MesSagradoCorazon/DIA OCTAVO

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DIA OCTAVO

El alma a Jesús

Vox Domini perculientis desertum

VERDADERAMENTE yo soy este desierto y por eso no han llegado a mis oídos vuestras reiteradas voces y llamamientos, Jesús mío. ¡Tantos son los zarzales y sombríos peñascos que por doquiera surgen de mí corazón! Debo confesar que muchas veces, por cualquier pretexto, me hice la distraída, juzgándome sorda. Tamquam aspides obturantes aures suas. Mas, ¡ay! Señor, piedad de esta, pobre alma, que quiere, desde ahora para siempre, escuchar vuestras voces amorosas y aprovecharse de vuestros cariñosos llamamientos. Y Vos, que en favor del pueblo de Israel, con sólo el contacto de la vara de Moisés, hicisteis brotar límpidas aguas de una dura piedra, haced broten también de mis ojos, con la vara de vuestra gracia, lágrimas de verdadera contrición, por no haber hecho caso de vuestras gracias e inspiraciones, y por haberos ofendido tanto. Bien sabéis, Jesús mío, cuanto lo necesito; no tardéis en ayudarme. ¿Qué esperas va, Amor mío? Amabilísimo Corazón de mi Jesús, tomad ya posesión del mío. Si al sonido de las voces de los Apóstoles, tan admirablemente mudasteis tantos corazones y santificasteis tantas almas en todos los ángulos de la tierra, mudad también este mi pobre corazón y santificadlo; Llegue pronto, muy pronto, vuestra voz santificadora; suene en mis oídos, toque mi corazón y quede yo presa de vuestro amor. Iluminadme, Dios mío; hacedme conocer vuestra voluntad v recibirme de modo que ya nunca me separe de Vos. Señor, esa Bondad, que os trae sacramentalmente a mi corazón, me hace creer que me oiréis. Cierto que no merezco esta gracia: pero así como miráis al amor que me tenéis y no a mis deméritos, oídme por ese mismo amor, que os prometo corresponder siempre al amor de vuestro sagrado Corazón y no seros más ingrata. Amén.

María al alma

Sabe, hija mía, que el Corazón de Jesús, tipo inaccesible de humildad, es al mismo tiempo el modelo más perfecto de la cristiana mansedumbre. Por eso decía Él, cual divino Maestro: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Discite a Me quia mitis sum et humilis corde. Esta mansedumbre tan maravillosa resplandecía en sus obras divinas y brillaba más viva en su frente en los momentos más angustiosos de su vida en medio de las pruebas más terribles. En su rostro reverberaba inalterable calma y serenidad, la apacibilidad y tranquilidad que reinaban en su pacífico Corazón.

¿Por qué no contemplas, hija mía, a tu Jesús en el fiero contraste con sus enemigos? ¡Ah!, síguele paso a paso en su dolorosa pasión: mira, mira la mansedumbre del Cordero divino; admira la pasibilidad del Hombre Dios, que, sin exhalar queja, soporta todos los ultrajes a que libremente quiso sujetarse. Oblatus est quia ipse voluit, et non aperuit os sum. Sicut ovis ad occisionem ducetur. ¿No oyes, hija, las villanas y calumnias, los insultos ignominiosos y los sarcasmos punzantes lanzados contra Él? ¡Y Jesús no pronuncia una sílaba, ni responde una palabra! Es azotado, coronado de espinas, crucificado en la cruz y no hiere con los rayos de su divina Justicia a sus despiadados enemigos sus labios callan y su Corazón perdona. Qui cum malediceretur, non maledícebat; cum pateretur, non comminabatur.

Aprende, hija, aprende de tu Jesús la mansedumbre de corazón; aprende a sufrir con calma los desprecios de la vida; perdona a tus mismos ofensores, hacia los cuales debes imitar la infinita mansedumbre de Jesús, que no sólo te prohíbe todo odio y venganza, sino también denostarlos con palabras desdeñosas. Qui irascitur frati suo, reus erit juicio. Y más te pide todavía el Corazón de Jesús, y es que no sólo ames y hagas bien a tus mismos enemigos, sino que ores por los que te aborrecen, calumnian y persiguen. Diligite inimicos vestros, benefacite his qui oderunt vos, et orate pro persequentibus et calumniatibus vos.

Ejemplo primero

¡Cuán bien supo el Venerable Escolapio Esteban Busdraghi retratar en sí mismo la humildad y mansedumbre del Corazón de Jesús! Nació en Lueca, de nobilísimo linaje, y a los veintiocho años había sido ya tres veces senador y distinguiéndose por su rara prudencia. Pero movido de la gracia, despreció con ánimo generoso la vanagloria del mundo, los honores, dignidades y lisonjas del siglo, y partió para Roma, so pretexto de contraer matrimonio, para mejor sustraerse a las importunas instancias de sus parientes. Ya en esta ciudad se abrazó con Jesucristo crucificado, tomando el hábito de las Escuelas Pías con tanto deseo de su propia perfección, que por su notable aprovechamiento en todas las virtudes, creyó el Santo Fundador deberle dispensar el segundo año de noviciado. Por su grande humildad se mostró celosísimo en la enseñanza de la juventud; era en él tan heroica esta virtud, que olvidado de su nobleza, apenas le quedaba un momento libre. Ayudaba a los Hermanos operarios en sus oficios, y con tanto más gusto, cuanto más humildes fuesen. En la hora de silencio limpiaba la casa, y no pocas veces salía a pedir con la alforja al hombro. En suma: no omitía cosa alguna que le pareciese a propósito para hacerse despreciable a los ojos de los hombres; si bien por este medio adquiría, sin advertirlo, mayor estima.

Dotado del espíritu de profecía, se predijo a sí mismo que le esperaban grandes trabajos sin culpa suya; cuyo vaticinio tuvo exacto cumplimiento en Génova, cuando fue nombrado Visitador de las casas que la Religión tenía en aquella provincia. No pudiendo sufrir los tibios la actividad de su celo, le acusaron de imprudencia y excesiva rigidez, llegando a tanto las quejas, que el santo Fundador se vio precisado a nombrar un Delegado que examinase su conducta, mediante una información jurídica. En este y otros muchos casos, el Venerable Busdraghi dio admirables ejemplos de mansedumbre y de paciencia, prefiriendo sufrir cualquier injuria a disculparse, y vencer las mayores contradicciones, mostrando más afecto y grandísima benignidad a los que más le habían maltratado. Con todo, como tenía un temperamento irascible, fue tal la violencia que se hizo para contener los primeros impulsos de su ira por una grave ofensa que le habían hecho, que se le rompió una vena del pecho, y no pudo cerrarse por ningún medio, por más que fue a los famosos baños de Lucca, donde murió. Hizo más preciosa su muerte una aparición de la Santísima Virgen, a cuya vista decía, lleno de gozo, a los circunstantes: Postraos delante de Nuestra Señora, que se halla aquí presente con los Bienaventurados de mi Religión. Y poco después espiró suavemente, admirado y llorado de todos.

Ejemplo segundo

Ilustre ejemplo de mansedumbre y de perdón es el que para nuestra edificación nos dejó Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. Habiéndole bárbaramente asesinado a su esposo, el Barón de Chantal, Juana no sólo soportó con heroica resignación esta amarguísima pérdida, sino que también quiso, para evidente testimonio de su cristiano perdón, sacar de pila al hijo del asesino. Siguiendo viuda en casa de su suegro, una criada antigua de dicha casa, tan mal intencionada como soberbia, la dominaba con imperio; con frecuencia le decía villanías e injurias, y por fin, aún llegó a levantarla negrísimas calumnias, para infamarla a los ojos de su suegro. La paciente heroína, volviendo bien por mal, lo toleraba todo, no sólo con paciencia, sino con alegría de ánimo, y lo que es más, no se desdeñaba de servir por sí misma a los hijos de aquella criada, de instruirlos y cuidarlos como si fuesen propios. Siete largos años duró este penoso ejercicio sin que la virtuosa Juana perdiese su calma y mansedumbre inalterables.

Flor.- Dar alguna señal de benevolencia al que nos haya ofendido, y rezar de rodillas cinco Gloria Patri al Sagrado Corazón de Jesús, para que nos bendiga y perdone.

Jaculatoria.- ¡Corazón santísimo de Jesús, fuente infinita de misericordia, perdonad, ¡ay!, perdonadme que tanto os he ofendido, y también a mis ofensores!

Notas