MesSagradoCorazon/DÍA VIGESIMOSEPTIMO

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DÍA VIGESIMOSEPTIMO

El alma a Jesús

Dilectus meus candidus et rubicundus electus ex millibus

Sí, Jesús mío, cándido por tu inocencia inmaculada y rubicundo por la copiosa sangre de todas las partes de tu sacratísimo Cuerpo ¡Oh misterio inescrutable del amor de un Dios! ¿No es acaso, Jesús mío, un verdadero exceso de amor vuestra Pasión? ¿No es un verdadero exceso de piedad y de amor? ¿Qué son esas vuestras llagas amorosas, sino otros tantos dardos abrasadores que vienen a herir mi corazón para inflamarlo en vuestro santo amor? Que si vuestro Corazón, Jesús mío, es corazón de amante y de esposo, más bien es el mismo horno de la caridad y del amor. ¡Ay!, por el poder de vuestro amor no os alejéis de mí, estad siempre conmigo, y haced que la fecunda rociada de vuestra gracia, y la cándida escarcha de vuestra misericordia, ahora más que nunca descienda sobre mi pobre alma. Et ros et pruina cadant super me. Solamente así podrán florecer en mi corazón las más selectas virtudes mientras consuma mi alma la llama del divino amor. Amén.

María al alma

Has de saber, hija, que queriendo Dios manifestar con anticipación al mundo las estupendas maravillas de amor que el Corazón de Jesús había de obrar en la tierra, plúgole revelar uno por uno a los Profetas los gloriosos hechos y lúgubres escenas de angustias y dolores que un día habían de cumplirse en su vida, y sobre todo en su dolorosísima Pasión. Pero llegó ya la misteriosa plenitud de los tiempos, y Jesús, cual intrépido gigante, gozase en su Corazón y emprende su carrera: Exultavit ut gigas ad currendam viam. Se levantó gozoso como gigante para emprender el camino.

Míralo ya en el término de su camino, he ahí a Jesús ya próximo a espirar en la cruz... Mas para que comprendas que nada ha omitido para cumplir los amorosos designios de su Corazón, te dice antes de morir: Consummatum est. Todo está ya consumado [Jn 19, 30] ¡Oh! Con cuánto afecto salen de su Corazón divino estas amorosas palabras, que contienen las más consoladoras promesas para los hijos de los hombres. Todo está ya consumado, dice Jesús, para significarse que se han cumplido todas las maravillas vaticinadas para el humano rescate. Todo está ya consumado, dice a todo el mundo, para manifestarle que entre Dios y el hombre se ha restablecido nueva alianza de paz y de amor.

Y tú, hija, ¿por qué no repites en el éxtasis de tu gratitud, por qué no repites con Jesús: ¿Todo está consumado? Sí, repítelo para ti misma, decidida a hacer germinar en tu corazón las más selectas virtudes y arrancar las más infectas raíces de todo afecto desordenado. Todo está ya consumado, grita a tu corazón, a fin de que sea consumido por el fuego del divino amor de Jesús. ¿No oyes a Jesús que te dice: Ignem veni mittere in terram et quid volo, nisi ut accendatur! Fuego he venido a poner en los corazones y qué he de querer sino que arda?

Ejemplo primero

Quieres, piadoso lector, el verdadero tipo del alma consumida por las llamas del amor divino. Fija tu vista en San Luis Gonzaga. Apenas comenzó a conocer a Dios, ya le amó con todo su corazón, con todas las potencias de su alma, de modo que evitando desde la más tierna edad hasta la sombra del pecado y ejercitando las más heroicas virtudes, se hizo cada día más agradable a los divinos ojos.

Las lisonjas del mundo, y las grandezas de su familia, nada pudieron en su corazón, antes bien, las despreció con ánimo generoso y corrió a hacerse humilde y pobre entre los Religiosos de la Compañía de Jesús, habiendo antes renunciado en su hermano menor el derecho de sucesión al marquesado.

Luis, que cual candidísimo lirio de pureza, salía del bullicio del mundo, floreció como rosa fragante de amor en la soledad de los claustros.

¡Oh! ¡Cuán poderosas ardían en su corazón las llamas del divino amor! Eran tales, que venían a consumir también el cuerpo. No satisfecho de amar a Dios al par de los inflamados serafines, al reflexionar que es digno de infinito amor, cada día se esforzaba más por amarlo, cual se lo merece, y no pudiendo satisfacer su piadoso deseo, sentía tanta pena, que con razón Santa María Magdalena de Pazzis le llamaba mártir del amor.

Ejemplo segundo

El Venerable Hermano Domingo Escozzi, de las Escuelas Pías, se abrasaba tanto en el amor divino, que, completamente transformado en su Dios, vivía como un corazón enajenado de todas las cosas terrenas. No pequeña prueba de su caridad para con Dios era ver que tenía en nada su propia vida, por atender a las ventajas del prójimo en la salvación de, las almas. Destinado por obediencia al oficio de cuestor, edificó con su ejemplo a la ciudad de Nápoles. Ilustrado del Señor con muchos dones y favores, especialmente con el espíritu de profecía, predijo mucho antes el incendio que produciría una erupción del Vesubio. Ni aun pidiendo limosna dejaba de estimular a todos a verdadera penitencia, a fin de aplacar la inminente ira de Dios, obteniendo con sus exhortaciones la conversión de muchos.

Pero si tanto deseo tenía de que todos sirviesen y amasen a Dios, mucho mayores eran los transportes, siempre crecientes en su inmaculado corazón, de ser consumido por la llama del divino amor. De aquí procedían en él aquellos actos heroicos de las más espléndidas virtudes, y aquel ardiente celo de, su propia santificación que en cerca de veintiséis ataos de su vida mortal le hizo un raro y perfectísimo modelo de la perfección religiosa.

Flor.- Oír la misa con devoción para obtener del Corazón de Jesús siquiera una sola chispa de su divino amor.

Jaculatoria.- ¿Por qué, Jesús mío, no os be amado hasta ahora? Haced que siempre lo haga desde este mismo instante.

Notas