nixdealbabuntur

Hedme aquí, Jesús mío, atraída por la dulce armonía de las palabras que me dirigís por boca de Isaías, y que yo celosamente grabo en las telas de mi corazón. Ven a mí, me dices, ven a mí tú que tan combatida estás siempre de tus espirituales enemigos, y siempre tan oprimida por el enorme peso de tus pecados, que te harían desfallecer si no te volvieses a mí. Ven, pues, y si no te acogiere con amor, y no volviere con la eficacia de mi gracia tu manchada conciencia más blanca que la nieve, repréndeme como, quieras: argue, si, argue me. ¡Ah! Jesús mío, yo, confundida y humillada al recuerdo de mis desórdenes pasados, no me atrevía a presentarme ante vuestro acatamiento; pero ya que, infinito en misericordia, me llamáis, aquí me tenéis.

Es verdad, Jesús mío, que no he trabajado con el recto fin de serviros y de amaros, y que debo exclamar con el real Profeta: ¡In labore hominum, non fui! ¡Oh si yo hubiese trabajado con el recto fin para que fui creada! Pero ¿dónde están las pasiones que reprimí; dónde las virtudes por mí adquiridas? ¡Miserable de mí! En todo he pensado, excepto en salvarme, que es el fin para que fui creada. ¿Y cómo he podido fomentar tanto mis pasiones y los vicios que tanto reinan en mí? Voy, como Diógenes, con una lámpara encendida en la mano buscando, en los tortuosos laberintos de mi conciencia, una acción digna de hombre: et hominen non invenio, y no la encuentro, por más que diligentemente la busco; porque declinavi et inutilis factus sum, me he apartado de tu ley y me he hecho inútil. ¿Hice caso alguna vez de mi salvación eterna? ¡Ah! Señor, confusa estoy ante Vos, confundida me encuentro en presencia de vuestro sagrado Corazón porque no me veo en el número de los que os aman y trabajan por Vos. In labore hominum non sum. No soy de los que trabajan como hombres amantes de su Dios. He trabajado mucho por las cosas temporales y por la vana estima de este miserable mundo. ¡Oh! Si hubiera hecho tanto por mí, Dios mío, de seguro que se vieran florecer en mí las llores de las virtudes y mis pasiones estarían sujetas a la razón. Piedad, Señor, piedad y salvadme. Amén.

María al alma

Bien sabes, hija, que todas las obras y sufrimientos de Jesús, como obras y sufrimientos de un Dios-Hombre, contenían en sí un valor y mérito infinito. Por eso, para salvar al mundo, no era necesario que Jesús derramara toda su sangre, ni sufriese tantos y tan crueles tormentos; pues hubiera bastado una sola oración suya, un solo suspiro, una sola lágrima, una sola gota de su sangre. ¿Para qué, pues, se sometió Jesús a una pasión tan dolorosa, a tantos dolores y a una muerte tan cruel?

¡Ah, hija mía! ¡Admira el exceso de amor de un Dios! ¡Mira, mira dónde llegó el poder de su amor! Jesús en su pasión no miró solo a cumplir la grande obra de su Redención, sino que quiso también, con sus dolorosas penas, manifestar el amor excesivo de su Corazón divino. De aquí el que no satisfaciera al amor lo que bastó a la Redención. Quod sufficiebat Redemptioni nom sufficebat amori.

Lee, pues, en las llagas abiertas de Jesús el amor de su Corazón: Patent arcana cordis per foramina corporis. Patentes están los arcanos amorosos de su corazón por las llagas de su cuerpo. Admira y contempla la infinita sabiduría de Dios por el amor inmenso que nos manifestó en ese Corazón. Razón tuvieron Moisés y Elías en el Tabor al llamar amorosos excesos y tormentos los que Jesús había de cumplir en Jerusalén. ¿Cuál será, pues, tu correspondencia? Bendice y ensalza la infinita caridad de Jesús y derrítete en amor por Aquél que quiso sacrificarse por ti en holocausto de amor.

Ejemplo Primero

Reveló Jesús a un piadoso solitario que no había ejercicio que encendiera tanto en los corazones la llama del amor divino como el meditar en su Pasión. Nihil tan salutiferum quam quotidie cogitare quanto pro nobis pertulit Deus Homo. Nada hay tan saludable y útil para las almas como el pensar cuánto sufrió por nosotros el Dios-Hombre. Así San Agustín.

El Beato Francisco Lippi, Carmelita, acostumbraba a meditar de continuo los dolores de Jesús, y se lamentaba un día con su Amante crucificado, diciéndole: ¿Por qué, mi Dios, por qué no se convierten mis ojos en dos fuentes de lágrimas y así lloraré amargamente? En el mismo instante se le apareció Jesús crucificado, que le miró y dijo con voz triste: Mira Francisco, cuenca sangre; ve cuánto he padecido por el hombre; Mas ¿por qué el hombre es siempre tan ingrato a mi Corazón? ¿Por qué me corresponde con tantas ofensas? A tales palabras, a tales quejas, a una mirada tan compasiva, Lippi rompió en copioso llanto, y tomando una cadena de hierro se dio con ella en todo su cuerpo hasta derramar sangre en abundancia, sin cansarse de repetir: Yo, Señor, yo soy la causa de vuestros dolores y de vuestros sufrimientos.

Ejemplo Segundo

El angelical joven Sebastián Centurione, de las Escuelas Pías, correspondió tan fielmente al amor de Jesús que en pocos años llegó a una gran santidad. De él pudo decirse con verdad aquella sentencia del Espíritu Santo: Consummatus in brevi, coplevit tempora multa. Muerto en edad temprana, recogió los frutos de una larga vida. Nacido en Génova de la familia patricia Centurione, después de haber pasado la puericia y la adolescencia en santas e inocentes costumbres, a los diez y siete años de edad quiso consagrarse enteramente a Jesús en la Orden de las Escuelas Pías. Hecho su noviciado en Roma, ejercitándose en la más profunda humildad y en la más exacta obediencia y ardiente caridad, hizo su profesión solemne a los diez y nueve años de edad en 1623, con un amor y sencillez más bien de ángel que de hombre.

De Roma pasó a Frascati por orden de San José de Calasanz, y allí, con su vida angelical, se captó muy pronto el amor y veneración de aquellos habitantes. Pero fue muy breve su permanencia entre éstos; porque, sorprendido de una grave enfermedad y favorecido con repetidas apariciones de María Santísima, a la que profesaba una tierna devoción y una grande confianza, expiró dulcemente en sus maternales brazos. A su tránsito se conmovió todo el pueblo y el clero, que acudieron en numeroso y devoto concurso y le hicieron en la iglesia Catedral un espléndido y honorífico funeral.

Flor.- Meditar un poco en la Pasión de Jesús, admirando en ella el inmenso amor de su divino Corazón.

Jaculatoria.- ¡Oh divina llama del Corazón de mi Jesús, invadid pronto e inflamad y abrasad mi frío corazón!

Notas