MesSagradoCorazon/DIA NOVENO

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DIA NOVENO

El alma a Jesús

Prepter pugillum hordie et fragmen panis

¿QUÉ veo, Jesús mío? ¿Qué escena tan terrible divisan mis ojos en el Calvario? ¿Qué dolorosa tragedia se desarrolla en aquella cima ensangrentada? ¡Tantos trabajos!; ¡tantos sufrimientos!; ¡tantos insultos y denuestos! ¡Y en un Dios humanado y enclavado en una cruz por mí! ¡Oh montaña de amor! ¡Oh amor de un Dios! ¿Y quién soy yo, Señor? ¿Y por qué habéis querido, Dios de verdad, redimirme con muerte tan atroz? ¿Por qué habéis querido derramar toda vuestra divina sangre por mí, criatura tan vil y, desleal? ¿Y por qué no he cumplido yo la palabra que os di tantas veces de no ofenderos más y siempre amaros? ¿Por qué os he ofendido tanto, que al par del mismo Judas, os he vendido, y no por treinta monedas, sino por una nonada? Propter pugillum hordei et fragmen panis? ¡Ah, Señor! ¡Piedad, piedad, Dios mío!

Heme aquí en la presencia de vuestro Corazón sagrado; desde ahora estoy pronta a llorar, como San Pedro, mi infidelidad. Confieso, Jesús mío, con el Apóstol Santo Tomás, que sois mi Dios y mi Redentor; protesto, Señor, que no desespero, como Judas, de vuestra misericordia. Pero ¿podría yo llorar con fruto mis iniquidades, si Vos, caridad infinita, no me ayudaseis? ¿Podría yo creer en Vos, mi Criador y Redentor, si Vos, eterna luz, no iluminaseis mi mente? ¿Podría yo esperar en vuestra misericordia infinita, si Vos, suma sabiduría, no me asistieseis con vuestra gracia? Ayudadme, pues, iluminadme, asistidme... Y si hasta ahora no he hecho caso, cual debiera, de vuestras luces y santas inspiraciones, en adelante no será así, Señor mío; sino que os preferiré a todas las cosas. Os amaré más que a mí misma; porque habéis padecido tanto por mí, y no os habéis dado por satisfecho hasta haber dado por mí vuestra preciosa vida. Sí, os amaré siempre, Bien mío, y ¿quién podrá separarme jamás de Vos? ¿Quién podrá hacer que ya no os ame? ¿La aflicción?, ¿el hambre?, ¿la persecución? ¡Ah!, ninguna cosa podrá separarme más de Vos. Así lo espero. Amén.

María al alma

Dime, hija, ¿no fue la desobediencia la funesta causa de que se cerrasen al hombre las puertas del cielo? Y para que de nuevo se le abriesen, ¿no fue preciso que un Dios viniese a ser víctima de obediencia y de obsequio? Por eso Jesús, Unigénito del Padre, quiso bajarse a tomar la forma de siervo; quiso, en la humildad de la humana naturaleza, ofrecer sacrificio de obediencia a la divina Majestad, tan gravemente ultrajada por la desobediencia del primer hombre. Et quidem cum esset filius Dei, didicit ex iis quae passus est abedientiam. ¡Oh!, con cuánta docilidad el Corazón amabilísimo de tu Jesús quiso seguir puntualmente los deseos del Padre Eterno, que sólo tenían por objeto tu eterna salvación, por lo cual dijo: Non quaero voluntatem meam, sed voluntatem ejus qui misit me ¡Oh! con cuánta prontitud este Corazón amantísimo, en medio de sus agonías, dijo al Eterno Padre: Nom mea voluntas, sed tua fiat. No miréis, Padre mío, no miréis, quería decir, la repugnancia de mi humanidad a beber el cáliz de la pasión; sino a que se cumpla en mí tu santísima voluntad: Nom mea voluntas, sed tua fiat. [Lc 22, 42]

Y tú, hija mía, mira a tu Salvador por ti, vil criatura, hacerse obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Factus est obediens usque ad mortem, mortem autem crucis. [Flp 2, 8] Y aprende a obedecer para hacerte digna de la vida eterna que mereció Jesús para los verdaderos obedientes. Factus omnibus obtemperantibus sibi causa salutis aeternae. ¿Sabes lo que quiere de ti el Corazón obedientísimo de tu Jesús? ¿Sabes qué quiere de ti aquel Corazón que, no sólo a su divino Padre, sino también a mí su Madre y pura criatura, prestó siempre, cual hijo obsequioso, la más perfecta obediencia? ¿Sabes qué desea de ti aquel Corazón divino, que por largos años no se desdeñó de vivir sumiso a las más mínimas señales del humilde y castísimo José? ¡Ah!, hija mía, Jesús quiere de ti la más exacta obediencia, obediencia a la voluntad de Dios, obediencia a la Iglesia, obediencia a todos sus superiores, revestidos de la misma autoridad de Dios. Hadlo así y vendrás a ser según el Corazón de mi Jesús, que de seguro te dará en premio la vida eterna.

Ejemplo primero

El Venerable Padre Eusebio Amoretti, de las Escuelas Pías, fue muy dado a los ayunos, vigilias y oración, en cuyo ejercicio era tan continuo, que después que el Señor le sublimó al más alto grado de contemplación, andaba siempre como extático. Con todo, sobre todas sus heroicas virtudes brilló en él admirablemente la obediencia. Vivo ejemplar de la regular observancia, jamás se le vio quebrantar la más mínima regla ni negarse a la más pequeña orden del Superior, no obstante mandarle a veces, para probarle, cosas penosas y difíciles. Advirtiéndole alguno más con la prudencia de la carne que con la del espíritu cómo exponía así a peligro su salud, respondió: Mejor es a religioso morir en la obediencia, que alargar su vida en la desobediencia. El vivir importa poco, el obedecer muchísimo. Sólo esto bastaría para hacer de él el encomio más magnífico; porque, como dice San Gregorio, la perfecta obediencia lleva consigo todas las demás virtudes. Obedientia virtus est quae caeteras virtutes in mentem ingerit et custodit. ¡Oh cuánto gustan al Corazón de Jesús las almas verdaderamente obedientes, y cuán largamente las premia en el cielo!

Ejemplo Segundo

Refiere San Doroteo que siendo su amado discípulo San Dositeo débil y enfermizo y no pudiendo someterse a los rigores de la penitencia, se dio todo a la obediencia, despojándose por completo de su propia voluntad. Muerto éste a los cinco años, se dignó el Señor revelar que había conseguido el mismo premio que San Pablo Eremita y San Antonio Abad. Y como muchos de sus compañeros de religión se admirasen y no pudiesen persuadirse de que Dositeo hubiese merecido tanta gloria no habiendo practicado nada de lo que los otros hacían, el Señor calmó su admiración, revelándoles que le había premiado tan largamente por el mérito de su perfecta obediencia. ¡Oh! La santa obediencia es una virtud tan grata a Dios, y tan encomiada del mismo Espíritu Santo, que asegura le place más la obediencia que todos los sacrificios voluntarios. Melior est obedientia, quam victimae. Obedeced, pues, de corazón a vuestros superiores, almas amantes del divino Corazón de Jesús, obedeced siempre y prontamente. ¿No oís al Apóstol de Ias gentes que os dice: Obedeced a vuestros superiores y estad siempre sometidos a ellos? Obedite praepositis vestris et subjacete eis? Obedeced a la voluntad de Dios en el cumplimiento de vuestros deberes, seguros de que en esto principalmente se cifra vuestra santificación.

Flor.- Procurar hoy no dar ningún disgusto al sagrado Corazón de Jesús, y decir siete veces: ¡Oh amabilísimo Corazón de Jesús, por el poder de vuestro Corazón santificadme!

Jaculatoria.- Oh sagrado Corazón de mi Jesús, Corazón de mi corazón, ¿cómo viviré sin Vos?

Notas