MesSagradoCorazon/DIA TRIGÉSIMO

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PROMESAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A SANTA MARGARITA DE ALACOQUE
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DIA TRIGÉSIMO

El alma a Jesús

Hic locus est et quies spiritus mei. Quando dicam: hic habitabo quoniam elegi eumi?

¡Oh Jesús mío! Sólo vuestro Corazón es el lugar donde puede hallar el alma su verdadero descanso; ¿y por qué he andado yo buscándolo en mí misma? La mansión segura en que debía reposar el alma es vuestro Corazón; ¡y yo me he alejado de Vos, para descansar en el mundo! ¿Qué descanso podía hallar en mí tan llena de amor propio y de pasiones? En vuestro Corazón, si, se halla el descanso: en vuestro Corazón, seguramente se reposa. En este Corazón, pues, me encierro, Jesús mío, esta mansión escojo. Ya no estaré en mí misma, detesto una y mil veces, detesto para siempre el mundo.

Mas, ¿puedo yo decir, con verdad, que en sólo vuestro Corazón tengo firme mi morada? ¿Puedo decir que he escogido vuestro Corazón como lugar de mi descanso y mansión segura de mi reposo? Quando, quando dicam: hic habitabo quoniam elegi eum? ¿Cuándo, cuándo podré decir: en este Corazón habitaré, puesto que lo elegí por mi mansión? Ahora, ahora lo digo con toda la verdad, bien lo sabéis, Jesús mío. Haced que mis deseos de ahora tengan feliz cumplimiento para siempre. Piedad, Salvador mío, piedad, que mejor es tarde que nunca.

Mas ¿por qué no he amado hasta hoy vuestro sagrado Corazón? ¿Por qué he despreciado esta mansión tan feliz y tan celestial? ¿Acaso habiendo despreciado esta morada de verdadera paz y bienaventuranza, no habré de habitarla más? ¡Ah! No lo permitáis, Jesús mío; haced que desde ahora, desde este momento mismo escoja vuestro Corazón para mi mansión predilecta. Todo esto lo espero, no por mis méritos, que son muy pocos, sino por los vuestros, que son infinitos, Jesús amorosísimo. Amén.

María al alma

Escucha otra vez, hija mía, escucha la voz de tu Madre. Si hasta ahora he estado tu alma tan triste al considerar los dolores de Jesús, eleva ya tus pensamientos a considerar en la sublime gloria del cielo los excesos del amor de un Dios. Sí, piensa que el Corazón de Jesús en la gloria aún continua su misión de paz y de amor; porque Él es el mediador cerca del Eterno Padre, siempre atento a interceder por los hombres: Semper vivens, como dice el Apóstol, ad interpellandum pro nobis. Siempre solícito para interceder por nosotros.

Dime, hija, ¿qué deseas del Corazón de Jesús? ¿El perdón de tus pecados? ¿La reconciliación con Dios? ¿La divina mansedumbre? Ten buen ánimo, que ésta es su principal misión cerca del Eterno Padre, patrocinar las causas de los pecadores para hacerlos dignos de la divina gracia. Si quis peccaverit, te asegura San Juan, advocatutm habemus apud Patrem, Jesum Christi justum, et ipse est propitiatio pro peccatis nostris. Si alguno pecare, sepa que ante el Eterno Padre tiene por abogado a Jesucristo que es propiciación por nuestros pecados. [1 Jn 2, 1-2] ¿Te aterran, por ventura, las fieras batallas y las obstinadas asechanzas de tus espirituales enemigos? No temas, porque Jesús, con su gracia, jamás deja de ayudar a los que confían en él. Omnipotentes facit qui in se sperant. Hace poderosísimos a los que en él esperan.

¿Te afligirá quizá el pensar que no podrás ser un día admitida en la gloría eterna? Confortante las consoladoras palabras que dijo Jesucristo en el acto de subir al cielo para reanimar a sus Apóstoles y a todos los cristianos: No queráis turbaros; pues voy a preparar vuestros asientos en el cielo. [Jn 14, 1-2] Nom turbetur cor vestrum, quia vado parare vobis locum.

¿Sabes, pues, lo que debes hacer? Procura amar a Jesús con todas tus fuerzas, y después espera de Él todo auxilio, toda gracia, todo favor, porque la bondad de su Corazón es tal, que jamás se cansa de hacer bien. Así, siendo fuente inagotable e inmenso océano de caridad, sólo busca almas sedientas para verter en ellas, con irresistible transporte, las aguas de la gracia y las dulzuras de su misericordia. He aquí por qué con tanta instancia dice: Pedid y recibiréis. Petite et accipietis. Llamad a la puerta de la misericordia y se os abrirá. Pulsate et aperietur vobis. [Mt 7, 7; Lc 11, 9]

Ejemplo primero

Quien con humilde confianza ora y con perseverante oración suplica al sagrado Corazón de Jesús, obtiene seguramente lo que pide.

El Venerable Juan Francisco Argumenti, de las Escuelas Pías, se atrajo desde niño en la escuela la atención de maestros y condiscípulos por su piedad, ingenio y buenas costumbres. Tuvo gran nombre por su facilidad en escribir y su elocuente facundia en perorar; de suerte que así en Génova, donde vivió algún tiempo, como en Roma, su patria, mereció aplausos universales. Pero lo que más le realzó fueron sus raras virtudes, que le hicieron inmensamente grato a Dios y a los hombres.

Un día le preguntó el superior qué gracia deseara con preferencia del Corazón de Jesús, y le respondió que tres: morir en el año santo, por los grandes tesoros de indulgencia que en él se pueden ganar; en un viernes, por el recuerdo de la Pasión de Jesús, y en la fiesta de San Francisco, de quien era muy devoto. Y el Corazón de Jesús, que nada sabe negar a las almas que le aman, accedió a estos piadosos deseos, y aun le concedió más; pues antes de su muerte, que tuvo lugar en el año y día deseado, se le aparecieron, el Patriarca San Francisco y el Venerable Glicerio Landricini, de las Escuelas Pías. La muerte embelleció su cadáver con una celestial hermosura.

Ejemplo segundo

La Venerable Sor María Villani, virgen dominicana, durante una de las frecuentes apariciones con que Jesús la consolaba con su visible presencia, atenta a desahogar en él los amorosos afectos de su corazón y los ardientes deseos de ser completamente transformada en Dios por la suave e invencible violencia del amor, oyó que su divino Esposo le decía: ¡Oh cuánto, amada mía, oh cuanto me deleita tu afectuoso lenguaje! Es tanto el gusto que siento al verte tan fuertemente inflamada en mi amor, que en recompensa quiero oírte, no sólo con aceptar tu corazón, sino con darte también el mío. Dicho esto, Jesús sacó del pecho su Corazón divino, y era tan bello, que con sola su vista la beatificaba. Tenía encima una llama, que siendo una e indivisa, aparecía en tres lenguas distintas de llamas, y en el medio parecía tener todos los tesoros del Paraíso, encerrados en el suavísimo nombre de Jesús que fulguraba y vibraba rayos de divinidad. A su vista, María cayó rostro en tierra y fuera de sus sentidos. Entonces Jesús le tomó también el corazón del pecho, y en comparación del suyo que tenla en la mano, parecía tan feo, lánguido y sucio, que se quedó enteramente confusa.

Como apenas podía proferir palabra, con voces entrecortadas iba exclamando: ¡Oh, Señor mío! ¿Y qué pretendéis hace? Deteneos, Dios mío, deteneos, que no conviene reducir vuestro Corazón, pues es el tesoro del cielo, en tan sucio estiércol como es mi pecho. ¿Cómo podré este inagotable piélago de amor encerrarse en una pequeña cáscara de nuez como es mi pecho? ¡Ah Señor, ese vuestro Corazón, que es todo fuego, consumiría este mi pecho cual arista de paja! ¡Y no sabéis que yo, vilísima hormiga, no soy capaz de encerrar en mi pecho vuestro Corazón divino! Jesús mío, mi Dios, no, no quiero ya corazón. Este es el vuestro encerrado en el arca celestial de vuestro sacratísimo pecho, y por vuestra misericordia, tomad también el mío, aunque sea tan sucio, y en lugar de corazón dadme vuestro divino amor y haced que éste, y sólo éste, sea la llama vivificadora de mi pecho.

A semejantes palabras sonrióse, el amantísimo Jesús, y después añadió: Yo soy el Corazón, yo soy el amor, yo soy el Señor y bien puedo darte fuerza para poseerme. He aquí que te doy mi Corazón; así el amor manda que yo esté contigo y tú conmigo.

Semejante favor plugo a Jesús conceder a San Miguel de los Santos, a Santa Catalina de Sena y a otras muchas esposas queridísimas suyas.

Flor.- Recibir devotamente los santos Sacramentos; adorar, por lo menos un cuarto de hora, al Sagrado Corazón de Jesús, oculto bajo las especies sacramentales.

Jaculatoria.- Amable Corazón de Jesús, delicias de la Santísima Trinidad, gloria y gozo de todo el Paraíso, sed mi gloria y mi gozo por toda la eternidad.

Notas